Blogia

Francisco Arias Solís

LA DIGNIDAD DEL TRABAJO POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

LA DIGNIDAD DEL TRABAJO
 “Todo el pueblo que trabaja y al que los altos señoreslo llaman la clase baja.”

Rafael Alberti.

 
TODAVIA FLOTAN EN EL AIRE RESIDUOS
DE LA ANTIGUA RETICENCIA
 

Creo que fueron los ministros de Carlos III los que intentaron remover “legislativamente” el prejuicio. En todo caso, fueron gentes de la Ilustración. Aquellos ilustrados pretendían dar a la sociedad española, y valga la fórmula, un cierto dinamismo económico, y para conseguirlo, tuvieron que empezar con la operación increíble de proclamar la dignidad del trabajo mediante una real orden. No hubo más remedio. Una enconada tradición celtibérica sostenía que los oficios manuales constituían una actividad vergonzosa: cosa de moros y judíos, o, por lo menos, de plebeyos. Parece que en algunas zonas de la periferia el mal no estaba tan arraigado: así se dice, y quizá sea de veras. Pero la tendencia general no admitía duda. En realidad, la aprensión frente a las tareas más o menos rentables afectaba también al ejercicio de la profesión mercantil. De hecho, todo lo que no eran “rentas” resultaba sospechoso. Si se exceptuaba la labranza, era por razones aristocratoides: alguien tenía que pagar las “rentas”.

 

La hipotética revolución burguesa, que debía haberse iniciado en el siglo XVIII, no sólo tropezó con la dificultad de carecer de burguesía, sino también con una desconfianza difusa hacia la gestión del burgués. Los gobernantes carolinos no lograron grandes resultados en su modesta tentativa de dignificación laboral. Y todavía hoy flotan en el aire residuos de la antigua reticencia.

 

Los extranjeros que pasearon el país, entonces y luego, sacaban la conclusión de que la holgazanería era endémica. Sin duda, no todo era holgazanería. Generalmente, se trataba de falta de trabajo. Y el montaje agrario, en muchas provincias, no permitía un jornal asiduo para los trabajadores agrícolas. Más tarde se vio que, cambiando ligeramente las circunstancias, o previa la emigración, los ciudadanos tachados de indolentes manifestaron unas ganas de trabajar muy efusivas.

 

En nuestro país lo que anda en juego no son las “ganas” de trabajar: la nostalgia del Adán paradisíaco, dedicado al ocio, es un mito amabilísimo. Sencillamente, se trata de aceptar la “ventaja” de trabajar y de realizar una política orientada al pleno empleo.

 

Hoy se trabaja, en estas latitudes, más que nunca. Desde luego, en todas partes hubo siempre personas que no trabajan: el problema hispánico era y es que la tasa de las personas que pudiendo y queriendo trabajar no encuentran trabajo supera a la de los países de nuestro entorno. Lo sorprendente es que va a pasar otro siglo y el problema continúa. Y es que, como dijo el poeta: “Mas no olvidéis que esta oscura / España que aquí os presento / aún tristemente perdura”.

 

Francisco Arias Solis
e-mail: aarias@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias

WIKIPEDIA: http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Arias_Sol%C3%ADs  

Si quieres la paz, trabaja por la justicia.

Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus páginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL:
http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm

 Gracias.
  

 

JOSE ZORRILLA POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

 

JOSE ZORRILLA
(VALLADOLID, 1817-MADRID, 1893) “A la luz de las estrellasos hemos reconocido, y un abrazo hemos venido a daros.” José Zorrilla. Don Juan Tenorio. 
LA VOZ DEL MAS POPULAR DE LOS POETAS
 

Zorrilla es, sin duda, un escritor, un dramaturgo, un poeta popular. Acaso y junto con Lope, el más popular de los poetas castellanos. Sin duda el más sonoro. El más desbordado. El más pródigo. Y por su postura vital, por su acuciante necesidad de vivir verso a verso, el menos autoexigente. Hasta se diría que el menos esperado.

 

Zorrilla no fue llegando a la fama. La alcanzó de pronto. La arrebató con un gesto. Y desde entonces no se escaparía de sus manos. Pocas veces puede decirse que alguien oscuro y desconocido hasta la víspera, alcanzara la fama, toda la fama, en una fecha fija. Tal como puede decirse de Zorrilla: el 15 de febrero de 1837. Incluso puede aventurarse la hora: entre las cinco y las seis. En el funeral de Larra se hallaban presentes, de riguroso luto, los principales artistas y literatos de Madrid. Ya en el cementerio de Fuencarral al irse a cerrar la caja, se le pidió a aquel joven desconocido la lectura de los versos compuestos la noche anterior. Zorrilla describe la emoción del momento: “... y se me embargó la voz y se arrasaron mis ojos en lágrimas...” A raíz de este suceso, alguien dijo: “España, al perder al más grande de los críticos, encontró al más popular de los poetas”.

 

Desde entonces hasta el fin, aparte de la misión genérica del poeta -concepto y expresión que encantaba a los románticos-, tuvo Zorrilla una misión específica, distinta y personal: la de convertirse en remozado trovador cuyo son, llevando su sola voz por instrumento, arrebataría, durante más de medio siglo, a sus contemporáneos.

 

La coronación de Zorrilla no fue el homenaje local de una minoría de literatos. Sino la glorificación nacional de Zorrilla encarnada por todos. En la culminación de diez días de actividad agotadora, el duque de Rivas, hijo de Don Angel de Saavedra, el poeta romántico, coronó a Zorrilla diciendo: “En nombre de S.M. la Reina Regente, que es la más alta representación de la patria, tengo el honor de colocar esta corona sobre la egregia sienes del inmortal autor de Granada”. Más de catorce mil personas aclamaron en Granada al poeta vallisoletano como príncipe de los poetas.

 

José Zorrilla y Moral nació en Valladolid el 21 de febrero de 1817 y falleció en Madrid el 23 de enero de 1893. A pesar de toda su popularidad como lírico y como autor dramático, Zorrilla no podía vivir bien en España escribiendo versos, y se fue a México, bajo la protección del desgraciado emperador Maximiliano. Dejóse marchar al autor de los Cantos del trovador, del poema Granada, de las obras teatrales El zapatero y el rey, Don Juan Tenorio, Traidor, inconfeso y mártir, El puñal del godo; pero cuando la fatalidad devolvió a Zorrilla a su país tan desprovisto de bienes de fortuna como antes, procedióse con gran aparato a su coronación en Granada, lo que sólo podía contribuir a que el público no se olvidara de comprar sus libros y de ir al teatro a aplaudir con entusiasmo cuando se representaban sus dramas sobre todo aquel popularísimo Don Juan Tenorio... que sólo a su autor no podía enriquecer, pues tenía vendida, y muy mal vendida por cierto, la propiedad de la obra. Al fin, las Cortes votaron a favor de él una merecida pensión que fue ayuda de su vejez; pero no le libró de apuros, preocupaciones y disgustos, a pesar de que él seguía escribiendo con su innata facilidad.

 

Don Juan Tenorio (1844), quizá la única pieza dramática conocida por todos los españoles, suele reponerse tradicionalmente todos los años el 1º de noviembre. Sucede con los siete actos del Tenorio, de Zorrilla, que no se sabe cuál es el mejor, pues, como diría Don Antonio Machado, los siete son mejores: inmejorables.

 

Cuando se alza el telón del acto quinto, la misteriosísima figura de Don Juan se nos aparece más que nunca firme y segura, en su expresión dramática; al mismo tiempo que más alarmante e inquietante. Su rostro será tan claro, tan sobriamente luminoso que hasta podrá ser reconocido, nos dicen sus amigos al verle, “a la luz de las estrellas”.

 

Está Don Juan, como los astros, en su sitio. Y cumple como ellos su libertad, la libertad humana. Y no por fuerza, por la fuerza, sino por ese otro equilibrio vivo, que es en definitiva, lo que vence y desplaza a la fuerza: “el estado genuino de la libertad”, el de la justicia; el estado natural y sobre de la inteligencia humana. Pocas obras maestras de la poesía dramática del teatro habrán conseguido con tanta sencillez y tino un efecto teatral más sublime. El público, el pueblo, en España, lo siente así. Porque siente en la obra inmortal de Zorrilla algo tan sencillo y tan hondo como la voz de sus propios cantares. Sobre todo, en Andalucía, de ese singularísimo cantar, que se canta y se baila solo, y se llama de soledad, de soleá. “Sobre las torres cobre y bronce de la Alhambra florece el espíritu de Zorrilla”, diría García Lorca.

 

Hay un canto de soledad en esa sublime escena nocturna del quinto acto del Don Juan Tenorio, de Zorrilla. Esa soledad que halaga el corazón de Don Juan. Don Juan nos enseña el arte de quedarse solo. Solo con su destino; solo con su estrella; solo con la verdad. Solo ante el negro toro fatal de la noche estrellada que llena de silencio y de sombra, de música callada, la soledad sonora de su corazón vacío y solitario como su estrella, y como su estrella, palpitante.

 

Sí. Habría tanto que hablar de la popularidad de Zorrilla, que es mejor que callemos, para sentir. Para sentir, como Don Juan, el halago de una soledad que nos canta en el corazón: “Y... siento que el corazón / me halaga esta soledad”.

 

Francisco Arias Solis
e-mail: aarias@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias

WIKIPEDIA: http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Arias_Sol%C3%ADs  

Por esa libertad bella como la vida.

Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus páginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL:
http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm

 

Gracias.

LA CULTURA DEL TIEMPO DISPONIBLE POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

  

LA CULTURA DEL TIEMPO DISPONIBLE
 “El tiempo que ibas contando  por años, meses y días,por horas y por minutos,  era el tiempo que perdías.”

José Bergamín.

 SOMOS INCAPACES DE FUNDAR UNA SOCIEDAD DEL TIEMPO LIBERADO 

Desde el comienzo de la edad moderna, no ha dejado de plantearse una misma cuestión en las sociedades occidentales: ¿en qué medida es compatible la racionalidad económica con el mínimo de cohesión social que una sociedad necesita para sobrevivir? Hoy se plantea este mismo problema bajo nuevos aspectos, con una actualidad y agudeza crecientes.

 

El contraste entre las realidades con las que nos acosa esta cuestión y el discurso apaciguador de la ideología dominante es sorprendente.

 

En el conjunto de países de la Unión Europea se producen hoy tres o cuatro veces más riquezas que hace cuarenta años. Sin embargo, tal producción más que triplicada no precisa tres veces más horas de trabajo. Exige una cantidad de trabajo mucho más reducida.

 

En Alemania el volumen total por año de trabajo ha disminuido un 30 por ciento desde 1955. En Francia lo ha hecho en un 15 por ciento en treinta años y en un 10 por ciento en los seis últimos años. Hace medio siglo, un asalariado de 20 años debía contar con pasar en el trabajo un tercio de su vida despierta; en 1975 tan sólo un cuarto; hoy día, menos de un quinto. De aquí en adelante, los franceses mayores de 15 años pasarán menos tiempo en el trabajo de lo que pasan viendo la televisión.

 

El sentido de tales cifras -sentido al que nuestra civilización y nuestros representantes políticos prefieren no enfrentarse- implica que ya no vivimos en una sociedad de productores, en una civilización del trabajo. Este no es ya el principal cimiento social, ni el principal factor de socialización, ni la ocupación principal de cada uno, ni la principal fuente de riquezas y bienestar, ni tampoco el sentido y centro de nuestras vidas. Salimos de esto de espaldas y de espaldas nos adentramos en una civilización del tiempo liberado, incapaces de verla y de quererla, e incapaces de fundar una cultura del tiempo disponible y una cultura de actividades elegidas para reemplazar y completar las culturas técnicas y profesionales que dominan la escena. En nuestro discurso, todo continúa dominado por la preocupación por la eficacia, el rendimiento, la máxima eficiencia..., la preocupación, en definitiva, de obtener el mayor resultado posible con el mínimo trabajo en el mínimo de tiempo. Y parecemos decididos a ignorar que nuestros esfuerzos de eficacia, de racionalización económica, tienen como consecuencia principal un resultado que dicha racionalidad económica no podrá evaluar ni dotar de sentido: la liberación del trabajo, la liberación de nuestro tiempo y la liberación del reinado de la propia racionalidad económica.

 

Esta incapacidad de nuestras sociedades de fundar una sociedad del tiempo liberado tiene como consecuencia una distribución completamente absurda y escandalosamente injusta del trabajo, del tiempo disponible y de las riquezas. Nuestra mayor atención recae sobre las nuevas vías que abre la revolución microelectrónica y sobre las transformaciones fundamentales que suponen en la naturaleza el trabajo industrial y, sobre todo, en las condiciones de los trabajadores. Se nos dice que las tareas repetitivas y de pura ejecución tienden a desaparecer de la industria; que el trabajo industrial tiende a convertirse en un trabajo interesante, responsable, auto-organizado, diversificado, que exige individuos autónomos capaces de iniciativa y capaces de comunicar, de aprender y de manejar una variedad de disciplinas intelectuales y manuales. Un nuevo artesanado, se nos dice, está tomando el relevo de la antigua clase trabajadora y realizando un viejo sueño: los productores tienen el poder sobre los departamentos de producción y en ellos organizan, soberanamente, su trabajo.

 

Y si preguntamos: ¿Qué proporción de asalariados accede entonces a esta nueva condición? Se nos responde así: hoy en día, se trata tan sólo de un 5 a un 10 por ciento de trabajadores de la industria, pero mañana serán más del 25 por ciento; porcentaje que en las industrias metalúrgicas alcanzará del 40 al 50 por ciento.

 Muy bien. Pero, ¿qué sucederá con el 75 por ciento de los empleados de la industria, el 50 o 60 por ciento de la metalurgia, que no accederá a esta envidiable situación que acabamos de describir? ¿Qué sucede con aquellos y aquellas que no trabajan en la industria? ¿No son éstos cada vez más numerosos? ¿No despide la industria mano de obra, no reduce, a medio y largo plazo sus efectivos? ¿No ha descendido la proporción de la población activa empleada en la industria alrededor de un 40 por ciento hace veinte años, alrededor del 30 por ciento actualmente y no se prevé que representará menos del 20 por ciento en una decena de años? ¿Qué sucede entonces con esta mano de obra que la industria “libera”, si puede decirse así, para no conservar sino estos preciados profesionales polivalentes a los que, para mantenerlos, se le ofrece un tratamiento y una situación privilegiados? 

Conocemos la respuesta a estas preguntas, pero preferimos no ver el significado doloroso, consternador. En efecto, para casi la mitad de la población activa, la ideología del trabajo es una maldita farsa, la identificación con el trabajo algo imposible, pues el sistema económico no tiene necesidad, o tiene una necesidad esporádica, de su capacidad de trabajo. La realidad que nos ocultan la exaltación de los “recursos humanos” y la exaltación del trabajo de los nuevos profesionales es que el empleo estable, de jornada completa, durante todo el año y toda la vida activa, se convierte en el privilegio de una minoría, y que para casi la mitad de la población activa el trabajo ha dejado de ser un instrumento que les integra en una comunidad productiva y define su puesto en la sociedad. Y como dijo el poeta: “¿Qué quiera que yo te diga / que no sea un mal decir / de tu suerte y de la mía?”

 

Francisco Arias Solis
e-mail: aarias@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias

WIKIPEDIA: http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Arias_Sol%C3%ADs  Tolerancia cero contra la corrupción.


Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus páginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL:
http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm

 

Gracias.

 

PIO BAROJA POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

  

PÍO BAROJA
(SAN SEBASTIÁN, 1872-MADRID,1956) “En literatura se puede ser un cínico y un degenerado, como Paul Verlaine; se puede ser un satánico, como Baudelaire, pero no se puede ser un cuco... al que le falte llama, el hervor generoso de un espíritu.”  Pío Baroja. 
LA VOZ DEL EMPEDERNIDO INDIVIDUALISTA
 

 Autodefinido como “pajarraco del individualismo”, la actitud general de Baroja fue la del pesimista implacable y empedernido individualista con un soberano desprecio por todo lo que significase mediocridad; mostró su insobornable rebeldía contra todo lo que creía falso e inauténtico. Pero en el fondo de su alma habitaba lo que Madariaga llamó “la paradoja de un sentimental sin amor”, un espíritu compasivo y tierno herido por sus frustraciones y por su hipersensibilidad ante el dolor y la injusticia humanos.

 

  Aunque la ideología de Baroja se encuentra esparcida en toda su obra, en algunas el autor trató este tema directamente: El tablado de Arlequín, Juventud, egolatría, Divagaciones  sobre la cultura, sus “Memorias”. Su individualismo rebelde a todo lo condujo a una visión pesimista del mundo desconfiado de cualquier orientación constructiva; para él la vida era un caos absurdo donde el fuerte se come al débil y donde la única posibilidad de salvación está en la acción constante. “En la vida –decía- hay que luchar siempre”.

 

De origen vasco, estudió medicina en Madrid. Viajó por Europa, lo mismo que por la vida, haciendo poco ruido pero observándolo todo con un emotivo escepticismo: ”El novelista es, sin duda, y ha sido siempre, un tipo de rincón agazapado, observador curioso”. Ser brusco, como algunos de los personajes de su novela, hirsuto y angustiado por su propio fracaso, Baroja sabe ampararlo en un cinismo escéptico y en un subjetivismo arbitrario que le hace incurrir en críticas agudas consideradas como salidas de tono.

 

Novelista de una pieza, el gran novelista de su generación, y un novelista además de raza, entroncado con el propio Cervantes a través del nexo cercano de Galdós. Azorín comparó el estilo de Baroja, con gran escándalo de muchos, al de Cervantes, y la afirmación azoriniana no deja de ser razonable en cuanto se refiere a la “claridad, la precisión y la rapidez”. Pero además de su dominio del difícil arte de la sencillez, en el que tanto fracasan, cualquier lector actual de Baroja observará en seguida el alto lirismo de su prosa, su viva descripción del paisaje, su perfecta ambientación. “No podría hablar de un personaje –escribía este vasco universal- si no supiera dónde vive y en qué ambiente se mueve”.

 

Nadie tan atento como Baroja a lo que sucedía a su alrededor, en el panorama social que se abría a su vista y que, desde el primer momento intentó reflejar en sus obras. Su amargo pesimismo, más que en posibles complejos de resentimiento o frustración, debe basarse en la falta de convicciones religiosas o políticas, en la creencia de alguna finalidad en la vida bien de índole terrenal o sobrenatural.

 Este hombre reprimido es el creador de Aviraneta, el más extraordinario aventurero de la literatura moderna que, en la serie Memorias de un hombre de acción, nos da lo mejor de las dotes narrativas de este gran novelista. Junto a esta obra monumental, desarrolló otros temas de índole estrictamente social, La lucha por la vida, o psicológicas, al estilo de Camino de perfección. 

En el terreno científico y filosófico fue un autodidacta; leyó mucho, pero desordenado. Sin duda, Pío Baroja fue aquel “tipo joven que compra libros y aprende en la soledad”. Los pensadores que más influyeron en él y en su obra fueron Claude Bernard, Kant y, sobre todo, Schopenhauer y Nietzsche. A Schopenhauer lo leyó toda su vida; en él encontró la identificación de su propio pesimismo y escepticismo vital. Por la filosofía y la moral de Nietzsche, Baroja llegó a sentir gran admiración tanto en sus afirmaciones: elogio al individualismo y a la amoralidad del hombre fuerte, como en sus negaciones: desprecio por el cristianismo, por la masa, por la democracia y por las doctrinas socialistas.

 

En lo que respecta a su ideología política, Baroja siempre antepuso su individualismo rebelde a todo –anarquista, individualista, liberal radical- y nunca llegó a comprender que el progreso social sería más factible a través de la comunidad que del individuo. Desengañado de todo –incluso del regeneracionismo, del anarquismo y de la acción individual-, desembocó en el escepticismo absoluto renegando de cualquier remedio político-social y convencido de que “la tontería social no tiene remedio”. “Para mí un político –escribía el novelista vasco- es un retórico... y el gobierno que no haga nada es el mejor”.

 

Agnósticos ha habido muchos, pero tan demoledores, probablemente ninguno; agnóstico individual y máximo individualista de una generación de individualistas, su despiadada crítica molestó a todos y por todos fue vapuleado; era y es difícil digerirlo. Baroja despotricaba contra la sociedad en que le tocó vivir, le indignaban las injusticias, sus miserias y sus estupideces, pero no creía en una sociedad futura.

 

Pero es difícil trazar un cuadro de este gran novelista sin aludir a su corazón, siempre contenido por la timidez, siempre dispuesto para la amistad y el recuerdo. Y es que Pío Baroja, fue un hombre todo corazón, de una extraordinaria sensibilidad al que “habiendo tenido una infancia insignificante”, el resto de su existencia le parecía gris y poco animado, causa fundamental de su retraimiento. Y como nos dijo el gran novelista vasco: “Siente uno en el fondo del alma un sentimiento confuso de horror y tristeza... quizá en lo por venir los hombres sepan armonizar la fuerza y la piedad”.

 

Francisco Arias Solis
e-mail: aarias@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias

WIKIPEDIA: http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Arias_Sol%C3%ADs Por la convivencia frente a la crispación.


Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus páginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL:
http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm

 

Gracias.

FORO LIBRE: PROGRAMACION 2º SEMESTRE 2007

 FORO  LIBREASOCIACION CULTURAL, ARTISTICA Y LITERARIA Francisco Arias Solís - Presidente ~ Plaza San Severiano, 2 ~ 11007 – CADIZe-mail: pazylibertad@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias  

ULTIMADA LA PROGRAMACION

DEL SEGUNDO SEMESTRE DE 2007
 “Y he de llevar mi libertad en pesosobre los propios hombros de mi gusto.”Miguel de Cervantes. VEINTIUN  ENCUENTROS LITERARIOS Y DOS FESTIVALES POETICOS La programación del segundo  semestre del año 2007 de la Asociación Cultural, Artística y Literaria Foro Libre incluye veintiún encuentros literarios y dos festivales poéticos, siendo la entidad andaluza que cuenta en su programación para dicho periodo  con un mayor número de actos literarios.  Los encuentros literarios estarán dedicados a los siguientes personajes y motivos: José Martín Recuerda, Juan Larrea, Nicolás Guillén, Américo Castro, Rosa Chacel, Emilio Castelar, Emilia Pardo Bazán,. Mariano de Cavia, Miguel de Cervantes, Adriano del Valle, Carmen de Burgos, Enrique Jardiel Poncela, Alfonsina Storni, Ramón del Valle-Inclán, Victoria Ocampo, Manuel de Falla, Aldous Huxley, Julio Cortazar, Salvador Rueda, Día Internacional de los Derechos Humanos y Simone de Beauvori.  En octubre  se celebrará el IX  Festival de Poesía y Cante Jondo dedicado a Manuel de Falla, y en el mes de diciembre  tendrá lugar el XV Recital de Poemas Navideños y Villancicos.   Los encuentros literarios de Foro Libre se celebran los lunes a las 20.30 horas, en la cafetería-restaurante El Cantábrico (Avda. Cayetano del Toro, 21). La entrada es libre y todos los asistentes pueden participar con plena libertad en los distintos encuentros.   XV ANIVERSARIO DE FORO LIBRE (1992-2007)  Paz y Libertad. 

Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus páginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL:
http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm
 Gracias.

 

LA SOCIEDAD DUAL POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

 

LA SOCIEDAD DUAL
 “De los pobres campesinos sin trabajo, jornaleros del hambre por los caminos.”

Rafael Alberti.

 
LA DESINTEGRACION DE UNA SOCIEDAD FRAGMENTADA
 

El sistema social se está escindiendo en dos, dando lugar a lo que habitualmente se llama una “sociedad dual” o “sociedad a dos velocidades”. La consecuencia de ello es una desintegración más rápida del tejido social. En lo más alto de la escala social hay una desenfrenada carrera para obtener uno de esos raros empleos estables y al mismo tiempo con posibilidades de promoción. Es lo que un lema publicitario completamente repugnante ha llamado “la pasión de ganar”. La sociedad se presenta bajo el modelo de la lucha sin tregua. Aquellos o aquellas que no son vencedores o ganadores se encuentran marginados de la sociedad, de la que no tienen nada que esperar y en la que no tienen razones para reconocerse. Su violencia suscita contra-violencias, desafectos, nostalgias agresivamente regresivas o reaccionarias.

 

Esta desintegración de una sociedad fragmentada nos remite a un problema de fondo: ¿qué debe ser una sociedad en la que el trabajo a tiempo completo de todos los ciudadanos ya no es necesaria ni económicamente útil? ¿Qué prioridades, diferentes de las económicas, deben fijarse? ¿Cómo debe organizarse para que los aumentos de productividad, la economización de tiempo de trabajo, beneficien a todo el mundo? ¿Cómo redistribuir mejor el trabajo socialmente útil, de manera que todo el mundo pueda trabajar menos y mejor recibiendo su parte de las riquezas socialmente producidas?

 

La tendencia dominante es dejar de lado este tipo de cuestiones y plantear el problema al revés, en los siguientes términos: ¿cómo conseguir que pese a los aumentos de productividad, la economía consuma tanto trabajo como en el pasado? ¿Cómo conseguir que las nuevas actividades remuneradas lleguen a ocupar el tiempo que, a escala social, liberan los aumentos de productividad? ¿A qué nuevos ámbitos de actividad pueden extenderse los intercambios comerciales para reemplazar, mejor o peor, los empleos eliminados de otra parte en la industria y los servicios industriales?

 

Todos conocemos la respuesta, una respuesta cuyo camino han mostrado Estados Unidos y Japón: el único ámbito en el que es posible, en una economía liberal, crear en el futuro un gran número de empleos es en el de los servicios a las personas. Podría no haber límite al desarrollo del empleo si se llegase a transformar en prestaciones de servicios retribuidas las actividades que hasta hoy la gente había asumido cada uno para sí mismo. Los economistas hablan a este respecto de “nuevo crecimiento más rico en empleos”, de “terciarización” de la economía y de desarrollo de una “sociedad de servicios” que toma relevo a la “sociedad industrial”.

 

Pero esta manera de pretender salvar la sociedad industrial provoca problemas y presenta contradicciones que merecerían ser el centro del debate público y de la reflexión política. En efecto, ¿cuáles son el contenido y el sentido de la mayoría de las actividades cuya transformación en servicios profesionalizados y monetarizados es actualmente evocada? Es fácil mostrar que su profesionalización ya no responde a la misma lógica que el desarrollo económico pasado.

 

En efecto, en el pasado el crecimiento económico tenía como motor fundamental la “sustitución productiva”: las tareas que desde hace siglos la gente asumía en la esfera doméstica fueron progresivamente transferidas a la industria y a las empresas de servicios, dotadas de máquinas más eficaces que aquellas de las que podía disponer un hogar. De este modo, la producción industrial y los servicios industrializados han reemplazado la auto-producción doméstica al encargarse los individuos de sí mismos.

 

Sin embargo, el problema que plantea el desarrollo presente es el siguiente: ¿aún es posible reinvertir en la economía el tiempo economizado gracias a la revolución microelectrónica? ¿Aseguran los nuevos empleos creados en los servicios personales de manera más eficaz, es decir mejor y más rápido, los servicios que la gente hasta ahora, se proporcionaba a sí misma?

 La mayoría de los economistas ofrecen la siguiente respuesta: la automatización hace descender los precios relativos de muchos productos. Este descenso de los precios hace aumentar el poder adquisitivo y permite a la gente pagarse servicios “de proximidad”. Razonamiento impecable, pero que deja de lado un aspecto esencial: ¿de dónde procede el descenso de los precios relativos debidos a la automatización? Respuesta: procede del hecho de que las empresas automatizadas han reducido el “coste salarial”, han reducido el volumen de salarios que distribuyen. El “coste salarial” lo han reducido reduciendo sus efectivos. Aquellos que, gracias al descenso de los precios disponen de un poder adquisitivo adicional, no son, evidentemente, quienes han perdido su antiguo empleo. Sólo quienes conservan un empleo fijo, a menudo mejor cualificado, y relativamente bien pagado disponen de tal poder adquisitivo adicional. Por tanto, sólo ellos pueden pagarse los nuevos servicios comerciales en los que se considera que deben encontrar empleo millones de asalariados.  

Los servicios personales se desarrollan gracias al empobrecimiento de una creciente masa de gente, empobrecimiento constatado en todos los países de la Unión Europea. La desigualdad socioeconómica entre los que prestan los servicios personales y aquellos que lo contratan se ha convertido en el motor del desarrollo del empleo. Este se funda sobre una dualización de la sociedad, sobre una especie de sudafricanización, como si el modelo colonial se asentase en el corazón de las metrópolis. Y como dijo el poeta: “¡Qué poco me va quedando / de lo poco que tenía! / Todo se me va acabando / menos la melancolía”.

 

Francisco Arias Solis
e-mail: aarias@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias

WIKIPEDIA: http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Arias_Sol%C3%ADs  

La paz no se reduce a la ausencia de guerras

Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus páginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL:
http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm

 

Gracias.

 

JESUS DE GALINDEZ POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

JESUS DE GALÍNDEZ (1915-1956) “Cuando se piensa que nuestros gudaris defendieron durante tres meses los cuarenta kilómetros que separaban

 el frente de Bilbao... el orgullo de ser vasco se justifica”

Jesús de Galíndez.

 
LA VOZ DEL PERIODISTA DESAPARECIDO
 

El capítulo de la emigración republicana española en Santo Domingo se cierra con un apéndice trágico. Mientras duró la guerra mundial, y sobre todo desde que se perfiló la victoria de los aliados, los españoles gozaron de una relativa libertad. Por razones políticas Trujillo trató de dar por entonces a su Gobierno las máximas apariencias democráticas; llegó a organizar él mismo una oposición y hasta legalizó la existencia del Partido Comunista. Pero la guerra fría de la postguerra le permitió modificar radicalmente su táctica. Por otra parte, los grupos dominicanos que le eran adversos organizaron desde el extranjero expediciones armadas, con la ayuda o tolerancia de algún que otro gobierno de los territorios del Caribe. Y aunque los conatos de invasión fracasaron fueron suficientes para desatar una represión cada vez más dura contra enemigos y disconformes de toda especie. Tres exiliados españoles, Jesús de Galíndez, delegado del Gobierno autónomo vasco en Nueva York, Alfredo Pereña, joven abogado catalán, y José Almoina, funcionario de Correos que había cursado Letras en la Universidad de Santiago de Compostela, que ya no vivían en Santo Domingo, figuran entre las víctimas.

 

Jesús de Galíndez y Suárez había nacido en Amurrio (Alava), en 1915, pero se educó en Madrid donde su padre ejercía la medicina. Hizo los primeros estudios con los jesuitas de Chamartín y en la Universidad cursó los de Leyes. Fue profesor de Derecho Civil de la Universidad de Madrid.

 

A su actuación durante la guerra de España se refiere él mismo en la obra titulada Los vascos en el Madrid sitiado, que es un reportaje de cómo varios nacionalistas vascos, entre ellos el propio Galíndez, organizaron al estallar la guerra civil su comité vasco con bandera y todo para transformarse luego, desde la entrada de Irujo en el ministerio republicano, en delegación del gobierno autónomo vasco. Galíndez cuenta con gran detalle la labor de aquel grupo en la organización de las milicias y sobre todo en favor de los vascos residentes en Madrid que acudían en busca de un salvoconducto al principio de la contienda o esperando más tarde ser evacuados del Madrid asediado y hambriento. Durante la guerra española escribió unos “ensayos poéticos” bajo el título de Ensueños.

 

En Santo Domingo empezó ganándose la vida como taquígrafo. Estenografiaba cursos y conferencias en la universidad, que luego vendía a los estudiantes, a quienes ayudó también en la redacción de algunas tesis. Por poco que ganara le bastaba para sostenerse siendo soltero y sin familiares a su cargo. Por otra parte vivió al principio, como otros exiliados solteros, en casa de una familia amiga, la de Alfredo Matilla.

 

Galíndez acabó siendo profesor de la Escuela Diplomática y Consular. Durante su estancia en Santo Domingo publicó, además de artículos en revistas del país y extranjeras, dos libros de carácter jurídico y uno histórico en la editorial Ekin de Buenos Aires fundada por exiliados vascos. Pero hubo otro puramente literario, Cinco leyendas del trópico, que apareció en Santo Domingo y fue premiado en un concurso organizado con motivo del centenario de la república. Colaboró en la Revista Jurídica Dominicana.

 

Desde que se estableció en Nueva York a principios de 1946 para ser delegado del Gobierno autónomo vasco en los Estados Unidos, sus actividades políticas se centraron por una parte en torno al exilio vasco republicano y por otra en los intentos que se organizaron para derribar a Trujillo. Entretanto trabajaba principalmente como periodista, y a él se debió uno de los mejores reportajes que se han publicado sobre la vida de los puertorriqueños en Nueva York. Con el periodismo alternaba sus estudios en la Columbia University, donde daba también algunas clases de historia hispanoamericana. Ultimando ya su tesis doctoral sobre La era de Trujillo en la que exponía minuciosamente la realidad del aparente Estado de derecho dominicano, publicó un resumen de la misma en Cuadernos Americanos de México.

 

El 12 de marzo de 1956 por la tarde, al salir de la universidad, Galíndez desapareció. Según todos los indicios, agentes de Trujillo lo llevaron a un campo de aviación de las cercanías de Nueva York y desde allí lo trasladaron en avión a Santo Domingo. Nada se ha sabido de él desde entonces. Sólo al cabo de algún tiempo vino a averiguarse que el piloto americano del avión, Gerald Murphy, había desaparecido también, y con él uno tras otro todos los que intervinieron en el increíble secuestro, desde el guardián del campo de aviación hasta el capitán De la Maza, dominicano que custodió en su viaje a Galíndez. Según se dijo, uno de los tres individuos que mataron a Trujillo en 1961 era hermano de dicho capitán.

 

La era de Trujillo puede considerarse como una extensa y minuciosa crónica periodística. A una introducción cronológica que comprende año tras año desde 1930, fecha en que alcanzó el poder Trujillo, hasta 1955, siguen los capítulos dedicados al examen del régimen político: reformas constitucionales, elecciones -siempre unánimes en dar al victorioso el total de los votos existentes-, libertades políticas -encubridoras del terror gubernamental-, destrucción de los antiguos partidos y organización del partido único, instituciones sociales, estilo personal del tirano, política internacional...

 

Siendo el objeto esencial mostrar la divergencia existente entre las apariencias constitucionales y jurídicas de la república y la realidad de un poder personal omnímodo, Galíndez, a diferencia de otros autores, no hace hincapié en la persecución política -de la que él mismo sería víctima- sino más bien en el funcionamiento de todo aquel artilugio montado precisamente para ocultar el carácter dictatorial del régimen. La meticulosidad de Galíndez permite ver claramente el increíble bizantinismo a que había llegado el sistema para dar apariencias legales a la arbitrariedad personal del dictador.

 

La muerte de Galíndez constituye por su parte un heroico sacrificio en aras de la verdad, y es un ejemplo más de la vesanía del tirano que no contentándose con hacerlo matar desde lejos, como hizo con otros, quiso darse la satisfacción de que fuese ejecutado en Santo Domingo, quizá en su presencia y quién sabe si no por él mismo.

  

Francisco Arias Solis
e-mail: aarias@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias

WIKIPEDIA: http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Arias_Sol%C3%ADs  

Donde mora la libertad, allí está mi patria.

Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus páginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL:
http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm

 

Gracias.

JOSE MARIA GABRIEL Y GALAN POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

 

JOSE MARIA GABRIEL Y GALAN
(1870-1905) “Una sencilla labradora, humilde,hija de oscura, castellana  aldea;una mujer trabajadora, honrada,cristiana, amable, cariñosa y seria, trocó mi casa en adorable idilioque no pudo soñar ningún poeta.”

Gabriel y Galán. “El ama”.

 
LA VOZ DEL CANTOR DEL ALMA POPULAR
 

La vida del campo castellano o extremeño, no entrevista a través de la literatura y en visión fugaz, ni desfigurado por los bucólicos del clasicismo, sino palpada directamente, respirada, vivida en toda su plenitud, ofrece en Gabriel y Galán un inolvidable intérprete de inspirada vena, que alcanzó a principios del siglo XX amplia popularidad, siendo todavía uno de los poetas favoritos del gran público.

 

José María Gabriel y Galán nace en Frades de la Sierra, provincia de Salamanca, el 28 de junio de 1870, y muere en Guijo de Granadilla, provincia de Cáceres, el 6 de enero de 1905. Hijo de labradores, hizo con singular brillantez la carrera de Magisterio, que ejerció desde los dieciséis años en Guijuelo, pueblo de Salamanca, y en Piedrahita, pueblo de Ávila. El 26 de enero de 1898, en una iglesia de Plasencia, contraía matrimonio con Desideria García Gascón (“mi vaquerilla” como solía llamarla cariñosamente). A partir de ese instante, la vida del joven poeta cambia radicalmente, abandona su dedicación a la enseñanza, y se traslada al pueblo cacereño de Guijo de Granadilla, en donde toma la dirección y administración de una gran dehesa extremeña denominada “El Tejar”, propiedad del tío de su esposa, dedicándose, en sus ratos de ocio, a la literatura.

 

El nacimiento de su primer hijo inspira a Gabriel y Galán para componer el poema “El Cristu benditu” con el que inicia sus famosas  Extremeñas en las que el empleo de la lengua vernácula, “el castúo”, aroma y vivifica la musa del poeta.

 

Con 35 años no cumplidos, a consecuencia de una pulmonía no curada, fallece nuestro joven poeta. Cuando murió, en plena gloria y juventud, era probablemente el poeta más leído de España. “Era más bueno, sencillo y sincero que sus mismos versos, con serlos éstos mucho...”, afirma Federico de Onís. Según cuenta la tradición, cuando falleció el poeta, quisieron trasladar sus restos para que reposaran junto a los de su esposa. Los mozos de Guijo de Granadilla, enterados de ello, montaron guardia día y noche con sus viejas escopetas para evitar se llevaran los restos de aquel hombre a quien idolatraban.

 

A Gabriel y Galán le bastó una poesía, “El ama”, premiada en los Juegos Florales de Salamanca (1901), para alcanzar las cimas del éxito. Preside el jurado del certamen el insigne rector de la universidad salmantina, pensador y poeta, Miguel de Unamuno, a partir de aquel momento, Unamuno y Gabriel Galán comienzan una asidua correspondencia epistolar. La crítica le saludó como lo que era un poeta de primer orden, capaz de sentir y de expresar las mil emociones de la vida campesina con un acento tan hondo como nadie lo había hecho entre nosotros hasta entonces. Supo cantar como nadie, la belleza del alma sencilla de los campesinos extremeños y salmantinos. Luego esa misma crítica, o la que inmediatamente le sucedió, se dedicó a buscarle puntos vulnerables y se puede decir que el juicio de los que se dan por enterados le es hoy totalmente adverso. Se le censura de ser demasiado ingenuo. Esto de la ingenuidad interpretado como defecto no deja de sorprender, censurándole también de no haber sabido salirse de las formas métricas consagradas -quintilla, redondilla, silva, romance-; lo cual no es exacto, porque, sin la variedad de un Rueda o de un Villaespesa, su versificación no cede en riqueza a la de cualquier otro poeta de su tiempo.

 

En 1902 triunfa en los juegos florales de Zaragoza, al año siguiente obtiene los galardones de la flor natural, en los juegos florales de Murcia, de Lugo y de Sevilla. Ese mismo año es premiado por el ayuntamiento de Guijo de Granadilla, con el galardón de Hijo Adoptivo del municipio. En el solemne acto, celebrado el 13 de abril de 1903, Gabriel y Galán recita su poema “Sólo para mi lugar”, compuesto para la ocasión.

 

Los versos de Gabriel y Galán huelen a tomillo y a cantueso recién cortado; a pan recién sacado del horno; a brazadas de mies que se acaba de segar; a leche recién ordeñada, a sudor campesino... Los argumentos de sus poemas están arrancados del vivir cotidiano. en los medios rurales: el viejo que da consejo a la moza casadera; el vaquerillo que llora el desvío de la zagala; el rentero que, mientras empuña la mancera del arado, va calculando las rentas que debe al terrateniente; y “el ama” que al morir ha llenado de luto la alquería.

 

El entronque de la producción poética de Gabriel y Galán responde tanto a la corriente romántica como al influjo de las obras de Campoamor y Nuñez de Arce, caracterizándose por un nuevo enfoque de lo rural y aldeano, por un personal tratamiento del paisaje y por un acendrado carácter costumbrista.

 

En la producción de Gabriel y Galán, hay dos aspectos distintos: los poemas escritos en castellano, que son los más y los redactados en dialecto extremeño. Al primero corresponden las series tituladas Castellanas, Nuevas Castellanas, Religiosas y Campesinas; al segundo, las agrupadas bajo el título de Extremeñas. Entre las Castellanas merecen citarse: “Lo inagotable”, “Cuentas del tío Mariano”, “Ganadero”, “Mi montaraza”, “Ana María” y, sobre todas, “El ama”, que basta sola para prestigiar a un poeta. Algunas de las Extremeñas -”El Cristu benditu”, “Varón”, “El embargo”- se han hecho famosas con justo motivo. Y como dijo el poeta: “Señor: no soy un juglar; / soy un sincero cantor / del castellano solar. / Canto el alma popular; / no tengo nombre, señor.”

 Francisco Arias Solis
e-mail: aarias@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias
WIKIPEDIA: http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Arias_Sol%C3%ADs
  No hagamos las paces con la guerra, ni tampoco levantemos guerras con la paz.


Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus páginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL:
http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm

 Gracias.