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Francisco Arias Solís

Ángel Lázaro Machado por Francisco Arias Solís

Ángel Lázaro Machado por Francisco Arias Solís

 

ÁNGEL LÁZARO MACHADO

(1900-1985)

 

Pero tú, sigues allí,

español, firme, callado

.................................

Allí, guardando a la madre,

estará cuando volvamos.

Alzará el rostro...

En silencio

estrecharemos las manos.”

Ángel Lázaro.

LA VOZ DE IDA Y VUELTA

 

En silencio /estrecharemos las manos” son versos escritos durante su exilio, por el admirable poeta orensano Ángel Lázaro, que cierran su libro Sangre de España y que son un canto de esperanza: esperanza en el hombre que se quedó -sufriendo- en España. Ángel Lázaro que pasó una parte de su vida entre un ir y venir de España a Cuba fue también un gran periodista, cronista magnífico de los principales diarios de España y Latinoamérica que alcanzó, además, grandes éxitos escénicos con obras en las que se armonizan bella e intensamente la inspiración patética y siempre de intenso dramatismo y un acusado fondo de melancolía celta. Fue uno de los primeros poetas del exilio español de 1939 que descubrieron las tierras y las gentes de América.

 

Ángel Lázaro Machado nació en Orense en 1900 y falleció en Madrid el 31 de marzo de 1985. Su padre fue un militar español y su madre cubana. Su infancia transcurrió en Velle, aldea cercana a su ciudad natal. Cuando aún no había cumplido los catorce años emigró a Cuba, donde trabajó en una camisería, en un almacén de pianos como barnizador y afinador, en una talabertería, etc. Regresó a Galicia aquejado de una enfermedad, pero volvió a emigrar a Cuba. Con dieciocho años ya trabajaba en la redacción de El Comercio. Publicó sus primeros poemas en Galicia, Diario de la Marina, Eco de Galicia y en Chic. Después de cuatro años en Cuba regresa nuevamente a España. En Madrid ingresó en la redacción de La Libertad y colaboró en las revistas más importantes del momento como Blanco y Negro, Nuevo Mundo y La Esfera. Frecuentó las tertulias de la época en las que conoció y trató con los maestros del 98. Contrajo matrimonio con una hermana del escritor toledano Emiliano Ramírez. En los primeros años de la guerra provocada por la rebelión militar del general Franco fue enviado por la República española a Cuba en misión cultural, iniciando una campaña a favor de la República en el diario Pueblo. Buen conferencista, dio varias conferencias en el Ateneo de la Habana, la Institución Hispanocubana de Cultura, Amigos de la República Española y la Sociedad Lyceum. En 1938 dirigió la revista antifranquista Revista de España. Colaboró desde el primer número, octubre de 1939, en la revista Nuestra España, dirigida por Alvaro de Albornoz, y que vio la luz en La Habana, en la imprenta del poeta malagueño Manuel Altolaguirre. Ingresó como periodista en la revista Carteles, que dirigía el asturiano Antonio Ortega, y colaboró en Bohemia Social, Facetas de Actualidad Española y La Verónica. Su estancia en Cuba como exiliado se prolongó hasta 1958, con esporádicas estancias en México, Puerto Rico y en Buenos Aires, donde la consagrada actriz española Margarita Xirgu representó algunas de sus obras. En México colaboró en Excelsior y El Nacional y también publicó varios libros. A su regreso a España colaboró en el diario Pueblo. En los últimos años de su vida se le veía con frecuencia en el edificio de la Asociación de la Prensa de Madrid, ya que era un asiduo visitante del consultorio médico.

 

Su primer libro de poemas aparece en Cuba en 1920, El remanso gris, posteriormente publica Confesión (1927), y más tarde aparece El molino que no muele (1927), considerado su mejor poemario, al que le sigue Romances de Cuba y otros poemas (1937). Ya en 1940 en su Antología poética, hay algún poema nuevo, como el dedicado a Antonio Machado en su muerte. En el prólogo de esta Antología, escribe Manuel Altolaguirre: “... su poesía tiene todas las cualidades de un lujoso ramaje de verdores en los cielos para conquistar el mundo de futuro. Su poesía es trascendente como toda obra que nace de una entrañable condición humana...” En 1941, Manuel Altolaguirre será el editor del nuevo libro, Sangre de España. Elegía de un pueblo. Su próximo libro poético Epistolario y otros poemas no verá la luz hasta 1952. Completa su obra poética durante su estancia en La Habana con dos libros publicados en 1955, Español de dos riberas y su libro en gallego Lonxe, ambos inspirados en temas españoles. En 1973 publicaría en España Homenaje a Aurelio Arteta, cuaderno de poesías como homenaje al pintor vasco.

En 1922, estrenó en el Teatro Principal de la Comedia su obra teatral Con el alma, de la que dijo Jacinto Benavente: “Me parece la más calurosa defensa del teatro hispanoamericano”. Entre sus obras dramáticas más destacadas se cuentan el poema escénico Proa al sol, drama de la emigración, estrenada el 5 de marzo de 1931, en el Teatro Fontalba de Madrid, por la compañía de Lola Membrives, La hoguera del diablo, estrenada el 18 de abril de 1931, en el Teatro Rosalía de Castro de La Coruña, por la compañía de Enrique Borrás, y La hija del tabernero, estrenada en Santiago de Chile en 1932, haciendo el papel de la protagonista Pepita Serrador. Otras obras teatrales suyas son: El arco de la verbena (1933) y La casada sin marido (1936), y, finalmente, señalaremos La tierra del olivar e Imagineros que fueron representadas por Margarita Xirgu en Buenos Aires, en 1948.

 

Entre sus libros de ensayos y biográficos citaremos: Jacinto Benavente: De su vida y de su obra (1925), La verdad del pueblo español (1939), Retratos familiares (1945), Semblanzas y ensayos (1963), sobre Galdós, Unamuno, Ortega, Menéndez Pelayo, Valle-Inclán, Azorín, Ramón Gómez de la Serna, Marañón..., y la biografía Rosalía de Castro (1966), libros escritos con un estilo directo y sencillo y reveladores de un prosista de fina sensibilidad. Y como dijo este emigrado y exiliado gallego, en su constante ir y venir: “Galicia, verde y triste, madre, / vengo del sol, / vengo del ancho campo tropical / -calma, fuego, resplandor-, / y te encuentro llorando tu lluvia / mansa como una bendición.”

Francisco Arias Solís

 

Ningún hombre considera que su situación es libre si no es al mismo tiempo justa, ni justa si no es libre.

 

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Alfonso Vidal y Planas por Francisco Arias Solís

Alfonso Vidal  y Planas por Francisco Arias Solís

 

ALFONSO VIDAL Y PLANAS

(1891-1965)

 

Enterradme en España cuando muera

(¡por caridad, hermanos en mi España!)

si herido de su amor, en tierra extraña,

desangrado en suspiros, me muriera.”

Alfonso Vidal y Planas.

 

 

LA VOZ DE UN BOHEMIO DESTERRADO

 

El poema “Enterradme en España cuando muera” está escrito a su paso por Ellis Island, en 1939, según el escritor mexicano Arias de la Canal, muchos años después al pie de este poema el autor escribió: “En Tijuana, hasta donde los cementerios me sonríen, como disputándoseme amorosamente la gavilla de restos mortales que lleva a cuestas mi alma, declaro conmovido y con la lengua del corazón: -Mis pies, llagados y adoloridos de tanto hacer las duras marchas forzadas del Infortunio, sienten piadosa y blanda esta bendita tierra mexicana que alfombra de vendas y flores las leguas finales de mi camino. Tijuana, que desde hace más de diez años me tiene abrazado maternalmente, me pondrá mañana su noble mano abierta, para que, desde su palma, se lance el ave inmortal de mi espíritu al vuelo glorioso... ¡Tierra leve y bien mullida la mexicana para el eterno reposo de mis huesos, tremendamente rendidos!”

 

El novelista, autor dramático, periodista, poeta y bohemio Alfonso Vidal y Planas, nació en Santa Coloma de Farners, Girona, en 1891 y falleció en Tijuana, Baja California, México, en 1966. Fue un escritor costumbrista con ciertos retazos del noventaiochismo que cosechó una enorme popularidad en los años veinte y treinta del pasado siglo. Destaca en la descripción de los bajos fondos y en el estudio de los caracteres de las personas despreciables. Como periodista humorístico fue fundador y director de El Loco y colaborador de ¡Oh, la la! El 2 de marzo de 1923 en el Saloncillo del Teatro Eslava tuvo lugar una grave disputa con el director de El Parlamentario y dramaturgo vasco Luis Antón de Olmet que asistía al último ensayo de una de sus obras que se estrenaría ese día, de resultas del altercado entre ambos amigos y compañeros, el dramaturgo vasco murió de un disparo. Dicha tragedia no se consideró jurídicamente un asesinato, sino un crimen pasional cometido en un momento de homicida arrebato. Como consecuencia del mismo Vidal fue condenado a doce años y estuvo encarcelado en el Penal de Dueso. Muchos escritores y amigos pidieron su indulto. Así, en El Día de Cuenca del 27 de abril de 1926 apareció un artículo firmado por Alfredo R. Antigúedad en el que se decía: “Hace pocos días, la mujer de Alfonso Vidal y Planas, ha entregado en el Ministerio de Gracia y Justicia una instancia solicitando que el resto de la pena que falta a cumplir a Vidal, sea conmutada por el destierro... Piedad para Alfonso Vidal y Planas. Que el ministro de Gracia y Justicia estudie esa petición que acaba de formularle la esposa del preso, y que se abran las puertas del presidio para el pobre loco que delinquió y que ha pagado ya su delito”. Efectivamente sólo cumplió tres años de la condena y, tras recobrar la libertad, marchó a la Universidad de Indianápolis, donde se doctoró en Metafísica. Durante la guerra provocada por la rebelión militar del general Franco, Ángel Pestaña, el líder de la CNT moderada, le pidió que colaborase en el El Sindicalista, dirigido por Natividad Adaña, y en cuya nómina también figuraba Ramón J. Sender. Al finalizar la guerra emprendió el camino del exilio en Estados Unidos. Fue profesor de español en la Fordham University de la Compañía de Jesús, ubicada en Nueva York. Colaboró en el diario en español “La Razón” de Los Ángeles. “Cuando estalló la guerra de Corea en 1950, y los vientos norteamericanos cambiaron de rumbo -escribía José Pérez del Arco-, fue detenido para deportación “por haber cometido un crimen en Madrid hacía treinta años”. De nada le valió que, en mi calidad de cónsul defendiendo a un compatriota, alegara yo oficialmente que en los registros personales de España no constaba ya aquel crimen, en función de una amnistía posteriormente concedida. Fue deportado a Tijuana, México, donde murió en su pobreza”. En Tijuana, ejerció como profesor de literatura española y filosofía elemental.

 

Entre su numerosa producción literaria destacamos: novelas, La barbarie de los hombres. Odisea del legionario Adolfo Torres, herido en la guerra (1915), En libertad (1919), La casa de Pepita (1922), El incendiario (1922), La Papelón (1923), El pobre Abel de la Cruz (1923), Los locos de la calle (1923), Papeles de un loco (1923), La tragedia de Cornelio (1923), Mercedes Expósito (1923), Carmen Expósito (1923), Cuatro días en el infierno (1923), El alma de monigote (1923), El patio de la primera (1923), La camisa fatal (1923), El otro derecho (1924), La gloria de Santa Irene (1924), Castigo del cielo (1925), ¡Le pasa a cualquiera! (1925), La voz que ha salido ahora (1925), La santa desconocida (1926), El ángel del portal (1926), Santa Isabel de Ceres (1926), que tuvo una gran aceptación popular, con treinta y dos ediciones, fue llevada al teatro e incluso al cine, en ella se narra el amor de un pintor por una prostituta a la que intenta redimir, novela con ribetes autobiográficos ya que su autor conoció a la que sería su mujer, Elena Manzanares, en una mancebía, La hija del muerto (1927), El demonio juega-Nochebuena en el penal (1927), El santo que se condenó (1927), Los reptiles del Prado (1928), El pobre loco (1928), Yo, García y un viejo de Logroño y otras novelas (1928), La siesta (1928), Cielo y fango (1929), Las alas del sátiro (1931), El manicomio del doctor Efe (1931) y El perro que subió al cielo (1933); obras de teatro, Los gorriones del Prado, obra que fue estrenada precisamente en el Teatro Eslava, en febrero de 1923, pocos días antes del famoso crimen pasional, La virgen del infierno (1928), La tragedia del loco que quiso ser bueno (1931), El loco de la masía (1931) y Las niñas de Doña Santa (1934); poemarios: Cirios en los rascacielos (1963), Poemas del destierro, de yanquilandia y de la muerte (1963) y Las hogueras del ocaso (1965), en los que se pone de manifiesto su exquisita sensibilidad para la poesía lírica. Y como dijo este bohemio desterrado: “¡Arde el sol como un hacha / funeral en el cielo!: / Sin España en mi vida, / yo mismo soy el muerto, /¡y en la capilla ardiente / de Yanquilandia enciendo / un cirio por mi ánima / en cada rascacielos!”

Francisco Arias Solís

 

Sin libertad la vida vale poco.

 

Portal de Internautas por la Paz y la Libertad y de Foro Libre.

 

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Foro Libre: Homenaje a Velázquez

Foro Libre: Homenaje a Velázquez

 

FORO LIBRE

ASOCIACION CULTURAL, ARTISTICA Y LITERARIA (Fundada en 1992)

 

Francisco Arias Solís - Presidente ~ Plaza San Severiano, 2 ~ 11007 – CADIZ

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Soy en la tela un soplo,

el paso detenido de un momento.”

Rafael Alberti. Velázquez.

 

 

HOMENAJE DE FORO LIBRE A VELÁZQUEZ

 

El próximo lunes, día 29, a las 20.00 horas, en la cafetería-restaurante El Cantábrico (Avda. Cayetano del Toro, 21 - Cádiz), la Asociación Cultural, Artística y Literaria FORO LIBRE celebrará un encuentro literario sobre la vida y la obra del pintor sevillano Diego Velázquez (1599-1660), con motivo del 450º aniversario de su muerte.

 

La vida de Velázquez, genio universal y el más genial de nuestros pintores del Siglo de Oro, estuvo marcada por dos procesos que el artista vivió en paralelo: el humano, de constante promoción social, y el profesional, como pintor y arquitecto decorador al servicio de Felipe IV.

 

Desde fecha temprana se aprecia en Velázquez cierta indeterminación entre temas religiosos y bodegones, en lo que se ha dado en llamar bodegones a lo divino, de que son ejemplos Cristo en casa de Marta y María y La mulata o Cena de Emaús. En obras coetáneas, son entre otras Los tres músicos, Dos jóvenes comiendo y El aguador de Sevilla o Vieja friendo huevos. Ejecutó Velázquez algunas pinturas religiosas de gran belleza, especialmente la pareja de lienzos de la Inmaculada Concepción y San Juan Bautista en Patmos, y la obra principal del género religioso del momento la Adoración de los Reyes.

 

Velázquez emprende viaje a Madrid, en 1622, para retratar a Luis de Góngora. Antes del 30 de agosto había retratado al joven Felipe IV y el 6 de octubre obtuvo el nombramiento de Pintor del Rey. De esta etapa son una serie de retratos de Felipe IV con traje negro, del Infante D. Carlos, del Conde-Duque, así como de miembros de la administración. Las obras de composición que Velázquez realizó en esta época sólo pueden ser enjuiciadas a través de Los borrachos o Triunfo de Baco.

 

El pintor sevillano parte hacia Italia en 1629. Apolo en la fragua de Vulcano y La túnica de José son las dos grandes pinturas fruto del primer viaje a Italia. A su regreso a Madrid el pintor inicia la serie de retratos infantiles con el retrato del Príncipe Baltasar Carlos que culmina con Las Meninas. En los primeros años de la década de 1630, pintó Velázquez cinco grandiosos retratos ecuestres. De esta época data la Las lanzas o La rendición de Breda, probablemente la pintura de más calidad de todo el conjunto.

 

El misticismo más intimista surge en Cristo contemplado por el alma cristiana y el llamado Cristo de San Plácido. De este período son San Antonio abad y San Pablo ermitaño y también algunos retratos aislados, de excepcional calidad.

 

En su regreso a Italia, en 1648, se deleitó con la pintura de algún tema mitológico, como La Venus del Espejo. A su vuelta a Madrid, Velázquez recurre al esquema representativo de la ambigüedad manierista, en Las Hilanderas o Fábula de Aracne y en un curioso retrato de La familia de Felipe IV, conocido por todos como Las Meninas, y reconocido como su obra maestra.

 

Francisco Arias Solís

 

No hagamos las paces con la guerra, ni tampoco levantemos guerras con la paz.


XIII Festival Poético por la Paz y la Libertad en memoria de Mario Benedetti.

 

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José Antonio Balbontín por Francisco Arias Solís

José Antonio Balbontín por Francisco Arias Solís

 

JOSÉ ANTONIO BALBONTÍN GUTIÉRREZ

(1893-1978)

 

Lo que a mí me hizo abandonar la visión beatífica de la España tradicional fue el descubrimiento inaudito y desconcertante, de que en Andalucía había tres millones de campesinos hambrientos de los que nadie hacía caso.”

José Antonio Balbontín.

LA VOZ PIONERA DE LA POESÍA SOCIAL

 

Los últimos estudios sobre la novela social fijan sus inicios en 1927, año en que publican sus primeras novelas Joaquín Arderius y Julián Zugazagoitia, pues bien, Balbontín publica su primera novela social El suicidio del príncipe Ariel, en 1929, en la colección titulada “La Novela Social” de la editorial Historia Nueva, en la misma colección aparecieron Plantel de inválidos, de César Falcón, y El blocao, de José Díaz Fernández, que suponen la consolidación del género. El libro de poemas de Balbontín Inquietudes (1925), es pionero en la poesía social y su poema “Alzaba el brazo ingenuamente / con un afán de rebeldía / que se quebraba entre sus labios / en el dulzor de una sonrisa...”, con esta dedicatoria: “Para aquella incipiente revolucionaria que en un mitín de modistillas, habló de rebelión con palabras tan dulces...”, fue de los poemas más celebrados de la época. Fue también pionero de la poesía revolucionaria en su libro Romancero del pueblo (1931), que se abre con un poema revelador: “Yo quiero ser el poeta / de los dolores del pueblo...” Este poeta, escritor, abogado y político que fue diputado por Sevilla en las elecciones a Cortes Constituyentes de la Segunda República Española, magistrado del Tribunal Supremo durante la guerra provocada por la rebelión militar del general Franco y ministro consejero en Londres del Gobierno republicano en el exilio, escribió una interesante autobiografía política con el título de La España de mi experiencia. Reminiscencias y esperanzas de un español en el exilio (1952), a su regreso a nuestro país, después de su largo exilio, publicó libros sobre temas religiosos desde un agnosticismo militante -¿Dónde está la verdad? (1967), A la busca del Dios perdido (1969), Reflexiones sobre la no-violencia (1973)-, que se traducen en una defensa apasionada del desarme mundial y en un pacifismo a ultranza, que condena sobre todo la guerra atómica y el uso en general de armas nucleares.

 

José Antonio Balbontín Gutiérrez nació en Madrid el 8 de octubre de 1893 y falleció en la misma ciudad el 28 de febrero de 1978. Hijo de una familia acomodada y de fuerte raigambre católica, su padre había heredado una próspera industria de anisados en Sevilla y su madre de origen montañés falleció cuando sólo contaba con seis años de edad. Fue educado en la Congregación de los Luises de Madrid. Cursó derecho en la Universidad Central de Madrid. En 1914 sufrió una crisis de fe. Asiduo de la biblioteca del Ateneo, ingresó en 1917 en el Grupo de Estudiantes Socialistas, un año después conoce a María Muñoz Cenzano, con la que contrajo matrimonio diez años más tarde. Codirigió las revistas El Estudiante y Post-Guerra, y colaboró en el periódico La Tierra. En 1929, con el seudónimo de María Luz de Valdecilla, publicó en el órgano oficial de la dictadura La Nación, un soneto con acróstico cuyas primeras letras formaban la frase “PRIMO ES BORRACHO”, el gobierno secuestró la tirada del periódico. En 1930 se afilió al Partido Radical Socialista, en el que llegó a presidir la Agrupación de Madrid. Al año siguiente abandonó dicho partido y fundó el Partido Social Revolucionario. En las elecciones de junio de 1931 se presentó por Sevilla en una candidatura encabezada por Ramón Franco y en la que figuraba, entre otros, Blas Infante. Fue proclamado diputado en octubre de 1931 y se integró en las Cortes en un grupo de escasa fuerza real pero que se hizo notar por su oposición al gobierno, formado por Ramón Franco, Ángel Samblancat, Salvador Sediles, Rodrigo Soriano, Eduardo Ortega y Gasset, Eduardo Barriobero, Juan Botella Asensi y Joaquín Pérez Madrigal, grupo que fue conocido como el de “los jabalíes”. En 1933 militó en el Partido Comunista, por el que fue candidato en las elecciones generales celebradas ese año, para abandonarlo en 1934. Durante la guerra se aproximó nuevamente al Partido Comunista y trabajó como periodista en Mundo Obrero. En 1937 fue nombrado magistrado de la Sala Tercera de lo Contencioso Administrativo del Tribunal Supremo, con sede primero en Valencia y después en Barcelona. A finales de abril de 1939 emprendió el camino de su exilio, por la frontera catalana, dirigiéndose a Londres, donde trabajó como traductor para diversas empresas y fue redactor para el servicio español de la BBC. Colaboró en la prensa argentina y mexicana, y también en la principal revista del exilio español Las Españas. Militó en la sección inglesa del partido Izquierda Republicana, en el que llegó a presidir la Agrupación de Londres. En 1952 fue nombrado consejero en Londres del Gobierno republicano en el exilio, cargo que desempeñó durante diez años. A su regreso a España, a fines de 1970, trabajó de traductor y colaboró en varios periódicos y revistas como Índice y Cuadernos para el Diálogo.

 

Entre sus numerosas obras, además de las citadas, destacan: Poesía: Albores (1910), De la tierruca (poesías montañesas) (1912), La risa de la esperanza (1914), Por el amor de España y de la Idea, Cien sonetos de combate contra Franco y sus huestes (1956), Mis 13 poesías predilectas (1964) y A la orilla del Támesis (poemas del destierro) (2005). Novela: Una pedrada a la Virgen (1932). Teatro: ¡Aquí manda Narváez! (1936), La canción de Riego (1936), El cuartel de la Montaña (1936), El frente de Extremadura (1936) y Pionera (1936). Ensayo: El problema de la tierra en España y en el mundo (1952) y Tres poetas de España. Rosalía de Castro, Federico García Lorca, Antonio Machado (1957). Y como dijo el pionero de la poesía social: “Dentro de España, como fuera de ella, seguiré defendiendo, en la medida de mis fuerzas, el ideal de una República liberal y democrática que avanzara prácticamente hacia un socialismo humanista, que era precisamente el ideal de Francisco Giner de los Ríos, maestro que me parece cada vez más venerable”.

 

Francisco Arias Solís

 

El futuro se gana, ganando la libertad.

 

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Escuela y sociedad por Francisco Arias Solís

Escuela y sociedad por Francisco Arias Solís

 

ESCUELA Y SOCIEDAD

 

Y todo un coro infantil

va cantando la lección:

mil veces ciento, cien mil;

mil veces mil, un millón.”

Antonio Machado.

 

EL SABER APRENDER ES EL MEJOR FRUTO DE LA ESCUELA

 

Vivimos inmersos en un diluvio de datos. La dificultad de asimilarlos crece en la medida que aumenta la diversidad y complejidad así como la de los canales por medio de los cuales se vierten. El nivel de datos disponibles puede llegar a bloquearnos totalmente.

 

Estamos hablando de datos y no de información para poner de relieve una característica muy especial de nuestra época: La confusión entre datos e información y entre esta última y el conocimiento.

 

El nivel medio cultural que se requiere para la compresión de un texto es cada vez más elevado. Estamos en la era de la información y sin embargo el nivel de confusión parece estar creciendo. De ahí la importancia del papel de la escuela para contribuir al logro del cambio de la información en conocimiento y de la tecnología en comunicación.

 

Los alumnos han de encontrar en la escuela todo aquello que está presente en la sociedad y la cultura en la que viven; la escuela ha de ser la circunstancia dinamizadora de la vida individual en el seno de la propia sociedad. En una sociedad del conocimiento y de la comunicación la misión de la escuela es la de ofrecer los elementos que permitan el desarrollo y la capacidad de aprender: a la escuela vamos a iniciar el aprendizaje de aprender. El saber aprender es el mejor fruto que puede ofrecer la escolarización.

 

En este sentido, en la escuela deben estar presentes todos los medios que la sociedad tiene para ofrecer información: libros, periódicos, radio, televisión, ordenador... nada puede ser ajeno a la escuela porque nada es ajeno a la vida del alumno.

 

En cualquiera de las áreas en las que está dividido el panorama académico no importa que se trate de lenguas, idiomas, matemáticas, física, ética o música, en todos ellos se puede realizar el ejercicio de adiestramiento en la búsqueda de información o de unos datos adecuados al planteamiento de un supuesto o de un contexto real. Esto supone, por parte del profesorado, un cambio en la perspectiva desde la que contempla su función; en ofrecer más elementos de búsqueda que soluciones previas; en proponer actividades más que en presentar ejercicios escolásticos descontextualizados y anacrónicos. No es sencillo, pero sí estimulante, el intentar el equilibrio entre lo estricto y convencionalmente académico y estas nuevas maneras de hacer.

 

Por otra parte el desarrollar actividades comunicacionales, el contactar con otros grupos en escuelas geográficamente distantes, es una actividad que merece especial atención si se pretende que los alumnos y alumnas vivan y conozcan como algo real la virtual presencia de culturas distintas, tal y como puede constatarse en los programas de todo tipo que nos ofrece indiscriminadamente los medios audiovisuales de difusión.

Conscientes de estas características de nuestro tiempo es preciso descubrir nuevas sendas por las que caminar para poder enseñar nuevas actividades valoradas con un alto potencial de aprendizaje para el alumno. Y como dijo el poeta: “Aprende a diferenciar / las cosas que son mentira / de las que cosas que son verdad”.

 

Francisco Arias Solís

 

La fórmula salvadora es paz, libertad y justicia.

 

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Manuel Granell Muñiz por Francisco Arias Solís

Manuel Granell Muñiz por Francisco Arias Solís

 

MANUEL GRANELL MUÑIZ

(1906-1993)

 

Hay el exilio físico. Y el exilio de conciencia -más

amargo que el otro, más difícil a la larga-.”

Manuel Granell Muñiz.

LA VOZ CON LIBERTAD CREADORA DE SER

 

El poeta y filósofo Manuel Granell encontró tales dificultades en nuestro país para el desarrollo de su vida intelectual que optó por el exilio en Venezuela, más que de la guerra Granell es un exiliado del franquismo. “Bajo el cielo venezolano -nos dijo Granell- ha madurado mi pensar, tomó forma coherente el entramado conceptual, dispuso de la libertad y sosiego favorables al ejercicio de la actividad creadora”. Precisamente, Venezuela fue el país de acogida en el que los estudios filosóficos y universitarios en general sufrieron un mayor impulso por parte de los exiliados españoles. Según José Luis Abellán, si la llamada herencia de Ortega, resulta básica en todos los pensadores exiliados, en algunos cobra una especial importancia, como sucede en los casos de José Gaos, María Zambrano, Francisco Ayala y Manuel Granell. Este último obtiene una primera culminación de su indagación filosófica en su Lógica, publicada en 1949, donde realiza una exposición del sentido de la logocidad, mediante el acercamiento concreto a las distintas formas que la lógica ha ido adquiriendo históricamente. La última parte del libro está dedicada, sin embargo, al análisis de la lógica de la razón vital, como si este fuese el prototipo de toda lógica, en la medida que el fin último de ésta es ceñirse al objeto propio de su consideración. Naturalmente, esto implica un concepto de verdad ceñido al sujeto que supone una nueva visión antropológica; línea que ha marcado gran parte de las investigaciones de Granell: El humanismo como responsabilidad (1959), El hombre, un falsificador (1968), y sobre todo su monumental tesis y su obra “más cabal” La vecindad humana: Fundamentación de la Ethiología (1969, Premio de Investigación de la Universidad Central de Venezuela en 1970), que pone la base de una nueva e importante disciplina a la que llama Ethología. Años más tarde nos diría Granell: “Dicha investigación sobre la logicidad -el esfuerzo logificante, en modo alguno “la” lógica-, fue un primer paso -por cierto decisivo- para mis futuras meditaciones, las que fueron culminando en La vecindad humana, subtitulada: Fundamentación de la Ethiología.

 

Manuel Granell Muñiz nació en Oviedo el 18 de junio de 1906 y falleció en Caracas el 13 de noviembre de 1993. Inició sus estudios universitarios en la Facultad de Ciencias de Oviedo, para seguidamente, en 1925, cursar estudios en la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid. Fracasa en los exámenes y siente atracción por la filosofía. Aconsejado por su padre estudia derecho en la Universidad de Oviedo y obtuvo la licenciatura en 1929, año en que viajó a París y a su paso por Hendaya, visitó a Unamuno, desterrado por la dictadura de Primo de Rivera. Al año siguiente, comenzó sus estudios en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid, donde tuvo como profesores a García Morente, Ortega y Gasset y José Gaos, en 1936, obtuvo la licenciatura. Colaboró en la Revista de Occidente. En enero de 1937 fue profesor del Instituto de Elche, en ese mismo año, contrajo matrimonio con Pilar Gaos. Al finalizar la guerra provocada por la rebelión militar del general Franco emprendió su exilio material. “En enero de 1939 – nos contó Granell -crucé a pié los Pirineos por el llamado paso de la Muga justo el mismo día que el resto del Ejército del Este y bajo la observación de los aviones franquistas. En Saint-Laurent, primer pueblecito francés me esperaba mi esposa, acompañada de sus padres, quienes habían cruzado la frontera a pié dos días antes. Pude así vestirme inmediatamente de paisano, lo cual, unido a mi carnet de profesor, me sirvió para eludir los campos de concentración... Y estalló la segunda guerra mundial. De golpe, todo se complicaba. Mi esposa embarazada. Mis padres -desterrados de Oviedo tras confiscarles sus bienes-, abandonados en Barcelona. Viendo la letra de mi padre descubrí que tenía contado sus días. No había alternativa. Tras angustiosas semanas en el campo de concentración de Deusto, llegué justo a tiempo para enterrar a mi padre, evitándole la fosa común, y recoger a mi madre”. Calificado de “rojillo”, sufrió un amargo exilio interior. Se dedicó a la enseñanza privada, a trabajos de traducción para algunas editoriales y publicó algunos artículos literarios utilizando seudónimos. “El 30 de enero de 1949 -nos contaba el Granell- tuve en manos las “capillas” de la Lógica- libro que era mi esperanza para saltar a América-. Mucho antes de lo esperado, exactamente el primero de octubre, me llegaba a Madrid un cable de la Universidad Central de Venezuela ofreciéndome -espontáneamente, por motivos suyos y sin influencia alguna- un plaza de profesor”. Desde enero de 1950 ejerce de profesor invitado en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central de Venezuela, de la que llegaría ser profesor titular. En 1959 adquiere la nacionalidad venezolana y en 1964 obtuvo el doctorado en Filosofía con su tesis La vecindad humana. Fue cofundador de la Sociedad Venezolana de Filosofía y director del Instituto de Filosofía de la Facultad de Humanidades, desde 1972 hasta su jubilación en 1977.

 

Entre las obras de mayor relieve del filósofo Manuel Granell, además de las citadas, se cuentan: Cartas filosóficas a una mujer (1946), Estética de Azorín (1949), Ortega y su filosofía (1959), Del pensar venezolano (1967), Ethologia y existencia (1977) y Humanismo integral (1983). Como poeta publicó dos poemarios, con el seudónimo de Manuel Cristóbal, Umbral (1941) y Antología del silencio (1981). Y como dijo el poeta y filósofo ovetense: “El genuino filósofo no debe plegarse a otra voz que la de su almohada”.

 

Francisco Arias Solís

 

Donde mora la libertad, allí está mi patria.

 

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Alberto de Paz y Mateos por Francisco Arias Solís

Alberto de Paz y Mateos por Francisco Arias Solís

 

ALBERTO DE PAZ Y MATEOS

(1915-1967)

 

Lo nuevo tiene que sorprender aunque los

primeros sorprendidos seamos nosotros

mismos.”

Alberto de Paz y Mateos.

 

LA VOZ DEL PADRE DEL TEATRO MODERNO VENEZOLANO

 

El ponferradino Alberto de Paz y Mateos compartió su exilio entre Francia, Santo Domingo, Venezuela y Estados Unidos. En Venezuela su nombre ha quedado vinculado a uno de los teatros más famosos de Caracas y está considerado como el padre del teatro moderno venezolano.

 

Alberto de Paz y Mateos nació en Ponferrada, León, el 17 de enero de 1915 y falleció en Caracas el 29 de septiembre de 1967. Su padre fue fiscal de la Audiencia de A Coruña y con posterioridad fiscal general de la República. En A Coruña estudió bachillerato en el colegio de los Hermanos Maristas y en el colegio Francés. En 1931 se trasladó a Madrid para cursar derecho en la Universidad Complutense, en la que obtuvo la licenciatura en 1936, a punto de producirse la guerra provocada por la rebelión militar del general Franco. Había sido miembro de la compañía teatral estatal “La Barraca” de García Lorca. Al finalizar la guerra emprende el camino del exilio, pasando a Francia, donde estuvo internado en el campo de concentración Argelès sur Mer, hasta que pudo establecerse en París. En noviembre de 1939 llegó a la República Dominicana. Estuvo trabajando en la Radio Dominicana y como visitador médico. En enero de 1942 publicó en Santo Domingo una breve pieza, El marinero ciego, con cartel anunciador y decoración de otro exiliado, Eugenio Fernández Granell. En una editorial imaginaria, pero llamada por él “Saudade”, publica con intencionada omisión de lugar (Ciudad Trujillo) un libro de poemas, Canto en cinco variaciones, que podría resumirse como variaciones en torno a un tema: la soledad. Se trata de poesía, efectivamente, de tema saudosista, en contraste “con la sociabilidad del autor y su buen humor personal”, como nos hizo observar Vicente Lloréns en sus Memorias de una emigración. Santo Domingo, 1939-1945. Colaboró en Santo Domingo en la revista La Poesía Sorprendida (1943-1945), junto con otros poetas españoles del exilio (entre otros, Jorge Guillén y Juan Ramón Jiménez), y en Cuadernos Dominicanos de Cultura (1943).

 

En 1945, Alberto de Paz llegó a Venezuela y comenzó a dirigir el Teatro Experimental del Liceo Fermín Toro, poniendo en escena obras de Cervantes, Valle Inclán, Lope de Rueda, etc., y situándolo en la vanguardia del teatro venezolano. Fue nombrado asistente de la cátedra de Literatura de la Universidad de Wyoming, Laramie, Estados Unidos, en la que dictó cursos de literatura dramática y de novela contemporánea. Viajó a Hollywood y trabajó en la National Broadcasting Company, Incorporated (NBC), propietaria de varias cadenas de radio y televisión y en el departamento de traducciones, adaptaciones y diálogos de la empresa cinematográfica Warner Bross. En 1950 regresó a Venezuela, puso en escena obras de Jean Cocteau y Eugene O'Neill. En 1952 fue nombrado director artístico de la TV Nacional, al tiempo siguió dirigiendo obras de Lope de Vega (La dama boba), de Federico García Lorca (La casa de Bernarda Alba, Yerma, La zapatera prodigiosa, Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín, Doña Rosita la soltera), de Arturo Uslar Pietri (Chuo Gil) y de Sófocles (Electra). El 4 de junio de 1962 estrena en el Teatro Municipal de Caracas su obra El acordeón, “monólogo esbozado para un buen actor”. El violento movimiento sísmico ocurrido en Caracas en julio de 1967, conocido como Terremoto Cuatricentenario de Caracas, pues se celebraban los cuatro siglos de la existencia de la ciudad, le impresionó y afectó profundamente hasta del punto de no poder conciliar el sueño. El 27 de septiembre de ese año, se disponía viajar a Madrid para visitar a su madre y tuvo que regresar del aeropuerto al sentirse mal. Dos días más tarde sufrió el infarto de miocardio que acabó con su vida. Y como nos dijo el padre del teatro moderno venezolano: “Mas la vida no es un par de zapatos viejos que se arroja al cesto de la basura, al cual todos los días... van a parar los sueños y mil esperanzas...”

Francisco Arias Solís

 

El futuro se gana, ganando la libertad.

 

 

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Enrique López Alarcón por Francisco Arias Solís

 

ENRIQUE LÓPEZ ALARCÓN

(1881-1948)

 

Mas no podemos ofrecerte flores,

que en abril, esplendente primavera,

se fueron a formar los tres colores

que esmaltan el cendal de la bandera;

pero... aún le queda al vate la jornada

del poema de España libertada.”

Enrique López Alarcón.

 

 

LA VOZ DE UN DRAMATURGO MALAGUEÑO

 

El poeta, dramaturgo y periodista malagueño exiliado en Panamá, Santo Domingo y Cuba, país donde falleció, es un representante del teatro poético iniciado en España a principios del siglo XX por Francisco Villaespesa y Eduardo Marquina, y que fue continuado, entre otros, por Ramón Goy de Silva, Luis Fernández Ardavín, Joaquín Dicenta, Joaquín Montaner, Ramón de Godoy Sala, Antonio y Manuel Machado, Fernando López Martín, Pedro Muñoz Seca y Miguel Echegaray; que en su exilio tuvo que dedicarse, como tantos otros, al periodismo. En el homenaje a Villaespesa, que había vuelto enfermo y abatido de América, celebrado en el Teatro Español de Madrid el día 25 de enero de 1932, al que asistió el presidente de la República, Aniceto Alcalá Zamora, intervino junto, con Manuel Machado, Eduardo Marquina, Fernández Ardavín, recitando poemas al amigo y poeta almeriense.

 

Enrique López Alarcón nació en Málaga el 22 de junio de 1881 y falleció en La Habana en 1948. Cursó sus estudios primarios en su ciudad natal con los jesuitas desde donde pasó a la Universidad de Granada para estudiar Filosofía y Letras. Con veintidós años se marcha a Madrid, donde ejerció de redactor de numerosas publicaciones La Época, La Tribuna, El Nuevo Evangelio, El Mundo, El Intransigente y La Mañana. Fue fundador de La Gacetilla y del periódico literario Gil Blas y director del Teatro Español de Madrid. Durante la guerra provocada por la rebelión militar del general Franco, frecuentó los círculos anarquistas, colaborando en sus periódicos. En su exilio, tras breves estancias en Panamá y Santo Domingo, llegó en 1940 a La Habana, donde murió. En los años dominicanos publicó una colección de sonetos, titulada Sonetos a Trujillo, probablemente con la intención de poder salir del país. Y en La Habana publicó Soy español. Madrigales y sonetos (1940) y el poemario Martí (1942), también fue director de algunas puestas en escena del grupo Teatralia.

 

Entre los títulos de mayor relieve de su numerosa obra dramática se cuentan: Golondrinas(1905), Con mujer y sin mujer (1905), La sal de Madrid (1926), Voy a ser cocota (1926), una comedia casi picaresca, de la que el crítico de ABC escribió: ”… y si a ello se añade un diálogo pulcro y elegante como corresponde a los prestigios de López Alarcón, fácilmente se comprenderá el agrado con que fue escuchada la obra”, Vivir (1929), La Dictadura (1930), Romance caballeresco: Comedia melodramática a la española, escrita en verso, en tres actos y un epílogo (1933) y Los majos del Perchel (1935), comedia lírica estrenada en el Teatro Calderón de Madrid. En colaboración con otros dramaturgos escribió un buen número de obras, con José Ignacio Alberti, Sebastián el bufanda, o, El robo de la calle Fortuny: película policíaca en cuatro actos y en prosa, estrenada en el teatro Romea de Madrid, en 1916, y El collar de esmeraldas (1918); con Cristóbal de Castro Gutiérrez, Gerineldo. Poema en cuatro jornadas (1909), Los insaciables (1909), comedia picaresca en prosa, en cuatro actos, Las manos largas (1926) y La mano de la reacción, zarzuela; con Ramón de Godoy y Sala, La Tizona (1917), drama romántico, y La madre Quimera, farsa romántica en cuatro jornadas (1918); con Alfredo Escosura, La Maragata (1931), zarzuela, y con Fernando Alarcón, Paleta, humorada lírica en tres actos y veinte cuadros que se estrenó en el Teatro Eslava de Madrid, el 9 de junio de 1933. Entre las traducciones y versiones escénicas señalamos: en colaboración con otros autores, Fígaro, barbero de Sevilla y El casamiento de Fígaro, de Pierre Augustin Caron de Beaumarchais; Fortunata y Jacinta, versión escénica de la novela de Galdós, Fuenteovejuna, versión de Lope de Vega, y Piénsalo bien, traducción de Pirandello. Como poeta su obra fundamental es Constelaciones (1906). Entre sus novelas citamos: La cruz del cariño (1909) y Melilla 1909; crónica de un testigo, diario de la guerra escrito durante las operaciones en el Rif (1911), en que recoge su experiencia como corresponsal de guerra de El Mundo, en la Campaña de África de 1909.

 

Este poeta malagueño muerto en su exilio en La Habana, nos dejó estos versos : “Si Cuba libre nos da su leyenda, / clava el pendón y levanta tu tienda. / ¿Dónde encontrar, como hallamos aquí, / yunque y martillo, tambor y trofeo? / ¿Dónde el machete de Antonio Maceo? / ¿Dónde la estrofa y la fe de Martí?”

 

Francisco Arias Solís

 

Sin libertad la vida vale poco.

 

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