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Francisco Arias Solís

PEDRO ESPINOSA POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

PEDRO ESPINOSA (1578-1650) “Hay blancos lirios, verdes mirabeles y azules, guarnecidos alhelíes, y allí las clavellinas y claveles parecen  sementeras de rubíes.”Pedro Espinosa. Fábula del Genil. 

LA VOZ DEL CANTOR DE LA NATURALEZA
 

Pedro Espinosa publica en 1605 la mejor antología de su tiempo, Flores de poetas ilustres de España, que intenta recoger lo más granado de la poesía de su época. Y sucede que el muestrario ofrecido (aparte del natural afán reivindicatorio   de sus paisanos el grupo antequerano) es el fiel reflejo de una realidad evidente: lo mejor cualitativa y cuantitativamente, es la riquísima aportación de los poetas andaluces.

 

En la transición del XVI al XVII se produce un auge del romancero artístico en el cual entra por mucho lo culto. Una ciudad como Antequera constituye, pese a su exigüidad, un importante foco de cultura. Lo peculiar del llamado grupo antequerano-granadino es la práctica de un manierismo preciosista que evolucionará estilísticamente hacia el barroco formal. Estos poetas siguen la línea inaugurada por Barahona de Soto: el canto a una naturaleza exultante y plagada de las bellezas más exquisitas. En ello será maestro Pedro Espinosa, buen conocedor de todos los círculos poéticos de Andalucía ya que “escaló el mundo con cartas” y con viajes, para la preparación de su antología.

 

Pedro Espinosa nace en Antequera en 1578 y muere el 21 de octubre de 1650 en Sanlúcar de Barrameda, donde fue capellán del duque del Medina Sidonia. Su vida es un llamativo ejemplo de opciones sucesivas en los modos de vida que se ofrecían a un hombre de su tiempo y de su condición: fervor juvenil por la poesía, que le llevó al trato amplio de los círculos cultos andaluces de Antequera, Granada, Sevilla, Córdoba como camino para la preparación de su gran antología cortesana de poesía lírica del Siglo de Oro español; vida contemplativa al pie de una sierra cercana de Antequera, en un retiro amenizado por el cultivo de la poesía, finalmente vida cortesana en Sanlúcar de Barrameda, bajo la protección de don Alonso Pérez de Guzmán, conde de Niebla y duque de Medina Sidonia desde 1615. Y paralelamente su trayectoria poética: versos amorosos a Crisalda (probablemente la poetisa doña Cristobalina Fernández de Alarcón), pasando por composiciones religiosas y devotas, hasta la obra panegírica al servicio del protector. Dejó algunas obras en prosa, especialmente la novela satírica El perro y la calentura (1625) bastante influida por Quevedo.

 

Por encima de la diversidad temática, la poesía del poeta antequerano es sobre todo un canto exultante a la naturaleza y sus maravillas, mostrando una exquisita sensibilidad y el dominio de una técnica hecha de sensualidad y cromatismo. Por sus realizaciones léxicas y sintácticas se inscribe plenamente en el cultismo que presagia, cuando no emula, a Góngora. Pero también es ejemplo -particularmente en la poesía de certámenes- de un apretado y denso conceptismo que se hace eco de una orientación poética muy en boga en su tiempo. En el primer tercio del siglo XVII, la proporción de poetas de Antequera en relación al número de habitantes era superior, sin duda, a la de ninguna otra población de España.

 

La ovidiana Fábula del Genil de Espinosa puede relacionarse con el Polifemo de Góngora y con la Tercera Egloga de Garcilaso. Este prodigioso poema en treinta octavas reales muestra lo mejor del arte del poeta antequerano. “Con la Tercera Egloga de Garcilaso -escribía Rafael Alberti- y la Fábula del Genil, de Pedro Espinosa, escritas también en esa misma estrofa, esta Fábula del Polifemo y Galatea forma el trío de los grandes poemas del Renacimiento español. Hay que hacer justicia a Pedro Espinosa que con su Fábula del Genil, su Soledad de Pedro Jesús y sus Salmos Penitenciales es uno de los otros grandes poetas, andaluces, de España”.

 

El soneto en alejandrinos de Espinosa es notable como antecedente de ciertos sonetos modernistas. El poeta antequerano José Antonio Muñoz Rojas dice que Pedro Espinosa es un “poeta, insigne, humilde y verdadero”. En su poesía podemos encontrarlo tal como era: “Cuando más leña se emplea, / más el fuego a crecer viene; / no es pobre el que poco tiene, / sino el que mucho desea”.

 

Francisco Arias Solis
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UN COMPROMISO PARA LA PAZ POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

UN COMPROMISO PARA LA PAZ
 “Paz en todos los hogares.Paz en la tierra, en los cielos,bajo el mar, sobre los mares.”

Rafael Alberti.

 
EDIFICAR LA PAZ EN EL ESPIRITU DE LOS HOMBRES
 

Vale la pena insistir en que la paz es el problema central y que toda solución enraíza y culmina en la paz. En otro caso es una solución fugaz para problemas urgentes, para temas apremiantes, pero no esenciales para el futuro de la humanidad. Y la paz no es algo que depende exclusivamente de las superpotencias o “de los otros”. La paz implica un compromiso personal. Es necesario trabajar por la paz. Pero trabajar por la paz es, sobre todo, esforzarse a fin de que se superen los prejuicios, las ideas falsas y la intolerancia que son fuentes de agresividad y de guerra. Por eso es preciso, ante todo luchar contra las injusticias, las desigualdades y las causas profundas que atentan contra la dignidad humana y crean un clima propicio para la guerra y la incomprensión.

 

Es extraordinariamente importante sensibilizar a la opinión pública mundial respecto a los beneficiosos lazos que podrían establecerse entre desarme y desarrollo. En efecto, la noción de desarrollo está indisolublemente ligada a la de los derechos sociales, económicos, culturales, civiles y políticos, y al advenimiento de un nuevo orden internacional. Hay unos vínculos estrechos entre el desarme, la protección efectiva y los derechos del hombre y el desarrollo.

 

Es necesaria, pues, una toma de conciencia y un compromiso de “activismo ético”. El desarme no es un objetivo imposible ni la paz en la justicia es una aspiración inaccesible. La violencia y la guerra no deben entenderse como instintos inevitables y fatales, sino como inventos históricos utilizados por quienes detentan el poder en beneficio de sus intereses. La educación está en la base de la justicia, la educación está en la base de la paz; la educación está en la base del nuevo orden. Para construir las defensas de la paz en el espíritu de los hombres hay que hacer una llamada a los enseñantes, a los medios de comunicación, a los padres, a los científicos, a los intelectuales.

 

Es necesario -asumiendo el impacto económico que produzca- terminar a rajatablas con el bochornoso espectáculo de la venta de armas por parte de países y de partidos políticos que manifiestan teóricas posiciones pacifistas y que condenan a bombo y platillo la guerra nuclear... cuando no importa la “modalidad” con que te matan, sino morir.

 

Edificar la paz en el espíritu de los hombres... Una paz que se apoye sobre las bases irremplazables de la educación, la ciencia y la comunicación. Una paz construida sobre la piedra angular de los derechos del hombre, entendida en el sentido más amplio del término que no admite ni restricción ni concesiones. Una paz que supone la transparencia de los actos, la precisión y el rigor de los proyectos, en la que no se confunda desarrollo con crecimiento económico, bienestar con riqueza, educación con adoctrinamiento, transferencia de conocimientos con colonialismo tecnológico. La paz no puede ser entendida como una simple ausencia de guerra, como el resultado de un cierto equilibrio de terror a cuyo amparo, por otra parte, las guerras locales y las agresiones locales limitadas se multiplican y se extienden. La paz es un concepto eminentemente positivo, e implica un inmenso esfuerzo de respeto mutuo, de compresión compartida, de cooperación leal, por el que los hombres y los pueblos aprenden a desarrollarse juntos. Así, la paz podría ser definida como una de las condiciones esenciales de la plena realización de los derechos del hombre, de la afirmación de la identidad personal de cada individuo y de la identidad colectiva de todas las naciones.

 

Somos nosotros los que debemos poner en práctica la escueta y grandiosa llamada de Bertrand Russel y Albert Einstein en su manifiesto de 1955: “Apelamos como seres humanos, a seres humanos: recordad vuestra humanidad y olvidar el resto”.

 

No se trata de reproducir recomendaciones bien elaboradas sino, sobre todo, de su puesta en práctica. Cada uno de nosotros, cada científico, cada enseñante, cada padre, cada autoridad, cada pueblo, cada organización internacional debe evitar que se le pueda aplicar el antiguo poema de Wu: “Sus palabras son bellas... pero luego no cumplen sus promesas”.

 A escala nacional, es necesario adoptar un criterio global de defensa de la libertad nacional e individual, que comprende la disponibilidad en tiempos de paz de los resortes para la guerra. Así; ¿qué hace un helicóptero varado, esperando una guerra que no debería llegar nunca, cuando hay mujeres y hombres que requieren con urgencia, por razón de vida o muerte, sus servicios?... En la lucha contra el narcotráfico, etc. todos los mecanismos de defensa deberían actuar... 

A escala internacional, es preciso participar, con acrecentado vigor, en el esfuerzo por instaurar un nuevo orden que se funde sobre una comprensión más y más profunda y una colaboración cada día más intensa entre países desarrollados y países en desarrollo en los campos de la educación, de la ciencia, de la cultura y de la información, para buscar en común, en un clima de paz, soluciones satisfactorias a los problemas que se enfrenta la comunidad internacional. Se trata de reforzar la paz y la seguridad internacionales, asegurar el respeto a los derechos del hombre, combatir el colonialismo y el apartheid, rebelarse contra las múltiples formas de dominación de un grupo humano sobre otro. En esta perspectiva se hace necesario incrementar los esfuerzos de la comunidad internacional para estimular en todas partes, un desarrollo centrado en el horizonte del tiempo del derecho de los hombres a la paz. Y como dijo el poeta: “¡Paz, paz, paz! Paz luminosa. / Una vida de armonía / sobre una tierra dichosa”.

 Francisco Arias Solis
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Será vano el intento de humanizar las guerras. Lo humano es evitarlas.


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FORO LIBRE: HOMENAJE A AMERICO CASTRO

 FORO  LIBREASOCIACION CULTURAL, ARTISTICA Y LITERARIA Francisco Arias Solís - Presidente ~ Plaza San Severiano, 2 ~ 11007 - CADIZe-mail: pazylibertad@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias  “El habla de la nación no es cosa para tomarla a broma, mucho menos en España para quien la lengua y el arte junto con los frutos de sus campiñas, constituyen casi su único patrimonio internacional.”Américo Castro.  HOMENAJE DE FORO LIBRE A AMERICO CASTRO   El próximo lunes, día 23, a las 20.30 horas, en la cafetería-restaurante El Cantábrico (Avda. Cayetano del Toro, 21), la Asociación Cultural, Artística y Literaria FORO LIBRE celebrará un encuentro literario sobre la vida y la obra del historiador de la literatura Américo Castro (1885-1972),  en el 35º aniversario de su muerte.    Crítico, ensayista y filólogo a quien se deben estudios notables sobre Lope, Quevedo, así como el eramismo y Cervantes. Este indómito liberal granadino, nacido en Brasil, es uno de nuestros intelectuales de más éxito, tanto en España, como fuera, universal y merecidamente respetado por su labor profesional, catedrático de la Universidad Central desde muy joven y uno de los mejores lingüistas de aquellos días. En su larga expatriación desde la rebelión militar de 1936, Américo Castro residió en Norteamérica más de treinta años, la mayor parte en Princeton, a cuya universidad fue llamado en 1940 para ocupar la cátedra de lengua y literatura española. Allí fue donde inició y desarrolló la obra de interpretación histórica que le ha dado universal renombre. Primero, España en su historia, 1948; luego, La realidad histórica de España, 1954, aparte de otras publicaciones menos extensas que reelaboran, aclaran o amplían diversos aspectos de su visión central de la historia española. La sombra ilustre del maestro de Ronda Giner de los Ríos está muy presente en la obra de Castro. “Lo admirable y admirado de Giner -nos decía Américo Castro- era el espectáculo de cómo iba proyectándose la doctrina en el vivir. Supo ser el mejor, y a tal fin ordenó su prodigiosa inteligencia”. El tema de los judíos fue uno de los más insistentes de Castro. Por lo que sus adversarios, sabiéndole nacido en Brasil, de comerciantes granadinos emigrados y con barba de profeta, le tildaron de hebreo. Pero lo peor: que hebreos importantes también le atacaron como antijudío.  Francisco Arias Solis
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 No hagamos las paces con la guerra, ni tampoco levantemos guerras con la paz.
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LA JORNADA DE TRABAJO POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

LA JORNADA DE TRABAJO
 “Cada vez que sale el solme acuerdo de mis hermanos,que sin pan y con fatigavan a empezar su trabajo”. Augusto Ferrán. LA JORNADA CONDICIONA PROFUNDAMENTE NUESTRA VIDA 

La distribución de la jornada es uno de los factores que más fina y profundamente condicionan una forma de vida. Madrugar o trasnochar, comer a unas horas o a otras, reunir la jornada de trabajo en una primera parte del día, para dejar libre un margen al final, o bien hacer que la labor se extienda, menos apremiante y con descansos, de la mañana a la noche; todo esto revela una pretensión media dominante en una sociedad, un repertorio de deseo, una idea de lo que es la vida feliz.

 

Del tiempo de que dispone -más o menos cuantificado-, el hombre hace dos partes: el que considera suyo y el que le parece ajeno, aproximadamente, esta división viene a coincidir con la que respecto de las ocupaciones introdujo Ortega: trabajosas y felicitarias. El tiempo que “vende” cada uno para vivir no es “suyo”; es tiempo “enajenado”, alienado, que se siente como perdido; el “propio” es el resto libre, del que se puede disponer para lo que se quiera. ¿En qué proporción se reparten en cada sociedad, en cada forma de vida, en cada clase?

 

El hombre que se levanta al amanecer, acude presuroso a su trabajo, lo interrumpe media hora, una hora a lo sumo, para hacer un breve almuerzo, se afana después para terminar a las cinco de la tarde y tener un fragmento de jornada exclusivamente suyo, tiene otra contextura que el que prefiere permanecer en la cama hasta que es bien el día, ir a su casa a almorzar lenta y copiosamente, charlar de sobremesa, acaso dormir un poco de siesta, volver al lugar de trabajo otra vez, terminarlo ya de noche, sin tiempo de iniciar ninguna actividad, sino de pasear, tomar un aperitivo con unos amigos, asistir a un espectáculo.

 ¿De cuánto tiempo libre dispone un hombre medio de cada grupo en una sociedad determinada? ¿En qué lo invierte? ¿Qué le parece “perder el tiempo” y qué, por el contrario, aprovecharlo? Estas son las preguntas que hay que contestar en cada caso. Y hay que precisar también si en una época concreta esa articulación de la vida cotidiana que está vigente responde a las apetencias auténticas de los individuos, o estos la sienten como una imposición colectiva, como una organización que por inercia perdura y que se desearía cambiar. ¿Cuál es el lugar sentimental de las “diversiones” oficiales, del paseo, de la conversación, del no hacer nada, sino, acaso, tomar el sol? ¿Cuántas horas de soledad tiene el hombre, cuántas tiene la mujer? ¿Qué representan el juego, la lectura, el deporte, la galantería? ¿Cuál es el puesto del aburrimiento en una sociedad? Y este, ¿a dónde lleva? Tal vez a hacer ciencia, acaso a ganar dinero, quizá a conspirar, posiblemente a tomarlo como la condición misma de la vida. Si somos sinceros, tendremos que reconocer que la sociología y la historia no nos permiten hasta hoy responder suficientemente a estas preguntas, para casi ninguna sociedad, ni siquiera acerca de la nuestra; y que sin contestarlas no sabemos qué ha significado para esos hombres y mujeres “vivir”, menos todavía “ser feliz”. Y como dijo el poeta: “Por no querer perder el tiempo / pierdes el tiempo y el alma. / Estás perdiendo la vida / de tanto querer ganarla”.   

Francisco Arias Solis
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Si quieres la paz, trabaja por la justicia.

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JUAN VALERA POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

 JUAN VALERA (1824-1905) “Di vida, amor y cuerpo a la poesía pero no hallé la luz del alma mía.”

Juan Valera.

 
LA VOZ DE UN ARISTOCRATA DEL TALENTO
 

“Valera -escribía Clarín- ha llegado a ser nuestro primer literato. Estudiando sus facultades y aptitudes, guiándolas por donde quería su naturaleza que fueran guiadas, tomando de la civilización todo el alimento que una gran cultura le permitía asimilarse, ha sabido hacer de un sólo hombre un crítico excelente, un erudito notable, un novelista singular, un poeta culto, un diplomático experto, un hombre de mundo muy agradable, un conversacionista sin igual en España, y otras muchas cosas buenas que sin duda a mí se me olvidan en este momento”. Y añadía: “Y, por último, en las poesías de nuestro D. Juan hay mucho que saborear, mucho que sentir, mucho que aprender”.

 

Pero también es novelista, el mayor del grupo de novelistas que se conoce como la Generación de 1868, Alarcón y Pereda tenían nueve años menos que él y Galdós, diecinueve; pero todos publicaron sus primeras novelas a distancia de pocos años. Entre 1874 y 1879, Valera publicó cinco novelas psicológicas de tono idealista: su obra maestra Pepita Jiménez, Las ilusiones del doctor Faustino, El Comendador Mendoza, Pasarse de listo y Doña Luz. A fines de este decenio era probablemente el mejor novelista de España. “Fue el humanista más completo -escribía Ramón Perez de Ayala- y de más natural señorío sobre las letras antiguas que yo he conocido”.

 

Juan Valera nació el 18 de octubre de 1824 en la ciudad de Cabra, provincia de Córdoba. Pasó su juventud en su ciudad natal y en el pueblo colindante de Doña Mencía; más tarde, la familia vivió durante temporadas en Córdoba, Madrid y Málaga. Después de asistir al Seminario Conciliar de Málaga, Valera hizo la carrera de Derecho en Granada y Madrid. Sus primeros poemas salieron en revistas granadinas y malagueñas, y en 1844, para celebrar sus veinte años, su padre le costeó la publicación de un tomo de versos, Ensayos poéticos.

 

Al terminar sus estudios, Valera se trasladó a la corte. Frecuentó las tertulias literarias del Café del Príncipe. En la primavera de 1847 obtuvo el puesto de agregado sin sueldo en Nápoles bajo el duque de Rivas. Allí conoció al costumbrista Estébanez Calderón. También allí trabó amistad con Lucía Paladio, la marquesa de Bedmar, “la persona que yo más he querido en el mundo”, según nos dejó dicho Valera. En 1849, Valera renunció a su puesto en la embajada de Nápoles y regresó a Madrid. Después de unos meses fue nombrado agregado de Lisboa, y desde allí se trasladó a Río de Janeiro. Escribió con desdoro de la hija mimada de su jefe, José Delavat, la cual tenía entonces siete años, diciendo que era “fea como el pecado”. Poco sospechaba que quince años más tarde se casaría con ella.

 

Valera volvió a Madrid en noviembre de 1853. Durante los dos decenios siguientes dividió su tiempo entre la diplomacia, la política, el periodismo y la literatura. Sirvió de jefe de legación en Dresde en 1855-1856, de secretario de una misión especial a Rusia bajo al rimbombante duque de Osuna al año siguiente y de ministro en Francfort más tarde. Fue varias veces diputado y senador.

 

Hasta 1853, Valera sólo había publicado algún que otro poema. Después, empezó a dedicarse con más ahínco a actividades literarias, especialmente la crítica y el periodismo. Fundó dos revistas satíricas de vida efímera, La Malva y El Cócora. Durante más de dos años sirvió de redactor principal de El Contemporáneo, el nuevo periódico moderado del marqués de Salamanca. Aunque había publicado sólo un tomo, Poesías (1858), había adquirido, sin embargo, cierta fama de escritor, siendo elegido miembro de la Real Academia Española en 1861. Luego, en 1864, publicó Estudios críticos sobre literatura, política y costumbres de nuestros días, uno de sus mejores ensayos.

 

En 1866, Valera visitó a su hermana Sofía en San Juan de Luz. Allí volvió a tratar a la familia Delavat, y encontró cautivadora a Dolores, ya una señorita atractiva de veinte años. Se casaron el año siguiente. El matrimonio no fue muy feliz. Valera tenía el doble de su edad, y, ella por otra parte, no era una persona fácil.

 

Después de derrocamiento de Isabel II en octubre de 1868, Valera desempeñó puestos políticos de cierta importancia; fue brevemente subsecretario de Estado y director de Instrucción Pública. También formó parte de la comisión enviada a Florencia en 1870 para ofrecer el trono a Amadeo de Saboya. Después de la abdicación de éste, perdió el favor y durante los siete años siguientes se dedicó exclusivamente a la literatura. Fue el período más fecundo de su vida. Tenía ya casi cincuenta años cuando apareció Pepita Jiménez. Siguieron las otras cuatro novelas ya citadas.

 Valera volvió a la diplomacia. Durante siete años sirvió de ministro, primero en Lisboa, después en Washington y Bruselas. Lo más importante de este período fue la serie de ensayos, Apuntes sobre el nuevo arte de escribir novelas, que se publicó en la Revista de España en contestación a La cuestión palpitante, el manifiesto naturalista de Pardo Bazán. En 1888 empezó a publicar una serie de artículos en forma de cartas sobre autores hispanoamericanos en La España Moderna y El Imparcial. En 1893, Valera fue nombrado embajador en Viena. Durante su estancia en esta ciudad publicó dos cuentos en La España Moderna. 

Al volver a Madrid en 1895, estaba casi ciego; tenía que dictar todo a su fiel secretario, Pedro de la Gala. A pesar de estos impedimentos fue otro período muy fecundo. Escribió más de ciento treinta ensayos de toda clase -reseñas de libros recientes, artículos polémicos fustigando a los Estados Unidos por su papel intransigente en la cuestión de Cuba, y revistas para periódicos bonaerenses con noticias de la vida cultural en España. Su Florilegio de poesías castellana del siglo XIX, con introducción y notas, salió en cinco volúmenes. Con sus amigos el conde de las Navas, Narciso Campillo y Doctor Thebussen publicó en 1896 una colección, Cuentos y chascarrillos andaluces, que causó cierto escándalo. Y lo que es aún más importante, tras un intervalo de quince años, volvió a cultivar la novela. Juanita la Larga, salió en 1895; Genio y figura, en 1897, y Morsamor, dos años más tarde. Juan Valera murió el 18 de abril de 1905, mientras escribía un discurso académico, “Consideraciones sobre el Quijote”, para conmemorar el tricentenario de la publicación de su libro predilecto.

 

Aunque Valera escribió sus primeros poemas en plena época romántica, su inspiración es más bien clásica. Hay poemas, especialmente los juveniles, inspirados por poetas latinos. “En los místicos -decía Valera- tomé a manos llenas cuanto me pareció más adecuado a mi asunto”. Valera publicó su primer artículo de crítica literaria en 1853 y siguió cultivando el género hasta su muerte, cincuenta años más tarde. Escribió más de quinientos artículos. Poseía las cualidades necesarias para ser un crítico de primer orden. Tenía buen gusto; leía francés, inglés, alemán, portugués e italiano, además de latín y griego; y conocía a fondo las literaturas occidentales y antiguas. También se expresaba con facilidad y gracia. Valera es uno de los más importantes críticos españoles de la segunda mitad del siglo. De hecho, fue casi el único de cierta envergadura entre 1855 y 1875.

 

La mayoría de sus novelas tienen bastante en común. Con la excepción de Pasarse de listo se desarrollan en un escenario andaluz. Había escrito que los primores de la bella Andalucía le gustaban solamente cantados por los poetas. Posteriormente escribía desde Cabra: “Creo que no puede darse nada más fértil, dada la sequedad del clima y el ardiente sol de Andalucía, y la estación en que estamos. Sin duda que esto será hermoso en primavera y no tendrá que envidiar a la mejor tierra del mundo”. Aunque no se puede considerar a Valera como costumbrista como a Fernán Caballero, Pereda, Palacio Valdés o Pardo Bazán, hay, sin embargo, toques regionalistas en estas novelas. Además la temática se repite: la ambición frustrada, la ilegitimidad, el conflicto entre el amor y la vocación religiosa. ”Alumbrar lo que ocurre de grande y de bello en el fondo del alma de personas vulgares por la apariencia o la condición -escribía Manuel Azaña-, fue el propósito trascendente de Valera novelista”. Y como dijo Clarín: “Para mí el señor Valera es el mejor prosista contemporáneo de los que escriben en español (porque el señor Castelar no escribe en español, escribe por lo divino... , y ése no cuenta)”.

 

Recordando a Schopenhauer, podríamos decir que Valera fue un poeta de la voluntad de vivir. Era un optimista, que es la filosofía de la salud y la fortuna y la filosofía a que inclina el espectáculo de la antigüedad clásica y el trato con ella. No es el optimismo la filosofía más profunda, pero es la más amable. Ese optimismo de Valera nos deja una herencia de belleza riente y serena, de gracia helénica. Don precioso en estos tiempos que a tan a menudo oímos decir a pensadores y artistas lo que dice el Esopo de Bárbara: que la vida es cada día más triste.

 

Francisco Arias Solis
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La violencia siempre ha sido reaccionaria. 

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EL SECRETO DE UNA LARGA VIDA POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

 

EL SECRETO DE UNA LARGA VIDA
 “La vida es un viaje largo y uno se cansa de andar; por eso cuando se sienta  no se quiere levantar.”

 Augusto Ferrán.

 LA VEJEZ NOS LLEVA A REPLANTEAREL PROPIO ESTILO DE VIDA 

La población del mundo occidental ha ido envejeciendo progresivamente. Los avances de la medicina en las últimas décadas ha permitido prolongar la vida, pero no han logrado garantizar para todos lo que llegan “a viejos” que esta última etapa de su vida se desarrolle con la “calidad” necesaria. En cierto modo a medida que ha ido creciendo el número de individuos que alcanzan esta etapa, la vejez ha ido constituyéndose en una fuente de problemas diversos, de índole personal, antropológico, o social y de carácter médico.

 

La ocupación mayoritaria de las plazas hospitalarias por personas que superan los 65 años, sus largas estancias y sus frecuentes reingresos, son hechos que están influyendo en el gasto sanitario y en la propia estructura y funcionamiento hospitalario. Esto ha llevado a plantear alternativas a la deshopitalización de la población anciana. Hay una tendencia a sacar a los viejos de los hospitales siendo el objetivo prioritario de la asistencia geriátrica, tratar de conseguir que el anciano permanezca, o se reintegre, en su domicilio habitual, en suficientes condiciones de bienestar y seguridad.

 

Se prevé que en pocos años  los individuos cuya edad supere los 65 años serán el 20% de la población, hecho que gravitará sobre el resto de la sociedad. La mayor parte de ellos residen en sus propias casas y presentan grados de dependencia variables que hace en ocasiones que, sin estar enfermos, no puedan valerse por sí mismos ni en su cuidado ni en el de su casa, por lo que se han desarrollado servicios de atención doméstica.

 

La vejez se ha convertido en una cuestión generadora de diferentes problemas; para poder darles solución es necesario un cambio de actitud individual y social frente a ella. Todos los estudiosos están convencidos del carácter multidisciplinar que requiere el tratamiento de estos problemas y que la atención al anciano debe procurarle una existencia digna tanto psicológica como físicamente, lo que implica tanto a los individuos como a los gobiernos y a la sociedad entera. Hay que señalar la necesidad de encontrar en el tratamiento de los problemas que genera la vejez un equilibrio entre autonomía y protección, entre responsabilidad individual y colectiva, e igualmente, es imprescindible salvaguardar los principios de libertad y respeto a la persona.

 

El individuo y la sociedad deben aprender a responder al reto con que los progresos de la propia medicina en su doble aspecto, curativo y preventivo, les está obligando a enfrentarse: una vida más larga, pero una vida con planteamientos diferentes, tanto a nivel individual y social como sanitario. Junto a esta preparación del individuo y de la sociedad para aceptar esta etapa de la vida con sus limitaciones y para colaborar en el mejor desarrollo de la misma, es bien cierto que los expertos insisten en que deben crearse los servicios sociales necesarios, convencidos de que el problema no se puede reducir exclusivamente a una cuestión individual, por lo que se hace indispensable la redistribución de los recursos existentes.

 La vejez no sólo nos lleva a replantear el concepto de salud, sino que también nos lleva a replantear el propio estilo de vida que la sociedad está llevando, estilo ampliamente definido por la productividad, lo que explica que en determinados sectores existe una consideración marginalizadora de quienes han alcanzado esta etapa. Y como dijo el poeta: “Yo tengo hecha con el cielo / una escritura perpetua / de no marcharme del mundo / hasta que la muerte no venga”.  

Francisco Arias Solis
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Cuando hay libertad, todo lo demás sobra.

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EL GRITO DE LA RENOVACION POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

 
  EL GRITO DE LA RENOVACION

                                                                       

“Allí me aduermo silenciosofrente al otro Sur invisible hacia el que está imantado mi cuerpo, frente al Sur donde soy  eternamente niño.”

Rafael Cansinos-Asséns.

 LA SINCRONIZACION DE LA LITERATURA ESPAÑOLA

CON LAS DEMAS EUROPEAS

 

Ultraísmo. El vocablo calificador de una tendencia literaria no existía. No había por qué buscarlo en el Diccionario de la Academia. En la actualidad figura muy claramente definido: “Movimiento poético, promulgado en 1918, y que durante algunos años agrupó a los poetas españoles e hispanoamericanos que, manteniendo cada uno sus particulares ideales estéticos, coincidían en sentir la urgencia de una renovación radical del espíritu y la técnica”.

 

El poeta sevillano Rafael Cansinos-Asséns se fijó en uno de los neologismos que Guillermo de Torre esparcía en sus escritos de adolescente, y acertó a darle relieve. Aparece la palabra ultraísmo. Cansinos es el maestro reconocido por los jóvenes poetas de vanguardia (Pedro Garfias, Rivas Paneda, Rogelio Buendía, Lasso de la Vega, Raida, Adriano del Valle, Isaac del Vando Villar...) que acuden a la cita de su “zoo de ideas” y que le dedican versos imbuidos de la más modernista de las retóricas. Cervantes, la revista que había fundado Villaespesa, pasa a sus manos, convirtiéndose en el órgano oficioso del nuevo movimiento durante los años 1919 y 1920. Allí publica Borges sus traducciones de expresionistas alemanes, Guillermo de Torre sus ensayos sobre la vanguardia europea; Larrea su Cosmopolitano. Paradójicamente, los futuros ultraístas serán los últimos modernistas. En 1918 la mayoría de ellos son mucho menos revolucionarios que los Moreno Villa, los Bacarisse, los Díez-Canedo, los Domenchina. Sería necesario conocer mucho más de nuestra vida literaria, sus entresijos, sus secretos. Entenderíamos mucho mejor el contagio que sobre la escritura de los colaboradores de Cervantes, Los Quijotes o Grecia, había de producir la vanguardia.

 

La única parte concreta del manifiesto ultraísta decía así: “Respetando la obra realizada por las grandes figuras de este movimiento, proclamamos la necesidad de un ultraísmo... Nuestro lema será ultra, y en nuestro credo cabrán todas las tendencias sin distinción. Más tarde estas tendencias lograrán su núcleo y su definición. Por el momento creemos suficiente lanzar este grito de renovación y anunciar la publicación de una revista que llevará este título: Ultra, y en la que sólo lo nuevo hallará acogida”.

 

Como se advertirá, el llamado “manifiesto” no pasaba de ser una rudimentaria exposición de propósitos, hecha con una mesura y una cautela muy poco vanguardistas. Poca cosa habría sido el ultraísmo si inmediatamente después algunos poetas no hubieran aportado a tan escasa doctrina algunos gramos de sustancia teórica. Uno de los objetivos ultraístas era sincronizar la literatura española con las demás europeas, corrigiendo así el retraso padecido desde años atrás. Y eso, al menos, se logró.

 “Que opinen ellos -escribía Cansinos-Asséns, los que fueron alma e impulso, esencia y carne del movimiento ultraísta. Felices si, en perenne juventud, creen que fue fructuoso y sigue siendo; desdichados si, estimando que fue estéril, piensan que malgastamos sus primigenias energías”. Y Pedro Garfias dijo: “Se pretende que el ultraísmo sea un episodio sin continuidad en nuestra historia literaria. Se lo silencia y se le niega. Y eso es falso e injusto. El ultraísmo fue una realidad positiva y eficaz en una época de anquilosamiento en las letras españolas. Abrió horizontes y marcó rutas. Creó la revista total y puramente literaria, antecesora inmediata de las de hoy. Se batió en las calles y en los Ateneos. Puso España al día de las corrientes literarias de Europa”. Y como dijo el poeta: “Alcemos nuestra frente a las estrellas. / Abramos nuestros ojos a la vida, / que ha de darnos la imagen nueva... / Tendámoslos al Ultra / de las colinas frescas / al más allá / sin horizontes ni fronteras”. 

Francisco Arias Solis
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RENE DESCARTES POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

RENE DESCARTES (1596-1650) “Pienso, luego existo.”

René Descartes.

 
LA VOZ DE LA FILOSOFIA MODERNA
 

Descartes vivía preocupado, tal vez más que ningún filósofo anterior, del punto de partida de la filosofía. El filósofo francés no quiere resignarse a la suerte del escepticismo. Tenía plena conciencia de que inauguraba una edad en la historia de la filosofía, y nadie que se siente joven se resigna al suicidio. Con René Descartes comienza efectivamente la Edad Moderna. El primer intento logrado de pensar la realidad desde los nuevos supuestos del hombre moderno es la filosofía cartesiana.

 

Comienza Descartes por dudar de todas las cosas y considerar como falso cuanto pueda ponerse en duda. Descartes, en su esfuerzo por eliminar todo posible error, logrará demostrar que las verdades matemáticas no son absolutamente indudables.

 

Si duda de todo, al menos es cierto que duda, es decir que piensa. Y si piensa, existe en tanto ser pensante. Es el famoso pienso, luego soy que da a Descartes no sólo una primera verdad indudable, sino también el punto de arranque de toda su filosofía.

 

Soy, pues -según Descartes-, una cosa que piensa. Pero, ¿qué es una cosa que piensa? Descartes responde: “Es una cosa que duda, entiende, concibe afirma, niega, quiere y, también, imagina y siente”. Como se ve, el término “pensamiento” no tiene en Descartes el sentido restringido que tiene en la actualidad -como actividad exclusiva del entendimiento-, sino que su amplitud es tan grande que comprende también la vida emocional, sentimental y volitiva. En una palabra son “pensamientos” todos los estados psíquicos; esto es, lo que se denomina en la actualidad con el neologismo “vivencia”.

 

Descartes insiste en la importancia que tiene el método para el descubrimiento de la verdad, y coincide con Bacon en señalar que la escasez de conocimientos auténticos logrados por la humanidad en tantos siglos de búsqueda se debía, principalmente, a la falta de un método seguro.

 

René Descartes nació en La Haya, aldea de Turena, el 31 de marzo de 1596. En 1606, ingresa en el famoso colegio de La Flèche, fundado por los jesuitas, donde permanece hasta 1614. Poco tiempo después de salir de La Flèche aprueba Descartes su licenciatura en derecho en la Universidad de Poitiers (1616) y, sin preocupaciones de orden económico, se decide, como el mismo nos cuenta, a emplear el resto de su juventud “en viajar, ver cortes y ejércitos”. Se alistó en 1618 en el ejército del príncipe Mauricio de Nassau, gobernador de los Países Bajos, que, aliados entonces de Francia, luchaban contra los españoles. Al año siguiente deja el ejército del príncipe Nassau, asiste en Francfort a la coronación del Emperador Fernando II y se alista en el ejército de Maximiliano de Baviera, que luchaba contra el rey de Bohemia.

 

Entonces fue cuando le sorprendió el invierno en Neuburg, una aldea alemana, junto al Danubio. Allí concibió la posibilidad de encontrar un método para el descubrimiento de la verdad en cualquier rama de la ciencia.

 

Desde 1619 a 1628, Descartes se dedica a viajar. Por entonces, compuso las Reglas para la dirección del espíritu. Tuvo un último contacto con la vida agitada al participar en el sitio de La Rochelle en 1628, para retirarse a fines de ese año, a Holanda, en busca de tranquilidad para sus meditaciones. Con excepción de cortos viajes, Descartes permanece en Holanda durante veinte años.

 

El primer trabajo de consideración de Descartes en Holanda fue una cosmología que tituló El mundo, o Tratado sobre la luz, que se publicó después de su muerte, en 1644. En 1637 aparecen, en forma anónima tres ensayos, titulados La dióptrica, los meteoros y la geometría. Los tres ensayos iban precedidos del Discurso del método. Sus Meditaciones metafísicas (Meditationes de prima philosophia) que escribió en latín, aparecieron en 1641, en París. Descartes continuó sus investigaciones y a la obra antes citada le sucede Los principios de la filosofía, publicada también en lengua latina en Amsterdan el años 1644. El Discurso, en cambio, lo escribió originariamente en francés.

 

Mientras Descartes se entregaba por entero a sus meditaciones y estudio, aumentaba la pasión en la defensa y el ataque de sus ideas. En tales circunstancias le llegó una oferta seductora. La reina Cristina de Suecia deseosa de tener en su corte al más grande hombre de la época, logró que Descartes marchara a Estocolmo en los comienzos de octubre de 1649. Allí escribió los versos de un ballet -La naissance de la Paix-, que le fueron encargados para celebrar la paz de Westfalia y el cumpleaños de su anfitriona. No pudo resistir los rigores del clima nórdico y enfermó de pulmonía poco después de su llegada a Suecia. El 11 de febrero de 1650, en Estocolmo, fallecía el más grande filósofo francés, padre de la filosofía moderna e iniciador del racionalismo, cuando aún no contaba cincuenta y cuatro años de edad. La reacción no le perdonó, ni aun después de su muerte, por las ideas que había lanzado al mundo.

 

Hace más de 355 años de la muerte de aquel matemático y filósofo que puso de relieve la inmensa riqueza de esa razón en la que reside lo auténticamente homologable de todos los humanos, y para quien Héctor Pierre Chanut pudo escribir su bellísimo epitafio: “Acudiendo a la cita con su ejército, en la calma del invierno, combinaba en su mente los misterios de la naturaleza con las leyes de la matemáticas, aspirando a desvelar los secretos de ambas”.

 Francisco Arias Solis
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