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Francisco Arias Solís

Los hermanos Goncourt por Francisco Arias Solis

 

 

EDMOND Y JULES HUOT DE GONCOURT

(1822-1896) Y (1830-1870)

 

“En este mundo, las guerras no se terminarán

 por un acceso de sensibilidad, o un golpe de corazón del hombre,

 sino por la falta de mano de obra barata para la muerte.”

Hermanos Goncourt.

 

 

 LAS VOCES DEL REALISMO IMPRESIONISTA

 

Los hermanos Edmond y Jules Goncourt, más conocidos como los hermanos Goncourt, novelistas franceses, escribían en colaboración obras históricas y críticas ampliamente documentadas. Aparte de los ensayos, sus novelas, más que narraciones históricas, son anecdóticas. Son los creadores de uno de los premios literarios más importantes de Francia,  otorgado cada año a una novela. Gracias a la herencia de su padre pudieron dedicarse por entero a la literatura. Son el puente que enlaza el realismo pesimista de Flaubert con el naturalismo que culmina en Zola. Pretenden describir de forma científica los casos patológicos, como la historia de Germinia, sistema que utilizaría Zola más adelante. Con estilo vibrante tienden a dar una impresión colorista de los hechos, un realismo impresionista que acumula los rasgos de costumbres o de caracteres para componer una novela.  Como escritores, dedicaron sus primeras obras al estudio sobre el siglo  XVIII, con una minuciosa documentación.

 

Edmond Huot de Goncourt nació en Nancy el 26 de mayo de 1822 y falleció en Camprosay el 16 de julio de 1896. Su hermano Jules nació en París el 17 de diciembre de 1830 y murió en Auteil el 20 de junio de 1870. Su familia procedía de Goncourt en Haute-Marne. Su padre antiguo oficial de Napoleón, era rentista. Ambos hermanos estudiaron en el liceo Condorcet. Al morir Edmond dejó, en memoria suya y de su hermano, una considerable suma para la creación de la Academia Goncourt, que concede una vez al año el Premio Goncourt, el premio literario más importante de la literatura francesa, otorgado por vez primera  en 1903.

 

Escribieron en colaboración obras históricas como Historia de la sociedad francesa durante la Revolución y  bajo el Directorio (1854) y obras críticas como El arte del siglo XVIII (1859-1875), reflejo de su pasión por el arte y el coleccionismo.

 

Como novelistas conquistaron un lugar importante en la literatura francesa;  entre sus novelas,  de un acentuado realismo, destacan: La hermosa Filomena (1861), Renata Mauperin (1864), Madame Gervasia (1869), Los hermanos Zemganno (1879), que empezaron junto y terminó Edmond, y Germinia Lacerteux (1864), que han sido traducidas a numerosas lenguas. A la muerte de Jules, Edmond siguió escribiendo (Elisa, 1877; La Faustin, 1882; Chérie, 1884). La obra más destacable de los Goncourt es, sin embargo, el Diario, cuya edición completa, formada por veinticinco volúmenes y publicados los primeros en vida de los autores, y los últimos con posteridad a la muerte de Edmond, supone un retrato de la vida literaria e intelectual de la época (Charles Augustin Sainte-Beuve, Gustave Flaubert, Émile Zola, entre otros).  Y como dijeron los hermanos Goncourt: “El amor es la poesía del hombre que no hace versos, la idea del hombre que no piensa y la novela del hombre que no escribe”.

 

Francisco Arias Solis
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Será vano el intento de humanizar las guerras. Lo humano es evitarlas.


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Gracias


 

Erasmo de Rotterdam por Francisco Arias Solis

ERASMO DE ROTTERDAM

(1467-1536)

 

“La paz más desventajosa es mejor

 que la guerra más justa.”

 Erasmo de Rotterdam.

 

LA VOZ DEL MÁS GRANDE HUMANISTA DEL RENACIMIENTO

 

Erasmo  de Rotterdam fue el más grande  humanista del Renacimiento y sin duda el escritor más elegante y agudo de su tiempo. Hombre esencialmente de letras, su doctrina dio origen al movimiento erasmista. Abierta su mente a toda las cuestiones, hombre de saber enciclopédico,  erudito ingenioso y defensor de la pureza de costumbres.  Erasmo es un precursor del liberalismo y del espíritu moderno. Su ideal fue puramente ético: reforma gradual y pacífica de la Iglesia y de la sociedad civil. Propugnaba un cristianismo más auténtico y menos formulista mediante una vuelta a la Iglesia primitiva y a las Sagradas Escrituras y la supresión de ritualismos, lo  que preludiaba la Reforma protestante;  censuraba la superstición y la relajación que se había introducido en la religión.  Sentía verdadera pasión por los estudios clásicos, aunque reconoce que estos ofrecen un ideal humano que no puede aceptarse como definitivo y aconseja un perfeccionamiento superior, por la acción de la Gracia.  En su humanismo cristiano, pretende unir ciencia y virtud.

 

El pensador holandés Desiderio Erasmo de Rotterdam, cuyo nombre latinizado era Desiderius Erasmus Roterodamus y originariamente llamado Geert Geertsz nació en Gonda, cerca de Rotterdam, el 28 de octubre de 1467 y falleció en Basilea el 12 de julio de 1536. Huérfano a los catorce año, ingresó sin vocación en el convento de los agustinos de Steyn, cerca de Guda, siendo ordenado sacerdote en el año 1492; Julio II más tarde le dispensó de los votos. Estuvo varias veces en París y en Inglaterra, donde hizo amistad con Tomás Moro y Juan Colet. En Italia se doctoró en teología por la universidad de Turín y se relacionó con Aldo Manucio, que editó algunas de sus obras. Residió en Roma haciendo amistad con gran número de humanistas. Volvió de nuevo a Inglaterra y  enseñó teología en la Universidad de Cambridge. De regreso a su país, Carlos V le nombró consejero. En 1521 se estableció en Basilea, en donde imprimió una edición general de sus obras.

 

Erasmo dedicó mucho tiempo a la lectura de Lutero, con quien mantuvo serias polémicas: escribió contra él Sobre el libre albedrío (1524), que provocó Sobre el albedrío esclavo (1526), réplica de Lutero; sin embargo, por sus críticas contra las costumbres eclesiásticas, por su libertad y forma racionalista de enfocar las cuestiones y por su traducción del Nuevo Testamento (1516), se le acusó de haber preparado la Reforma.

 

La primera edición completa de su producción fue la publicada por Frobenio: Ópera omnia Desidérii Erasmi. Entre sus obras escritas en latín y en un estilo serio y brillante, destacan Adagios (1500), colección de sentencias recogidas de autores clásicos, Elogio de la locura (1511), que dedicada a Tomás Moro ha sido su obra más difundida, Manual del caballero cristiano (1502), Doctrina del príncipe cristiano (1516), escrito para Carlos V, Coloquios (1518), El ciceroniano (1527) y Sobre la pureza de la Iglesia cristiana (1536).

 

La influencia de sus ideas llega hasta nuestros días, pero es mayor en su época, especialmente en España, en 1517, el cardenal Cisneros invitó a Erasmo a venir a España, para enseñar en la Universidad de Alcalá, pero el viaje nunca se realizó. No obstante, su influencia fue tan profunda que él mismo llegó a decir: “Debo a España más que a los míos ni a otra nación alguna”.

 

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La paz no se reduce a la ausencia de guerras

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Silvio Pellico por Francisco Arias Solis

SILVIO PELLICO

(1789-1854)

 

“El deber va unido inevitablemente a nuestro ser,

 nos lo advierte la conciencia cuando apenas

comenzamos a tener uso de razón.”

Silvio Pellico.

 

LA VOZ DE UN POETA ROMÁNTICO  EN SUS PRISIONES

 

Silvio Pellico, uno de los fundadores y secretario de la publicación Il Conciliatore (1818-1819), cayó en manos de la policía austriaca en 1820 por sus ideas políticas de afiliado a la sociedad carbonaria  y condenado a muerte, primero, vio después conmutada la pena por quince años de prisión. De ellos cumplió nueve, y amnistiado en 1830, vivió después en voluntario retiro y oscuridad,  alejado de la política.  De este encarcelamiento nació su célebre libro Le mie prigioni, que hizo popular al autor desde que aquél apareció en 1832, siendo traducido a todas las lenguas. La forma en que está escrito impresiona al lector; el fondo es de una humildad y resignación extremas, que aparecen aprendidas de Manzoni e inspiradas por  su larga permanencia en las mazmorras austriacas. Cuenta el autor italiano de su carcelero,  el suizo Schiller, un viejo soldado que tenía que trabajar de esclavo  en su vejez para poder comer, que cierto día le dijo: “Soy malo, señor, me hicieron prestar juramento al que no faltaré jamás, Estoy obligado a tratar a todos los prisioneros sin respeto alguno a su condición, sin indulgencia, sin concesión de abusos y tanto más a los prisioneros de Estado. El Emperador sabe lo que hace, yo debo obedecerle”.  Cuando el Emperador de Austria, Francisco de Habsburgo, leyó Mis prisiones, exclamó: “¡Hasta ese jesuita de Pellico ha querido tomarse su venganza!”

 

El escritor piamontés, perteneciente al grupo romántico de Milán,  Silvio Pellico nació en Saluzzo, Piamonte, el 25 de junio de 1789 y falleció en Turín el 31 de enero de 1854.  Realizó estudios en Pinerolo, Turín y Lyon, donde se dedicó durante cuatro años a profundizar en la literatura francesa. Posteriormente se estableció en Milán donde trabajó como profesor de francés. Fue amigo de Ugo Foscolo y tuvo relaciones con los personajes de la cultura extranjera como Madame de Staël, Thorvaldsen y Lord Byron. Problemas familiares y físicos hacen que tenga que interrumpir su actividad literaria en el último año de su vida y trabaja en la casa de la Marquesa de Barolo como secretario.

 

En 1815 se dio a conocer con las tragedias Laodamina y Francesca da Rimini; esta última, con un rotundo éxito de público fue traducida al inglés por Lord Byron.

 

Pellico escribió varias piezas románticas –Eufemio di Messina, de 1820, Iginia d’Asti y Ester d’Engaddi, compuestas en prisión y publicadas en 1830, o Leoniero da Dertona, de 1834 –poemas y una obra sobre temática moral, Los deberes del hombre (1834); pero su consagración se debe a Mis prisiones (1832), memorias del tiempo pasado en cautividad, considerada una obra emblemática de la causa de la independencia de Italia, dominada entonces por los austriacos. Y como dijo el poeta italiano: “El que se encoleriza ante la posibilidad de no ser amado es un tirano. Si te arriesgas a hacer el mal para conseguir un placer, renuncia a ese placer. Si te arriesgas a ser un tirano por un amor, renuncia a ese amor”.

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La primera condición para la paz es la voluntad de lograrla.

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Virginia Woolf por Francisco Arias Solis

 

VIRGINIA WOOLF

(1882-1941)

 

“Es obvio que los valores de las mujeres difieren

 con frecuencia de los valores creados por el otro sexo

 y sin embargo son los valores masculinos los que predominan.”

Virginia Woolf.

 

 LA VOZ DEL FLUJO  DE CONCIENCIA

 

La obra de Virginia Woolf representa una permanente búsqueda de nuevas técnicas narrativas. A ella se debe el empleo de fórmulas que ha incorporado plenamente la novela contemporánea. En este sentido, ocupa un lugar importante en la novelística europea, junto con Joyce y Proust. Su obra es de una alta calidad lírica, casi diríamos que son novelas poéticas. Un caleidoscopio de instantes fugaces, situaciones como soñadas, impresionismo tenue en el que se difumina el horizonte entre realidad y sueño, recuerdo o presente todo un mundo creado. “La  vida es un sueño –decía Virginia Woolf-, el despertar es lo que nos mata”. Woolf introduce en la literatura inglesa la influencia de Freud.

 

La novelista inglesa Virginia Woolf, cuyo nombre de soltera era Adeline Virginia Stephen, nació en Londres el 25 de enero de 1882 y falleció en Lewes, Sussex, el 28 de marzo de 1941. Hija de sir Leslie Stephen, distinguido crítico, biógrafo, filósofo  e historiador, vivió en torno a él la cultura y las preocupaciones, en las que participa activamente desde muy pronto. De formación autodidacta  debido a su delicada salud e inestabilidad mental. Tras la muerte de su padre (1905) se estableció con su hermana Vanesa Bell, en el barrio de Bloomsbury, convirtiéndose años más tarde su casa en el centro de llamado “Bloomsbury Set” compuesto por un grupo de intelectuales que dominó la vida cultural inglesa a lo largo de tres décadas, y del que Virginia Woolf fue uno de los miembros más destacados. En 1912 se casó con Leonard Woolf, historiador, economista, ensayista y miembro también del grupo, con quien  cinco años después, funda la editorial The Hogarth Press, que editó las obras de importantes escritores coetáneos (T.S. Eliot, Katherine Mansfield, Edward Morgan Forster, y la propia Virginia Woolf ). Sus desequilibrios nerviosos que le acompañaron durante toda su vida le llevaron al suicidio mediante ahogamiento en el río Ouse, cerca de su casa.

 

Sus primeras novelas Viaje de ida (1915) y Noche y día (1919), pasaron prácticamente inadvertidas, y sólo con la publicación de El cuarto de Jacob (1922), La señora Dalloway (1925) y Al faro (1927) comenzó a ser elogiada por la crítica por su originalidad literaria . Sus novelas posteriores (Orlando, 1928; Las olas, 1931;  Entre actos, 1941) la consagraron finalmente como una de las figuras más representativas de la novelística inglesa experimental  y de la narrativa mundial moderna. En ellas, la autora exhibe un magnífico dominio de la técnica del monólogo interior o “flujo de conciencia”  e introduce su preocupación por la temporalidad humana. Influida por Marcel Proust  y comparada con James Joyce, Woolf consiguió establecer un lenguaje narrativo en el que se equilibran perfectamente los universos racional e irracional.

 

En sus ensayos prevalece una temática centrada en la condición de la mujer, en la que destacan la opresión sexual, la construcción social de la identidad femenina y el papel de la mujer escritora, como se pone de manifiesto en Una habitación propia (1929), libro emblemático para la crítica feminista actual, y Tres guineas (1938). Mantuvo una estrecha amistad con la escritora Vita Sackville-West  a quien dedicó su novela Orlando, y en quien se basó para construir la protagonista de la misma. Y como dijo la novelista inglesa: “La vida es un halo luminoso, una envoltura semitransparente que nos envuelve desde que tenemos conciencia hasta el final”.

 

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La fórmula salvadora es paz, libertad y justicia.


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Thornton Wilder por Francisco Arias Solis

THORNTON WILDER

(1897-1975)

 

“Los mejores momentos de la vida vienen por si solos,

 no tiene sentido ir a esperarlos.”

Thornton Wilder. 

 

LA VOZ DE UN RENOVADOR DEL TEATRO

 

El narrador y dramaturgo estadounidense Thornton Wilder es uno de los escritores más importantes e influyentes del pasado siglo. Obtuvo un gran éxito popular, siendo galardonado tres veces con el Premio Pulitzer, en 1927,  por la novela El puente de San Luis Rey , y, en los años 1938 y 1943, por sus obras de teatro Nuestra ciudad y La piel de nuestros dientes. Wilder está considerado uno de los grandes renovadores del teatro contemporáneo. Los temas de sus obras son: la predestinación, la muerte y el destino de la Humanidad. En su teatro, intenta implicar al espectador en la representación.

 

Thornton Niven Wilder nació en Madison, Wisconsin, el 17 de abril de 1897 y falleció en New Haven, Connecticut, el 7 de diciembre de 1975. Hijo de un diplomático pasó su adolescencia en Shangai y Hong Kong, ciudades en las que comenzaría sus estudios que más tarde continuó en su país, graduándose en 1915 por la Berkeley High School. Durante la primera guerra mundial prestó servicio en la Guardia Costera. Estudió arqueología en la Universidad de Yale. Participó en la segunda guerra mundial como teniente coronel de las fuerzas aéreas. Terminada la guerra estuvo en Barcelona. “ A lo mejor no me cree –le confesó al periodista  Jaime Arias-. Me trae por aquí mi hobby favorito: Lope de Vega”. Fue profesor de las universidades de Hawai, Hardward y Chicago. En 1957 la Asociación de editores y libreros alemanes le distinguió con el Premio de la Paz y en 1967 ganó el Premio Nacional de Literatura por su obra El octavo día.

 

Tras la publicación de La cábala (1926), obtuvo el Premio Pulitzer y un éxito internacional con su segunda novela, El puente de San Luis Rey (1927), ambientada en el Perú del siglo XVIII, y que ilustra su particular visión cristiana del destino. La siguieron  La mujer de Andros (1930) y la novela histórica Los idus de marzo (1948), cuyo marco son los últimos días de la República romana. Es característico en su obra la combinación de un estilo impecable y convencional con insinuaciones experimentales. Entre su amplia producción dramática hay que reseñar Cena de navidad (1931), la célebre Nuestra ciudad (1938, Premio Pulitzer), en la que recrea, con métodos pirandellianos, un ambiente provinciano, La piel de nuestros dientes (1942, Premio Pulitzer 1943), La casamentera (1954), Comedia por Bleeker street (1962), El octavo día (1967), Teophilus North (1974) y el musical Hello Dolly (1964), basado en La casamentera, se estrenó en Nueva York protagonizado pro Caroll Chaning y en 1966, lo representó Mary Martín en Londres, pero la versión más famosa de esta obra es la cinematográfica con Barbara Streisand. Y como dijo el popular escritor norteamericano: “Es difícil dejar de convertirse en la persona que los demás creen que uno es”.

 

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El futuro se gana, ganando la libertad.

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George Orwell por Francisco Arias Solis

 

GEORGE ORWELL

(1903-1950)

 

“Mi libro sobre la guerra civil española, Homenaje a Cataluña,

 es, desde luego, un libro decididamente político, pero está escrito

 en su mayor parte con cierta atención a la forma y bastante objetividad.

 Procuré en él decir toda la verdad sin violentar mi instinto literario.”

George Orwell.

 

LA VOZ DE LA VERDAD SOBRE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA

 

En julio de 1937,  George Orwell comenzó a escribir Homenaje a Cataluña, que quizá sea su libro mejor escrito y  una de las mejore novelas sobre la guerra civil española, que se publicó en abril de 1938. La obra de Orwell es considerada por parte de los ensayistas e historiadores como fuente fidedigna y se ha convertido en uno de los testimonios literarios más citados de loe existentes sobre nuestra guerra civil, cuya etapa final terminó con las esperanzas de Orwell y le produjo una profunda melancolía. Había llegado a España, en diciembre, de 1936, como corresponsal del órgano del Partido Laborista Independiente (ILP), New Leader, siéndolo también de otros diarios y revistas. “Casi por accidente me afilié a las milicias del POUM –nos contó el escritor británico-, en lugar de a la Brigada Internacional, lo que ha sido en parte una lástima pues significa que nunca veré el frente de Madrid”.  Y añadía el célebre escritor: “Cada línea seria que he escrito desde 1936 ha sido, directa o indirectamente, contra el totalitarismo, y a favor del socialismo democrático, tal como yo lo entiendo”. 

 

George Orwell, seudónimo del escritor británico de origen indio Eric Blair, nació en Motihari el 25 de junio de 1903 y falleció en Londres el 21 de enero de 1950. Hijo de un “funcionario del imperio”  y aunque se educó en una escuela  privada y después, gracias a una beca,  en el colegio de Eton como “estudiante real”, donde fue un buen estudiante, nunca dejó de sentir su inferioridad de modesto burgués frente a sus acaudalados compañeros. En 1922 ingresa en el cuerpo de la Policía Imperial del Ministerio de la India sirviendo varios años en Birmania (1922-1928),  etapa en la que sacó una conciencia de culpabilidad sobre el colonialismo, experiencia que posteriormente recogería en Días birmanos (1934). “Desde muy corta edad –escribía Orwell-, quizá desde los cinco o seis años, supe que cuando fuese mayor sería escritor. Entre los diecisiete y los veinticuatro años traté de abandonar ese propósito, pero lo hacía dándome cuenta de que con ello traicionaba mi verdadera naturaleza y que tarde o temprano habría de ponerme a escribir libros”.

 

A  su regreso a Europa, tras ejercer diversos oficios en Gran Bretaña y Francia, vivió en condiciones de extrema pobreza en París, donde sufrió un grave neumonía y es hospitalizado en un hospital público.  Narró sus avatares en Sin blanca en París y Londres (1933). Su conocimiento de las capas más bajas de la sociedad le inclina hacia el compromiso político, aunque nunca se afilió en ningún partido, sino que se dejó guiar únicamente por su conciencia. En 1935 contrajo matrimonio con Eileen O’Shaughnessy. Tras un viaje a una zona minera en crisis, prepara su libro El camino de Wigan Pier (1937). En España sufrió una herida de bala en la garganta, durante su participación en la guerra civil a favor del ejército republicano. Aunque nunca abandonó sus ideas socialistas,  su libro Homenaje a Cataluña, constituye una dura requisitoria contra el estalinismo, lo que le valió la enemistad de buena parte de la izquierda europea. Su consagración como escritor se produjo con la publicación de Rebelión en la granja (1945), fábula mordaz sobre el estalinismo ruso. En 1945 muere su esposa Eileen y se volvió a casar,  cuatro años más tarde,  con Sonia Brownell. Su célebre novela 1984 (1949), anticipa una sociedad futura automatizada y prisionera del totalitarismo. Aparte de sus novelas, son sumamente interesantes sus ensayos, donde manifiesta sus ideas sin ropaje literario,  por ejemplo, los escritos durante la guerra titulados England, your England. Y como dijo el escritor británico: “En una época de engaño universal, decir la verdad es un acto revolucionario”.

 

Francisco Arias Solis
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No se puede ser libre más que entre libres.

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Platón por Francisco Arias Solis

PLATON

(427-347 a.C.)

 

“La filosofía es la ciencia de los hombres libres.”

Platón.

 

 

LA VOZ DEL ALTÍSIMO FILOSOFO GRIEGO

 

Se ha dicho alguna vez que, en la filosofía occidental, lo que no es Platón es Aristóteles. Quizá se trate de una exageración, pero lo cierto es que estas dos gigantescas figuras han dejado sus profunda huella en todo el pensamiento universal, en mucha mayor medida que cualquier otro pensador.

 

Diálogos tituló Platón la mayoría de sus obras, porque en esta forma las escribió. Sobre unos cuarenta y dos  poseemos, y en ellos los hay metafísicos o dialécticos, morales y políticos, estéticos. Poseemos además una colección de cartas, una de definiciones y de epigramas, etc.; pero la crítica ha dudado muchas veces acerca de su autenticidad de todo lo que se ha atribuido a Platón, y época hubo en que los mismos Diálogos fueron quedando reducido a muy pocos. Los hay que parecen compuestos descuidadamente, aunque no falte quien los halle todos perfectos, y los hay, en cambio, que son verdaderas obras de arte, como Protágoras, El Banquete, Fedón, famosos siempre por los críticos, Fedro, La República, Lisias y otros, suelen añadirse también. La influencia ejercida por Platón ha sido grandísima, aun, a pesar de su paganismo, sobre la filosofía cristiana, gracias a la orientación ultraterrenal que dio a la suya propia. Dice Guillermo Nestle, en su Historia de la Literatura griega, que La República de Platón “pudo servir de modelo a San Agustín para su Ciudad de Dios”

 

Nació Platón en Atenas, según la fecha más probable, en el año 427 a.C., de familia aristocrática. Discípulo de Sócrates durante ocho años, al ser condenado a muerte su maestro (399) se retiró a Megara. Luego, según se dice, viajó por Cirenaica, Egipto e Italia meridional. En el año 390 viajó a Sicilia con la esperanza de poner en práctica sus ideales políticos, pero el tirano Dionisio acabó haciéndole prisionero. Fueron también desafortunados dos viajes siguientes a Sicilia, en 368 y en 361. En Atenas fundó una escuela de filosofía, la denominada Academia, así llamada por tener su sede en el jardín de Academo. Allí realiza hasta su muerte, una fecunda labor intelectual, en la que participó activamente su discípulo Aristóteles. Murió octogenario, en Atenas, en el año 347 a.C.

 

Platón cultivó en su juventud la poesía, pero el haber conocido a Sócrates y estudiar desde los veinte años de edad bajo su dirección, hizo de él, un altísimo filósofo, en que asoma con frecuencia el poeta que llevaba en el fondo de su naturaleza, como también el ironista, a ratos, y otras veces, el escritor grave, majestuoso. Su más importante aportación a la filosofía es la teoría de las ideas de las que procede todo. Opone al mundo de los fenómenos, pasajeras sombras de una realidad superior, el mundo de la ideas, eternos e inmutables arquetipos que solo por la razón pueden aprehenderse.

 

La unidad de las ideas se cifra en la idea del Bien, razón y  causa de todas las cosas que representa en el mundo inteligible lo que el Sol en el mundo sensible. Explica la formación del Universo como obra de una inteligencia infinita y afirma no solo la inmortalidad del alma, sino su existencia con anterioridad al nacimiento, y señala premios y castigos en la otra vida, viniendo a coincidir con Sócrates en la doctrina moral.

 

Propugna en política la supremacía de la sociedad sobre el individuo en un sistema de castas presidido por la clase superior de los filósofos. Hay, en fin, en su doctrina huellas de la filosofía pitagórica  y de los misterios órficos, junto con el magisterio de Sócrates. Su pensamiento dominó en la cristiandad hasta el siglo XII, en que se produjo un cambio brusco de las ideas debido a Alberto Magno y a Tomás de Aquino. La influencia de Platón sufrió entonces un eclipse, sucediéndole la hegemonía de su discípulo Aristóteles, pero su influencia renació en el siglo XVI; los sistemas de Descartes, Spinoza y Leibniz son de inspiración en gran parte platónica. El platonismo constituye el alma de los trascendentalismo germánicos de Hegel y Schelling y, más aún, de Fichte. La influencia de Platón, tanto en la historia de las ideas como de las formas, ha sido tan enorme que es, indiscutiblemente, uno de los pilares donde descansa la cultura occidental. Y como dijo este altísimo filósofo griego: “La libertad está en ser dueños de la propia vida”.

 

Francisco Arias Solis
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Se ama la libertad como se ama y se necesita el aire, el pan y el amor.

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Turguenev por Francisco Arias Solis

 

 

IVAN TURGUENEV

(1818-1883)

 

“... ¡Gogol ha muerto!.. ¿Qué corazón ruso no se conmociona

por estas tres palabras? ... Se ha ido, el hombre que ahora tiene el derecho,

 el amargo derecho que nos da la muerte, de ser llamado grande...”

Iván Turguenev.

 

LA VOZ DE INCONFUNDIBLE ORIGINALIDAD

 

Pocos años más tarde que Nikolái Gogol nacía Iván Turguenev perteneciente también a aquella generación de 1840 que mezclaba el realismo con el humanitarismo. Como figura literaria es completamente distinto a Gogol: más refinado y suave, más artista literario que él, más asequible también para lectores de países extranjeros al suyo, más occidental, y por residencia más afrancesado. Un artículo excesivamente encendido, escrito a la muerte de Gogol (1852), le costó el confinamiento durante un año. Autorizado a abandonar Rusia, se instaló en Francia y Alemania, donde siguió escribiendo hasta su muerte. Por largo tiempo estuvo representando en Francia y en otros países la literatura rusa, como gran escritor de los de primera fila entre los contemporáneos europeos. Amigo de Gustave Flaubert, Berthold Auerbach, Émile Zola, Henry James, profundo psicólogo y gran estilista, supo registrar en su obra la época que le tocó vivir con sensibilidad, sobriedad y sentido del matiz. Lamartine le llamó genio porque revelaba algo nuevo, inesperado, trascendental, algo que llevaba el sello inconfundible de la originalidad. Inglaterra, que opinaba lo mismo, le colmó de elogios, de agasajos y ovaciones hasta el exceso, en un viaje que a ella hizo, y, en general, se veía en él no sólo a un gran novelista y literato, sino la revelación de una Rusia para todos desconocida e interesantísima.

 

Iván Sergéievich Turguenev nació en Orel, el 9 de noviembre de 1818 y falleció en Bougival, cerca de París, el 3 de septiembre de 1883. Pasó su infancia en la hacienda familiar, donde estudió bajo la tutela de un preceptor. En 1833 ingresó en la facultad de filosofía de San Petersburgo y posteriormente amplió estudios en Berlín. De regreso en Rusia (1841) ocupó, por un breve espacio de tiempo, un cargo de funcionario en la administración estatal y conoció a la cantante Paulina Viardot, quien fue el gran amor de su vida.

 

En su país, los escritores estaban divididos entre dos corrientes de ideas opuestas, la de los eslavófilos, enemigos de la cultura extranjera, que consideraban nociva, y la de los occidentales, que la creían necesaria, y se enfurecían con aquel autor que imparcialmente pintaba lo que veía y no acababa de afiliarse incondicionalmente a ninguno de los dos bandos.  Unos y otros se tenían por calumniados cuando la imagen reproducida en aquel espejo no les era grata. Y esa exactitud, esa verdad en la reproducción de las imágenes, era precisamente lo que ansiaba Turguenev, en vista de un propósito social, reformador; pero conforme a su propio criterio y  no al de los demás. Sólo con el tiempo se convirtió en triunfos en su país lo que antes había sido recibido con hostilidad por la mayoría. Buscaba él, ante todo, el personaje vivo, característico, y no la idea abstracta ni el argumento cuidadosamente preparado para mantener anhelante la curiosidad del lector hasta el final. Consecuencia de ello ha sido que la colección de tipos que nos presenta, el ambiente y los pormenores felizmente observados de que los rodea, es lo que hoy nos interesa más en su obra total, una vez desaparecido ya el valor de la oportunidad que sus libros pudieran tener. No falta quien le considere en la actualidad  como un excelente cuentista, más bien que como un maestro de la novela extensa y bien construida.

 

Su primera obra narrativa importante apareció en 1844 con el título de Andréi Kolossov, pero lo que lo colocaría entre los más destacados escritores rusos sería sobre todo la recopilación de cuentos Relatos de un cazador (1852), publicados primero en la revista El Contemporáneo. Se trata de una serie de viñetas realistas acerca de la dura vida de los siervos, de un realismo sencillo y que  no gustaron a las autoridades.

 

Entre su vastísima obra destacan las novelas: Nido de hidalgos (1859), Primer amor (1860), La víspera (1860), Padres e hijos (1862), que tiene verdadera importancia, por su alcance político y social, pues en ella aparece, en su protagonista Bazarov, el tipo nihilista, palabra inventada por Turguenev y que tanto habría de usarse después; Humo (1867), traducida al castellano por Emilia Pardo Bazán, quien afirmaba que “dos genios hay  para mí  en Rusia dignos de las épocas clásicas: Puchkin y Turguenev”; Aguas primaverales (1872), El canto del amor triunfante (1881) y Clara Milic (1882); las piezas teatrales: Panes ajenos (1848), El soltero (1849), Una canción del mariscal de la nobleza (1849) y Un mes en el campo (1950); cuentos como Dos amigos (1853) y Yákov Pánsikv (1855); y las composiciones de Poemas sin rima (1882).

 

Turguenev ha sido comparado con Tolstoi y Dostoievski  y está considerado uno de los grandes novelistas de todos los tiempos. Y como nos dijo el escritor ruso: “Soy, ante todo un realista a quien sólo le interesa la verdad... Amo la libertad más que nada en el mundo”.

 

Francisco Arias Solis
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