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Francisco Arias Solís

Chesterton por Francisco Arias Solis

GILBERT KEITH CHESTERTON 

(1874-1936)

 

“La Biblia nos enseña a amar al prójimo y a amar

 a nuestros enemigos: probablemente porque

 se trata de la misma gente.”

G. K. Chesterton.

 

LA VOZ DE UNA PALPITANTE PARADOJA

 

El poeta, narrador, periodista, ensayista y crítico británico G.K. Chesterton es un profundo pensador, de sorprendente originalidad y con un gran dominio del idioma, llegó por la paradoja al humorismo en retorsiones inverosímiles de las más audaces ideas. Desde los primeros escritos se advierte ya su estilo paradójico, que más tarde constituye una de sus más importantes claves literarias.

 

           

Sus comienzos literarios fueron en el periodismo, aunque su actividad principal ha sido la del ensayo, de fuertes tintes polémicos y apologéticos;  incluso puede afirmarse que sus novelas no son otra cosa que la continuación de su labor ensayística. Sus polémicas furibundas con los escritores George Bernard Shaw, H.G. Wells, Rudyard Kipling, hicieron las delicias del público inglés. Esta rara originalidad le llevó a crear el extraño personaje del padre Brown, clérigo-detective, y fue, hasta en su propia reacción espiritual, una palpitante paradoja, con su conversión al catolicismo en 1922, que alguien socarronamente enjuició diciendo que lo hizo así para ser un protestante en Inglaterra. Una vez convertido al catolicismo, sus escritos se impregnan de fe y sólida doctrina. Cantor del optimismo y de una visión a la vez honda y amable del hombre, su popularidad es universal. “Era demasiado bueno para ser político... –nos dijo Graham Greene- Escribió sus pensamientos con frescura, sencillez y la ilusión del descubrimiento”.

 

Gilbert Keith Chesterton nació en Londres el 29 de mayo de 1874 y falleció en Beaconsfield el 14 de junio de 1936. Hijo de una familia perteneciente a la clase media culta. Los Chestertons son desde el siglo XVIII populares corredores de fincas. Estudia en la St. Paul School , y dudando entre ser pintor o periodista, se decide por esto último. Después de la Segunda Guerra Mundial ,  fue uno de los líderes del distribuismo, una  tercera vía económica, que propiciaba la división de la propiedad en partes pequeñas y una distribución igualitaria entre todas las personas. Visita  España y su experiencia se refleja en Lepanto (1929) quizá su mejor poema, y en El regreso de Don Quijote (1930).

 

Sus obras principales, muy leídas y traducidas a todos los idiomas, están constituidas por novelas y cuentos: El club de los negocios raros (1908), La esfera y la cruz (1910), El Napoleón de Notting Hill, Las paradojas de mister Pond, El candor del padre Brown (1911), El secreto del padre Brown (1927). Obras de crítica: Robert Louis Stevenson, Charles Dickens, Chaucer (1932), George Bernard Shaw (1910), William Blake (1910) y La época victoriana en la literatura (1913). Ensayos y misceláneas: La nueva Jerusalén, Hablando en general, Alarmas y disgresiones, Ortodoxia, La superstición del divorcio, San Francisco de Asís (1923) y Santo Tomás de Aquino (1933). Su Autobiografía aparece en 1936. Y como dijo el escritor inglés: “Un gran clásico es un hombre del que se puede hacer el elogio sin haberlo leído”.

 

 

Francisco Arias Solis
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Cuando hay libertad, todo lo demás sobra.

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Gracias.

 

 

 

 

 

Stevenson por Francisco Arias Solis

 

 

ROBERT LOUIS STEVENSON

(1850-1894)

 

“No hay deber que descuidemos tanto

 como el deber de ser felices”

 Robert Louis Stevenson.

 

LA VOZ DEL CONTADOR DE HISTORIAS

 

Una vez más se debe a los anglosajones, en las postrimerías del siglo XIX, el resurgir del cuento  y de la novela de aventura. Stevenson ha sido considerado como uno de los mejores novelistas de aventuras pero el carácter de su obra desborda este rasgo básico de su obra  narrativa y ofrece un profundo conocimiento de la naturaleza humana. Espíritu originalísimo,  Stevenson siguió a Meredith en lo trabajado de su estilo; pero hay en él unas facultades descriptivas, un humorismo, cierta tendencia a interesar al público menos refinado y una gran maestría de narrador, que revelan un carácter muy propio. Su fama de novelista y su atractivo como interesante figura literaria, que fue a morir en las lejanas y pintorescas tierras de Samoa, se conservan siempre.

 

El escritor escocés  es el más claro exponente de la novela-narración, el “romance”, cuyo ámbito definía como aquel al que corresponden “los problemas del cuerpo y la inteligencia práctica, la aventura al aire libre y abierto, el choque de las armas y la diplomacia de la vida”. Le fascinaron los problemas éticos; la ambigüedad moral de sus personajes, provoca efectos dramáticos que solo son posibles en un  universo muy consciente de la existencia del Bien y del Mal.

 

Robert Louis Balfour Stevenson nació en Edimburgo el 13 de noviembre de 1850 y falleció en Vailima, Upolu, Samoa occidental, el 3 de diciembre de 1894. Su padre era ingeniero y él estudió también ingeniero náutico en la universidad de Edimburgo, y posteriormente, leyes, llegando a practicar la abogacía. En 1876, conoció,  en Francia, a la norteamericana Fanny Osboume,  con la que contrajo matrimonio en los Estados Unidos,  una vez que ella tramitó el divorcio. En 1882, enfermó de tisis, enfermedad  que le obligó a viajar buscando climas más benignos y que acabó con  él doce años más tarde. En  su tumba, en una isla de los mares del Sur  a la que se retiró en 1891, está grabado el apodo que le dieron los samoanos: “Tusitala”, que en español significa “el contador de historias”.

 

Cantor del coraje y de la alegría, dejó una vasta obra llena de encanto con títulos inolvidables, entre los que se cuentan: Viaje en burro por las Cévennes (1879), la recopilación de artículos Virginibus puerisque (1881), el volumen de narraciones Nuevas noches árabes (1882), La isla del tesoro (1883), El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde (1886), obra maestra del terror fantástico, Secuestrado (1886), La flecha negra (1888), El señor de Ballantrae (1889), Catriona (1893); y la novela póstuma El Weir de Hermiston (1896). Stevenson es también poeta, y no desprovisto de un encanto que imprimió igualmente a su prosa. “ El contador de historias” es autor asimismo de un abundante epistolario en el que muestra una profunda humanidad. Y como dijo el escritor escocés: “La manera de conseguir la felicidad es haciendo felices a los demás”.

Francisco Arias Solis
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Si quieres la paz, prepárate a vivir en paz con todos los hombres.

 


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Gracias.
 

 

 



 

 

 

Gógol por Francisco Arias Solis

 

NIKOLÁI VASÍLIEVICH GÓGOL

(1809-1852)

 

“Lo difícil es ganar miles,
 los millones se amontonan sin trabajo.”

Gógol.

 

LA VOZ DEL PADRE DEL REALISMO

 

Si Puchkin y Lermentov fijaron la prosa artística rusa, otro gran autor acabó de enriquecerla, sentando en ella las bases del futuro realismo: Nicolái Vasílievich Gógol, que pertenece a la gloriosa generación del 1830, la de tipo romántico. Gógol se presentó siempre no sólo como un admirador, sino como un discípulo de Puchkin al cual solía consultar cuanto escribía y de quien confesaba haber recibido la idea primordial o el asunto de algunas de sus obras. Las principales que escribió son las Veladas en una granja cerca  de Dikanka; Mirgorod, Arabescos, El inspector (comedia), El capote, y la que deseó que fuera su obra maestra y más que una novela es una especie de poema épico en prosa o una trilogía que quedó sin terminar: Las almas muertas. De las tres partes de que había de constar sólo una quedó terminada, la primera, a pesar de trabajar en el conjunto durante varios años.

 

En sus primeras obras domina el elemento fantástico tomado de leyendas populares, de cuentos de viejas que iba él recogiendo con amor y que relataba en una forma nueva, animadísima, en una prosa sumamente trabajada, llena de hábil retórica unas veces y otra de verdadera poesía, presentada en forma dramática romántica; pero con un lujo de minuciosos pormenores realistas que ofrecían un aspecto completamente nuevo, basado en el  empeño de agrandar la realidad, lo vulgar, y darle aspecto poemático.

 

Nicolái Vasílievich Gógol  nace en Soróchintsi, Poltava, el 1 de abril de 1809. Hijo de una familia de pequeños terratenientes, se interesó desde muy joven por la literatura. Inició sus tentativas literarias en San Petersburgo, adonde se había trasladado en 1829. Fracasado en sus comienzos, Pushkin le ayudó a publicar sus Veladas en una granja cerca de Dikanka (1831-1832), ocho relatos inspirados en los románticos alemanes y en el folklore ucraniano, en  los que se mezclan lo real y lo fantástico. Gógol llega a ser profesor de Historia de Rusia en las Universidades de Kiev y de San Petersburgo. En 1835 publicó otras dos colecciones de narraciones: Mirgorod y Arabescos. En la primera aparecen incluidas la novela histórica Taras Bulba, glorificación de la vida cosaca, y La historia de cómo se enemistaron Iván Ivánovich e Iván Nikíforovich, novela cómica considerada uno de los clásicos de la literatura rusa. A Arabescos pertenecen El retrato, La nariz y Diario de un loco, en este último relato vuelven a mezclarse lo sórdido de la realidad y lo fantástico.

 

De pronto, en El inspector (1836), las dotes del humorista que había en Gógol se condensan con fortuna y producen una de las comedias rusas más celebradas y reídas por el público. Se trata de un desaprensivo aventurero a quien la casualidad lleva a una ciudad provinciana donde las autoridades y los empleados, que son un verdadero modelo de mala y corrompida administración, esperan la anunciada  llegada de un inspector encargado de poner orden en sus desafueros y delitos, y, sin saber cómo va formándose y creciendo el rumor de que el tal inspector ha llegado ya, siendo precisamente aquel aventurero alojado en uno de los hoteles. Inmediatamente acuden a visitarle cuantos se sienten con conciencia poco tranquila, y el aventurero, no poco sorprendido de verse convertido en personaje, va aceptando cuanto le ofrecen, entre lo cual se halla su proyectada boda con la hija del alcalde de la ciudad. Cuando ha sacado de la aventura todo lo que podía esperar, huye, en previsión de que se averigüe que ha estado engañando a todo el mundo y que el verdadero inspector puede llegar de un momento a otro y hacer que la farsa le cueste muy cara; pero antes de huir escribe una carta a un amigo contándole la graciosa aventura. La carta no llega a su destino, porque al jefe de Correos se le ocurre abrirla por curiosidad, y corre a leérsela a los interesados. Al mismo tiempo, llega el verdadero inspector en medio de la consternación general y de echarse unos a otros la culpa de haberse dejado engañar de tan ridícula manera. La pintura de los caracteres estaba hecha en tal forma y con tales visos de veracidad que, mientras el público y la corte se reían, los aludidos se volvieron furiosos contra el autor, haciéndole imposible la vida hasta el punto de decidirle a emigrar. Uno de los países que visitó primeramente fue España, donde estudió sobre el terreno y con verdadero amor aquel libro inmortal de Don Quijote, que ya conocía y admiraba desde largo tiempo. Pero no fue aquí donde fijó su residencia, sino en Roma, desde la cual decía él que podía escribir mejor que nunca acerca de Rusia, porque al verla lejos, le parecía que su visión se le aclaraba y más hondamente sentía su tierra.

 

En 1842 vio la luz El capote, relato tragicómico de la vida de un pobre empleado, obra con la que, según Dostoievski, nace la verdadera novela de su país, y también vieron la luz  otras dos comedias: El matrimonio y Los jugadores. Ese mismo año apareció la primera parte de su obra maestra, Almas muertas, raro título que viene a significar los siervos muertos pertenecientes a los propietarios de tierras que pagaban un tributo por los que en  el último censo, que se hacía de tarde en tarde, constaba que poseían, aunque algunos de ellos hubieran ya muerto. A un especulador se le ocurre negociar con esta anomalía del censo y enriquecerse en poco tiempo por medio de turbias operaciones que le acreditan de potentado, dueño de numerosos siervos que no existen y que él  ha hecho inscribir a su nombre.

 

Al fin, esa tendencia de escritor satírico, que podría llamarse hipocondríaca, se mezcló en Gógol con preocupaciones religiosas que fueron su tormento, en lucha constante consigo mismo, y todo ello parece haber acabado por oscurecer su inteligencia y hacer de él un infeliz desequilibrado. Murió en Moscú, el 4 de marzo de 1852, en uno de los ataques, no muy claramente explicados, que padecía y que le inutilizaron por completo para la alta producción semidantesca a que aspiraba. Él mismo quemó gran parte de lo que había escrito para terminar Almas muertas, que quedaron incompletas, y murió voluntariamente pobre, olvidado por unos y odiados por otros, cuando no contaba más que cuarenta y tres años. A Turguenev le costó el ser desterrado el haberle calificado de grande hombre en una carta. Y, sin embargo, no había dicho más que la verdad. En las obras de aquel escritor tan injustamente rechazado por su público, o rodeado de un silencio hostil, estaba la semilla de la literatura rusa del futuro. Leyéndole se ocurre pronto el expresivo y conciso comentario que le puso Puchkin a la lectura que él le hizo de Almas muertas: “¡Qué triste es nuestra Rusia!”

 

Francisco Arias Solis
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Paz y libertad. 


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Gracias.

Truman Capote por Francisco Arias Solis

 

 

TRUMAN CAPOTE  

(1924-1984)

 

“Entonces, un día, comencé a escribir,

 sin saber que me había encadenado de por vida

 a un noble, pero implacable amo.”

Truman Capote.

 

 LA VOZ DEL NIÑO PRODIGIO DE LA LITERATURA

El novelista, narrador y periodista estadounidense de ascendencia española Truman Capote presenta un estilo elaborado y permanente interés por los personajes excéntricos. Fue llamado el niño prodigio de la literatura de su país y sus obras se caracterizan, sobre todo, por el virtuosismo del  estilo.

Truman Strechfus Persons nació en Nueva Orleans, el 30 de septiembre de 1924 y falleció en Los Ángeles el 25 de agosto de 1964. Hijo de padres divorciados vivió de desde muy joven en Alabama con parientes ancianos. Sus problemas con las drogas y el alcohol pueden tener su origen en la triste infancia que vivió. “Durante años –cuenta el novelista en Memoria de Navidad-, rara vez vi a ninguno de mis padres. Mi padre tenía asuntos en Nueva Orleans, y mi madre, tras graduarse, por sí misma en Nueva York”. También nos dejó dicho que se había sentido “huérfano espiritualmente”.  Estudió en el Trinity School y en St. John’s Academy de Nueva York. A los diez años de edad ganó un concurso literario para niños. Al casarse su madre por segunda vez con Joseph García Capote, tomó el apellido Capote. Escribió discursos para políticos, trabajó como bailarín, pintó flores sobre cristales y desde su adolescencia escribió narraciones. De este periodo pueden datar algunas de sus obras autobiográficas, como Memoria de Navidad  y El invitado del día de acción de gracias, aunque se publicaran muy posteriormente 1966 y 1968, respectivamente. En 1942 se trasladó a Nueva York, donde se dedicó al periodismo (trabajó principalmente en la revista The New Yorker), actividad que tendrá gran repercusión literaria posterior. Nunca ocultó su homosexualidad y fue un gran defensor de los derechos de los gays. Vivió veinticinco años con su compañero sentimental Jack Dunphy. Su muerte se produjo por una sobredosis de barbitúricos.

Entre sus libros más celebrados figuran la novela Otras voces, otros ámbitos (1948), en la que el protagonista es un chico de trece años que va en busca de su padre, y también de su propia identidad, a través de un ambiente sureño y decadente; los relatos El árbol de la noche (1949), Color local (1950), El arpa de la hierba (1951);  las narraciones autobiográficas Memoria de Navidad (1966) y El invitado del día de acción de gracias (1968)  y la recopilación de artículos Escritos escogidos (1963).

La obra que le dio a conocer mundialmente fue Desayuno en Tiffany’s (1958; también titulada en español Desayuno con diamantes), sobre la alta sociedad neoyorkina. Con la novela A sangre fría (1965), llevada al cine con éxito, que relata con fidelidad el asesinato de una familia de granjeros acomodados en Kansas por dos psicópatas vagabundos y las consecuencias de este acto, inicia un nuevo modelo de “novela-reportaje” o “novela-documento”, precedente del nuevo periodismo. Con esta novela Truman Capote quiere evadirse del subjetivismo por medio de una reproducción fiel de los hechos y diálogos reales proporcionados por dos asesinos condenados a muerte Esta novela está considerada como el alegato más contundente a la iniquidad de la pena capital. Otras obras: Los perros ladran (1974), Música para camaleones (1980) y la novela inacabada Plegarias atendidas. Y como dijo el novelista estadounidense: “Es imposible que un hombre que goza de libertad imagine lo que representa estar privado de ella”.

Francisco Arias Solis
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Por esa libertad bella como la vida.

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Gracias.
 

 

 

Alfred Tennyson por Francisco Arias Solis

 

 

ALFRED TENNYSON 

(1809-1892)

 

“Calma y profunda paz en el aire anchuroso,

en las hojas que torna rojizas la otoñada,

y si en mi corazón hubiera alguna calma,

será desesperanza tranquila solamente.”

Alfred Tennyson. 

 

 

 LA VOZ DE UNO DE LOS POETAS

MAS  POPULARES DE SU TIEMPO

 

Tennyson fue considerado como el mayor poeta de su tiempo, y nunca los elogios, los aplausos y las recompensas parecieron suficiente para sus méritos. En 1845 recibió una pensión de su gobierno; en 1850 se le nombró Poeta Laureado como sucesor de Wordsworth, y en 1884, fue nombrado barón, tomando asiento en la Cámara de los Lores y figurando en ella como uno de tantos políticos. Pareció repetirse en él el hecho de que la poesía por sí sola bastaba para dar a un hombre sólida fama, la mayor consideración social y la fortuna. A su muerte, recibió el supremo honor: fue enterrado en la Abadía de Westminster. Y, sin embargo, a esa vida feliz, sin contratiempos, en que la gloria fue para él siempre en progresión ascendente, sucedió una generación joven que pareció complacerse en deshacer tolo lo que la anterior a ella había hecho. Según suele ocurrir en estos casos, se exageró tanto la censura como antes se había exagerado el elogio. Fue moda reírse de Tennyson como antes había sido aplaudirle. Pero también contra esta reacción se reaccionó a su vez, y, sin hallar ya en él al altísimo poeta de otros días, le reconocieron cualidades suficientes para clasificarle entre los de segundo orden, a cuyo nivel como concienzudo y delicado artista se hubieran dado por muy satisfechos en poder llegar los que de él se reían. Así es probable que quede la gloria de Tennyson, a la que tal vez, para ser tratado con entera justicia, lo que falte ahora sea el prestigio que sólo da la distancia, aparte de saber distinguir unas de otras entres las numerosas obras que escribió, y aun entre fragmentos de una misma obra. No abundan tanto las grandes figuras poéticas para que cuando una logra hacerse famosa en toda Europa nos dediquemos por capricho a ejercer contra ella el ingrato oficio de iconoclasta.

 

Descuella singularmente Tennyson, el poeta máximo de la época de la reina Victoria,  en narrar las leyendas de la Tabla Redonda, sobre todo en Los idilios del rey. No suele distinguirse especialmente como lírico puro de alta inspiración, pero sobresale en la fuerza descriptiva, que acierta a hacernos ver las cosas, en la poesía narrativa y en el sabio manejo del metro, del lenguaje y de las cualidades musicales del verso, que es lo esencial en él.

 

Alfred Tennyson, conocido como Lord Tennyson,  nació en Somersby, Lincolnshire, el 6 de agosto de 1809 y falleció en Aldworth, Surrey, el 6 de octubre de 1892. Estudió en el Trinity College de Cambridge (1828-1831), donde conoció al poeta Arthur Henry Hallam, que se convertiría en su cuñado y su mejor amigo. Con Hallam formó parte de los Apóstoles de Cambridge, sociedad secreta que pretendía formar una élite intelectual. Tennyson terminó casándose en 1850,  con la hermana de Arthur, Emily Tennyson.

 

En 1830 publicó Poemas principalmente líricos y en 1832 Poemas que contiene “El palacio del Arte” y “Los lotófagos”. La muerte repentina de A.H. Hallam en 1833 le afectó mucho y dejó de publicar durante cerca de nueve años, dedicándose a componer Los idilios del rey (1859) y la que es para muchos sus obra cumbre: In memoriam (1850); es un largo poema elegíaco dividido en tres partes (Desesperación, Lamento y Esperanza) y dedicado a su amigo. En  1842 aparecieron dos nuevos volúmenes de Poemas que consolidaron su fama, acrecentada a partir de 1847 por La princesa. En 1850 consiguió el título de Poeta Laureado y cantó las glorias del Imperio en composiciones como Oda por la muerte del duque de Wellington (1852) y La carga de la brigada ligera (1854). Su obra más madura –La muerte de Arturo (1853), Maud (1855) y El Santo Grial (1869)- la escribió retirado en la isla de Wight. Posteriormente se dedicó al teatro, con piezas históricas como La reina María (1875), Harold (1876), Becket (1884) y Robin Hood (1891). La obra de Tennyson, uno de los poetas más representativos de la época victoriana, se caracteriza, además de por su exquisita perfección formal, por la defensa de los valores tradicionales, lo que produjo cierta declinación de su fama al iniciarse el nuevo siglo. Y es que,  como dijo el poeta británico: “Yo soy una parte de todo aquello que he encontrado en mi camino”.

 

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La paz pide una oportunidad.

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Gracias.

 

Washington Irving por Francisco Arias Solis

 

 

WASHINGTON IRVING 

(1783-1849)

 

“Las lágrimas transmiten con mayor elocuencia

 que mil estrofas juntas, un mensaje de dolor indecible,

 de profundo arrepentimiento o de amor inefable.”

Washington Irving.

 

 LA VOZ DE UNO DE LOS PADRES

DE LAS LETRAS  ESTADOUNIDENSES

El escritor e hispanita  Washington Irving  es el primer novelista norteamericano que logró crearse una reputación europea. Gran viajero, contribuyó a introducir la cultura europea en la incipiente literatura estadounidense. Se puede decir que es con Fenimore Cooper y especialmente junto a Edgar Allan Poe el iniciador de la literatura estadounidense. A pesar de que en su país no se dieran las condicionamientos necesarios para que cundiera y se asimilara la ideología romántica, sin embargo, a través de una u otra forma se relaciona con las corrientes europeas. Por otro lado, Irving  vive mucho tiempo y en muy diversos sitios de Europa. Otro aspecto importante de su obra es haber sabido plasmar el llamado espíritu “Knickerbocker”, referente a la vida alegre y mundana de la sociedad neoyorquina del ochocientos; el autor satiriza los defectos y vicios de una sociedad burguesa y mercantilista.

Washington Irving nació en Nueva York el 3 de abril de 1783 y falleció en Sunnyside, Nueva York, el 28 de noviembre de 1849. Educado por su padre en un estricto ambiente calvinista, se inicia como periodista en varias publicaciones de su ciudad natal. En 1802 publicó en The Morning Chronicle una serie cartas firmadas con el seudónimo “Jonathan Oldstile”, a la manera de Addison y Steele. Viajero incansable, reside durante varios años en Europa, principalmente en España, a la que había llegado para investigar los documentos del Escorial relativos al descubrimiento de América. En 1842 desempeña el cargo de Embajador de los Estados Unidos en España. Su permanencia en tierras españolas le proporciona un profundo conocimiento de la historia y la literatura del país y le lleva a convertirse en un gran hispanista. “Por mi parte he viajado lo suficiente por España –escribía Washington Irving-  como para haber llegado a la conclusión de que, después de todo, una cama no es un artículo de indispensable necesidad”. 

En 1809 vio la luz su primer libro: La historia de Nueva York de Dietrich Knickerbocker, sátira contra los colonizadores holandeses de Nueva Ámsterdam. Desde 1815 hasta 1822 estuvo en Europa y allí publicó El libro de apuntes de Geoffrey Crayon (1819-1820), que, además de unos bocetos sobre la vida inglesa, contenía La leyenda de Sleepy Hollow y Rip van Winkle. En 1822 publicó otro estudio sobre la vida inglesa, y en 1824 Cuentos de un viajero. Frutos importantes de su estancia en España son los siguientes libros: Vida y viajes de Cristóbal Colón (1828), Crónica de la conquista de Granada (1829), Viajes y descubrimientos de los compañeros de Colón (1831), Leyendas de la conquista de España (1835) y, sobre todo, Cuentos de la Alhambra (1832), su obra más popular, bellos relatos en los que vierte sus conocimientos de la España musulmana y de las leyendas hispanoárabes. Al final de su vida escribió interesantes biografías sobre Godsmith (1849) y sobre Washington (1855-1859) y dos obras históricas sobre Mahoma. A Irving se le considera uno de los “padres” de las letras estadounidenses, en especial de la novela breve. Y como dijo el escritor norteamericano: “Cuando una persona le dice a otra que se ve muy joven, debe tener la certeza de que se está envejeciendo”.


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Jamás hubo una guerra buena o una paz mala.

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Swinburne por Francisco Arias Solis

 

 

ALGERNON CHARLES SWINBURNE 

(1837-1909)

 

“Y toda su cara era miel para mi boca

y todo su cuerpo era alimento para mis ojos...”

Algernon Charles Swinburne.

 

LA VOZ DEL ARISTÓCRATA REVOLUCIONARIO

 

Swinburne es un ejemplo de aristócrata revolucionario en las ideas. Hijo de familia noble, se educó en la lectura de los poetas franceses Víctor Hugo, Baudelaire, Gautier, al propio tiempo que en la de Shelley y de Rossetti, del cual fue amigo, y, violento en sus pasiones, en sus entusiasmos y odios, escribió una clase de poesía aparatosa, musical, ruidosa, llena de arte, con más inclinación a la blasfemia, para  “asustar al buen burgués” , o bien al más franco paganismo, que a tendencia alguna de las que puedan señalarse en él. Fue tan precoz que se dice a los once años de edad publicaba ya una poesía en el Frazer’s Magazine, y  a los veintinueve era célebre con su tomo de poesías Poemas y baladas, que es de 1866. Verdad que este éxito fue más bien de escándalo, porque se juzgó el libro harto pecaminoso, y esto es lo que él deseaba, pero ya un año antes había demostrado su maestría en el manejo del verso con la traducción de una tragedia griega: Atalanta en Calidón. Swinburne es ante todo el poeta de la belleza y de la libertad, que canta con un esplendor culto. Las dotes naturales de Swinburne eran más líricas que dramáticas, y resplandecen con frecuencia en sus libros.

 

Algernon Charles Swinburne nació en Londres el 5 de abril de 1837 y falleció en la misma ciudad el 10 de abril de 1909. De origen noble, estudió en Eton y en el Baillot College de Oxford. Compañero y amigo de Dante Gabriel Rossetti, Edward Burne-Jones y William Morris, admirador y corresponsal de Charles Baudelaire, decadentista y partidario de “el arte por el arte”, su primer trabajo literario que salió a la luz pública fue un volumen que contenía los dramas La reina madre y Rosamond (1860).

 

Swimburne conquistó cierto reconocimiento con las tragedias en verso  Atalanta en Calidón (1865) y Chasterlard (1865), pero el libro que realmente le proporcionó notoriedad fue Poemas y baladas, aparecido en 1866 y que causó un gran escándalo por su contenido erótico. La lucha de independencia nacional italiana le inspiró Odas a Mazzini ( 1856-1857), Canto de Italia (1867) y Cantos antes de levantarse el sol (1871). A esta etapa exaltada, pagana y anarquizante corresponden también Bothwell (1874), Erecteo (1876), la novela erótica Lesbia Brandon (1877) y la segunda parte de Poemas y baladas (1878). En 1789 su precaria salud le obligó a instalarse en el campo en compañía de sus amigo Watts-Dunton, y en este retiro escribió, entre otras obras, los libros de poemas: Cantos de la marea (1880), Tristán de Lyonesse (1882), poema caballeresco, y la tercera parte de Poemas y baladas (1889), carente de la intensidad de sus primeras composiciones; y las piezas dramáticas: María Estuardo (1881), Locrine (1889) y Las hermanas (1892). Durante este periodo cambió por completo su personalidad y se convirtió en el más respetable de los poetas imperiales. De particular interés resultan sus ensayos críticos sobre Charlotte Brontë, Víctor Hugo, William Blake y William Shakespeare. El poeta inglés nos dejó dicho: “El bien dijo al mal: hermano mío”.

 

Francisco Arias Solis
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Será vano el intento de humanizar las guerras. Lo humano es evitarlas.


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Hermann Hesse por Francisco Arias Solis

 

 

HERMANN HESSE 

(1877-1962)

 

“Nunca he  pensado que  los proyectos de Hitler, Mussolini y Franco,

 que son estúpidos y nocivos, puedan compararse con el gran proyecto

 del comunismo que es necesario. Y sin embargo, los hombres

 que dirigen el comunismo son culpables de toda clase de opresión.

 Todo hace pensar que sólo renovándose a sí mismo el hombre

 podrá renovar el mundo.”

 Hermann Hesse. 

 

LA VOZ DEL ULTIMO ROMÁNTICO ALEMÁN 

 

La obra narrativa de Hesse es ante todo la búsqueda introspectiva del “yo” para llegar a un profundo conocimiento de sí mismo (en este sentido, está en la línea de los surrealistas y en las teorías de Freud y de Reich). Esa búsqueda del “yo” se mezcla también con la divina, en una síntesis de espiritualidad occidental y oriental, de misticismo, de panteísmo y de budismo. Hesse busca al individuo desligado de sus circunstancias históricas. Hay en su obra un deseo de renovación del hombre, de regeneración, en reacción contra un mundo en el que imperan los valores negativos. Lírico, introspectivo, siempre autobiográfico, combate el nacionalismo y el belicismo. Defiende un patriotismo espiritual no afincado en tierra precisa. El gran valor de este escritor es su estilo, la creación de mundos con poder de captación grande. Fue el último representante del romanticismo alemán.  La obra del escritor alemán sigue interesando entre las nuevas generaciones de jóvenes  no sólo por su calidad artística sino, ante todo, por lo que representa de rebeldía y de esfuerzo por penetrar en las zonas más oscuras y laberínticas del hombre.

 

El poeta,  novelista y pintor  de nacionalidad suiza y origen alemán  Hermann Hesse nació en Calw, Württemberg, el 2 de julio de 1877 y falleció en Montagnola, Ticino, Suiza, el 9 de agosto de 1962. Nacido y educado en el seno de una familia protestante de severa religiosidad –su padre y su abuelo fueron misioneros en la India- fue encaminado al sacerdocio, abandonó los estudios de Teología, huyó de casa y, tras residir algún tiempo en la Indias, se instaló en Basilea, ciudad en la que vivió la mayor parte de su vida. Su formación intelectual es autodidacta. Conoció el éxito literario en vida, obteniendo muchos premios, entre ellos el Nobel de Literatura en 1946. Colaboró en  Las Españas, revista  de los intelectuales españoles en el exilio, que vio la luz por vez primera en la ciudad de México,  en noviembre de 1946.

                       

Su primera novela importante es Peter Camenzind (1904), “novela de aprendizaje”, en gran parte autobiográfica, de ecos neorrománticos y con una fuerte dosis de espiritualismo, en la que el autor canta a la vida y a la naturaleza frente a los valores establecidos, entre ellos el autoritario sistema pedagógico. Esta misma actitud de exaltación de la libertad individual y de protesta contra el autoritarismo social y familiar existe en Bajo las ruedas (1906). En Gertrud (1910) nos narra la historia de una pareja infeliz, salvada a través de la música. Tema similar es el de Rosshalde (1914). Gran resonancia van a tener sus dos siguientes libros: Demian (1919) y Siddharta (1922). En el primero, a través de la historia del protagonista Emil Sinclair, expresa el rechazo de la sociedad de su tiempo y propugna como salvación la búsqueda del “yo” profundo para llegar al secreto de la vida y de la existencia. Esta actitud rebelde, que propone el retorno a la naturaleza frente a la civilización corrompida, atrajo a muchos adolescentes, por lo que el autor se convierte en un verdadero mentor y portaestandarte de la juventud. En el segundo abunda en el mismo tema de encontrar la verdad y significación a esta vida, pero la novela se nutre sobre todo del misticismo indio, en el que el quietismo budista es uno de los principales valores. Sin duda alguna su novela más conocida es El lobo estepario (1927), en la que el autor hace un profundo análisis de la complejidad interna del hombre; el conocimiento de los instintos demoníacos y de los diversos “yoes” que haya en el hombre es imprescindible para alcanzar la salvación. En El juego de abalorios (1943) vuelve de nuevo a la filosofía oriental. Entre sus libros de relatos en los que continua con temas psicológicos, destacan El último verano de Klingsor (1920), Narciso y Golmundo (1930) y Rastro de un sueño (1945). Sus principales libros de poesía, en los que alienta un vago romanticismo, son Canciones románticas (1899), Música del solitario (1915), Consuelo en la noche  (1929) y Nuevas poesías (1937). De sus libros de ensayo el más importante es Mirada en el caos (1919).  Sus trabajos de crítica literaria han sido recogidos en dos volúmenes, con el título de Escritos sobre literatura; en ellos Hesse rememora sus lecturas, reflexiona sobre su obra literaria y opina críticamente sobre un amplio número de escritores e intelectuales de todas las épocas. Y como dijo el último romántico: “Sólo espero que el mundo también recuerde a quienes sufrieron la dictadura de Hitler en Alemania y tuvieron que desear la derrota de su propio pueblo. Ojalá esto sirva para que podamos despojarnos de una vez por todas del nacionalismo”.

 

Francisco Arias Solis
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La paz no se reduce a la ausencia de guerras

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