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Francisco Arias Solís

Marqués de Sade por Francisco Arias Solis

MARQUES DE SADE

(1740-1814)

 

“El hombre sólo puede encontrar toda su felicidad

 sirviendo todos los caprichos de su imaginación”.

Marqués de Sade.

                         

LA VOZ DEL SOÑADOR DE PESADILLAS

 

Sobre Sade, Apollinaire  dijo  aquella conocida frase: “este hombre que parecía que apenas contaba para nada durante el siglo XIX podrá muy bien dominar al XX”. Baudelaire nos recuerda que siempre hemos de volver a Sade: sus libros le hacen –decía- constante compañía. Todos los surrealistas han tenido una constante y especial predilección por Sade.

 

Los sueños del constante prisionero (quince años encarcelado por “libertino” y otros tantos por “moderado”, y, por último,  por inmoral o por loco) que pasó la mitad de su larga vida en prisión; sus sueños o pesadillas tienen para algunos, virtud poética de curación de espantos; para otros, por el contrario, son un peligro gravísimo, una enfermedad mortal, denominada con el conocido título de  “sadismo”.

 

Donatien-Alphonse Francoise de Sade, Marqués de Sade, conocido como “el Divino Marqués”, nació en París el 2 de junio de 1740 y falleció en Charenton el 2 de diciembre de 1814. Hijo único del conde Jean-Bastiste de Sade y de su esposa Marie-Eléonore de Maillé. Se educó en la Provenza, bajo la tutela de su tío, el abad de Sade. Alumno del Instituto Louis-le-Grand, regentado por los jesuitas, se alistó al ejército en 1754 y participó como oficial en la Guerra de los Siete Años (1756-1763). En 1763 contrajo matrimonio con Renée-Pélage de Montreuil, hija de un prestigioso magistrado. A partir de su boda, Sade emprendió una vida de libertinaje y, a los pocos meses,  fue encarcelado por ver primera en el castillo de Vicennes, donde sólo estuvo quince días. En 1768,  es denunciado por la joven Rose Séller, a la que supuestamente  le había practicado determinadas torturas, siendo encarcelado durante unos tres meses. En 1772 fue sentenciado a muerte, por envenenamiento y sodomía, pero huyó a Italia con su cuñada. Poco después volvió a ser detenido, siendo encarcelado en el castillo de Miolans, de donde logró evadirse. En 1777, regresó a París y fue encarcelado  nuevamente en Vicennes, de donde fue trasladado a la prisión de la Bastilla.

 

El 2 de julio de 1789 se pudo escuchar el grito que salía de una ventanita de la prisión de la Bastilla: “el Conde de Sade  ha gritado desde su ventana repetidamente que estaban estrangulando a los presos de la Bastilla, que viniesen a libertarlos”. Dos días después, el 4 de julio, el preso es conducido al manicomio de Charenton y se clausura y sella su celda. Pero el grito de Sade tuvo  una insospechada resonancia  no prevista por  sus carceleros: llegó hasta Inglaterra y tomó forma de admirable verso en la mente alucinada del místico Blake. “Ha nacido un  nuevo espanto, escribe Blake, que desgarra el aire con su grito”. En 1790, Sade fue liberado de Charenton, pero, tres años más tarde,  fue acusado de moderado y encarcelado cerca de un año. En 1801 fue nuevamente encarcelado, primeramente en la prisión de Sainte-Pélagie, y, más tarde, en el fuerte de Bicêtre. En 1803 fue declarado demente y recluido, una vez más, en el manicomio de Charenton.

 

Se ha dicho que a la alcoba del manicomio  de Charenton, donde Sade anciano, agonizaba (octubre a diciembre de 1814), llegó la orden del Ministro y Director de la Policía, condenándole a reclusión perpetua en prisión del Estado. A la puerta de la habitación  donde Sade agonizaba  estaban  esperando su decisión final un sepulturero y un policía. El 2 de diciembre de 1814, Sade se decidió, como prisión perpetua más segura, por la tumba.

 

Algunos moralistas superficiales suelen decir que algo tendrá Sade, cuando en vida tres regímenes políticos consecutivos tan diversos y contrarios: el Antiguo régimen, la Revolución, o la República, con el Terror y el Consulado con Napoleón coinciden en perseguirlo y encarcelarlo. Sin embargo, este argumento puede, no sólo ser desfavorable para Sade, sino al contrario. Oigamos sus propias palabras: “¡Oh imbéciles asesinos y carceleros de todos los regímenes –exclama- de todos los gobiernos! ¿Cuándo preferiréis la ciencia de conocer al hombre a la de encarcelarle para matarlo?”.  Y también: “yo sólo me dirijo a gentes capaces de entenderme”. Convengamos con sus críticos defensores que no hay nada en la vida personal de Sade que justifique la feroz persecución de que fue víctima. Este profesor del libertinaje, tal vez cometió un solo error gravísimo para sus contemporáneos, más libertinos y criminales que él: querer imponerle su enseñanza. El error moral y literario, sobre todo, del Marqués de Sade fue la pedagogía de  un soñador de pesadillas, de soñaciones visionarias de una razón que, como su contemporáneo, nuestro Goya, produce monstruos.

 

Entre su obra destacan las novelas Las ciento veinte jornadas de Sodoma (1785), llevada a la pantalla por Pier Paolo Pasolini, Justine o los infortunios de la virtud (1791), La filosofía en el tocador (1795), Aline y Valcour (1795), Valmor y Lidia, o viaje de dos amantes que se buscan (1795), La historia de Juliette (1797) y La marquesa de Gange (1813), la pieza teatral El conde Oxitern o los efectos del libertinaje (1800) y el volumen de cuentos Los crímenes del amor (1800).

 

Se ha perdido mucho, muchísimo de todo lo que Sade escribió, pero nos parece que con lo que nos ha quedado basta, y aun, a veces sobra. “Nada que no sea excesivo puede estar bien”, escribía Sade. No es sólo que escribió excesivamente el autor de Justine y Juliette -¿y qué otro remedio le quedaba durante treinta años de reclusión?-, es que pensó, sintió y soñó al hombre excesivamente. “Hay almas que parecen duras a fuerza de ser susceptibles a la emoción –nos dijo  Sade-; estas almas suelen ir muy lejos: y lo que se interpreta en ellas como indiferencia o crueldad, no es sino una manera, solamente de ellas conocidas, de sentir más vivamente que las demás”.

 

Francisco Arias Solis
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Paz y libertad. 


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Gracias.
 

 

 

Pere Calders por Arias Solis Francisco

 

 

PERE CALDERS 

(1912-1994)

 

“De mis cuentos mexicanos, no hay ninguno que sea absolutamente

 inventado, todos son escritos a partir de hechos reales [...]

 Son cuentos realistas porque trato de expresar algo que vivía

 y en que lo que me impresionaba era, precisamente, la mezcla

 de la realidad  con el absurdo... “

Pere Calders.    

 

LA VOZ DEL MEJOR CUENTISTA CATALAN
 
Magnífico narrador barcelonés en lengua catalana. Pere Calders comenzó en la prensa como dibujante, pero pronto comenzaría una actividad en la que es un incesante cultivador: el cuento.  Cultivó el cuento como género narrativo, con una mezcla de ironía y humor que crean un ambiente lleno de situaciones insólitas y disparatadas pero coherentes. Muy poético en un principio, evolucionó hacia el realismo, utilizando argumentos reales o imaginarios, localistas y costumbristas. Calders se convirtió en un maestro del cuento, seguramente, el mejor cuentista catalán.

 

 Pere Calders i Rossinyol nació en Barcelona el 29 de septiembre de 1912 y falleció en la misma ciudad el 21 de julio de 1994. Licenciado en Bellas Artes, comenzó a colaborar,  en los primeros años treinta,   en diarios y revistas de su época como Rambla, Diari Mercantil o L’esquella de la Torratxa. Por esos años publicó sus primeros cuentos: El primer arlequí (1936),  L’any de la meva gràcia (1937) y las novelas La glòria del doctor Larén (1937) y Gael.li l’home Déu.

 

 En 1938, Pere Calders ingresó en el ejército republicano como técnico cartográfico. En 1939, tras la guerra civil, se exilió a México. Fue colaborador de la  Revista dels Catalans d’Amèrica, la primera revista catalana iniciada  por exiliados que se creó en México, y que apareció en octubre de 1939, con un formato y  una distribución de contenido que recordaba la prestigiosa Revista de Catalunya en su última etapa antes de terminar la guerra. También fue uno de los colaboradores más adictos de las revistas  Full Catalá, aparecida en México en 1941,  de La Nostra Revista, aparecida en México en enero de 1946, de Pont Blau, aparecida en septiembre de 1952, y de La Nova Revista, aparecida en 1955. Pere Calders escribió y editó exclusivamente una revista puramente literaria Fascicles Literaris, la cual presentó su primer número en septiembre de 1958. En 1963 Calders regresó a Cataluña, donde colaboró en la revista Serra d’Or.

 

Entre sus obras destacan: Memories especials (1942), galardonada con el premio Concepció Radell; Gent d’alta vall (1954; premio Víctor Cátala), Croniques de la veritat oculta (1955), L’ombra de l’atzavara (1964: premio Sant-Jordi), sobre los catalanes exiliados en México, Ronda naval sota de la boira (1966), Aquí descansa Nevares (1967) y Tots els contes (1968). Sobre sus cuentos el grupo catalán Dagoll-Dagom realizó el montaje teatral Antaviana (1978), obra con la que le llegó el éxito popular. En 1984 apareció Ruleta rusa y otros cuentos, selección realizada por el autor de veintiocho de sus  cuentos, que abarca desde El primer arlequí (1936) hasta Cuentos breves (1978). En 1986 obtuvo el Premi d’honor de les Lletres catalanes y en 1993 fue distinguido con el  Premio Nacional de Periodismo.

 

En Aquí descansa Nevares, ofrece una interpretación original –que no pretende ser global- del pueblo mexicano –expuesta con sensibilidad artística-.En L’ombra de l’atzavara,  Pere Calders sitúa el problema del asentamiento –o de la integración- en la sociedad mexicana, en una fecha imprecisa pero bastante adelantada en la emigración y a través de la personalidad  de Joan Deltell, un joven a quien la casualidad proporciona ocasión de adquirir un negocio.  Y como dice uno de los personajes de la obra:  “Lo que nos pasa es que no hemos venido a hacer dinero. Yo creía que, a lo sumo estaríamos tres  o cuatro años en México. No valía la pena empezar... Bastaba esperar y vegetar”.

 

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No se puede ser libre más que entre libres.

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Gracias.

Rolland por Francisco Arias Solis

ROMAIN ROLLAND

(1866-1944)

 

“La guerra es el fruto de la debilidad

 y de la necedad de los pueblos.”

Romain Rolland.

 

 

LA VOZ DE UN HEROE DE LA PAZ

 

Rolland ha sido considerado como un intelectual de izquierdas, pero él, en sus Memorias, se declaró ajeno a movimientos políticos y se definió como un defensor de lo humanitario (la vida, la paz, la fraternidad, etc.). Fue un pacifista militante y  amigo de de Gorki y Gandhi, sobre este último escribió una magnífica biografía Mahatma Gandhi (1923). “El cristianismo es bueno –le dijo Gandhi a Rolland-, pero los cristianos son malos. Acaso yo me hubiera hecho cristiano, si los cristianos que he conocido lo fueran veinticuatro horas de cada veinticuatro”. En el I Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, celebrado en el Palais de la Mutualité de París entre el 21 y el 25 de junio de 1935, se creó la Asociación Internacional de Escritores  para la Defensa de la Cultura, cuyo Comité Internacional estará compuesto por  los escritores antifascistas Thomas Mann, y su hermano Heinrich, Forster, André Gide, Sinclair Lewis, Aldous Huxley, Bernard Shaw, Valle-Inclán, Ricardo Baeza, José Bergamín, Máximo Gorki, Romain Rolland y  Selma Lagerlöf, la única mujer que formaba parte del Comité Internacional.  Toda la  vida de Rolland fue una entrega a la defensa de la libertad,  de la paz mundial y de la verdad. “Cuando se discute no existe superior –decía Rolland-, ni inferior, ni títulos, ni edad, ni nombre: sólo cuenta la verdad, delante de ella todo el mundo es igual”.

 

Romain Rolland nació en Clamecy, Nièvre, el 29 de enero de 1866 y murió en Vézelay el 30 de diciembre de 1944. Estudió en la Escuela Normal Superior, primeramente filosofía, graduándose en Historia en 1889. Residió en Roma y a su regreso se doctoró con la tesis “Los orígenes del teatro lírico moderno”. Fue profesor de Historia en el Liceo Enrique IV, más tarde en el Liceo Luis el Grande y en la Escuela francesa de Roma. Años después,  fue profesor de Historia de la Música en la Sorbona y profesor de Historia en la Escuela Normal Superior. Pacifista convencido se exilió en Suiza.  En 1915 fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura y en 1922 fundó la revista Europe. En 1935, por invitación de su amigo Gorki, visitó Moscú, donde conoció a Stalin. En 1937 regresó a Vézelay, que fue ocupada por los alemanes en 1940. Durante la ocupación nazi vivió en la más  absoluta soledad.

 

Rolland comenzó su carrera literaria con el teatro, dedicándose al tema de la Revolución: Los lobos (1898), basada en el caso Dreyfuss, Danton (1900) y El 14 de julio (1902). Veinte años después volverá al mismo tema con El juego del amor y de la muerte (1925) y Robespierre (1939). Entre 1904 y 1912, siendo profesor de Historia en la Sorbona,    escribíó Vidas de hombres ilustres: Beethoven (1903), Miguel Ángel (1906), Haendel (1910) y Tolstoi (1911). Sin embargo, encontraría la fama, sobre todo, en la novela. En el período 1903-1912 publicó los diez volúmenes de su obra Jean Christophe, representación de la novela cíclica en Francia. En ella narra la vida de un gran músico alemán, ejemplo de generosidad y de amor fraterno. La obra obtuvo el Gran Premio de la Academia francesa en 1913. Al comienzo de la guerra mundial, desde Suiza, escribió una serie artículos contra la guerra, que fueron publicados en 1916, con el título de Por encima del conflicto (Au-dessus de la mêlée). En 1919 publicó una novela llena de humor, Colas Breugnon a la que siguió la serie de novelas políticas que lleva por título El alma encantada (1922-1933).

 

Romain Rolland fue un héroe de la paz. Y como dijo el escritor francés: “Un héroe es todo aquel que hace lo que puede”.

 

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Paz, queramos paz.


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Gracias

 

 

Daudet por Arias Solis Francisco

 

ALPHONSE DAUDET
(1840-1897)

 

 

“Allí no se veía un solo árbol del país, ni una sola flor francesa,

 todas eran plantas exóticas, árboles de goma, algodonero,

 bananos, cocoteros, palmeras, cactus y otros, pudiendo hacerse

 cualquiera la ilusión, al entrar en aquel recinto, que se estaba

 en plena África y a miles de leguas de Tarascón.”.

Alphonse Daudet.

 

 

LA VOZ DE UN PENETRANTE OBSERVADOR

 

Todo lo que tenía o quiso tener de científico Zola, lo tuvo de artista Daudet, que iba recibiendo y copiando cuidadosamente en su álbum de croquis y apuntes las impresiones de la realidad. No era hombre de grandes teorías: la mejor y más sencilla para él fue que el procedimiento para escribir una buena novela era empezar por vivirla. Ejemplo de ello, El poquita cosa, una especie de autobiografía, con mucho, también, de la vida del mismo Daudet en sus demás obras, leídas con encanto por los jóvenes de fines del siglo XIX.

 

Escritor de la Provenza, región que con sus características y paisajes aparece con frecuencia en sus obras. También influyó en su peculiar forma de escribir. Plasmó en sus novelas sus impresiones y sensaciones, pero sin amargura; aun cuando describe la miseria de ciertos ambientes, los rodea de poesía. En conjunto, Daudet es un autor simpático, notable por su viva y ligera expresión, por ser un penetrante observador. Ingenioso unas veces, otra patético, es realista fácil y documentado sin alardes de precisión; sobresale como Dickens, en las pinturas de niños del pueblo y de las vidas angostas y sin alegría. Su arte, nervioso y vibrante, es más agradable que profundo; usa de procedimientos un tanto fáciles, trata de conmover al lector valiéndose de expedientes demasiados directos, pero es vigorosamente simpático y humano.

 

Alphonse Daudet nace en Nimes el 13 de mayo de 1840 y muere en París el 16 de diciembre de 1897. Su infancia transcurre en Provenza. Cursa sus estudios secundarios en Lyon. Tras la ruina de sus padres, abandona los estudios y se traslada a París a la edad de diecisiete años en compañía de su hermano mayor, Ernest. Ambos estuvieron un tiempo al servicio del duque de Morny, director de Le Figaro. Fue miembro de la Academia Goncourt (1874-1880).

 

Su carrera de escritor se inicia con la publicación del poemario Las enamoradas (1858), que le da cierta notoriedad y le abre las puertas de diversos periódicos y revistas culturales. Su infancia en Provenza es evocada en los  célebres cuentos reunidos en Cartas desde mi molino (1866), tema que retomará en la novela El poquita cosa (1868), así como en la trilogía narrativa Tartarín de Tarascón (1872) llena de humor y poesía y una de sus obras más internacionales, Tartarín en los Alpes (1885) y Puerto Tarascón (1890). Incursiona en el teatro con dramas como La arlesiana (1872), cuyo argumento extrae de uno de los relatos de Cartas desde mi molino, y que posteriormente inmortalizaría Bizet en una pieza musical. Influido por el realismo y el naturalismo de la época, edulcorados por una delicada sensibilidad y un equilibrado dominio de la fantasía, escribió varias novelas: Fromont el joven y Risler el mayor (1874), sobre el mundo del comercio y de la industria en un ambiente parisino, Jack (1876), El nabab (1877), centrada en la figura del duque de Morny, Numa Roumestan (1880), Safo (1884) y El inmortal (1888), sobre el mundo académico. Los  Cuentos del lunes (1873), en los que rememora sus experiencias durante el sitio de París por parte de las tropas prusianas, completan su producción narrativa. En 1888 vieron la luz sus libros de memorias Treinta años de París y Recuerdos de un hombre de letras. Y como dijo el penetrante observador francés: “Los hombres envejecen, pero no maduran”.

 

Francisco Arias Solis
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La fórmula salvadora es paz, libertad y justicia.


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Beaumarchais por Arias Solis Francisco

 

PIERRE AUGUSTIN CARON DE BEAUMARCHAIS

(1732-1799)

 

“Yo me río de todas las cosas

por miedo a verme obligado a llorar.”

Beaumarchais.

 

LA VOZ DEL CREADOR DE FIGARO

 

De Beaumarchais puede decirse que es uno de los pocos autores franceses del siglo XVIII que se leen y releen con gusto, sean los que fueran los defectos que éste tenga. Dos obras maestras han bastado para mantener constantemente su gloria y ambas se las debe a España, donde estuvo atendiendo negocios de carácter muy práctico, al mismo tiempo que resolvía otros que afectaban al honor de su hermana. En la vida aventurera de Beaumarchais se mezcla todo, empresas comerciales, financieras, políticas y literarias, como se confundía lo malo con lo bueno. No fue verdadero y exclusivo literato; le importó poco que lo que escribía lo inventara él o lo hallara en predecesores a quienes disfrazaba muy bien para que no se les reconociera; pero así y todo, muy alegre, muy despreocupado, como quien juega en sus ratos de ocio, creó unos cuantos tipos que no se olvidan. Como hombre, el especulador, el millonario, el diplomático, el intrigante, amigo y secretario de Luis XVI, ha sido juzgado con extrema severidad en su propio país, y lo menos que de él ha dicho alguien es que su desvergüenza no tiene límites, aunque acaso valiera él más que su detestable reputación, como a un barbero de Sevilla le ocurría, aquel barbero en que se supone que se retrató a sí mismo.

 

Pierre Augustin Caron de Beaumarchais nace en París el 24 de enero de 1732 y muere en la capital francesa el 18 de mayo de 1799. Hijo de un relojero, inició su vida dedicándose a este oficio, que posteriormente abandonó. En 1756 contrae matrimonio con Madelaine-Catherine Aubertin, viuda Franquet, mayor que él, y añadió a su nombre el de Beaumarchais, perteneciente a una propiedad de su esposa, quien murió un año después. A los treinta años era ya escudero y consejero real. Socio del más importante banquero de su tiempo París Duverney, sus negocios le llevaron, entre otras actividades, a proveer a las tropas españolas, traficar con esclavos para las colonias, construir carreteras y naves, convencer al rey y sus ministros de la necesidad de apoyar la insurrección estadounidense y editar obras de Voltaire. Se volvió a casar en 1768 con Geneviéve-Madeleine Wattebled, viuda de Lévêque, que murió dos años más tarde, dejando una importante fortuna. En 1786, se casa de nuevo con Marie Thérése de Willer-Mawlas. Realizó misiones secretas para Luis XV y Luis XVI. Fundador en 1777 de la Sociedad de autores y compositores dramáticos, obtuvo durante la Revolución francesa el reconocimiento de los derechos de autor. Fue nombrado miembro provisional de la Comuna de París. En 1789 los revolucionarios le consideraron sospechoso  y le encarcelaron en la Abadía, aunque pudo escapar del cadalso. Se exilió a Hamburgo y volvió a Francia en 1796.

 

Beaumarchais trajo consigo el mejor desarrollo de la idea, ya iniciada por Diderot, del drama, género monstruoso, como él dice en broma, colocado entre la tragedia y la comedia, sin ser una cosa ni otra, y dos alegres, célebres comedias, escritas de un modo muy personal, una de ellas, Le Mariage de Figaro, de gran trascendencia social. Es uno de los primeros golpes de aquella revolución política de la que él mismo quiso sacar partido después. Muy claro había visto Luis XVI cuando al principio se opuso a que la obra se representara, diciendo: “Este hombre se burla de cuanto hay que respetar en un gobierno”. Sin embargo, al fin, la familia real transigió con aquella obra juzgada como subversiva e inmoral, y nada más elocuente que el dato  de que, en una de las representaciones privadas de El barbero de Sevilla, la reina no se negara a aceptar el papel de Rosina. Beaumarchais había triunfado a fuerza de habilidad, de paciencia y de intrigas en la corte, la cual impuso su voluntad al rey.

 

Su primera comedia, Eugenia  (1767), está inspirada en un viaje que hizo a España para vengar el honor de su hermana, poco años después publicó el drama Los dos amigos (1770). Sus obras teatrales El barbero de Sevilla (1775) y Las bodas de Fígaro (1784) gozaron de gran éxito, que se vio acrecentado al inspirar a Rossini  y a Mozart, respectivamente, sendas óperas famosas. Pasó de la sátira tradicional  en El barbero a la sátira social y política de Fígaro (el lacayo triunfa sobre el amo), anunciando las ideas de la Revolución. A estas dos obras aún seguiría una tercera parte La madre culpable (1792), cuyo tono desengañado se corresponde con la situación creada por la Revolución.  Escribió también Memorias (1773-1774), brillante sátira social. Y como dijo el dramaturgo francés: “No mires nunca de donde vienes, sino a donde vas”.

 

Francisco Arias Solis
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La libertad no la tienen los que no tienen su sed.                                                           

 


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Björnson por Francisco Arias Solis

BJÖRNSTJERNE BJÖRNSON

(1832-1910)

 

“En política, la verdad debe esperar

 el momento en que todos necesiten de ella.”  

Björnstjerne Björnson.                    

 
LA VOZ DE UN ARDIENTE PROFETA

 

Noruega presenta en los últimos años del siglo XIX, dos escritores de reputación europea, cada uno en su género: Björnson en la novela,  y su consuegro Ibsen en el drama. Ambos fueron directores del teatro Nacional de Bergen. Ibsen era por esencia un escritor de vena satírica, así como Björnson era un apóstol de instintos constructivos y un ardiente profeta.

 

Björnstjerne Björnson nació en Kvikne el 18 de diciembre de 1832 y falleció  en París el 26 de abril de 1910. Hijo de una antigua familia campesina, realizó sus primeros estudios en Molde. Participó como ardiente republicano en la Revolución de 1848. Después de matricularse en la Universidad de Cristianía  el año 1852, comenzó su vida de escritor como crítico dramático en la prensa. Perteneciente a un ambiente de gran cultura, fue un polémico periodista en defensa del humanitarismo y de las universidades populares. Estuvo a la cabeza del separatismo noruego que propugnaba la escisión de suecos y daneses. Fue director del  teatro Bergen (1857-1859) y del de Cristianía (1865-1867), y fundó en esta última ciudad uno propio. Viajó tres años  por Europa (1860-1863), durante los cuales “vio muchas ciudades y muchos hombres”, principalmente de Alemania. Como político –y sus opiniones en este orden le llevaron a un destierro temporal voluntario (de 1873 a 1876), y más tarde a otro obligatorio para evitar las consecuencias de una acusación de alta traición- como lector, como conferenciante, como orador, ofrecía una mezcla feliz de atractiva apariencia física y de gran elocuencia; pero aunque de temperamento muy fogoso, nada tenía de fanático intransigente. Después de cincuenta y un años de vivir entregado a una continua actividad literaria, en 1903 le fue concedido el Premio Nobel de Literatura.

           

Se inició en la literatura con el relato rural Synnove Sobakken (1858), que exaltaba la belleza de los paisajes noruegos y, que, aparte de sus producciones poéticas y dramáticas, le valió el reconocimiento de su mérito por la crítica europea,  y con los dramas Hulta la coja (1858) y Entre batallas (1858), de inspiración romántica, a los que siguieron El rey Sverre (1861) y la célebre trilogía Sigurd Slembe  o sea de Sigurd el bastardo (1862), basada en la historia noruega.

 

Hasta aquí Björnson se había mostrado fiel a los principios del cristianismo. En comparación de Ibsen, parecía cubrirse con el manto de los profetas del Antiguo Testamento, y su figura se yergue como la de un fogoso político, un brillante educador y un guía que usa un lenguaje directo, de telegráfica concisión. Se constituyó él mismo en “la conciencia del Norte”  y como todo buen pensador cuyos puntos de mira son adaptados y suavizados por nuevas experiencias de la vida, no dudó en proclamar una rectificación de los suyos que iba a parar en que Noruega debía mirar con simpatía a Alemania y lanzarse en pos de las corrientes europeas, idea originada en la lectura de la guerra de Alemania de 1870 a 1871.

 

Aunque influido por las corrientes realista y naturalista danesa, los temas históricos y el mundo rural seguirán predominando en sus obras: el extenso relato Los recién casados (1865), el drama Sigurd Jolsafar (1872), inspirado en una antigua saga, y el vigoroso poema épico Arnljot Gelline (1870). Durante este periodo compuso los versos recogidos en Poemas y cantos (1870), libro por el que fue nombrado poeta nacional y que inspiraría posteriormente la letra del himno nacional noruego “Sí, amamos esta tierra”.

 

De 1873 a 1875 vivió en Italia, donde escribió los dos dramas burgueses que le darían a conocer internacionalmente: La bancarrota (1875), en el que ataca la hipocresía latente en la moral del mundo de los negocios, y El redactor (1875), donde puso en la picota a los potentados de la prensa y a los directores de periódicos al servicio  de ciegos fanatismos. Las ideas del danés Georg Brandes y de Ibsen, centradas fundamentalmente en los problemas sociales, políticos y éticos, influirán decisivamente en las próximas obras de Björnson, entre las que cabe mencionar, los dramas El rey (1879) y Leonarda (1879) y la novela realista Magnhild (1879). En 1883 apareció la primera parte de su tragedia social Más allá de las fuerzas humanas, para muchos su mejor obra, y cuya segunda parte data de 1895. De su restante producción destacan El guante (1884), drama en el que se revela contra la falsa moral de los matrimonios de conveniencia, Amor y geografía (1885); Las voces de Dios (1889),  Paul Lange y Tora Parsborg (1898), inspirado en el suicidio de un amigo, y la comedia Cuando florece la vid (1909), escrita poco tiempo antes de morir.

 

En la totalidad de la obra de Björnson se recoge la esencia del carácter y las costumbres noruegas. La clasificación de Björson puede hacerse fácilmente: es un utilitario, un moralista, un maestro que enseña. En él, el estilo está subordinado a la idea. Y la idea es diáfana. Consiste en que no debemos aspirar más que a lo estrictamente asequible, porque ya la evolución cuidará de ensanchar firmemente su área de acción. La razón, no la fe, lo experimental, no lo revelado, es el círculo dentro del cual él, al fin y al cabo, vive, se mueve y halla su razón de ser. Y como dijo este ardiente profeta: “A veces, el silencio  es el mejor orgullo que se puede mostrar”.

 

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La peor paz es mejor que la mejor guerra.

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Hoffmann por Francisco Arias Solis

ERNST THEODOR AMADEUS HOFFMANN

(1776-1822)

 

“La música comienza donde acaba el lenguaje.”

E. T .A.  Hoffmann.

 

LA VOZ DE LOS CUENTOS FANTÁSTICOS

 

Ernst T. A. Hoffmann es autor de cuentos cuya reputación acaso se haya conservado más en el extranjero que en Alemania, su propio país. A los románticos franceses fue aquello debido principalmente, pues vieron en  su originalidad y en sus fantasías a uno de los suyos, del cual podía sacarse partido. Les aportaba un elemento útil: lo raro, lo fantástico, lo que parecería a veces, confinar con la locura, al lado del sencillo, ingenuo y bonachón idealismo alemán de las noches de luna pasadas entre suspiros y lágrimas o entre alborotadas expansiones en que el alcoholismo tenía una gran parte, cuando no le daba por ser tétrico y terrible. Y esto son los cuentos de Hoffmann; tan pronto una narración color de rosa, con tipos y diálogos de un idealismo soñador completamente imposible, como un relato delirante que amontona impresiones cuyo único propósito parece ser producir en los lectores de buena fe escalofríos de terror, junto con una curiosidad constantemente excitada por las aventuras. Ya hoy no lo consigue tan fácilmente, pero sí parece haberlo logrado de sus contemporáneos, mientras el ría mefistofélicamente, y aumentaba con un vaso más sus delirios, a modo de lo que hizo Edgar Allan Poe, y como él lo pagó con una muerte prematura. Tenía un fondo de poeta sutil e ingenioso y de narrador que unas veces sabía interesar verdaderamente, y otras era lento, inverosímil, y acababa por hacerse pesado. Por su predominio de la fantasía y cierto carácter morboso y sentimental,  se considera como uno de los precursores del romanticismo.

 

En su obra total se ve la influencia de países extranjeros y de sus literaturas, de los cuentistas italianos y de los novelistas españoles, y él mismo cita a Cervantes, a Calderón, a quien llama suyo, y aun a un poeta no demasiado conocido como Arriaza, de quien copia en castellano versos que parecen entusiasmarle tanto como a sus contemporáneos de España. Uno de los cuentos de este autor alemán nos narra las últimas aventuras del perro Berganza, que le sirven para aplicar la sátira cervántica a su país.

 

Ernst Theodor Amadeus Hoffmann nace en Königsberg el 24 de enero de 1776. Hijo de un abogado aunque tras la separación de sus padres en 1778 se crió con la familia de su madre. Abogado de profesión, fue también director artístico de teatro, decorador, dibujante, crítico y, sobre todo, compositor musical y director de orquesta. Su admiración  por Wolgang Amadeus Mozart le llevó a cambiar su tercer nombre Wilhelm, por Amadeus. Compuso varias piezas para piano, lieder, sinfonías, obras religiosas y óperas (Ondina, 1816). En 1814 volvió a la administración civil prusiana en Berlín y ejerció como juez hasta su muerte, ocurrida el 25 de junio de 1822.

 

Sus novelas y narraciones son de carácter romántico: el autor mezcla la realidad con la fantasía, presentándonos un mundo en que los objetos se metamorfosean en personas y éstas en objetos. Domina el tono irónico y grotesco, en un ambiente de angustia y de terror, consecuencia de las contradicciones entre el espíritu y la vida. Para él la literatura es ante todo misterio –en este sentido influye en escritores como Baudelaire-. Donde más destacó su gran personalidad fue con sus cuentos fantásticos en los que se mezclan el misterio y el horror, que han alcanzado fama universal. En ellos crea una atmósfera de pesadilla alucinante en ocasiones, tocando temas como el desdoblamiento de la personalidad, la locura y el mundo de los sueños. Ejerció gran influencia en particular en Victor Hugo, Edgar Allan Poe y el primer Dovstoievski. Entre su producción literaria merecen destacarse; Fantasías a la manera de Callot  (1814-1815), Los elixires del diablo (1815), novela popularizada por la ópera de Offenbach Los cuentos de Hoffmann, Horas nocturnas (1817), Los hermanos Serapión (1819-1821), Las opiniones del gato Murr sobre la vida (1820-1822), en las que el protagonista, trasunto animal del autor, cuenta su juventud,  y La princesa Brambilla (1821). Y como dijo el autor alemán en uno de sus cuentos: “Bien sabes lo que pienso acerca de las historias de fantasmas, bien sabes que estoy en contra de todos los visionarios”.

 

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