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Francisco Arias Solís

EUROPA POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

EUROPA
 “Creíamos en las sirenas que cantan entre las olas.Sus cantos nada nos dieron ni ayer ni ahora.”

Rafael Alberti.

 
LA GRAN COARTADA PARA CUALQUIER DESMAN
 

Creen algunos que la política económica elegida hace algunos años  con el objetivo prioritario de maximizar la tasa de crecimiento del PIB y, por ende, de facilitar la extensión del mercado a todos los ámbitos de la vida cotidiana, es la única posible, que curiosamente coincide con la recomendada por el Fondo Monetario Internacional. Pero se hizo y se intenta seguir haciendo lo que se tenía que hacer, es decir, modernizar la economía española, asimilando modernizar a europeizar. Europa, es la gran palabra y la gran coartada para cualquier desmán.

 

Había que integrarse plenamente en Europa, ser como el resto de los países de la Unión Europea. Y, claro, como nos llevaban gran ventaja, el proceso tuvo que ser tremendamente acelerado. Afortunadamente, el actual Gobierno español se lo encontró casi acabado. Pese a ello  nuestro país sigue estando prácticamente  en la misma posición relativa en términos de PIB “per cápita” hoy que hace treinta años, ocupando el lugar 21 entre los 24 países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), habiendo experimentado incluso un retroceso con los gobiernos del PP.   Por ello tampoco al inicio del nuevo milenio se puede bajar la guardia ya que todavía queda mucho por modernizar, todo lo que tienen “ellos” vendrá en el futuro, ahora la tarea urgente es “aumentar la productividad”, crear riqueza. Y, para ello, nada mejor, que continúe actuando el mercado que es el que sabe de eso.

 

Pero ¿había una política económica alternativa? Sí la había y la hay. Con algo más de imaginación, incluso, la desventaja de salida inicial podía haberse transformado en ventaja, pues no existe razón ineludible para que este país tenga que “copiar” al pie de la letra lo que los hermanos mayores de la Unión Europea han hecho.

 

Cuando España, con el estreno de la democracia, ascendió a Primera División, los nuevos dirigentes que estaban con ganas de remediar la situación heredada, se pusieron con fervor a proponer soluciones, también, las de siempre: despedir a parte de las plantillas, eliminar el exceso de distribución a favor de los salarios, flexibilizar el mercado de trabajo y disminuir el control del Sector Público sobre la economía. Algunos opinan que esa política ha sido un éxito, la economía marcha mucho mejor, y otros, no paran de felicitar por lo bien que se están aplicando “sus” técnicas.

 

Si no se busca el aplauso, de los menos, del exterior, sino el bienestar de los más del interior, ¿por qué no una política de expansión de bienes públicos? ¿Por qué no una política de clara reducción de la jornada de trabajo y de su reparto, de modo que se acabara antes con el desempleo? Con ésta y otros tipos de políticas que se pueden diseñar, no habría que tener tanto pánico de hacer algo diferente en nuestro país.

 

Nadie duda de que no fuera necesario un cambio en la estructura económica española y nunca serán pocas las gracias que hay que dar a la modernización, pero también hay que tener en cuenta que la voracidad del mercado no conoce límites y que todo lo devora, incluso aquello que es valioso y potencia la libertad y el bienestar de la gente.

 

Formar parte del grupo de países desarrollados es buena cosa pues no tiene ninguna gracia el ser uno de los países subdesarrollados. Y, sin embargo, siempre hay un sin embargo, se ha constatado un forma de pobreza moderna que la padecen los ricos y los pobres en los países desarrollados, menos, como siempre, los primeros. Tal pobreza, viene asociada curiosamente a la proliferación de bienes.

 La pauta siempre es la misma: el crecimiento económico fundado en la expansión del mercado sin ningún tipo de control inevitablemente genera problemas, a los que también inevitablemente, encuentra una “feliz” solución que siempre consiste en extender aún más su ámbito de actuación. Y si ésta, es una descripción acertada de cómo se produce el crecimiento económico cuando se le deja al mercado que ejerza el papel rector, ¿no suenan los resultados conseguidos a las victorias que conseguía aquel Pirro, rey de Epiro? ¿Seguirán nuestros dirigentes malgastando sus fuerzas en conseguir penosamente aquéllo que ya teníamos? Y es que, como dijo el poeta: “Y fue de mal en peor / cuando engañosamente me decías: / que todo iba mejor”.  

Francisco Arias Solis
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El futuro se gana, ganando la libertad.

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FEDERICO MUELAS POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

  FEDERICO MUELAS (1910-1974) “Cuenca, en volandas de celestes pradosde peldaño en peldaño fugitiva. Gallarda entraña de cristal que azoresen piedra guardan, mientras plisa el vientode tu chopo el audaz escalofrío.¡Cuenca, cristalizada en mis amores! Hilván dorado al aire del lamento.Cuenca, cierta y soñada, en cielo y río.”

 Federico Muelas.

 
LA VOZ DEL CANTOR DE CUENCA
 

No hay una hojita siquiera, de la arboleda de las Hoces conquenses, que no tiemble al recordar las voz del cantor de Cuenca. Canto que se repite sin cesar entre la piedra y el cielo de su alta y honda Cuenca, la espera y esperanza de su vida en perpetuo estado de gracia poética. Federico Muelas decía: “Venero a la tierra donde nací: Cuenca”. Apenas esto, es la breve antología de su gran obra poética y siempre escribe con inicial minúscula la palabra poeta. “Cada día me siento más impotente -escribía Federico- para saber lo que es la poesía y para precisar los caminos por donde vamos a ella”.

 

Federico Muelas nació en Cuenca en 1910. “Soy escritor y poeta -nos decía Federico-. También tengo las licenciaturas de Farmacia y Derecho y estudios incompletos en otras disciplinas. Periodista, frecuentador de estudios de radio y televisión, lector de locuras y razones y coleccionador de papeles. Me gusta andar caminos a trasmano y dialogar con quienes nadie habla. Tengo amigos que no me envidian y sé algunas cosillas raras que me hacen feliz. No sé ganar dinero”. Pero, especialmente, vivió enamorado de Cuenca hasta su muerte, acontecida el 25 de noviembre de 1974.  Publica algunos libros: Aurora de voces altas, Vuelo y firmeza, Rodando en tu silencio, Cantando entre cielo y sangre, Llanto en el umbral, Juglaría, Postigo de la sombra, Ardiente huída, El libro de las arengas, Los míos. Fue el fundador de la revista literaria El Bergantín y el fundador de la Asociación Española de Farmacéuticos de las Letras y las Artes, de la que fue su primer presidente. Para Federico, el auténtico boticario tiene que llevar la poesía dentro de sí mismo.

 

Muelas es el poeta de los villancicos y un enamorado de misterio de la Navidad. En cierta ocasión, en un convento de Madrid, pronunció el Pregón de la Navidad. Tanto se entusiasmó el poeta conquense, que se extendió mucho más de lo debido. Al siguiente año, otro poeta, para recordar al pregonero del año anterior le dedicó esta cuarteta: “En el portal de Belén / habló Federico Muelas. / Al terminar, las pastoras / eran ya todas abuelas”.

 

Sería muy difícil situar a Federico Muelas en el cuadro de nuestra lírica. Le da lo mismo parecerse a Lope que a Salinas, a su compañeros de generación que ser un juglar para la ocasión del villancico. Muelas domina el verbo, la expresión y la forma. Recientemente se han reunido, bajo el título de Poesía secreta, los libros Ardiente huida y El libro de las arengas. “Escritos ambos en los años cincuenta - escribe Carlos Morales en la introducción-, comparecen, en primer lugar, como la principal prueba de cargo de la tan discutida aproximación del lírico conquense a las vanguardias del surrealismo, aspecto en un caso único en el contexto de la generación del 36, que en el que habitualmente ha sido ubicado por la historiagrafía literaria contemporánea”.

 

Siendo un enamorado de las reboticas, por ser fuente de diálogos y conversaciones, donde se vertieran las frases más ingeniosas, autorizadas o agudas, en aquel ambiente del brasero y mesa de camilla mantuvo una tertulia que denominó “el Ateneo”, a la que acudían en grata convivencia los escritores y poetas españoles de más significación, entre ellos García Nieto, Cela, Toral, Sánchez Maza, etc.

 

El poeta se encontraba allí donde hubiese que ser amigo de algo o de alguien, como lo demuestra el hecho de figurar como amigo de las campanas, habiéndose fotografiado debajo de una de descomunal tamaño justo con otros compañeros que se habían encaramado también en lo alto de un campanario.

 

Su poesía se siente hermana de toda poesía verdadera, sin otras pretensiones que las de la autenticidad con que cada verso fue escrito, vivido íntegramente, pensado en el momento justo de su necesidad para el poeta.

 

Su soneto de piedra a Cuenca no tiene que envidiar al soneto de mármol de Córdoba de Góngora. La Cuenca del soneto de Muelas es “aventura de cielos despeñados”. El amor a Cuenca inspiró su poesía y Cuenca es en buena parte una invención suya para la gente capaz de sentir calofrío -¡qué palabra tan suya es calofrío!- ante la contemplación de las románticas Hoces que dan realce a una ciudad encantada, con casas durmiendo en el aire, hechas de piedra y de nubes. Y como dijo el poeta: “¡Cuenca,  cristalizada en mis amores!”

 

Francisco Arias Solis
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La peor paz es mejor que la mejor guerra.

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PENSANDO EN CADIZ POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

PENSANDO EN CADIZ
 “¿Cómo no pensar en ti, siempre en ti, desde aquí, Cádiz?Rafael Alberti. 
UNA MAGNIFICA CIUDAD DE VERANO
 

Otro verano está a punto de concluir. Verano y Cádiz, son palabras que una buena propaganda debiera haber unido, en beneficio del turismo que por benignidad nos pertenece.

 

Es triste reconocer que los gaditanos no llevamos impreso en nuestro espíritu el afán de obligarnos por nuestra ciudad, el ferviente deseo de superación que en otras poblaciones han ungido el milagro de su crecimiento poderoso. Y lo que es más triste, casi todo, lo que hoy tiene nuestra ciudad, lo debe más que al esfuerzo tenaz de los gaditanos, a la gratuita donación de la naturaleza que puso en nuestra tierra suavidad en su clima y abrió su alma marina a todos los vientos.

 

Cádiz, hija pródiga de la naturaleza tiene que comprender un día que en su papel en el turismo nacional y mundial, ha estado y sigue lamentablemente abandonada. Y Cádiz, necesita vivir y activar sus medios de vida y tiene una magnífica cantera por explotar. El turismo. Nuestra ciudad tiene un clima que por si solo constituye una atracción poderosa; la tibia caricia de su clima enervante y acogedor invita al descanso. Cádiz tiene en su antiguo casco urbano una situación de privilegio, abierta a la perspectiva azul de nuestra Bahía, con una costa llena de rincones pintorescos donde recrear y satisfacer al turista más exigente. Una ciudad a la que la naturaleza se lo brindó todo y que con el esfuerzo de los gaditanos volvería a ser espejo de ciudades prósperas y agradables.

 

Como toda la población que quiera excavar con éxito la cantera del turismo, tiene que objetivar sus problemas en una forma más amplia, más moderna, más audaz, si se permite el adjetivo, que cualquier capital de provincia, reducida a sus problemas urbanos y económicos.

 

Cádiz necesita inyectar su presupuesto con el dinero que brinda el turismo, pero necesita, por anticipado, prepararse para acoger y para retener ese turismo que nos disputan poblaciones de clima más agrio, pero de más atractivo artificial y de más comodidades.

 

En Cádiz, hasta el día de hoy, se ha hecho bien poco por el turismo. Mucha es la labor por hacer. Pero todo puede conseguirse si preside una buena voluntad, y no cabe duda que las iniciativas que desarrollen la compenetración entre la capital y los restantes municipios de la Bahía, beneficiaría al conjunto de los vecinos de la Bahía. No obstante, la puesta en marcha de esta idea impone que los organismos oficiales sientan sobre sí la obligación de preocuparse cada día con más intensidad de los problemas que afectan a toda la Bahía de Cádiz, que al inicio de un nuevo  milenio, carece de la infraestructura que requiere un turismo de calidad.

 

La mejora de la infraestructura significaría de momento por la mano de obra que necesitaría, un alivio a la crisis de trabajo y a la depauperación económica que padecemos, mejora que en cierto tiempo traería a la Bahía, una población de turismo de calidad que es, realmente, el que genera empleo.

 Han pasado  siete veranos desde que se abrió la puerta del nuevo milenio y por el hecho de estar en Europa, nada nos vendrá hecho ni se nos dará por añadidura. Cualquier cosa, cualquier mejora social, cualquier beneficio hay que ganárselo. El turismo, es un eslabón importante para el progreso de esta tierra nuestra indolente y confiada en sus recursos que hace mucho que olvidó lo que fue y cuanto podría alcanzar nuevamente con el esfuerzo y la solidaridad de todos los ciudadanos. Y como dijo el poeta: “¡Y Cádiz, la danzarina, / baila desnuda en la playa, / más blanca en sus desnudeces / que las espumas más blancas!”   

Francisco Arias Solis
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Siempre podemos hacer algo por la paz y la libertad.

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HONORE DE BALZAC POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

 HONORE DE BALZAC(TOURS, 1799 - PARIS, 1850) “La primera idea de la comedia humana me vino primero como un sueño, como uno de esos proyectos imposibles que se acarician, y luego se dejan escapar: una quimera sonriente que muestra su rostro de mujer para abrir las alas en seguida y escapar volando a los más fantásticos cielos. Más esta quimera, como muchas quimeras, se hizo realidad y llegó a imponérseme con una tiranía a la que no tuve más remedio que ceder.”

Honoré de Balzac.

 
LA VOZ DE UNA QUIMERICA IDEA
 La novela, para Balzac, se genera en el tiempo como construcción laberíntica de la historia viva de los hombres: de sus costumbres, ante todo: de sus ideas sobre todo. Balzac llegó a dejarnos esbozada una novela cuyo título estupendo era éste: La vida y aventuras de una idea. Todo el inmenso mundo novelesco balzaciano, formado por más de noventa novelas, ordenadas en tres conjuntos ideales por su mismo autor: estudios de costumbres, estudios filosóficos, estudios analíticos, construyen ese universo ideal que puede llamarse totalmente: La vida y aventuras de una idea. Fue esta idea de Balzac verdaderamente diabólica. Por eso aquel joven periodista inglés -Henry Reed- que, al visitarle en 1835, le sugirió probablemente, el título totalizador de La comedia humana, se decía para sus adentros que era aquella idea de Balzac: tutta diabolica, y la llamaba para sí: la comedia diabólica del Señor Balzac. 

Esta primera idea, esta quimérica idea, de la que nos habla en 1842, al prologar con el título de La comedia humana el primer conjunto de su publicación, nos dice Balzac que le vino de la comparación entre la humanidad y la animalidad.

 

“El animal es un principio -resume Balzac- que toma su forma exterior, o para decirlo más exactamente, las diferencias de su forma, según el medio en el cual ha tenido que desarrollarse”.

 

El animal es un principio, luego el animal es una idea. De donde la idea puede resultar singularmente convertida en un animal, en un ser animal o animado. Así comprenderemos como una idea puede tener vida y aventuras para Balzac: vida y aventuras quiméricas; así comprenderemos como una quimera se realiza. El quimérico monstruo con rostro de mujer que miraba a Balzac sonriéndole, para escapársele volando a los más fantásticos cielos, se dejó alcanzar de la mano del novelista, de la poderosa mano del hombre que lo aprisionaba acariciándolo. Con un simple esquema sistemático, el gigante esfuerzo imaginativo de Balzac levantó el andamiaje de toda la novelería moderna.

 

Honoré de Balzac nació en Tours, el 20 de mayo de 1799. Vive de niño en un ambiente frío y desarraigado en el seno de una familia de la pequeña burguesía. Realizó los estudios primarios en el internado de Vendôme. Se traslada a París, para cursar la carrera de leyes en la Sorbona. En 1820 escribió la tragedia en verso Cromwel, que resultó un fracaso y nunca llegó a representarse, después de lo cual decidió dedicarse al periodismo como modo de subsistencia. Acuciado por las deudas escribe hasta el agotamiento. Sólo a partir de 1829 le sonríe el éxito y la popularidad. Tras haber publicado varias novelas románticas firmadas bajo diversos seudónimos y sin demasiado éxito, fue su novela histórica El último Chuan (1829), primera en aparecer con su verdadero nombre, la que le dio a conocer, logrando consolidar su fama gracias al escándalo que suscitó su libro de ensayos Fisiología del matrimonio (1830). A partir de ese momento, y hasta casi su muerte, ocurrida en París el 18 de agosto de 1850, escribió unas ochenta novelas, algunas de las cuales decidió englobar, a partir de 1848, bajo el título La comedia humana. En este ambicioso proyecto incluyó, bajo el epígrafe de Estudios de costumbres del siglo XIX, su célebre serie de “Escenas” -Escenas de la vida privada, Escenas de la vida en provincia, Escenas de la vida militar, Escenas de la vida en el campo, Escenas de la vida parisina, Escenas de la vida política (inacabada)- en las que retrata con precisión y extraordinaria penetración psicológica la sociedad francesa de la época de la Restauración.

 

Balzac es un narrador que, por su estilo y espíritu, encaja al final del romanticismo y como precedente del realismo de la última parte del siglo XIX. Su originalidad reside en el intento de realizar la novela absoluta reproduciendo todos los ambientes, tanto el rural como el provincial o el de la alta burguesía de París, con una minuciosidad y una exactitud científica. Destaca como creador de caracteres y por su conocimiento de la psicología de la mujer. Sus obras más conocidas son: La piel de zapa, Cuentos libertinos, El coronel Chabert, El cura de Tours, El médico de aldea, Eugenia Grandet, una de las novelas más célebres, en la que trata el sufrimiento y las mezquindades del avaro Grandet, Papá Goriot, para muchos su novela más completa, sobre un hombre de origen humilde que sacrifica todo por unas hijas que se avergüenzan de él y le explotan, La búsqueda de lo absoluto, sobre un personaje centrado hasta tal punto en sus investigaciones que olvida sus obligaciones familiares, Las ilusiones perdidas, Un proceso tenebroso, Una mujer de treinta años y La prima Bette, sobre la pariente pobre, envidiosa de los que la acogen.

 

El costumbrista espejismo de la vida humana, el psicologista estudio o análisis de las motivaciones que entrañan la actividad social, el historicista propósito de desentrañar de todo ello la generación real de las ideas, he aquí los tres principios científicos del genial novelista Balzac. Fácilmente comprenderemos hoy que con tan ridículas trampas diabólicas no se cazan monstruos novelescos. Pero su enumeración nos señala muy claramente el origen de la generación y de la corrupción en el tiempo de este admirable mundo balzaciano: vivo mundo de la más auténtica novelería.

 Francisco Arias Solis
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Será vano el intento de humanizar las guerras. Lo humano es evitarlas.


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LA MENDICIDAD POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

 

LA MENDICIDAD
 “Pidiendo y pidiendo voy.No dejen para mañana lo que puedan darme hoy.”

Rafael Alberti.

 
HAY QUE ACABAR ANTES CON LA POBREZA
 

Algunos alcaldes tratan de acabar con una de las pocas profesiones liberales que todavía quedan en España: la mendicidad.

 

-No es posible salir a la calle -se dice- sin que, inmediatamente, le asalte a uno un enjambre de mendigos. Es vergonzoso. ¿Qué dirán los extranjeros?

 

Los extranjeros no dicen nada. El mendigo español les encanta, y muchos vienen exclusivamente a verlo. En otros países europeos no hay realmente mendicidad. Para mendigar es preciso tocar el violín, la ocarina o el acordeón, cantar romanzas, bailar o hacer juegos malabares. Sólo España ha independizado a la mendicidad de las otras artes y sólo el mendigo español llega al corazón del público sin el concurso de musas extrañas. En otros países, el mendigo, como tal mendigo, no podría vivir, y tiene, por ejemplo, que ayudarse con la pintura. Aquí, en cambio, no es raro que el pintor tenga que ayudarse con la mendicidad.

 

Por lo demás, yo no veo por qué la exhibición de mendigos ha de constituir un bochorno mayor que la exhibición de millonarios. Si la pobreza es una vergüenza, la riqueza tiene forzosamente que ser otra. Si se oculta a los pobres, que se esconda también cuidadosamente a los ricos.

 

Y ésta es la propuesta que deben llevar ciertos alcaldes a los plenos municipales: asilarlos a todos, ricos y pobres, lo más lejos posibles de sus ciudades, o no asilar a ninguno. Sería idiota el que ante un parado sin prestación por desempleo, un inmigrante de los mal llamados “ilegales”, un anciano olvidado y abandonado o un discapacitado físico o psíquico carente de las más básicas prestaciones pensáramos que nuestra sociedad está muy mal organizada, y que ante el propietario de diez millones de euros la creyéramos organizada perfectamente. Los extranjeros no es fácil que incurran en semejante contradicción.

 

Si no hubiera riqueza no habría pobreza. Y si no hubiera pobreza no habría caridad, y la caridad todavía sigue considerada como uno de los sentimientos que más enaltecen a determinadas señoronas. Hay almas tan buenas, tan buenas, hay personas tan piadosas y tan caritativas, que el día en que no quedaran en el mundo pobres, la existencia les parecería baldía y desprovista de sentido. Por esto tiene la pobreza tantos partidarios.

 

Yo convengo en las excelencias de la caridad, aunque me choca un poco el que se la relegue casi exclusivamente para uso de señoras desocupadas. Y si se ha encontrado ya el procedimiento de acabar con la pobreza, y si la pobreza se conserva tan sólo para desarrollar los sentimientos caritativos en el alma de las señoras de buena posición, creo que se abusa un tanto. Los que tenemos una naturaleza poética no nos acostumbraríamos fácilmente a vivir en un mundo desprovisto de caridad, pero nos acostumbraríamos. Sería doloroso, incuestionablemente, el saber que no había caridad sobre la Tierra, pero nos acostumbraríamos pensando que ya no hacía falta ninguna.

 

Mientras no se acabe con la pobreza, hay que dejar tranquila a la mendicidad. La mendicidad es algo así como la libertad de imprenta de los pobres. Algunos dicen que hay pobres muy ricos. Puede ser. Puede ser que haya quien se las dé de pobre como hay quien se las da de rico; pero lo indudable es una cosa: que si los pobres prefieren la calle al asilo, es porque en el asilo se encuentran peor que en la calle. Que se les proponga hospedarlos en un hotel de cinco estrellas y veremos cómo ninguno protesta.

 

Me temo que con la beneficencia para los pobres pase algo de lo que pasa con la educación para los chicos. Cuando enseñamos a los chicos a no alborotar, todos pretendemos hacerlo en beneficio de ellos, y en realidad lo hacemos únicamente en beneficio propio.

 

Por lo que respecta a los pobres, la verdad es que deben mendigar y que a nosotros no nos conviene que mendiguen. Mendigando nos sacan más dinero que asilados, y nos lo sacan sin darnos, a cambio, ningún placer más que ese placer tan vago y tan relativo de hacer buenas obras. Asilados, les daríamos menos dinero y se lo daríamos asistiendo a grandes fiestas o a grandes comidas benéficas. Y si les decimos a los pobres que los asilos son muy cómodos, no es pensando en la comodidad de ellos. Los asilos de pobres, en efecto, sólo son cómodos para los ricos. Y como dijo el poeta: “Yo pido para alegrar / al niño que sólo tiene / por todo juego el llorar. /... Pido, pido, pido y pido. / Pediré estando presente / y hasta cuando me haya ido”.

 

Francisco Arias Solis
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Si quieres la paz, trabaja por la justicia.

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VELAZQUEZ POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

 

VELÁZQUEZ
(1599-1660) “La distinción le dijo ante la lámina rigurosa y exacta de un espejo: -Tengo un nombre. Me llamo...Y el pintor retrató su propia imagen.”Rafael Alberti. LA VOZ DE LA ELEGANCIA PICTORICA. La vida de Velázquez, genio universal y el más genial de nuestros pintores del Siglo de Oro, estuvo marcada por dos procesos que el artista vivió en paralelo: el humano, de constante promoción social, y el profesional, como pintor y arquitecto decorador al servicio de Felipe IV. 

De modesto origen sevillano, Velázquez fue superando las serviles barreras del oficio de pintor, aprendido junto con la preparación intelectual más sólida que podía obtenerse en Sevilla a comienzos del siglo XVII. Su maestro Francisco Pacheco no fue pintor, pero sí un discreto teórico, cuyos intereses humanistas transmitió a sus discípulos.

 

Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, fue bautizado el 6 de junio de 1599 en la parroquia de San Pedro de Sevilla, ciudad en la que había nacido pocos días antes. Con unos once años Diego Velázquez fue puesto a aprender el oficio de pintor, primero con Francisco Herrera y luego, en diciembre de 1610, en el taller de Francisco Pacheco. El 23 de abril de 1618 contrajo matrimonio con Juana de Miranda de Pacheco, hija mayor de su maestro.

 Sorprende en la obra de los primeros años la total divergencia formal y conceptual respecto al estilo de Pacheco, como si el joven pintor buscara su clientela a través de la originalidad. Desde fecha temprana se aprecia en Velázquez cierta indeterminación entre temas religiosos y bodegones, en lo que se ha dado en llamar bodegones a lo divino, de que son ejemplo Cristo en casa de Marta y María y La mulata o Cena de Emaús. En obras coetáneas, Velázquez recurre al naturalismo tenebrista, acaso ocultando algún significado alegórico relativo a los sentidos. Son entre otras Los tres músicos, Dos jóvenes comiendo y El aguador de Sevilla o Vieja friendo huevos. Más convencionales en los temas y en sus soluciones ejecutó Velázquez algunas pinturas religiosas de gran belleza, especialmente la pareja de lienzos de la Inmaculada Concepción y San Juan Bautista en Patmos, y la obra principal del género religioso del momento la Adoración de los Reyes. Velázquez emprende viaje a Madrid, en 1622, para retratar a Luis de Góngora. Antes del 30 de agosto había retratado al joven Felipe IV y el 6 de octubre obtuvo el nombramiento de Pintor del Rey. De esta etapa son una serie de retratos de Felipe IV con traje negro, del Infante D. Carlos, del Conde-Duque, así como de miembros de la administración. Las obras de composición que el Velázquez realizó en esta época sólo pueden ser enjuiciadas a través de Los borrachos o Triunfo de Baco. 

El pintor sevillano parte hacia Italia en 1629, poco después de que Rubens abandonara Madrid. En Roma, principal etapa del viaje, Velázquez contó con el apoyo del cardenal Francesco Barberini, por cuyas gestiones fue alojado en el mismo Vaticano. Apolo en la fragua de Vulcano y La túnica de José son las dos grandes pinturas fruto del primer viaje a Italia. A su regreso a Madrid el pintor inicia la serie de retratos infantiles con el retrato del Príncipe Baltasar Carlos que culmina con Las Meninas. En los primeros años de la década de 1630, pintó Velázquez cinco grandiosos retratos ecuestres de Felipe IV, su mujer Isabel de Borbón, sus padres Felipe III y Margarita de Austria, y del Príncipe Baltasar Carlos, combinando sabiamente las influencias de Rubens y Tiziano. De esta época data la Las lanzas o La rendición de Breda, probablemente la pintura de más calidad de todo el conjunto.

 

En su obra Velázquez va dando cada vez más importancia a la pincelada impresionista frente a la que describe dibujando. El misticismo más intimista surge en Cristo contemplado por el alma cristiana y el llamado Cristo de San Plácido. De este período son San Antonio abad y San Pablo ermitaño y también algunos retratos aislados, de excepcional calidad, como el llamado Silver Philip, o el del escultor Juan Martínez Montañés, o el de la enigmática Dama del abanico, o las expresiones perdidas e inquietantes de Francisco Lezcano (El niño de Vallecas), El bufón Juan Calabazas o Don Sebastián de Morra, Pablos de Valladolid y Don Cristóbal de Castañeda.

 

En su regreso a Italia, en 1648, Velázquez viajaba como Ayuda de Cámara del Rey y triunfó en la patria del arte al retratar a su esclavo Juan de Pareja, antes de efigiar al Papa Inocencio X. En lo personal y lo pictórico Italia fue para Velázquez sinónimo de libertad, lejos de las obligaciones oficiales de la corte de Madrid. Allí cumplía estrictamente con las obligaciones de retratista y agente artístico, deleitándose con la pintura de algún tema mitológico, como La Venus del Espejo. Velázquez rejuvenece con una tardía aventura amorosa de la que fue fruto su hijo Antonio.

 

A su vuelta a Madrid, Velázquez recurre al esquema representativo de la ambigüedad manierista, en Las Hilanderas o Fábula de Aracne y en un curioso retrato de La familia de Felipe IV, conocido por todos como Las Meninas, y reconocido como su obra maestra. Sus últimos retratos son el de la reina Mariana de Austria, el de Felipe IV con armadura y un león a los pies, los dos retratos de Felipe IV con cadena de oro y sin ella, testimonios de la decadencia física del monarca, el de la Infanta María Teresa en edad casadera, el del Príncipe Felipe Próspero y los varios realizados a la Infanta Margarita.

 

El 12 de junio de 1658 el rey firmó en el Buen Retiro la cédula de concesión del hábito de la Orden de Caballería de Santiago a Diego de Silva Velázquez, el más alto honor alcanzado por un pintor del siglo XVII en España. El 31 de julio de 1660 caía Velázquez enfermo de gravedad. Una semana después, el 6 de agosto, a las tres de la tarde, falleció en Madrid, siguiéndole pocos días después su viuda. Y como dijo el poeta: “Más vida, sí más vida, / y tu pintura, / pintor, de haber vivido, / más que real pintura hubiera sido / pintura sugerida, / leve mancha, almo cuerpo diluido”.

 Francisco Arias Solis
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WIKIPEDIA: http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Arias_Sol%C3%ADs   Paz y libertad. 


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 Gracias.

EL SABOR DE ANDALUCIA POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

EL SABOR DE ANDALUCIA
 “En el sur tan distante quiero estar confundido. La lluvia allí no es más que una rosa entreabierta.Su niebla misma ríe, risa blanca en el viento.Su oscuridad, su luz son bellezas iguales.”

Luis Cernuda.

 
ALEGRIA Y TRISTEZA ENTRELAZADAS
 Andalucía apenas es épica, solo por excepción, pero encierra una increíble dosis de lirismo. La personalización de las cosas, su carácter individual y no colectivo, la ausencia de colosalismo, la dulzura del ambiente, que permite una transición fácil entre la intimidad y lo exterior, algo así como una reserva que se manifiesta, todo ello contribuye a ese lirismo difuso que empapa las formas todas de la vida andaluza.  

Andalucía ha tenido probablemente más capacidad de desear que ninguna otra región española, y que la mayoría de las del mundo. Solo esto explicaría la proporción en que ha contribuido a la literatura y a las artes, y que es de un desnivel impresionante, si se tiene alguna sensibilidad para la significación de lo cuantitativo. La esterilidad, la sequedad que ciertas partes del mundo o ciertas épocas presentan no se puede explicar por falta de “capacidades” o de “dotes”, sino por una manera singular de estar instalado en la vida, por una atrofia de las funciones de imaginar, inventar, proyectar, desear; por una pobreza desiderativa que puede coincidir con la riqueza de los recursos. Y aun en las épocas en que el arte y la literatura en sentido estricto han decaído, el torso general del fenómeno persiste. La razón es clara: la poesía, la novela, el pensamiento, la pintura son actividades ejercitadas por minorías creadoras, mejor dicho por individuos que en una o en otra dimensión las engendran y constituyen; por unas u otras causas estas minorías pueden languidecer o desmoralizarse, pero esto no significa que desaparezca enteramente la actitud vital que las sostenía. Por debajo de esas minorías, siempre problemáticas e inseguras, queda el pueblo en su conjunto; pues bien, la fecundidad ideadora, improvisadora, del pueblo andaluz, de fértiles deseos, no se ha extinguido nunca, y la encontramos allí donde ponemos los ojos o aguzamos los oídos. Y ahí, en esa viva facultad de desear y de inventar, en esa capacidad de fabulación y sueño, de vivir mitad en la realidad y mitad en la ficción, reside la peculiaridad de la condición andaluza. Pero no se olvide que esa es, si se toman las cosas en serio, la condición del hombre.

 

Esta es la razón, si no me engaño, de que Andalucía sea alegre y triste, en tan alto grado. La alegría consiste muy principalmente en la dilatación de la vida. Como los pulmones se llenan de aire al dilatarse o al llenarse de aire se dilatan, el alma se dilata al llenarse de realidad, o si se prefiere su dilatación mediante el deseo ejerce una succión sobre lo real, que se precipita en ella. Pero esa realidad es de muy diversa condición. Por lo pronto, eso que llamamos “realidad” alberga en su seno dos porciones distintas: lo que llamamos efectivamente real y lo que es solo realidad ficticia; el hombre se pasa la vida transitando de una u otra región, pero la transición es siempre problemática, engendra fricción y frecuente dolor. Nos pasamos el tiempo queriendo que nuestros sueños se conviertan realidad, y sufrimos cuando esto no es posible; pero, por si fuera poco, también sufrimos cuando nuestra realidad deja de ser sueño, cuando es “solo” real. Además, las realidades entran en conflicto unas con otras: se excluyen, se eliminan, se suceden; al entrar en el ámbito de nuestra alma, luchan entre sí y con ella. La gozosa dilatación de esta es una penosa distensión, un desgarramiento.

 

Pienso que Andalucía ha sentido con extraña profundidad ese carácter de la vida; su vejez ha aprendido a aceptarlo, a amarlo y resignarse a él. Así ha cruzado su historia milenaria envuelta en tristeza y dándola por bien empleada, sabiendo que es el precio de la alegría que en sus últimas raíces la penetra. Los cantares de Andalucía son la expresión popular, inmediata y vivida de esa actitud. No es casualidad que los toros, que tanto han gravitado sobre lo español, en general, y que simbolizan ciertos aspectos parciales, pero profundos, de España, hayan sido siempre primariamente una forma andaluza. Y ambos principios, alegría y tristeza entrelazadas, dominan la vida religiosa de Andalucía, en la que son realidad, y no mera convención, lo gozoso y lo doloroso.

 

Cuando se le pide mucho a la vida, el dolor y fracaso son inevitables; bastan para ello los caracteres estructurales de la realidad, y en especial de la realidad humana: su limitación, su condición excluyente, su fugacidad, la imposibilidad de su posesión “simultánea y perfecta”. Pero Andalucía ha sabido que solo pidiendo mucho a la vida tiene esta sabor, olor, consistencia, realidad, en suma. Durante siglos ha resistido a contentarse con poco, a no exponerse al dolor, que quiere decir no arriesgarse a la felicidad. ¿Quién dijo que Andalucía era solo gracia plena, encantada poesía? Ni siquiera sabía que cantando la pena, la pena se olvida.

 

Francisco Arias Solis
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La peor paz es mejor que la mejor guerra.

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Gracias.

 

LA CULTURA DE LA PAZ POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

LA CULTURA DE LA PAZ
 “Se dice que en el mundo hay ahorauna mortífera epidemia de palomas... Y el Consejo de la Paz no encuentra por ninguna parte una paloma.”

León Felipe.

 
EDUCAR PARA LA RESOLUCION DE LOS CONFLICTOS
 

Establecer un discurso sobre la idea de “cultura de la paz” no es, evidentemente, una empresa fácil, máxime si se pretende no incurrir en un planteamiento facilón. El handicap que supone el análisis de la cultura es ya, de por sí, notable, y más si se persigue diseñar una alternativa a las actuales formas culturales.

 

Actualmente el concepto de paz no se refiere a la simple ausencia de guerra, sino que se relaciona con la ausencia de cualquier tipo de violencia que impida la satisfacción de cualquier tipo de necesidad humana básica. Así en palabras de Johan Galtung, la paz se caracteriza “por una elevado grado de justicia y una expresión mínima de violencia”. Cualquier discurso sobre la cultura de la paz habrá de formularse, creo, a partir de este principio.

 

Vivimos en una civilización que proclama unos valores y dice defender unos derechos, y al mismo tiempo nos ofrece una realidad bien distinta y distante de aquellos valores. Una cultura de la paz ha de tratar de acercar los valores que predica con los hechos que practica, fomentando el uso de aquellos medios e instrumentos que permitan llegar a los fines, esto es, a la plena realización de los valores sociales asumidos. Una cultura de la paz implicará fomentar una educación para el cambio social y una pedagogía que desarrolle el conocimiento y la experimentación de alternativas.

 

Uno de los hechos que ha llamado más la atención a la filosofía social contemporánea es, precisamente, el contraste entre las increíbles realizaciones tecnológicas de la especie humana, y la brutal incompetencia de la misma especie para conducir sus asuntos sociales. Es preciso remarcar este divorcio entre el ritmo del crecimiento tecnológico y el de la sensibilidad humana.

 

El discurso sobre la cultura de la paz, por tanto, habrá de entrar necesariamente en la reflexión sobre la conflictividad existente entre fines y medios.

 

Una cultura de la paz habría de reducir la parafernalia de símbolos y mitos modernos que dificultan que las personas asuman responsabilidades en primera persona. Además, la delegación de responsabilidades y toma de decisiones hacia instancias políticas alejadas de la persona individual, favorece el uso indiscriminado de la violencia por parte de esas instancias, que han integrado el uso de la violencia en la práctica común de la política y, de esa forma, la han insertado en la propia cultura.

 

Las armas están moldeando la conciencia humana mediante lo que puede denominarse la cultura armamentista, basada en el fetichismo del arma, o más propiamente, de los sistemas de armas avanzados. El armamento ha penetrado en el propio proceso de “producción cultural” y, al mismo tiempo, es producto de múltiples formas de actividad cultural.

 

Así las cosas, un proyecto de cultura de la paz ha de resaltar el principio según el cual la solución de los conflictos no ha de estar inevitablemente ligada a la fuerza de las armas.

 

La mitología belicista sobrevive, en parte, gracias al funcionamiento de un mecanismo patológico denominado sobrepercepción de las amenazas. La distorsión de lo que se ve, se percibe o se analiza permite establecer unos mecanismos de defensas sobredimensionados, a partir de un previo sobredimensionamiento de la amenaza, estableciendo una espiral que, en la cultura armamentista, incide en la perpetuación de la carrera de armamentos.

 

La cultura belicista y violenta tiene, es justo reconocerlo sus actores protagonistas. El género masculino tiene, en este caso, una responsabilidad importante en cuanto elemento dominante en la formulación, reglamentación y control de formas culturales opuestas al logro de la paz y de la justicia social.

 

Una cultura de la paz habría de asumir el riesgo de promocionar el aprendizaje de la desobediencia hacia tabúes, normas arcaicas y órdenes injustificables hacia la propia conciencia. Si la desobediencia puede equivaler a irresponsabilidad en determinadas circunstancias, puede ser virtud si se ejerce responsablemente y con conocimiento de su repercusión. Esto presupone, también educar para el conflicto, o más propiamente, para la resolución de conflictos, lo que implica una educación que desarrolle la conciencia crítica, el conocimiento de los procesos conflictivos, la participación responsable en estos procesos, y el dominio de las técnicas de resolución.

 

La búsqueda de una cultura de la paz desde un marco geográfico como el nuestro no habría de hacernos olvidar que persisten aún las prácticas que posibilitan la destrucción de otras culturas a través de políticas imperialistas y colonialistas. Una cultura de la paz ha de reconocer y respetar el intrínseco de todas las diversas identidades culturales nacionales e internacionales.

 

Finalmente, parece evidente que cualquier discurso sobre la cultura de la paz habrá de vitalizar lo popular -en el sentido de proximidad a la persona individual- frente a lo estatal: una defensa de los pueblos, en vez de una defensa de los Estados; un sistema de derechos de los pueblos, frente al imperativo de las “razones de Estado”... Se trata, en definitiva, de plantear un proyecto alternativo que posibilite el reencuentro del ser humano con su entorno social, político, económico, tecnológico y ambiental, en términos de equilibrio y exento de opresión. Y como dijo el poeta: “¡Paz, paz, paz! Paz luminosa. / Una vida de armonía / sobre una tierra dichosa”.

 Francisco Arias Solis
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 No hagamos las paces con la guerra, ni tampoco levantemos guerras con la paz.


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 Gracias.