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Francisco Arias Solís

DUQUE DE RIVAS POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

DUQUE DE RIVAS(1791-1865) “Para siempre, tal vez para siemprehoy te pierdo,¡oh mi patria querida!, y a arrastrar voy la mísera vidaen destierro espantoso y cruel.”

Duque de Rivas

 
LA VOZ DEL DUQUE-POETA
 

 La Audiencia de Sevilla, dócil a los designios de Fernando VII, condenó al Duque de Rivas a muerte en rebeldía. Las amenazas contra la libertad y la vida sólo puede conjurarlas el duque saliendo del territorio nacional. La causa de todo ha sido la firmísima y muy fervorosa actuación del poeta, al servicio de la causa de la libertad, durante el trienio 1820-1823 (“los tres mal llamados años”, en la terminología del “Deseado”). En los días finales de 1823, restablecido el poder absoluto de Fernando VII por las fuerzas invasoras acaudilladas por el duque de Angulema (los llamados “cien mil hijos de San Luis”), el duque-poeta arriba a Gibraltar. Allí permanece hasta mayo de 1924, de donde marcha a Londres. En la capital británica vive, durante siete meses, la azarosa existencia del emigrado. Decide marchar a Italia, para residir en los Estados Pontificios. Pero surge entonces un motivo romántico, que le obliga a volver a Gibraltar. Don Ángel de Saavedra quiere casarse con su prometida (María de la Encarnación de Cueto y Ortega, hermana del marqués de Valmar). Gibraltar, que ha significado para el duque la liberación de peligros en 1823, constituye ahora el escenario de la iniciación conyugal. Doble motivación romántica: libertad y amor. Para un poeta exiliado, toda una plenitud de sentido. El exilio, sea en territorio británico, italiano o francés (Gibraltar, Londres, Liorna, Malta, Orleans, París...), se prolonga hasta después de fallecido Fernando VII. Don Ángel de Saavedra penetra en España por Figueras el 11 de enero de 1834. Una época brillante y triunfal se inicia para el duque-poeta. Cargos políticos, diplomáticos, académicos... Y consagración como escritor (poeta, dramaturgo, ensayista...).

 

No vuelve a hallarse en peligro la libertad o la vida del autor de Don Alvaro -salvo en el año de 1854, con motivo de la revolución acaudillada por Espartero y O’Donnell (progresismo y Unión Liberal). Don Ángel de Saavedra, el autor de poemas como “El Desterrado”, “El sueño del proscrito” y “El faro de Malta”, ha experimentado una mutación de matiz político... No ataca ya el “despotismo horrendo”, ni piensa tanto en la “libertad preciosa”... Ahora es el poeta conservador que escribe “La asonada” y llama al pueblo “plebe amotinada”. Los sucesos de 1840 -y luego los de 1854- le sobrecogen y espantan. Siendo embajador en Nápoles, reprende a su subordinado don Juan Valera, porque este se muestra partidario del “progreso” y del “espíritu del siglo”. Para el liberal del período 1820-1823, para el expatriado de la década 1823-1833, Espartero y la Milicia Nacional constituyen algo horrendo y espantoso..  ¿Qué ha ocurrido? Sencillamente una sustitución de modalidad de cautiverio. Si antes el cautiverio ha consistido en la expatriación, en la imposibilidad de permanecer en España, donde un Tribunal fernandino le ha condenado a muerte; ahora el cautiverio estriba en que el duque-poeta se ha dejado aprisionar por prejuicios ultraconservadores... ¡Triste sino de un viejo liberal, prisionero de contradicciones incomprensibles! Contradicciones, sí... Años de guerra contra el despotismo. Y, cuando la libertad triunfa, adscripción a tendencias antiliberales. ¿Por qué?... Quizás, el romanticismo lleve aparejado un sentimiento de insatisfacción continua, de color permanente... Y un poeta se debate en ese círculo vicioso que lleva de la dictadura a la revolución y viceversa.

 

Nació don Ángel de Saavedra y Ramírez de Baquedano en Córdoba, el 10 marzo de 1791. Fue segundo hijo de la nobilísima familia de los Duques de Rivas, cuyo origen se remonta a la Edad Media. Estudió en el Seminario de Nobles de Madrid. Fue Ángel de Saavedra valiente militar; Nicomedes Pastor Díaz cuenta de forma pormenorizada el ejemplar comportamiento del joven oficial -tenía dieciocho años- que no sólo se negó a obedecer la orden de Murat de reprimir al sublevado Colegio de Artillería de Segovia, sino que se unió al ejército de liberación contra los franceses. Constitucionalista convencido y amigo íntimo de don Antonio Alcalá Galiano, don Ángel de Saavedra tomó partido por los liberales exaltados durante el Trienio Constitucional, fue diputado en Cortes y votó la incapacidad de Fernando VII: Más tarde fue Embajador en Nápoles y dirigió también la legación de París. Fue Ministro de la Corona, Presidente del Consejo de Estado, Presidente del Ateneo de Madrid, Presidente de la Real Academia e incluso Presidente de Gobierno durante poco menos de dos días (en julio de 1854) hasta la llegada de Espartero, que obligó al duque-poeta a refugiarse en la Embajada Francesa. A la llegada de Narváez al poder, con quien el Duque tenía buena amistad, Rivas fue nombrado Embajador en la Corte de Napoleón III, y la emperatriz Eugenia lo recibió con grandes muestras de afecto, concediéndosele en 1859 la Gran Cruz de la Legión de Honor.

 

Colmado de honores, siendo caballero de justicia de la Orden de Malta, caballero de Santiago, caballero de la insigne Orden del Toison de Oro, Coronel de Caballería, académico de número de la Real Academia de la Lengua y Presidente de la misma desde 1862, murió el Duque de Rivas en Madrid el 22 de junio de 1865.

 

Si como poeta se inició en las huellas de Meléndez, pronto evolucinó hacia el romanticismo en El paso honroso, Florinda, El faro de Malta, que poseen ya una ambientación romántica de tempestades y noche que anuncian los romances históricos, aunque siguiendo normas neoclásicas los compongan en octavas reales. Durante el exilio se produce el salto definitivo y se pasa a las filas románticas con  El  moro expósito o Córdoba en el siglo décimo, poema dramático en doce cantos y romances endecasílabos, sobre la leyenda de los infantes de Lara centrada en el triste sino del bastardo Mudarra.

 

Don Álvaro o la fuerza del sino, estrenada en marzo de 1835, es para la literatura española lo que el Hernani para la francesa: la imposición del nuevo espíritu en literatura. En esta pieza Rivas mezcla prosa y verso, tragedia y comedia, desprecia las unidades, emplea los caracteres típicamente románticos como sentimentalismo desbordado, tormentas, suicidio, desafíos, etc., hasta el punto de que pocas veces se han reunido, ni siquiera en el Tenorio,  tantos ingredientes de la escuela.

 

Es autor, además, de Romances históricos, dieciocho en número, cuyos asuntos están inspirados en distintos periodos de la historia española, en la mejor tradición del romancero. Suele destacarse, de su etapa final, una obra dramática de carácter shakesperiano, El desengaño en un sueño, que remite tanto al autor de La Tempestad como a Calderón de la Barca.

 

Aunque don Ángel de Saavedra escribió una tragedia tan importante y tan significativa como Don Álvaro, y aunque en sus demás obras dramáticas haya mucho que alabar, no fue fundamentalmente un hombre de teatro, sino uno de los mejores cultivadores de la poesía narrativa, si no, acaso, el mejor, de nuestras letras contemporáneas. Sus méritos en el cultivo del género teatral han oscurecido los que hicieron de él un original e importante poeta lírico del romanticismo español. Y es que, como dijo nuestro duque-poeta: “Lo pasado nada es ya. / El porvenir no llegó. / Lo presente es... ¿qué se yo?”.

  Francisco Arias Solis
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  No se puede ser libre más que entre libres.


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 Gracias.

SIN EQUIDAD POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

SIN EQUIDAD

“Sí, cada uno y todos sobre la tierra iguales.”
Antonio Machado

LA IGUALDAD DE ACCESO A LA SALUD NO PROGRESA

Europa ha avanzado lentamente en el cumplimiento de los objetivos de salud para todos, programados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), teniendo como excepción más notable un área de capital importancia como es la equidad o “igualdad de acceso” a la salud o a los servicios sanitarios. Tampoco se ha registrado ningún progreso importante en la reducción de la mortalidad por cáncer, contaminación alimentaria, adecuación de los servicios de salud a las necesidades, formación del personal sanitario, entre otras áreas de vital importancia.

Los datos más recientes indican que, en los países del centro y este de Europa, pertenecientes a la órbita de la extinta URSS, se ha producido un deterioro en el nivel de salud de sus poblaciones, sobre todo en los grupos más vulnerables y en particular en los países de la antigua Unión Soviética, relacionado con un importante déficit en la provisión de vacunaciones, medicamentos esenciales y recursos de financiación.

Se puede afirmar que en los últimos años se ha progresado muy moderadamente hacia las metas de salud para todos, y con importantes lagunas. Se han registrado buenos progresos en la eliminación de ciertas enfermedades infecciosas, aumento de la esperanza de vida, reducción de la mortalidad para la mayoría de la principales causas de muerte, reducción de la mortalidad infantil y materna y desarrollo de las políticas de salud.

Contrasta la falta de progreso hacia la equidad, con las diferencias existentes entre el norte de la Europa occidental con los países del sur, mucho más acusada entre éstos y los nuevos Estados del centro y este de Europa.

Convendría recordar algunos de los que OMS llama “pre-requisitos para la salud”. Uno de ellos considera que para sentirse sano es preciso sentirse socialmente útil, y otro que la población no puede sentirse sana si experimenta miedo a la guerra. Evidentemente, un buen porcentaje de la población europea no puede sentirse socialmente útil porque no tiene trabajo, y las múltiples situaciones de violencia no permiten eliminar completamente el miedo a la guerra.

Los datos relativos a España indican que ha aumentado la esperanza de vida, ha disminuido la mortalidad infantil y la materna y han ido descendiendo constantemente las muertes por enfermedades cardiovasculares. Sin embargo, la mortalidad total por cáncer no mantiene una tendencia definida y es difícil que se cumpla el objetivo de reducirla sustancialmente.. Tampoco muestran una tendencia definida los datos de muertes por causas externas. Los accidentes de tráfico, que disminuyeron en la década de los setenta, no siguieron la tendencia descendente de la Unión Europea durante los ochenta y noventa, y en este trágico mes da agosto de 2007 se viene registrando un crecimiento de la siniestralidad con respecto al mes de agosto del pasado año. Por otro lado, los accidentes laborales no cesan de aumentar.

En estilos de vida casi todo los datos o tendencias de nuestro país son desfavorables: la prevalencia del tabaquismo es una de las más altas de Europa. . La tasa de consumo de alcohol, con un descenso del consumo de vino y aumento del consumo de cerveza, es la más alta de la Unión Europea. También ha aumentado el número de toxiinfecciones alimentarias.

Respecto al sistema sanitario la OMS resalta que en España existen desigualdades entre zonas rurales y urbanas tanto en instalaciones sanitarias como en personal. Entre comunidades autónomas hay diferencias intolerables en gasto sanitario por persona y año.

Nadie duda de que no fuera necesario un cambio en la estructura económica y también en la estructura sanitaria de nuestro país y nunca serán pocas las gracias que hay que dar a la modernización, pero también hay que tener en cuenta que la voracidad del mercado no conoce límites y que todo lo devora, incluso aquello que es valioso y potencia la libertad y el bienestar físico, psíquico y social de la gente. ¿Seguirán nuestros políticos malgastando sus fuerzas para conseguir no mejorar e incluso empeorar aquéllo que ya teníamos en la década de los ochenta?

Francisco Arias Solis
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Jamás hubo una guerra buena o una paz mala.

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Gracias.

FRAY BARTOLOME DE LAS CASAS POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

FRAY BARTOLOME DE LAS CASAS (1484-1566) “Decid, ¿con qué derechos y con qué justicia tenéis en tan cruel y horrible servidumbre a aquestos indios?”

Fray Bartolomé de Las Casas.

 
LA VOZ DEL PROTECTOR DE LOS INDIOS
 

Fray Bartolomé de Las Casas fue un gran y tenaz campeón de los derechos del hombre y de la fraternidad de todos los seres humanos. Su vida es símbolo de entrega total en pro de la liberación y dignidad de los indios. Curiosamente, el que había sido juzgado hasta ahora como un exaltado, por haber sido un apasionado en la defensa de los derechos del indio, y por ello condenado a la incomprensión, como si fuera un gran enemigo de España; hoy, con la fuerza de la verdad y de la justicia resulta un héroe excepcional.

 

En Las Casas hay dos momentos, uno es de denuncia de toda injusticia cometida contra los indios, y otro, es la proclamación de todos los derechos. Uno es de lucha por la justicia, otro de liberación de la justicia. El ha sido el gran acusador de los conquistadores. Su palabra y su pluma, la voz de los indios. El recoge los alaridos de los indios indefensos y el clamor de la opresión a la que se ven sometidos. Por eso su voz molestaba.

 

Fray Bartolomé de Las Casas nació en Sevilla el 24 de agosto de 1484. Era hijo de Pedro de Las Casas, procedente de la ciudad de Tarifa, y de la sevillana Isabel de Sosa. En Sevilla hizo sus primeros estudios de Latín y Humanidades, recibiendo Ordenes menores. En 1502, acompaña, como doctrinero, a don Nicolás de Ovando, que iba entonces nombrado gobernador de la Española. Desde el primer momento, se incorpora a la tarea colonizadora de los españoles en el Nuevo Mundo. Por aquellas fechas, Las Casas se ordena sacerdote. Muy pronto su situación de colono y encomendero iba a entrar en contradicción con su vocación religiosa. En 1513 pasa a la isla de Cuba, acompañando a su amigo Pánfilo de Narváez, como capitán castrense, en la expedición emprendida por Diego Velázquez; allí recibirá, en premio a sus servicios, cerca de Jaguá “un buen repartimiento de indios, empleados en la extracción de oro y de la plata”. Pero la visión del maltrato dado a los indios, junto con alguna matanza de los mismos, le llevará a su “conversión” de 1514, en que hallándose en Santi Espíritu, con ocasión de preparar unos sermones recae su atención sobre unos versículos del Eclesiástico donde se dice: “Quien roba el pan del sudor ajeno es como el que mata a su prójimo. Quien derrama su sangre y quien defrauda al jornalero, hermanos son”. A partir de aquel momento podemos decir que empieza la segunda etapa de la biografía de Las Casas: determinando cambiar su vida, se persuadió de “ser injusto y tiránico cuanto cerca de los indios en estas Indias se cometiera”.

 

Esta segunda etapa se va a caracterizar por una tenaz e ininterrumpida lucha por la justicia para con los indios. En 1515 embarca para España, llegando a tiempo de ver morir al rey Fernando el Católico; en 1516 se entrevista con el Cardenal Cisneros, al que presenta un Memorial de catorce remedios, completísimo plan de gobernación de las Indias, a base de un “sistema de comunicación”, según el cual se propone la propiedad comunitaria de todos los repartimientos, así como la común distribución de todos los beneficios obtenidos. En ese año vuelve a las Indias con una comisión de jerónimos nombrada por el Emperador para investigar la situación social de españoles y americanos en las nuevas tierras; en 1517 le tenemos nuevamente en España, donde se entrevistará con Carlos V.

 

La insistencia del que sería llamado “Protector de los Indios” logró que el Emperador aprobase su Plan de Tierra Firme de Cumaná (Venezuela), donde se afirmaba que “los indios generalmente debían ser libres”. En 1522 le tenemos de nuevo en la Española, donde determina ingresar en la Orden dominicana, profesando en ella al año siguiente. Por estos años escribió De único vocationis modo y debió comenzar la redacción de su Historia de las Indias, que no llegaría a concluir.

 

En 1540 le tenemos de nuevo en España, donde asiste en 1542 a la promulgación de las Leyes Nuevas, en las que se recoge gran parte de su doctrina acerca de los indios; es quizá el mayor de sus éxitos, que va unido a la aprobación de su experiencia de Vera Paz. De 1542 es la redacción de su libro más famoso, aunque sin duda no es el más importante; Brevísima relación de la destrucción de las Indias, que no se publicará hasta 1552. Antes de volver a las Indias, obtiene reconocimiento a su labor apostólica al ser consagrado obispo de Chiapas en el convento dominicano de San Pablo (Sevilla), el 30 de marzo de 1544. En ese mismo año, ya con setenta de edad, vuelve a embarcar hacia las Indias.

 

En 1546 escribe su discutido Confesionario, libro que se mandaría recoger dos años después, llegando a organizarse autos de fe en que ejemplares del mismo se arrojaban a la hoguera. Visto el tremendo fracaso de las Leyes Nuevas y de su política, al volverse al sistema de encomiendas, renuncia al obispado y embarca para España en 1547.

 

En 1552 Las Casas se halla ya desengañado, pero de ningún modo cansado ni vencido. En ese mismo año, publica en Sevilla sus famosos ocho “tratados”. De 1555 a 1559, se entrega de lleno a la redacción de la Apologética Historia, y posteriormente, a continuar su Historia de las Indias, que da por acabada en 1560, si bien la Historia quedó definitivamente sin terminar.

 

Los últimos años de su vida Las Casas los dedica a redactar un libro De Thesauris, acerca de la legitimidad de la posesión de bienes procedentes del rescate de Atahualpa y de tesoros de los sepulcros de los Incas. La hora de la muerte le llegó en el convento de Nuestra Señora de Atocha, de Madrid, el 17 de julio de 1566, de donde se trasladaron sus restos al convento de San Gregorio, de Valladolid. El servicio a la “Humanidad” de este ilustre andaluz fue inmenso, pero a costa de mantener cierta antigüedad en su pensamiento, que precisamente por eso hoy nos parece tan moderno. Las Casas, aparece hoy, curiosamente, como uno de los inspiradores de la actual corriente teológica de la liberación. Y como dijo el “Protector de los Indios” : “No y mil veces no, ¡paz en todas partes y para todos los hombres, paz sin diferencia de raza”.

  

Francisco Arias Solis
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POR DEBAJO DEL UMBRAL DE LA POBREZA POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

 

POR DEBAJO DEL UMBRAL DE LA POBREZA
 “Cuentan de un sabio, que un díatan pobre y mísero estaba que sólo se sustentabade unas yerbas que comía.”

Calderón de la Barca.

 
POBREZA Y DESIGUALDAD
 

Cuando se habla de pobreza podemos, fácilmente, pensar en el colectivo social de indigentes, donde la pobreza adquiere sus tintes más dramáticos, aquellos que no tienen ingresos, que pueden pasar hambre real, frío en invierno, enfermedades derivadas de la mala alimentación. Con esta acepción se remite a situaciones en la que la pobreza es entendida como la falta vital de ingresos, y se obvia una cuestión fundamental: que existen otras situaciones más extendidas, menos visibles, que son las de aquellas familias o personas que tienen un poder por debajo del nivel medio, que les imposibilita un desarrollo normal en su sociedad.

 En el primer caso, la pobreza es sinónimo de miseria, de una situación en la que la carencia de recursos es tan profunda que la propia vida está en peligro. En el segundo caso, en vez de a la mera supervivencia, se alude a un nivel de vida que se considera como mínimo aceptable.  

La Comisión de la Unión Europea, en los Programas de Lucha contra la Pobreza, considera pobre al que tiene unos recursos tan escasos que tiene que vivir de una manera que se considera inaceptable en su país.

 

Esta forma de aproximarse a la pobreza se basa en la “forma de vivir” y no en la desigualdad, por lo que la cuestión pasa a ser determinar que bienes y recursos deben considerarse como mínimos.

 

Ahora bien, éste no es el enfoque empleado por la mayor parte de los estudios sobre la pobreza, en los que la pobreza se registra sobre la base de la renta. Tales estudios utilizan profusamente una definición operativa de la pobreza, de la mano de su empleo por la Unión Europea, según la cual será pobre quien se sitúe por debajo del 50% de la renta per cápita de un país. De modo que la consideración de lo que se considera inaceptable como nivel de vida digno, se basa en la desigualdad de la renta.

 

Así pues, utilizando el criterio estadístico de la Unión Europea, el umbral de la pobreza se establece en la mitad (el 50%) de los ingresos netos medios por persona y mes. Y dentro de él podemos distinguir dos grados de pobreza: Pobreza moderada o relativa (se establece entre el 25 y el 50% de ingresos medios) y pobreza severa o gran pobreza (se establece en el 25% de los ingresos medios).

 

Consideramos que el establecimiento de las categorías para el análisis de la pobreza es importante, porque si sólo se contempla como pobreza lo más excluido, o incluso sólo la pobreza severa o gran pobreza, se corre el riesgo de separar la pobreza del ejercicio de los derechos básicos.

 

A nadie se le escapa que el criterio de medición de la pobreza empleado por la Unión Europea equivale a una valoración del grado de desigualdad económico-social en una sociedad concreta. En el fondo la pobreza vendría a ser la manifestación de los extremos inferiores de la desigualdad. Por tanto la disminución de la pobreza deberá significar la disminución de las desigualdades.

 La relación de pobreza y desigualdad subraya que la pobreza es un fenómeno social, enraizado en la estructura y en la dinámica social general. Por lo que la acción frente a la pobreza implica acciones dirigidas a los mecanismos sociales que producen la desigualdad y generan pobreza. No en vano, dijo el poeta: “¡Qué poco me va quedando / de lo poco que tenía! / Todo se me va acabando / menos la melancolía”. 

Francisco Arias Solis
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La paz no se reduce a la ausencia de guerras

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CONCHA ESPINA POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

 CONCHA ESPINA (1879-1955) “Ninguna gracia de la ribera donde se miente lo que se jura; es más benigna la mar señera;es más piadosa la noche oscura...”

Concha Espina.

 
LA VOZ DE LA CORDIALIDAD HUMANA
 Cabeza de una lúcida estirpe de escritores, Concha Espina desarrolló una copiosa producción que ni siquiera la ceguera pudo interrumpir en los últimos años. La nota dominante de su obra de creación es la discreción estilística, que alcanza a veces valores humanos, y la cordialidad humana que se desprende de sus páginas. Por su temática, como por su escenario natural de sus obras, pudiera pensarse en una versión modernizada de Pereda, aunque en la Espina prevalezca el factor humano sobre la naturaleza.  

Como ejemplo de su estilo delicado y emotivo de Concha Espina puede servir esta descripción del urbanismo recoleto de sus tierras, de La rosa de los vientos: “Allí estaba, enfrente del casino la antigua y majestuosa iglesia, con su atrio postizo embadurnado de cal; la plaza Mayor, con los soportales, donde el comercio luce vidrieras y tenderetes: carne, drogas, dulces, baratijas, telas y zapatos, pan y vino; de todo esto y mucho más se vende en los “portalones”, como solemos llamar a la arquería de la plaza”.

 

Concha Espina Tagle nace en Santander el 15 de abril de 1879. Autodidacta, y de fuerte personalidad, muy femenina. Contrae matrimonio con el también escritor Ramón de la Serna, reside en Chile, pero abandonada por aquel tiene que ganarse la vida colaborando en revistas y periódicos. Regresa a España y se establece en Santander primero y luego en Madrid (1908) con sus cuatro hijos. En sus últimos años pierde completamente la vista. En estos años, Concha Espina escribía sobre unas falsillas especiales, para que no le temblara el pulso. En 1927 recibió el premio Nacional de Literatura, siendo propuesta ese mismo año para el Nobel. Concha Espina muere en Madrid el 18 de mayo de 1955.

 

Toda su literatura está motivada por los tipos, costumbres y paisajes de su tierra natal, el folklore, la mentalidad campesina o marinera en contraste con la civilización urbana, normalmente portadora de desgracias y amargura en el idílico mundo natural. En cierto modo, siendo muy otra su impronta, mantiene una postura ideológica semejante a Pereda. También se percibe el eco de una retórica que procede de la última generación del siglo XIX. La intensidad de pasión y la belleza del estilo alcanzan dignas cimas de perfección. Concha Espina es hábil en la narración, logra amenidad fácil, e interesa con algunos caracteres y descripciones regionales.

 Cuidada y sensible, entre su abundante producción cabe destacar: poemas, Mis flores y Trazos de vida; teatro, El Jayón y novelas, Agua de nieve,  La esfinge maragata, una de las mejores; Dulce nombre, Imágenes de vivos y muertos, La rosa de los vientos, El metal de los muertos, Altar mayor, ambientada en Covadonga, Luna roja. Novela de la Revolución, la extraña angustiada narración de la vida retorcida de pueblo en La niña de Luzmela, o los cuentos, Siete rayos de sol. Entre sus últimas obras se hallan Copa de horizontes y Retaguardia. Hacia la mitad del siglo aún continuaba su actividad fecunda e intensa con sus novelas Victoria de América, El más fuerte y Una novela de amor. 

Su primer éxito lo obtuvo con La niña de Luzmela (1914), edificante relato que roza con el folletín y la novela rosa; de evidente intención moralizadora. Una cumplida denuncia social de la situación de la mujer en tierras leonesas la constituye La esfinge maragata (1914), una de las mejores novelas. Su otra obra más importante es El metal de los muertos (1920), revalorizada posteriormente como una de nuestras primeras novelas sociales en el tiempo. La novela situada en la zona minera de Ríotinto (Huelva), presenta el conflicto laboral planteado por los mineros. Esta novela mereció encendidos elogios de Unamuno y de Maeztu. La crítica saludó su aparición como una de las obras más logradas de la narrativa española. Las estructuras injustas en que viven sus personajes le sirven en vez de denuncia, de marco para su narración sentimental. Por desgracia, el tono de redención cristiana adoptado por la autora -en consonancia con la ideología de toda su obra- y la limitación de sus puntos de vista sociales privan a la novela de su gran dimensión en potencia, quedando en una vaga sensación de simpatía y piedad. Y es que, como dijo nuestra escritora: “Y las criaturas de mi paisaje, / bestias menores, nunca son malas; / con la inocencia de lo salvaje / de los querubes tienen las alas”.

 Francisco Arias Solis
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Será vano el intento de humanizar las guerras. Lo humano es evitarlas.


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PREVENCION Y PRODUCCION POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

  

PREVENCION Y PRODUCCION
 “No quiero  que el labriego trabaje sin agua,que el marino trabaje sin brújula,que en la fábrica no haya azucenas, que en la mina no vean la aurora,que en la escuela no ría el maestro.”

Angela Figuera Aymerich.

 
LA PREVENCION ES UN CONCEPTO CADA VEZ MAS AMPLIO
 

La producción y la prevención han sido, durante años, dos conceptos que han colisionado dentro de la empresa. La controversia entre prevención de los riesgos laborales y producción se ha superado, y hoy la idea de prevención -que va mucho más allá de los viejos seguros sociales- empieza a presidir cualquier actividad.

 

La Ley de Prevención de Riesgos Laborales supone un avance en cuanto a la integración y actualización de la normativa en materia de la seguridad y la salud de los trabajadores e introduce una filosofía preventiva en el tratamiento de los riesgos laborales, constituyéndose en un instrumento normativo para la mejora de las condiciones de trabajo.

 

Una eficiente política preventiva debe compaginar la prevención y la producción. De esta forma, se superan situaciones de rivalidad o antagonismo entre ambos conceptos, que hasta hace poco eran habituales.

 

La idea de prevención debe presidir todas las actividades. La falta de seguridad del ser humano, en sus distintas situaciones y condicionado por los diversos agentes y factores, exige que un espíritu prevencionista impregne toda la legislación. Pero exige también que cualquier trabajo, instalación o servicio concebido para el hombre, se realice en la repercusión que todo ello tiene.

 

Hubo un tiempo que la prevención era necesaria en las empresas no ya sólo para progresar, sino para subsistir. Hoy, un Estado moderno y democrático también necesita llevar a cabo políticas de prevención. El sentido de la anticipación es fundamental para que un país pueda crecer y desarrollarse.

 

Pero, si a esto añadimos que en nuestro país vienen registrándose , en la última década, altas tasas de siniestralidad laboral, cada vez más ligadas a la precariedad en el empleo de jóvenes y colectivos de trabajadores sin la formación adecuada y que el predominio de las pequeñas y medianas empresas dificulta enormemente el control en el cumplimiento de la normativa laboral, las variables relacionadas con la prevención de los riesgos laborales se sitúan no sólo en el ámbito de la actuación que tienen las técnicas preventivas, sino en el campo de las relaciones laborales en sentido amplio.

 

Todo ello supone que la Ley de Prevención de Riesgos Laborales tendrá que convivir con los efectos que ya ha producido la “reforma laboral” en cuanto a su aplicación, con especial repercusión en la pequeña y mediana empresa, el acceso de los jóvenes al trabajo, la flexibilización de las condiciones de trabajo y los cambios estructurales y organizativos del sistema productivo.

 

La prevención es un concepto cada día más amplio. Por eso, la prevención ha penetrado en todas las políticas de salud, rebasando el campo de los riesgos profesionales, para complementar acciones que incluso extenderán su influencia a la política de empleo.

 

A su vez, las nuevas técnicas preventivas capacitan al trabajador para desempeñar nuevos puestos de trabajo, que cada día tienen un mayor peso y significación, a medida que la sociedad desarrolla nuevas tecnologías.

 Los instrumentos de diálogo social y de participación adquieren una mayor relevancia por ser el soporte imprescindible para la integración de la política preventiva con el resto de las políticas de la empresa y de los sectores de producción. Y como dijo el poeta: “El camino es corto o largo / y seguro o inseguro / según el modo de andarlo”.  

Francisco Arias Solis
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SILVERIO LANZA POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

SILVERIO LANZA (1856-1912) “Yo procuro que mis libros aburran desde su tercera página  a los lectores tontos, y así ellos y yo nos desengañamos mutuamente.”Silverio Lanza. LA VOZ DE UN GRAN SOLITARIO. 

Tanto se ha hablado de Silverio Lanza que Silverio se ha convertido en un ente de razón, bromeaba Azorín al referirse al solitario de Getafe y a lo poco, muy poco que de él se sabía. Y Segundo Serrano Poncela, uno de los críticos que con mayor inteligencia se ha acercado a este escritor, señala que para “levantar este velo de ceniza serán necesarios muchos esfuerzos. Silverio Lanza es casi una entelequia y en ocasiones se llega hasta dudar de su existencia”.

 Si para los que le conocieron y lo trataron fue siempre Silverio Lanza un hombre misterioso, un solitario que se había apartado de la vida literaria de su tiempo (“Yo ya soy un marino anclado en Getafe” solía decir, este gran ensayista y novelista español); para nosotros tan alejados de la época de la Restauración en que le tocó vivir y escribir, el acercamiento a Juan Bautista Amorós, llamado Silverio Lanza, hombre algo fantasmal que aparece con su gesto altivo y amargado, en plena época fantasmal, es empresa ardua. “La Restauración -decía Ortega- fue un panorama de fantasmas, y Cánovas el gran empresario de la fantasmagoría”. Esa fue la época en que se movió la figura -que los años y el descuido de sus contemporáneos han borrado en parte- de Silverio Lanza que vendría ser así, colocado en su época, una especie de fantasma de segundo grado. 

Juan Bautista Amorós y Vázquez de Figueroa nació en Madrid el 3 de noviembre de 1856 y murió en Getafe el 30 de abril de 1912, donde residía desde 1885, atrincherado en una casa en la que había dispuesto un complejo sistema de timbres que sorprendían a sus escasos visitantes, como ha recordado con gracia Ramón Gómez de la Serna. Inició, como su hermano Narciso, carrera en la marina y alcanzó la graduación de teniente de navío, pero hubo de abandonar esa profesión por problemas de salud.

 

Serio, taciturno y radical en sus opiniones, se ganó pronto fama de raro: el solitario de Getafe, como dieron en llamarlo, apenas hacía concesiones y, de cuando en cuando, sorprendía a sus contertulios con una afirmación extravagante o una frase provocadora tras la  que se adivinaba siempre su pesimismo.

 

El retraimiento de Lanza adquirió tintes amargos tras verse envuelto en un proceso absurdo como consecuencia de la publicación de su novela Ni  en la vida ni en la muerte (1890): siempre lamentó “haber sido preso y procesado por escribir libros en un país en que escasean los hombres que sepan escribir y leer”. En mayo de 1910, dos años antes de su muerte; Lanza escribía: “Hoy cuando leo las obras, que honrándome, me envían jóvenes como usted, tengo la jactancia de creer que me deben ustedes la libertad que disfrutan”.

 

“Escribía yo libritos -solía contar Silverio Lanza- que me acarrearon la persecución insidiosa y la persecución legal: la imposibilidad de ejercer cualquiera de mis profesiones, y la cárcel”. Y sin embargo el hombre cuyos libros -según Azorín- “no se parecen a nada; únicos en su época”, merece más atención, un mayor interés. Quizá lo más urgente sería una reedición de algunas de sus obras: Artuña, El año triste, Ni en la vida ni en la muerte, Mala cuna y mala fama, De la quilla al tope, La vida del Excelentísimo Señor Marqués del Mantillo... Más de una vez los amigos de Silverio Lanza han vaticinado un éxito póstumo que todavía no ha llegado: “¿Cuándo saldrá a flote? -se preguntaba Pío Baroja en 1902-. Quizá les pase a sus obras como a las de Sthendhal ... como últimamente  entre nosotros a los libros de Ganivet...; una reacción va iniciándose que hará que estos grandes desconocidos sean, al fin, los triunfadores”. Pero el caso es que de todos los escritores de la generación del 98 que tuvieron relaciones personales con Silverio Lanza, Baroja es de los menos entusiastas con respecto a él.

 Silverio Lanza cree que es imprescindible acabar con la aristocracia de la riqueza y con la aristocracia de cuna, que conforman el sistema caciquil. Por el bien de un país sojuzgado, es preciso que el gobierno pase a manos de una minoría intelectual (mezcla de saber y de virtud, advierte) capaz de dignificar la vida española. En cuanto a la Iglesia, advierte Lanza, debería aplicar más decididamente su doctrina a los problemas sociales reales, es decir, debería comprometerse con la sociedad en la lucha por desterrar el caciquismo, que todo lo contamina, desde la literatura al ejército.  

Baroja debió de admirar en Lanza lo que éste tenía de inadaptado, de irregular, de rebelde. También, sin duda debió interesarle su ingenio paradójico y arbitrario. Lanza tenía afinidades con el anarquismo y con el antiguo “arbitrismo” ibérico.

 

Para dar una conferencia sobre el caciquismo en el Ateneo de Madrid, Silverio Lanza se presentó vestido de negro y con chistera. A esta conferencia asistió inesperadamente la Condesa de Pardo Bazán, la hacía tiempo consagrada y popular Doña Emilia a la que le pareció oír cosas terribles.

 

Quizá uno de los riesgos más modernos de Lanza se encuentra en su humorismo amargo, violento, cruel, mucho más afín a las bromas pesadas del barroco que al humorismo dulzón del siglo pasado. Otras ideas de Lanza que debieron gustarle a Baroja eran su implacable rechazo a los caciques, su misantropía de la España contemporánea, su mezcla de lo absurdo y lo sentimental. Y como dijo el poeta: “Cuando el corazón se inclina / a ese fantasma irreal, / siente su pulso mortal / idéntico, en su latido, / a otro corazón que ha sido / el de un sueño fantasmal”.

 

Francisco Arias Solis
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EL GRAN MITO DE DON JUAN POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

 

EL GRAN MITO DE DON JUAN
 “¡Qué largo me lo fiáis!Y mientras Dios me dé vida, yo vuestro esclavo seré. Esta es mi mano y mi fe.”

Tirso de Molina.

 EL SIMBOLO VIVIENTE DE LA SEDUCCION AMOROSA MASCULINA 

La capacidad creadora de caracteres que se ha atribuido a Tirso como su mérito más alto, se manifiesta especialmente en estas dos grandes producciones dramáticas: en El Burlador de Sevilla y Convidado de piedra y en El condenado por desconfiado; mucho más, sin embargo, en la primera de ellas, con la que Tirso crea el gran mito humano y literario del Don Juan, del que afirma doña Blanca de los Ríos, sin exageración alguna, que “en grandeza y universalidad excede a los gigantes de Shakespeare, en el interés humano y en intensidad dramática supera a Fausto y en virtud prolífica a don Quijote”, aseveración indudable, pues aparte de la perennidad inagotable y la universalidad de las pasiones de que es portador -o precisamente por ello-, ningún otro mito literario ha reflorecido tan insistentemente como él en todas las literaturas, circunstancias y ambientes, ni recibido tan diversas interpretaciones y matices, que modifican detalles pero dejan intacto su carácter esencial.

 

Don Juan, mito eterno, ha venido a convertirse -cualesquiera que sean sus grados- en símbolo viviente de la seducción amorosa masculina, de la agresividad sexual, del conquistador irresistible, del hombre audaz y disoluto que convierte el placer en fin de todas sus acciones. De aquí su condición de “burlador”, es decir, de hombre que busca a la mujer para la satisfacción egoísta de su goce, y escapa a toda permanente coyunda.

 

El Tenorio es un “caballero” apuesto y cortesano, que encubre sus perfidias con refinada elegancia aristocrática, sabe envolver su persona de cuanto pueda hacerla atractiva y rinde religioso culto al honor (palabra que no se le cae de la boca), siempre que se trate del propio, por supuesto: porque pisotear el ajeno es una de las glorias: “Sevilla a veces me llama / el Burlador, y el mayor / gusto que en mi puede haber / es burlar una mujer / y dejarla sin honor”.

 

En esta forma fue dramatizado por Tirso en su obra. Don Juan Tenorio, hijo de noble familia sevillana, huye de Nápoles después de burlar a la duquesa Isabela, en cuya habitación había penetrado fingiéndose el duque Octavio, su prometido. Naufraga en las playas de Tarragona, es llevado a la cabaña de una pescadora, Tisbea, la seduce bajo palabra de casamiento y huye luego. Llega a Sevilla; entra en la casa de doña Ana de Ulloa, hija del Comendador don Gonzalo, debido a que consigue interceptar una carta de aquella en que citaba a su prometido el marqués de la Mota. Cuando a los gritos de doña Ana, que advierte el engaño, acude su padre, don Juan lo mata y se da a la fuga. Mientras prenden al marqués de la Mota, don Juan huye a Dos Hermanas a tiempo en que está para celebrarse allí una boda de campesinos; aleja el novio con engaños y seduce a la novia deslumbrándola con sus riquezas y la promesa de matrimonio. Después de dejar a la infeliz campesina regresa a Sevilla. Cierto día encuentra en una iglesia la estatua del Comendador, que el había matado, puesta sobre su tumba, la escarnece y la invita a cenar; el Comendador acude al convite y le invita a su vez para otra cena en su propia sepultura. Don Juan acepta, pero al tender la mano a la estatua, siente que le penetra por ella un fuego que le mata. Grita, pide confesión, pero ésta no llega y muere como un réprobo.

 

Atiéndase bien a este desenlace, porque es indispensable para entender el drama de Tirso. A lo largo de toda la obra se le amenaza a don Juan con el castigo que pueden acarrearle sus acciones. Tisbea había tratado de asegurarse de la promesa de matrimonio de don Juan, diciéndole: “Advierte / mi bien, que hay Dios y que hay muerte”, a lo que responde para sí don Juan, con palabras que ha de repetir muchas veces con cínica temeridad: “¡Qué largo me lo fiáis!”

 

De la pluma de Tirso, puesta en pie de su genio, salió la estampa del Burlador, lista para correr el mundo con el mito de su significación amorosa. Pero la intención última que había puesto en ella, al crearla, el fraile mercedario era manifiestamente moral y ejemplarizadora. Menéndez Pelayo señaló con toda claridad que cuando el Romanticismo despojó a Don Juan de su grave lección moral, destruyó la finalidad perseguida por su creador; si bien lo lanzó a vivir por otro de los muchos caminos abiertos y posibles a su proteica diversidad.

 

Comentando la universalidad y perennidad del Burlador, escribe Valbuena: “Por preceder de una creación vital, antes que literaria, Don Juan ni se logra ni se muere. Queda siempre -sombrero de plumas y espada al cinto- en todas las encrucijadas de las épocas, presto a emprender una nueva conquista, pero también pronto a evadirse”.

 

Cuando don Juan acude al convite del Comendador, cantan misteriosamente unas voces: “Adviertan los que de Dios / juzgan los castigos grandes / que no hay plazo que no llegue / ni deuda que no se pague”.

 

Francisco Arias Solis
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