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Francisco Arias Solís

LA LUCHA POR LA PAZ POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

LA LUCHA POR LA PAZ
 “Paz sin fin, paz verdadera. Paz que al alba se levante. y a la noche no se muera.”Rafael Alberti 
LA PAZ DEL HOMBRE ES LA CONQUISTA DE SU LIBERTAD
 

“No escuches el tambor lejano”, dice Verlaine. Elude la tentación de la guerra. Y el que así nos habla es el egoísmo del que no quiere oír, ni quiere enterarse de lo que pasa. Si lo que pasa, como ahora está pasando en el mundo, es duro, triste, amargo de saber. Es el miedo del que no quiere que turbe su paz el sonido guerrero del tambor distante. El miedo de aquel para quien la paz no es una lucha. Verlaine nos habló también de una paz sin victoria, que puede llegar a ser lo mismo que una victoria sin paz. Cada vez se hace más necesaria una voluntad de paz, de justicia (dos cosas, en el fondo, casi idénticas). Hay que escuchar el tambor en la lejanía; para oponer a su belicoso mensaje, una respuesta firme, voluntariamente afirmativa de paz.

 

No hay guerra justa, ni justicia guerrera. Hay paz fuerte que no es la agitación belicosa, sino la acción viva, honda, penetrante de la voluntad y del pensamiento del hombre. Y esta acción constante, en cierto modo revolucionaria, de la paz, es un esfuerzo activo.

 

Esas guerras desesperadas que fundamentan sus empeños en necesidades nacionales, son, en definitiva, la máscara de una impotencia nacional. Sólo una ideología fatalista y reaccionaria puede lanzar a los pueblos al suicidio en pos de lo que ha solido llamarse: el cumplimiento de su destino histórico. ¡Cómo si el cumplimiento de un destino histórico nacional pudiera ser otra cosa que la muerte! Un pueblo, como un hombre -un pueblo de hombres-, cumple su destino histórico cuando se muere. La vida de los pueblos, de los hombres, es luchar contra su propio y fatal destino: contra su destino mortal. Y esta lucha viva, es la paz; la paz y no la guerra; la paz es un grito, como el de Dante: “¡Yo voy gritando, paz, paz, paz1”

 

La paz del pueblo, como la paz del hombre es la conquista de su libertad. Cuando a un hombre o a un pueblo se le arranca su libertad, se le entrega al común destino histórico de la muerte. La guerra es el gran suicidero nacional de los pueblos esclavizados mentirosamente a un destino histórico que se dice glorioso, y es sencillamente guerrero, negativo de la vida, de la libertad, de la paz.

 

El error de la guerra es tan profundamente humano como cualquier otra pasión del hombre. En los inicios del siglo XXI, debemos escuchar el tambor en la lejanía: atentamente.

 

La paz se diferencia de la guerra, en que luchar por ella no da héroes, sino mártires; en que sus víctimas, la sangre inocente de sus víctimas, no es un testimonio mentiroso de vanagloria, sino verdadero de justicia.

 

Escuchemos el tambor lejano, para no dejar de luchar por la paz. Para no hacer las paces con la guerra, ni levantar guerras con la paz. Y como dijo el poeta: “Tierra sin ningún cautivo. / Una paloma volando, / libre de olivo en olivo”.

 

Francisco Arias Solis
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FRANCISCO PI Y MARGALL POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

FRANCISCO PI Y MARGALL (1824-1901) “Nadie tiene derecho a reducir mi libertad sino yo mismo. Vivo en una sociedad; pero no es suficiente para que tenga que sujetarme a un poder que no he creado, ni a unas leyes que no he hecho.”Pi y Margall. 

LA VOZ DE UN HOMBRE SABIO Y BUENO
 

Pi y Margall (al igual que ha ocurrido con Giner de los Ríos, Azcárate, y tantos otros personajes de la comtemporánea historia española) está tópicamente incluido en la lista negra hispana de los “malditos”. Son casi como tiñosos y figuran en la categoría de seres, que conviene mentar los menos posible.

 

Sin embargo, ellos tuvieron su bondad, una gran bondad, y hombres como Pi y Margall contribuyeron, intensamente, con la entrega de su esfuerzo, de su vida entera, a la búsqueda de una España mejor, más justa, más humana, más fraterna.

 

“Con ser grande la importancia de los planteamientos políticos de Pi y Margall, aún es mayor su valor filosófico”, afirma tajantemente García Casanova. En realidad este autor no hace sino reafirmar lo que ya en su momento vio Federica Montseny cuando dijo en el prólogo que puso a La reacción y la revolución que en esta obra “el político es absorbido y dominado por el filósofo”.

 

El político e intelectual Francisco Pi y Margall es una figura central de nuestro siglo XIX, que hasta fechas muy recientes no ha empezado a ser debidamente valorada. “Pi y Margall -dice Jutglar- constituye una de las figuras claves -una de las figuras más importantes- de la segunda mitad del siglo XIX en España”.

 

Pi y Margall, una de las últimas y más logradas expresiones de nuestro romanticismo político es un caso singular, de cómo el esfuerzo y la inteligencia pueden superar las adversas condiciones de fortuna.

 Francisco Pi y Margall nace en Barcelona el 29 de abril de 1824. Era hijo de una familia muy modesta, lo que obligó a los padres a ingresarle en el seminario de Barcelona; en 1847 se trasladó a Madrid donde se doctoró en Derecho. Al principio tuvo que trabajar en muy diversos oficios para ganarse la vida: se empleó en la sucursal madrileña de la Banca Martí y ejerció funciones de colaboración y crítica literaria en diversas revistas -Renacimiento, El Correo, etc.-, si bien muy pronto se dedicó a la política. En 1854 publica La reacción y la revolución -libro básico para conocer su pensamiento-, pero ya antes había dado a la luz un tomo redactado por él de una monumental Historia de la pintura en Italia, que sufrió la persecución de la censura eclesiástica. La misma suerte corrieron sus Estudios sobre la Edad Media.  

Desde el diario La Discusión mantuvo grandes polémicas y en el curso de las cuales defendió siempre el socialismo como ideología compatible con el partido democrático. Su republicanismo le obligó a huir en 1866, fijando su residencia en París, donde permaneció hasta 1869, fecha en que regresó a Madrid, al ser elegido diputado para las Cortes Constituyentes convocadas por la revolución del 68.

 

Al establecerse la República el 11 de febrero de 1873, Pi quedará ya inevitablemente ligado a su suerte. En el primer Gobierno de la misma, cuya presidencia ocupaba Estanislao Figueras, Pi se hará cargo de la cartera de Gobernación, pero habiendo renunciado Figueras a dicha presidencia, será Pi y Margall quien la ocupe, lo que hará desde el 11 de junio hasta el 18 de julio, breve período que marca la culminación de su actividad política. El día anterior a su dimisión -17 de julio- había quedado fechado el proyecto de Constitución Federal de la República Española.

 

Aunque Pi dejó justificada punto por punto su actividad política en dos libros -El reinado de Amadeo de Saboya y La República de 1873-, la verdad es que a partir de 1874 se dedicará, sobre todo, a su bufete de abogado y a sus actividades de escritor. Son los años que publica Las nacionalidades, Joyas literarias, Las luchas de nuestros días y el primer tomo de una Historia general de América. En 1890 fundó un semanario político titulado El Nuevo Régimen, órgano de propaganda federalista que realizará un papel fundamental en la elaboración del “Programa Federal de 1894”.

 

En 1901, el mismo año de su muerte, ocurrida el 29 de noviembre en Madrid, visita Barcelona para abrir los juegos florales con un discurso famoso. Pi y Margall es ya el anciano venerable, respetado y admirado por todo el mundo, aunque seguido por muy pocos, que nos retrata Azorín en La voluntad: “El anciano está sentado en un amplio sillón. Tiene la barba blanca; sus mejillas están sonrosadas; los recios cristales de unas gafas tamizan el brillo de la mirada. Es menudo de cuerpo; su voz es incisiva y penetrante. Y conforme va hablando, sencillamente, ingenuamente, va frotándose las manos una con otra, todo encogido, todo risueño... En el tremendo desconcierto de la última década de siglo XIX, sólo este español se yergue puro entre la turba de negociantes discurseadores y cínicos”.

 

A su muerte un periódico aseguraba que “será eternamente admirado allí donde haya hombres que abominen de la guerra y de la injusticia social, de la tiranía, de la desigualdad de clases, y que tengan por ideal la paz y el amor al prójimo. El amor santo que un día reconciliará las razas y las naciones en una federación universal”.

 

La honestidad y la coherencia personal que corre a lo largo de toda la vida de este hombre singular se refleja en la continuidad y profundidad de su pensamiento. Y como dijo este hombre sabio y bueno: “Sostengo que la revolución aún hoy es la paz”.

 Francisco Arias Solis
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FE EN EL PUEBLO POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

  

FE EN EL PUEBLO
 “Pero yo digo España, y lo mantengo a raíz de corazón y a flor de labios,porque la llevo dentro, porque soy España  por los cuatro costados; porque me está naciendo de continuo,endurecida y pobre, con trabajo,donde se hace la rabia de quererla:abajo.”

Victoriano Crémer.

 UN POLITICO HONESTO NO PUEDE SER EXCLUSIVAMENTE PRAGMATICO 

El análisis prospectivo del futuro inmediato no puede excluir el enjuiciamiento de las condiciones del presente. Es posible concretar, en alguna medida, previsiones a corto y medio plazo; pero asomarse al futuro lejano es pura fantasía. El horizonte no es una consecuencia histórica ni una deducción política, sino un acto de fe.

 

El político, si quiere permanecer fiel a sus ideas, habrá de poner su fe en la Historia y afrontar todos los riesgos, incluso el mismo fin de su carrera política. “Son las profundas tendencias de la historia -dijo Kennedy- y no las emociones pasajeras, las que moldearán nuestro porvenir”.

 

Pues bien, tener fe en la Historia es tener fe en el pueblo. Un político honesto no puede ser exclusivamente pragmático. Gobernar a espaldas del pueblo y sin su consenso, no sólo es básicamente inmoral sino que tampoco es eficaz por mucho tiempo. Tampoco es posible imponer a los pueblos y sociedades asépticas elaboraciones de gabinete. En síntesis, el futuro se forja, de acuerdo con las leyes dinámicas de la Historia pero en el interior de las sociedades y por ellas mismas, de tal forma que, cuando la elaboración responde al criterio del cuerpo social sobrevive la continuidad y, en otro caso la ruptura.

 

Carece de sentido, al teorizar sobre los fenómenos políticos, prescindir de la dinámica interna del cuerpo social, resultante de fuerzas individuales y de grupos. Las minorías rectoras no pueden seleccionar a su antojo los acontecimientos y ya es difícil tarea hacer coherente la trayectoria política con la traza histórica del conjunto social. En la frase de lord Avon, “política es el arte de dar forma a lo que ya es”. Hoy, como ayer y siempre, no hacen política las masas, pero sí los pueblos.

 

Sin embargo, el imperio de las masas, que criticaba Ortega, renace en las formas plebiscitarias que adopta la antigua tiranía, en gobiernos que no son minorías sino de oligarquía, donde no ejercen la autoridad los mejores sino los más fuertes. Eso no es democracia, porque la democracia significa más que propagandas para adular al ciudadano o técnicas electorales para engañar a poderosas masas de votantes. La democracia pone su fe en el pueblo y en su capacidad para elegir no los voceros más fieles, sino a los hombres capaces de desarrollar escrupulosamente su propio criterio.

 Renace también el imperio de las masas en esa mentalidad paneconómica, hoy tan en boga, que mira displicente el liberalismo como una incómoda ingenuidad; olvidando con cuánta frecuencia los idealistas han transformado las estructuras sociales, en tanto los economistas han tenido que limitarse, siempre, a perfeccionar y asentar la obra de aquéllos. Karl Marx no habría cambiado el curso de la Historia sin la actividad de Lenin, Trotsky o Mao Tsé-tung. Una humanidad sumisa exclusivamente a lo económico sólo cabe en un cerebro electrónico, esto es, en un retrasado mental de gran velocidad. Tal concepción repugna a un ser humano cada día más consciente de su integración activa en una realidad comunitaria, cuyas posibilidades puede orientar. Y como dijo el poeta: “Te busco por la esperanza, / los recuerdos reanimando. / Y me contesta el silencio, / callando. / Silencio contra esperanza, / silencio helado de espanto. / ¡Muros de la patria mía, / callando!” 

Francisco Arias Solis
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CIPRIANO DE RIVAS CHERIF POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

CIPRIANO DE RIVAS CHERIF(1891-1967) 

“Esta mujer extraordinaria, magnífica artista y,

 por encima de todo, amiga de la verdad y de la belleza

 -en todo la noble, la hermosa, la simple extensión de la palabra-

 que se llama Margarita Xirgu”.

Cipriano de Rivas Cherif.

 
LA VOZ DE LA RENOVACION ESCENICA
 

La renovación vanguardista que, muy pronto, da sus frutos en poesía apenas se deja sentir sobre la escena. No obstante, hay que mencionar el entusiasmo con que Rivas Cherif y el reducido Teatro de la Escuela Nueva se abren a la renovación. Es cierto que -García Lorca a la cabeza- surgen voces nuevas -El Mirlo Blanco, El Cántaro Roto, El Caracol, Fantasía, etcétera-, pero la falta de un público que la reciba y el carácter individual de los esfuerzos harán que tales voces no cuajen en un movimiento teatral.

 

Toda la labor de Rivas Cherif va encaminada a poner al teatro español a la altura que ya tenía en el resto de Europa, que él conocía bien por sus viajes y lecturas. Ya en 1917 montó en el Ateneo de Madrid la Fedra de Unamuno. En 1920, a su vuelta de París, fundó su famoso Teatro de la Escuela Nueva, ofreciendo en el Español, con motivo del Congreso de la UGT, la resonante puesta en escena de Un enemigo del pueblo de Ibsen. En 1926 volvió a la carga animando un teatrito en casa de los Baroja, El Mirlo Blanco, labor que alternó con la de director de propaganda del Teatro dei Piccoli de Vitorio Podrecca y de la Compañía española de Mimí Aguglia, célebre actriz italiana. El éxito del Mirlo Blanco le anima a ampliar sus actividades en el Círculo de Bellas Artes en colaboración con Valle-Inclán, y así nace El Cántaro Roto, a finales de 1926.

 

En 1928 funda su cuarto teatro experimental, El Caracol, intento de mayor envergadura, clausurado por orden gubernativa. La década de los treinta la inicia con las Compañías de Irene López Heredia en Argentina e Isabel Barrón a su vuelta a España, con quien funda la Compañía Clásica de Arte Moderno. Pretendía así hacer un teatro comercial digno sin abandonar sus intentos renovadores. Pero pronto se desengaña por la excesiva preocupación de la primera actriz por salvar la taquilla a costa de la baja calidad del repertorio.

 

Es entonces cuando tiene la gran ocasión de dirigir durante cinco temporadas en el Español la mejor compañía del momento, la de Margarita Xirgu (a la que pronto se añade Enrique Borrás). En esas cinco temporadas está concentrado lo mejor y más renovador del teatro de esa época: Lorca, Valle-Inclán, Benavente, Unamuno, Alberti y las versiones actualizadas de los clásicos y románticos: Tirso, Calderón, el Duque de Rivas (cuyos Romances editó Rivas Cherif en “Clásicos Castellanos”). Con el colofón en 1935 del centenario de Lope, que dio ocasión para lucir esa labor. El puso en pie textos tan elogiados como Divinas palabras, La sirena varada, Mariana Pineda, Yerma, La zapatera prodigiosa, Fermín Galán, La corona (de Azaña), El otro de Unamuno y su versión de la Medea de Séneca (en Mérida). Sin la labor de Rivas Cherif y sus colaboradores quizás esos textos dramáticos no hubieran sido posibles y, desde luego, no hubieran subido a las tablas con la dignidad que lo hicieron.

 

Pero esto no le hizo descuidar su faceta experimental, ya que su estrategia iba encaminada a lograr una convergencia entre teatro comercial y de ensayo. Por eso pone en marcha el Teatro Experimental del Español en colaboración con Margarita Xirgu. Otra iniciativa es el Teatro Pinocho, y una fundación exclusiva suya, la Compañía Dramática de Arte Moderno. Todo ello culminaría en 1933 con el establecimiento de una escuela de teatro. Su consecuencia más inmediata fue el Estudio Dramático del Teatro Español, convertido pronto en el TEA (Teatro Escuela de Arte). El TEA pretendía renovar a fondo el hecho teatral en su totalidad, y no tenía nada que ver con el teatro de aficionados. El TEA funcionó entre 1933 y 1935 bajo la dirección de Rivas Cherif. Pero al remodelar el teatro María Guerrero queda sin escenario. Y al negarle la renovación del contrato en el Español, Rivas Cherif ha de iniciar la temporada 1935-1936 en Barcelona y continuarla por La Habana y México. La guerra civil hizo lo demás para desbaratar sus logros. Impenitente hombre de teatro, Rivas montó durante su encierro en el Penal de Dueso otro grupo dramático.

 

Conocido como poeta, autor, actor, director, traductor, crítico infatigable, animador y renovador de la escena, Cipriano de Rivas Cherif nació en Madrid el 13 de enero de 1891 y murió en México en 1967. Hizo sus estudios en las Universidades de Valladolid y Madrid hasta licenciarse en Derecho y luego estudió con una beca en el Colegio de España en Bolonia, doctorándose en aquella Facultad. Paralelamente a sus estudios desarrolló su actividad literaria y a los dieciséis años de edad publicó ya un tomo de poesía titulado Versos de Abril (1907). Escribe la novela Los cuernos de la luna (1908) y la comedia El cristal con que se mira (1909). Conoce a Manuel Azaña en el Ateneo de Madrid en 1914, y con él participa desde entonces en diversas actividades literarias, como la fundación de la revista La Pluma (1920-1923). Rivas Cherif colaboró habitualmente en España, El Liberal, La Libertad, El Sol y Heraldo de Madrid. Traduce un buen número de obras, que se recomiendan por su fidelidad y elegancia del lenguaje, de diversos escritores ingleses, franceses e italianos, entre ellos, San Francisco, Dante, La Rochefoucauld, Fóscolo, Bennet, Goldini, Pirandello, etc. En 1923 publica la novela Un camarada más. Se distinguió también como conferenciante, siendo dignas de mencionar las conferencias sobre arte que dio en el Museo del Prado (1923-1924) y en Lisboa con motivo de la actuación de la actriz Mimí Aguglia (1925). Publica, entre otras, las obras dramáticas Trance (1926) y Un sueño de la razón (1929). Premio Nacional de Literatura en 1931. Rivas Cherif es también subdirector del Conservatorio y autor de varias coreografías y ballets. Hallándose en México con la Xirgu el 18 de julio de 1936, deja la Compañía y regresa a España para ponerse a las órdenes del gobierno de la República, que, con Azaña ya presidente -cuñado suyo desde 1929 por su matrimonio con Dolores Rivas Cherif-, se enfrenta al alzamiento militar con el que se inicia la guerra. Nombrado cónsul en Ginebra, permanece en Suiza hasta 1938, año en que se traslada a Barcelona para ocupar el cargo de introductor de embajadores. Exiliado en Francia desde febrero de 1939, es apresado en 1940 por la policía franquista y la Gestapo alemana, llevado a España, juzgado sumariamente y condenado a muerte. Conmutada la pena por treinta años de reclusión, transcurre seis en prisión, donde escribe Retrato de un desconocido -vida de Manuel Azaña-, obra que empezó en el Penal del Puerto de Santa María (Cádiz) el 3 de noviembre de 1941 y la terminó en el Penal del Dueso el mismo día dos años más tarde, es decir, exactamente en el tercer aniversario de la muerte de Manuel Azaña. Rivas Cherif sale del Penal del Dueso en “libertad provisional” en julio de 1946 y fija su residencia en Madrid. Forma compañía y estrena en el Lara, de Madrid, su comedia La costumbre con María Cañete como actriz principal. Incómodo, extraño ante las nuevas circunstancias, Rivas Cherif, decide exiliarse. El día que se embarcó en el puerto de Cádiz para salir de España había una nueva orden de arresto contra él. Pero la orden se había cursado sólo a los aeropuertos... En 1947, recién llegado a México, inicia su trabajo como director y monta La guarda cuidadosa de Cervantes, y La vida es sueño, de Calderón. Un año después, funda el Teatro Español de América, y presenta Esquina peligrosa, de Priestley; La Locandiera, de Goldini; Los árboles mueren de pie, de Alejandro Casona... De 1949 a 1953, reside en Puerto Rico, y con actores puertorriqueños presenta nuevos espectáculos: El alcalde de Zalamea, Yerma, La casa de Bernarda Alba... Tras una breve estancia en Guatemala, invitado como director de teatro vuelve a México y allí dirige o asesora varios grupos experimentales. En los últimos años, intenta reactualizar el Bululú, ofreciendo en salas y teatros varios espectáculos de este género, entre los que destaca el dedicado a Farsa y licencia de la reina castiza. Simultáneamente, Rivas Cherif trabaja como profesor universitario (Universidad de Puerto Rico, Universidad Autónoma de México, México City College, etc.) y publica incesantemente: prólogos, artículos, etc.

 

En el escenario político español, 1931 marcará un hito trascendente en el devenir histórico del país. En abril, a raíz de unas elecciones municipales se proclama la Segunda República. Con papel membrete del Hotel Nacional y fecha de la madrugada del 14 de abril escribe la Xirgu a su hermano Miguel, con hermosa letra de trazo grande, enérgico y claro: “En el segundo entreacto ha llegado Cipriano (Rivas Cherif), ése ha traído más noticias, pero como quiere mucho a Azaña, no podía hablar de emoción y también con lágrimas en los ojos nos ha dado un Viva a la República que han contestado todos... Si después de todo esto viene una Dictadura Militar y no pasa nada, es que no hay vergüenza en unos y otros”.

 

Rivas Cherif desde el primer momento estuvo al lado del pueblo, lo cual equivale a decir al lado de la verdad y la justicia, pera sentirse así engrandecido y libre. Para él, arte y literatura era verdad, poesía, drama y no juego; era  hombre, libertad. No en vano de él, dijo el padre de Federico García Lorca: “Es un hombre de talento que sabe ir por la vida”.

 

Francisco Arias Solis
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Cuando hay libertad, todo lo demás sobra.

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Gracias.

EL COMPROMISO CRITICO POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

 

EL COMPROMISO CRITICO
 “No he de callar, por más con el dedo,  ya tocando la boca o ya la frente,

silencio avises o amenaces miedo.”

Francisco de Quevedo.

 EL PODER NO SUELE GUSTAR DE LA CRITICA 

Se ha dicho con acierto en numerosas ocasiones que al intelectual le corresponde sólo una actitud frente al poder: el ejercicio de la crítica. Pero han sido menos los que se han molestado en aclarar que la crítica y las ideas que representan a la oposición tampoco son demasiados compatibles. El motivo es que esas ideas pueden hacerse algún día realidad, y en el camino que va de la potencia al acto resulta más que posible que pierdan una parte o el todo de su esencia. ¿A quién le correspondería entonces la crítica de esas ideas? Sea quien sea, ese alguien ha de estar situado en una postura, especialmente incómoda, que le permita a la vez el compromiso y la crítica. Naturalmente, esta postura es imposible de mantener desde el poder, parcialmente imposible con el poder y difícil aunque se esté fuera del poder. Porque el poder impregna hasta el aire que respiramos.

 

Octavio Paz ha señalado más de una vez en sus escritos el hecho de que en los países hispánicos las personas públicas no admiten -o admiten a regañadientes- que se critiquen las actividades inherentes a su cargo. El envés de la moneda es que el ciudadano no está habituado a la crítica de la función pública. Si decide salir de la sumisión o de la apatía es para esgrimir el hacha en lugar de la dialéctica. Paz cree que en el origen de este mal se encuentra la inexistencia de la ilustración. Nuestro siglo XVIII fue pobre y mimético. Así, el siglo de la crítica brilla por su ausencia en España. Si del intelectual debemos esperar el compromiso crítico, que es la única forma de independencia solidaria, no es justo tampoco que le exijamos demasiado. Porque, ¿cómo asumir ese papel en un país sin tradición crítica donde, a su vez, el poder no suele gustar de la crítica? El intelectual debiera ser la conciencia de su pueblo. Pero no cabe de que es ante todo, su reflejo.

 

Una aclaración: intelectual es todo aquel que interpreta la realidad y que de ello hace su oficio. Es intelectual, un filósofo, pero también un poeta o un compositor. El intelectual, a diferencia del político o del publicista, no habla para todos, sino para cada uno de nosotros. Un poema, una sinfonía, una pintura no están dirigidos a todos, sino al hombre interior que habita en cada uno de nosotros mismos. La grandeza del arte consiste, precisamente, en que nos hace partícipes de lo más hondo y esencial de la naturaleza humana, sin distingos de razas, credos ni fronteras. El arte nos vuelve más tolerante y nos señala que el discurso ideológico del hombre, sea cual sea, está lleno de errores. Esto nos previene contra el fanatismo y el sectarismo, que son ingredientes muy importantes del totalitarismo.

 

Las personas que han meditado de veras sobre la historia de España terminaban llegando, desde muy diversas posturas políticas, a las mismas conclusiones: la única solución posible y duradera para nuestros diferentes pueblos es el pacto entre éstos, realizado en condiciones de igualdad.

 

Sir Herbert Read escribió que el culto al jefe está reñido con la democracia, pues supone la negación del principio de igualdad, y como contrapartida, un estado de irresponsabilidad social. Muchos quieren eludir su responsabilidad con la excusa de que hoy la situación política internacional, la nacional y autonómica es totalmente variable y compleja. Pero si no tenemos la fe necesaria por la libertad, la justicia y la dignidad del hombre, y si aceptamos una filosofía acomodaticia a aquello que el poder nos depare, pronto llegaremos a la incapacidad de pensar por nosotros mismos, dándoles la razón a esos catastrofistas que no cesan de anunciarnos calamidades. A algunos intelectuales de hoy habría que cantarles aquellos  versos del poeta : “Que te compren no me extraña; / que te vendas ... ¡eso sí!, / y lo que menos comprendo / es que no te extrañe a ti”.

 

Francisco Arias Solis
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francisco arias solis POR UNA NUEVA MODERNIDAD

  POR UNA NUEVA MODERNIDAD “No quiero  que haya frío en las casas, que haya miedo en las calles,  que haya rabia en los ojos. No quiero que en los labios se encierren mentiras, que en las arcas se encierren millones, que en la cárcel se encierre a los buenos.”

Angela Figuera Aymerich.

 UN TOQUE DE ATENCION A LA POLITICA ECONOMICA 

Todos los objetivos de la política seguida en España desde la transición política pueden resumirse en una palabra: modernización. Y curiosamente por unanimidad, todos los sucesivos responsables de esa política, han entendido como modernización económica, la profundización y extensión de las relaciones de mercado en la vida económica y social. Modernización y mercado han sido y todavía son, sinónimos en la política económica española.

 

El resultado final es que tras un largo y, para muchos, costoso periodo de ajuste que no parece tener fin, pues, cuando el anterior no ha concluido, se demanda la colaboración para un nuevo ajuste; la economía española ha conseguido liberar las fuerzas de mercado y éste está cumpliendo eficazmente su labor: promover la producción de bienes y servicios.

 

Del crecimiento del Producto Interior Bruto, del moderado éxito de la política antiinflacionista y de la tímida recuperación del empleo, se suele decir que si bien, se está lejos del cumplimiento de los objetivos, las tendencias apuntadas son las correctas, señalan el dinamismo, la mayor eficiencia y productividad de la economía española, y, en consecuencia, justifican la continuidad de la política diseñada. Al mismo tiempo se nos bombardea con algunos mensajes interesados y repetidos que probablemente seguiremos escuchando. Los salarios, se dice machaconamente, son los que provocan la inflacción, que nos hace perder competitividad y la mejor manera de ganarla es ofrecer costes salariales cada vez más bajos. La protección social genera marginación en lugar de solucionarla. El sector privado es quién produce eficientemente porque el público es un desastre. El empleo precario, hoy por hoy, es la única solución al problema de desempleo. Abaratar el despido es fundamental para la estabilidad del empleo... Hay otros mensajes también muy repetidos, y todos ellos, nos recuerdan una frase de una maravilloso personaje de L. Carroll, “Lo he repetido tres veces, luego es verdad”.

 

No obstante, la aparición o ampliación finalmente de graves desequilibrios en la marcha de la economía española ha ensombrecido en buena medida la aparentemente buena evolución y ha funcionado como un toque de atención de la política económica llevada a cabo.

 

En definitiva, a los grandes problemas que afectan a muchos ciudadanos como la falta de empleo y el déficit de prestaciones sociales, bienes públicos e infraestructuras, se han sumado, otros nuevos, como la inestabilidad laboral y el deterioro de los servicios colectivos. A ello hay que añadir la percepción general de que el crecimiento económico sólo ha beneficiado a unos pocos. de que la renta estaba tradicionalmente mal repartida en nuestro país, pero que la generada en los últimos años no se ha distribuido mejor.

 

Todo ello lleva a la conclusión de que el crecimiento de la productividad contable no es sino un espejismo que oculta que la productividad en términos de bienestar de la economía española no está creciendo, en el mejor de los casos, al ritmo deseado.

 

De cara al futuro, la modernización económica debiera ser entendida como la profundización y extensión de los derechos sociales a partir de la potenciación de la producción de bienestar bajos criterios de participación y calidad. Un nuevo tipo de modernización viable para este país en los años futuros bajo el contexto de la transnacionalización, la realidad del cambio sociotécnico y la ampliación y diversificación de las demandas de calidad de vida y bienestar de los ciudadanos y trabajadores de este país.

 

Los primeros  años del siglo XXI  pueden ser una oportunidad para consolidar el Estado de Bienestar en el seno de una sociedad también de bienestar. Y es que, como dijo el poeta: “Nunca es tarde para hablar de estas cosas”.

 

Francisco Arias Solis
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JOSE GAOS POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

 JOSE GAOS (1900-1969) “En comida de profesores mexicanos y españoles dije... que no nos sentíamos desterrados sino “transterrados”.

José Gaos.

 LA VOZ TRANSTERRADA. 

El exilio en México ha tenido tal significación que el filósofo José Gaos, creador de la escuela americana contemporánea más brillante y más variada del pensamiento filosófico, fue iluminado con la creación del concepto de transterrados en sustitución del doloroso “desterrados”.

 

La llamada herencia de Ortega resulta básica en todos los pensadores exiliados, pero entre todos los herederos de Ortega, Gaos ocupa un lugar muy sobresaliente por encima de todos los demás, habiendo elaborado una interpretación personalista y escéptica de la doctrina orteguiana. Ya lo dice el mismo Gaos: “Es probable que todos ustedes sepan que soy reconocido, y siempre me he reconocido yo mismo por discípulo de Ortega y Gaset. Hasta me he tenido y no sólo íntimamente, sino más o menos públicamente , por su discípulo más fiel y predilecto”. La ocupación más persistente de Gaos como filósofo y como profesor, y donde su obra adquiere un valor que todavía no ha sido debidamente calibrado, es en lo que él llama “Filosofía de la Filosofía”, un disciplina que trata de filiar, clasificar y descubrir la ciencia filosófica en sus múltiples manifestaciones y aspectos; desde esta perspectiva, la labor hecha por Gaos tiene mucho de psicología y sociología de la filosofía, llegando en algunos momentos muy cerca de lo que recientemente se ha llamado “arqueología de la cultura occidental”. Por lo demás, y en este mismo sentido, Gaos ha fundamentado filosóficamente la ocupación histórica con el pensamiento hispano, poniendo así las bases de una historia de las ideas, que él ha estimulado, sobre todo, en los países hispanoamericanos.

 

José Gaos nace en Gijón el 26 de diciembre de 1900. Vivió en Asturias hasta sus quince años, edad en que se traslada a Valencia, lugar de residencia de sus padres. Allí termina el bachillerato. En 1921 Gaos marcha a Madrid para realizar la licenciatura en Filosofía y Letras, lo que consigue en 1923. Allí tiene lugar un decisivo encuentro con García Morente, con Zubiri -que será director de su tesis doctoral- y, sobre todo con Ortega, a cuya filosofía presta plena adhesión desde el primer momento. Los años de trato más frecuentes debieron ser los transcurridos entre 1923 y 1928, dedicados por Gaos a la preparación de su tesis doctoral, y de 1933 a 1936, en que Gaos estuvo ya plenamente incorporado a la Escuela de Madrid como catedrático de Introducción a la Filosofía y profesor encargado del curso “preparatorio” en la Facultad de Filosofía y Letras. Entre tanto, Gaos había ganado unas oposiciones a cátedra de Instituto de Enseñanza Media, lo que le obligará a residir en León, obtendrá después un lectorado en Montpellier y finalmente una cátedra de Filosofía en la Universidad de Zaragoza. Sólo en 1933 se asienta definitivamente en Madrid, aunque por poco tiempo. En 1936, habiendo prestado plena adhesión a la República, se le nombra rector de la Universidad de Madrid y se ve obligado, con el resto del Gobierno, a trasladarse en 1937 a Valencia, donde residirá hasta 1938; posteriormente París y finalmente México, como lugar de destino, hasta su muerte, ocurrida el 10 de junio de 1969.

 

La influencia de Ortega sobre su discípulo fue importante, aunque no tanta que no puedan vislumbrarse algunas diferencias desde el primer momento. En efecto, durante los años de la República, sin necesidad de llegar a la guerra civil, surge la primera discrepancia; cuando Ortega inscribe como partido político la Agrupación al Servicio de la República, fundada por él, con Marañón y Pérez de Ayala, José Gaos, que no estaba de acuerdo, se afilió al partido socialista.

 

La obra escrita de Gaos se desarrolló básicamente en México, y entre sus libros cabe destacar los siguientes: Dos ideas de la filosofía, Dos exclusivas del hombre: la mano y el tiempo, El pensamiento hispanoamericano, Filosofía de la Filosofía  e Historia de la Filosofía, El pensamiento de la lengua española, En torno a la filosofía mexicana, Filosofía mexicana de nuestros días, Sobre Ortega y Gasset y otros trabajos de historia de las ideas en España y la América española, Confesiones profesionales, Discurso de la filosofía, De la filosofía. Ha dejado varias obras póstumas; las más importantes de las aparecidas son Del hombre e Historia de nuestra idea del mundo; la primera es una continuación De la filosofía, en la que acaba de exponer definitivamente su concepción filosófica; la segunda es un trabajo erudito y penetrante dentro del campo de la historia de las ideas, ámbito en el que Gaos era un verdadero maestro. Desgraciadamente, la obra de Gaos, publicada casi toda ella en editoriales universitarias mexicanas, es desconocida prácticamente en nuestro país, a pesar de su importancia. José Gaos fue traductor de Husserl (Investigaciones fenomenológicas, Meditaciones cartesianas, Ideas relativas a una fenomenología pura y a una filosofía fenomenológica), de Kierkegaard (El concepto de la angustia), de Heidegger (Ser y tiempo), de Jaeger, de Hartmann, de Jaspers, etc., con lo que realizó una inmensa labor en pro del conocimiento de la filosofía alemana en general y, muy en especial, de algunos movimientos filosóficos: fenomenología, existencialismo, historicismo, etc.

 

Desde el primer momento de su llegada a México, Gaos se incorporó plenamente a la potenciación del pensamiento en aquel país; lo mismo desde sus clases en la Universidad que desde el Seminario para el Estudio del Pensamiento en los Países de Lengua Española dirigido en el Colegio de México o desde sus publicaciones escritas. No hace así más que vivir en el plano profesional el sentimiento que le embargó a su llegada a tierra americana. Basta recordar su teoría de las dos patrias: la de “origen”, que nos viene dada por el nacimiento, azar más allá de toda decisión personal, y la de “destino”, libre, voluntaria y conscientemente aceptada, ya que no elegida. Esta teoría es índice del apasionamiento con que Gaos vivirá su circunstancia mexicana y la entrega profesional a la misma. El pensamiento de Gaos ejerció una influencia en absoluto desdeñable en la forja y desarrollo de la “conciencia mexicana”.

 

Gaos realizó una tarea que perdurará como fundamental en la revalorización que en los últimos años se ha hecho del pensamiento hispanoamericano. La dirección del Seminario por Gaos, culminó en la elaboración de tesis de donde salieron algunos de los mejores trabajos que sobre historia de las ideas hispanoamericanas se han hecho últimamente. No en vano nos dejó dicho el filósofo asturiano: “Los españoles hicimos un nuevo descubrimiento de América...”

 Francisco Arias Solis
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 Gracias.

   

EL DUENDE DEL CANTE POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

EL DUENDE DEL CANTE
 “Empieza el llantode la guitarra.Es inútil callarla.Es imposible callarla.”.

  Federico García Lorca.

 EN EL 85º ANIVERSARIO DEL CONCURSO DE CANTE JONDO DE GRANADA  

En el Corpus de 1922, en la plaza de los Aljibes de la Alhambra, tenía lugar el concurso de Cante Jondo. Fue el día de San Antonio, es decir, un 13 de junio, sin temor al mal-fario. Se trataba de buscar la raíz misma del cante precisamente en el pueblo. Menéndez Pidal afirma que el nacimiento de la lírica popular es consustancial con el de todo el idioma. Allí, donde vive una comunidad hay un principio lírico. Es decir, la poesía lírica se anticipa a veces en largos decenios a la épica y a la epopeya. Más adelante descubre el inmenso valor de la tradición oral, substrato que es como el cimiento real de toda cultura humana.

 

El músico gaditano Manuel de Falla y el poeta granadino Federico García Lorca prestan el inapreciable servicio de buscar, para darle nueva luz, el auténtico cante. Junto a ellos, toda una pléyade de artistas y escritores con inquietudes, y en primerísima fila, el pintor Manolo Ángeles Ortiz, a quien, en cierta ocasión le dijo Federico: “La poesía de tu pintura y la pintura de mi poesía nacen del mismo manantial”.

 

El arte unifica si es verdadero. Esta es la lección que nos ofrecen estos creadores y esta lección viene mostrada por el abigarramiento de aquella famosa tertulia granadina del que fue famoso Rinconcillo del café Alameda: Allí, Falla, Fernando de los Ríos, Melchor Fernández Almagro (Melchorito que decía Lorca), Montesinos, Lorca, Manolo Ángeles.... Creo que fue de allí de donde partió la idea del famoso concurso de cante jondo.

 

Lorca y Manolo Ángeles Ortiz recorren prácticamente toda Andalucía y especialmente la tierra granadina en busca de aquellos que cantasen con pureza de estilo. De esta forma, y con la inapreciable ayuda de Falla, sale a la superficie todo un inmenso caudal lírico folklórico que vegetaba y, lo que es peor, se iba perdiendo y adulterando.

 

La influencia causada por este célebre concurso de cante jondo tiene una valoración tan destacada que se puede afirmar, sin temor a equivocarse, que salvó nuestro inigualable folklore. Le inyectó nueva vida y sobre todo se le despojó de todo aquello que no tenía el sello de lo auténtico.

 

Falla, Lorca y Manolo Ángeles Ortiz son, los más entusiastas y a ellos se debe, con certeza, la mayor parte del éxito. En esa ocasión es cuando Lorca compone su Poema del cante jondo y Manolo Ángeles Ortiz encuentra la medida de su pintura. A este último se debe el cartel anunciador y él debe a este período imborrable de su vida, el descubrimiento de un quehacer artístico en que ya perduraría para siempre. Precisamente a fines de 1922 y con una carta de presentación de Falla para Picasso, Manolo marcha a París.  Ortiz siempre afirmaría que quisiera que su pintura fuera como cuando una guitarra toca la “soleá”.

 

Para el concurso llegaron Zuloaga y Rusiñol. Los cuadros del pintor vasco decoraron la plaza. También estuvieron Juan Ramón Jiménez, Federico García Sanchiz, Turina, Mauricio Legendre, Ramón Gómez de la Serna, Adolfo Salazar, Enrique Díez Canedo, los duques de Alba, Edgar Neville, Ramón Pérez de Ayala, Kurt Schindler, director de la Schola Cantorum; Leig Henry, director de la revista musical Fanfare; John Brandle Trend, enviado especial del Times y Music and Letters; etc.

 

Participaron en el célebre concurso Antonio Chacón, Manolo Caracol, Diego Bermúdez “el Tenazas”... Fuera de concurso, cantó Manuel Torre, del que decía García Lorca que era “el hombre de mayor cultura en la sangre que he conocido”.

 

Hubo una verdadera polémica en la prensa en torno al concurso. Se vociferó contra él y se le alabó; ambas cosas desenfrenadamente. La realidad es que fue un intento -el de más envergadura- por salvar los cantes primitivos andaluces. García Sanchiz recordaba luego las saetas de un sobrino de “el Gallo”, el torero; Gómez de la Serna se acordaba del tamaño y color de la falda de “la Macarrona”, que se atenía a la medida antigua y de su baile hondo, único, inimitable. Manuel de Falla estaba satisfecho.

 

“Lo que vale en el cante -decía Manuel Torre, el famoso cantaor del concurso de cante jondo es el gusanillo que se le mete dentro”. Ese “gusanillo” que decía Manuel Torre y al que Federico García Lorca llamó, especificando su esencia y forma de andaluza misteriosidad, el “duende”, también estuvo en el concurso de cante jondo de Granada acompañando al auténtico cante y al llanto de la guitarra. Y como dijo el poeta granadino: “Es imposible / callarla. / Llora por cosas / lejanas”.

 

Francisco Arias Solis
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Donde mora la libertad, allí está mi patria.

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Gracias.