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Francisco Arias Solís

RAFAEL ALTAMIRA POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

  RAFAEL ALTAMIRA (ALICANTE, 1866-MEXICO, 1951) 

“Nuestra administración sabe hallar dinero cuando lo necesita

 para sostener organismos inútiles o perjudiciales, y sólo emplea

 el argumento de la penuria cuando se habla de reforzar los gastos

 relativos a órdenes tan fundamentales de la vida nacional como la enseñanza.”

Rafael Altamira.
 
LA VOZ DE UN AMERICANISTA
 

Rafael Altamira es un hombre de indiscutible valía intelectual y ética y de posiciones sociales progresistas y comprometidas, que consideraba que la acción social transformadora era un trabajo colectivo. Para Altamira la falta de democracia tiene como consecuencia el atraso, la incultura y la pobreza. El diagnóstico, aunque genérico, parece acertado, el problema básico de la España del 98 es, en primer lugar, que no existe la democracia. Este aspecto debe completarse con el análisis del atraso y la falta de sólida opinión pública que por su atraso sufría el país. Así, pues, España lo que necesita es una profunda Regeneración. Esta Regeneración tiene una primera parte fundamental, decisiva: la moral pública. Para conseguirlo es necesario acabar con el monopolio de la oligarquía y con el sistema caciquil, aislar la corrupción y sanear la vida pública impidiendo que la participación en ella suponga egoísmo y lucro propios y abandono de responsabilidades ante la colectividad.

 

Las Leyes de Indias -era el máximo especialista en Derecho Indiano- constituían para Altamira “el más alto ejemplo de legislación amparadora y tutelar de los humildes e incultos”. Gracias a esta política de protección se consiguieron novedades de orden social casi revolucionarias como fijar la jornada de trabajo o dar un salario a los obreros que convirtieron en pionera a España entre todas las potencias europeas.

 

Rafael Altamira y Crevea nace en 1866 en Alicante; ciudad en la que pasa sus primeros años y en la que cursa el bachillerato. En julio de 1882 se traslada a Valencia para estudiar Derecho. Realiza el doctorado en Madrid, donde entra en contacto con la Institución Libre de Enseñanza, que marcará sus ideas, sus preocupaciones educativas y su actitud ética. Trabaja en el Museo de Instrucción Primera, más adelante Museo Pedagógico y escribe La enseñanza en la historia, que se publica en 1891. Dirige el periódico republicano La Justicia, y la Revista Crítica de Historia y Literatura Españolas, Portuguesas e Hispanoamericanas. Gana la cátedra de Historia del Derecho Español en la Universidad de Oviedo. Contribuye a la literatura posterior al desastre del 98 con su Psicología del pueblo español y participa en la Extensión Universitaria. Publica y traduce obras, entre las que sobresale la Historia de España y de la civilización española.

 

En 1909 realizó un viaje por casi toda Hispanoamérica de notable repercusión para España y los países visitados y que se encuentra relatado en su libro Mi viaje a América. A su regreso fue nombrado director general de Enseñanza Primaria. Nombrado luego profesor del Instituto Diplomático y Consular en 1914 gana la cátedra de Historia de las Instituciones Políticas y Civiles de América en la Universidad de Madrid.

 

En la Primera Guerra Mundial trabaja a favor de los aliados y publica La guerra actual y la opinión española. En 1920 es elegido miembro de la Comisión de Juristas encargado por el Consejo de la Sociedad de las Naciones de redactar el anteproyecto del Tribunal de Justicia Internacional y en 1921 es nombrado uno de los nueve jueces primeros titulares del mismo, desde 1921 hasta 1940 en que deja funcionar el Tribunal. Altamira despliega una gran actividad internacional jurídica y pacifista. En 1922 se le nombra académico de la Real Academia de la Historia.

 

En 1929 comienza la preparación de sus Obras completas en las que se incluyen, además de otras ya citadas, su Historia de la civilización española, el Epítome de historia de España, Cuestiones modernas de historia, De historia y arte, Cuestiones obreras, Giner educador, Ideario político, etc. La guerra y el exilio le impedirán la realización del proyecto.

 

Con cerca de ochenta años, y tras una odisea en Francia ocupada por los alemanes, Rafael Altamira llega a Estados Unidos, de paso para la ciudad de México, donde se encontraban exiliados sus dos hijas, Pilar y Nela, y sus respectivas familias. Durante la travesía marítima se fracturó la cadera, lo que le obligó a dedicar sus primeros meses de estancia en México a atender su padecimiento.

 

Altamira dicta cursos en el Colegio de México y en la Universidad Nacional Autónoma de México y participa en actividades del exilio republicano.

 La obra de Altamira en sus años de exilio hasta su muerte, tanto en Francia como en México, fue la de completar trabajos ya iniciados años antes, como el Diccionario castellano de palabras jurídicas y técnicas tomadas de la legislación indiana y su estado Análisis de la recopilación de las Leyes de Indias de 1680. 

México le rindió varios homenajes, que culminaron con el que le rindió el Instituto Panamericano de Geografía e Historia en 1947 al otorgarle el primer premio de Historia de América por la labor que desarrolló durante su vida. Rafael Altamira muere en México en 1951, no sin antes haber sido propuesto para el premio Nobel de la Paz, que no se le pudo conceder por haber muerto un poco antes del fallo del Tribunal.

 

El proyecto último de Altamira es la consecución de una convivencia de pueblos a través de una educación que fomente el entendimiento, la curiosidad y la educación para la paz y sea capaz de profundizar en una sociedad abierta, participativa y solidaria. “La Universidad debe trabajar por la paz -escribía Altamira-; debe, como representante de las más altas cualidades del espíritu, a la vez que afirmar el sentido racional de la lucha por el derecho, que proclamó Ihering, tratar de suprimir de las relaciones internacionales el sello de barbarie y de rapacidad que aún tiene hoy”.

  Francisco Arias Solis
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  No hagamos las paces con la guerra, ni tampoco levantemos guerras con la paz.


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LOS INTRANSIGENTES POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

LOS INTRANSIGENTES “Discutiendo están dos mozos si a la fiesta del lugar irán por la carretera o campo traviesa irán.Discutiendo y disputandoempiezan a pelear.”

Antonio Machado.

  HAY MUCHAS FORMAS DE SER TOTALITARIOS 

La otra tarde, en un lugar público un determinado individuo, a quien conozco, pasó altivamente a mi lado, como si no me viera. Imaginé por una parte, que trataba de hacerme admirar su perfil de medalla, colocándose en la posición más favorable desde mi punto de vista, pero, por otra parte, descarté en seguida que pudiera estar aquejado de tan cómica vanidad.

 

Pensándolo mejor, se me ocurrió que jugando aquel caballero a una determinada carta política, entendía que, para decirlo brechtianamente, lo mejor era ir creando una atmósfera de “distanciamiento”.

 

Medité entonces, melancólicamente, que hay gentes absurdamente totalitarias. Con la persona de que digo existen muchos puntos de contacto. En lo profesional y aun en la coincidencia cronológica, diversos temas podrían servir de pasto a algunas conversaciones.

 

Pero la persona en cuestión ha tomado partido y ha decidido no compartir su existencia con otras personas de las que llevan la corbata del alma del mismo color que la suya. Entristece pensar que esta actitud de intransigencia mana precisamente de aquellas personas que alzan la bandera de la más absoluta libertad. De la misma manera que hay tantos pacifistas que nos sorprenden por su belicosidad, hay muchos liberales que nos aterran por su totalitarismo. Hay muchas maneras de ser totalitario y la más flagrante de ellas es la que nos ofrece ese señor capaz de renunciar al pan y la sal de la amistad, al servicio de un cantonalismo político.

 

Se ha recordado con frecuencia que, en otros tiempos, en los años de la Restauración, personalidades de enorme disparidad ideológica tenían a gala cultivar entre ellos una cordial y respetuosa amistad. Don Marcelino Menéndez Pelayo se sentía amigo de don Benito Pérez Galdós, sin perjuicio de que el Catolicismo del polígrafo vapulease, en sus artículos doctrinales, del Radicalismo del novelista. Pero fuera de la liza polémica existía un terreno donde el respeto y la cortesía eran la flor de una exquisita sociabilidad.

 

Me temo que hemos perdido mucho terreno y aun diría -y bien me duele decirlo- que vamos a perder, en un futuro inmediato, mucho más.

 

El mundo de las ideas está hecho para conseguir el entendimiento y sólo en los lindes de la madurez aprendemos que la verdad no es blanca ni negra, sino de matizados colores; y que la razón no es nunca absoluta y totalmente de un solo bando.

 

Al maestro que consiguiera grabar esta sencilla verdad en el corazón de los ciudadanos habría de levantársele el monumento más grandioso y merecido que se ha erigido jamás a persona alguna.

 

Claro está que para ello el restablecimiento de las condiciones normales del diálogo constituyen una urgencia indesviable. Por eso cuanto se haga en este sentido debe ser estimado como un progreso para la convivencia y como un programa vital ineludible. No ha mucho que un afamado escritor, en unas discretas declaraciones a raíz de la obtención de un gran premio literario, hacía votos por una sociedad futura en la que nunca más la sosegada palabra y el respeto a la opinión de la voz del adversario pudiera quedar apagada por la violencia. Y es que como dijo el poeta: “Pido la paz y la palabra”.

 

Francisco Arias Solis
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Cuando hay libertad, todo lo demás sobra.

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JOSE DIAZ FERNANDEZ POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

JOSE DIAZ FERNÁNDEZ(1898-1941) 

“Queréis comprar lo imponderable -la mirada,

 el arrebato, la sonrisa, el temblor- como compráis

 el brazo robusto y el pecho tenso que arrancan

 el mineral o rigen la máquina.”

José Díaz Fernández.  LA VOZ SENSIBLE DEL ARTE. 

“Saludemos al nuevo romanticismo del hombre y de la máquina -escribía Díaz Fernández- que harán un arte para la vida, no una vida para el arte”. El novelista salmantino demostró tener sensibilidad consciente del arte. Del arte de la generación del 27, primer lugar de encuentro de los primeros hijos del siglo. El artista, que tiene una conciencia, porque empieza por reconocerse hombre; la cual conciencia es fina y dolorosa, porque separa de entre el magma, confuso de tendencias, escuelas y conceptos, que han llenado, capciosos, el panorama europeo desde principios del siglo XIX, los elementos puros, los elementos transcendentes.

 

José Díaz Fernández nace en Aldea del Obispo, provincia de Salamanca, el 20 de mayo de 1898, siendo por tanto de la verdadera generación que nace en el 98: García Lorca, Vicente Aleixandre, Concha Méndez, Victoria Kent, Juan José Domenchina, Juan Chabás, César Muñoz Arconada, Rosa Chacel y Xavier Zubiri.

 

Díaz Fernández se licenció en Derecho por la Universidad de Oviedo. Se inicia en el periodismo en El Noroeste de Gijón, del que pasó a El Sol. Ejerció un papel determinante en los últimos años de la dictadura, orientando en buena parte la evolución de las letras españolas. Por su campaña contra la dictadura fue encarcelado en 1929 y luego desterrado a Portugal. En colaboración con Joaquín Arderius publicó Vida de Fermín Galán. El 30 de enero de 1930 el mismo día en que caía la Dictadura de Primo de Rivera aparecía dirigida por José Díaz Fernández, Antonio Espina y Adolfo Salazar, la revista Nueva España, la publicación surge, en un momento histórico clave. La revista tenía la intencionalidad de cubrir “todo el ala ideológica de las izquierdas” y de mantener una línea de periodismo polémico. Más tarde se incorporó a la dirección de la revista  Joaquín Arderius. En su principio Nueva España tuvo una periodicidad quincenal; a partir del número catorce, hasta su desaparición, se convirtió en semanario. Entre las colaboraciones pueden destacarse la de Salas Viu, Miguel Angel Asturias, María Zambrano, Azorín, Mauricio Bacarisse, Corpus Barga, Juan Gil Albert, Benjamín Jarnés, Ramón J. Sender, Fermín Galán y César Vallejo.

 

El novelista salmantino estuvo vinculado al Partido Radical Socialista y más tarde al de Izquierda Republicana de Azaña. Abandonó rápidamente la práctica de la literatura de creación y se entregó por entero a la actividad política (diputado en las Constituyentes) y la crítica literaria, alternativamente ejercida desde las páginas de El Sol, Crisol, Luz y Política. Durante la guerra fue jefe de Prensa de Barcelona y jefe de ediciones de la Subsecretaría de Propaganda del Ministerio de Estado. Al acabar el conflicto cruzó la frontera y murió en Touluse el 18 de febrero de  1941.

 

No sabemos lo que hubiera podido dar de sí como novelista uno de los más característicos escritores de la tendencia social de preguerra, José Díaz Fernández a causa de su temprana muerte con sólo cuarenta y dos años. Inició la tendencia social  que marca el primer viraje en el vanguardismo -a fines de los años veinte- con El blocao (1928), relato de tesis pacifista sobre la campaña de Marruecos. En La Venus mecánica (1929) utiliza el estilo metafórico y el fragmentarismo propios a las técnicas vanguardistas, pero da a su novela una clara intención de crítica social y hasta revolucionaria. Los ensayos reunidos bajo el título El nuevo romanticismo (1930) ofrecen un análisis penetrante de estado de crisis en que se encuentra la vanguardia a fines de los años veinte. Apunta como posible nueva dirección de la vanguardia una literatura “de compromiso”, destinada a ser instrumento de reforma social.

 

Un espíritu crítico, se infiltra y baña la obra de Díaz Fernández. A juicio del periodista y novelista, el progreso que la máquina significa en la evolución del espíritu social, se halla empequeñecido y, en ocasiones, ridículamente mixtificado en el capitalismo esnobista y burgués, de ciertos grupos del llamado “arte puro”. Para estos grupos de los caducos “ismos” españoles, tiene Díaz Fernández palabras muy certeras y sensatas. Al término “vanguardia” aplicado a una clase de arte demasiado restricto y neutral en los más hondos problemas sociales y políticos, opone Díaz Fernández, el término “avanzada”. “La verdadera vanguardia -decía el novelista- será aquella que ajuste sus formas nuevas de expresión a las nuevas formas de pensamiento”. En la reseña sobre El nuevo romanticismo, afirmaba Antonio Espina, que el arte y la literatura habían de convertirse en instrumento al servicio de la transformación social; sobre las estéticas habrán de imponerse los valores éticos.

 

Determinados enfoques del novelista salmantino siguen teniendo plena vigencia. “No existen en las clases directoras de Occidente -escribía Díaz Fernández- preocupaciones de orden espiritual que puedan enaltecer la existencia o consagrarla a fines superiores. La acumulación de dinero o de placeres les ha hecho insensibles para los postulados de una nueva moral”.

  

Francisco Arias Solis
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Si quieres la paz, trabaja por la justicia.

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RAMON J. SENDER POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

 RAMON J. SENDER(1901-1982) “Y pasa por Jerez de la Fronteranacarada, galana, fría y sola la luna del otoño en primavera.”Ramón J. Sender. LA VOZ DEL SENTIR SOCIAL “Para mí -decía Sender-, la realidad política no existe. Es una frivolidad. Lo único que quiero es un sentir social...”. Sender es uno de los más importantes novelistas de toda nuestra literatura contemporánea, y con Pío Baroja, al que supera en muchos aspectos, sobre todo en imaginación y variedad, es uno de los más grandes novelistas de todos los tiempos. Escritor comprometido con la revolución social, marcado por una profunda moral, que es su amor al hombre de carne y hueso, al ser que sufre la historia no al que la hace. Un desplazado voluntario por desencanto, pero que siempre ha amado las limpias pasiones de su pueblo, y defendido que la belleza por la belleza no puede ser el único justificativo de la vida. Pero, sobre todo un hombre que todo lo que nos dice en su obra está prodigiosamente de acuerdo con su vida. Sender fue uno de los intelectuales republicanos de la Casa de la Cultura que trabajó codo a codo con María Zambrano, Rosa Chacel, Antonio Machado, León Felipe, Corpus Barga, Emilio Prados, Manuel Altolaguirre, José Moreno Villa... Asiste al II Congreso Internacional de Escritores Antifascistas que reunió en Valencia a José Bergamín, Octavio Paz, Nicolás Guillén, John dos Passos, André Malraux, Iliá Ehremburg, Corpus Barga, Antonio Machado, Pablo Neruda, etc. 

Ramón José Sender Garcés nace en Chalamera de Cinca, provincia de Huesca, el 3 de febrero de 1901. Estudió en un colegio de religiosos en Reus. A los diecisiete años, ya terminado el Bachiller Sender se escapó de casa y se fue a Madrid. Solo y sin dinero pasó los mayores apuros de su vida hasta el punto de verse obligado a dormir en un banco del Retiro durante tres meses. Se lavaba en una fuente del parque y en las duchas del Ateneo, a donde iba diariamente a leer y escribir. Más tarde se licenció en Filosofía y Letras por la Universidad de Madrid. Fue soldado en Marruecos y posteriormente colaboró en los periódicos El Sol, La Libertad, Solidaridad Obrera, El Socialista y en numerosas revistas, como Octubre, Línea, Ayuda, Las Españas, etc. Liberal y anarquista es encarcelado en 1927, el mismo año en que obtuvo el premio “Lecturas” por su relato marroquí Una hoguera en la noche. En 1930 publica Imán, obra formidable de un soldado, escrita con sus propios recuerdos de la guerra de Marruecos. El protagonista de este libro de guerra, cuando regresa a su vida civil, hállase sin norte, sin ideales, sin salario, casi sin pueblo, porque ha sido transformado en pantano.

 

En 1933 ocurre un hecho fundamental que causa  a Sender un malestar inconcebible: la represión sangrienta de Casas Viejas, pueblo de la provincia de Cádiz, donde unos jornaleros se habían sublevado. Arriesgando la vida, Ramón J. Sender fue a Casas Viejas pocos días después, se informó detalladamente de los hechos y los denunció duramente, con la crudeza de la verdad, en una serie de artículos que se publicaron en La Libertad y luego en el libro Viaje a la aldea del crimen (1934). La denuncia tuvo serias repercusiones y el Gobierno de Azaña tuvo que dimitir. En 1935 le fue otorgado el Premio Nacional de Literatura por su novela histórica Mr. Whit en el cantón.

 

Atraído en primera instancia por el partido comunista, del que se fue apartando progresivamente, Ramón J. Sender hubo de vivir por este motivo unos momentos especialmente trágicos durante los primeros meses de la rebelión militar de 1936. Por una parte sufrió persecución por parte de la derecha sublevada, quien se ensañó con su hermano Manuel -alcalde de Huesca- y su esposa Amparo, pero por otra también de los mandos comunistas.

 

Poco más tarde, el Gobierno republicano encomienda a Sender misiones en América. En 1938 se exilia en Francia y posteriormente en México y Estados Unidos. Fue profesor en universidades de Nuevo México y California. En 1974 y 1976 pudo regresar fugazmente a España. Dos años antes de su muerte recuperó su nacionalidad española. Ramón J. Sender muere en San Diego, California, el 16 de enero de 1982.

 

Su obra más cerrada y acabada es una novelita corta, Réquiem por un campesino español. Libro sencillo, expresivo y conmovedor, relata, más allá de planfletarismos o partidismos, la historia de un sacerdote, el cual queriendo salvar a un joven del pueblo en los comienzos de la guerra, no consigue evitar la ejecución.

 Otras novelas importantes son: Siete domingos rojos, Viaje a la aldea del crimen, Epitalamio de Prieto Trinidad, Contraataque, Proverbio de la muerte, El lugar de un hombre, El verdugo afable, Ariadna, Bizancio, La tesis de Nancy, La luna de los perros, Crónica del alba, Tánit, En la vida de Ignacio Morell y La mirada inmóvil. Ha escrito también muchos ensayos: Teatro de masas, Examen de ingenios: los noventayochos, Valle-Inclán y la dificultad de la tragedia, Ver y no ver y Ensayos de otro mundo. Sender nos sorprende al doblar su vida el medio siglo con un libro de versos, Libro armilar de poesías y memorias bisiestas que incluye en su totalidad, su primer libro poético, Las imágenes migratorias, publicado en México en 1960. “Hay poetas -nos decía Sender- como esas campanas en las que sólo les va bien el toque del alba. Son los que a mí más me gustan”.  

Ramón J. Sender toca todos los temas con una gran maestría, teniendo en su haber grandes y pequeñas obras, algunas de una rara perfección.

 

Este escritor fecundo y variado, con una gran fuerza narrativa, y un sobrio estilo realista, declaraba en 1974: “En un sentido político, yo no entiendo nada. Como no pertenezco a ninguna organización, a ningún partido, ni tengo la menor ambición de ser gobernador civil ni ministro, me parece que no hay lugar para hablar de esas cosas...”

 

Francisco Arias Solis
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EXISTIR ES PENSAR POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

EXISTIR ES PENSAR

 “Ya hubo quien pensó: cogito ergo non sum.¡Qué exageración!”Antonio Machado. 

PENSAR EN EL PORVENIR ES PREVENIR

 Existir es pensar, y pensar es comprometerse. “El pensamiento es la vida, pues los que no piensan no viven en un sentido elevado y verdadero. El pensamiento hace al hombre”, nos dice A.B. Alcott. Y el pensador Merleau-Ponty nos había dicho: “El hombre no es un animal racional”. Exacto. Porque no puede ser un animal por más que quiera. Es precisamente esa facultad de pensar la que nos distingue de los animales. Pensar con claridad es uno de los más grandes triunfos del ser humano. Un individuo desprovisto de ideas no puede ser en realidad feliz. Por todo ello, merece la pena poner a trabajar el mecanismo más fantástico que puede concebirse: el cerebro. Se ha dicho que pensar en el presente es principalmente resolver los problemas; pensar en el pasado es recordarlos y pensar en el porvenir es prevenir. Estas tres actividades son inmensamente importantes. Nuestra vida está constantemente influenciada por la manera como resolvemos los problemas, los recuerdos manan de nuestra experiencia y de nuestro conocimiento y no es necesario recordar que un problema se resuelve mejor conociendo la causa. Por nuestra vieja tierra del Sur se dice que el alma es memoria; el cuerpo olvido. Finalmente, prever es advertir o tomar las precauciones necesarias en vista de una acción precisa. Para resolver los problemas o tomar decisiones debemos pensar en los resultados. Pensar en los resultados es prever. Además de la facultad natural que no has sido dada son necesarios otros dos elementos para reflexionar con “eficacia”. Que son el conocimiento y la organización. El estudio, la investigación, un verdadero interés, he aquí los elementos que contribuyen al conocimiento de una cosa. Después de haber adquirido el conocimiento útil sobre una cuestión, hay que organizar las ideas. Reconocer nuestra ignorancia ya es aprender. Charles Kettering lo ha expresado como sigue: “Un hombre debe tener cierta parte de ignorancia inteligente para llegar al fin propuesto”. Hay que convenir que es harto difícil pensar en todo. ¡Ni se debe confundir sueño con reflexión! Es muy cómodo soñar cuando no se está acostumbrado a concentrarse. Por la sencilla razón de que el pensamiento deber dirigirse a la acción. La acción empieza cuando se empieza a escribir. Una vez que una idea se transcribe se pasa a la siguiente y así seguido hasta el fin. ¡Qué pocos se atreven a seguir hasta el fin su propio pensamiento! Y es que, como dijo el poeta: “Poquito a poco / se duerme el pensamiento. / Se acaba todo.”  

Francisco Arias Solis
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Por esa libertad bella como la vida.

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FORO LIBRE: HOMENAJE A RAFAEL LAFFON

 FORO  LIBREASOCIACION CULTURAL, ARTISTICA Y LITERARIA Francisco Arias Solís - Presidente ~ Plaza San Severiano, 2 ~ 11007 - CADIZe-mail: pazylibertad@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias “Sonaba tu melodía. ¿Sonó? ¿Sonaba en mi puerta?La calle estaba desierta, y en mi puerta nadie había.”Rafael Laffón.  

HOMENAJE DE FORO LIBRE A RAFAEL LAFFON

  El próximo lunes, día 28, a las 20.30 horas, en la cafetería-restaurante El Cantábrico (Avda. Cayetano del Toro, 21), la Asociación Cultural, Artística y Literaria FORO LIBRE celebrará un encuentro literario sobre la vida y la obra del poeta sevillano Rafael Laffón (1895-1975, con motivo del 32º   aniversario de su muerte.  La obra de Rafael Laffón está llena hasta el rebose de ese espíritu lírico, que sabe de matices, que caracteriza al poeta andaluz y, naturalmente, al sevillano. Son muchos los que recuerdan y conservan como una joya aquellos primeros números de la revista Mediodía que fundara con Joaquín Romero Murube, en 1926, y que tanta importancia tuvo como exponente de la nueva literatura y como punto de unión entre la poesía de Sevilla y las grandes figuras del 27.  Después de un primer libro de corte modernista, Cráter: versos de ingenuidad y violencia (1921) –otra obra de iguales características, El sol desaparecido (1922-1924), permaneció inédita hasta 1977-. La evolución hacia el vanguardismo se consuma en los dos libros siguientes: Signo + (1927) e Identidad (1934). Tras este ciclo inicial, la poesía laffoniana avanza hacia el que será su camino más característico. La tradición popular y la clásica será el vehículo elegido después de la guerra para expresar su devoción religiosa, su pasión por Sevilla. Entre los títulos más relevantes de esta época se cuentan: Romances y madrigales (1944), Poesías (1945), Adviento de la angustia (1948), Cantar del Santo Rey (1948) y Romances del Santo Rey (1951), dedicados a Fernando III.  La última época de la poesía laffoniana se abre con Vigilia del jazmín (1952), libro clave que expresa la magnitud de un tiempo de dolor que podríamos calificar de lírica de testimonio personal. El ciclo se completa con A dos aguas (1962), La cicatriz y el reino (1964) y Sinusoides
Su obra en prosa está llena de lirismo y de amor a su Sevilla. Entre los títulos más relevantes de su obra en prosa se cuentan: Jardines de Sevilla (1921), Maternidad (1924), Ditirambo a las Cofradías (1926), Discurso de las Cofradías de Sevilla (1941) y Sevilla del buen recuerdo (1970).   Francisco Arias Solis
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  Se ama la libertad como se ama y se necesita el aire, el pan y el amor.

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LORENZO LUZURIAGA POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

 LORENZO LUZURIAGA (1889-1959) Realidad se llama esta publicación... Le hemos puesto el subtítulo Revista de Ideas, porque en cuanto pensamiento y por el pensamiento interviene en lo real el escritor.”  Declaración del número inaugural de Realidad (Enero 1947). 

LA VOZ DE LAS IDEAS PEDAGOGICAS
 Luzuriaga es uno de los más eminentes pedagogos españoles de nuestro siglo, cuya aportación a nuestra pedagogía es de decisiva influencia. Debe su formación intelectual a los eminentes maestros Francisco Giner de los Ríos, Manuel B. Cossío y José Ortega y Gasset. 

Lorenzo Luzuriaga Medina  nació en Valdepeñas (Ciudad Real) el 29 de octubre de 1889. Después de cursar estudios en la Escuela Superior del Magisterio, amplió los mismos en Marburgo (Alemania), donde conoció las nuevas orientaciones de la pedagogía europea, que unido a sus experiencias y estudios en las Universidades de Jena y Berlín nos da el hombre que lleno de entusiasmo y de ciencia se entregó por entero al engrandecimiento de la enseñanza en España.

 

Sus actuaciones en la Institución Libre de Enseñanza, al lado de sus maestros, Francisco Giner de los Ríos, y en el Museo Pedagógico, con Manuel B. Cossío, van destacando a Luzuriaga como el hombre sabio de grandes ideas pedagógicas para renovar nuestras enseñanzas e incorporarlas a las nuevas corrientes europeas. Creador y director de la Revista de Pedagogía, que tuvo una gran difusión y una decisiva influencia en todo el magisterio español. Tuvo a su cargo la sección “Hoja de Pedagogía e Instrucción Pública”, del diario madrileño El Sol, donde dejó brillantes muestras de su ingenio y cultura pedagógica. También colaboró en la Revista de Occidente.

 

Su labor, dentro del campo de la enseñanza universitaria, comenzó en 1933, al ser nombrado profesor del Curso de Pedagogía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid, donde se destacó como un auténtico maestro.

 

Durante su destierro político fue dos años profesor de español en Glasgow. Requerido por García Morente y Amado Alonso, se trasladó a la Argentina, donde fue nombrado profesor de la cátedra de Pedagogía, de la Universidad de Tucumán, y después vicedecano de la Facultad de Filosofía y Letras. Más tarde pasó a Venezuela, de cuya Universidad de Caracas fue profesor de la cátedra de Historia de la Educación, que obtuvo por oposición. Después volvió a la Argentina siendo nombrado para la cátedra de Pedagogía, de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Asume en la Editorial Losada la dirección de la Biblioteca Pedagógica, donde publica obras que enriquecen el acervo de conocimientos de todo el magisterio iberoamericano. Así, divulga en América hasta su muerte, acaecida en Buenos Aires, el 23 de diciembre de 1959, la obra de John Dewey, por el que sentía singular afinidad; de Messer, Dilthey, Kilpatrick, Bühler, Millot, Spranger, Claparède, Nohl y otros muchos, siendo sus propios libros: Escuelas activas, La pedagogía contemporánea, La educación nueva, La reforma de la educación, La escuela nueva pública, Pedagogía social y política, Ideas pedagógicas del siglo XX, muy celebrados entre los educadores de todo el continente, sobre muchos de los cuales ejerció influencia directa desde sus cátedras de Pedagogía.

 

En La educación nueva recoge las ideas de la escuela activa y vitalista del doctor Ovidio Decroly y de la doctora María Montesori, que llevaron nuevos aires de renovación a las enseñanzas de párvulos, así como a las de las Escuelas Maternales.

 

Su mujer, la distinguida psicóloga española María Luisa Navarro, le acompañó en el destierro. En España trabajó María Luisa Navarro como profesora de la Escuela de Sordomudos de Madrid. En Argentina fue profesora de Psicología y colaboró con sus familiares en la creación del primer jardín de niños que llevó el nombre -sugerido por Alejandro Casona- de Platero.

 

Lorenzo Luzuriaga funda en la argentina Realidad / Revista de Ideas, de la que fueron consejeros Francisco Romero, Francisco Ayala, Eduardo Mallea, el gran matemático español Julio Rey Pastor y, colaboradores, entre tantos, Corpus Barga, Antonio Espina, José Ferrater Mora, José Gaos, Adolfo Salazar, Pedro Salinas, Claudio Sánchez-Albornoz, Ricardo Gullón, Juan Ramón Jiménez y Rosa Chacel; a los que se incorporaron nuevos valores -típica ilusión esta de Luzuriaga-, que más tarde alcanzaron harta nombradía: Cortázar, Murena, etc.

 

Dada su sólida formación y amplia capacidad de organización, Luzuriaga llevó a la filosofía de la educación todo el contenidos de las nuevas corrientes pedagógicas extranjeras, si bien adaptándolas a la psicología y características del pueblo español. Su libro Las nuevas escuelas alemanas es un acabado estudio de las orientaciones de la nueva enseñanza en Alemania, que él procura encajar, en lo posible, en los programas de la primera enseñanza de la escuela española, constituyendo el noble intento del más brillante ensayo de la escuela activa en nuestra nación.

 

Francisco Arias Solis
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 Gracias.
   

INTELIGENCIA MENGUANTE POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

 INTELIGENCIA MENGUANTE. “-Nuestro español bosteza. ¿Es hambre? ¿Sueño? ¿Hastío? Doctor, ¿tendrá el estómago vacío? -El vacío es más bien de la cabeza.”

Antonio Machado.

 
LA FALTA DE ESTIMACION SOCIAL DE LA INTELIGENCIA
 El hombre de hoy suele creerse dispensado de ser inteligente. No ya el político, el ejecutivo, el profesional, el artista o el escritor, sino incluso el “intelectual”. No digo con esto que haya menos hombres “inteligentes” que en otras épocas, si por ello se entiende que sus dotes psicofísicas sean inferiores; por el contrario, creo que dentro de lo que llamamos la historia, por oposición a la prehistoria, las dotes del hombre han sido estadísticamente muy comparables. El fenómeno que me inquieta no tiene raíces biológicas o psicofísicas, sino sociales. Se trata de que la inteligencia ha perdido vigencia y prestigio, ha empezado a ser menos estimada, y eso ha producido su mengua.  

Hace unos  setenta años, la inteligencia irritaba profundamente a muchos hombres -no se podría entender la floración de los fascismos sin tener en cuenta esta actitud-. Pero irritaba precisamente porque tenía prestigio y vigencia, porque se le estimaba enormemente, porque se la deseaba, se la consideraba necesaria, su ausencia se sentía como privación

 

Esto es lo que ha cambiado; la inteligencia apenas irrita más que a los supervivientes de generaciones que conocieron la situación anterior; ahora más bien es olvidada, omitida, pasada por alto; no se le percibe ni se le echa de menos; apenas se la envidia; no se distinguen bien sus grados. Adviértase que es infrecuente que se elogie a alguien por su inteligencia.

 

La causa real de la disminución efectiva de la inteligencia en los primeros años  del siglo XXI es su deterioro o deslustre; el haber perdido “parte de la estimación o lucimiento que antes tenía”. Porque es menos estimada la inteligencia es menor.

 

Estamos en uno de los momentos en que los hombres “públicos” han sido menos interesantes. Haga el lector el experimento de intentar recordar quiénes estuvieron  al frente de los distintos ministerios del anterior Gobierno  encontrará que en inaudita proporción no lo sabe; y cuando lo sabe, apenas sabe más que el nombre del ministro o ministra, sin que el ministro o ministra se presente a sus ojos con una figura personal, con un contenido humano, mental o programático identificable.

 Véanse los elogios que se tributan por los críticos a los artistas, a los literatos: rara vez apuntan a la inteligencia, a la compresión de la realidad. Y ¿qué duda cabe de que el arte, no ya en sus formas literarias, sino la música o la pintura, es siempre compresión, interpretación de la realidad, y que puede y debe ser inteligente, aunque no sea conceptual? ¿No es evidente la inteligencia de Leonardo, Velázquez, Rembrandt, Goya  o Picasso, la de Mozart, Beethoven, Debussy, Stravinsky o Falla, la del Dante, Petrarca, Shakespeare, Cervantes, Lope, Quevedo, Unamuno, Machado, Juan Ramón Jiménez, Neruda, Vallejo, Octavio Paz, Lorca o Alberti? Yo me pregunto si es algo semejante lo que se busca, lo que se desea, lo que se exige o se estima. 

Esa falta de estimación social de la inteligencia como tal, el que haya dejado de ser “requisito”, conduce al descenso de su nivel afectivo. La inteligencia nunca es “segura”, porque no consiste en sus facultades ni en su mero funcionamiento automático, sino en su uso humano, en su ejercicio circunstancial frente a la realidad, en la multiplicidad de sus conexiones con todos los ingredientes de la vida. Cuando no se espera que esto se haga, es imposible que el individuo haga el esfuerzo -siempre penoso, aunque a la vez delicioso- de conseguirlo. Falta la necesidad, el estímulo, más que nada el “contagio”: el pensamiento es algo que se hace normalmente porque se ve como funciona; cuando empiezan a faltar los ejercicios de la inteligencia, es más infrecuente su espectáculo y por tanto su contagio, y por consiguiente, la probabilidad de que se engendren nuevos focos disminuye. Es una reacción en cadena, y muy rápida.

 

Por estos son posibles las “épocas estúpidas”, en que la inteligencia parece haberse atrofiado, en que casi nadie es inteligente -aunque las dotes permanecen iguales-. Cuando no se espera, reclama, exige una conducta inteligente, se bajan las defensas, se deja que penetre en la mente el tópico, el slogan, la consigna, la moda; y entonces es infrecuente que nadie se encuentre con un ejemplo vivaz, ejecutivo de pensamiento inteligente, y que en él se encienda una luz análoga.

 

Nada me parece más urgente que la restauración del ejercicio de la inteligencia -lo más dramático del mundo, porque es lo más inseguro-. Sólo de ello me atrevo a esperar que no se malogren las espléndidas posibilidades humanas que ha llegado a tener en sus manos -pero quizá no en su mente, y por tanto en su vida efectiva- el hombre de nuestro tiempo. Y como dijo el poeta: “Saber de verdad es saber / que la inteligencia es lo único / que no se debe perder.”

 

Francisco Arias Solis
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