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Francisco Arias Solís

LA PARTICIPACION CIUDADANA POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

LA PARTICIPACION CIUDADANA. “Que es su voz, como ninguna  voz puede ser desde entonces, la voz de todos a una.”

Rafael Alberti.

 
MUCHOS CARGOS POLITICOS TRANSMITEN
 UN MENSAJE DESENCANTADO. 

Son muchos los jóvenes que se asustan de la participación, tal como se la presentan los mayores. Pareciera que participar en un gran sacrificio, o una heroicidad, para situaciones extraordinarias, o bien que es hacer el tonto trabajar para los demás sin provecho alguno, tal como se han desarrollado las cosas. Sin embargo, los fenómenos participativos no creo que tengan nada que ver con heroicidades. Evidentemente hay un esfuerzo (en dedicación y en compromiso) por los dirigentes de cualquier movimiento, pero en general es satisfactorio por el mero hecho de sentirse a sí mismo vivo y actuante en tal proceso solidario, y posteriormente por lo aprendido de relaciones humanas, y de nuevos enfoques para ver la vida. Y sin duda más satisfactorio aún en el caso de que se consiga hacer la actividad o la reivindicación planteada, con lo que también se aprende de ese factor específico.

 

Hoy hay muchos dirigentes sociales y muchos más cargos políticos que transmiten un mensaje desencantado y de heroicidad frustrada a aquéllos que quieran hacer algo solidario y organizado. E incluso, con la mejor buena voluntad, no están transmitiendo más que sus propias frustraciones sobre lo que no han podido hacer. En los cargos políticos son habituales las siguientes frases: “La participación ciudadana ya no es posible, ahora a la gente eso no le interesa”; “Si se quiere eficacia no podemos caer en burocracias y democratitis”; “Plantear la participación por la participación lo único que sirve es para retrasar la gestión municipal y el que se hagan menos cosas”; “La gente no está preparada para participar en temas complejos, como los urbanísticos”, “Si cada vez que se debate un tema importante hacemos un referéndum, entonces ¿para qué estamos los concejales? Anularíamos la democracia representativa”. Todas estas frases contrastan abiertamente con la realidad de los hechos, pero sirven como “profecías” exculpatorias para justificar que no se puede intentar nada nuevo.

 

La participación ciudadana es posible hoy cuando hay voluntad política para ello, y a la gente le interesa si realmente se consiguen cosas concretas. Las bases y sus asociaciones tienen interés en participar cuando se supera la tomadura de pelo de tantas reuniones que no concretan nada.

 

Bien es cierto que durante los años 80 muchos municipios, nombraron un concejal de Participación Ciudadana y trataron  de poner en marcha un Reglamento de Participación. La verdad es que tal concejalía, en la mayor parte de los casos, apenas ha tenido presupuestos y equipos técnicos, y por lo mismo tampoco ha sido apetecida por los políticos. De tal suerte que ha venido a ser una concejalía desvalorizada. A pesar de todo se ha intentado hacer con las Federaciones de Asociaciones de Vecinos de cada localidad y con algunas otras entidades ciudadanas Reglamentos de Participación Ciudadana con mayor o menor fortuna.

 

La cultura de discutir los Reglamentos entre los dirigentes vecinales y concejales y técnicos municipales, sustituyó los intereses inmediatos de las bases sociales. En muchos casos, los Reglamentos han sido un colchón amortiguador de las tensiones entre dirigentes ciudadanos y Ayuntamientos, a veces también favorecidas por la militancia en un mismo partido o en situaciones afines. Al final los dirigentes ciudadanos ya hablan en los términos jurídicos de los técnicos y los concejales, y muy poco o nada en los términos en que se expresan en la calle los jóvenes de su barrio, o las señoras que prefieren a ir hacer gimnasia al centro municipal que le han puesto. Y como dijo el poeta: “Si el ser no es el parecer / cuando lo está pareciendo, / ¿para qué vamos a ver / ni a creer lo que estamos viendo?”

 

Francisco Arias Solis
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WIKIPEDIA: http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Arias_Sol%C3%ADs  Por la convivencia frente a la crispación.


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MARIA ZAMBRANO POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

MARÍA ZAMBRANO (1904-1991) “Si la libertad tuviera una vida continua seríamos seres idénticos, pero la libertad, como toda aparición, se revela por instantes y se pierde. No podemos olvidarla ni vivir constantemente con ella. De ahí sus violentas apariciones, sus paroxismos y también las instituciones que tratan de sostenerla”.

María Zambrano.

 
LA VOZ DEL PENSAMIENTO POETICO
 

El pensamiento de María Zambrano es un pensamiento poético no sólo por ser discurso de lo poético y sobre lo poético, sino, ante todo, porque se produce como toda la razón que elige la poesía como forma, es decir, avanza en imágenes. No es casual que el poeta José Ángel Valente dedique a María Zambrano el poema Palabra: “Palabra / hecha de nada. / Rama / en el aire vacío”. Para María Zambrano, toda historia, es, en último término, poesía: “La poesía y la historia todo puede ser uno”, afirmaba nuestro Lope.

 

“Entre nuestras maravillosas catedrales -escribía nuestra pensadora-, ninguna de conceptos; entre tanto formidable castillo de nuestra Castilla, ninguno de pensamientos”. María Zambrano insiste en esta característica de nuestra cultura: la ausencia de grandes sistemas filosóficos. Al preguntarse por el origen de esta singular peculiaridad, analiza dos sentimientos aparentemente contrarios: la admiración y la violencia, que están en el origen de la filosofía; de estos dos ingredientes nos faltó el de la violencia. El pensador español se dejó vencer del lado de la admiración, dando carácter específico al llamado “realismo español” Es éste un peculiar enamoramiento del mundo. Este desasimiento se ha manifestado bajo las formas de popularidad y dispersión; ambos han producido lo más típico del pensamiento español, que es inaprensible por los métodos propios de la filosofía tradicional. Y así surge un peculiar modo de conocimiento que es la “razón poética”. Afirmando como lo “propio de lo español, de la vida española y del hombre que la vive: el imposible, el imposible como único posible horizonte”. Ahora bien, el acceso al conocimiento de un pueblo que tiene como meta lo imposible no puede ser otro que la poesía. Y esta razón poética es la que encarna en nuestro pueblo y se manifiesta en su literatura y en su historia. He aquí por qué cuando un español se aparta de su pueblo comete el más grave pecado que puede cometer contra su esencia, cayendo en ser minoría: “En España -decía-, perder la comunidad con el pueblo no conduce a nada positivo, tan sólo a desviar la ruta o estancarse en el escepticismo”.

 María Zambrano Alarcón nace en Vélez-Málaga, el 22 de abril de 1904. Hija de maestros, la familia ha de trasladarse en 1909 a Segovia. Allí conoce María a Antonio Machado, amigo de su padre. En 1924 completa sus estudios de Filosofía y Letras en la Universidad Central. Asiste a los cursos de Ortega y Gasset, Xavier Zubiri y García Morente. En 1930, publica su primer libro Horizonte de liberalismo. Es profesora de la Cátedra de Metafísica en la Universidad Central, hasta el año 1936. Antes de la fatal guerra civil había colaborado en Revista de Occidente y Cruz y Raya. 

Tras la rebelión militar del 36 viaja a Chile, donde publica Los intelectuales en el drama de España. Vuelve a España en 1937. En Valencia, se integra en el grupo de escritores de la revista Hora de España, y colabora activamente en defensa de la República.

 

El 28 de enero de 1939 se encamina al exilio. Como el de tantos otros exiliados españoles, su exilio fue también espiritual. La obra de María Zambrano se ha creado sobre todo en la ausencia. Y hay que señalar todo lo que de injusto silencio y oscurantismo ha rodeado la proyección literaria de María  Zambrano y todo el valor cívico de la escritora malagueña en su largo exilio abrazada a su dignidad.

 

En México es nombrada profesora de la Universidad de Morelia. Publica Pensamiento y poesía en la vida española  y Filosofía y poesía. En 1940 es nombrada profesora de la Universidad de la Habana. Dicta cursos en la Universidad de San Juan de Puerto Rico. En Buenos Aires aparecen El pensamiento vivo de Séneca y La agonía de Europa. En 1946 marcha a París donde reside hasta el 1949. De regreso a América, reside en la Habana. En 1953 se traslada a Roma donde vive hasta 1964. Obtiene el Premio Literario Europeo de Ginebra por su ensayo Delirio y Destino. En 1964 se retira a vivir a una casa de campo junto a un bosque del Jura francés. Publica varios libros: España, sueño y verdad, El sueño creador, La tumba de Antígona y Claros del bosque. En 1978 se traslada a vivir a Femey-Voltaire. En 1979 publica Homenaje a Pablo Iglesias. En 1981 le es concedido el Premio Príncipe de Asturias y el Premio Cervantes en 1988. La escritora malagueña muere en Madrid el 6 de febrero de 1991.

 

Decir que María Zambrano es una escritora necesaria no es un elogio, sino una primera medida de valoración objetiva. Si María Zambrano se hubiera callado, algo profundo y esencial habría faltado, quizá para siempre a la literatura española.

 

“La síntesis personal de Ortega y Unamuno -decía José Luis Aranguren- es perfecta en María Zambrano”. Jorge Guillén nos dijo: “Nadie más independiente que esta dama que no se deja proteger. No es rebeldía. Es libertad”.

 

Francisco Arias Solis
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Donde mora la libertad, allí está mi patria.

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ESTEBAN SALAZAR CHAPELA POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

ESTEBAN SALAZAR CHAPELA(1902-1965) “El nuevo invento atómico... ahuyentaba los temores de un planeta arrasado, infestado e inhabitable por ende. Con él no habría destrucción de edificios ni radiactividad tampoco; las ciudades quedarán totalmente en pie...”.

 Esteban Salazar Chapela.

 
LA VOZ DEL FINO NARRADOR MALAGUEÑO
 

El novelista y periodista malagueño traza la novela de los exiliados españoles en Perico en Londres (1947). Aparte los motivos ideológicos o la posición política, como forma narrativa y de estilo -terso, elegante, logrado-, como caracterización psicológica de los personajes o el fondo de ambiente, e incluso como valor documental, ya sobre el tema histórico del destierro en general, ya sobre las reacciones de los españoles ante lo inglés o viceversa (que en algún momento recuerdan poemas de León Felipe, como La raposa), o sobre la fácil clave de algunas figuras, supone el mayor acierto literario del autor malagueño y uno de los casos más vivos del género, aun con las digresiones de tipo intelectual, como el libro supuesto sobre los “no conformistas españoles”, que refiriéndose a motivos de los siglos XVI y XVII ofrece facetas, discutibles, pero de curiosa y aguda originalidad. Detalles de su fina sensibilidad, aparecen en muchos lugares del libro, como al presentar unos españoles exiliados, en Inglaterra, que estaban “turulatos de vacío y oquedad”. Y no falta la ironía, sobre los mismos personajes que evoca con simpatía, como el ex-diputado que dice: “Este país se está poniendo imposible ... Ya, hasta dan trabajo”. A su vez, nota agudamente cómo muchos “trasplantados” mejoran en sus calidades intelectuales, como ya había adivinado Gracián.

 

Esteban Salazar Chapela nació en Málaga el 24 de octubre de 1902. Estudió bachillerato en aquella ciudad, pasando en 1920 a Barcelona, en cuya Universidad cursó la licenciatura de Historia. En 1926 fundó en Madrid una revista política y literaria (orientada en cuanto a lo político en contra de la dictadura de Primo de Rivera; en cuanto a lo literario a revelar jóvenes escritores), y en ella publicó sus primeros trabajos (ensayos, críticas literarias, artículos políticos) que le dieron a conocer en los círculos intelectuales. Se formó en la “generación del 27”, y trabajó en el diario El Sol, y colaboró en La Gaceta Literaria y Revista de Occidente. La aparición de su obra Pero sin hijos (1931) lo reveló de súbito como novelista. Salazar Chapela es el más novelista de los novelistas europeizados que puso en circulación la Revista de Occidente, tales como, Bergamín Jarnés, Francisco Ayala, Pedro Salinas, Antonio Espina, Juan Chabás, Rosa Chacel, Antonio de Obregón, Valentín Andrés Álvarez... Desempeñó cargos políticos con la República (cónsul en Glasgow y director del Instituto Español en Londres). Residió en la capital británica desde el fin de la guerra. “Es mejor estar exiliado en México o en Londres -le dijo a Max Aub- que estar enterrado en Madrid”.  Fue corresponsal en Londres de la revista literaria del exilio Romance y lector de español en Cambridge. En el verano de 1961, enfermo de nostalgia,  visitó Madrid. Murió en Londres el 19 de febrero de 1965.

 

Su obra Desnudo en Piccadilly, es una de las más logradas novelas de un español contemporáneo sobre un medio y unos seres que no le son naturales, sino incorporados. Destacan los personajes, como tales, aún más que en Perico en Londres. El tema de la doble personalidad que se ha relacionado con Pirandello, es uno de los casos mejor logrados, aunque es sólo un motivo inicial del relato. Porque las razones del cambio (Matías Pascal en Pirandello, y Charles Pim, en Salazar) son en lo fundamental diversas, aunque coincidan motivos familiares, en parte. El problema llega a lo trascendental y aun a lo patético, siendo a la vez muy psicológico (la sublimación del tímido en audaz). El tema de conquistar, con otro nombre y rostro (deformado, transformado en la guerra mundial) a su esposa, antes infiel, aunque se relacione con motivos de la literatura francesa, es en manos de Salazar a la vez irónica y dramáticamente original. Su problemática, lleva a uno de los más interesantes motivos de nuestro tiempo; y no ya sólo hace sonreír sino meditar sobre un enorme interrogante.

 

En su novela de anticipación Después de la bomba, con humor casi británico nos cuenta la historia de unos supervivientes de una hipotética III Guerra Mundial. En ella habla de la bomba de neutrones, veinte años antes de su invención.

 

Salazar Chapela publicó un lúcido estudio del teatro de Max Aub en el Boletín de la Unión de Intelectuales Españoles que se editaba en México. El gran novelista malagueño es también el ordenador de un buen libro de Lecturas clásicas españolas. Sin embargo, su nombre y su obra tras el largo exilio han caído en el olvido. Y es que, como dijo otro gran malagueño exiliado Emilio Prados: “Golpeé con mi voz, con mi palabra / -no sé dónde, ni lo sabré jamás-: / nadie me abrió”.

 

Francisco Arias Solis
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La paz no se reduce a la ausencia de guerras

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LUIS BUÑUEL POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

LUIS BUÑUEL (1900-1983) “Ese paisaje se hiela menos sobre el espejo que sobre las uñas de los muertosque han de resucitar con los dedos convertidos en flores en flores de agonía y de salvación.”

Luis Buñuel.

 
LA VOZ DE UN SURREALISTA
 

El surrealismo gozó durante un tiempo buena salud y aun cuando oportunamente comenzó a flaquear, todavía se le atribuían secretas virtudes: cuando algo no quedaba del todo claro siempre cabía alegar que no había por qué entenderlo. Buñuel se benefició a menudo de sus ribetes surrealistas. Sin embargo, Buñuel es uno de los grandes cineastas de todos los tiempos, no por haber insistentemente simbolizado la realidad, sino casi por lo contrario: por haber hecho tan reales -tan cercanos, humanos, terrenales- los símbolos.

 

Luis Buñuel nace en Calanda, provincia de Teruel, el 22 de febrero de 1900. A los tres años, su familia se instaló en Zaragoza y sólo en épocas de vacaciones residieron en Calanda, alternando desde 1915 con estancias veraniegas en San Sebastián. Muy aficionado a la música, en estos años aprendió a tocar el violín y el piano. Terminado el bachillerato, cursado en los jesuitas, el joven Luis Buñuel marcha a Madrid para cursar la carrera de ingeniero agrónomo e ingresa en la Residencia de Estudiantes. Buñuel cambia al poco tiempo de estudios, encaminándose hacia la Ingeniería Industrial y posteriormente, allá por 1920, se decide cursar Ciencias Naturales. Un año después, cuando sabe por Américo Castro que la carrera exigida para los lectorados de español en las universidades extranjeras es Filosofía y Letras, inicia la rama de Historia, en la que se licenciará en 1924. De este período cabe retener la dedicación de Buñuel al boxeo amateur (campeón de España en 1921), sus actuaciones como actor teatral aficionado y, sobre todo, su creciente interés hacia el cine, que fue uno de los polos de atracción cultural de la “generación del 27”.

 

Muy pronto Buñuel se convierte en uno de los estudiantes más famosos de la Residencia. Federico García Lorca, que llegará a la Residencia un año después que él, le solía repetir: “Tú eres muy bruto”. ”Y era verdad”, nos decía Buñuel. “Y, sin embargo -añadía Buñuel-, a Federico se lo debo todo. Es decir, sin él yo no habría sabido lo que era la poesía.” Dalí llega a la Residencia tres años después de haber entrado Buñuel, pero pronto se convierten en grandes amigos, no es ni mucho menos casual que su primera película, Un chien andalou (1929), fuera escrita al alimón con Salvador Dalí. En 1925 Buñuel marchó a París. En 1926 dirigió en Amsterdam una escenificación de El retablo de Maese Pedro, de Falla. Se integró en la Académie de Cinéma, un taller de iniciación y práctica cinematográfica dirigido por el realizador franco-polaco Jean Epstein, el nombre más relevante del cine de vanguardia francés en aquellos años. De 1927 datan los primeros proyectos de realización cinematográfica de Buñuel. Desde París, dirigió la sección de cine de la fundamental Gaceta Literaria Hispanoamericana, publicación dirigida por Ernesto Giménez Caballero. De esta relación con Giménez Caballero surgió el proyecto de organizar un cineclub en Madrid, que se crearía efectivamente en el otoño de 1928 -el primero en España-, con el título de “Cineclub Español”.

 

Un chien andalou es un filme que se presta a continuas exégesis -tanto a nivel poético, simbólico o psicoanalítico-. Al ser presentado en el Studio des Ursulines de París, los surrealistas la aclamaron como una obra propia, con la alta aprobación de André Breton (Buñuel había asistido a la proyección con guijarros en los bolsillos, para atacar -o defenderse de- a los espectadores malevolentes, pero no hubo de usarlos). Un chien andalou determinó la adopción de Buñuel por el grupo surrealista de París y ello facilitó la realización de su siguiente, L’Age d’or, que es tal vez el filme más importante de su autor y de toda la producción cinematográfica surrealista. Rafael Alberti nos contaba: “Después de Un perro andaluz y La edad de oro -las dos obras maestras de un surrealista- saldría Luis Buñuel a Tierra sin pan, su magnífico documental sobre la mísera región de las Hurdes”. La máxima figura del exilio cinematográfico español abandona España en septiembre de 1936 en misión oficial, cuando su nombre gozaba ya de prestigio mundial, no entre el gran público, sino entre las élites intelectuales. En 1949 Buñuel obtiene la nacionalidad mexicana. Luis Buñuel fallece en México el 29 de julio de 1983.

 

En 1962 -el mismo año de la presentación de Viridiana- Buñuel manifiesta en una entrevista con el crítico japonés Kenji Kanesaka, que las películas propias que más recomendaba eran Él y Nazarín (hasta entonces las más “interiores”), que Los Olvidados no es un documental y que el cine es un medio maravilloso para expresar el mundo interno del creador. Buñuel sabía lo que traía entre manos. Sabía que no siempre había podido, ni había logrado, hacer lo que hubiese querido hacer. Que reproducir documentalmente la realidad y escapar simbólicamente de ella son el anverso y reverso de la misma medalla. Que para entender la realidad humana no hay más remedio que profundizar imaginativamente en ella, al modo de los grandes novelistas.

 

De todo ello se encuentran fuertes trazas en Los Olvidados, Él, Nazarín y Viridiana, pero se acusa vigorosamente sólo en El Ángel exterminador (1962) y resplandece gloriosamente -o crudamente- en las cuatro obras maestras que le sucedieron: Simón del desierto (1965), Belle de Your (1967), La Vida Láctea (1969) y Tristana (1970).

 

Lo esencial para Buñuel es expresar por medio del cine una visión de la vida humana. Buñuel no simboliza la realidad, y menos que nada la realidad humana, sino que en todo caso humaniza los símbolos. Lo que escandaliza y asusta a los mojigatos, en las películas de Buñuel, es su autenticidad, su independencia fabulosa, su pureza natural, luminosa y sombría, su salvaje invención poética... Buñuel guardó fidelidad a dos cosas durante toda su vida: a la libertad y a las vanguardias.

  

En los primeros intentos literarios de Luis Buñuel se nota la influencia del ultraísmo, y sobre todo, de la literatura de Gómez de la Serna, una de las fuentes buñuelianas más claras. La libertad metafórica de las greguerías de Ramón, su ingeniosa fantasía, su humorismo, la atención que el escritor pone en el tratamiento de los objetos, que en sus textos cobran verdadera vida, constituirán rasgos decisivos de lo que luego será el cine de Buñuel. Max Aub nos decía: ”La greguería era y es una forma de no tomar la vida en serio. No se trata de simbolismos; quien diga que el cine de Buñuel está lleno de símbolos no sabe lo que dice; si dijera que está lleno de greguerías, estaría en lo cierto”.

 

Buñuel publica en las revistas Ultra y Horizonte, cuentos y poemas que no le satisfacen del todo. Algunos de sus textos literarios posteriores son realmente valiosos, como la originalísima pieza dramática Hamlet o sus poemas de Un perro andaluz, o sus interesantes trabajos cinematográficos La duquesa de Alba y Goya e Ilegible, hijo de flauta, obra esta última fundamental dentro del surrealismo español. En 1982 publica sus memorias Mi último suspiro, obra de gran importancia sobre su actividad literaria y cinematográfica.

 

Buñuel, que siempre quiso ser escritor y que durante toda su vida envidiará el ligero equipaje de la escritura frente al complejo tinglado material que conlleva el cine, abandonará la idea de ser escritor a regañadientes, en parte por los enormes esfuerzos que paradójicamente le suponía la creación literaria. “Hoy -escribía en 1980- yo puedo tener alguna importancia como cineasta, pero hubiera dado todo a cambio de poder ser escritor. Es lo que realmente me hubiera gustado ser”.

 

Francisco Arias Solis
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Cuando hay libertad, todo lo demás sobra.

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JUAN REJANO POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

JUAN REJANO(1903-1976). “Y mañana, amor, mañana contigo, bajo los cielos de la patria.  Ay, amor, amor, contigo,bajo la paz de tus ojos,en la paz del campo mío.”Juan Rejano. 

LA VOZ EN LA LEJANIA
 

Juan Rejano es un poeta hecho fundamentalmente en el exilio. “Nacieron estas canciones -escribía Juan Rejano-, que agrupo con el título de El Genil y los olivos, por una necesidad de aliviar el alma de tanto y tanto recuerdo como la embriaga, en esta lejanía amarga de España”. Pablo Neruda, el gran poeta chileno, en el prólogo de Memoria en llamas, primer libro de Rejano, nos dejó dicho: “Esto es Juan Rejano lleno de melancolía y de rumores, y éste es su primer árbol en que cada estrella, cada hoja y cada nido guardan los brillos rectilíneos de la conciencia, y los destellos insurgentes de la sangre, y la luz machacada de esta hora de las vidas”.

 

Juan Rejano es un poeta andaluz por los cuatro costados. Nació el 20 de octubre de  1903, en Puente Genil, provincia de Córdoba, donde inició sus estudios, destacando sus atracciones por la música y sobresaliendo como excelente violinista. Prosiguió sus estudios en Madrid. Sus primeros escritos aparecen en las revistas locales Ideales, Bética y Revista Popular. Tras la guerra de Marruecos se establece en Málaga. Su generosa amistad con Emilio Prados, Manuel Altolaguirre y José María Hinojosa encauza su vocación literaria. En Málaga Prados y Altolaguirre editaban la revista Litoral en la que colaboró Rejano. Vuelve a Madrid y publica sus trabajos literarios en revistas como El Estudiante, Postguerra, La Gaceta Literaria y Nueva España. Durante la guerra siguió ejerciendo el periodismo en la zona republicana. En 1939, el exilio primero en Francia, por breve tiempo, y luego en México. Rejano había publicado muy poca poesía en España, hay algunos poemas suyos dispersos por revistas andaluzas de preguerra. En México realiza una intensa labor literaria y editorial. Allí fundó y dirigió, con Miguel Prieto, Lorenzo Varela, Antonio Sánchez Barbudo, Adolfo Sánchez Vázquez y José Herrera Petere, la revista Romance, que adquirió resonancia continental a los pocos meses. Más tarde fue jefe de redacción de la revista ARS y creó, con sus amigos los poetas españoles José Moreno Villa, Prados, Altolaguirre y Francisco Giner de los Ríos, la revista Litoral, como recuerdo transterrado, pudiéramos decir, de aquella otra malagueña que tanta influencia ejerció en las corrientes poéticas de los años 20 al 30. También con el pintor español Miguel Prieto fundó y dirigió la revista Ultramar, en la cual como en todas las anteriores, procuró difundir los valores de la cultura española e hispanoamericana, cosa que también llevó a cabo por medio de cursos especiales sobre literatura en algunas universidades mexicanas y en multitud de conferencias en centros de carácter cultural. En 1947 se le encomienda la dirección del suplemento dominical literario y artístico del diario El Nacional, que ejerce hasta 1957, reincorporándose a ella en 1969. Viajó por Norteamérica y América Central, Europa, África y Asia. Juan Rejano murió en México el 4 de julio de 1976, cuando preparaba su regreso a España.

 

En 1943, Rejano, a sus cuarenta años, ya en México, publica su primer libro de poemas Fidelidad del sueño, que realmente es un volumen compuesto por Memoria en llamas y el propio Fidelidad del sueño.

 

Muchos libros de poesía iban a seguir en los años siguientes (El Genil y los olivos, El oscuro límite, Noche adentro, Cantar del vencido, Canciones de la paz, El río y la paloma, Libro de homenajes, El jazmín y la llama, La tarde, Elegías mexicanas...), todos ellos publicados en México.

 

Hay que esperar hasta 1977, muerto ya el poeta, para que aparezcan en su tierra dos selecciones o antologías de su obra.

 

Como sugiere el título de su primer libro Fidelidad del sueño en Rejano convivía junto al poeta comprometido y solidario, testimonial y militante, el poeta contemplativo e intimista, subjetivo y soñador. Controvertido el destino lírico -como la vida misma- del poeta: entre dos aguas, entre dos tierras, entre dos cielos expectantes, detrás del mundo.

 

Llanto. De ausencia física del hombre desterrado. Llanto del alma. Y ausencia., el gran sentimiento de Rejano. Un español, un andaluz cuya bondad y generosidad no tenían límites, y a quien, en los años amargos del destierro, pocos ganaron en limpieza, en desprendimiento, en sentido de la amistad y de la fraternidad. Su instalación en el mundo era de una perfecta elegancia. Su inocencia inteligente le procuraba el sosiego propio de las criaturas magnánimas, la tolerancia de la compresión, la delicadeza, el pudor del discreto.

 

En endecasílabos la palabra poética de Juan Rejano se hace nostalgia y angustia, un desvivirse no místico, sino profunda y doloridamente humano. “No vivo en ti, no vivo en mí, no vivo / sino ardiendo entre llama y luz da ausencia, / presente sobre el tiempo y la impotencia / de esa raíz que tiene el ser cautivo”, para terminar el mismo soneto con la invocación y la confesión explícitas, apasionadas: “Mírame aquí, lejana España mía, / devanando en tu imagen mi agonía, / madura la pasión , la sangre alerta”.

 

Rejano en su primer libro ya expresa el deseo de morir en España, deseo que no pudo cumplirse: “No quiero aquí morir, que aunque la muerte / gozosa, rumorosa, de tenerte, / rosal oculto, dentro, vida llevo, / este sueño volver quiero al regazo maternal de mi tierra y en abrazo / profundo hacerlo florecer de nuevo”. Deseo que se mantiene durante el largo, amargo y lejano destierro. En su último e inacabado poema, Juan Rejano nos grita: “...España, España / acércame tus labios... Estás a un vuelo de mi sed. Me muero / por besar tus olivos”.

 

Francisco Arias Solis
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Por esa libertad bella como la vida.

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Gracias.

 

EL DESCONTENTO POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

 EL DESCONTENTO. “Alegraos por fin los carcomidos, los desplomados bajo la tristeza:  salid de los vivientes ataúdes, sacad de entre las piernas la cabeza, caed en la alegría como grandes taludes.”

Miguel Hernández.

 LIBERTAD FRENTE AL PASADO. 

El descontento es la condición misma del hombre, y el divino estímulo que permite conseguir todo lo que vale la pena. El hombre fracasa siempre, y lo da por bien empleado, y vuelve a empezar. Eso es ser hombre, y al que no le guste, puede dedicarse a ser otra cosa. Pero el descontento, para ser verdadero y valioso, tiene que ser concreto: de esto, de aquello que está mal, que reclama rectificación, corrección, reforma, cirugía, extirpación -según los casos-. El descontento universal y absoluto es una estupenda coartada para no hacer nada, para recaer en el más abyecto conformismo y confiarlo todo a las calendas griegas o a la insincera esperanza de derribar el templo para que caiga Sansón con todos sus filisteos.

 

Los principios de este último  siglo, los que me hacen sentir orgullo y alegría de haberlo vivido, podrían enumerarse así: libertad frente al pasado, pero no olvido del pasado para que no pueda volver; capacidad de ponerlo todo en cuestión, dominio de la realidad; conciencia real de fraternidad, que abarca el mundo entero.

 

Los hermanos se pelean, pero se pertenecen; eso es la concordia: la decisión de vivir juntos, de dejarse mutuamente ser, por supuesto sin estar de acuerdo.

 

Un factor más de la época en que estamos; es la solidaridad que hoy existe en dosis antes desconocidas. Sabemos todo lo malo que pasa en todas partes y nos importa. Nos dolemos de los muertos de las guerras y de las pateras, del hambre existente en el mundo, de los torturados por los fanáticos, del niño andino que no irá a la escuela, del negro americano a quien se niega el derecho de entrar en un hotel, del niño gitano español a quien se le niega el derecho de entrar en una escuela, del escritor procesado en este o en aquel país, de los asesinados por las bandas terroristas .En los principios del  siglo anterior pasaba todo eso y mucho más; pero apenas se decía, apenas se sabía, un oscuro telegrama, la sexta página de un periódico, nadie decía nada, porque a casi nadie le hubiera importado.

 

Cuando se me propone volver la espalda a todo lo que significa estos primeros años  del  siglo XXI en el mundo occidental, echarlo todo abajo y renegar de ello, tengo que contestar: “Gracias, no “. Prefiero entrar de verdad en ese mundo, sentirme descontento de lo mucho malo que todavía tiene, e intentar, con alegría de ser posible, que el primer cuarto del siglo que tenemos delante, si por azar llegara hasta su fin, no me hiciera mirar con nostalgia al último cuarto del siglo XX,

 

Este es el mundo en los principios del  XXI. Se presenta como una gran empresa incitante, como una inmensa posibilidad. Todo está por hacer, pero ya se ve cómo hay que hacerlo. Nada me parece más tentador.

 Recuerdo la frase de Chastellux: “Vosotros los que vivís, y sobre todo empezáis a vivir, en el siglo XVIII, regocijaos”. Yo me volvería a todos los jóvenes de hoy, a todos los que no son muy viejos, y les diría: Vosotros que vais a vivir en el siglo  XXI, alegraos. 

Francisco Arias Solis
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Donde mora la libertad, allí está mi patria.

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 Gracias.
  

PEDRO GARFIAS POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

 

PEDRO GARFIAS
(1901-1967) “Libertad para el preso, justicia para el pobre, respeto para el loco,  para el gobernador honrado, ínsulas, y palabras de miel y aro de solpara la dulce, dulce Dulcinea”.

Pedro Garfias.

 

LA VOZ DE LAS TABERNAS ENAMORADAS

 

La voz de Pedro Garfias es una de las más originales e importantes que ofrece la poesía española contemporánea. Pedro Garfias no era otra cosa que poeta; pobre equipaje para desenvolverse en un mundo metalizado, donde la ambición, la codicia, el “rastreo” tras las prebendas ha sido y es como una norma para vivir, o quizás, para malvivir. A Garfias , nadie, jamás, pudo comprarle la palabra. Como nos dijo el poeta: “El iba solo, / tambaleándose. / Borracho de amor, / borracho de hambre / borracho de alcohol, / quién sabe”. Murió en el exilio, en la pobreza, a golpes con el hambre, buscando en el alcohol la única compensación a su desventura.

 

Garfias es uno de los mejores ultraístas españoles. “Se pretende que el ultraísmo -nos dejó dicho el poeta- sea un episodio sin continuidad en nuestra historia literaria. Se lo silencia y se le niega. Y eso es falso e injusto. El ultraísmo fue una realidad positiva y eficaz en una época de anquilosamiento en las letras españolas. Abrió horizonte y marcó rutas. Creó la revista total y puramente literaria, antecesora inmediata de las de hoy. Se batió en las calles y en los Ateneos. Puso a España al día con las corrientes literarias de Europa”. Con Larrea y Gerardo Diego, forman la triada creacionista del vanguardismo español. Autor formado en Andalucía, de donde tomará la cosmovisión del paisaje y ese “lastre sentimental” (Bécquer, la copla) que le reprochara Guillermo de Torre.

 

Pedro Garfias nació en Salamanca el 27 de mayo de 1901, aunque por linaje, arraigo y vocación se le puede considerar andaluz. Ama y siente a Andalucía. “Algún día / Andalucía será / nuestra, como nuestra es / y ya nada importará / el ahora y el después”, nos dijo el poeta.

 

En 1918, Pedro Garfias se traslada a Madrid, para cursar estudios de Derecho que nunca terminó. Desde esa fecha hasta 1921, formó parte del movimiento poético vanguardista más importante del pasado siglo, el ultraísmo.

 Cuando abandona a los ultraístas, funda la revista Horizonte, que en el año de su fundación conseguía publicar trabajos de Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Jorge Guillén y Federico García Lorca entre otros. 

Desde 1923 a 1933, vive en distintos pueblos andaluces, Ecija, Osuna, Cabra y La Carolina. En 1933 vuelve a instalarse en Madrid. Cuando estalla la guerra es nombrado comisario político de Pozoblanco (Córdoba). En 1937, cuando estaba en Madrid, recibió la noticia de su destitución. Los dos últimos años de la guerra los pasó Garfias entre Valencia y Barcelona. Durante la guerra publica en el periódico Frente Rojo y en la revista Hora de España.

 

En 1938 obtuvo el Premio Nacional de Literatura por su libro Poesías de la guerra española. En el tribunal se encontraba don Antonio Machado. En abril de 1939 marcha a Inglaterra donde escribe su libro fundamental Primavera en Eaton Hasting, que según palabras de Dámaso Alonso, es el mejor poema del destierro español. Ese mismo año embarca hacia México. En el barco traba amistad con otro gran poeta español, muerto en el exilio, Juan Rejano.

 

A su salida de España, Garfias vivió unos meses en 1939 en el pueblecito inglés llamado Eaton Hasting; allí creó los poemas que constituirán su primer libro del exilio. Primavera en Eaton Hasting lleva como subtítulo, entre paréntesis, la siguiente aclaración: “Poema bucólico con intermedios de llanto”.

 El “joven sevillano de Osuna”, como le llamara Alberti, vivió en el castillo de un lord en Eaton Hasting. “Garfias -nos contaba Neruda- iba cada día a la taberna del condado y silenciosamente, pues no hablaba el inglés, sino apenas un español gitano que yo mismo no le entendía, bebía melancólicamente su solitaria cerveza... Cada noche Garfias era acogido por el tabernero, solitario como él, sin mujer y sin familia. Poco a poco sus lenguas se desataron. Garfias le contaba toda la guerra de España, con interjecciones, con juramentos, con imprecaciones muy andaluzas. El tabernero lo escuchaba en religioso silencio, sin entender naturalmente una sola palabra... Cuando Garfias hubo de partir para México se despidieron bebiendo y hablando, abrazándose y llorando. La emoción que los unía era la separación de sus soledades”. 

Pedro Garfias inicia su vida errabunda por todas las ciudades de México. Se sobreponía a su necesidad de alcohol bebiendo más alcohol. Vivía y bebía de sus recitales y conferencias. Sorprendía a todos los auditorios por tan prodigiosa memoria, su forma de recitar, que calaba hasta los huesos, y su bohemia pobreza.

 

La vanguardia juvenil se convierte en Pedro Garfias en humanísima poesía del hombre desterrado,. del “llanto” del “éxodo” (“Yo he de gritar mi llanto”, anuncia, como León Felipe), de la soledad y el tiempo inexorable.

 

El 9 de agosto de 1967, Pedro Garfias murió en Monterrey (México). Tenía sesenta y seis años de edad, pero parecía más viejo, enormemente viejo, con su andar torpe y un cuerpo lleno de dolores. Pero dentro de su cuerpo ruinoso, su voz purísima de juglar errante: “Perdón pedía a la piedra / y a todas partes llegaba”.

 

Lloró mucho Pedro Garfias. Ríos de aguas amargas, se llamó su último libro, y un río de aguas amargas, fue en verdad, su vivir. Pedro, poeta, mago de los naipes líricos, maestro de otros naipes que abanican madrugadas de azar y livideces recónditas. Un poeta siempre penetrando noches, respirando auroras, con la garganta enroquecida de gritar una poesía, con rumor eterno, forjada en el corazón, clara, pura, humana, de una autenticidad inmarchitable.

 

¿Quién fue Pedro Garfias? ¿Cómo era Pedro Garfias? ¿Qué buscaba? ¿Qué deseaba, qué esperaba? ¿Qué pensamientos le laceraban, qué recuerdos retornaban más tenazmente a su cabeza? ¿Quién era aquel hombre viejo, corpulento, encorvado, torpe de pies, con una melena gris, musitando cosas en la noche, que se perdió allá a lo lejos, por aquella calle deshabitada? ¿Iba a alguna parte? ¿Buscaba a alguien? De este “borracho de amor”, el poeta cordobés Juan Rejano nos dijo: “Aquí está Pedro. ¡Miradlo! / Aquí está Pedro Garfias. / Aquí está el poeta contra todos. contra él mismo: / ¡Aquí -miradlo- está el poeta!”

 

Francisco Arias Solis
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Por esa libertad bella como la vida.

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Gracias.

EL DESPRECIO AL PUEBLO POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

EL DESPRECIO AL PUEBLO

“Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.”
Gabriel Celaya.

EL POLITICO DE VERDAD NO PUEDE PROMETER
LO QUE NO ESTÁ EN SU MANO CUMPLIR


El “despotismo ilustrado” es una tentación que acomete a los hombres de vez en cuando. Es cierto que realizó grandes obras en el siglo XVIII; pero se suele olvidar primero, que el despotismo ilustrado fue una invención política, anterior a la democracia en Europa; y segundo, que cuando no hay democracia, la ilustración pasa y el despotismo queda.

La democracia encierra un riesgo permanente, un riesgo que la acompaña inevitablemente, que pertenece a su propia realidad. Si no se tiene en cuenta -y no suele tenerse- lo perturba todo, y puede dar al traste con ella.

La democracia se funda en la persuasión. Hay que persuadir a los electores para que voten a un partido o a un candidato. La quiebra de la retórica -de la buena retórica, el arte de mover a los hombres sin profanarlos- es lo más grave que le ha acontecido a la democracia -en general, a la política- en los últimos años. Este instrumento de persuasión es sustituido, en unos casos, por la demagogia, por la excitación de las pasiones; en otros, más leves, por ese pariente pobre de la demagogia que es la promesa hueca y falsa.

Cuando un partido ofrece beneficios incontables, supresión de inconvenientes, eliminación de peligros, inevitablemente despierta el deseo de que todo eso se realice, y los electores se sienten inclinados a ponerlo en el Poder. Es una tentación muy fuerte para los otros partidos el prometer otro tanto, o acaso más, para conseguir el apoyo del cuerpo electoral. Se establece así una pugna de la oferta, literalmente una inflacción de ella muy semejante a la económica.

Este riesgo es muy difícil de superar, porque acompaña al mecanismo de la democracia. No se pueden proponer medidas impopulares, por justificadas y aun necesarias que sean, porque ahuyentan el voto. Es muy improbable que ningún candidato se atreva a decir la verdad, si no es agradable.

¿Hay algún medio de escapar de esta situación, de evitar este riesgo que ha llevado a muchos países a la destrucción de la democracia, a la ruina económica, hasta que se llega a la solución mágica de una dictadura que, naturalmente, no resuelve ninguno de los problemas pendientes y añade uno más grave, el de ella misma?

Creo que sí, pero requiere un examen de conjunto de la cuestión y una vuelta a la condición profunda de la democracia, que casi siempre se olvida y se pasa por alto.

Actualmente está muy difundido entre los políticos, el desprecio al pueblo. Nunca lo he compartido. Siempre he creído que en muchos casos acepta lo inferior -se resigna, tal vez se aguanta con ello- porque no se le ofrece, o no se le presenta con suficiente eficacia, lo superior. Creo que la sociedad en su conjunto tiene capacidad de discernimiento y una alta dosis de buena voluntad.

A ello hay que apelar. A esta instancia suprema hay que recurrir contra la demagogia, la mentira, la oferta desleal por imposible de realizar y cumplir. El político que de verdad lo sea, que tenga vocación de orientar a su país hacia algo mejor y más interesante, de contribuir a la perfección de sus conciudadanos, tiene que ejercer, lo primero de todo, un acto de confianza en su pueblo. Debe prohibirse todo engaño, toda ocultación de la situación real, de las dificultades insuperables por una gestión particular de gobierno, porque no dependen de él, sino tal vez de la situación del mundo entero o de una fracción de él. Tiene que evitar la adulación, el halago de las pasiones bajas, del resentimiento, de la nostalgia irreal. No puede prometer lo que no está en su mano cumplir.

Y, claro está, debe mostrar la falsedad de adversario que falte a estas normas, persuadir al pueblo de que va a ser engañado, seducido, de que se está abusando de su desconocimiento, de la verdadera naturaleza de los problemas, de las consecuencias de las soluciones frívolas. Y como dijo el poeta: “Lo que tú me estás diciendo / ni tú lo puedes creer / ni yo me lo estoy creyendo”.

Francisco Arias Solis
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La primera víctima de la guerra es la infancia.

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Gracias.