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Francisco Arias Solís

ANTONIO MACHADO POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

ANTONIO MACHADO
(1875-1939) “Y cuando llegue el día del último viaje,y esté al partir la nave que nunca ha de tornar, me encontraréis a bordo ligero de equipaje, casi desnudo, como los hijos de la mar.”

Antonio Machado.

 
LA VOZ MAS LIMPIA DE LA POESIA
 

De Antonio Machado, decía Unamuno, camino de su tertulia: “Vengo de saludar al hombre más descuidado de cuerpo y más limpio de alma de cuantos conozco”.

 

Decía Goethe que lo que vale de nuestra vida es el sentido o significado que pudimos darle. La vida de un poeta no puede valorarse por el ingenio o acierto exclusivo de sus versos. El “gran español” Antonio Machado era un poeta, un gran poeta. El sentido y significado de su vida es inseparable de su poesía. Su pensar y decir poético lo es, esencialmente y profundamente, español. Y por serlo así, tan particularmente español, alcanza universalidad verdadera.

 

Antonio Machado entró en el mundo por el palacio de las Dueñas de Sevilla, el día 26 de julio de 1875 y lo abandonó el 22 de febrero de 1939, en Collioure, un pueblecito de la Cataluña francesa. En esos sesenta y cuatro años discurre una vida recogida y más bien solitaria; una vida que ha consistido principalmente en largos paseos por las tierras de España, larguísimas horas de recogimiento sobre los libros y remansos de conversación en las tertulias provincianas. Vida de meditación y creación: la de un joven estudiante de la Institución Libre de Enseñanza, la de un profesor de francés en los Institutos de Soria, Baeza y Segovia; la de un autor de teatro poco ocupado por los estrenos y nada por los homenajes; al cabo de su vida, la de un patriarca de las Letras, consagrado académico, con las satisfacciones de una popularidad cualificada y de un magisterio ejercido con modestia, pero universalmente.

 

En el orden estrictamente biográfico hay que anotar un viaje a París para seguir los cursos de Filosofía de Bergson; la boda con Leonor, una muchacha soriana de quince años y la muerte prematura de ésta; el amor constante por la madre, que morirá dos días  más tarde que él; un amor más o menos misterioso en la madurez; algunos triunfos académicos y la participación plena y sincera en los dolores de la guerra civil. Más las relaciones de amistad con su maestro Giner de los Ríos, con los escritores del 98 e incluso con una porción de intelectuales provincianos de espíritu delicado. Casi todo en Machado ha sido, por lo tanto, vida privada, y ésta en muchas ocasiones, vida ensimismada.

 

Sin embargo, lo más notable en el evidente intimismo de Machado es, precisamente, una sensación de compañía humana, de sociedad esencial, que parece congregarse en cada una de sus expresiones y que permitirá luego la comunicación más universal de su espíritu. “Si vais para poetas, cuidad nuestro “folklore”, porque la verdadera poesía la hace el pueblo”, predica Juan de Mairena.

 

“Soy, en el buen sentido de la palabra, bueno”, nos confesó Machado en su famoso verso. No era un doctrinario, un sectario, un profesional de la aventura política, desde luego. Toda su conducta, expresamente manifiesta en su vida, confirma el sentido político, el significado de esa bondad. Su tristísimo éxodo hacia la frontera francesa en 1939 no sólo confirma el buen sentido de su bondad, sino que la supera y verifica, inmortalizándola, como en Don Quijote, con su muerte. El significado entero de su vida quedó así definitivamente claro, verdadero, ineludible. Y es ese su ejemplo.

 La poesía del poeta es inseparable de su vida dándole a esa vida su sentido. El sentido y significado de la vida de Antonio Machado es inseparable de su poesía. El descubrimiento de una sociedad basada en una serie de injusticias fue para nuestro poeta tema de meditación infantil. “Los que somos ya viejos y empezamos a escribir muy pronto evocamos hoy -escribía Machado en 1938-, como uno de los más decisivos recuerdos de nuestra infancia, la figura del compañero Iglesias -así se llamaba entonces-, de aquel obrero de palabra ardiente, de elocuencia cordial. Era yo un niño de trece años; Pablo Iglesias, un hombre en la plenitud de su vida...” Y continúa Machado: “Al escucharle, hacía yo la única reflexión que sobre la oratoria puede hacer un niño: “Parece que es verdad lo que este hombre dice”. 

De esa verdad que el niño iba adivinando en las palabras de Pablo Iglesias; iba saliendo una ingenua conclusión: “El mundo en que vivo está mucho peor de lo que yo creía. Mi propia existencia de señorito pobre reposa, al fin, sobre una injusticia...”

 

Una pasión poética y una pasión política, entrelazadas, dieron a su voz ese acento propio, tan puro, tan hondo, tan humano que lo arraiga en palabras verdaderas; en palabras que salen del corazón. Y nos preguntamos con el poeta: “¿Qué fue de aquel mi corazón sonoro?”

 

Muere Machado a los sesenta y cuatro años. Concluye su vida cuando su visión, antaño, recelosa, solitaria, trasciende su historia. A Unamuno le escribe: “Es verdad hay que soñar despierto. No debemos crearnos un mundo aparte en qué gozar fantástica y egoístamente de la contemplación de nosotros mismos, no debemos huir de la vida para forjarnos una vida mejor que sea estéril para los demás”.

 

Su hermano José cuenta la indecible tragedia. Antonio Machado es enterrado lejos de aquella luz y color de Sevilla que recibieron con entusiasmo la apertura de sus ojos. José encontró en el bolsillo de su gabán el último verso que nos dejó escrito el gran poeta sevillano: “Estos días azules y este sol de la infancia”. Una familia francesa les cede sitio en su nicho. ”Ici repose Antonio Machado, mort en exil le 22 février 1939”.

 

Francisco Arias Solis
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El futuro se gana, ganando la libertad.

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MARÍA DE LA O LEJÁRRAGA POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

MARÍA DE LA O LEJÁRRAGA(1874-1974). 

“He llegado a convencerme de que la única razón de vivir

 está en la alegría con que se vive.”

María de la O Lejárraga. LA VOZ DEL SILENCIO SONORO. 

María de la O Lejárraga más conocida como María Martínez Sierra estaba casada con el dudoso escritor Gregorio Martínez Sierra, con quien colaboró estrechamente en sus escritos. Hasta el punto de que fue ella la autora de numerosos éxitos teatrales que aparecieron firmados por su marido.

 

Ella fue una de las innumerables voces de la España Republicana que la guerra arrojó al exilio. Algunas tenían un doble registro: el literario y el del compromiso social. Este fue el caso de María: pedagoga, literata, dramaturga, periodista, dominadora de idiomas, fundadora de sociedades en defensa de la mujer, diputada socialista por Granada en 1933; agregada comercial en la embajada española en Bélgica, bajo cuya tutela estuvieron cientos de niños refugiados en la guerra.

 

María de la O Lejárraga y García nace en San Millán de la Cogolla (La Rioja), el 28 de diciembre de  1874, pero se crió en el pueblo de Carabanchel. Estudió magisterio. A los veintitrés años se enamora de Gregorio Martínez Sierra, un joven de diecisiete años al que le gustaba el teatro y escribir poemas. María y Gregorio se casaron el 30 de noviembre de 1900. Ella publicó con su nombre Cuentos breves. Realiza su primer viaje al extranjero para estudiar pedagogía. ”Bélgica fue mi iniciadora al socialismo”, reconocería. Allí descubrió que los muchachos y muchachas de la clase media hacían causa común con los trabajadores y con ellos, entró por primera vez a una Casa del Pueblo. En 1906 Gregorio Martínez Sierra se enamora de la hermosa y joven actriz Catalina Bárcena. Rafael Cansinos-Assens recoge, en sus Memorias, este comentario del poeta Banco-Fombona: “Gregorio tiene alma de comerciante... Hasta aquí explotó el talento de su mujer... que es quien le escribe sus libros. Ahora va explotar la voz de oro de la Bárcena”. Escribía María en silencio para Gregorio y lo compartía en silencio con Catalina. Esta situación imposible se prolongó durante años, hasta que en 1922 Catalina tuvo una hija con Gregorio. Entonces María se separó por fin y se fue a vivir a Francia pero siguió escribiendo para su marido.

 

Con la aparición de la revista Helios, en 1904, se intensifica la amistad de María con Juan Ramón Jiménez. La confraternidad fue una de las cosas hermosas en la vida de María y el poeta, según se deduce de su epistolario. Manuel de Falla fue otro de los grandes corresponsales de María Lejárraga. Su amistad fue tan leal y profunda como para convertirse en su confidente. Falla aceptó el humor de María de buen grado, quien le llamaba en andaluz Don Manué, y al músico le debía hacer tanta gracia como para firmarse él en sus cartas a María, Don Manué, y alguna vez añadió, er de las músicas.

 

La obra literaria de María de la O Lejárraga, bajo el nombre de Gregorio Martínez Sierra, es copiosa. Su novela Tú eres la paz, publicada en 1909, constituyó un best-seller. Tú eres la paz forma parte del trío de novelas largas de la firma Martínez Sierra, con La humilde verdad y El amor catedrático. El 21 de febrero de 1911 se estrenó en el teatro Lara Canción de cuna. A partir de este éxito, la carrera teatral de la firma Martínez Sierra fue una de las más triunfales. En el teatro Eslava se estrenaron o reestrenaron casi todos los títulos importantes de su producción: Amanecer, El arte de amar, La adúltera penitente, Sueños de una noche de agosto, Rosina es frágil, Cada uno y su vida, El corazón ciego, Don Juan de España, Mujer, Mamá, Para hacerse amar locamente, El reino de Dios, La torre de marfil... Al lado de estos títulos hay que destacar numerosos libretos que, en colaboración con los principales músicos y con los escenógrafos más audaces, dieron lugar a piezas escénicas tan memorables como El amor brujo y El corregidor y la molinera, de Falla; Las golondrinas, de Usandizaga o Navidad, de Turina.

 Poco antes de la República María empezó a dar charlas feministas. Era la Presidenta de la Asociación de Educación Cívica, cuyo objetivo principal fue despertar a las mujeres de la clase media. A estas mujeres de la clase media iba dirigido principalmente, su libro La mujer española ante la República, escrito en 1930. El libro lo inició con la siguiente cita: “La Patria, que para los hombres es La Madre, para las mujeres es El Hijo”. 

Fue elegida diputada en noviembre de 1933 por Granada. El hemiciclo de las Cortes Republicanas tuvo la oportunidad de oír la voz inteligente y sensible de María; la voz de una vocación incansable en contra de la injusticia y en favor de la igualdad. “Es preciso -decía María Lejárraga en la Cámara-, si se quiere libertar al pueblo, librarle de la esclavitud del hambre y de la esclavitud del terror”. La noche del 17 de julio de 1936 al salir María del Ateneo, le informan que, en Marruecos se ha sublevado el general Franco. “... Nuestra bien nacida República. Nació en paz, y murió a mano armada”, escribiría más tarde María Lejárraga. En el mes de noviembre de 1936 era designada a la Delegación de Berna, como agregada comercial para Suiza e Italia. En otoño de 1937, María se hace cargo de una colonia de niños evacuados de España. Al finalizar la guerra comienza un largo exilio con la huida a Francia, donde durante la ocupación nazi, sufrió la clandestinidad, pasó hambre, y tras la liberación de París, vivió ciega, pobre y aislada del mundo.

 

En septiembre de 1950, María de la O Lejárraga se embarca rumbo a Nueva York, vivirá en México y se trasladará definitivamente a Buenos Aires, donde realiza nuevos proyectos literarios y periodísticos.

 

Cuando a los 78 años publica en el exilio su autobiografía Gregorio y yo, ya ha pasado para ella mucho dolor y mucha vida. Dos años más tarde publica Una mujer por caminos de España, que es también un libro biográfico en el que cuenta la campaña electoral: emocionante, en una España hambrienta y desgarrada. María de la O Lejárraga murió en Buenos Aires, el 28 de junio de 1974, pocos meses antes de cumplir los cien años. En una de sus últimas cartas, María decía: “Las mujeres socialistas debemos enseñar, enseñar sobre todo una asignatura única: La solidaridad humana”.

  

Francisco Arias Solis
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La peor paz es mejor que la mejor guerra.

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LUIS ARAQUISTAIN POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

LUIS ARAQUISTAIN (1886-1959) 

“Más que por sus ideas, que de ordinario son de aluvión

 o insinceras, habremos de juzgar a nuestros políticos

 por el grado de universalidad de su conciencia,

 por la magnitud de su espíritu público”.

Luis Araquistain.

 
LA VOZ UN HOMBRE DE CARÁCTER
 

En un ensayo sobre el carácter, decía uno de los grandes moralistas modernos; Emerson, que los hombres de carácter son la conciencia de la sociedad a la que pertenecen. Araquistain escribe: “Enriquezcamos la conciencia de España, esto es, contribuyamos a aumentar el número de hombres de alto carácter, de móviles generosos y espíritu universal”.

 

Si de los Ríos y Besteiro representaban de modo eminente el “socialismo de cátedra” que se impuso a partir de 1914, no les iba muy a la zaga Araquistain, aunque, en este caso, su formación náutica y su dedicación periodística le alejasen considerablemente de los problema filosóficos y de las cuestiones teóricas que preocuparon a aquellos. Una vez hecha esta salvedad, debemos dejar constancia que fue un intelectual destacado, formando parte del grupo de intelectuales que entonces se acercaron al partido socialista.

 

Luis Araquistain Quevedo nació en Bárcena de Pie de Concha, pueblo de Cantabria, en 1886. Tras terminar su carrera de marino, que nunca ejerció, marchó a la Argentina, y allí iniciará su actividad periodística, jamás interrumpida. La mayor parte de sus libros fueron ante colaboraciones en prensa; su firma aparecerá en publicaciones como La Mañana, El Mundo, El Liberal, El Sol, La Voz, Claridad, habiendo sido director de la revista España, durante la segunda década del siglo XX, y de Leviatán, durante la tercera. En Argentina estuvo poco tiempo; enseguida regresó a España, pero su actividad periodística le obligaba a viajar frecuentemente: pasó temporadas en Londres, París, Berlín, aunque su residencia habitual fue siempre Madrid, por lo menos hasta su marcha al exilio, durante éste permaneció en París y en Londres (donde trabajó para la BBC) y finalmente se retiró a Ginebra, desde donde continuó sus colaboraciones en periódicos hispanoamericanos. Luis Araquistaín falleció en Ginebra en 1959.

 

En los años de la II República, Araquistain estuvo muy ligado a Largo Caballero, ocupando el puesto de subsecretario del ministerio de Trabajo y Previsión Social cuando aquél ocupó esa cartera. Entre febrero de 1932 y mayo de 1933, Araquistain fue embajador en Berlín, quedando muy impresionado por la ascensión del nazismo, que le llevó a radicalizar su postura en España, fundando en mayo de 1934 la revista Leviatán. Entre septiembre de 1936 y mayo del año siguiente, Araquistaín fue embajador en París; al regreso a España siguió la línea caballerista que había mantenido anteriormente.

 

La obra de Araquistain tuvo una expresión en géneros muy diferentes. Escribió novelas como Las columnas de Hércules, El archipiélago maravilloso y La vuelta del muerto; dramas como El rodeo y El coloso de arcilla; y libros de viaje como La revolución mejicana y La agonía antillana. Pero destaca su labor de ensayista político con títulos como los siguientes: Entre la guerra y la revolución, España en el crisol, El arca de Noé, El ocaso de un régimen, El pensamiento español contemporáneo.

 

Aunque Araquistain siguió muy de cerca las circunstancias políticas de cada momento, llevándole a un continuo vaivén en su pensamiento, no deja de percibirse en éste una coherencia muy notable que mantiene su evolución intelectual dentro de unas coordenadas inalterables desde sus primeras formulaciones juveniles hasta el final de su vida.

 

Cuando Araquistain publica su libro más importante de la primera época -España en el crisol (1920)-, el eje del análisis recae sobre los planteamientos de una “psicología de los pueblos”. De acuerdo con la misma, el “problema de España” es el de la decadencia  moral del tipo humano español. En 1933 escribe un ensayo con el título de España ante la idea sociológica del Estado, que podemos considerar un testamento teórico; pues bien, allí reaparece de nuevo su vieja obsesión por el “problema de España” visto -ahora como entonces- bajo la óptica de la “psicología de los pueblos”.

 

De acuerdo con el planteamiento de la generación del 14, a la que pertenecía, Araquistain participaba del “regeneracionismo” común a todos sus miembros. Era un programa reformista de modernización española, con el fin de plasmar en la sociedad los ideales de una revolución burguesa que en España no había tenido lugar.

 

En otoño de 1955, Luis Araquistain decía en una carta privada refiriéndose a su propio Partido, el socialista, lo siguiente: “Somos una admirable Numancia errante que prefiere morir gradualmente a darse por vencida”. Y, justamente, en esa expresión de Araquistain, “Numancia errante” (que él emplea con una intención peyorativa), está la mejor definición de lo que ha sido el exilio político español: tanto por su voluntad de no declararse vencido como por su condición física misma de ámbito libre y de muro resonador. El exilio español debe enorgullecerse (y todos los españoles de noble ánimo deben compartir ese sentimiento) de esa condición “numantina”: porque la historia está hecha de esfuerzos así, de largas esperanzas y de firmes lealtades. Y es que como dijo Concha Méndez: “Nos movió el mismo dolor..., / la misma espina clavada..., / la misma fuerza de amor... / Tú en la tierra, desterrada, / y yo en el destierro mayor”.

  

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Donde mora la libertad, allí está mi patria.

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LOS MANIPULADORES POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

LOS MANIPULADORES “Tierra de santos y de cantos,de santeros y copleros,  de bailaoras y toreros,  de maravillas y de espantos. Y de tantos y tantos y tantospícaros y místicos y logreros; de caballeros milagreros (si malas capas peores mantos).”

José Bergamín.

 CON GANA DE HACER LIMPIEZA 

Los que manipulan el mundo cuentan, sobre todo, con la falta de memoria de los hombres. Tan pronto como se deja hablar de algo, ese algo tiende hundirse en el olvido colectivo. Así se puede “borrar” aquella parte de la historia que no conviene, sea cualquiera su magnitud; de hecho, así se hace metódicamente en un buen trozo del mundo. Algunos individuos recuerdan, pero eso resulta inoperante, y al cabo de unos años ni siquiera están muy seguros.

 

Pero hay un aspecto más sutil y aún más importante de esa utilización del olvido: es el que permite la “creación” de la nada -o de muy poco más-. Conviene, por ejemplo, inventar un gran escritor, porque tal o cual grupo lo necesita. Basta con que los órganos de publicidad digan con alguna insistencia que lo es, para que la opinión “expresa” del país lo admita y dé por cierto. Como no es probable que el nombre elegido sea el de un recién nacido o un adolescente, resulta que el ilustre escritor existía ya -y no era demasiado ilustre-; sus libros eran conocidos, nunca habían interesado mucho, habían sido acogidos con relativa indiferencia, y no habían mejorado de calidad. No importa: al cabo de unos meses, ha ingresado en el mundo de los clásicos, y el culatazo confiere genialidad a sus libros anteriores, que salen del limbo en que habían residido diez o veinte años.

 

Lo mismo ocurre, por supuesto, con un pintor, un escultor, un músico, un actor, un director de teatro o cine; incluso con un científico o técnico. El caso más claro es el de lo que se llama “recuperación de cerebros”: la condición es que el “cerebro” no esté en España, porque si está, o no interesa recuperarlo o, más probablemente, no es cerebro.

 

Más delicado y grave es este proceso cuando se trata de fuerzas políticas -o que pretenden pasar por tales-. Basta con unas cuantas entrevistas y varios millares de carteles para que los españoles crean que pueden -o deben- ser gobernados, ahora o en el próximo futuro, por un señor del que apenas sabían nada; o del cual sabían algunas cosas que normalmente lo inhabilitarían para ello. No importa: se borra su mediocridad, se olvida metódicamente su “hoja de servicio” (y, sobre todo, “a quién” los prestó o lo está prestando), y ya está dispuesto para convertirse en nuestro porvenir.

 

Sin embargo, todavía no es esto los más importante. El proceso de invención e inflación alcanza su mayor alcance cuando no se refiere a personas sino a “situaciones”, a contenidos de la vida nacional. Una revista -sin necesidad de cambiar de título, ni siquiera de director- da por supuesto que España es todo lo contrario de lo que llevaba explicándonos durante quince años. Se llenan la boca con la palabra “democracia” los que llevan decenios dispuestos a que no elijamos ni el periódico del día. Se consideran “perseguidas” la ideologías que ocupan el ochenta por ciento de los escaparates. Los que han intentado terminar con la riqueza lingüística de nuestro país, tratando de borrar hasta el más modesto letrero en el azulejo de una calle o en una panadería, de repente se extasían con el idioma catalán, gallego y vasco.

 

No creo que España pueda normalizar su vida mientras los españoles no decidan enérgicamente desembarazarse de fantasmas, embelecos, pícaros, logreros, trampantojos, pillos, tunantes, bribones, caballeros milagreros y enfrentarse con la realidad. Y esos españoles en un territorio que no se puede inventar ni sustituir -ni desconocer-, con un larguísimo pasado a la espalda, que sirve para imaginar el futuro, para poder tenerlo y no estar repitiendo el pretérito. Y, por supuesto, todo eso en Europa, que no es más que uno de los lóbulos de Occidente, lo cual es todavía más claro visto desde España, occidental y no solo europea desde su nacimiento.

 El día que los españoles se levanten temprano, de buen humor, con gana de hacer limpieza, escoba en mano, quiten las telarañas, hagan huir a las sabandijas emboscadas en las rendijas y hendiduras, y desmonten alegremente los tableros y bambalinas del retablo de las maravillas, que no permiten ver las verdaderas estructuras arquitectónicas del viejo y prodigioso edificio, todo se pondrá en marcha y se extenderá ante sus ojos un camino incitante e incierto, lleno de sorpresas, encrucijadas, promesas y aventuras. Y como dijo el poeta: “Al andar se hace camino, / y al volver la vista atrás / se ve la senda que nunca / se ha de volver a pisar”. 

Francisco Arias Solis
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La paz no se reduce a la ausencia de guerras

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EMILIO PRADOS POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

EMILIO PRADOS
(1899-1962). “-¿Luna tendida en el monte?-¡Luna de pie sobre el mar!...Y el corazón, que va y vieneremando en la soledad...”

Emilio Prados.

 
LA MAR DE SOLO
 

Prados soñaba que navegaba hacia España por el mar de su soledad. Regresaba a España sin saber de que lado iba a quedar su país, si descansando sobre el ayer, si levantando sus brazos al mañana. Así llegaba Emilio Prados hasta España. Cada día al despertar, el poeta malagueño veía que en ese mar tan suyo quedaba hundida y rota la barca de sus sueños.

 

“En febrero de 1939 -escribía Emilio Prados- pasé a Francia y desde este país al de México, en donde después de haber trabajado mucho en algunas empresas editoriales y después de trabajar infinidad de proyectos irrealizados, vivo en la actualidad solo con mi poesía y con mi responsabilidad de hombre en la tierra. ¡20 años casi! separado de mi España, pero viviéndola cada vez con más fuerza profunda. ¿He sufrido mucho? Recuerdo a Federico que me decía de broma siempre “Emilio Prados ¡un hombre que ha sufrido mucho! y recuerdo otra broma de Alberti -¿premonición también?- “Emilio te verás en el exilio” (Buscando el verso dio en lo cierto). Pero es el caso que aquí, hoy, a los 60 años, sigo siendo el niño que comenzó con su “cuerpo ¿aislado? perseguido” y en él estoy, como al nacer, nostálgico de “un no sé que” que a veces tiene forma de España, a veces del mundo entero...”

 

Darío Carmona malagueño, unido a Prados, desde las horas primeras del alumbramiento de la revista Litoral contaba que Emilio era “la desdicha sonriente” porque era un hombre al que le sucedían las grandes tragedias y grandes dramas, pero siempre los tomaba con un sonrisa abierta y nunca se le veía lo que se llamaba triste. “El nadaba mucho -nos decía Darío-, largamente, nadaba despacio, pero muy bien, e iba abrazando a cada medusa -en Málaga le llaman “agua mala”- que veía, la besaba y la abrazaba... y a la vuelta con el ácido fórmico tenía el pecho en carne viva. Pero esto no lo contaba como tragedia. Nos mostraba su pecho y explicaba qué había hecho y seguía su vida”.

 

El 24 de abril de 1962 murió en México este poeta tan malagueño y tan español. Allí se quedó Emilio después de vivir risueñamente -heroicamente- su soledad; una soledad querida, hecha adrede para su poesía y para él. “Yo tengo que vivir y morir solo”, replicaba a quienes se dolían de su solitario existir. Renunció a recorrer el tiempo para quedarse así, dentro de él, a riesgo de ahogarse en su infinitud. Mas encontró el centro de su tiempo, ese centro en que el tiempo se abre hacia adentro y hacia el más allá.

 

Los amigos que le acompañaron hasta el fin no lamentaban sólo la pérdida del extraordinario poeta, el de Vuelta, Mínima muerte, Memoria del olvido, Jardín cerrado, Río natural, La piedra escrita, etc., sino también el hombre bueno de una bondad que extrañaba, por lo inusitada y auténtica.

 

Y es que Emilio vivió su poesía y de su poesía hasta unos extremos difíciles de igualar. Austeridad rayana en la pobreza. Soledad a ultranza, pero sin que una y otra opacaran la luminosidad natural de su espíritu, ni obstruyeran lo más mínimo el generoso fluir de su ser hacia los demás. Porque entre sus rasgos más notables está su conciencia del prójimo; su falta casi total de egoísmo. Y anotemos también que su más delicada atención iba de preferencia a los humildes, a los seres indefensos, principalmente a los niños. Ello le conduce hacia el romancero tradicional, forma poética que considera más adecuada para cantar la miseria de su entorno y la injusticia que siente como algo propio; en especial cuando estalla la revolución de Asturias en 1934 y compone, tras los horrores de la represión, su Llanto de octubre.

 

Emilio Prados nace en Málaga el 4 de marzo de 1899. Viajó por Suiza; estudió en Friburgo y después en Madrid en la Residencia de Estudiantes. Fundador, junto con Altolaguirre, de la revista Litoral. Actuó como promotor y aglutinador de las nuevas corrientes puristas. Fue por medio de su empresa editora como se dieron a conocer los poetas del 27. No conviene olvidar que en los Suplementos de Litoral publicaron sus primeros libros Aleixandre, Altolaguirre, Cernuda y Prados, y sus segundos libros García Lorca y Alberti. Y que fue Litoral donde quedó plasmado el homenaje de la Generación del 27 a don Luis de Góngora, colaborando entre otros, nada menos que Manuel de Falla, Juan Gris y Pablo Picasso.

 

“En plena inquietud y nueva desorientación -decía Emilio Prados-, llegó el año de nuestra guerra, cogiéndome en el territorio de la República donde permanecí fiel a mí mismo y a mi discontinuo descontento”.

 

A partir de Vuelta toda la obra de Prados, presenta una rara y continuada unidad que le convierte en una especie de monólogo casi alucinante. La muerte y la soledad son las entidades que nutren ese monólogo. La nostalgia más tarde, se incorpora a ellas, cuando la tierra y el mar perdidos se hacen presencia obsesionante. “La soledad me persigue -le escribió a José Luis Cano en una carta- con su gran voz sin sonido... Tanto trabajo, tanta miseria, tanta falta de Dios, terminan por matarte... Y así creo que estoy, muerto...”

  

Emilio Prados, lírico de la muerte y de la soledad, poco después de su llegada a México, escribió: “Quien quiera estar vivo / empiece a morir”. Y su mar se tendió sobre la arena a esperar...

 

Francisco Arias Solis
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Por esa libertad bella como la vida.

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LEER PARA VIVIR POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

LEER PARA VIVIR “Libros nuevos. Abro unode Unamuno.¡Oh, el dilecto,predilecto de esta España que se agita,porque nace o resucita!”

Antonio Machado.

 LA MAYORIA DE LOS ESPAÑOLES SABEN LEER PERO NO EJERCEN 

Puede decirse que  a la sociedad española le estorba el intelectual. En realidad, ¿qué concepto tenemos en España de la mente? Más bien, flojito. Creemos suficiente que los españoles sepan leer y escribir para echarnos la siesta sobre la labor cultural realizada. Caemos en lo que podríamos llamar trampa del analfabetismo.

 

Desgraciadamente, no todo consiste en saber leer y escribir. Casi el 50 por ciento de los españoles que saben leer no ejercen. Otro importante porcentaje sólo se molestan en leer la lista de la lotería, los resultados de la quiniela y el número premiado del cupón de ciegos. En cuanto a escribir, son millares los españoles que se las ven y se las desean cada vez que llega la Navidad y tienen que poner cuatro letras a la familia en un christmas. La cultura precisa de un entrenamiento constante si queremos evitar que el cerebro críe las grasas de la ignorancia.

 

Lentamente están cambiando las estructuras económicas del país, pero si se deja en el olvido y sin cambiar las estructuras mentales corremos el riesgo de la indiferencia total sobre el futuro del país. Son muchas las veces que los encuestadores al hacer preguntas elementales a nuestros vecinos reciben invariablemente la siguiente contestación: “No lo sé ni me preocupa”.

 

Rescatar al analfabeto adulto de su ignorancia es necesario, pero no suficiente. El país está lleno de ciudadanos que saben leer y escribir, pero no ejercen. Hay que realizar una educación permanente de adultos, a quienes, una vez rescatados del analfabetismo, se les estimule a la lectura, al perfeccionamiento intelectual. Pero si, a inicios  del milenio, la sociedad sigue ofreciendo, como prototipo del éxito y la fama a futbolistas, toreros y cantantes, mientras silencia los méritos del estudioso, del investigador, del intelectual, ¿con qué fuerza moral se les dice a los españoles que estudien y se perfeccionen intelectualmente? Nos exponemos a que nos contesten, muy bien contestado: “¿Para qué? ¿Para morirme de hambre?”

 

De esta subversión de valores de que la sociedad española es culpable por su eterna manía al intelectual, empiezan a ser víctimas hasta los estudiantes. En la mayoría de los casos carecen de curiosidad por elevar su cultura en aquellas cuestiones y problemas que no son de su especialización.

 

La deficiente cultura y la falta de inquietud intelectual que caracterizan a grandes zonas de la población humana contribuyen a la “ausencia de personalidad”, a la “inexistencia de criterios propios”. Insoslayable realidad en la que debe meditarse en la actual coyuntura sociopolítica.

 Si no se tiene “criterio propio” en torno a la posible solución de los problemas que el país tiene planteados, se corre el riesgo de convertirse en fácil instrumento de todo tipo de propagandas electorales sin que nunca se sepa calibrar -exactamente- si esas propagandas son demagógicas o, por el contrario, responden a las necesidades auténticas del país. Y es que, como dijo el poeta: “En verdad que no lo sé, / aunque me atrevo a decir / que lo que hablaste es mentira / desde el principio hasta el fin”. 

Francisco Arias Solis
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No se puede ser libre más que entre libres.

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Gracias.

  

FORO LIBRE: HOMENAJE A ANTONIO OLIVER

 FORO  LIBREASOCIACION CULTURAL, ARTISTICA Y LITERARIA Francisco Arias Solís - Presidente ~ Plaza San Severiano, 2 ~ 11007 - CADIZe-mail: pazylibertad@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias  “No hay quilla sin astillero;ni pentagrama sin nota;ni mástil sin marinero;ni ensenada sin gaviota.”

Antonio Oliver..

  

HOMENAJE DE FORO LIBRE A ANTONIO OLIVER

  El próximo lunes, día 14, a las 20.30 horas, en la cafetería-restaurante El Cantábrico (Avda. Cayetano del Toro, 21), la Asociación Cultural, Artística y Literaria FORO LIBRE celebrará un encuentro literario sobre la vida y la obra del poeta cartagenero Antonio Oliver (1903-1968), con motivo del 39º aniversario de su muerte.  

Oliver es el perfecto poeta del 27, cuya obra, según destacó Leopoldo de Luis, va de la influencia juanramoniana y los brotes ultraístas hasta la rehumanización, sin omitir el neopopularismo, la valoración de la metáfora, el gusto por el lenguaje, el suave panteísmo  y una clara exaltación vitalista.

 

Oliver funda, con su esposa Carmen Conde, la primera Universidad Popular de Cartagena, dirigida a instruir a los adultos a la clase proletaria y que llevaría a cabo una magnífica labor cultural. Al producirse la sublevación militar de 1936,  Oliver se une al ejército republicano y  es destinado al frente sur de Andalucía,  dirigiendo la  Emisora Radio Frente Popular. Al finalizar la contienda, Oliver es recluido en una cárcel de Baeza y cuando es liberado vive clandestinamente  en Murcia, en casa de una hermana. Comienza a escribir las Conversaciones de Andrés Caballero, aludiendo a uno de los diferentes seudónimos que utilizaría  y comienza su colaboración en la página dominical de La Verdad. En abril de 1946 se le exculpa de los delitos por rebelión  militar  y se le concede el indulto y la libertad definitiva.

 

Al igual que los poetas de su generación, Oliver, siente un especial interés por la poesía del Siglo de Oro, siendo, en este sentido, sus trabajos más relevantes: De Cervantes a la poesía (1944) , Don Luis de Góngora (1963), Vida  y obra de Lope de Vega, y su biografía novelada Garcilaso de la Vega (1965).

 

Muy interesante es su actividad como poeta, desarrollada desde su juventud, en los años veinte en Cartagena con participación en las revistas murcianas del 27, Suplemento Literario de La Verdad y Verso y Prosa, y continuada a lo largo de toda su vida. En la década de los treinta, dirigió, con otros escritores levantinos, Sudeste. Sus obra poética está constituida por numerosos poemas sueltos y tres libros básicos: Mástil (1925), Tiempo cenital (1932) y Libro de las loas (1949), su obra más personal.

 Francisco Arias Solis
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  Se ama la libertad como se ama y se necesita el aire, el pan y el amor.

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 Gracias.

LOS REVITALIZADORES DEL CANTE JONDO POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

LOS REVITALIZADORES DEL CANTE JONDO

“Empieza el llanto
de la guitarra.
Es inútil callarla.
Es imposible
callarla.”
Federico García Lorca.

LA IDEA DEL FAMOSO CONCURSO DE GRANADA

En el verano de 1922 se celebra en Granada un extraordinario concurso de cante jondo. Se trata de buscar la raíz misma del cante precisamente en el pueblo. Menéndez Pidal afirma que el nacimiento de la lírica popular es consustancial en el de todo idioma. Allí donde vive una comunidad hay un principio lírico. Es decir, la poesía lírica se anticipa a veces en largos decenios a la épica y a la epopeya. Más adelante descubre el inmenso valor de la tradición oral, substrato que es como el cimiento real de toda cultura humana.

El músico gaditano Manuel de Falla y el poeta granadino Federico García Lorca prestan el inapreciable servicio de buscar, para darle nueva luz, el auténtico cante. Junto a ellos, toda una pléyade de artistas y escritores con inquietudes, y en primerísima fila, del pintor Manuel Ángeles Ortiz, a quien, en cierta ocasión le dijo Federico: “La poesía de tu pintura y la pintura de mi poesía nacen del mismo manantial”.

El arte unifica si es verdadero. Esta es la lección que nos ofrecen estos creadores y esta lección viene mostrada por el abigarramiento de aquella famosa tertulia granadina del que fue famoso Rinconcillo del café Alameda: Allí, Falla, Fernando de los Ríos, Melchor Fernández Almagro (Melchorito que decía Lorca), Montesinos, Lorca; Manuel Ángeles Ortiz... De allí partió la idea del famoso concurso de cante jondo.

Federico y Manuel Ángeles Ortiz recorren prácticamente toda Andalucía y especialmente la tierra granadina en busca de aquellos que cantasen con pureza de estilo. De esta forma, y con la inapreciable ayuda de Falla, sale a la superficie todo un inmenso caudal lírico folklórico que vegetaba y, lo que es peor, se iba perdiendo y adulterando.

La influencia causada por este célebre concurso de cante jondo tiene una valoración tan destacada que se puede afirmar, sin temor a equivocarse, que salvó nuestro inigualable folklore. Le inyectó nueva vida y sobre todo se le despojó de todo aquello que no tenía el sello de lo auténtico.

Falla, Federico y Manuel Ángeles Ortiz son, los más entusiastas y a ello se debe, con certeza, la mayor parte del éxito. En esta ocasión es cuando Federico compone su Poema del cante jondo y Ángeles Ortiz encuentra la medida de su pintura. A él se debe el cartel anunciador y él a su vez debe a este período imborrable de su vida, el descubrimiento de un quehacer artístico en el que ya perduraría para siempre. Precisamente a fines de 1922 y con una carta de presentación de Falla para Picasso, Manolo marcha a París. Ángeles Ortiz siempre afirmó que quisiera que su pintura fuera como cuando una guitarra toca la “soleá”.

La pintura de Ángeles Ortiz quedó marcada por este encuentro. Ortiz es en cualquiera de sus lienzos, principalmente en sus “albaicines”, en sus “puestas del sol” granadinas, en su llevar al cuadro el halo poético, musical, es y, valga la expresión, un cantaor que pinta su canción. Su obra tiene todo el encanto que presta la sencillez con la más acabada representación. Es, repetimos. una “soleᔠbien dicha.

El cantar de soledad andaluz -en Falla, Lorca y Ortiz- tiene acentos de íntima lejanía. “Lo que vale en el cante -decía Manuel Torre, el famoso “cantaor” del concurso de cante jondo- es el gusanillo que se le mete dentro”. Y a los tres se les mete dentro ese “gusanillo” que decía Manuel Torre, el cantaor; y al que Federico llamó especificando su esencia y forma de andaluza misteriosidad, el “duende”. Y como dijo el poeta granadino: “Llora monótona / como llora el agua, / como llora el viento / sobre la nevada. / Es imposible / callarla. / Llora por cosas / lejanas”.

Francisco Arias Solis
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Jamás hubo una guerra buena o una paz mala.

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