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Francisco Arias Solís

FRAY BENITO JERÓNIMO FEIJOO POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

FRAY BENITO JERÓNIMO FEIJOO (1676-1764). “Y ya se hizo evidente  que hubo en ocurrencia tal, reflexión en el cristal y falta de ella en la gente.”

Fray Benito Jerónimo Feijoo.

 LA VOZ DEL AMANTE DE LA VERDAD 

Una mañana de septiembre de 1726, frente al sonado “Mentidero” de Madrid, hallaron las gentes acicate para la curiosidad, en un amplio cartel que publicaba que por dos reales de ocho se vendía en la portería del convento de San Martín el primer tomo del Teatro crítico universal, o Discursos varios en todo género de materias para desengaño de errores comunes, escrito por el padre maestro fray Benito Jerónimo Feijoo, benedictino.

 

Arduo y arriesgado empeño hablar de todo: filosofía, religión, historia, política, letras, física, matemáticas, medicina, costumbres, supersticiones... y en todo destacar y reprender los errores comunes, nadando a brazo limpio contra la corriente, y se vino encima de Feijoo no un diluvio, sino una legión de diluvios de cartas, réplicas, contrarréplicas, invectivas, sátiras, folletos, libros.

 

Firme aguantó el chaparrón quien a sabiendas lo había despertado. Y al paso que rebatía a sus contradictores, tras el tomo primero fue lanzando otros siete, y luego cinco de Cartas eruditas y curiosas en que proseguía el mismo empeño.

 

Había empezado a escribir a la avanzada madurez de los cincuenta años; acabó con la muerte, a los ochenta y ocho. Y la reforma de la instrucción en España, y la elevación del nivel intelectual y científico, y el destierro de mil preocupaciones coronaron su obra benemérita.

 

Fray Benito Jerónimo Feijoo y  Montenegro nació en Casdemiro, aldea del obispado de Orense, el 8 de octubre de 1676, y murió en Oviedo el 26 de septiembre de 1764. A los catorce años entró en la orden benedictina, y fue tan recta su vida y tan segura su vocación, que confesaba en su ancianidad no haber sentido un solo minuto de hastío o desabrimiento en el claustro.

 

Caritativo con extremo, justo, abierto, jovial, sincerísimo, las prendas del corazón no desmayaban ante las excelencias del entendimiento. Desdeñador de la corte, encerrado en su colegio de Oviedo, fueron los honores a buscarle. Fernando VI le nombró consejero real y Carlos III le obsequió con las “Antigüedades de Herculano”. Su fama desbordó las fronteras, llegó a Europa, América y hasta las colonias asiáticas. Y el gran Benedicto XIV -saludado por Voltaire como el hombre más sabio de su siglo- honró al monje polígrafo citándolo dos veces en sus bulas.

 

Feijoo es de aquellos incorruptibles amadores de la verdad, pensadores positivamente libres y fuertes, igualmente desdeñosos de la novelería y de la rutina, ni miedosos de lo nuevo por lo nuevo ni enemigos de lo viejo por lo viejo: sólo apegados a la eterna lozanía de la verdad. Lúcida la razón para ver lo justo, ardiente la voluntad para abrazarlo, intrépida la lengua para decirlo. Pero sin alharacas ni intemperancias: con la serena macicez , con el ímpetu consciente del que no quiere hacer ruido sino hacer bien; del que intenta reformas constructivas y no estériles subversiones.

 

Y el estilo, a la par sobrio y fértil, preciso y suelto, docto y vivaz, repartiendo sustancia en breves párrafos sin cosa amazacotada ni indigesta, redondea el hechizo de este hombre cabal.

 

Tratando incesantemente nuestro benedictino tan graves e infinitos asuntos; batallando contra todo abuso, preocupación y corruptela; hiriendo tantos intereses y susceptibilidades, tuvo lógicamente que padecer de la Inquisición una censura.

 “No esperemos a que la enemiga de los herejes descubra lo que erró la falsa piedad de algunos católicos; seamos nosotros los delatores de la impostura... “ Así lo hizo él en la ruidosa cuestión de las flores de San Luis del Monte. Así en la ficticia aparición de San Francisco de Paula sobre la hostia consagrada, aparición creída en el Puerto de Santa María en cierta octava del Corpus, por la accidental reflexión de la imagen del santo en el vidrio del viril.  

Y como decía Feijoo: ”Busco la verdad en sí misma.. . no pretendo ser creído sobre mi palabra, sino sobre mi prueba. Mis razones se han de examinar, no mis méritos”.

 Francisco Arias Solis
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 No hagamos las paces con la guerra, ni tampoco levantemos guerras con la paz.


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Gracias.

MANUEL CURROS ENRIQUEZ POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

 MANUEL CURROS ENRIQUEZ (1851-1908) 

“Del  mar por la orilla,

 la miré pasar,

 en la frente una estrella,

en la boca un cantar.”

Curros Enriquez

 LA VOZ DEL PRINCIPE DE LOS POETAS GALLEGOS.  

Curros es el príncipe de los poetas gallegos. La popularidad de Curros no cede a la de Rosalía de Castro, dentro y fuera de Galicia. Fue coronado dos veces en vida. En Galicia, en Madrid y en la Habana le rindieron multitudinarios homenajes. Ni Pondal, ni, menos Rosalía disfrutaron de semejante culto. Curros se consagró como poeta gallego con la publicación de Aires da miña terra. El número de sus ediciones coloca a este libro a la cabeza de todos los gallegos en cuanto a popularidad. Además de los Aires, Curros no publicó más libros gallegos que  O aivino sainete.

 

Su vida fue dura. Curros tendía a llevar una vida rigurosamente sujeta a normas ideales. Puso su vida al servicio de los ideales. Sacrificaba la vida a sus convicciones. El credo político social de Curros es el de un demócrata republicano federal. Por lo que se refiere a los problemas gallegos, estuvo siempre identificado con los regionalistas. En Curros dominaba una auténtica emoción gallega, sin tener en cuenta la cual, no se puede percibir el sentido de su obra.

 

Manuel Curros Enriquez nace en Celanova, provincia de Orense, el 15 de septiembre de 1851. Cuando estuvo preparado para ello, tuvo que ayudar a su padre como escribiente. Le gustaba leer las obras literarias que caían en sus manos pero su padre le imponía fuertes castigos para separarle de la literatura. Con quince años, huyó de su casa y se fue a Madrid donde le acogió su hermano Ricardo.

 

En Madrid, Curros hizo el bachiller y comenzó los estudios de Derecho. En 1870 viaja a Londres y entra en relación con el pastor Jamerson, quien ofreció sus hogar y su pan a Curros a cambio de que este enseñase  castellano  a las dos hijas de aquél. A su regreso a España ingresa en el Ayuntamiento de Madrid como escribiente.. En 1871 se casa con Modesta Luisa Polonia Vázquez Rodríguez, hija de un andaluz que era magistrado de la Audiencia de Madrid. En 1872 apareció en La Ilustración Republicana Federal su poesía titulada “Tributo de la sangre.”. Un año más tarde ingresa como redactor en la Gaceta de Madrid. Su oda “La guerra civil” le vale un puesto de redactor en el  El Imparcial (1874).

 

A fines de 1877 Curros llega a Orense, donde además de funciones burocráticas, realiza actividades literarias y periodísticas. Escribe en un boletín denominado El Trabajo. También figura como redactor del Heraldo Gallego, que dirigía Lamas de Carvajal. En 1880 publica Aires da miña terra. El obispo de Orense firmó un edicto condenando el libro de Curros por contener “proposiciones heréticas, blasfemas, escandalosas, y algunas que merecen otra censura”. Los ejemplares en poder del editor fueron secuestrados y los moldes deshechos. Curros fue procesado.

 

En 1883 Curros retorna con la familia a Madrid  de donde pasa a la redacción de El País. En 1888 publica O divino sainete.

 

El 27 de marzo de 1893 llega para Curros la apoteosis de la coronación que tuvo lugar en el teatro de la Comedia de Madrid. En 1894 embarca con destino a La Habana. Allí dirige el periódico La Terra Gallega. Curros ingresa en la redacción de El Diario de la Marina. En 1904 Curros llega a La Coruña, en cuyo teatro Principal, se celebró el solemne acto de la segunda coronación del poeta. Curros regresa a La Habana, donde reanuda sus actividades en El Diario de la Marina hasta su última enfermedad. Curros Enriquez muere en La Habana el 7 de febrero de 1908. Y como dijo el poeta gallego: “Para ellos no habrá estatuas en vida, porque ni las piden ni habrán de aceptarlas aunque se las concedieran, pero habrá siempre un altar en los corazones patrióticos y bendiciones de gratitud en la posteridad y en la Historia”.

 

Francisco Arias Solis
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El futuro se gana, ganando la libertad.

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Gracias.

   

SOR MARÍA DE JESÚS DE ÁGREDA POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

SOR MARIA DE JESUS DE AGREDA (1602-1665).  “Tiene el Infierno muchas cavernas y mansiones de penas,  y todo él es una caverna infernal”.

Sor María de Jesús de Ágreda.

 LA VOZ DE LA CONSEJERA DEL REY. 

Para sus contemporáneos, y para las generaciones inmediatamente posteriores, Sor María de Ágreda no era sino la escritora “a quien la misma Virgen llevaba la mano”. Su propio confesor, Fray Andrés de Fuenmayor, escribió: “Sabe que la dicha Madre Sor María de Jesús tuvo ciencia infusa sobrenaturalmente, en grado superior y eminente...”

 

María Coronel había nacido en Ágreda, provincia de Soria, el 25 de abril de 1602, de Francisco Coronel y Catalina de Arana, hidalgos castellanos. Tan piadosos eran sus padres que decidieron separarse para entrar en religión: el padre entró con sus hijos en un convento de franciscanos, y la madre  con sus hijas en uno de franciscanas, fundado en la que había sido su casa. En 1627, Sor María fundó otro monasterio de la misma orden, en la misma villa de Ágreda, del cual fue varias veces priora, y en el que recibió, en 1643, la visita de Felipe IV. En el murió el 24 de mayo de 1665.

 

Su “historia” además; el hallarse voluntariamente claustrada desde los doce años, y el entregarse en el claustro a las más duras mortificaciones, atraía la imaginación hacia el aspecto “santo” de la Venerable. Cuando Felipe IV, al regresar de Zaragoza, se detuvo en Ágreda, visitó a Sor María por la fama de santidad de que ésta gozaba. Su “ciencia infusa”, sus arrobos, hacían creer en la aparición de una nueva Teresa de Jesús, y el rey no quería desaprovechar la oportunidad de una “guía” celestial, que le descargaría del cuidado de tener que pensar y decidir por sí en el que consideraba harto enorme negocio del Estado. Su obra Mística Ciudad de Dios, se vio constantemente reimpresa en España por espacio de cerca de un siglo, publicándose además en latín y otros idiomas. De las demás obras de Sor María, las que mayor predicamento alcanzaron fueron las Primeras y Segundas Leyes de la Esposa, el Testamento Espiritual y el Mapa de los orbes celestiales y elementales, desde el cielo empíreo hasta el centro de la Tierra, y lo principal que en ella se contiene.

 Lo que hoy constituye su gloria, es aquello que sus contemporáneos no pudieron jamás sospechar que la inmortalizara: la correspondencia sostenida con Felipe IV por espacio de veintitrés años. Como mística, en nuestra literatura, ocupa un lugar secundario; como “directora” de Felipe IV, y hasta, más genéricamente, como inspiradora de gobernante, su puesto, en la literatura y en la historia, no ha sido sobrepasado. 

Sor María de Ágreda no desea influir en el ánimo del Rey para disponer, en provecho propio, de esta influencia. Ni siquiera aspira a captar su voluntad. Lo que intentó, a lo largo de todas sus epístolas, fue darle voluntad propia. En su correspondencia con el Rey fue siempre una consejera de indiscutible “equilibrio”, que no expresó sino ideas honradamente sentidas y maduradas, y cuyo defecto fue tal vez precisamente el de una cordura de alcance excesivamente corto: el considerar la política bajo un ángulo demasiado estrecho. Sor María de Ágreda no pretendió nunca hablar al Rey con voz inspirada por la Divinidad, sino según la voz popular; todos sus consejos pueden resumirse en éste: el Rey debía gobernar por sí mismo.

 Este “gobernar por sí”, sería lo que le haría decir a Olivares, a quien sin duda el Rey lo repitiera en un momento de enojo -o de valentía- que las monjas sólo debían rezar.  

La correspondencia abarca desde 1643 hasta 1666, o sea hasta la muerte de la Venerable. Por aquellos años en los cuales los que aspiraban a influir en el negocio público valíanse de las más bajas adulaciones, una pobre monja, desde su humilde convento castellano, escribía al Monarca: “El reinar tanto tiene de peso como de grandeza, y el trono real no es asiento de descanso ni de retiro, sino de solicitud para el bien común de todos.”.

 Francisco Arias Solis
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Paz, queramos paz.

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Gracias

 

LOS LECTORES DE LIBROS POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

  

LOS LECTORES DE LIBROS
  “¡Qué pena de los libros que nos llenan las manos de rosas y de estrellas

y lentamente pasan!”

Federico García Lorca.

  
NUNCA HUBO TANTOS LIBROS COMO AHORA
 

Ahora es muy corriente que los estudiantes no presten gran atención a los rimeros de volúmenes que súbitamente los circundan, o que si reparan en ellos reaccionen con una pizca de hostilidad (“¿Para qué tanto libro?”, “No estamos para libros”, “Sabiduría muerta y posiblemente falsa”).

 

Es fácil licenciar esos desamores con las cantinelas usuales: “Esos jóvenes, que se dicen estudiantes, son, en realidad, unos bárbaros. Con la excusa que hay que vivir al día. Creen que la calle enseña más que los libros, pero en la calle no se aprende lingüística transformacional o mecánica cuántica. Para saber algo un poco a fondo, hay que quemarse las cejas. Otrosí: esos jóvenes descubren cada mañana el Mediterráneo. Si fuesen más leídos, sabrían que no poco de lo que rumian consta ya, y mejor, en los libros que les traen sin cuidado. Recuérdese a Goethe: “Gris es toda teoría, y áureo el árbol verde de la vida”. O a Antonio Machado (con algunos cambios): “Desprecian cuanto ignoran”. Claro que todo eso se dijo con otro propósito, pero va como anillo al dedo. Etc., etc., etc.”

 

No es menos fácil apuntalar la librofobia mencionada con grandiosas elucubraciones: “La edad de los libros ha llegado a su ocaso. La imagen ha sustituido a la palabra. La televisión y el ordenador  ha dado al traste con el libro. Nuestra época electrónica rechaza la comunicación meramente lineal para abrazarse a la comunicación global”. O bien: “La letra impresa es palabra muerta: Ha llegado el momento de actuar y no de leer. Una acción vale por una biblioteca entera. Etc.”

 

Como siempre, hay un grano de verdad en lo antedicho. Los jóvenes son harto perezosos -y los menos jóvenes empiezan a serlo-. La calle enseña mucho, pero sólo si se está dispuesto a aprender, y en todo caso no enseña ni geometría proyectiva ni química del carbono. Es cierto que muchas veces la lectura de libros es simplemente un refugio, y que algunos se encierran para leer en los momentos en que mejor sería dar la cara. Aunque en otros tiempos no muy lejanos las imágenes no hubiesen sido completamente sustituidas por las líneas impresas, se acentuaba fuertemente el carácter lineal, serial, razonado, de la comunicación, especialmente en la forma del libro, ápice y cima de la letra impresa. No todo el mundo leía libros, pero casi todo el mundo los miraba con cierto pavor; un hombre culto era un hombre “muy leído”. Antaño se había venerado “el libro”, supuesto depósito de sabiduría o de revelación, pero luego se respetaron los libros, en plural, cuantos más mejor. Todo parecía ocurrir para terminar en un libro. Daba tristeza haber leído “todos los libros”, pero cuando emergía la realidad seguía siendo comparada con un libro: el libro de la Naturaleza, el libro de la vida.

 

Los granos de verdad no son más que granos. No es cierto que los libros hayan pasado a la historia, y es menos cierto aún que el lenguaje verbal haya sido desbancado en beneficio de otros no verbales. Nunca hubo tantos libros como ahora en todos los sentidos: nunca se habían publicado tantos, vendidos tantos, leídos tantos. Muchas gentes, por cierto, no leen libros, pero ¿hubo tantas que los leyeran antaño? No sólo absoluta, sino también relativamente, los lectores de libros, incluyendo los jóvenes, son hoy más abundantes que nunca. Como otros muertos que los pesimistas profesionales asesinan sin cesar, los libros declarados fenecidos gozan de buena salud.. Y como dijo el poeta: “Tú vas buscando un libro / que te enseñe el camino; / porque me han dicho las gentes / que andas de veras perdido”.

 

Francisco Arias Solis
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Por esa libertad bella como la vida.

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INTERNAUTAS POR LA PAZ Y LA LIBERTAD MUESTRA SU PREOCUPACIÓN POR LA ESCALADA DE DISPARATES

INTERNAUTAS POR LA PAZ Y LA LIBERTADASOCIACION INTERNACIONAL DE USUARIOS DE INTERNET Francisco Arias Solís - Presidente / Tfno  956 / 263131 Plaza San Severiano, 2  11007  Cádiz.e-mail: pazylibertad@arrakis.es   URL: http://www.arrakis.es/~aarias  INTERNAUTAS POR LA PAZ Y LA LIBERTAD   MUESTRA SU PREOCUPACIÓN POR LA ESCALADA DE DISPARATES La Asociación Internacional de Usuarios de Internet Internautas por la Paz y la Libertad muestra su preocupación por la escalada de disparates que está afectando a las instituciones y al clima general de la sociedad española.  La dirección del Partido Popular pretende trasladar la división política suscitada por el problema del terrorismo a todo los ámbitos y la está alentando desde la movilización callejera, precisamente, cuando  la situación en relación al terrorismo es menos dramática y más esperanzadora que en cualquier otra en las últimas décadas. Al  disparate de elegir el tema del terrorismo como eje central de su oposición al Gobierno se une el disparate de llevar las divergencias a la calle, sabiendo la dirección del PP,  que con ello, se dificulta las posibilidades de aprovechar la debilidad de la banda terrorista ETA para propiciar su retirada pactada.  Por otro lado, el disparate del boicot a los medios de comunicación del Grupo PRISA, sin la más mínima preocupación por el daño que se puede causar a los miles de trabajadores de este Grupo, pone de manifiesto la pobre idea que tienen los dirigentes del PP  de las libertades de empresa y de expresión y su escasa sensibilidad social y revela una concepción de la política propia de los partidos totalitarios que creíamos ya desvanecidos en nuestro país e impropia de una formación política moderna y democrática.  A todos estos disparates que suponen pasos atrás en el camino de la paz y la libertad, ha venido a sumarse el disparate del cierre por orden del cardenal Rouco Varela  de la parroquia de San Carlos Borromeo, en el madrileño barrio de Entrevías, que muestra el estrecho horizonte en que se mueve la actual jerarquía católica española y su añoranza por tiempos pasados.   Francisco Arias Solis
 No se puede ser libre más que entre libres.

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Gracias.

  

MIGUEL DELIBES POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

MIGUEL DELIBES
  “Es como lo de Madrid. Mira que a mí me gusta Madrid,  Mario, que es locura por Madrid, que me chifla,

todo lo que te diga es poco, bueno, pues prefiero no ir...”

Miguel Delibes. Cinco horas con Mario. LA SENCILLEZ DE UN GRAN NOVELISTA. Miguel Delibes no ha sentido nunca la tentación de abandonar sus predios nativos. Sin quitarle a Madrid lo que le corresponde como receptáculo y resonador de muchas ambiciones a menudo limitadas, constreñidas por lo provincial, demuestra Delibes que una vocación literaria puede no solamente realizarse con universalidad en la provincia, sino incluso potenciarse en ella.  

Este caminante y cazador solitario nos acaba de decir: “El ideal de la caza sería, sin duda, la del hombre libre, sobre tierra libre, contra pieza libre”. Y añade: “Es sencillo. Lo que yo envidio es la caza primitiva, al cazador prehistórico, al que según Ortega, tratamos de imitar los hombres civilizados del siglo XX”.

 

Miguel Delibes nació en Valladolid el 17 de octubre de 1920. Estudia Derecho y Comercio. Catedrático de Derecho mercantil y de Historia de la cultura en la Escuela de Comercio de Valladolid. Director del diario El Norte de Castilla. Obtiene el premio Nadal (1947) por su primera novela, La sombra del ciprés es alargada. A esta novela le sigue Aún es de día.  La primera es narración tradicional en cuanto a andadura y recursos expresivos, novela desolada, fría y sombría en una ciudad de Ávila no “protegida” por sus murallas, sino “encerrada” por ellas, con un único camino posible el que conduce al cementerio, hacia la muerte. En Aún es de día, de tendencias naturalistas e incluso mecanicistas, con una atmósfera provinciana y estrecha en torno a un comercio local y un miserable y gris personaje, Delibes eleva la desgracia y la mediocridad a categoría vital, bien de acuerdo con tantos aspectos de la realidad diaria de la España del momento. Se ha dicho que El camino (1950) supone una auténtica metamorfosis en Delibes: ha desaparecido el estilo narrativo realista; nos hallamos otra vez ante un mundo visto con ojos infantiles, los de tres niños de un pueblo y en una vida que se nos aparece tan auténtica como poética, con sencillez y optimismo. “Hoy más que nunca gusta el hombre de recuperar su conciencia de niño -escribe Delibes-, de evocar una etapa -tal vez la única que merece ser vivida- cuyo encanto, cuya fascinación sólo advertimos cuando ya se nos ha escapado de entre los dedos... “ Delibes vuelve a su detallismo inicial en Mi idolatrado hijo Sisi, historia de un matrimonio en que él descubre por último la vaciedad de su vida y ella aparece presentada como la vulgar esposa fría y estúpida.

 En 1956 obtiene el Premio Nacional de Literatura con su obra Diario de un cazador. Aquí la depuración del lenguaje, matizado de tonos populares, sirve como base a la narración sencilla, de gran penetración humana. De menos valor quizá es Diario de un emigrante, que continúa la anterior. En Las ratas une su habitual realismo contenido a un mayor lirismo. Sus cuentos y novelas cortas se hallan reunidos en diversos volúmenes: El loco, Los raíles, La partida y Siestas con viento Sur. También han sido muy celebrados sus libros de viajes: Un novelista descubre América y Por esos mundos. Todos estos géneros vuelven a encontrarse en la producción de los últimos años: Viejas historias de Castilla la Vieja, Usa y yo, Vivir al día, La primavera de Praga, Alegrías de la caza, Parábola de un náufrago, Cinco horas con Mario, Los santos inocentes, He dicho. En esta madurez de Miguel Delibes se advierte cuán beneficioso ha sido para su obra el apartamiento provincial, que le ha cargado de ternura, de humor delicado, de gusto por la sencillez y la modestia humana de sus personajes; para la precisión del lenguaje en los vocablos y los giros propios de Tierra de Campos. Sus protagonistas, como los de esa tierra, están hechos de dignidad y dolor, de frustración y esperanza: Ni humillados ni ofendidos. Sencillamente humanos. No en vano nos decía Delibes: “Para mí, la novela es el hombre, y el hombre, en sus reacciones auténticas, espontáneas, sin mixtificar, no se da ya a estas alturas de civilización sino en el pueblo...” 

Francisco Arias Solis
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Donde mora la libertad, allí está mi patria.

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Gracias.

 

FORO LIBRE: HOMENAJE A CELESTINO MUTIS

 FORO  LIBREASOCIACION CULTURAL, ARTISTICA Y LITERARIA Francisco Arias Solís - Presidente ~ Plaza San Severiano, 2 ~ 11007 – CADIZe-mail: pazylibertad@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias 

“Ojalá volvieras salvo a Europa que por tus cartas

veo que regresarás, con plantas y las observacionesque sobre ellas has hecho, más rico que el mismo Cresocon sus tesoros. Ojalá en esta vida me fuera dado vertepersonalmente siquiera una vez, ahora cuando tornas como del paraíso”. De la última carta de Linneo a Mutis.   
HOMENAJE DE FORO LIBRE A  JOSE CELESTINO MUTIS
  El próximo lunes, día 9, a las 20.30 horas, en la cafetería-restaurante El Cantábrico (Avda. Cayetano del Toro, 21, Cádiz), la Asociación Cultural, Artística y Literaria FORO LIBRE celebrará un encuentro literario sobre la vida y la obra del botánico, médico y matemático gaditano José Celestino Mutis (1732-1808), con motivo del 275º aniversario de su nacimiento.  Mutis nos dejó una obra de una gran dimensión científica como se ha puesto de manifiesto al publicarse en 1954 su obra Flora de la real expedición botánica del nuevo Reino de Granada. También cataloga un herbario de más de 6.000 plantas que describe minuciosamente, con láminas dibujadas en colores que se conservan en el Jardín Botánico de Madrid. Internacionalmente gozó del respeto de los más importantes científicos de su época, con muchos de los cuales mantuvo correspondencia, especialmente con Linneo, la que les permitió conocer sus respectivas investigaciones y entablar una conmovedora amistad sin haberse conocido personalmente. Para el naturalista sueco, Mutis era como su emisario en el paraíso americano.  Por el año 1761, Mutis comienza a interesarse por la potencial riqueza económica de los árboles de la quina, que como es sabido pertenecen al género Chinchona, dedicado precisamente a la condesa de Chinchón, esposa de un virrey del Perú. Mutis consideraba a la quina, como una panacea para el tratamiento de toda clase se enfermedades.  Mutis fue nombrado profesor de Matemáticas de la Real Universidad de Santa Fe de Bogotá. Más tarde impartiría clases de Astronomía desde la cátedra del Colegio de San Bartolomé. Durante este periodo se declaraba seguidor de la teoría heliocéntrica de Copérnico, lo que le conlleva la acusación de la Inquisición, al no aceptar la Iglesia que el centro del universo no fuera la tierra, pero posteriormente Mutis fue absuelto. En 1770, Mutis ocupa la cátedra de Medicina  en la capital bogotana. Descubre una planta medicinal, a la que Linneo denominó Mutisia clematis en honor al sabio gaditano. Humboldt definió a Mutis como “Patriarca de los Botánicos” . La obra mutisiana, más allá de los logros científicos, constituyó un magisterio intelectual que abrió el mundo de la cultura y, por tanto, de las posibilidades de liberación a numerosos discípulos.

Francisco Arias Solis
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JOSE MARIA VALVERDE POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

 JOSE MARIA VALVERDE PACHECO (1926-1996)   “No me libertaré con el olvidode mi eterno infeliz de cada día.”

José María Valverde.

 LA VOZ DE LA AUTENTICIDAD  

Todos los augurios y bendiciones se concitaron para mimar aquella voz poética de un alto muchacho cetrino, llegado a Madrid de Extremadura y para quien estuvieron en seguida todas las manos, todas las revistas, todos los brazos abiertos. “¿A dónde -preguntaba Dámaso Alonso-, hasta dónde subirá esta voz tuya, Valverde, ya tan clara y tan alta?”. “Poeta de la emanación”, le llamaría Juan Ramón Jiménez.

 

La voz del poeta José María Valverde, lucero de aquella mañana, o “estrella miguera”, como le diría Pedro de Lorenzo, subía, ciertamente, hasta las estrellas, tan clara; pero también hacía descender la mítica poética, el estelar lenguaje, al nivel de lo cotidiano, de la realidad más usada del hombre.

 

Es Valverde el primero y acaso el mejor fruto del florecer machadiano en la posguerra española. Por eso la poesía de Valverde, aunque tan tempranamente entendida, exaltada, querida por todos, no tiene brillo especiales, señales estrepitosas, sonoridades ni estridencias. Como Antonio Machado cree que la poesía “se ahoga entre superlativos”.

 

José María Valverde Pacheco nació en Valencia de Alcántara, provincia de Cáceres, el 26 de enero de 1926. Hasta su primera juventud vivió en Madrid. En la Universidad de Madrid se doctoró en Filosofía y Letras. Lector de español en la Universidad de Roma, a su regreso a España, en 1963, ganó la cátedra de Estética de la Universidad de Barcelona, a la que renunció en 1965, solidarizándose con sus compañeros represaliados, Tierno Galván, José Luis López Aranguren y Agustín García Calvo, mediante un conocido gesto que unía humor a su autenticidad. A partir de entonces inició un largo periplo en varias universidades de Canadá y de Estados Unidos -Trent, Virginia, McMaster-, para regresar a España tras doce años de exilio, en 1977, y reincorporarse a su cátedra. El poeta extremeño murió en Barcelona el 6 de junio de 1996

 Valverde es uno de los poetas más importantes y uno de los intelectuales más completos e independientes de su generación , la generación de los años 50, en lo que se refiere a la poesía. Valverde se definía como “un cristiano marxista” y simpatizaba con la teología de la liberación. 

Sus primeras obras (Hombre de Dios, La espera) muestran poesía intimista y religiosa, en la línea poética de Vivanco, Panero y Rosales. Posteriormente aparecieron Versos del domingo, Voces y acompañamientos para San Mateo, La conquista de este mundo, Enseñanzas de la edad, Ser de palabra. Colabora en las revistas Garcilaso y Proel, entre otras. Es también autor de ensayos y estudios de Literatura: Estudios sobre la palabra poética, Cartas a un cura escéptico en materia de arte moderno, Joyce y su obra, Vida y muerte de las ideas, etc.; además de una Historia de la Literatura universal, en colaboración con Martín de Riquer. Ha realizado también espléndidas traducciones de Rilke, Melville, Hölderlin, Bellow, Walt Vhitman, Goethe, Shakespeare, etc., y la admirable de Ulises, de Joyce.

 

Sus poemas, sus artículos, sus libros, se han producido con independencia y seguridad. Igual que ha sabido mostrarnos el valor de la palabra poética en los grandes líricos -él ha contribuido como pocos al entendimiento de la inocencia expresiva de César Vallejo-, nos ha dado la suya, blanca y como sacramental, como el pan que migan los pastores a la pura luz de la estrella del alba.

 Es Valverde capaz de ironía, a ejemplo de su maestro de enseñar, Eugenio d’Ors, para la corrección de los excesos y el descubrimiento de las constantes estéticas y morales del arte, del pensamiento y la palabra. No en vano dijo el poeta: Acaso ya no sé hacer versos / sin el viejo, amargo placer / de compasión y sorna de mí mismo / que he llegado a saber usar tan bien”. 

Francisco Arias Solis
e-mail: aarias@arrakis.es
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WIKIPEDIA: http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Arias_Sol%C3%ADs 

Cuando hay libertad, todo lo demás sobra.

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 Gracias.