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Francisco Arias Solís

Diego de Torres Villarroel por Francisco Arias Solís

 

DIEGO DE TORRES VILLARROEL

(1694-1770)

 

En una cuna pobre fui metido

entre bayetas burdas mal fajado,

donde salí robusto y bien templado

y el rústico pellejo bien curtido.”

Diego de Torres Villarroel.

 

LA VOZ DE UN PICARÓN

 

“En Torres no es virtud ni entretenimiento escribir su vida, sino desvergüenza, truhanada sólida y filosofía insolente de un picarón que ha hecho negocio en burlarse de sí mismo”, nos cuenta el propio Torres Villarroel en su libro Vida, ascendencia, crianza y aventuras del doctor don Diego de Torres Villarroel (1743-1758), una de sus mejores obras, que algunos consideran digna de Quevedo. Relato autobiográfico en la tradición picaresca e importante documento sobre la decadencia de España en la primera mitad del siglo XVIII, en quince años aparecieron cinco ediciones.

Este insigne catedrático de la picaresca, inicia su vida de Salamanca, ciudad en la que fue bautizado el 18 de junio de 1694. Su padre era librero. “Yo nací entre las cortaduras de papel y los rollos de pergamino en una casa breve del barrio de los libreros de la ciudad de Salamanca”, escribe Torres Villarroel. A los quince años gana por oposición una beca de Retórica en el Colegio Trilingüe. Allí se entrega a toda clase de aventuras a que le arrastraba su temperamento. Empezó a estudiar filosofía pero pronto abandonó estos estudios y se dedicó a torear por los pueblos, tocar la guitarra, bailar y hacer de cómico y titiritero. ”Aprendí a bailar –nos cuenta-, a jugar a la espada y la pelota, a torear y hacer versos; abría puertas, falseaba llaves, hendía candados y no se escapaba de mis manos pared, puerta ni ventana, donde no pusiese las disposiciones de falsearla, romperla o escalarla”. Deseoso de libertad escapa (1713) a Portugal, siendo ermitaño en Trasosmontes, médico y bailarín en Coimbra, soldado en Oporto y torero en Lisboa.

Vuelve nuevamente a su casa y se entrega intensamente a la lectura de libros de matemáticas y de filosofía natural. En 1715 se ordenó subdiácono. A partir de 1718 consiguió grandes beneficios publicando almanaques con predicciones que firmaba como “El Gran Piscator de Salamanca”. Participa activamente en la disputa entre dominicos y jesuitas con motivo de la proposición de alternancia de cátedra. Su vehemencia le lleva a la cárcel. Seis meses estuvo detenido. En 1723 marcha a Madrid. Estudia medicina, matemáticas y astrología. Pero sus extravagancias e insolencias atrajeron sobre su persona la severidad del Consejo de Castilla, ordenándole volver a Salamanca. En 1726 gana la cátedra de matemáticas en la Universidad de Salamanca, tras unas sonadas oposiciones en las que fue aclamado por los estudiantes. En 1732 recibe los grados de licenciado y maestro en arte. En ese mismo año, por un lance en que salieron a relucir las espadas, fue condenado a “ser extrañado de las tierras de España”. Permanece en Portugal cerca de tres años. Vuelve a sus tareas docentes y a partir de su jubilación como profesor, su vida ofrece escasas aventuras: la Inquisición condenó su libro Vida natural y católica, que hubo de ser enmendado; en 1745 se ordena de presbítero y luego administra la hacienda salmantina del duque de Alba hasta su muerte, ocurrida en el palacio de Monterrey, de Salamanca, el 19 de junio de 1770.

Este escritor salmantino es uno de los más famosos personajes de la España del siglo XVIII. Fue Torres Villarroel un hombre singular. Su obra pertenece a la rama barroca de nuestra literatura y dentro de ella a la línea quevedesca. Su personalidad fue tan extraña y original que se comprende bien el interés que despierta: su gran sinceridad, sus ataques a todo convencionalismo inútil y a toda hipocresía y afectación, siendo popular además por su vida pícara y extravagante. “Paso entre los que me conocen y me ignoran, me abominan y me saludan, por un Guzmán de Alfarache, un Gregorio de Guadaña y un Lázaro de Tormes”, escribe este “hombre claro y verdadero” en su libro Vida. En el que también son abundantes las lamentaciones por la decadencia del estado cultural de España, que coinciden con las de Feijoo e Isla: “Yo bien conocía mi ignorancia y mi ceguedad... pero también sabía que estaba en la tierra de los ciegos, porque padeció entonces la España una oscuridad tan afrentosa que en Estado alguno, Colegio ni Universidad de sus ciudades había un hombre que pudiera encender un candil para buscar los elementos de estas ciencias”.

Entre los otros títulos relevantes de su obra citaremos: Ocios políticos en poesías de varios metros (1726), Sacudimiento de mentecatos habidos y por haber (1726) y Sueños morales, Visiones y visitas de Torres con Francisco de Quevedo (1727-1728), deudor de los Sueños de este. Por último, la poesía de Torres responde a muy diversos temas entre los que destacan los de carácter satírico-moral. Repite en docenas de sonetos las ideas de su prosa para renegar de la época; por ejemplo, en El presente siglo, La casa del gran señor, Modo de pretender, Ciencia de los cortesanos de este siglo, etc. En 1752 se hizo una edición de sus Obras completas en 14 volúmenes y por suscripción publica avalada por la nobleza.

Se ha dicho que el pícaro es el antihéroe; efectivamente lo es; pero porque es el anticaballero, en quien el heroísmo es un caballeresco supuesto natural. La realidad del pícaro y su mundo es una irrealidad del caballero y de su mundo. Y como dijo Torres Villarroel : “A la naturaleza le he debido / más que el señor, el rico y potentado / pues le hizo sin sosiego delicado / y a mí con desahogo bien fornido”.

Francisco Arias Solís

 

Paz y libertad.

 

XIII Festival Poético por la Paz y la Libertad

 

URL: http://www.internautasporlapaz.org

 

Nos gustaría contar con la participación de numerosos poetas.


Gracias.

Cristóbal de Castillejo por Francisco Arias Solís

 

CRISTÓBAL DE CASTILLEJO

(1490-1550)

 

Han renegado la fe

de las trovas castellanas,

y tras las italianas

se pierden diciendo que

que son más ricas y lozanas.”

Cristóbal de Castillejo.

 

LA VOZ DEL PALADÍN DE LA POESÍA TRADICIONALISTA

 

Ante el impulso de la nueva poesía, la tradicional cede pronto, o mejor dicho se ve superada por el genio de los tradicionalistas.

 

Cristóbal de Castillejo fue el paladín de la poesía tradicionalista española frente a la innovación italianizante, representada por Boscán y Garcilaso (“Dios dé su gloria a Boscán / y a Garcilaso poeta, / que con no pequeño afán / y por estilo galán, / sostuvieron esta seta...“ ), utilizando en su obra el octosílabo de pie quebrado propio de los poetas cancioneriles de siglos anteriores.

 

Cristóbal de Castillejo nace en Ciudad Rodrigo, provincia de Salamanca, en 1490. A los quince años se halla en la Corte de Fernando el Católico, como paje del archiduque Fernando, y más tarde profesó como monje del Cister en San Martín de Valdeiglesias. Cuando en 1525, el archiduque es nombrado rey de Bohemia y después Emperador, abandonó el claustro para hacer vida cortesana como secretario del mismo. Viajó entonces por toda Europa llevando una vida disoluta a pesar de sus órdenes ( vivió amancebado en Viena y tuvo un hijo) y vivió con dificultades económicas, ya que malgastó los beneficios y prebendas proporcionados por sus cargos. Anduvo enamorado de una joven dama alemana, Ana de Shaumburg, quien le dejó por un noble de Bohemia, y también fue seducido por una tal Ana de Aragón. Desengañado terminó retirándose a un convento vienés donde murió en 1550.

 

Apegado a la escuela antigua en la que se había distinguido, la cual se adaptaba perfectamente a sus facultades, y que Castillejo no deseaba cambiar por nada, a pesar de haberse pasado media vida residiendo en el extranjero y de conocer muy de cerca los modelos que se le proponían como ideal insuperable. No parece sino que cuanto más viajaba, más español se sentía, en lo cual, después de todo no fue el primero ni el último de los españoles a quienes esto ocurre. El resultado de la oposición de los que pensaban como el alegre, mundano y despreocupado monje Castillejo, fue que lo mejor y más aceptable de lo antiguo, dotado de una gracia y agilidad no despreciables, se uniera,

con el tiempo, lo moderno, dejando perder únicamente lo caduco e inútil.

 

En 1573, se publicó la primera edición de sus obras completas, las cuales aparecen divididas en obras de amores, de conversación y pasatiempo, y morales y de devoción, división que se ha mantenido en ediciones posteriores. Dignas de mencionarse son El canto de Polifemo, en donde traduce a Ovidio, el Sermón de amores, de carácter celestinesco y erótico, donde no duda de parodiar oraciones y misas; así también en el Diálogo de las condiciones de las mujeres que, al apelar al medieval juicio sobre sus virtudes y defectos, denuncia las malas costumbres de monjas y clérigos, los vicios de los príncipes y dignatarios, se burla de las reglas del culto y expone una teoría de amor libre para el hombre que, en “cuanto al cuerpo”, fue creado para el placer “porque así / nos lo dice el Genesí”. Entre las obras de entretenimiento destaca el Diálogo del autor y su pluma, y entre las filosóficas, Diálogos entre la memoria y el olvido. Su protesta contra la poesía renacentista está contenida en la Represión contra los poetas españoles que escriben en verso italiano. En ella Castillejo evoca a los poetas pretéritos, a los que hace participar en el debate como a Jorge Manrique y Cartagena. De todos modos, esta protesta de Castillejo es más formal que ideológica pues, como defienden Menéndez Pelayo y Margot Arce en sus juicios sobre él, el tradicionalismo de Castillejo se limita a la técnica, y su poesía pertenece claramente al Renacimiento, demostrando así cómo el espíritu de la época penetra en los hombres más resistentes a la nueva sensibilidad. Y como dijo el monje cisterciense: “Dame, amor, besos sin cuento, / asida de mis cabellos, / y mil y ciento tras ellos, / y tras ellos mil y ciento, / y después / de muchos millares, tres; / y porque nadie lo sienta, / desbaratemos la cuenta / y contemos al revés”.

 

Francisco Arias Solís

 

Jamás hubo una guerra buena o una paz mala.

XIII Festival Poético por la Paz y la Libertad dedicado a Benedetti.

 

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Nos gustaría contar con la participación de numerosos poetas.


Gracias.

 

El éxodo de los poetas andaluces por Francisco Arias Solís

 

EL EXODO DE LOS POETAS ANDALUCES

 

Dicen que al morir le hallaron

a España dentro del pecho. “

Juan Rejano.

LOS POETAS ANDALUCES DEL EXILIO

VIVIERON SU POESIA Y DE SU POESIA

 

Por su número y calidad, los poetas andaluces ocuparon un lugar preferente en la emigración provocada por la guerra de 1936, que fue un verdadero éxodo poético. A excepción de Federico García Lorca al que las estrellas de la madrugada vieron como se quedaba para siempre en su Granada, y algunos, como Vicente Aleixandre, que permanecieron en España, la mayoría de los poetas andaluces –Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Rafael Alberti, Luis Cernuda, Juan Rejano, José Moreno Villa, Emilio Prados y Manuel Altolaguirre- salieron para el destierro.

 

Los poetas andaluces del exilio vivieron su poesía y de su poesía. Poesía difícil... vida difícil. Soledad a ultranza. Austeridad rayana en la pobreza. En su poesía hay una doliente luz que lo atestigua. En su destierro atesoraron solidaridad, compresión y afecto sin límites hacia todos los que sufren opresión, dolor, injusticia. Todos ellos eran poetas de verdad. Poetas por la gracia de la naturaleza. Poetas sin remedio. Poetas verdaderos. “El verdadero poeta –decía Manuel Altolaguirre- nunca es voluntario sino fatal”.

 

Al manantial sereno de la poesía de Antonio Machado llegó aquel inmenso dolor del destierro. Su tristísimo éxodo hacia la frontera francesa en 1939 –como el de tantos, tantísimos españoles, miles de españoles en aquel espantoso trance-, no solo confirma el buen sentido de su bondad, sino que lo supera y verifica, con su muerte.

 

La obra poética de Juan Ramón Jiménez –unida, como en Mallarmé, a su ejemplaridad personal- ha señalado el momento inicial de la nueva evolución lírica en España. Le fue entregado el premio Nóbel en el destierro.

 

Pablo Neruda decía de la poesía de Rafael Alberti, que tiene “un aroma enlutado de Gustavo Adolfo Bécquer”. Del modo más perfecto, o del único modo perfecto: el poético puro. La poesía de Alberti adquiere, de este modo, sitio excepcional y distinto en la lengua española. De tal modo la voz marinera de Alberti ha logrado una poesía la mar de clara. Y aquel marinero en tierra tuvo que abandonar también su tierra para cantar solo: “Canto esta noche de estrellas / en que estoy solo, desterrado”.

 

La poesía de Luis Cernuda, desnuda de todo parecido externo, es originalísima; tan nueva y viva como el brote primaveral de la planta, tan graciosa, tan inspirada. Idealmente andaluza, su poesía, tiene sobre todo, la gracia, el angélico don andaluz de la gracia. El dolor del destierro es, en su caso, estímulo: el sufrimiento se transfigura en poesía -además de grandísima- sobria, precisa asombrosamente nueva e innovadora: “De todo me arrancaron. / Me dejan el destierro”.

 

Una dolorosa veta nostálgica, de añoranza constante de España y sobre todo de su tierra andaluza, recorre la poesía de Rejano. Casi cuarenta años viviendo y desviviéndose en el destierro dan a la poesía de Rejano su destacada dimensión ética y humanista. Juan Rejano es un poeta andaluz por los cuatro costados: “Si a mí me dan a elegir, / yo nazco bajo un olivo, / orilla al Guadalquivir”.

 

Moreno Villa forma con Altolaguirre y Prados la trinidad de poetas malagueños desterrados y desaparecidos en pocos años. De su circunstancia de exiliado brotan algunos de los más logrados poemas de todo los tiempos: “De soledad tan vaga y tan concreta / sale un hilo de agua: / el agua del destierro, / muy parecida al llanto”.

 

El nombre de Manuel Altolaguirre no puede separarse, ni en su vida, ni en su poesía, del de Emilio Prados. Hay nombres de poetas que no se deben nunca separar. Manuel Altolaguirre y Emilio Prados son inseparables. Su voz, la voz de estos dos poetas, es de una poesía purísima.

 

A la hora de valorar la obra de Prados hay que destacarla como una de las más originales y más conseguidas dentro del altísimo panorama de nuestra poesía del siglo XX. En los años del exilio nacen unos bellísimos poemas, llenos de nostalgia de su tierra y de su mar, su mar malagueño: “Cierro mis ojos. El sueño / por ellos baja a escuchar / dentro de mi corazón / el viento obscuro del mar”.

 

Su continuidad en la imagen y palabra del verso bien templado, han hecho de Altolaguirre uno de los poetas más representativos y personales del resurgir lírico de la Andalucía universal. A pie, en la hora aciaga, atravesó las gargantas heladas de los Pirineos, cuando la lucha fue ya imposible. Supo entonces del horror de vivir agonizando en un campo de concentración; del exilio en la miseria; de la desesperación sobre la nieve él, malagueño y solar. En uno de sus primeros poemas del exilio nos dice: “Mi cuerpo mira a lo lejos / su alma desnuda en la arena / tomando el sol de la muerte / junto a un río de tristezas.”

 

La trascendencia estética universal de Andalucía se ha afirmado por la poesía de nuestros poetas en el destierro. Y, sin embargo, como dijo Altolaguirre: “Estoy solo y no sé quienes / están sintiendo mi ausencia...”

 

Francisco Arias Solís

 

El futuro se gana, ganando la libertad.

XIII Festival Poético por la Paz y la Libertad dedicado a Mario Benedetti.

 

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Nos gustaría contar con su participación.

 

Gracias.

Foro Libre: Homenaje a Leopoldo Panero

 

FORO LIBRE

ASOCIACION CULTURAL, ARTISTICA Y LITERARIA (Fundada en 1992)

 

Francisco Arias Solís - Presidente ~ Plaza San Severiano, 2 ~ 11007 – CADIZ

URL: http://www.internautasporlapaz.org

 

Tu dulce maestría sin origen

enseñas, Federico García Lorca;

la luz, la fresca luz de tus palabras,

tan heridas de sombra.”

Leopoldo Panero

 

HOMENAJE DE FORO LIBRE A LEOPOLDO PANERO

 

El próximo lunes, día 12 de octubre, a las 20.30 horas, en la cafetería-restaurante El Cantábrico (Avda. Cayetano del Toro, 21 - Cádiz), la Asociación Cultural, Artística y Literaria FORO LIBRE celebrará un encuentro literario sobre la vida y la obra del poeta leonés Leopoldo Panero (1909-1962), con motivo del centenario de su nacimiento.

 

Leopoldo Panero es poeta lírico no sólo con palabra intimista, sino con palabra interior. Sufridos eslabones entre el perfectismo de sus inmediatos maestros, los de la generación del 27 y acechados por las incitaciones de la posguerra, son los poetas de la generación a la que pertenece Panero. Con Luis Rosales y Luis Felipe Vivanco se haya vinculado al grupo de la revista Cruz y Raya, y más tarde está con ellos en la revista Escorial. También colabora en la revista Caballo Verde para la Poesía, fundada por Pablo Neruda, en 1935. Sus poemas sólo son acogidos en libros tardíamente. Es en 1944 cuando aparece el primer libro de Panero, La estancia vacía.

 

Leopoldo Panero nace en Astorga, provincia de León, el 17 de octubre de 1909, y muere en esta misma ciudad el 27 de agosto de 1962. Estudia Derecho en las Universidades de Valladolid y Madrid, en la que se licenció. De 1932 a 1934 sigue estudios en la Universidad de Cambridge. Dirigió la revista Correos Literarios, y fue secretario de una sección cultural del Instituto de Cultura Hispánica.

 

Su largo poema en tercetos Canto personal, Carta perdida a Pablo Neruda fue escrito como réplica al Canto general del poeta chileno. Panero recibió el Premio Nacional de Poesía en 1950 y el Premio Fastenrath de la Real Academia. Escrito a cada instante nos traería el recuerdo, el dolor y la esperanza. En el aparecen sus elegías a César Vallejo y a Federico García Lorca, que después añade como suplemento, en 1953, en su Canto personal. Panero publicó además una Antología de la poesía hispanoamericana.

 

Todos los seres que han pasado por el corazón del poeta existen en la obra a través de la memoria. Recordar es vivir la vida nuevamente, no repetida. La vida verdadera, cabal, amorosamente sentida llega a ser historia. El mismo poeta define a la historia como amor cuando dice a Federico García Lorca: “Cantaste lo dormido de tu raza / la nieve insomne de tu infancia toda; / la historia que es amor y hasta los huesos / España. España sola”.

 

Francisco Arias Solís

 

No hagamos las paces con la guerra, ni tampoco levantemos guerras con la paz.

 

XIII Festival Poético por la Paz y la Libertad en memoria de Mario Benedetti.

 

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La voz de los poetas del exilio por Francisco Arias Solís

 

LA VOZ DE LOS POETAS DEL EXILIO

 

Y como vas a recoger el trigo

y alimentar el fuego

si yo me llevo la canción.”

León Felipe.

 

70 AÑOS DE LA TRAGEDIA HUMANA DEL EXILIO

 

Hace setenta años, León Felipe escribió unas palabras de las que luego se retractó, porque pensó que la “España peregrina” no se había llevado nada, ni la “canción”, que se quedó -con los hombres- dentro de España. ¿Tuvo razón el poeta en 1939? ¿La tuvo después?

 

No se quedaron sin voz -como años después pudo verse- los españoles del interior; tampoco la perdieron los españoles del éxodo.

 

Es innecesario repetir una vez más que la mayor parte de nuestros mejores intelectuales y artistas emprendieron el camino del exilio al final de la guerra civil. El número de poetas exiliados es muy grande; la nómina de los que no volvieron a pisar su tierra, sobrecogedora. En algunos casos los poetas salieron amenazados por un posible final como el que tuvieron Federico García Lorca o Miguel Hernández; en otros, partieron en busca de una libertad que sabían imposible en la España fascista. Algunos estaban comprometidos con una ideología, o con un partido político; otros -los más- eran, sencillamente, espíritus liberales.

 

A pesar del tiempo transcurrido todavía es imposible hallar en las bibliotecas e instituciones culturales de nuestro país la obra de los exiliados -si exceptuamos, claro está, algunos nombres- y la básica información sobre algunos de los poetas en el exilio.

 

No obstante, se puede afirmar que en todo poeta exiliado, hay un primer momento, más o menos largo, de vacilaciones o de desesperanza, y un segundo tiempo que podríamos llamar de “nostalgia” o de “serenidad”: más o menos cercanamente, la realidad objetiva pesa en estos estados de ánimo. Además, se puede observar que hay un tema común a todo poeta exiliado, “España”, aunque todo exiliado tenga, sin duda, muchas otras preocupaciones.

 

Era febrero cuando se inicia o agudiza la diáspora. La guerra civil se precipitaba a su final. También hacia su final iba la vida de Antonio Machado que, en Colliure, escribiría su último verso, uno de los primeros versos de la poesía española desterrada: “Estos días azules y este sol de la infancia”.

 

Mas en 1939 son jóvenes aún -están en su más alto momento de creación- muchos otros poetas. Por ejemplo, todos aquellos que habían nacido alrededor de 1900 -años más, años menos- y que ya en España eran nombres reconocidos. Esos tendrían que seguir viviendo, tendrían que adaptarse a nuevos lugares; tendrían que seguir creando. Nos referimos entre otros a Juan Ramón Jiménez, Enrique Díez Canedo, León Felipe, José Moreno Villa, Jorge Guillén, Pedro Salinas, Juan José Domenchina, Max Aub, Antonio Aparicio, Rafael Dieste, Francisco Giner de los Ríos, Juan Larrea, Angel Lázaro, Adolfo Sánchez Vázquez, Arturo Serrano Plaja, Lorenzo Varela, José Bergamín, Rosa Chacel, Antonio Espina, José Rivas Paneda, José María Quiroga Pla, Pascual Pla y Beltrán, Ramón Gaya, José Herrera Petere, Nuria Parés, Emilio Prados, Concha Méndez, Pedro Garfias, Rafael Alberti, Juan Gil-Albert, Manuel Altolaguirre, Luis Cernuda, Ernestina de Champourcín y Juan Rejano.

 

Todos los hombres y mujeres cuyos nombres he citado; muchos que no he citado; muchísimos más -sin duda- que desconozco, hicieron en el exilio una obra poética. Una obra poéticamente importante, porque todos y cada uno de los poetas que sufrieron el exilio, representan, ni más ni menos, que un segundo siglo de oro de la Literatura Española.

 

Las ideas de libertad y democracia por las que todos estos poetas sufrieron y lucharon son hoy la meta trazada por el pueblo español, para que nuestro país se encuentre en el concierto del mundo civilizado.

 

Estos poetas del exilio, lejos de su patria, trataron de sobrevivir su vida, sintieron la garra de la nostalgia, el incesante recuerdo de unas calles, de unos árboles, de unas casas, de unas fuentes como aquella a la que Rafael Alberti pedía, “que volviera para darle agua”. Supieron de angustia, de dificultades económicas, de falta de medios para enfrentarse con ese cada día y cada mañana. Y tenían razón. El mundo ha dicho que tenían razón.

 

El recuerdo de estos poetas del exilio nos trae también a la memoria sus antologías poéticas mutiladas, sus versos censurados, el torpe deseo de algunos de ignorar o tergiversar su auténtica personalidad. Todos, todos fueron poetas de la libertad, y por eso se marcharon y por eso vivieron y murieron en el exilio. Sólo con la voz del corazón, para liberar a España de tanto injusto olvido, de tanta injusta persecución en algo tan importante como es el amor y la poesía, recordamos hoy la voz de los poetas del exilio, pues muchos no regresaron. Y es que como dijo el poeta: “porque en este ataúd continúa el destierro, / el desterrado sigue desterrado en la muerte”.

 

Francisco Arias Solís

 

Siempre podemos hacer algo por la paz y la libertad.

 

XIII Festival Poético por la Paz y la Libertad

 

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Nos gustaría contar con la participación de muchos poetas.

 

Gracias.

Scott Fitzgerald por Francisco Arias Solís

 

FRANCIS SCOTT FITZGERALD

(1896-1940)

 

Una generación nueva, que se dedica más que la última a

temer a la pobreza y a adorar el éxito; crece para encontrar

muertos a todos los dioses, tiene hechas todas las guerras y

debilitadas todas las creencias del hombre.”

F. Scott Fitzgerald.

 

 

LA VOZ DE LA ÉPOCA DEL JAZZ

 

El escritor estadounidense Francis Scott Fitzgerald, más conocido por Scott Fitzgerald, está considerado uno de los más importantes del pasado siglo. En París entró en contacto con Ernest Hemingway, Gertrudis Stein, Ezra Pound y otros componentes de la “generación perdida”. Sintió siempre una especial predilección por el género novelístico y siempre soñó con escribir una gran novela, sin embargo, apremiado por su necesidad de dinero, se dedicó principalmente a narraciones cortas en revistas. No obstante, se le considera como uno de los mejores novelistas de la época del jazz.

 

Francis Scott Fitzgerald nació en Saint Paul, Minnesota, el 24 de septiembre de 1896 y falleció en Hollywood el 21 de diciembre de 1940. Su padre fue un caballero arruinado del Sur y su madre era descendiente de una familia de origen irlandés muy adinerada. Estudió en Saint Paul Academy and Summit School y posteriormente en la escuela privada Newman Scholl, de Hackensack. Abandonó sus estudios universitarios que había iniciado en la Universidad de Princeton para alistarse en el ejército de los Estados Unidos durante la primera guerra mundial, no obstante, no llegó a embarcase para Europa. En 1920 contrajo matrimonio con Zelda Sayre, con la que emprendió un estilo de vida extravagante y lujoso. Zelda estuvo hospitalizada periódicamente en centros psiquiátricos desde 1930 hasta 1948 en el que murió en un incendio en el centro de atención psiquiátrica donde estaba recluida. Fitzgerald convertido en un alcohólico incurable, sufrió dos ataques cardiacos. El segundo que le provocó la muerte le sorprendió en Hollywood, en el apartamento de Sheilah Graham, columnista de chismes cinematográficos de la que se había enamorado.

 

Su primera novela, Este lado del paraíso (1920), constituye un éxito arrollador. En 1922 aparece su segunda novela, Bello y maldito, con la que confirmó su éxito anterior. Espejo de su época, esta obra refleja la desesperación a través de un lenguaje que, en ocasiones, se apoya en la comicidad. Describió la sociedad de la Riviera francesa en la que sería su última gran novela, Tierna es la noche (1934). En 1925 aparece El Gran Gatsby, su más brillante éxito, y tal vez su obra más lograda por lo menos en cuanto a su estructura. Historia de una ascensión, refleja la personalidad del autor, dividida en Gatsby, el perseguidor del sueño inaccesible, y en el narrador, profundamente humano. Cuando Fitzgerald cae de lleno en el alcohol, el éxito le abandona, pero aún escribe guiones en Hollywood, donde empezó, en 1939, una novela sobre el ambiente cinematográfico: El último magnate (1939), que no llegó a terminar. Otros títulos merecen recordarse son: Jovencitos y filósofos (1920) y Cuentos de la era del jazz (1922), ambos de narraciones breves. Y como dijo el novelista norteamericano: “Puedes acariciar a la gente con palabras”.

 

Francisco Arias Solís

 

El futuro se gana, ganando la libertad.

 

XIII Festival Poético por la Paz y la Libertad dedicado a Benedetti.

 

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Nos gustaría contar con la participación de numerosos poetas.

 

Gracias.

 

Foro Libre: Homenaje a José Antonio Muñoz Rojas

 

FORO LIBRE

ASOCIACION CULTURAL, ARTISTICA Y LITERARIA (Fundada en 1992)

 

Francisco Arias Solís - Presidente ~ Plaza San Severiano, 2 ~ 11007 – CADIZ

URL: http://www.internautasporlapaz.org

 

Nadie sabe las palabras

que caben en un silencio.”

José Antonio Muñoz Rojas.

 

HOMENAJE DE FORO LIBRE A JOSÉ ANTONIO MUÑOZ ROJAS

 

El próximo lunes, día 5 de octubre, a las 20.30 horas, en la cafetería-restaurante El Cantábrico (Avda. Cayetano del Toro, 21 - Cádiz), la Asociación Cultural, Artística y Literaria FORO LIBRE celebrará un encuentro literario sobre la vida y la obra del poeta antequerano José Antonio Muñoz Rojas, con motivo del centenario de su nacimiento.

 

José Antonio Muñoz Rojas nace en Antequera, provincia de Málaga, el 9 de octubre de 1909, en la misma ciudad en la que fallece, el 29 de septiembre de 2009. Estudia Derecho en la Universidad Central. En 1929 publica Versos de retorno. Con Leopoldo Panero y otros amigos funda Nueva Revista. En 1929 conoce a Juan Ramón Jiménez, Vicente Aleixandre, Pedro Salinas y Luis Cernuda. En 1930 acaba la carrera de Derecho. Hace el servicio militar en Sevilla, allí establece relación con el grupo de Mediodía, haciendo amistad con Adriano del Valle, Porlán y Romero Murube.

Publica en las revistas Isla, Papel Azul, Poesía, Los Cuatro Vientos, Nueva Poesía, Cruz y Raya, Caballo verde para la poesía... En 1932 visita por primera vez Cambridge. Escribe algunos cuentos de los que publicará tardíamente bajo el título de Cuentos surrealistas. En 1934 presenta al Concurso Nacional de Literatura Ardiente jinete. Ese mismo año llega Neruda a España. Muñoz Rojas, lo encuentra, en casa de Aleixandre, junto con Miguel Hernández y Federico García Lorca. A comienzos de 1936 marcha a Cambridge. Visita en su residencia londinense de Russell Square a T.S. Eliot.

En 1939 regresa a España. Conoce a una chica que, con el andar del tiempo, llegará a ser su compañera: María Lourdes Bayo Alessandri. Desde su vuelta del Reino Unido al año 1951 Muñoz Rojas reside alternativamente en Málaga y Antequera, entre la ciudad y el campo. En 1942, se publican los Sonetos de amor por un autor indiferente. Un año después se publica Abril del alma. En 1945 publica un libro fundamental, Historias de familia.

En los cincuenta se traslada a la capital de España. El mismo día de su llegada a Madrid publica la que muchos consideran su obra maestra en prosa: Las cosas del campo (1951). “Libro de poemas en prosa”, le llamó José Luis Cano. En Málaga, dirige, en colaboración con Alfonso Canales, Papel Azul, suplemento de la revista Gibralfaro. Colabora hasta 1954 en Platero, la revista poética gaditana fundada por Fernando Quiñones. Ese mismo año escribe también para Aljibe, revista de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Sevilla. En marzo de 1952 entra en el Banco Urquijo. En 1954 publica Cantos a Rosa. “Tras Cantos a Rosa -afirma Muñoz Rojas-, acaba mi etapa optimista”. “El resto de mis intentos en esta aventura poética -nos dice el poeta antequerano-, que abarca desde 1954 a 1980, es decir unos veinticinco años, lo considero agrupado en dos posibles libros: las Consolaciones y Oscuridad adentro”.

En 1957, publica uno de los libros en prosa más bellos de cuantos han salido de su pluma: Las musarañas. En 1962 aparece Lugares del corazón en nueve sonetos que lo celebran. En 1966 publica en Málaga una colección de Coplillas, en que la gracia popular se une a la exquisitez expresiva propia de los escritores de honda cultura. En 1970 publica el Salmo. Con igual amor al pasado aparece en 1977 Antequera, norte de mi pluma.

En 1992 fue nombrado Hijo Predilecto de Andalucía. En 1998 obtuvo el Premio Nacional de Poesía por Objetos perdidos y en 2002 el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana por el conjunto de su obra.

Francisco Arias Solís

 

No hagamos las paces con la guerra, ni tampoco levantemos guerras con la paz.

 

XIII Festival Poético por la Paz y la Libertad en memoria de Mario Benedetti.

 

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Arturo Barea por Francisco Arias Solís

 

ARTURO BAREA
(1897-1957)

 

Hijo, yo de la guerra no entiendo.
Pero ¿por qué matarse?”

Arturo Barea.

 

LA VOZ DE UN REBELDE

 

Arturo Barea es un novelista que ha alcanzado un gran prestigio internacional. Su gran obra, La forja de un rebelde, escrita en buena parte durante la guerra, solamente aparece muchos años después. Es libro de curiosa historia: se publicó primero en inglés (Londres 1941-1944), para ser retraducido después a su lengua original (Buenos Aires, 1951).

 

La forja de un rebelde constituye una trilogía integrada por tres libros -La forja, La ruta, La llama- y en cuanto que es básicamente una autobiografía, resulta ser una crónica de la España en que su autor vivía. El elemento autobiográfico, en ningún momento ocultado, pues aparece el autor con nombre y apellido, no cuenta en función de la biografía de Barea, sino de una rememoración de las vivencias del autor que sirven para la reconstrucción decisiva de la historia española. No todos los libros de la serie tienen el mismo valor y el primero de ellos, La forja, más independiente de juicio, constituye una de las obras novelescas más importantes del siglo XX. La forja es una afortunada evocación del mundo juvenil del protagonista, narrada con gran veracidad y con un sereno, pero dolorido, sentir del Madrid humilde de finales-comienzo de siglo. La capacidad de observación y la afortunada notación costumbrista conceden al libro un valor testimonial extraordinario. La narración directa, la ingenua perspectiva infantil o juvenil es de un considerable valor, lo mismo que sucede con el afortunado relato del acceso a la experiencia del muchacho protagonista. La forja es, sin duda, el libro más valioso, más afortunado de Barea. El siguiente de la serie, La ruta, es un relato fundamentalmente crítico sobre la guerra de Marruecos -próxima, en este sentido, a otros libros de Sender, Díaz Fernández o Gaya Nuño-, donde el fondo que la alienta no obstaculiza una narración tersa, vibrante y llena de calor humano. En La llama aparece también la problemática personal de Barea, su vida matrimonial fracasada, su deseo de integración en la lucha popular, su incorporación definitiva a esa lucha sus tareas de censor de despachos de prensa en los corresponsales extranjeros desde su “oficina” instalada en la Telefónica de Madrid, en torno a la cual silban los obuses. Toda la guerra, desde los días heroicos, trágicos y violentos de julio de 1936, pasando por los bombardeos de la capital, la presencia de las Brigadas Internacionales, las luchas ideológicas, la resistencia republicana, la Valencia de la retaguardia, el éxodo final, figuran en las fascinantes páginas de Barea, que en muchos casos recuerdan al mejor Galdós madrileñista y popular.

 

Arturo Barea Ogazón nació en Badajoz el 14 de agosto de 1897 y murió en Feringdon (Inglaterra) el 24 de diciembre de 1957. De humilde origen, la mayor parte de su vida se desarrolló en Madrid; la pobreza y dificultades de los barrios populares marcaron su trayectoria ideológica. Su formación fue autodidacta. Trabajó como meritorio en un banco, fue uno de los organizadores del sindicato de empleados de oficina de la UGT. Hizo el servicio militar en Ceuta y Marruecos, luchando en la llamada Guerra del Rif. Su biografía hasta la guerra puede seguirse a lo largo de La forja de un rebelde. Durante la guerra se casó con una periodista austriaca. Al finalizara la guerra se exilió Francia y posteriormente a Londres, donde se dedicó al periodismo y a la crítica, siendo autor de dos ensayos: Lorca. El poeta y el pueblo (1944) y Unamuno (1952). Adoptó la nacionalidad inglesa en 1948. Bajo el nombre de “Juan de Castilla” tomó parte en las emisiones españolas de la BBC de Londres. Comenzó su carrera literaria con un volumen de cuentos basados en la guerra civil española, Valor y miedo, que se publicó en Barcelona en 1939, su fama literaria comenzó con la publicación La forja de un rebelde. Posteriormente publicó la novela La raíz rota (1952 en inglés; 1955 en español) Su última obra, un volumen de cuentos titulado El centro de la pista, se publicó póstumamente en 1960, en Madrid.

 

En su novela La raíz rota plantea un tema de gran interés, el de regreso del exilio, asunto poco tratado por los escritores del destierro como por los de interior. El título de Barea es alusivo a la falta de enraizamiento que se encuentra el exiliado a su regreso, lo que le obliga, tras sucesivas decepciones, a volver al destierro. Y como dijo el escritor extremeño: “Tengo la nacionalidad inglesa, pero soy español”.

 

Francisco Arias Solís

 

La primera víctima de la guerra es la infancia.

 

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