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Francisco Arias Solís

Foro Libre: Homenaje a Nicolás Guillén

 

FORO LIBRE

ASOCIACION CULTURAL, ARTISTICA Y LITERARIA (Fundada en 1992)

 

Francisco Arias Solís - Presidente ~ Plaza San Severiano, 2 ~ 11007 - CADIZ

URL: http://www.internautasporlapaz.org

 

 

¡Ay, qué linda mi bandera,

mi banderita cubana,

sin que la manden de afuera,

ni venga un rufián cualquiera

a pisotearla en La Habana!”

Nicolás Guillén.

 

 

HOMENAJE DE FORO LIBRE A NICOLÁS GUILLÉN

 

El próximo lunes, día 20 de julio, a las 20.30 horas, en la cafetería-restaurante El Cantábrico (Avda. Cayetano del Toro, 21 - Cádiz), la Asociación Cultural, Artística y Literaria FORO LIBRE celebrará un encuentro literario sobre la vida y la obra del poeta cubano Nicolás Guillén (1902-1989), con motivo del 20º aniversario de su muerte.

 

La poesía negra o mulata, la de signo o intencionalidad social y el neopopularismo han sido señalados como las tres direcciones vertebradoras de la poesía de Guillén; las dos primeras, fuertemente enlazadas. Poeta de cuidado equilibrio formal, su obra acusa destellos de Rubén, Lorca o Neruda; recrea y exalta la voz de un pueblo, una cultura, una sociedad y una tierra: Cuba. En Guillén se plasma, una vez más, la interpretación y la asimilación de dos culturas, la española y la negra, que se funden en el mulato antillano.

 

En 1930 con la publicación en el Diario de la Marina de los Motivos de son, el nombre de Nicolás Guillén se impone como el de una de las figuras más importantes de la literatura cubana. En 1931 se edita en La Habana, Sóngoro Cosongo. Poemas mulatos que confirma la excepcional calidad poética de Guillén. En 1937, el poeta emprende su primer viaje internacional de La Habana a México y luego a Canadá, de donde viaje a España, en donde asistirá al II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura. Escrito en México, en mayo de 1937, España. Poema en cuatro angustias y una esperanza, se publicó dos veces en ese mismo año. Nicolás Guillén colaboró en la revista Hora de España. En 1947, publica en Buenos Aires, El son entero. En marzo de 1949 viaja a Nueva York como delegado cubano en la Conferencia Cultural y Científica para la Paz Mundial, en abril del mismo año asiste en París al Congreso Mundial de Partidarios de la Paz. En 1953 inicia un nuevo periplo que es, en rigor, un largo exilio. Su actividad cultural, se refleja también, en estos años, en nuevos libros de poesía: Elegía y La paloma de vuelo popular. El triunfo definitivo de la Revolución Cubana, el 1º de enero de 1959, produce un cambio fundamental en la vida del poeta: concluye su exilio y regresa a la patria. Presidió la Unión de escritores y artistas. En 1962 publica Prosa de Prisa y, al año siguiente, Poetas de amor y Tengo. En 1968 publica El Gran Zoo. Nicolás Guillén muere en La Habana, el 16 de julio de 1989.

 

Guillén cantó y soñó a América. Su canto fue de rebeldía y esperanza. El negro, se constituyó a veces, en su poema, en el símbolo de los oprimidos del pueblo; pero ese pueblo en su conjunto es la inspiración central de su obra. Poeta nacional de Cuba, guitarrero mayor de América, ha demostrado que, “para hacer un poema, / lo importante es saber cómo se hace un poema”.

 

Francisco Arias Solís

 

No hagamos las paces con la guerra, ni tampoco levantemos guerras con la paz.

 

XIII Festival Poético por la Paz y la Libertad en memoria de Mario Benedetti.

 

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Julián Sanz del Río por Francisco Arias Solís

 

JULIÁN SANZ DEL RÍO

(1814-1869)

 

Tal como hoy está el libro pertenece a Krause

el espíritu, la exposición es mía y no hay original

alemán ni no alemán de donde se halla traducido.“

Julián Sanz del Río. Ideal de la humanidad para la vida.

LA VOZ DEL INTRODUCTOR DEL KRAUSISMO

 

El fundador del krausismo español fue Julián Sanz del Río, formado en el estudio del Derecho y de la Filosofía, se trajo de Alemania la ideología que en principio más necesitaba el intelectualismo español.

 

Julián Sanz del Río nace en Torrearévalo, un pueblecito de la provincia de Soria, el 10 de marzo de 1814. Hijo de familia humilde, estudió en el Seminario Conciliar de San Pelagio de Córdoba, en el Colegio del Sacromonte de Granada y obtuvo los grados de Bachiller en Cánones en la Universidad de Toledo. Posteriormente obtuvo los grados de Licenciado y Doctor en la Universidad de Granada. Fue catedrático de Derecho Romano y presidente de Leyes en el Colegio del Sacromonte de Granada.

 

Al conocimiento de los españoles que avizoraban las novedades intelectuales del mundo había llegado la noticia de que en Alemania imperaba una filosofía fabulosa por sus dimensiones y por su originalidad. A ellos se debe el krausismo español, que con el tiempo llegó a ser algo así como una filosofía del Estado.

 

El ministro progresista Pedro Gómez de la Serna envió a Julián Sanz del Río a beber directamente en las fuentes de aquella desconocida ciencia germánica. Sanz del Río salió para Alemania en 1843. Se detuvo unos días en París y visitó a Victor Cousin. Le bastó tan corto tiempo para averiguar que en Francia “la filosofía no se cultiva ni con profundidad ni con sinceridad”.

 

Sanz del Río permaneció en Alemania hasta 1844. Si se juzga por sus traducciones y glosas de Krause, Sanz del Río apenas pudo digerir más que dos o tres obras del maestro. Nuestro filósofo era el tipo de sabio de un solo libro o poco más; poco extenso en el conocer, pero muy intenso en lo que conoce.

 

El eje de la filosofía de Sanz del Río, está en dos obras krausistas: la Metafísica, primera parte o analítica, y el Ideal de la humanidad para la vida, publicadas ambas en 1860. La segunda parte de la Metafísica, o sea la síntesis, anduvo manuscrita en manos de sus discípulos pero no llegó a publicarse, hasta después de su muerte.

 

Menéndez Pelayo afirma que “pocos saben que en España hemos sido krausistas por casualidad”. Sin embargo, no hubo tal casualidad. Sanz del Río fue al krausismo como quien dice a tiro hecho. Ya era krausista, al menos potencial, antes de salir de España. Lo confiesa en su primera carta a José de Revilla: la convicción de que la doctrina de Krause es “la eterna, la absoluta verdad” nace de la doctrina misma, “que yo encuentro en mí”. Llevaba el krausismo consigo.

 

Probablemente este misticismo latente en la conciencia de muchos españoles venía de muy lejos, quizás desde la Edad Media, Desde luego sorprende que buen número de los primeros krausistas y de los sucesivos más importantes fueron oriundos de Andalucía, una tierra donde la cultura semita, árabe o judaica, echó hondas raíces. Canalejas, Salmerón, Castelar, Federico de Castro, Giner de los Ríos son andaluces. Sanz del Río, como sabemos, nació en Castilla, pero a los diez años va a educarse a Córdoba y más tarde a Granada.

 

Para los krausistas españoles el krausismo era un instrumento para construir un Estado liberal y democrático, justo y eficaz, especie de juez de campo presidiendo y armonizando los antagonismos sociales, sin intervenir demasiado.

 

La idea de que la especie humana forma un gran familia de miembros iguales, sin distinción de razas, de religiones, tenía también una honda tradición en España. La había hecho suya en Roma el cordobés Séneca. De modo que el Ideal de la humanidad, después de todo, no era otra cosa que el senequismo español que insconcientemente Sanz del Río llevaba dentro.

 

En 1867, Sanz del Río fue destituido por el gobierno de su cátedra de Historia de la Filosofía que ocupaba desde 1854, por no haber querido suscribir una declaración de fe católica y monárquica. “La filosofía en España –decía Clarín- era en rigor planta exótica, puede decirse que la trajo de Alemania el ilustre Sanz del Río”.

 

Julián Sanz del Río murió en Madrid el 12 de octubre de 1869. Cuantos le trataron convienen en reconocer el magnetismo que irradiaba la personalidad de aquel hombre retraído. Muerto el maestro los krausistas españoles se dedicaron a las aplicaciones prácticas de la metafísica sintética.

 

A la sombra de la Institución Libre de Enseñanza y bajo la inspiración de Giner de los Ríos y sus auxiliares, nacieron las instituciones encargadas de difundir la cultura en el interior e importarla del exterior, la Escuela Superior del Magisterio, el Instituto Modelo de Enseñanza Secundaria, las Residencias de Estudiantes para los dos sexos y la Junta de Ampliación de Estudios.

 

Nadie honradamente puede negar que el krausismo, penetrando hasta las capas más apartadas de la burguesía española a través de todas estas instituciones creadas e inspiradas por Giner de los Ríos, hizo mejores hombres de los españoles.

 

Francisco Arias Solís

Se ama la libertad como se ama y se necesita el aire, el pan y el amor.

 

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Francisco Bances Candamo por Francisco Arias Solís

 

FRANCISCO BANCES CANDAMO

(1662-1704)

 

Digo todo cuanto siento

del general al soldado;

si por esto no he medrado

por esto vivo contento.”

Bances Candamo.

 

LA VOZ DEL DRAMATURGO OLVIDADO

 

Bances Candamo puede considerarse el último de los comediógrafos del Siglo de Oro, el final definitivo de la línea calderoniana. En algunas de sus comedias de historia nacional, Bances reacciona contra el falso concepto del honor extendido en la época, señalando la conducta personal como única fuente de honor.

Francisco Antonio de Bances y López-Candamo nació en Sabugo, aldea asturiana en las proximidades de Avilés, e1 26 de abril de 1662. Su madre, viuda y probablemente falta de recursos lo envía niño aún a Sevilla, al cuidado de un tío canónigo. Cursó allí estudios y recibe muy joven órdenes menores. De su Teatro de teatros de los pasados y presentes siglos, se desprende que en Sevilla también terminó su carrera, llegando a doctor de Sagrados Cánones. Pasa a Madrid y a los veintiún años ya lleva fama de poeta. Protegido por Carlos II, se convierte en poeta palatino, y ante la Corte se representan muchas de sus comedias. Herido gravemente por aquellas fechas (1683), según unos por enemistades literarias y según otros por duelo, el propio rey se interesa por él diariamente y le envía sus médicos, y se dice que se mandó a enarenar su calle para que no le molestase ningún ruido mientras se reponía. Se sabe que en 1691 tuvo un hijo natural, Félix Leandro José; y que, asqueado por los tiquismiquis, envidias y rencillas de literatos y poetas, abandonó la Corte para convertirse en un burócrata. Desempeñó varios cargos: primero fue nombrado administrador de rentas de Cabra, y seguidamente en 1694, visitador general de alcabalas en Córdoba, Sevilla, Málaga, Jerez, Sanlúcar, Gibraltar y Ronda, cargo que desempeñó con eficacia y honradez, teniendo que ir incluso a Ceuta para abastecer de provisiones a la plaza que estaba sitiada por el rey de Mequínez. En 1697 fue nombrado administrador de las Rentas Reales de Ocaña y su jurisdicción. Le revoca Hacienda el nombramiento quedando Bances cesante, y tiene que intervenir el propio rey, que le encomienda las superintendencias de Cuenca, Ubeda, Baeza y San Clemente y al final es mandado el calidad de juez inquisidor a Lezuza (Albacete), donde muere casi repentinamente el 8 de septiembre de 1704.

En la copiosa producción dramática de Bances tropezamos con todos los géneros vigentes en el teatro del siglo XVII: entremeses y bailes (Las visiones, El astrólogo tunante, El flechero rapaz); autos (El gran químico del mundo, El primer duelo del mundo, La mística monarquía); comedias de historia nacional (Más vale hombre que el nombre, El sastre del Campillo o Duelos de amor y de celos, La inclinación española y musulmana nobleza, El español más amante y desgraciado Macias); de historia clásica (El esclavo en grillos de oro, Cambises triunfante en Menfis); de historia extranjera (Quién es quien premia al amor, La Garretiera de Inglaterra, Sangre valor y fortuna, El Austria en Jerusalén); costumbristas (El duelo contra su dama, Por su rey y por su dama); filosóficas (La piedra filosofal); religiosas (El vengador de los cielos y rapto de Elías, San Bernardo Abad, en colaboración con Juan Claudio de la Hoz y Mota; La Virgen de Guadalupe); mitológicas (Duelos de ingenio y fortuna); y algunas zarzuelas (Cómo se curan los celos y Orlando furioso, El imposible mayor en amor lo vence amor).

La preparación teológica que Bances Candamo poseía otorga a sus autos un puesto de primera importancia en ese arte menor del teatro religioso.

Las mejores comedias de Bances han de buscarse entre las de historia nacional: El sastre del Campillo, sobre la oposición de León y Castilla, con duelos caballerescos, intrigas amorosas, damas disfrazadas de caballeros, traiciones, etc., todo muy bien dosificado; El español más amante y desgraciado Macías, ya llevado a la escena por Lope de Vega en Porfiar hasta morir, y, sobre todas, Más vale el hombre que el nombre, en la que reacciona briosamente contra el duelo, “¡Ay de España, si no quita / esta costumbre de España!”, y contra el falso concepto del honor, destacando a cada paso la conducta como el mayor timbre de nobleza.

Sin ser mejor que otras, la obra que más prestigio dio a Bances en su tiempo es La piedra filosofal, urdida con retazos de La vida es sueño de Calderón. Bances Candamo es autor también de un poema épico incompleto, en octavas reales, El César africano, sobre la conquista de Túnez por Carlos V; y de una colección de Obras líricas en las que hay poemas notables, como el soneto Vida de aldea, o el romance histórico A la imagen de Santa Magdalena de Pedro de Mena, rico en pasajes de alto valor descriptivo. Y como dijo el poeta asturiano: “Que aquel que afectado ves, /es haciéndose a sí mal, / verdugo del natural / y mártir del interés”.

Francisco Arias Solís

 

La primera víctima de la guerra es la infancia.

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Leandro Fernández de Moratín por Francisco Arias Solís

 

LEANDRO FERNÁNDEZ DE MORATÍN

(1760-1828)

 

Pero si así las leyes atropellas

si para ti los méritos han sido

culpas; adiós, ingrata patria mía.”

Leandro Fernández de Moratín.

 

LA VOZ DE UN PROGRESISTA MODERADO

 

La bella Sabina Conti tenía sólo diez años cuando Moratín –un tímido adolescente- se enamora de ella. Pero la niña le hizo poco caso al poeta, y a los pocos años se casó con su tío, que era mucho mayor que ella.

 

Gracias a su Diario sabemos de otros muchos amores de Moratín. Quizás su amor más duradero fuese el que profesó a Doña Paquita Muñoz, hija de un militar irascible. Doña Paquita tendría unos veinte abriles, cuando en la primavera de 1798, la conoció Moratín que tenía treinta y ocho años.

 

El 24 de enero de 1806 estrenó con éxito en el Teatro de la Cruz de Madrid El sí de las niñas. La protagonista se llama como Paquita. A fines de 1806, con cuarenta y siete años, Moratín decidió pedir la mano de Paquita, pero ya había otro pretendiente más afortunado, con el que años más tarde había de contraer matrimonio. El 22 de diciembre de 1822 escribe Moratìn a Paquita: “Exceptuando mi retrato pintado por Goya, venda usted todas las demás pinturas que fueron mías, y aproveche usted de lo que den por ellas”. El retrato de Moratín pintado por Goya se conserva en la actualidad en el Museo de la Real Academia de San Fernando, en Madrid. Moratín dedicó al insigne pintor, una famosa composición poética, que finaliza con estos versos: “Si en dudosa esperanza / culpé de temerosos mis deseos / tú me lo cumples, en la edad futura, / al mirar de tu mano los primores / y en ellos mi semblante, / voz sonará que al cielo se levante / con debidos honores, / venciendo de los años al desvío, / y asociando a tu gloria el nombre mío”.

 

Leandro Fernández de Moratín nació en Madrid el 10 de marzo de 1760. Hijo del poeta y dramaturgo Nicolás Fernández de Moratín, estudió dibujo y trabajó en un taller de joyería. Su Diario nos permite conocer la vida que llevó Moratín, no sólo en sus años de juventud, sino en sus numerosos viajes –Francia, Inglaterra, Italia-, y en sus años de plenitud en el Madrid de 1797 a 1808, en que estrenó con éxito sus comedias, El viejo y la niña (1790), La comedia nueva o El café (1792), El barón (1803), La mojigata (1804) y El sí de las niñas (1806), y tenía abiertas las puertas del palacio del Príncipe de la Paz, que le protegía con su amistad. Su obra en prosa es muy amplia. Destaca en primer lugar su obra satírica La derrota de los pedantes (1798), en la que arremete contra los malos escritores. Importante es también su obra Orígenes del teatro, en la que muestra un profundo conocimiento de la literatura dramática española, al mismo tiempo que defiende su credo estético. En 1779 la Real Academia Española premió su poema épico La toma de Granada por los Reyes Católicos y en 1782 volvió a premiarlo por Lección poética. Sátira contra los vicios introducidos en la poesía castellana, en tercetos, donde ataca en especial al teatro barroco.

 

“En medio de una crisis de conciencia española –nos dice Vicente Aleixandre-, la figura de Moratín es patética, como pocas”. Azorín, el primero en ver la modernidad de Moratín, habla también de una sensibilidad contradictoria, pues Moratín era reservado y alegre, tímido y decidido cuando lo necesitaba, liberal y conservador.

 

El Epistolario moratiniano que llena casi medio siglo –la primera carta es de 1872 y la última de 1828- es de un gran valor literario. Pocos españoles de su época escriben un castellano tan puro y a la vez tan sabroso. El drama de la España ilustrada, de la minoría que quería para España las luces de Europa, se revela transparente en muchas de sus cartas, y ese drama, afectaría gravemente el destino de Moratín, que prefirió como Goya, el exilio, antes que vivir en un país donde el control de pensamiento, de las publicaciones y de las conductas, funcionaba implacable y podía conducirle a uno a las cárceles de la Inquisición. Leandro Fernández de Moratín, muere en París el 21 de julio de 1828.

 

El Moratín juvenil, inquieto, curioso de todo, hábil y terco, perseguidor de puestos oficiales, acaba convirtiéndose, tras los años terribles de la guerra de la Independencia y la represión fernandina, en un Moratín constantemente preocupado y temeroso de perder su libertad, su tranquilidad, que acabó alcanzando en el exilio, y su independencia. Llegó un momento –los años del exilio en Burdeos- en que a Moratín lo único que le importaba –aparte de la literatura y la amistad- era que le dejaran tranquilo “gozando de aquella honesta libertad que sólo se adquiere en la moderación de los deseos “.

 

Moderado en sus deseos y moderado en política, reprocha a su amigo Melón su “exaltado liberalismo gaditano”. Políticamente, Moratín era un progresista moderado más bien escéptico. Y como nos dijo el poeta y dramaturgo madrileño: “Dócil, veraz: de muchos ofendido, / de ninguno ofensor, las Musas bellas / mi pasión fueron, el honor mi guía”.

 

Francisco Arias Solis

La fórmula salvadora es paz, libertad y justicia.

 

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Juan Belmonte por Francisco Arias Solís

 

JUAN BELMONTE

(1892-1962)

 

Allí donde no hay poesía, no hay toreo”.

Juan Belmonte.

 

LA VOZ DEL ARTE DEL TOREO

 

Juan Belmonte murió en Sevilla, el 8 de abril de 1962, en su cortijo de “Gómez Cárdena”, el honrado jornalero y famoso torero, que nació el 14 de abril de 1892, en el sevillanísimo barrio de Triana.

 

Este gran señor del toreo que fue Juan Belmonte era sólo y único de verdad. Mientras vivía Joselito y alternaba con él toreando, los dos eran únicos, los dos estaban solos. La víspera de la muerte trágica de José en Talavera, torearon juntos en Madrid. Los dos sintieron aquel día en que soñaron verónicas de alhelí, que estaban solos; y juntos y solos cada uno con su toro de verdad. Que a José lo mató en la plaza de Talavera. Que a Juan no pudo nunca herirlo de muerte en la arena de los ruedos. ¡Qué soledad más sola y qué verdad más única la de Juan Belmonte, desde la muerte de José! O mejor que sola verdad. “De lo que estoy seguro –nos dijo Belmonte- es que donde de verdad me ganó la pelea Joselito fue en Talavera”. Todo eso lo sintió Juan... Hasta aquella palabras de Valle-Inclán que le decía que sólo le faltaba para ser perfecto, morir en la plaza... Y la contestación belmontiana de: “Se hará lo que se pueda, don Ramón; se hará lo que se pueda...”.

 

En 1912 Juan se presenta con caballos en la plaza de la Maestranza, con novillos del duque de Tovar, apenas rodó el último novillo, levantaron en hombros a Belmonte, lo sacaron por la Puerta del Príncipe, y así lo llevaron a su casa que entonces estaba en un modestísimo patio de vecinos. Al año siguiente se presentó en Madrid con ganado de Santa Coloma y allí sobre la arena, causa el mismo estupor, el mismo entusiasmo. Tuvo que pasar un tiempo para que su arte se consolidara. Desde el Juan Belmonte de la Oda de Gerardo Diego, galopando entre toros andaluces, al de aquellos tiempos de inicio de su revolución, media un abismo.

 

El 2 de mayo de 1914 se enfrenta por vez primera en Madrid con Joselito acompañándole Rafael el Gallo con toros de Contreras. La faena de Juan al sexto de la tarde, fue una exposición de la esencia más pura del arte del toreo. El 25 de abril de 1915, en la corrida de Beneficencia obtiene Juan un triunfo clamoroso, sobre todo, por su manera de ligar cuatro naturales seguidos con uno de pecho, que han quedado para la historia como “los cuatro naturales de Beneficencia”. El 21 de julio de 1917, corrida del Montepío de Toreros, con ganado de Concha y Sierra, con Gaona y José. Una monumental faena a su segundo toro de las que no se olvidan nunca y que hizo escribir a un gallista tan caracterizado como don Gregorio Carrochano: “Después de esto nada, no hay más allá”.

 

Su despedida tuvo lugar en la Feria de San Miguel sevillana en el año 1935, en el que Juan, acompañado del Niño de la Palma y de Manolo Bienvenida, vestido de negro con bordados blancos, decía adiós a sus trajes de luces.

 

Lo que llamamos emoción en su caída brusca de la conciencia en lo mágico. Y el mundo del toreo es, ante todo, mágico. Juan embrujó el arte del toreo y lo impregnó de viva verdad humana. Juan Belmonte figura torera, dentro y fuera del ruedo, es uno de los ejemplos humanos de vida y de verdad, hondamente andaluz y profundamente español.

 

En aquella “Edad de Oro” del toreo en que los aficionados se dividían apasionadamente, a veces fanáticamente en “joselistas” y “belmontistas”, eran tiempos de guerra en Europa y de “neutralidad” aparente en España, donde los españoles también se dividían con tanta pasión como los aficionados al toreo, en “aliadófilos” y “germanófilos”. Pero a esa rivalidad que partía en dos a sus frenéticos espectadores, ha sucedido en la memoria de todos las visión justa de su inseparabilidad torera. Fueron únicos y solos los dos: y los dos juntos. Como el sol y la sombra que llena todo el ruedo. Como el oro y la plata que llena toda la plaza. José y Juan, los dos juntos, fueron todo el toreo. Más tarde, cuando los “supervivientes” de la “Edad de Oro” de toreo fundaron la peña “los de José y Juan”, podía ser su presidente, pues nadie como él, para representar todo el toreo.

 

Juan Belmonte, como artista torero fue único y solo, como lo fue José. Los dos inimitables. Soledades únicas del arte. En la música, en la pintura, en la poesía, en el toreo. El toreo es o no es, como la poesía. Podríamos pensar que se torea en verso... y en prosa. El toreo encuentra su ritmo, su pausa y medida mágicamente, como el poeta y el prosista cuando escriben. Sin medir, pesar ni contar nada... Juan era pura poesía. Quinta esencia del arte. Puro estilo. Un torero genial. La gracia, la emoción y el sentimiento en una solo torero y en un torero solo.

 

José y Juan, unidos ya para siempre en la inmortalidad de su gloria torera. Y cada uno solo, frente a su destino trágico. José murió “recibiendo” la cornada. Juan fue en busca de la cornada de la muerte. Una muerte que todas las tardes salía a buscarla y nunca pudo encontrarla en el ruedo. Desde que José encontró la muerte. ¡Qué soledad la de Juan! Ni la muerte quiso salir a su encuentro y tuvo que salir, a matar a la muerte.

 

Al morir Juan, se juntaron para siempre, solos definitivamente únicos en su gloria.

 

En esta luz de tu mes de abril, solo está el sol y solas las estrellas y solo el inmenso firmamento y solo tu corazón con su silencio y en esta sola soledad, se ve, se oye y se siente el arte de torear que, en cada suerte, busca en la luz la muerte.

 

Francisco Arias Solís

 

Por esa libertad bella como la vida.

 

Foro Libre

 

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Federico Balart por Francisco Arias Solís

 

FEDERICO BALART

(1831-1905)

 

Y abatido descubro en lontananza

tus amores por único recuerdo

y la muerte por única esperanza.”

Federico Balart.

 

LA VOZ DE UN POETA DE ENCRUCIJADA

 

Balart es un poeta de encrucijada entre el romanticismo, el realismo y, en cierto modo, nebuloso aún, el modernismo. Entre sus mejores poemas se halla “Restitución” que publicó a la muerte de su esposa y que figura entre “Las cien mejores poesías líricas de la lengua castellana”, escogidos por Menéndez Pelayo, entre lo mejor de la literatura española antigua y moderna. Balart fue uno de los mayores críticos literarios de su siglo, actividad que comenzó desde muy joven.

 

Federico Balart nace en Pliego, provincia de Murcia, el 23 de octubre de 1831. Estudió bachillerato en el Instituto de Murcia. En 1850 se traslada a Madrid donde escribía asiduamente en la prensa. Abandona sus estudios de ingeniería y militares para dedicarse de lleno a la literatura. Como crítico literario alcanzó gran notoriedad. Sus críticas que en muchas ocasiones firmó con seudónimos –“Cualquiera”, “Nadie”, etc.-aparecieron en diversos periódicos: La Verdad, La Democracia, El Globo... En el Gil Blas publicó su artículo satírico que le ocasionó un duelo con el intendente de la Casa Real llamado Goicorrotea. Balart resultó herido en un pie y toda su vida cojeó ligeramente. Son verdaderamente notable sus artículos en Los Lunes de El Imparcial. También intervino en política y ocupó los cargos de subsecretario de Gobernación, consejero de Estado, diputado a Cortes por Granada y Senador por Castellón de la Plana. Federico Balart murió en Madrid el 11 de abril de 1905.

 

Su aparición como poeta fue tardía, pero el éxito y la popularidad que alcanzó con su primer libro, Dolores (1893-1894), fueron inmensos. Se trata de una colección de poemas con motivo de la muerte de su esposa Dolores Ansa. Angel Ganivet halló en ellos algo más que un puro sentimiento, y los lectores se emocionaron. Poco después de la publicación del libro, Balart fue nombrado socio del número de la Real Academia Española y director artístico del Teatro Español de Madrid.

 

En 1897 publicó otro volumen de poesía, Horizontes, que alcanzó menos éxito. Sus Poesías completas son póstumas (1929).

 

Si los poetas románticos, incluso cantando sus propios dramas personales, se evaden hacia la fantasía y el ensueño, los poetas realistas buscan lo cotidiano y las realidades inmediatas de la sociedad de su tiempo, para hacer de todo ello el motivo de su inspiración. Durante el periodo realista, la amargura y el desengaño románticos no llevan a la desesperación o al suicidio: se resuelven con una irónica y filosófica sonrisa. Para los poetas realistas, el mundo es tal como se muestra, y así hay que aceptarlo. El sentido común, el ingenio, lo epicúreo son las musas más visibles de Balart.

 

Restitución es un poema muy interesante porque está escrito en dodecasílabos y conserva el ritmo de la seguidilla (siete más cinco), y en pareados, con lo que ya parece próximo el alba modernista. Y junto al citado poema tiene otros igualmente destacables como Humildad, Primer lamento y Las campañas. Como hemos dicho, la voz de Balart es la de un poeta de encrucijada: “Allá vuela mi mente enamorada, / allá vuela afanosa, / buscando a la que sola y olvidada / bajo el mármol reposa”.

 

 

Francisco Arias Solís

La guerra es un mal que deshonra al género humano.

 

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Leopoldo Lugones por Francisco Arias Solís

 

LEOPOLDO LUGONES

(1874-1938)

 

Luna quiero cantarte

Oh ilustre anciana de las mitologías

Con todas las fuerzas del arte.”

Leopoldo Lugones.

 

LA VOZ DEL CANTOR DE LA LUNA

 

El adelanto de rasgos vanguardistas en la obra de Lugones es una de las características más acusadas y que más han admirado tanto las críticas como los poetas. Lugones pretende “cantar a la luna por la venganza de la vida” y hace una referencia, con doble sentido al mencionar a su “maestro” Don Quijote, que posee la luna como vencedor del Caballero de la Blanca Luna, cuando todos sabemos que esa fue la única derrota admitida por el caballero manchego y que le supuso el regreso a su pueblo y a la cordura, la pérdida de la fantasía, la libertad y, a la larga, de la vida.

 

Leopoldo Lugones Arguello nace en la Villa de María del Río Seco, aldea de la provincia de Córdoba, el 13 de junio de 1874. Hijo de una familia de cierto abolengo, como antecedentes en la alta sociedad criolla peruana, pero venida a menos. En 1882 se traslada la familia a Ojo de Agua, donde comienza su escolaridad. Más tarde, sigue estudiando en el Colegio Nacional de Córdoba. Pero pronto deja de sentirse atraído por los estudios académicos y se dedica a leer de forma constante y libre.

 

Comienza pronto su actividad literaria a los dieciocho años es director del Pensamiento Libre, periódico literario liberal y como poeta compone Los mundos (1892). En 1895 funda el centro socialista en Córdoba y comienza su larga e intensa actividad política sin abandonar la periodística. Fue uno de los portaestandartes del modernismo y con Jaimes Freyre y Rubén Darío, fundó la Revista de América (1894). En 1896 el escritor argentino establece su domicilio en Buenos Aires donde vivió durante treinta y dos años. Ese mismo año contrae matrimonio con Juana González. Al año siguiente publica su primer libro: Las montañas de oro.

 

Aunque siempre colaboró con distintos periódicos, especialmente con La Nación, en 1898 comienza su actividad alternativa como funcionario de Correos. En 1901 fue nombrado Inspector General de Enseñanza. En 1903 publica La reforma educacional. Con fecha de 1905 se editaron La guerra gaucha y Los crepúsculos del jardín. Al año siguiente fue comisionado por el gobierno argentino para recorrer varios países europeos. Con la edición de las Fuerzas extrañas (1906), inicia un corto periodo de raro silencio literario que sólo se verá roto en 1909 con Lunario sentimental. A partir de 1910 aparecen El payador, Odas seculares, El libro de los paisajes, La industria de Atenas, La torre de Casandra y El tamaño del espacio. En 1920 rechaza la Legión de Honor que le había concedido el gobierno francés. En 1922 publica Las horas doradas.

 

A mediados de 1924 es nombrado miembro de la Asamblea de Cooperación Intelectual de la Liga de las Naciones. Su prestigio social va en aumento hasta recibir el Premio Nacional de Literatura en 1926.

 

En Lima, el 11 de diciembre de 1924, pronuncia su famoso Discurso de Ayacucho, conocido como La hora de la espada. “Ha sonado otra vez para el bien del mundo la hora de la espada. Así como ésta hizo lo único enteramente logrado que tenemos hasta ahora, y es la independencia, hará el orden necesario, implantará la jerarquía indispensable que la democracia ha malogrado hasta hoy...”. Las reacciones al discurso son radicales e inmediatas. Las protestas de estudiantes políticos se suceden y Lugones nunca estuvo tan sólo en esa época.

 

En 1928 publica Poemas solariegos. El 18 de febrero de 1938 se retira a la zona costera del Tigre (Buenos Aires) y se suicida con cianuro. Meses después se publicaron Roca y Romances del Río Seco.

 

Toda su obra pretendió ser de utilidad para su país y su gente. La obra en prosa de Lugones va del ensayo político y social (El imperio jesuítico, 1904; Historia de Sarmiento,1911; La grande Argentina, 1930) y otros literarios (El ejército de La Ilíada , 1915; Estudios helénicos, 1924), algunos cuentos y una novela (El ángel de la sombra, 1926), sin olvidar sus innumerables artículos periodísticos de carácter polémico.

 

La obra de Lugones responde a la contradicción intrínseca del hombre que comenzó anarquizante y socialista y terminó a un paso del fascismo; trayectoria trágica que culminaría en un suicidio y en una frase digna: “Maestro de su vida, el hombre lo es también de su muerte”. De hecho, este fruto de la crisis racionalista magnífica la fuerza, la raza y la nación, como Nietzsche; su orgullo y su idealismo no le impidieron, sin embargo, dejar una de las obras más originales del siglo XX americano, obra de poderosa riqueza verbal, de verso espléndido, de imaginación abundante y de sentido del ritmo; su abundancia llega a convertirse en defecto, porque esa prodigalidad metafórica termina por resultar retórica, aunque difiera mucho de la retórica de estilo.

 

“Desde el ultraísmo hasta nuestro tiempo –dice Jorge Luis Borges-, su inevitable influjo perdura creciendo y transformándose. Tan general es ese influjo que para ser discípulo de Lugones, no es necesario haberlo leído”. Recordemos, finalmente, los últimos versos de su célebre “Elegía crepuscular”: “Glorioso en mi martirio, sólo espero / la perfección de padecer por ti. / Y es tan hondo el dolor con que te quiero, / que tengo miedo de quererte así”.

 

Francisco Arias Solís

Solidaridad con el pueblo hondureño.

 

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Manuel García Morente por Francisco Arias Solís

 

MANUEL GARCIA MORENTE

(1886 –1942)

 

Una nación es un estilo; un estilo de vida colectiva.”

Manuel García Morente.

 

LA VOZ DE LA INTUICIÓN

 

Como filósofo original García Morente introdujo dos innovadores conceptos: el del progreso y el de la intuición. En primer lugar se trata de la distinción entre proceso y progreso (Ensayos sobre el progreso). El proceso es un simple devenir del espíritu, que descubre hace suyos y desarrolla al máximo los valores mediante un esfuerzo moral continuo. En segundo lugar hay que señalar tres forma de intuición. La primera, la de Bergson, es totalmente emotiva; opera mediante una inmersión en lo más profundo de lo real. La segunda, la de Dilthey, es volitiva y se experimenta en la resistencia que los objetos oponen a la conciencia al revelarle su existencia. La tercera, la de Husserl, es intelectual y abstrae la singularidad de cada representación poniendo entre paréntesis el problema del objeto para concentrarse exclusivamente en la esencia.

 

Manuel García Morente nace en Arjonilla, provincia de Jaén, el 22 de abril de 1886. Recibe de su padre, oculista de gran renombre, una educación agnóstica mitigada por la influencia piadosa de su madre. Después de realizar los primeros estudios en Granada, hizo el bachillerato en el Liceo de Bayona; luego pasó a la Sorbona de París, donde fue alumno de Boutrux, Rauh y, sobre todo, de Bergson. Después de enseñar durante algún tiempo en la Institución Libre de Enseñanza, se trasladó a Marburgo, y posteriormente a Berlín y a Munich. En 1911 se doctoró en filosofía en la Universidad de Madrid y el 23 de mayo de 1912, con veinticuatro años, gana la cátedra de Ética de la Universidad Central. Los estudios filosóficos en la Universidad de Madrid gozaban de prestigio europeo; allí enseñaban Ortega y Gasset, Xavier Zubiri, Juan Zaragüeta, José Gaos, García Morente, etc... que habían creado, si no una escuela -se ha hablado de la Escuela de Madrid-, sí por lo menos un equipo de investigación y de trabajo, donde la filosofía no estaba aislada; la conexión de estos pensadores con el Centro de Estudios Históricos, con la Institución Libre de Enseñanza, con la Residencia de Estudiantes..., era conocida y vivida por los protagonistas de aquella época. Padre de familia modelo García Morente, también llevó una vida de salones literarios en la época que lo llamaban “el filósofo de las duquesas”. Fue redactor de la Revista de Occidente, de la Revista General, de El Sol y del Diario de Madrid; tradujo numerosas obras francesas y alemanas, principalmente las de los fenomenólogos: Brentano, Husserl, Dilthey, Spengler, Keyserling, etc. En 1917 se encargó de la recepción en Madrid de los universitarios franceses (entre los cuales estaba Bergson) que vinieron a defender la causa de los Aliados. En 1930 fue nombrado subsecretario de Estado para la Instrucción Pública, y al año siguiente Decano de la Facultad de Filosofía y Letras.

 

Al producirse la rebelión militar García Morente se refugió en París y luego en Tucumán (Argentina), donde ejerció la enseñanza durante algunos meses. Su obra más importante Lecciones preliminares de Filosofía (1937), es un compendio de las lecciones expuestas en Tucumán. Otras obras destacadas son: La Filosofía de Kant, La Filosofía de Henri Bergson e Idea de la Hispanidad. En 1939, poco después de su conversión al catolicismo, volvió a España, se hizo sacerdote y se reincorporó a las clases de la facultad. La conversión de García Morente, dados los vínculos filosóficos y el lugar que había ocupado, fue recibida con alborozo por los ideólogos del nacional catolicismo y sus seguidores En sus Ensayos anticipa filosóficamente la orientación religiosa de sus últimos años. En noviembre de 1942 sufre una operación quirúrgica que parecía intrascendente pero que provoca su fallecimiento el 7 de diciembre de 1942.

 

La primera etapa de la trayectoria de García Morente es la de su formación neokantiana. Parece que la aportación del bergsonismo fue todavía más fuerte y duradera. García Morente, de acuerdo con Bergson, condena con vehemencia el cientificismo y el matematismo invasor, “contra esta sequedad estadística y matemática ha protestado en mil modos el alma contemporánea. Un anhelo de espiritualidad pura se ha manifestado” (La filosofía de H. Bergson). El mérito de Bergson es haber analizado los tres problemas más importantes: el alma, la vida y la libertad, que sólo puede iluminar una intuición bien conducida.

 

La talla de García Morente no es en absoluto despreciable, aunque su intensa vida se truncara prematuramente. En la confluencia del pensamiento francés y germánico, por los cuales se desvivió generosamente por aclimatar a la Hispanidad, supo encontrar, más allá del realismo y del idealismo, en un existencialismo muy comprensivo, pero exigente, el verdadero horizonte del problema del Infinito. Y como dijo García Morente: “La historia de la filosofía no es, como muchos se creen, una confusa y desconcertante sucesión de doctrinas u opiniones heterogéneas, sino una razonable continuidad de ordenadas superaciones”.

 

Francisco Arias Solís.

 

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