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Francisco Arias Solís

Ciro Alegría por Francisco Arias Solis

 

EN EL CENTENARIO DE CIRO ALEGRÍA

(1909-1967)

 

La soga iba desde las muñecas hasta el arzón de la montura,

colgando en una dolorosa curva humillante.

A la Marina se le quedó el cuadro en los ojos.

Desde entonces veía al Mateo, yéndose, amarrado sin poder volver,

con su poncho morado, seguido de los gendarmes de uniformes azules.

Los veía voltear el recodo y desaparecer.”

Ciro Alegría.

 

LA VOZ DEL MUNDO INDÍGENA

 

La novela indigenista surgió en los países andinos –Bolivia, Ecuador, Perú-, en los que parece prolongarse de una manera anacrónica, en ciertos aspectos relacionados con la situación de las poblaciones indígenas, una oscura época colonial de cuño feudal, con todo lo que conlleva de abuso y sometimiento. Si bien es cierto que tanto los mestizos como los blancos consiguen con frecuencia superar los condicionamientos de la explotación y de la opresión, convirtiéndose en un gran número de casos en instrumentos de la oligarquía y del poder político, no es menos cierto que los indios continúan languideciendo en condiciones de extrema pobreza y de cruel servidumbre.

 

Esto explica, sin lugar a dudas, el surgimiento en la narrativa de los países mencionados de una corriente que trata la situación del mundo indígena, siguiendo las lejanas huellas de la peruana Clorinda Matto de Türner, cuyo realismo abandonan para incorporar una visión aún más cruda.

 

En el Perú, Ciro Alegría, es uno de los grandes novelistas de la corriente indigenista. La novela de Alegría es realista, de honda preocupación humana, resuelta, sin rodeos, encuadrada en la protesta social y política, apegada a las realidades del mundo al que se refiere, pero sin concesiones a lo horripilante, como la novela de otros escritores de esta corriente; hay en ella, por el contrario, un mesurado tono lírico que presta una base todavía más convincente a la protesta.

 

Ciro Alegría Bazán nace en Sartimbamba, Huamachuco, el 4 de noviembre de 1909 y muere en Chaclacayo el 13 de febrero de 1967. Recibe una educación liberal y progresista en medio de la vida casi feudal de los grande fundos del interior del departamento de La Libertad. Influye en su formación espiritual y en su inquietud interior la vida a orillas del río Marañón, que determina ciertas condiciones ambientales de trabajo y de paisaje, y las narraciones de personajes-tipo que laboran en las faenas agrícolas. Estudió en el colegio nacional de San Juan de Trujillo, donde fue discípulo de César Vallejo y en la facultad de letras de la universidad de la misma ciudad. Periodista en su juventud, tiene luego una activa participación en la vida política. Fue colaborador de los diarios peruanos La Tribuna y El Norte, y del argentino La Nación. Defendió la política revolucionaria del APRA (Alianza Popular Revolucionaria Americana), por lo que fue encarcelado en 1934 y desterrado a Chile al año siguiente.

 

En el destierro en Chile, escribe las tres novelas que le dan fama en el continente: La serpiente de oro (1935), ambientada en las tierras situadas a orillas del río Marañón, Los perros hambrientos (1938), uno de cuyos capítulos sirvió de inspiración para El mundo es ancho y ajeno (1941), su obra más celebrada y, para muchos, uno de los máximos ejemplos de la narrativa indigenista. Alegría fue profesor de literatura hispanoamericana en Estados Unidos y Puerto Rico. Regresa a su país y ocupa cargos políticos, al mismo tiempo que traduce y publica cuentos de tipo indigenista.

 

Los personajes del escritor peruano viven en un bucólico y fortalecedor contacto con la tierra, que afirma su dimensión humana y deja sin justificación el encarnizamiento con que el abuso y el egoísmo se abaten sobre ellos.

 

Después de El mundo es ancho y ajeno, Ciro Alegría publica solamente un libro, Duelo de caballeros (1955), perteneciente a su primera época y, como tal, documento interesante para estudiar los orígenes de su narrativa.

 

Tras las muerte de Alegría, su esposa, Dora Varona, se dedicó no sólo a reimprimir las obras más conocidas del novelista, sino también a editar todo cuanto había quedado inédito: una obra notable, aunque no sea decisiva a la hora de evaluar los méritos artísticos de la narrativa de Alegría, que siguen siendo muchos. El dilema de Krause tiene como fondo la Penitenciaría de Lima, la experiencia del propio escritor como prisionero político durante el gobierno de Sánchez Cerro; Lázaro es una novela sin concluir, escrita en Cuba, de vibrantes acentos políticos. A estos libros se suman tres volúmenes de relatos: 7 cuentos quirománticos, escritos en los Estados Unidos y Puerto Rico; La ofrenda de piedra, relatos andinos, El sol de los jaguares, relatos amazónicos. En 1976 aparecieron unas interesantes memorias bajo significativo título: Mucha suerte con harto palo.

 

Su obra tiene ante todo un valor documental, guiada por el propósito de reivindicar al pueblo indígena, destruido económica y socialmente por el progreso. En ella encontramos también recuerdos infantiles, evocaciones de costumbres, folklore, etc. En suma, la cultura indígena con su acervo de leyendas, mitologías, formas distintas de ver el mundo, que apuntan un nuevo modo de narrar hispanoamericano, precursor del actual. Y como dijo el novelista peruano: “Con códigos y en papel sellado se ha escrito parte de la tragedia del Perú. La otra parte se ha escrito con fusiles y con sangre”.

 

Francisco Arias Solís

 

¡Necesitamos vivir en paz!

 

XIII Festival Poético por la Paz y la Libertad en memoria de Mario Benedetti.

URL: http://www.internautasporlapaz.org

 

 

 

Foro Libre: Homenaje a Fernando de Herrera

 

 

FORO LIBRE

ASOCIACION CULTURAL, ARTISTICA Y LITERARIA (Fundada en 1992)

 

Francisco Arias Solís - Presidente ~ Plaza San Severiano, 2 ~ 11007 - CADIZ

e-mail: pazylibertad@arrakis.es

URL: http://www.internautasporlapaz.org

 

 

Procuré no rendirme al mal que siento,

y fue todo mi esfuerzo desvarío;

perdí mi libertad, perdí mi brío,

cobré un perpetuo mal, cobré un tormento.”

Fernando de Herrera

 

HOMENAJE DE FORO LIBRE A FERNANDO DE HERRERA

 

El próximo lunes, día 22, a las 20.30 horas, en la cafetería-restaurante El Cantábrico (Avda. Cayetano del Toro, 21 - Cádiz), la Asociación Cultural, Artística y Literaria FORO LIBRE celebrará un encuentro literario sobre la vida y la obra del poeta sevillano Fernando de Herrera (1534-1597), con motivo del 475º aniversario de su nacimiento.

 

A su muerte, Herrera había publicado unos pocos poemas, pese a lo cual se le conocía por el Divino; de su puño y letra preparó un manuscrito que fue robado a poco. El pintor Pacheco recogió originales y copias y editó en 1619 los Versos de Fernando de Herrera, con 365 composiciones a las que se han añadido posteriormente algo más de medio centenar. Constituyen una parte importante de su obra las poesías amorosas constituidas principalmente por sonetos, pero su gloria está fundamentada en sus canciones, y entre ellas las siguientes: Relación de la guerra de Chipre (1572), Sobre la batalla de Lepanto, A la muerte del rey don Sebastián de Portugal (1578), San Fernando y Canción a Don Juan de Austria, con motivo de la rebelión de las Alpujarras. Escribió una de las obras más polémica del siglo XVI: Anotaciones a Garcilaso de la Vega (Sevilla, 1580), en las que refleja su concepción del arte poético.

Temperamento poco dotado para la ternura, algunos se extrañaban de que le llamaran el Divino, no llegando a ser “humano”. Imposible encontrar en sus obras rasgos entrañables de amor por el humilde, el ignorante o el marginado. Altivo frente a los vulgares. Le duele haber nacido “en tiempo de necios”. Estas notas de carácter, que entonces como ahora hacían de Herrera un hombre más admirado que querido, no impiden que en su contradictoria personalidad aparezcan rasgos muy positivos. Había en su alma un gran sentido de la amistad, y hasta del afecto. No desprecia el éxito multitudinario, sino que renuncia a él. No ignora al vulgo, ni a los discrepantes; más bien desconfía de ellos y los teme.

Es un hombre del Renacimiento que ha llevado a sus últimas consecuencias el individualismo de la época. De ahí su ansia de información personal. De su ansia de autorrealización personal saca la tenacidad que necesita para llevar adelante sus trabajos de humanista y de poeta.

Más que un simple petrarquista al uso, nuestro poeta parece aspirar a ser “el petrarquista andaluz”. Es sin duda, uno de los representantes más ilustres de la corriente europea que en la segunda mitad del siglo XV y en todo el siglo XVI intenta educarse en petrarquismo.

Poeta de elevada entonación, comenzó cantando las hazañas de la España imperial, pero su enamoramiento de la Condesa Gelves le llevó a convertirse en poeta lírico. El petrarquista Herrera no dedica a su protectora una pasión, sino unos versos apasionados, poesía amorosa de la mejor estirpe literaria, nacida de un corazón que la amaba, sí, pero con respetuosa afección de súbdito y amigo.

Francisco Arias Solís

 

No hagamos las paces con la guerra, ni tampoco levantemos guerras con la paz.

 

XIII Festival Poético por la Paz y la Libertad en memoria de Mario Benedetti.

 

URL: http://www.internautasporlapaz.org

 

Domingo Faustino Sarmiento por Francisco Arias Solis

 

DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO

(1811-1888)

 

 

A los dieciséis años de mi vida entré a la cárcel,

y salí de ella con opiniones políticas.”

Domingo Faustino Sarmiento.

 

LA VOZ DEL ROMANTICISMO COMBATIVO

 

La originalidad de Sarmiento está en que la filosofía romántica de la historia vino a fundirse entrañablemente con su intuición de la propia vida como vida histórica. Sentía que su yo y la patria eran una misma criatura, comprometida en una misión histórica dentro del proceso de la civilización. De aquí que sus escritos, siendo siempre actos políticos, tengan un peculiar tono autobiográfico. En su primera autobiografía Mi defensa (1843), forjada en Chile como un arma, Sarmiento se exhibe luchando a brazo partido con la pobreza, atraso, ignorancia, violencia, injusticia y anarquía de su medio. Sus frases se refractan en dos haces: uno que ilumina el impulso de la voluntad creadora; el otro, la inercia de las circunstancias adversas. Pronto el lector advierte que esa polarización tiene un sentido filosófico: alude al conflicto entre espíritu y materia, libertad y necesidad, historia y naturaleza, progreso y tradición. Y, en efecto, cuando Sarmiento pasó del sentimiento de la propia vida personal a la interpretación de la vida pública argentina, las confidencias de Mi defensa se convirtieron en una fórmula política: Facundo o civilización y barbarie (1845), publicado como folletín en El Progreso, que no es ni historia, ni biografía, ni sociología: es la visión de un país por un joven ansioso de actuar dentro como fuerza transformadora. El Facundo ha merecido los mayores elogios de la crítica por la calidad de su prosa y el vigor de sus descripciones de hombres, situaciones y ambientes: “Este libro poderoso –escribe Pedro Henríquez Ureña- es la obra maestra de su tiempo en América”.

 

Domingo Faustino Sarmiento es la personalidad más vigorosa del grupo de los “Proscritos” argentinos, activos opositores al régimen de Rosas. Sarmiento incitaba a escribir con espontaneidad, con amor, con corazón, lo que veía alrededor, lo que le venía a la mente, porque todo esto resultaría bueno, en el fondo, aunque en la forma fuese incorrecto; resultaría apasionado por más que algunas veces fuera inexacto; le gustaría al lector, aunque hubiese horrorizado a Garcilaso; y sobre todo, no se parecería al lenguaje de ningún otro y, bueno o malo, nadie se lo disputaría. Sarmiento se atuvo siempre a su lema: “las cosas, hacerlas, aunque sea mal, pero hacerlas”.

 

Desde un punto de vista más estrictamente literario, Sarmiento se revela como escritor en los Viajes (1849), testimonio de una notable capacidad de observación, de una vena narrativa válida, de gran capacidad estilística para plasmar sus impresiones en torno a los varios países visitados, entre ellos, Francia, Italia y los Estados Unidos.

 

Domingo Faustino Sarmiento nace en San Juan de la Frontera el 15 de febrero de 1811 y muere en Asunción el 11 de septiembre de 1888. Desde muy niño vive la agitada situación política de su país, que acaba en guerra. De formación autodidacta, pronto revela sus extraordinarias dotes como escritor. El pensamiento de Sarmiento evoluciona hacia la afirmación de un progreso civil hispanoamericano, de la que deja testimonio en los Recuerdos de provincia (1850). El hombre político, con mayor reflexión y control, dominado por nostalgias instintivas, dirige su mirada hacia el futuro que está llamando a la puerta. Considera que la barbarie ha perdido definitivamente la partida y que la civilización está destinada a triunfar.

 

Rosas cae en 1851, vencido por Urquiza, situación que parece confirmar las grandes esperanzas de Sarmiento. Pero Urquiza lo desilusiona muy pronto y desde Chile escribe La campaña del Ejército Grande (1852), donde ataca al nuevo presidente con el ardor que en él es habitual.

 

En 1855 una amnistía permite a Sarmiento volver a la Argentina. En 1864 se le nombra representante del país en los Estados Unidos. En 1868 a su regreso de los Estados Unidos, se entera de que ha sido elegido para la presidencia de la República.

 

Durante su gobierno dio gran impulso a la enseñanza popular, organizó el magisterio e impulsó la instrucción técnica y profesional; estableció bibliotecas, museos, gabinetes científicos; creó el Observatorio astronómico, el Colegio militar, la Escuela naval; tendió nuevas líneas férreas y telegráficas; hizo levantar un censo demográfico; fomentó la inmigración y contrató maestros y especialistas en ciencias.

 

A lo largo de los años de su gobierno tuvo que hacer frente a numerosas hostilidades, en particular a la oposición de la aristocracia criolla. Nombrado ministro en el gobierno de su sucesor, Avellaneda, escribió en 1883 el libro Conflictos y armonías de razas, obra sociológica, una vez más estamos ante la revelación de un temperamento indómito de luchador, un hombre que con el tiempo se afirma con estatura continental.

 

El clima de la dictadura está reflejado con extraordinaria incisividad en Facundo o civilización y barbarie, que en este sentido, se convierte en un libro de importancia ejemplar. Con Facundo, “genio bárbaro”, desaparecen las tradiciones del buen gobierno, todo se degrada, las leyes llegan a ser instrumento de abuso en manos de individuos sin escrúpulos. Pero Facundo es sólo un pretexto para que el escritor argentino pueda llegar a la condena plena de Rosas y de su régimen despótico. Y como dijo el político y escritor argentino: “Educarse es ser simplemente hombre libre”.

 

Francisco Arias Solís

 

La paz pide una oportunidad.

 

 

XIII Festival Poético por la Paz y la Libertad en memoria de Mario Benedetti.

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Rafael Guillén por Francisco Arias Solis

 

RAFAEL GUILLÉN

 

 

Yo sé que es mía esta tierra

que ha de ser mi sepultura;

que también mi pena es mía

aunque no tenga escritura.”

Rafael Guillén.

 

LA VOZ DE UNA ENVIDIABLE LIBERTAD

 

Rafael Guillén, casi sin darse cuenta, ha ido barruntando a través de su poesía, un tema esencial –el del tiempo y el espacio-, que intenta ahondar, al escribir un poema experimental en el que se pretende “una iluminación sucesiva y sistemática de todos los límites –espacio, tiempo, movimiento... “.

 

Para muchos, Rafael Guillén pasa por un poeta dedicado a cantar, de modo casi exclusivo, el amor humano. No sería poca cosa, desde luego. Al margen de las modas, éste es una de las constantes principales de la poesía de todos los tiempos y meridianos. Pero Guillén, como siempre, sublimará, poco a poco, el tema, y lo irá ligando a situaciones límites del ser humano: a la nada, al tiempo, a la soledad, a la muerte, a Dios, a los misterios de la vida.

 

El poeta se ha sentido atraído desde sus primeros versos por la mujer. Le basta una muchacha triste en una esquina nocturna, profesando “la alegría del que paga al contado”, para soñarla “contando mariposas” y “estrenando un blanco lino”, hasta decirle: “No sé muchacha triste, qué nube de qué otoño / te sembró de alfileres la paz de la mirada”.

 

Rafael Guillén nació en Granada el 27 de abril de 1933. Fundó y ha dirigido, junto con José García Ladrón de Guevara, la colección poética Veleta al Sur. Colabora en importantes revistas europeas y americanas y sus poemas y artículos han sido traducidos a varios idiomas. Ha viajado por Europa América, Asia y Africa. Ha obtenido entre otros los premios “Leopoldo Panero”, “Guipúzcoa”, “Boscán”, “Ciudad de Barcelona“ y dos internacionales en New York y Guatemala. En 1994 le fue concedido el Premio Nacional de Literatura por Los estados transparentes. En el 2003 se le concede el Premio de la Crítica Andaluza. Posee la Medalla de Honor de la Real Academia de Bellas Artes de Granada, es miembro de la Academia de Buenas Letras de Granada y Medalla de Oro de la Ciudad Entre los títulos más destacados de su obra se cuentan: Antes de la esperanza, Ríos de Dios, Pronuncio amor, Elegía, Cancionero-guía para andar por el aire de Granada, El gesto, Hombre de paz, Tercer gesto, Apuntes de la corrida, Amor, acaso nada, Los vientos, Límites, Gesto segundo, Antología poética, Los estados transparentes, Vasto poema de la resistencia, Mis amados odres viejos, El manantial, Variaciones temporales, Las edades del frío, Estado de palabra, Signos en el polvo y Los dominios del cóndor.

 

Rafael Guillén busca su universalismo sin desligarse de su tierra. Guillén, como buen granadino, se sienta a solas en su ventana, de cara a las nieves de la Sierra, en un sillón de “hombre en paz”, o se pierde a solas, por las callejas granadinas, por los recovecos del silencio albaicinero. Por eso Rafael, cancionero y guía para andar por el aire de Granada, conocedor de ese aire que desde niño ha respirado, granadino hasta los huesos, andaluz de pura cepa, se va haciendo universal, escarbándose por dentro los propios sésamos, los propios límites, sin buscarse otra aventura.

 

Rafael Guillén es un poeta que domina a la perfección la técnica poética. Es un autodidacta que no tiene ni siquiera el bachillerato, pero que domina el idioma, tiene un lenguaje propio, conoce y respeta la sintaxis como pocos. Se queja de que, a veces, incurre en lo didáctico. Que afirma mucho. Que se está haciendo un ideólogo, un ensayista en verso. Añora el sentimiento de sus comienzos, como si el sentimiento fuera el supremo de los caminos.

 

Es interesante la concepción de la muerte de Rafael Guillén. Su desolación de niño que, un día cualquiera, se encuentra de repente al otro lado de la valla de ese lugar en que están los desterrados, los muertos. “Hay que amar a los muertos, comprenderlos”, nos dirá volviéndonos los ojos.

 

Es mucho lo que separa a la poesía de Rafael Guillén –poeta de Granada, poeta de Andalucía de la nieve y del silencio- de la poesía cálida y vegetal de la Andalucía del río grande y la bahía. En Rafael late lo íntimo de la vida. La soledad. La luz, la desesperanza... No en vano, dijo el poeta granadino: “Sólo acierta en amor quien se equivoca / y entrega mucho más de lo que entrega”.

 

Francisco Arias Solís

 

No disparar donde haya niños. Stop.

En la gloria no necesitamos más ángeles.

 

XIII Festival Poético por la Paz y la Libertad en memoria de Mario Benedetti.

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Alfonso Reyes por Francisco Arias Solis

 

ALFONSO REYES

(1889-1959)

Amapolita morada,

del valle donde nací:

si no estás enamorada

enamórate de mí.”

Alfonso Reyes.

 

LA VOZ DEL MEXICANO UNIVERSAL

 

Alfonso Reyes, uno de los grandes humanistas que ha tenido la cultura hispánica, es el “mexicano universal” por excelencia, el hombre de letras más completo que México ha dado al mundo. Su ingente obra de polígrafo estuvo siempre abierta a todos los canales de comunicación con otras culturas y abarca casi todos los géneros: poesía, narrativa, ensayo, crítica literaria y filológica, crónica... Está considerado uno de los mejores críticos de la lengua española.

 

Alfonso Reyes Ochoa nace en Monterrey, Nuevo León, el 17 de mayo de 1889. Estudia en México en la Escuela Nacional de Preparatoria y en la Escuela de Jurisprudencia, en donde recibe el título de licenciado en Derecho en 1913. Fue también doctor en Letras.

 

Cuestiones estéticas, libro editado en París en 1911, es su primera irradiación en el mundo internacional de las letras. Ese año se casa con Manuela Mota, su compañera ideal.

 

Durante muchos años, estuvo en el Servicio Exterior, primero en la embajada de México en París y después en Madrid. En España pasó diez años desde 1914 a 1924. Ortega y Gasset al fundar el diario El Sol, nombra a Reyes colaborador del mismo. Con el grupo de Ramón Menéndez Pidal realiza estudios filológicos –literarios de primera importancia. Es gran amigo de Juan Ramón Jiménez, Azorín, Valle-Inclán y Gómez de la Serna. La presencia en España se traduce luminosamente en sus ensayos costumbristas e impresionistas, los Cartones de Madrid, Horas de Burgos y en otras piezas que componen Las vísperas de España.

 

Después de permanecer, nuevamente, tres años en Francia, Reyes es nombrado embajador mexicano en la Argentina y posteriormente en Brasil. En el libro Quince presencias, recoge deliciosas evocaciones costumbristas de paisajes y personajes brasileños. Su “correo literario” o revista personal Monterrey, redactado desde Sudamérica, refleja su preocupación por todas las culturas.

 

Terminada su carrera diplomática regresa la ciudad de México en 1939, para radicarse allí definitivamente. Se hace construir una casa en forma de “biblioteca con anexos”, bautizada “La capilla Alfonsina”, por su entrañable amigo español en el exilio Enrique Díez-Canedo. Fundó y regentó la cátedra de historia de la lengua y literatura españolas en la universidad de la Ciudad de México y creó el que se llamaría Colegio de México, ocupando en él la cátedra de historia de la cultura. En 1957 fue elegido presidente de la Academia Mexicana de la Lengua.

 

Son años de consolidación de su obra literaria: El deslinde, Al yunque, Ultima Tule, No hay tal lugar..., Junta de sombras, La filosofía helenística, La X en la frente, A campo traviesa, Trayectoria de Goethe....

 

Preocupación constante para Reyes es el sentido y sitio de América dentro de la cultura universal. Toda su obra está matizada de erudición, toda es sensibilidad y humanismo; poesía en la más breve frase de Góngora, Lope de Vega, Quevedo, Mallarmé, Goethe...

 

En México, por mayo de 1959 le viene la llamada definitiva: “-Soy la muerte- me dijo. No sabía / que tan estrechamente me cercara, / (...) Ya no intento eludir su compañía: / mis pasos sigue, transparente y clara, / y desde entonces no me desampara / ni me deja de noche ni de día “. El mexicano universal nos deja el 27 de diciembre de ese año.

 

 

Francisco Arias Solís

 

Paz, queramos paz.

 

XIII Festival Poético por la Paz y la Libertad en memoria de Mario Benedetti.

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Nicanor Parra por Francisco Arias Solis

Nicanor Parra por Francisco Arias Solis

 

NICANOR PARRA

 

Lo peor es que nosotros desaparecíamos

Teníamos que ir a veces o bien teníamos que venir

Cambiar eternamente de lugar

Eternamente cambiar de botas, cambiar de sombreros

So riesgo de ser descubiertos al fin por la policía.”

Nicanor Parra.

 

LA VOZ DE LA ANTIPOESÍA

 

Aquel martes once de septiembre, escuchaba la voz de Salvador Allende por la radio. Aquella voz ronca entre el humo y los tiros, dura ante la traición, emocionada y cariñosa cuando hablaba a su pueblo. Hablaba mientras encaraba la muerte y sabiendo el dolor que iba a inundar a su patria. Recuerdo que se dirigió a su pueblo, a los trabajadores, a las mujeres, a los jóvenes. Dijo unas frases sobre su fe en “el hombre libre que construirá una sociedad mejor”. No recuerdo bien, pero habló cada vez más ronco al decir “tengo fe en Chile y su destino”.

 

Después de aquellos acontecimientos dramáticos de septiembre del 73 de Chile, nada se supo por mucho tiempo del gran poeta Nicanor Parra del que dijo Pablo Neruda, triste protagonista de ese acontecimiento histórico: “La vocación poética es tan poderosa en Nicanor Parra como lo fuera en Miguel Hernández”.

 

“Yo no soy derechista ni izquierdista / yo simplemente rompo los moldes”, decía Nicanor Parra. Y en otra ocasión contaba: “Políticamente éramos en general apolíticos, más exactamente, izquierdistas no militantes... Yo me inclinaba por la filosofía oriental lo que me hacía sospechoso...”

 

A los ilustres nombres de Gabriela Mistral, Vicente Huidobro y Pablo Neruda hay que añadir, en el contexto de la poesía chilena del siglo XX, el de Nicanor Parra Sandoval. Nacido en San Fabián de Alico el 5 de septiembre de 1914. Es hermano de la folklorista Violeta Parra así como de Roberto Parra, folklorista también y músico trashumante. Su madre fue una modista llamada Clara Sandoval y su padre un maestro del que Nicanor heredó el nombre. Hizo sus estudios de secundaria en el Liceo de Hombres de Chillán y en el Internado Nacional de Barros Arena de Santiago. Miembro de la “generación de 1938” chilena representa, junto a sus compañeros de generación, el tipo de “poetas espontáneos, naturales, al alcance del grueso público”.

 

En 1937 publica su primer libro de poemas Cancionero sin nombre y en ese mismo año termina sus estudios de Matemáticas y Físicas en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile.

 

En sus comienzos literarios forma una especie de grupo literario con los poetas Oyarzún y Millas, grupo del que surgiría aquel libro titulado Tres poetas chilenos (1942). En los comienzos de su carrera literaria y, más tarde, en ratos sueltos, Parra se interesó por el motivo de la llamada poesía popular. Este gusto popular puede verse reflejado en los versos de La cueca larga (1958) y ciertas reminiscencias del mismo con poemas tales como “Es olvido” del libro Poemas y Antipoemas (1954). Su afición por los metros populares viene refrendada y avalada por la personalidad de su hermana Violeta que con su guitarra transportó la calidad de estos versos por toda Hispanoamérica. Canciones rusas (1967), posee acentos de ternura y lirismo especialmente en los poemas de evocación a Chile. Versos de salón (1962), escrito con anterioridad, enfatiza, antipoéticamente, lo vano e ilusorio de la realidad desde la voz poética de una especie de paseante que contempla lo absurdo del teatro del mundo. En Artefactos (1972) culmina el proceso de reducción, de condensación y síntesis expresiva de Parra. De muy diferente signo son los Sermones y prédicas del Cristo de Elqui (1977) proseguido dos años después por los Nuevos sermones y prédicas del Cristo de Elqui. Reflexiones envueltas en franciscana sencillez y puestas en boca de un santón o vagabundo que es testigo marginal de una época. Es este el resultado de una enmascaramiento del poeta para expresarse críticamente. Igual táctica se sigue en Cachureo, Ecopoemas, Guatipiques, Ultimas prédicas, series incluidas en Poesía política (1983) donde el Parra “anarquista libertario” enmascara su macabro humor bajo figuras populares carentes de prestigio y se manifiesta ante la violencia institucionalizada. Entre los títulos mas relevantes de sus últimas obras citaremos: Chistes para desorientar a la poesía (1989), Hojas de Parra (1985), Poemas para combatir la calvicie (1993), Páginas en blanco (2001) y Obras completas / & algo +.

 

Especialista de mecánica avanzada por la Universidad de Brown (EE.UU.) ha sido director del departamento de Ingeniería de la Universidad de Chile, así como profesor de la Universidad de Louisiana en 1966. Ha viajado por todo el mundo destacando de entre sus viajes los realizados a Estados Unidos, Inglaterra, China y Rusia.

 

Nicanor Parra obtuvo en 1969 el Premio Nacional de Literatura de su país, por Obra gruesa, en 1991 el Premio Juan Rulfo y en 2001 el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. Ha sido postulado en varias ocasiones para el Premio Nobel.

 

En 1954 la aparición de su libro Poemas y Antipoemas fue un acontecimiento cultural de primera magnitud, colocando a Nicanor Parra como uno de los mejores poetas hispanoparlantes de nuestro tiempo. Parra es la contrafigura del poeta-vate, del poeta-oráculo, del poeta-profeta y se complace en poner en solfa no sólo convencionalismos estéticos muy diferentes, sino que llega a la eliminación de la estructura del poema, de su desarrollo, su estilo. Fuera de todo pedestal, distanciado desde la ironía de una realidad hueca y falsa que se complace en agredir, ha universalizado su voz sin perder su raíz chilena.

 

“El antipoema -decía Nicanor Parra-, que a la postre, no es otra cosa que el poema tradicional enriquecido, con la savia surrealista -surrealismo criollo o como queráis llamarlo-, debe aún ser resuelto desde el punto de vista psicológico y social del país y del continente a que pertenecemos, para que pueda ser considerado como un verdadero ideal poético”.

 

Nicanor Parra es popular pero no vulgar; intelectual pero no libresco; humorístico, pero no grosero; delicado, pero no atildado; crítico, pero no amargo. Y como dijo nuestro poeta: “Reconozco que se me caen las lágrimas / Volveremos a vernos / En el mar, en la tierra, donde sea”.

 

Francisco Arias Solís

 

Será vano el intento de humanizar las guerras. Lo humano es evitarlas.

XIII Festival Poético por la Paz y la Libertad en memoria de Mario Benedetti.

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Ramón de Mesonero Romanos por Francisco Arias Solis

 

RAMON DE MESONERO ROMANOS

(1803-1882)

Símbolo de ternura y de amistad,

ellos, señora, al dirigirse a ti,

de un corazón sensible a tu bondad

la gratitud sensible expresarán por mí.”

Mesonero Romanos.

 

LA VOZ DEL PINTOR DE MADRID

 

Es indudable que en la primera mitad del siglo XIX lo más interesante de la prosa española hay que buscarla en los escritores costumbristas. Tres prosistas románticos comienzan a escribir cuadro de costumbres casi al mismo tiempo: Estébanez Calderón, Mesonero Romanos y Larra.

 

Ramón de Mesonero Romanos, El Curioso Parlante, nace en Madrid el 19 de julio de 1803, de familia acomodada, y fuera de algunas escapadas al extranjero su vida transcurre sin grandes inquietudes en la Corte, donde muere el 30 de abril de 1882. Vivió por lo tanto, un periodo interesantísimo de la historia española, aunque no intervino en la política activa de su tiempo, limitándose a estudiar la vida y la historia madrileña. Elegido concejal en 1846, presentó el mismo año al Ayuntamiento su Proyecto de mejoras generales de Madrid. Fue cronista local y académico de la Real Española de la Lengua. El mismo nos narró parte de su vida en Memorias de un setentón, libro curioso por los datos que aporta para el conocimiento de hechos y personajes de la época, tanto de la historia política como de la literaria.

 

Mesonero Romanos comenzó a escribir muy joven notas costumbristas. A los diecisiete años compuso unas páginas, muy influido por Victor Joseph Etienne Jouy, con el título de Mis ratos perdidos o ligero bosquejo de Madrid, al mismo tiempo que se dedicaba al estudio de la historia local. Su Guia madrileña, publicada en 1831, obtuvo un gran éxito y las ediciones se sucedieron rápidamente.

 

Sus primeros cuadros costumbristas, reunidos después con el título de Panorama matritense, aparecieron en el periódico Cartas españolas, de Carnerero. Comenzó esta primera serie de escenas con El retrato, en julio de 1831, y terminó su colaboración en 1833. Desde esa fecha a 1835 viajó por Europa y a su vuelta fundó el Semanario Pintoresco, una de las revistas románticas más interesantes. Allí publicó la segunda serie de artículos costumbristas, las Escenas matritenses, en cuyo prólogo Juan Eugenio de Hartzenbusch escribe: “Pintar, pues, las costumbres españolas de nuestra época, llevando el objeto de corregirlas”. Mesonero Romanos colaboró después en Los españoles pintados por sí mismos, con unos artículos de gran viveza y colorido, al mismo tiempo que leía comedias clásicas y editaba en la célebre Biblioteca de Autores Españoles obras de los contemporáneos de Lope de Vega.

 

En las dos series de artículos hay notables diferencias. En la primera serie, Panorama matritense, los ensayos ofrecen mayor brevedad que en la segunda, pero en cambio el estilo es más dulzón y “cauteloso” según frase de Hartzenbusch y las escenas pecan de superficiales, en algunos casos.

La segunda serie se redacta en época muy distinta a la anterior. En los dos años que Mesonero Romanos pasó en Francia e Inglaterra, ocurren notables cambios en la vida española. En algunos artículos de la segunda serie se ve ya un deseo de comparar lo viejo con lo nuevo, como en El sombrerito y la mantilla. Otras veces señala con cierta profundidad diversos vicios e hipocresías como El duelo se despide en la iglesia o en Una noche en vela. Otros son artículos de punzante ironía contra las nuevas corrientes literarias, como el célebre El romanticismo y los románticos.

 

“ Es uno de nuestros pocos prosistas modernos –escribía Larra-; culto, decoroso, elegante, florido a veces, y casi siempre fluido en su estilo, castizo y puro en su lenguaje y muy a menudo picante y jovial”.

 

No obstante, no deja de ser una burla que el patriarca del costumbrismo –Mesonero Romanos- fuera uno de los mayores compradores de bienes nacionales y que no vacilara en derruir históricos conventos comprados por él para edificar inmuebles. Entre 1835 a 1855 –época de su apogeo como escritor costumbrista- participó activamente en las reformas urbanísticas efectuadas precisamente a raíz de la desamortización de Mendizábal (1834) y de la acumulación de capitales provocada por la Primera Guerra Carlista. Mientras en la letra escrita Mesonero siente añoranza por el pasado idílico, las viejas posadas y caminos, y ataca al vil metal que corroe las costumbres y convierte en prosaicos los rasgos psicológicos nacionales –hidalguía hombría de bien, espíritu individualista, dignidad en el hambre-, en la realidad, él mismo contribuye a las reformas urbanísticas que aniquilaban el pasado. El Madrid que glorifica por medio de la literatura, lo destruye en la vida cotidiana.

 

A este respecto, no dejan de ser curiosas las palabras que figuran al frente de las Escenas Matritenses que nos pueden servir para pintar las características literarias y, tal vez, las morales del Curioso Parlante: “Mi pluma... seguirá, como siempre, el impulso de mi carácter, la libertad de mi pensamiento, que consiste en escribir para todos en estilo llano, sin afectación ni desaliño, criticar sin encono; aplaudir sin envidia, y aspirar en fin, no a la gloria de grande ingenio, sino a la reputación de verídico observador”.

 

Francisco Arias Solís

 

Sus palabras son bellas... pero luego no cumplen sus promesas.

 

XIII Festival Poético por la Paz y la Libertad en memoria de Mario Benedetti.

URL: http://www.internautasporlapaz.org

 

 

Eugenio de Ochoa por Francisco Arias Solis

 

EUGENIO DE OCHOA

(1815-1872)

 

De mi amargo desconsuelo

ten piedad querida mía;

oye el canto que te envía

tu rendido trovador.”

Eugenio de Ochoa.

 

LA VOZ DE UN TROVADOR ERUDITO

 

Ochoa opinaba que la poesía debe brotar espontáneamente del corazón y que no puede lograrse por medio mecánicos y artificiosos; tiene que ser algo más que sonoridad y ropaje exterior; por esto –decía a propósito de los versos de Selgas-, “la bondad del alma es ya por sí la mitad de la poesía, y donde no hay pensamiento, o donde hay superficialidad que es lo mismo, la poesía no existe”.

 

Eugenio de Ochoa y Montel, nació en Lezo, provincia de Guipúzcoa, el 19 de abril de 1815. Al parecer era hijo natural del famoso abate Sebastián de Miñano. La ayuda de Miñano, a quien Ochoa se refería siempre con el nombre de “tío”, le permitió estudiar en el Colegio de Lista, y cuando aquel centro fue clausurado continuó sus estudios en el Colegio de Santo Tomás y luego en la Escuela Central de Artes y Oficios de París, dedicándose a la pintura, pero una enfermedad de la vista le hizo abandonar este arte.

 

Ochoa, que había marchado a París cuando tenía solo trece años permaneció en la capital de Francia hasta 1834, y allí vivió las más ruidosas efemérides del romanticismo francés. A su regreso entró en la redacción de la Gaceta de Madrid, de la que Alberto Lista era director, y poco después pudo poner en marcha la publicación de una revista literaria, El Artista, de excepcional importancia para la historia del romanticismo en nuestro país. A pesar de la breve vida que tuvo El Artista (poco más de un año) es una de las revistas del siglo XIX más consideradas tanto por su belleza tipográfica como por la calidad de sus contenidos. Su objetivo no fue otro que popularizar la afición a las bellas artes. Junto al erudito vasco tuvo decisiva participación en la vida de El Artista el pintor Federico Madrazo que tuvo a su cargo la parte ilustrada de la revista. Entre los colaboradores más ocasionales de la revista merecen destacarse Espronceda, Zorrilla, Cecilia Bölh de Faber, Bretón de los Herreros, Patricio de la Escosura, Bartolomé José Gallardo, Juan Nicasio Gallego, García Tassara, Lista, Juan María Maury y Ventura de la Vega.

 

Ochoa fue uno de los traductores más tenaces que conoció la época romántica. En 1836 publicó su versión de Nuestra Señora de París, en este mismo año tradujo dos obras teatrales de enorme resonancia: Hernani de Victor Hugo, y Antony, de Alejandro Dumas. Entre 1836 y 1837 publicó una colección titulada Horas de invierno, formada por traducciones de relatos breves de escritores famosos de toda Europa. En 1837 Ochoa se trasladó de nuevo a París, donde permaneció hasta 1844. En esos años publicó numerosas obras entre las que destacan: Tesoro del teatro español desde su origen hasta nuestros días (1838), Tesoro de historiadores españoles (1840), Tesoro de novelistas antiguos y modernos, Tesoro de escritores españoles contemporáneos en prosa y verso, Tesoro de los poemas españoles épicos, sagrados y burlescos y el Catálogo razonado de manuscritos españoles existentes en la Biblioteca Real de París.

 

Ingresó Ochoa en la Real Academia Española como miembro honorario en 1844, a los veintinueve años de edad, y como académico de número en 1847. Ocupó diversos cargos administrativos en los Ministerios de Gobernación, Comercio, Instrucción y Obras Públicas, y Gracia y Justicia, fue dos veces Diputado a Cortes, Director General de Instrucción Pública, y Consejero de Estado desde 1866 hasta la Revolución de Septiembre que destronó a Isabel II.

 

Había casado Ochoa con la bellísima Carlota de Madrazo, hermana de los pintores, de la que tuvo diez hijos. Su hija Ángela falleció a los veintiún años, después de varios meses de horribles sufrimientos, a consecuencia de las quemaduras que se produjo al incendiársele el vestido en un mechero de gas durante un baile. Tan sólo su trabajo, al que se entregó desde entonces con redoblada intensidad permitió a Ochoa sobreponerse a tan dolorosa desgracia familiar. Cuando falleció en Madrid el 28 de febrero de 1872, contando tan sólo cincuenta y siete años, daba la impresión, según informan sus biógrafos, de ser mucho más viejo.

 

Como autor dramático dio a la escena dos obras: Incertidumbre y amor y Un día del año 1823. En la segunda obra, situada como dice el título, en 1823, enfrenta a los liberales de Cádiz con los absolutistas que abrieron las puertas a los Cien Mil Hijos de San Luis. Compuso también Ochoa dos novelas: El auto de fe (1837) y Los guerrilleros, de la que sólo la primera parte vio la luz en 1855. El auto de fe es una novela liberal, terriblemente liberal, en la que nos cuenta la conocida historia del desgraciado príncipe don Carlos y del “tirano” Felipe II. Hay que notar que el tema de esta novela, que viene directamente de Schiller, va a ser explotado una y otra vez por los novelistas liberales españoles.

 

Eugenio de Ochoa reunió las poesías en 1841 en un tomo titulado Ecos del alma. “Suspiro de amor” fue una de las composiciones más celebradas de Ochoa por su romántico sentimentalismo, compuesta en octavillas agudas, la estrofa de octosílabos más usada en la época. “Don Alvaro de Luna” y varios romances moriscos representan el tributo de admiración por el romancero.

 

“A ningún artista moderno, verdadero artista –escribía Ochoa, en el último número de El Artista-, hemos dejado de prodigar estímulos, elogios francos, sinceros, con la verdad del entusiasmo, con la franqueza de la juventud”.

 

Francisco Arias Solís

 

Ningún hombre considera que su situación es libre si no es al mismo tiempo justa, ni justa si no es libre.

 

XIII Festival Poético por la Paz y la Libertad en memoria de Mario Benedetti.

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