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Francisco Arias Solís

Gertrudis Gómez de Avellaneda por Francisco Arias Solís

Gertrudis Gómez de Avellaneda por Francisco Arias Solís

 

GERTRUDIS GÓMEZ DE AVELLANEDA

(1814-1873)

 

Se vuelve con rostro encendido

quiere gritar...

Mas yo murmuraba a su oído.

¡Ley es amar!”

Gertrudis Gómez de Avellaneda.

 

LA VOZ DE LA DIVINA TULA

 

Para Enrique Piñeyro la obra poética de Tula apelativo con que se conoció en su siglo a Gertrudis Gómez de Avellaneda representa “la fusión hábil y completa del arte clásico, del arte de Quintana y Gallego, con el lirismo de Byron, Lamartine y Victor Hugo”, a quienes tradujo repetidas veces. A este carácter conciliador, en efecto, responde la mayor parte de las odas y las Elegías de Tula, cuyas características más acusadas podrían sintetizarse en las siguientes: vigorosa inspiración, innovaciones métricas, profunda intuición de lo estético y sublime, delicada finura melódica, una armoniosa tendencia musical y, finalmente, un acusado propósito de sinceridad. Su poesía se centra en el tema amoroso y en el religioso. Merecen especial atención poemas suyos como “Ley es amar”, “Paseo por el Betis”, “Amor y orgullo”, “La plegaria de la Virgen”, “A la esperanza”, “A la poesía”, “A él” y “La Cruz”. En ningún género alcanzó la gran poetisa hispano-cubana una tan alta significación.

 

Gertrudis Gómez de Avellaneda nace en Puerto Príncipe, provincia de Camagüey, Cuba, el 23 de marzo de 1814. Su padre era sevillano y su madre cubana. El padre muere cuando Gertrudis tiene solo nueve años. Desde niña mostró aficiones literarias. En el año 1836 embarcó para España. Residió primero en La Coruña, después en Sevilla y más tarde en Madrid, donde se relacionó rápidamente con las más destacadas figuras de las letras: Espronceda, Quintana y Nicasio Gallego, a quienes precede en la amistad Alberto Lista, que la conoció en Cádiz.

 

Si existe una vida romántica ésa es la de Gertrudis Gómez de Avellaneda. Mujer de gran belleza, tuvo una vida amorosa agitada y triste: siendo aún adolescente la quisieron casar, en Cuba, con un adinerado solterón y huyó de su casa, más tarde estuvo a punto de casarse en La Coruña, y en Sevilla, donde fue muy cortejada, comenzaron sus atormentados amores con Ignacio Cepeda; pero en 1844 su nuevo amor era el poeta sevillano Gabriel García Tassara, del que tuvo una hija. En 1846, se casó con Pedro Sabater, diputado en Cortes y gobernador de Madrid, pero enviudó a los tres meses. Entonces se retiró a un convento, pero pronto volvió a la vida social. Al poco tiempo morirá Brehilde, su hija ilegítima. Viuda ya, tornó a los amores con Cepeda, pero duraron poco. En 1855 volvió a contraer matrimonio con el coronel Verdugo y fueron padrinos nada menos que los reyes. Herido gravemente el coronel Verdugo en una reyerta con un periodista enemigo de Tula, es nombrado por la reina Gobernador de Cuba (1859), para que se reponga, y allí fue a vivir el matrimonio. La Avellaneda escribe su composición, “La vuelta a la Patria”, en Cuba pasa unos años a los que llamará “los años de mi paraíso”. En el Gran Teatro de la Habana será coronada poetisa en un acto de gala celebrado en 1860. Al morir su marido, la poetisa regresa a España en 1864 y fija su residencia en Sevilla.

Pese a esta agitada vida amorosa, Gertrudis Gómez de Avellaneda no dejaba de cultivar su obra literaria y seguía publicando libros de prosa y de verso y estrenando obras teatrales. Más tarde trasladó su residencia a Madrid, donde murió el 1 de febrero de 1873, completamente olvidada. A su entierro, sólo asistieron una docena de personas entre los que se encontraban Don Juan Valera.

 

Gertrudis Gómez de Avellaneda llegó a presentar su candidatura a la Real Academia Española pero como a otras mujeres a ésta tampoco le abrió sus puertas.

 

Escribió varias novelas –quizá lo más endeble de su obra-, entre las que hay que recordar Sab (1841), considerada la primera novela antiesclavista, Espatolino, Dos mujeres Guatimozín, que se inspira en la vida del sucesor de Moctezuma, La velada del helecho o el donativo del diablo y Dolores. Es mejor su teatro que obtuvo grandes éxitos en su tiempo. Sus títulos son numerosos: Saúl, Baltasar, Leoncia, El príncipe de Viana, Egilona, Recaredo y muchos más. A todo ello hay que añadir varios artículos y biografías, entre éstas las de Santa Teresa e Isabel la Católica.

 

A su sexo lo defendió en una serie de artículos que, con el nombre de La mujer, publicó en 1860. Aunque su feminismo no es beligerante ni agresivo, Gertrudis Gómez de Avellaneda se nos muestra en estos artículos llena de una ironía muy mordaz. Y fue su actitud ante la vida, así como la energía y el brío de su producción literaria, lo que probablemente indujo a Bretón de los Herreros a pronunciar la famosa frase de “es mucho hombre esta mujer”, refiriéndose a ella, la misma que había escrito: “Prodigábanme nombres; / mas yo altanera, con orgullo vano, / cual águila real al vil gusano / contemplaba a los hombres”.

 

Francisco Arias Solis

e-mail: aarias@arrakis.es

 

Paz, queramos paz.

 

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Blas de Otero por Francisco Arias Solis

Blas de Otero por Francisco Arias Solis

 

BLAS DE OTERO

(1916-1979)

 

Digo

del hombre y su justicia”,

océano pacífico”,

lo que me dejan.

Pido

la paz y la palabra.”

Blas de Otero.

 

LA VOZ QUE PIDE LA PAZ Y LA PALABRA

 

Cuando se publica en 1950, Ángel fieramente humano, el nombre de Blas de Otero va a representar la encarnación de una orientación que puede ser encabezada con la devoción de Quevedo El quevedismo, que ya había tenido precursores en prosa y verso, alcanza en aquel momento su madurez. Blas de Otero venía de San Juan de la Cruz, en cuyo seguimiento había publicado en 1942, un Cántico espiritual y todo San Juan está presente en esta noche oscura que es Ángel fieramente humano.

 

La presencia o ausencia de Dios, inseparable de su central tema humano en estos primeros libros, como también en Redoble de conciencia (1951), se anuncia ya en ese homenaje a San Juan de la Cruz que forman los poemas de Cántico espiritual: en el soneto del mismo título nos sorprende “el golpe de Dios” y la petición, el llanto y el clamor a Dios, brotan en los endecasílabos del poema I, sin título: “Gimo y clamo hacia Ti como un pecado / girasol de tu gracia en esta niebla”. De esta “niebla “ unamunesca y machadiana surge el verso existencial de este primer Blas de Otero, el que crece, se ramifica, en los dos grandes libros siguientes y culmina y hace crisis en Ancia (1958), tras haber publicado ya, en 1955 –iniciando nuevos rumbos o centrando ya sólo en el hombre, en los hombres, el tema de su poesía- Pido la paz y la palabra.

 

La brevedad de las formas poéticas le permite a Otero realizar su ideal de poema condensado. El vocabulario resulta ser indicativo de la profunda situación de angustia en que se encuentra el poeta. Redoble de conciencia pone aún más de manifiesto las condiciones de desolación, límites y orfandad del ser humano, si bien algunos poemas ya llevan implícito el tema de la solidaridad humana que ya no abandonaría su obra poética.

 

Blas de Otero nace en Bilbao el 15 de marzo de 1916. Su infancia transcurre en Bilbao y Madrid. Estudia bachillerato en Madrid. Se licenció en Derecho y Filosofía y Letras, profesiones que abandonó. Trabajó de asesor de una fábrica de forja, fue minero una temporada y ejerció la enseñanza privada en su ciudad natal. Residió en París y La Habana. Viajó por la URSS y China, escribe allí los poemas que integrarán Que trata de España (1964). Recibió el premio Boscán de Poesía en 1950, el premio de la Crítica en 1959, y el premio Fastenrath de la Real Academia Española en 1961. En Cuba recibió el premio Casa de las Américas, en 1964, allí se casó con Yolanda Pina, de la que se divorció en 1967. En La Habana escribe su único libro en prosa Historias fingidas y verdaderas. A su regreso a Madrid, reanuda su antigua amistad y amor con Sabina de la Cruz, relación que duró hasta la muerte del poeta. Comienza a escribir Hojas de Madrid y La Galerna, que quedarán inéditos. Blas de Otero muere en Majadahonda el 29 de junio de 1979.

 

Blas de Otero con los vientos existenciales percibirá también el mensaje literario de la poesía social. Y entonces el poeta vasco pide la paz y la palabra –su libro es Pido la paz y la palabra-.Después publica en Francia En castellano (1960), prohibido por la censura española, y en el que nos cuenta la verdadera situación por la que atraviesa España.

 

En Pido la paz y la palabra, con poesía fuerte y viva nos confiesa: “Aquí tenéis, en canto y alma, al hombre / aquel que amó, vivió, murió por dentro / y un buen día bajó a la calle: entonces / comprendió: y rompió todos sus versos”. Y terminó dando todos sus versos por un hombre en paz.

 

Dámaso Alonso le calificó entre sus “desarraigados”, pero hay en Otero un extraordinario dominio de la palabra y un arraigo fundamental, aunque sea desesperado, en los temas esenciales del hombre.

 

De Blas de Otero nos han quedado unos estremecedores sonetos atravesados de furia, de ternura, de delicadeza. Su arraigo quevedesco lo sitúa entre los poetas que dejan huellas y un sabor a clásico. Por los frutos de su “arraigo” le reconoceremos gozosamente siempre. Y como nos dijo el propio Blas de Otero: “Si he perdido la vida, el tiempo, todo / lo que tiré como un anillo al agua / si he perdido la voz en la maleza / me queda la palabra”.

 

Francisco Arias Solis
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Claudio Sánchez-Albornoz por Francisco Arias Solis

 

EN EL 25 ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE

CLAUDIO SÁNCHEZ-ALBORNOZ

(1893-1984)

 

“¡Ay, dulce y cara España,

madrastra de tus hijos verdaderos,

y con piedad extraña

piadosa madre y huésped de extranjeros!”

Lope de Vega.

LA VOZ DE TODO UN HOMBRE

 

Don Claudio, con un pie en el estribo para el último viaje, decía: “Mucho debo a España y a la Argentina, pero algo me deben ellas a mí”.

 

Claudio Sánchez-Albornoz y Menduiña nace en Madrid el 7 de abril de 1893. Cursó estudios en la Institución Libre de Enseñanza. En 1913 se licenció en Filosofía y Letras en la Universidad de Madrid. Un año más tarde se doctoró. De archivero pasó a catedrático de Historia de España en las Universidades de Barcelona, Valencia, Valladolid y Madrid y posteriormente a medievalista insigne. Miembro de Acción Republicana, el partido de Manuel Azaña, fue diputado durante la II República por Ávila. En 1932 comenzó a ejercer como Rector de la Universidad Central, tomó parte en la creación del Centro de Estudios Históricos, fue ministro de Estado (1933). La guerra civil le cogió como embajador de España en Lisboa. Después de una gran labor de ayuda a los exiliados españoles, tuvo que abandonar Portugal, estableciéndose en París. Imparte clase en la Universidad de Burdeos. Se ve obligado a huir para evitar caer en manos de los nazis y de la policía franquista. Llega a Argel, y desde allí se traslada a su amada Argentina, “que me acogió generosa y fraterna, y que con su generosidad me ha permitido trabajar científicamente durante muchas décadas y crear en ella una brillante escuela de medievalistas que constituye mi orgullo”. En la Universidad de Mendoza inicia su labor docente, pasando después a la Universidad de Buenos Aires (1942), en la que funda el Instituto de Historia de España. Es elegido presidente de la Asociación de Intelectuales Republicanos Españoles. En 1962 y por encargo de Jiménez de Asúa, Sánchez-Albornoz asumió la jefatura del gobierno de la República española en el exilio, cargo que desempeña hasta su renuncia en 1970.

 

En octubre de 1976, tras numerosos años en el exilio Sánchez-Albornoz regresó temporalmente a España. La visita culminó –pocas horas antes de emprender regreso a Buenos Aires- en la audiencia regia del palacio de la Zarzuela. De esta entrevista escribió: “Azcárate había visitado a Alfonso XII en el Palacio Real sin dejar de ser republicano, bien podía yo a acudir a conversar con su nieto sin dejar de serlo”.

 

Don Claudio, catedrático sin par y maestro de historiadores, es conocido y reconocido universalmente. En 1925, en plena juventud, fue elegido por unanimidad miembro de número de la Academia de la Historia. En 1935 le acogió en su seno la Academia de Sciencias de Lisboa. Doctor “honoris causa” por las Universidades de Burdeos, Gantes, Tubinga, Lima, Buenos Aires, Oviedo, Valladolid, Lisboa... Hijo adoptivo de Asturias, Medalla de Oro de la ciudad de Ávila,, Gran Cruz de Carlos III... En 1970 la Academia de Roma le otorgó el Premio Internacional Feltrinelli, especie de Nobel de Historia, que le consagra como único español que le obtiene en este campo específico. En 1978, el rey impuso la gran cruz de Alfonso X el Sabio, al que durante tiempo fuera figura visible del republicanismo español. En 1984 recibió el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades. En julio de 1983, Claudio Sánchez-Albornoz vuelve a España estableciéndose en Ávila, donde fallece el 8 de julio de 1984..

 

Su producción histórica es sencillamente colosal. Ahí están su España musulmana, su monumental Orígenes de la nación española, sus valiosos Viejos y nuevos estudios sobre las instituciones medievales españolas, sus Estudios visigodos y Despoblación y repoblación del valle del Duero, su magnífico y exhaustivo Reino astur-leonés, el extraordinario España, un enigma histórico y su célebre Estampas de la vida en León hace mil años.

 

Su dignidad le llevó a permanecer más de la mitad de su vida en el destierro. Un gran historiador francés, Jacques Fontaine, le ha aplicado la frase unamunesca y ha dicho de él que es “nada menos que todo un hombre”.

 

Esta era su afirmación básica: “He dicho y repetido que la Historia es la hazaña de la libertad y la libertad la hazaña de la Historia”. Fundidas, a su fe religiosa, y su fe en la libertad, se afirma en el historiador una convicción optimista en el progreso, indefinido del hombre, llamado siempre a un más alto destino. La identificación de ese destino histórico con la búsqueda eterna de la libertad, le lleva a contemplar, serenamente, reduciéndola en todo caso a episodio pasajero en el transcurso de los siglos, incluso la posibilidad de una realización plena de la utopía comunista. “Aunque el comunismo triunfe en todo el mundo –decía Sánchez-Albornoz-, cosa que es inimaginable ..., siempre habría un después diferente”.

 

Este “conservador revolucionario” acaba siempre, por encima de todo, en historiador. Y es que, como dijo nuestro maestro de historiadores: “Hoy no se puede negar que el hombre y los pueblos somos ante todo historia”.

 

Francisco Arias Solis
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Azorín por Francisco Arias Solis

AZORIN

(1873-1967)

 

“Si lo pensamos, veremos que muchos de los disgustos

 que nos sobrevienen lo son por palabras innecesarias.”    

Azorín.

                                                

 

LA VOZ DEL MAESTRO INCONFUNDIBLE

 

Desde el 98 hasta hoy no ha habido literato en España que haya practicado y examinado tanto los géneros literarios como Azorín. El ha “hecho” poesía, aunque no haya escrito versos; novela, teatro y también periodismo. Por otra parte, el idioma como materia artística tuvo siempre en Azorín un obrero maravilloso.

 

Azorín pasa del joven, soñador, disconforme y moderadamente rebelde –buen hijo de buena familia en el fondo-, anulado por el peso del ambiente social, al señor opaco, gris, cortés, y afable, extremadamente civil, que sabe guardar para todos sus coetáneos una correcta postura de caballero español. El supo ser en muchas ocasiones el nexo entre los elementos de una generación a la que separaban casi tantas cosas como las que la unían. Su aristocratismo, su preocupación por España –su presente hecho pasado más que el porvenir-, su interpretación y compenetración con el paisaje de Castilla, son los rasgos que lo definen. Escéptico y agnóstico en su obra, de formación eminentemente gala, aunque también Nietzsche  y Schopenhauer dejaron huellas en él, y no ignora a Rilke. Su estilo acogotó la retórica, la descompuso en oraciones cortas. El punto y seguido fue casi su único signo ortográfico.

 

José Martínez Ruiz, nace en Monóvar, “ en la serena y clara tierra levantina”, el 8 de julio de 1873, a los tres días de ser elegido presidente de la I República Pi y Margall, que según Azorín fue “uno de los intelectos más límpidos, coherentes y lógicos que nos ofrece la España contemporánea”.

 

Desde los ocho a los dieciséis años estudió, como alumno interno, en el colegio que los Escolapios regentan en Yecla. En 1888 inicia sus estudios de Derecho en la Universidad de Valencia, examinándose en otros centros universitarios como Granada, Salamanca o Madrid.

 

En Valencia conecta con las corrientes vanguardistas del pensamiento y el arte (krausimo, anarquismo, etc.) y se siente muy interesado por las nuevas ideas sociales. Surge en él la actitud rebelde, ácrata, que caracteriza sus años de juventud. Sus primeros pasos en la vida literaria, en los que popularizó su paraguas rojo y el monóculo, fueron difíciles.

 

El 13 de febrero de 1901 unos jóvenes enlutados, en el cementerio de San Nicolás, rinden homenaje a la memoria de Larra. Ese es el acto de la proclamación del 98, Martínez Ruiz corre con el discurso, y dice: “Maestro de la presente generación literaria...”.

 

El peso de Azorín como ensayista ha hecho subestimar su aportación a la novela. No obstante, la narrativa azoriniana poseyó entidad propia y sus características le otorgaron una personalidad muy definida. En su primera novela, La voluntad (1902), todavía firmada por José Martínez Ruiz, el  personaje principal, el protagonista, es Azorín, trasunto biográfico en gran parte del autor. Esta primera novela, con todas sus limitaciones, no deja de ser una de las mejores y más elocuentes de la generación del 98. Su temática será continuada en otras dos que pueden considerarse como parte de una trilogía, Antonio Azorín (1903) y Las confesiones de un pequeño filósofo (1904).

 

El 28 de enero de 1904 y en el periódico España, firma por primera vez con este seudónimo: Azorín, El largo bache que se produce en la narrativa de Azorin –desde 1904 a 1922- no significa esterilidad, ya que es el más productivo en el género del ensayo. Son los años en los que publica Los pueblos (1905, La ruta de Don Quijote (1905), Castilla (1912), Lecturas españolas (1912), Clásicos y modernos (1913), Los valores literarios (1914), Al margen de los clásicos (1915), El licenciado Vidriera (1915),  Rivas y Larra (1916), Parlamentarismo español (1916), Un pueblecito (1916), El paisaje de España visto por los españoles (1917)… y tantos otros como forman la copiosa obra literaria del gran maestro español.  En 1924 fue elegido miembro de la Real Academia Española.

 

Azorín al final de esta etapa abandona la lucha literaria se muestra vacilante y comienza a adentrarse en el estudio del pasado histórico y cultural de España.  Se pierde por archivos y bibliotecas en una especie de huida de la realidad cotidiana. Conseguido el triunfo, su pragmatismo opta por la soledad y el conformismo.

 

De las posteriores novelas de Azorín es digna de destacar Félix Vargas (1928), cuyo título trocó más tarde por el de El caballero inactual. Después de Pueblo (1930),  “novela de los que trabajan y sufren”, tenemos que esperar el final de la guerra civil –con el regreso del Azorín voluntariamente exiliado en París- para encontrar nuevas manifestaciones de su narrativa. De todas ellas, incluidas las narraciones cortas, las más importantes son Capricho (1942) y La isla sin aurora (1944). José Martínez Ruiz muere en Madrid el 2 de marzo de 1967.

 

Azorín, con otros maestros mayores de su generación literaria, la llamada del 98, fueron los descubridores del mito estético de Castilla: mito poético y literario del castellanismo en España. Azorín reunió en un librito maravilloso con ese breve título: Castilla, integrando en él su visión estética de España, las mejores páginas de su primera madurez.

 

El anarquista de paraguas rojo que escribió Las confesiones de un pequeño filósofo nos ha dejado en páginas que todos debiéramos leer y releer, trozos admirables en que la emoción lírica que nos comunican se impregna de aquella espiritualidad, vivamente sentida y evocada siempre por el autor de tantos breviarios de española poesía, evocador mágico de poetas y paisajes de nuestra España.

 

Las obras de Azorín están, deben estar en todas las manos de quienes de verdad aman nuestras letras españolas: aman a España. “Pensemos en esta enorme tristeza de nuestra España. Y nosotros que la amamos con todo nuestro amor....”, nos dice Azorín. Su lectura nos es familiar: su maestría inconfundible.

 

 

Francisco Arias Solis
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Paz y libertad. 


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Foro Libre: Homenaje a George Meredith

 

FORO  LIBRE

ASOCIACION CULTURAL, ARTISTICA Y LITERARIA (Fundada en 1992)

 

Francisco Arias Solís - Presidente ~ Plaza San Severiano, 2 ~ 11007 - CADIZ

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“En el amor la mayor desgracia

es la muerte de la imaginación.”

George Meredith.

 

 

HOMENAJE DE FORO LIBRE A GEORGE MEREDITH     

 

El próximo lunes, día 18, a las 20.30 horas, en la cafetería-restaurante El Cantábrico (Avda. Cayetano del Toro, 21 - Cádiz), la Asociación Cultural, Artística y Literaria FORO LIBRE celebrará un encuentro literario sobre la vida y la obra del poeta y novelista inglés George Meredith   (1828-1909),  con motivo del centenario de su muerte.

 

George Meredith fue un novelista de resonante celebridad a fines de la época de la reina Victoria. Meredith es, en prosa y verso, escritor deliberadamente oscuro, excéntrico, refinado, desdeñoso con todo lo vulgar hasta la afectación, de tendencia aristocrática, satírico, enamorado de la perfección artística hasta caer en el amaneramiento, poeta de fondo romántico y psicólogo sutil. Lo que menos parecía ser por naturaleza era novelista, en el significado que suele darse a esta palabra desde el reinado del realismo, sobre todo, y, sin embargo, como novelista ha pasado a la posteridad, gracias a su ingenio excepcional y a haberse hecho un género muy suyo de novela, de las llamadas subjetivas, ofreciendo  curiosos estudios de carácter, sobre todo femeninos, de sello muy moderno.

 

George Meredith nació en Portsmouth, Hampshire, el 12 de febrero de 1828 y falleció en Box Hill, Surrey, el 18 de mayo de 1909.  Estudió en su ciudad natal y en la escuela Moravia de Neuwied (Alemania). A su vuelta a Inglaterra, en 1844, vivió en Londres, dedicado al periodismo y a la literatura. En 1849 contrajo matrimonio con Mary Ellen Nicols, hija de un afamado escritor, que le abandonó por Henry Wally. La fuga de su mujer y su muerte posterior, marcaron profundamente al escritor. En 1864 Meredith se volvió a casar con Mary Wulliamy. Dos años más tarde, al estallar el conflicto bélico entre Austria e Italia, fue enviado a Italia como corresponsal de guerra.

 

En 1851 se dio a conocer como poeta con Poemas, al que siguieron El amor moderno (1862), lo mejor de su obra poética, Poemas y cantos líricos de la alegría de la tierra (1883) y Baladas y poemas de la vida trágica (1887); posteriormente cultivó la novela: La prueba de Ricardo Feverel (1859), El egoísta (1879), su obra maestra, Los comediantes trágicos (1891) y La extraña boda (1895). Aunque Meredith analizó en casi todas sus obras el tema de la relación entre los sexos, su interés se pone particularmente de manifiesto en Sandra Belloni (1886), Rhonda Fleming (1865). Victoria (1867) y Diana de las encrucijadas (1885).

 

 

Francisco Arias Solís

 

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Aquilino Duque por Francisco Arias Solis

AQUILINO DUQUE

 

“Lejos quedaba España. Una vez más

se cumplía el destino de sus hijos:

andar errantes, morir solos,

y hablando de ella, por supuesto.”

Aquilino Duque. Una visita a León Felipe.

 

LA VOZ DE LA TRADICIÓN POETICA ANDALUZA

 

Pocos poetas tan conscientes de su tradición como Aquilino Duque Gimeno. Esta tradición de poesía andaluza asumida por Duque comienza en Bécquer, se continúa en el modernismo (Juan Ramón y ambos Machado) y la generación del 27 (Lorca, Aleixandre, Cernuda, Prados, Altolaguirre, Hinojosa, Rejano  y Alberti) y ha llegado viva a nuestros días. Esta seguridad de pertenecer a una tradición nos ayuda a comprender la perfección de la obra de Duque. Nos ayuda a comprender cómo influyen en su obra, con armonía y sin estridencia, neopopularismo, creacionismo y modernismo.

 

Los cuatro primeros libros de poesía de Duque están recogidos en el volumen Los cuatro libros cardinales. Estos cuatro libros son La calle de la  luna (1958), El campo de la verdad (1968), De palabra en palabra (1968) y El invisible anillo (1971).

 

Con De palabra en palabra, Duque se alinea –desde luego a su personal modo y manera- con sus compañeros de generación (Valente, Caballero Bonald, etc.) que ha sido llamada por algunos estudiosos “generación del realismo crítico”. En Aire de Roma andaluza, el humor –que había sido una característica de la poesía de Duque- se convierte con frecuencia en sarcasmo. Como poeta barroco y conceptista, Duque maneja la palabra con precisión y exactitud, y emplea la paradoja y la sátira. Su verso arranca un punto trágico, fatalista, “jondo”, resuelto en melancolía.

 

Este sevillano nacido el 6 de enero de 1931 es una de las personalidades más complejas, fascinantes y contradictorias de nuestro ultimo siglo en la intelectualidad española. Realizó estudios jurídicos en Sevilla, Cambridge  y Dallas. Ha sido profesor de Lengua Española en diversas universidades extranjeras. Vivió en Ginebra y en Roma, como funcionario internacional, de 1961 a 1975.

 

Excepcional poeta, novelista, polemista y traductor es el suyo un caso difícilmente “homologable” para la crítica literaria. Ha obtenido el Premio Leopoldo Panero de poesía en 1968, el Premio Ciudad de Sevilla de novela en 1970,  el Premio Fastenrath de la Real Academia Española y el Premio Nacional de Literatura en 1975.

 

En posesión de un bagaje cultural insólito entre nuestros escritores, Duque ha asumido el reto y el riesgo que supone intentar conciliar historia y naturaleza. En su libro El mito de Doñana encontramos lúcidas y relampagueantes observaciones, a las que no podemos menos que reconocerles su profunda honestidad y una sincera preocupación por el futuro comunitario.

 

Desde su punto de vista burgués y liberal, Duque es capaz de comprometerse como pocos, haciendo oír su voz disidente que, con frecuencia, no agrada a tirios ni a troyanos, incluso ha  sido acusado injustamente de fascista.  “Hay dos maneras de ser conservador –ha dicho este escritor- como hay dos formas de ser progresista, lo cual es tanto como decir que es  posible ser progresista y conservador al mismo tiempo”.

 

La nostalgia del mundo liberal, constituye el telón de fondo sobre el que desarrolla su novela. Así la nostalgia del Cádiz festivo y bullanguero –la belle époque gaditana- de finales del XIX  y comienzos del XX, es el escenario sobre el que se mueven los personajes de Operación Marabú (1966), Los consulados del más allá (1966), y, en parte, de Los agujeros negros. Un mundo cosmopolita más al pie de la letra belle époque, aunque situado en nuestro pasado, informa  la acción de La linterna mágica (1971) y La rueda de fuego (1971). En El mono azul (1974), novela que fue finalista en el premio Nadal,  intenta realizar un alegato contra nuestra guerra civil, aunque se convierte en una historia de buenos y malos.  Entre sus novelas, también hemos de citar: La luz de Estoril y Máscaras furtivas. Ha publicado en 1999, Su poesía incompleta Es autor de libros de ensayos y de viajes entre los que destacan El suicidio de la modernidad, El cansancio de ser libres y Guía  Natural de Andalucía (2001). En 1993 publicó su libro de memorias  El rey mago y su elefante. Entre sus traducciones destacan la de los Poemas, de Roy Campbell, y la de Los Lusiadas, de Camoens.  Su dos últimos libros han sido una novela: El piojo rojo, y Crónicas anacrónicas (2003), recopilación de escritos periodísticos aparecidos en El Correo de Andalucía.

 

Aquilino Duque se considera un burgués, pero no un burgués vergonzante, porque en él no hay asomo de mala conciencia. La autenticidad es innegable en la obra de Duque, como lo es también la calidad literaria. Y como dijo el poeta sevillano: “Así sabrás quién iba entre tanto fugitivo, / y si amas a España, y si buscas su gloria, / pide para tus sienes no el laurel: el olivo. / Ven a hablarnos de paz, pero no de victoria”.

 

Francisco Arias Solis
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La fórmula salvadora es paz, libertad y justicia.


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Gracias.

 

Tomás Morales por Francisco Arias Solis

TOMAS MORALES

(1885-1921)

 

“¡Atlántico infinito, tú que mi canto ordenas!

Cada vez que mis pasos me llevan a tu  parte,

siento que nueva sangre palpita por mis venas

y a la vez que mi cuerpo, cobra salud mi arte...”

Tomás Morales.

 

LA VOZ DEL POETA DEL MAR

 

De las preferencias del poeta canario habla claramente la dedicatoria a Salvador Rueda de sus primeros versos marinos. El poeta malagueño, maestro colorista, que había presentado en verso al nuevo poeta atlántico, aparece aquí en su solio, la roca de una playa dorada: “... adonde, coronada de espumas seculares / te lanza como ofrenda este hijo de los mares / la ola de sus estrofas que se rompe a tus pies”.

 

Su “Alegoría  a Rubén Darío en su última generación” demuestra adhesión a la obra renovadora del maestro y la emoción de las postrera despedida, Díez-Canedo en su justo prólogo a Las Rosas de Hércules, alude a otros poetas favoritos o hermanos de técnica e inspiración: Jacinto Verdaguer, D’Anunzio, Catulo y Ovidio.

 

Tomás Morales nace en Moya de Gran Canaria, el 10 de octubre de 1885 y muere en Las Palmas el 15 de enero de 1921. Estudia Medicina en la Universidad de Madrid, terminando sus estudios en 1911 y  regresando a su isla nativa el mismo año para ejercer de médico titular en la villa de Agaete.

 

En dicha villa contrajo matrimonio y compuso gran parte de las poesías que habían de formar, más tarde, el segundo libro de Las Rosas de Hércules.

 

Durante sus estudios en Madrid cultivó la amistad de artistas y literatos, revelándose como poeta con su primer libro de versos, Poemas de la Gloria, del Amor y del Mar, publicado en 1908. Este libro llevaba una poesía de Salvador Rueda en la que el poeta malagueño saludaba al joven cantor como el futuro gran poeta de la raza. Valbuena Prat halla en la obra de Morales las características de lo que designa como “poesía regional canaria”: aislamiento, cosmopolitismo, intimidad  y sentimiento del mar”.

 

Tomás Morales colaboró en diversos periódicos y revistas entre las que citaremos Los Lunes del Imparcial, España, Nuevo Mundo, Por Esos Mundos y Mundial, revista publicada en París bajo la dirección de Rubén Darío.

 

En 1910 se estrenó en el teatro Pérez Galdós, de Las Palmas, su obra La cena Bethaniana. En 1919 volvió a Madrid para publicar su segundo libro de Las Rosas de Hércules. Al año siguiente al de su muerte sus amigos dieron a  la publicidad su primer libro de Las Rosas de Hércules, tal y como él lo había dejado dispuesto, con un prólogo de Enrique Díez-Canedo (donde se estudia la obra y la personalidad del poeta) y las poesías que había dejado sin terminar.

 

Villaespesa y Victorio Macho fueron los últimos artistas peninsulares que llegaron a tiempo de estrechar la mano del que había sido para ellos todo entusiasmo y cordialidad.

 

Tomás Morales murió rodeado de amigos y afectos, prueba de sus bondades y simpatías excepcionales: y en su recuerdo y como homenaje a sus méritos, su isla le ha rendido el tributo de colocar en un bello parque de la ciudad de Las Palmas su busto en bronce, obra del escultor Victorio Macho.

 

Una gran pasión por la noble retórica de arte mayor, una exuberancia magnífica, al lado de otras notas íntimas y tiernas, y, sobre todo, presente siempre, gran maestro tutelar de evocaciones, resonancias y latitud, el mar, el dilatado mar. Y como dijo nuestro poeta: “El alma temblorosa se anega en tu corriente. / ¡Con ímpetu ferviente, / henchidos los pulmones de tus brisas saladas / y plenitud de boca, / un luchador te grita ¡PADRE! desde una roca / de estos maravillosas Islas Afortunadas!... “

 

Francisco Arias Solis
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La guerra es un mal que deshonra al género humano.

 


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Gracias.

Eduardo de Ory por Francisco Arias Solis

 

EDUARDO DE ORY

(1884-1939)

 

“Sol de la libertad; mansión riente

que tiene por dosel magnificante,

un cielo todo azul, todo poesía.”

Eduardo de Ory. Cádiz.

 

LA VOZ DEL MODERNISTA GADITANO

 

La obra del modernista gaditano tiene sitio de excepción en la primera generación modernista española. Ory permaneció en el modernismo incluso algunos años más tarde que el propio movimiento se extinguiera.

 

Eduardo de Ory y Sevilla nace en Cádiz el 20 de abril de 1884. Su padre alcanzó el grado de capitán de navío y murió e 1893, cuando Eduardo contaba solo nueve años de edad. Ory estudia bachillerato en el Instituto de Cádiz. A los catorce años publica su primer periódico impreso, Cádiz en broma, al que siguió otro titulado El Cascabel y, más tarde en colaboración con varios escritores Garabato, Siglo Cómico y Nueva España.

 

En 1902 aparecen los primeros libros de versos de Eduardo de Ory: Plumaditas y Chirigotas y Otras Cosas. Su primera obra poética importante es Eco de mi lira, publicada en Cádiz en 1903. Dos años más tarde aparece en Madrid Laureles rosas, que señala la evolución de Ory hacia el modernismo. Anteriormente había publicado Aires de Andalucía (1905) que es un libro de transición de la lírica becqueriana hacia el modernismo.

 

Desde 1906 a 1909 Eduardo fija su residencia en Zaragoza, donde inicia sus pasos hacia la carrera diplomática. Crea y dirige la revista Azul en la que colaboran entre otros Rubén Darío,  Manuel Reina, Octavio Picón,  y el mismo Eduardo de Ory, que escribió con el seudónimo de Zahorí pequeños artículos de crítica literaria. En Zaragoza escribió El pájaro azul (1906), La primavera canta (1907) y Bouquet de azucenas (1908),  y allí inicia sus relaciones epistolares con Juan Ramón Jiménez que, por entonces residía en Moguer. La editorial Garnier, de París, publica a Ory Mariposas de oro y Alma de luz. Ory  con el poema titulado Lo que dicen las campanas es premiado con la Flor Natural en los Jugos Florales de Andujar.

 

En 1909 regresa a Cádiz y funda la Real Academia Hispano-Americana de Ciencias y Artes. Por entonces aparece el primer número de la revista Diana. Entre sus colaboradores más importantes se encontraban Rubén Darío, Juan Ramón Jiménez, Salvador Rueda, Francisco Villaespesa, Gabriel Miró, Amado Nervo, Blasco Ibáñez, Azorín, Fernández Shaw, Benavente y Concha Espina.

 

En 1913 funda la revista España y América. En ella se insertaba un suplemento literario que primero se llamó Literatura Hispano-Americana y, posteriormente, Vida Literaria.

 

La última etapa de la poesía de Ory viene enunciada por su libro Hacia las cumbres (1917). Ory parece más preocupado por las señas espirituales que por su tendencia colorista y musical de su anterior inspiración poética... A su última etapa pertenecen igualmente Cascabeles de plata (1923) e Inquietudes (1925), su última obra poética. También el modernista gaditano publica varios ensayos Rubén Darío (1917), Amado Nervo (1918) y en 1921, aparece en Cádiz Aspectos, colección de pensamientos. Eduardo de Ory muere el 22 de marzo de 1939.

 

Si como dijo, su amigo Juan Ramón Jiménez, el modernismo no fue solo una tendencia literaria, sino una actitud, una toma de postura ante la vida, es indudable que el padre del poeta Carlos Edmundo de Ory vivió ininterrumpidamente dentro del modernismo,  en este sentido su obra fue también y sobre todo, un compromiso con la Belleza,  con el Arte, llevado hasta sus últimas consecuencias.

 

En 1984, Carlos Edmundo de Ory con motivo del centenario del modernista gaditano, le escribe una carta abierta en la que le dice:”Soy un poeta que ha llegado a su madurez, y no se me olvida tu profecía. Aquel poema tuyo “A mi hijo Carlos”, cuando yo era un niño de cuatro años. Padre poeta y vaticinador, me viste tal y como yo era de pequeño y presagiaste mi futuro...”Tú serás poeta, / poeta preclaro;  / ¡serás... mi obra magna / y mi mejor lauro!”.

 

Francisco Arias Solis
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Si quieres la paz, prepárate a vivir en paz con todos los hombres.

 


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Gracias.