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Francisco Arias Solís

Mauricio Bacarisse por Francisco Arias Solís

MAURICIO BACARISSE

(1895-1931)

 

“La luna era incomparable

redonda, contenta y alta.

¡Quién me volviera esa noche

aunque muriera mañana!

La luna es sólo la luna

y no se parece a nada.”

Mauricio Bacarisse.

 

LA VOZ DE LA CREACIÓN POETICA

 

Mauricio Bacarisse pertenece cronológicamente a la generación del 27 y se le considera un poeta de transición entre el modernismo y el ultraísmo, movimientos de los que se separa para componer una poesía pura, al estilo de la cultivada por Juan Ramón Jiménez, aunque con la influencia de los poetas expresionistas alemanes (E. Stadler, a quien traduce).

 

Pedro Garfias, revalorizado hoy día como uno de los mejores ultraístas españoles, escribía en El Heraldo de Madrid: ”Y no quiero cerrar estas líneas sin citar los nombres de dos grandes artistas que, aun no perteneciendo al ultraísmo, debemos incluirlos aquí, con emoción idéntica, porque siempre nos ayudaron con su consejo, con su simpatía y su colaboración: Rafael Barradas y Mauricio Bacarisse”.

 

Poeta, traductor y novelista. Mauricio Bacarisse nace en Madrid el 20 de agosto de 1895. En la dedicatoria de su libro de poemas Mitos, a don Ramón del Valle-Inclán, nos cuenta el poeta su visita al maestro –marzo 1914- , que le acogió alentadoramente. “Aquel joven, casi niño, que tanto se asemejaba al monaguillo del “Entierro del Conde Orgaz”, desde aquella mañana de invierno, casi de primavera, ha aprovechado poco de aquella inicial y generosa enseñanza. Se ha engolosinado, con exceso, en la larga y sabrosa experiencia que usted preconizaba. Ha vivido, ha amado, ha sufrido, ha delinquido y ha estudiado inclusive algunos libros deleitosos y maravillosamente inútiles”.

 

Catedrático de Filosofía, en los Institutos de Mahón, Lugo y Ávila. Recorrió las provincias españolas, comisionado por una Compañía de Seguros. El poema “Mujeres muertas” le costó un juicio por injurias a la Guardia Civil.

 

Comienza siendo modernista en su obra El esfuerzo  y se declara discípulo de Rubén Darío. El poeta Rogelio Buendía, en la reseña de Umbrales, de Antonio Espina, decía desde las páginas de la revista ultraísta Grecia: “Este es un primer libro que inquieta y desconcierta. Es un viril comienzo de un gran lírico. No es Espina una esperanza, es, con su primer libro, una realidad: un poeta (...). No sigue el rumbo futurista ni tampoco es un hermano de Bacarisse, que hace un culto del esfuerzo, pero es un hombre moderno”.

 

En 1927 publica la novela Las tinieblas floridas. En sus poemas “El Madrid de las rondas” y “Manifestación del hombre” se aprecia la influencia de la poesía social. Asiduo a las reuniones del café Pombo, en la madrileña calle de Carretas, aparece en el cuadro de Gutiérrez Solana La tertulia del Pombo (1930).

 

Bacarisse colaboró en la revista Nueva España, dirigida por Antonio Espina, Adolfo Salazar y José Díaz Fernández, que apareció el 30 de enero de 1930, el mismo día en que caía la dictadura de Primo de Rivera. También colaboró en la Revista de Occidente, fundada por José Ortega y Gasset.

 

Mauricio Bacarisse muere en Madrid el 4 de febrero de 1931, al mismo tiempo que se hacía público el Premio Nacional de Literatura que se le otorgaba por su novela Los terribles amores de Agliberto y Celedonia, una de las más inteligentes e irónicas novelas de la época.

 

“No es mi propósito extenderme –escribía Bacarisse- en la justificación psicológica de la formación interna de la metáfora, sino demostrar que las metáforas no se quedan en esqueleto verbal o en momia imaginativa. Cobran existencia y viven su vida”.

 

Francisco Arias Solis
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La primera condición para la paz es la voluntad de lograrla.

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Joaquín Xirau por Francisco Arias Solís

JOAQUIN XIRAU

 (1895-1946)

 

 

“Sólo es capaz de vivir en otro

 quien es capaz de vivir en sí mismo.”

Joaquín Xirau.

 

LA VOZ DE LA CONCIENCIA AMOROSA

 

El mundo de la filosofía es el de la totalidad de la experiencia, pues su aspiración no puede ser otra que hacernos vivir en una plenitud vital, donde todas las cosas hallan su lugar y todos los valores su jerarquía.

 

Ahora bien, la plenitud vital se da en el amor; de aquí la importancia de determinar el significado formal de la “conciencia amorosa”; para Xirau, ésta es una actitud radical que no debe identificarse con ningún contenido concreto; se trata, por el contrario, nos dice, de “una forma peculiar y permanente del espíritu, una actitud radical de la vida que condiciona los fenómenos y los contenidos y les presta una orientación y un sentido”. Y entre las diversas formas o actitudes que puede adoptar la actividad de la conciencia, la más decisiva es la que se mueve entre el amor y el rencor, hasta el punto de que la estructura entera de la persona cambia según se halle dominada por la conciencia amorosa o por la conciencia rencorosa. El amor a que Xirau se refiere es, pues, este tipo de “amor puro” que constituye en definitiva una realidad específica e irreductible, de carácter profundamente ontológico.

 

La personalidad y la obra de Joaquín Xirau nos sitúan en el eje de la Escuela de Barcelona; a no haber sido por la guerra civil y el exilio posterior, probablemente hubiera ejercido un magisterio filosófico en el mundo catalán muy parecido al que Ortega y Gasset ejerció en la Escuela de Madrid.

 

Joaquín Xirau nació en la ciudad gerundense de Figueres el 3 de junio de 1895 y murió en México el 10 de abril de 1946. Estudió Filosofía y Letras en Barcelona, ampliando después estudios en Madrid, donde siguió un curso con Ortega y mantuvo relaciones de amistad con los hombres de la Institución Libre de Enseñanza; de ahí arranca su interés por el tema de educación y su admiración por los krausistas, bien patente en su libro: Manuel B. Cossío y la educación en España. “La revolución más profunda realizada en España en los últimos años de su vida libre –la reforma de la educación- se debe íntegramente a Cossío”, decía Xirau.  El doctorado lo hizo en la Universidad de Madrid: tanto en Filosofía, en 1922, como en Derecho, 1923. Los filósofos que más influyeron en él fueron Max Scheler y el pensamiento francés de aquel momento: Brunschvicg, Bergson, Meyerson, Landsberg, etc.  En la enseñanza obtuvo un primer puesto en Lugo como profesor de Segunda Enseñanza, pasando después por las Universidades de Salamanca y Zaragoza, hasta situarse en la de Barcelona en 1929; desde ella inicia una extraordinaria actividad impulsando el desarrollo de la filosofía y la pedagogía. Es miembro encargado de la enseñanza en el Consejo de la Cultura de la Generalitat, se le nombra decano de la Facultad de Filosofía y Letras, es  elegido miembro del Consejo Internacional de los Congresos de Filosofía, a muchos de los cuales asiste.

 

Aunque con un profundo fondo cristiano, que se refleja en toda su obra, políticamente milita en el socialismo y colabora en la revista Hora de España. En 1939, acompañado de su mujer, Antonio Machado y la madre de éste, y otros más, se ve obligado a emprender el camino del exilio; primero en Francia, después, en México, donde sigue escribiendo y publicando sobre temas filosóficos, dejando allí el fruto granado de muchos años de meditación a pesar del desgraciado accidente  -fue atropellado por un tranvía-, que terminó prematuramente con su vida en 1946. Fue profesor de la Universidad Nacional de México y formó parte de la Junta de Cultura Española en el exilio, de la que eran presidentes, José Bergamín, Josep Carner y Juan Larrea y publicó interesantes artículos en las revistas Romance,   Revista dels Catalans d’Amèrica, que es la primera revista catalana iniciada por exiliados y creada en México y, también colaboró  en España Peregrina, e, igualmente, formó parte de la junta de Gobierno de Cuadernos Americanos. Fue uno de los firmantes  de la famosa “Declaración de La Habana de la primera reunión de profesores universitarios españoles”, celebrada en 1943.

 

Entre sus libros y publicaciones es importante destacar los siguientes: El sentit de la veritat, Descartes y el idealismo subjetivista moderno, El sentido de la vida y el problema de los valores, La teoría de los valores en relación con la Ética y el Derecho, Amor y mundo, Lo fugaz y lo eterno, El pensamiento de Luis Vives, La filosofía del siglo XVIII,  Vida y obra de Ramón Lluch....

 

“Sólo es capaz de vivir en otro quien es capaz de vivir en sí mismo –decía Xirau-, de estructurar la propia personalidad y respetarse y estimarse como persona. Para poder estar realmente fuera de sí es preciso previamente estar en sí”. En una palabra: el entregarse exige el poseerse, así como el diálogo supone una intimidad que comunicar,

 

Amor al ser y amor al valor se vinculan, estrechan e indiscerniblemente, ya que el hombre que ama las cosas y crea valores en ella; en ese condicionamiento dialéctico entre el ser y  valor se engendra el sentido de la vida humana sobre la tierra. La conciencia amorosa impone así su realidad, descubriéndonos la raíz y el sentido ontológico del amor, mediante el que orientamos nuestra vida en el mundo.

 

Francisco Arias Solis
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Se ama la libertad como se ama y se necesita el aire, el pan y el amor.

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José María Souviron por Francisco Arias Solís

JOSE MARIA SOUVIRON

(1904-1973)

 

“En esta soledad que no he buscado,

pero que, recibida, me parece

digna de ser tratada con cuidado

porque con ella el corazón me crece.”

José María Souvirón.

 

LA VOZ DE LA VIVENCIA HUMANA

 

El soneto “Cuando la aurora ponga en los caminos” de José María Souviron, aparece publicado en el número 1 del renacido Litoral de mayo de 1968, continuación de aquel otro que de la mano de Emilio Prados, Manuel Altolaguirre y José María Hinojosa fue cuna e iniciación de los principales poetas de la “Generación del 27”.

 

Por edad, podríamos situar al poeta malagueño entre los más jóvenes de la “Generación del 27”, pero, en realidad, el verso de Souvirón alcanza su depurada madurez ente los años 41 y 47 y, es la suya, una poesía traspasada por la angustia y la melancolía, esa melancolía de los neo-garcilasianos, de los poetas de la “Generación del 36”: Miguel Hernández, Ridruejo, Bleiberg, Rosales, L. Panero, Serrano-Plaja, Gil-Albert, Celaya, Vivanco, Ildefonso-Manuel Gil, J. Panero...   Aunque tenga libros poéticos fechados en 1923 y 1928 como son Górgola y Conjunto muy dentro de la estética de aquellos momentos.

 

José María Souvirón nace en Málaga en 1904. Estudia el bachillerato con los jesuitas en el colegio del Palo y posteriormente estudia Derecho en la Universidad de Granada. En 1923, en Málaga, José María Souvirón, José María Hinojosa y Manuel Altolaguirre ensayan un proyecto de revista que titulan Ambos. Y en su preliminar-manifiesto, se subraya, desde el principio (“Ambos somos tú y yo lector”) una indisoluble  exigencia de compartir con el lector una emoción. Desde el año 1941, Souvirón fue catedrático de Literatura en la Universidad Católica de Chile y director de la editorial “Zig-Zag”. Definitivamente en España desde 1953, vive la comunidad de empeños literarios y culturales en el Instituto de Cultura Hispánica en la revista Cuadernos Hispanoamericanos, en compañía con los poetas Panero y Rosales, y su presencia en la vida literaria española es la de una exquisitez de maneras que se acompaña de una labor periodística, tendente al ensayo humanizador y humanista.  A esta línea pertenece su libro de ensayos Compromiso y deserción.

 

Escritor de múltiple decir y saber, de identificación de vida y pensamiento, de lírica llena de belleza y de sentido, de honda vivencia humana, es José María Souvirón un escritor que inspira profunda admiración. De su obra poética citamos: Plural belleza (1936), Olvido apasionado (1941), Del nuevo amor (1942), Tiempo favorable (1948), Canciones de la llegada (1953), Don Juan el loco (1957) y El solitario y la tierra (1961).

 

Sus publicaciones novelescas comienzan en 1935 con la novela Rumor en la ciudad, sus condiciones líricas predominan en ella. Tras un largo periodo sin publicar novelas, aparece La luz no está lejos (1945) y, poco después, El viento en las ruinas (1946). En la misma línea, aunque con mayor dominio técnico, se hallan los recuerdos de juventud que se recogen en La danza y el llanto (1952). Hay, en ella, una evasión en la concepción del mundo y la sociedad: “A mi tampoco me gusta el mundo actual”, se dice en esta obra. El mismo contraste entre ideal y realidad, aparece en su novela Cristo en Torremolinos de gran éxito de crítica. José María Souvirón muere en Málaga en 1973.

 

La poesía de José María Souvirón está empapada del empeño humanizador de una pléyade de poetas malagueños, Moreno Villa, Prados, Altolaguirre, Hinojosa... Poesía de compresión y sentimiento al prójimo. Poesía dicha por Souvirón en sentencia andaluza: “... cuando la noche lucha con el día... / ¡entonces te querré como te quiero / como quiero quererte, vida mía!” . José María Souvirón une a su honda vivencia humana una minuciosa comprensión para el mundo que le rodea y  su experiencia vital y viajera. No en vano, decía el poeta malagueño: “Después de ver lo que he visto / tengo la vista cansada”.

 

Francisco Arias Solis
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La peor paz es mejor que la mejor guerra.

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Gracias.

 

Foro Libre: Homenaje a León Felipe

 

FORO  LIBRE

ASOCIACION CULTURAL, ARTISTICA Y LITERARIA (Fundada en 1992)

 

Francisco Arias Solís - Presidente ~ Plaza San Severiano, 2 ~ 11007 - CADIZ

e-mail: pazylibertad@arrakis.es

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“Toda la luz de la tierra

 la verá el hombre

 por la ventana de una lágrima...”

León Felipe.

 

 

HOMENAJE DE FORO LIBRE A LEÓN FELIPE   

 

El próximo lunes, día 13, a las 20.30 horas, en la cafetería-restaurante El Cantábrico (Avda. Cayetano del Toro, 21 - Cádiz), la Asociación Cultural, Artística y Literaria FORO LIBRE celebrará un encuentro literario sobre la vida y la obra del poeta español del éxodo y del llanto  León Felipe (1884-1968), con motivo del 125º  aniversario de su nacimiento.

 

León Felipe, hombre sencillo, hombre errabundo, llega tarde a la literatura. Siempre tendió hacia la modestia. No es él, dice, el que escribe son otros. Es el Viento. Él; León Felipe, es “el otro”. Es Jonás, el profeta. Es una voz descarnada. Es el payaso de las bofetadas. Es el eco de la estrella y de la piedra. Es el Publicano. Es la voz del éxodo y del llanto.

 

Este poeta nacido en el corazón de Castilla es uno de los más universales de nuestros poetas españoles contemporáneos. Siempre dispuesto a levantar la espada y la lanza de sus versos, quijotescamente, noblemente, frente a todas las injusticias y todos los entuertos del mundo moderno. Algunos temas- la tiranía, la usura- le arrancaron una indignación sin límites.

 

León Felipe, es en la poesía el grito indeleble de la justicia. Nadie como él ha sufrido y se ha rebelado tan desesperadamente sobre el dolor de España. Bohemio de verdad, español de verdad, poeta en todo y por todo. León Felipe es una página importantísima de la literatura española.

 

Este original poeta, gritando su verdad, sin buscar “el verbo raro ni la palabra extraña”, nos dio su palabra y su canción en numerosos títulos: Versos y oraciones de caminante, Drop a star, La insignia, Good bye Panamá, El payaso de las bofetadas o el pescador de caña, El hacha, Español del éxodo y del llanto, Ganarás la luz, España e hispanidad, Llamadme publicano, El ciervo, El viento y yo, ¡Oh, este viejo y roto violín!, Rocinante, etc.

 

“Era un ángel, un niño, un hombre, uno de los hombres más puros, uno de los poetas más buenos de España”, nos ha dicho Rafael Alberti. Y Jorge Guillén nos dijo: “El poeta León es buen Felipe”.

 

León Felipe, honra de España, se enfrenta con la injusticia, provoca, apoda a los responsables. Su dolor, se hizo poesía. Y sus lágrimas, canción.

 

Francisco Arias Solís

 

No hagamos las paces con la guerra, ni tampoco levantemos guerras con la paz.


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Jorge Guillén por Francisco Arias Solís

 

JORGE GUILLEN

(1893-1984)

 

“Que los muertos entierren a sus muertos,

 Jamás a la esperanza.”

Jorge Guillén.

 

LA VOZ DE LA POESIA PURA

 

“El mismo Valery me lo repetía –escribe Jorge Guillén-, una vez más, cierta mañana en la rue de Villejust. Poesía pura es todo lo que permanece en el poema, después de haber eliminado todo lo que no es poesía. Pura es igual a simple, químicamente”. La simplicidad de esta actitud poética en el complejo mundo moderno parece un descubrimiento. Históricamente esta poesía es la que realiza mejor que ninguna la restauración del concepto íntegro de lo poético. También merecería atención el lenguaje poético guilleniano, de maestría y perfección sin par y que logra una distinción expresiva donde se reúnen lo clásico y lo moderno. Y como decía Pedro Salinas: “Creeremos siempre que el valor máximo de su poesía es representar la conciencia poética más clara, más luminosa , exacta y profunda  que hace mucho tiempo ofrece nuestra lírica”.

 

Jorge Guillén Álvarez nace en Valladolid el 18 de enero de 1893. Realiza sus estudios primarios en la academia de don Valentín Alonso.  En 1909 termina su bachillerato en el Instituto Zorrilla. Su padre le envía al  internado suizo de Friburgo, donde aprende francés. Cursó Filosofía y Letras en Madrid y Granada. Fue uno de los primeros inquilinos de la Residencia de Estudiantes. Estancias en Suiza, Alemania e Italia. En 1917 consigue su primer empleo: lector de español en la Sorbona de París. En 1919 conoce  en Tregastel a la que sería su mujer dos años más tarde, Germaine Cahen. En 1925 se doctora en Madrid  con una tesis sobre Góngora. Obtuvo por oposición la cátedra de Literatura española en la Universidad de Murcia. En 1929 marchó de profesor a Oxford, volviendo más tarde a España como catedrático de la Universidad de Sevilla. La rebelión militar de 1936 le sorprende en Valladolid  Es detenido y sufre un juicio sumarísimo por espionaje con pena de muerte. El poeta salva la vida, pero decide en 1938, salir de España. Comienza su exilio. Se marcha a Francia y después a los Estados Unidos, ocupando una cátedra de literatura española en el Wellesley College, en el puesto que había dejado su amigo Pedro Salinas. Fue también profesor visitante en diversos centros universitarios norteamericanos, en Puerto Rico, en México y en otros países hispanoamericanos. En 1957-1958 ocupó la cátedra de poesía Charles Eliot Norton de la Universidad de Harvard, donde dictó un curso sobre Lenguaje y poesía. Muere  Franco  y el poeta prepara su regreso a España: “Estalló entonces el acontecimiento / después de cuarenta años implacables, / a los cuarenta en punto de la Historia. / El exilio voluntario había concluido”. En 1976 se le concede el Premio Cervantes y en 1977, Jorge Guillén, regresa a España eligiendo la ciudad de Málaga para pasar  los últimos años de su vida, y allí,  le sorprendió la muerte el 6 de febrero de 1984.

 

El propio Guillén ha confesado que no pasó por el sarampión poético de la adolescencia. Alguna vez dijo: “Lo daría todo por un libro de versos”. Jorge Guillén lanza su Cántico con 35 años.

 

La primera edición de Cántico, como llamó Guillén a su obra, con toda la intención envuelta en la palabra, se publica por Revista de Occidente en 1928. En el año 1936 es publicada una segunda versión y en el año 1945, en México, se publica el tercer Cántico, mucho más copioso en poemas y con nuevas disposiciones de contenido. La definitiva versión de Cántico, la cuarta (Buenos Aires, 1950), contiene 344 poemas. Constituye un himno continuado de afirmación vital, un fervoroso aleluya total poético. Cada poesía es un poema de exaltación, de goce: al reunirlo forman un cántico, que crea para los sentidos un mundo aparte, una construcción pura: un orden y un concierto espiritual.

 

Cada Cántico se ha de mirar no como suma de poemas, sino como  integración viva de una forma anterior del organismo poético. Sucede que siendo único Cántico, lo es como un ser humano que no es igual en sus diversas etapas de vida y desarrollo, aun siendo siempre el mismo.

 

El segundo periodo en que suele dividirse la obra poética del poeta vallisoletano, está constituido por Clamor, subtitulado Tiempo de historia,  que es una trilogía formada por Maremágnun (1957), Que van a dar a la mar (1960) y A la altura de la circunstancias (1963), que prosiguen su antiguo tema, pero añadiendo un enfoque nuevo: ahora no será sólo el canto de la belleza, sino el clamor antes el caos de la historia última; la injusticia y el dolor se aúnan aquí al canto de júbilo ante el ser y su exultación. En Homenaje (1967), que constituye el tercer período de su obra, Guillén atiende en especial a la circunstancia humana del poeta: lecturas, relaciones humanas, reconsideración de toda la trayectoria vital  y, en suma, legado de un canto renovado de vida y exigencia moral. Aire nuestro (1968) recoge su poesía completa, a la que se añadirán Y otros poemas (1973) y Final (1982) que agregan múltiples matices a todas las facetas de la obra anterior.

 

En su actividad crítica Guillén ha prologado las Obras completas de Federico García Lorca y de Pedro Salinas, y se ha ocupado de Berceo, Góngora, San Juan de la Cruz, Bécquer y Miró en Lenguaje y poesía. Otros ensayos excelentes son: Federico en persona y Semblanza y epistolario. Fue traductor de Valéry (El cementerio marino), Claudel y Cassou.

 

“La poesía de Jorge Guillén –nos dijo Alberti-, en aquel perfilado conjunto de su libro (Cántico), aparecía como una de las más personales de España”. Y García Lorca, sobre el riquísimo universo poético de Guillén, escribe: “Cada vez se me adentra más tu poesía limpia, hermosa (eso es). Hermosa, llena de una emoción divina, completamente conocida por intacta”.

 

Guillén el poeta más clásico de nuestros poetas contemporáneos cierra el balance de toda su obra, en Final, con esta aspiración: “Paz, queramos paz”.

 

Francisco Arias Solis
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¡Necesitamos vivir en paz!


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Gracias

 

Ramón Solís por Francisco Arias Solís

 

 

RAMON SOLIS

(1923-1978)

 

 

“Creo poder afirmar que fue en Cádiz,

 cabalmente en los momentos de la guerra de la Independencia,

 cuando surgió el sentimiento de la nacionalidad, de la patria.”

Ramón Solís.

 

LA VOZ DEL CÁDIZ DE LAS CORTES

 

Ramón Solís decidió escribir una novela de la época de las Cortes. Así surgió su libro El Cádiz de las Cortes, que Marañón, su prologuista, consideró como uno de los libros más importantes sobre España; que ha puesto luz severa, vida humana sobre el gran episodio que Cádiz vivió con una enorme intensidad. Gracias a él sabemos lo que pasó en Cádiz y lo que realmente realizaron, vivieron y soñaron aquellos liberales españoles. Claro está que Ramón Solís no se ha ocupado sólo de los doceañistas eminentes y todavía sonoros, sino del pueblo y los estamentos de aquella época, haciendo junto a la historia, esa intrahistoria que nos interesa tanto. “El Cádiz de las Cortes –nos dice Ramón Solís- fue mi tesis doctoral en la Facultad de Ciencias Políticas y Económicas de Madrid. Esto quiere decir que este libro surgió de un propósito más erudito que literario y que estaba dirigido a un público de especialistas y estudiosos”. El Cádiz de las Cortes que obtuvo el premio Fastenrath de la Real Academia Española de 1960, pertenece por su estilo al gran ensayismo español.

 

Ramón Solís Llorente nace en Cádiz el 1 de marzo de 1923. Inicia sus estudios elementales en el Colegio del Pilar de Madrid. Y continúa sus estudios en el Colegio San Felipe Neri de Cádiz. En 1944 abandona sus estudios de marino e inicia los de ingeniero de Montes, que, más tarde, simultánea con los de Ciencias Políticas y Económicas. En 1949 termina la carrera de Ciencias Políticas y Económicas y es nombrado corresponsal en Madrid del semanario La Voz del Sur. En 1953 contrae matrimonio en Cádiz con Rosario Jiménez Alfaro. Un año más tarde publica su primera novela La bella sirena. En 1956 presenta su novela Los que no tienen paz al premio Planeta y queda finalista. Esta novela ha sido llevada al teatro por José María Pemán  con el título Los monos chillan al amanecer. Sus cualidades de historiador se revelan en El Cádiz de las Cortes. Es elegido miembro de la Real Academia de la Historia. En 1961 es elegido concejal del Ayuntamiento de Cádiz. Al  año siguiente regresa a Madrid. Publica más novelas, Ajena crece la hierba, Un siglo llama a la puerta, El canto de la gallina, El alijo, La eliminatoria, El dueño del miedo, Mónica, corazón dormido. Publica también algunos ensayos, Coros y Chirigotas, La guerra de la Independencia Española. En 1968 es nombrado director de la revista La Estafeta Literaria y en 1970 obtiene el Premio Nacional de Literatura “Miguel de Cervantes”. Ramón Solís falleció en Madrid en 1978.

 

Lo social, lo psicológico y el ambiente de Cádiz y sus tierras son las características persistentes al correr de su intensa e interesante obra. El crítico Melchor Fernández Almagro veía en Un siglo llama a la puerta “una novela de excelente calidad. Está muy bien compuesto el ambiente histórico y presenta con exactitud el problema del choque de dos generaciones”.

 

“Lo genial es decir muchas cosas –escribe Solís- y decirlas perfectamente. Ahora bien: esto se logra a través de las ideas. Cuando la idea se piensa con claridad, se escribe con soltura; y, cuando esto se logra, se ha alcanzado el estilo”. Estamos de acuerdo con estas dos ideas que pone Solís en la mente de unos de sus personajes, y, fiel a ellas, el escritor gaditano interesa y logra excelentes éxitos. Y también fue fiel, a aquel viento generoso  que sopló sobre su ciudad natal en el siglo XVIII,  y que forjó  el espíritu dilecto, universal y políglota de la vida gaditana. Y es que,  como dijo el escritor gaditano: “Todos tenemos algo nuestro que no cambiaríamos por nada”.

 

Francisco Arias Solis
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Si quieres la paz, prepárate a vivir en paz con todos los hombres.

 


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Gracias.
 

 

                                                                      

 

 

Salvador de Madariaga por Francisco Arias Solis

 

SALVADOR DE MADARIAGA

(1885-1978)

 

“Federico,

voz , cantar, leyenda, magia.

Federico, ay Federico,

tierra, polvo, sombra, nada...”

Salvador de Madariaga.

 

 

LA VOZ DE UN GRAN INTELECTUAL

 

Salvador de Madariaga leyó a Fernando de los Ríos, embajador en Washington , su Elegía en la muerte de Federico García Lorca, Fernando se emocionó y le dijo: “Es el mejor poema de usted”. Salvador de Madariaga era poeta como lo es siempre desde que nace hasta que muere todo escritor que siente en artista o, lo que es lo mismo, que siente pensando porque piensa sintiendo; y esto sea el que sea el género que cultive.

 

Salvador de Madariaga nace en La Coruña el 23 de julio de 1886. Estudia bachillerato en el  Instituto Cardenal Cisneros de Madrid y la carrera de Ingeniero de Minas en la Escuela Superior de Minas de Madrid. Contrae matrimonio con Constance Archibald, escocesa de nacionalidad británica. Pronto abandona la carrera para dedicarse al periodismo, a la política, a la enseñanza y a la literatura.

 

Delegado de España en la Sociedad de las Naciones (1921), embajador de Estados Unidos y Francia, doctor honoris causa de la Universidad de Poitiers, ministro de Instrucción Pública y de Justicia  en el gobierno Lerroux  y académico de la  Española. Expatriado al poco tiempo de la rebelión militar de julio de 1936, se instala en Ginebra y desde allí, marcha a Londres y después a Oxford, dedicándose a dar conferencias en varias universidades inglesas, en los Estados Unidos y Latinoamérica y en la B.B.C. de Londres.

 

Presidente de la Liberal Internacional, presidente de la Comisión de Cultura del Movimiento Europeo, presidente del Colegio de Europa, fue también uno delos presidentes de honor del Congreso de la Libertad de la Cultura, juntamente con Bertrand Russel, Jacques Maritain, Karl Jaspers, Benedetto Croce, Jonh Dewey y Reinhold Niebuhr. En el año 1967 le fue otorgado el Premio Goethe, en 1968 el Mariano de Cavia.

 

En 1970 contrae segundo matrimonio con Emilia Szekeley-Rauman que era la encargada de su gabinete literario desde 1938. En 1972 traslada su residencia al cantón suizo de Tichino. En 1973 la ciudad de Aquisgrán le otorga el Premio Carlomagno por sus servicios a Europa. En 1976, Madariaga entra en la Real Academia Española. En el discurso de contestación al de ingreso, Julián María dijo: “No creo que en la historia de nuestra Academia, ni en la de ninguna otra, se haya dado un caso semejante al de esta tarde; recibir a un Académico a punto de cumplir sus noventa años; para que todo sea extraordinario, a los cuarenta años de su elección; y por si algo faltara, al cabo de otros tantos de exilio”. Salvador de Madariaga muere en Locarno el 14  de diciembre de 1978.

 

Salvador de Madariaga representa un caso bien especial dentro del conjunto de nuestra novela debido tanto a la recia personalidad del escritor en otros terrenos como por la singularidad de su obra novelesca. Sus novelas, densas, macizas, quizá hubieran obtenido más resonancia, un lugar más destacado, si no hubieran sido eclipsadas por sus otras múltiples facetas. Y, hasta cierto punto, si no estuvieran lastradas por el historiador que quiere hacer revivir en ellas lo novelesco de situaciones o personajes históricos o las preocupaciones de crítico y pensador. La novelística anterior a 1936 está integrada por La jirafa sagrada, Arceval y los ingleses y El enemigo de Dios. En el exilio publica las novelas: Ramos de errores y  La camarada Ana. Su cualidad de historiador anima su obra El corazón de piedra verde, un ambicioso plan de novelación del nacimiento y desarrollo de las sociedades de la América hispano hablante. Recordemos de sus  libros poéticos,  Romances de ciego, La fuente serena y Romances para Beatriz; de sus biografías, Vida de Colón, Vida de Hernán Cortés, Bolivar, Cervantes y su tiempo, De Galdós a Lorca,  Españoles de mi tiempo y Mujeres españolas; de sus obras dramáticas;  La muerte de Carmen, Mio Cid, Don Juan y la donjuanía y Los tres estudiantes de Salamanca; y de sus ensayos, España, ensayo de historia contemporánea, Anarquía o jerarquía, Presente y porvenir de Hispanoamérica, Guía del lector del Quijote y De la angustia a la libertad.

 

Intelectual de una sola pieza, Madariaga brilló especialmente en obras de carácter ideológico. Este príncipe de los liberales españoles, al estallar la guerra civil se negó a participar en ninguno de los dos bandos, adscribiéndose a una “tercera España”. “Gane quien gane la guerra –decía Madariaga-, perderá España”. A él se le debe la más grande de las aportaciones contra la “leyenda negra” española. Con el apoyo de los intelectuales británicos Salvador de Madariaga trabajó a favor de la democracia y de la paz española. Su vida fue una lucha viva, creadora, por la paz. Y como dijo este gran intelectual: “Es dudoso que haya habido jamás en ningún país institución alguna que contase con medios más espléndidos y que menos hiciera con ellos que la Iglesia en España, debió abierto los brazos como Jesucristo a derecha e izquierda, debió haber abierto el pecho y el corazón a ambos lados en ademán de paz y unión, y debió haber luchado por la paz y la unión y por ellas muerto”.

 

 

Francisco Arias Solis
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Paz, queramos paz.


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Gracias

 

Nicolás Salmerón por Francisco Arias Solis

 

NICOLAS  SALMERON

(1838-1908)

 

“El punto de cita, si vale decir, en que se prepara  

ese grandioso concierto, es el cerebro humano.”

Nicolás Salmerón.

 

LA VOZ DEL PRESIDENTE DIMISIONARIO

 

Nicolás Salmerón, que viene del krausismo, acepta el reto de la ciencia moderna y de la filosofía positivista que le sirve de legitimación epistemológica, para convertirse en “el representante más caracterizado  de la inflexión positiva del krausismo” o, como también se ha dicho, en “cabeza de fila de los krausopositivistas”. Esta vía de conciliación y de diálogo aparece ya claramente formulada en los “Prólogos” que escribe para las obras de Draper y Giner de los Ríos.

 

Nicolás Salmerón nace en Alhama la Seca, provincia de Almería, el 10 de abril de  1838  y muere en la ciudad francesa de Pau, el 20 de septiembre de 1908. Discípulo directo de Sanz del Río y amigo del maestro de Ronda, Francisco Giner de los Ríos, será uno de los puntales de la escuela krausista a pesar de una dedicación política, que le irá absorbiendo cada vez más. Fundador del Partido Centro Republicano, la trayectoria política de Salmerón le llevará a las más diversas vicisitudes biográficas, desde la cárcel en 1876 a ministro de Gracia y Justicia y presidente de la I República en 1873. Salmerón dimitió de dicha presidencia por no querer firmar la sentencia de muerte de los cantonalistas de Cartagena.

 

Salmerón alcanzó puestos eminentes de la docencia universitaria; ganó la cátedra de Historia Universal en Oviedo, aunque no llegara a tomar posesión de la misma, y fue catedrático de Metafísica en la Universidad Central de Madrid desde 1869; así como realizó una labor de estímulo y aliento a través de numerosas empresas, entre las que es obligado destacar el Colegio Internacional (1806-1874). No olvidemos que esta experiencia es un antecedente directo de la Institución Libre de Enseñanza y así ha sido considerada por quienes se han ocupado de ella; concebida como institución privada, constituyó una mezcla de “colegio”, casa familiar y embrión de Universidad.

 

Es evidente que Salmerón era, ante todo, un orador y quizá esto, explica que aún no tengamos unas obras completas de este pensador, a pesar de que sus escritos abarcan por completo el arco filosófico de su época. Una exposición completa del pensamiento de Salmerón está, pues, aún por hacerse. La filosofía del presidente dimisionario no podrá entenderse nunca plenamente, si no partimos del impacto que el desarrollo del positivismo tuvo en España durante los años setenta. Las obras de su primer período revelan una fuerte impregnación krausista y espiritualista, como ocurre con las siguientes: El Pontificado y la civilización moderna, Concepto de la Metafísica y plan de su parte analítica. Pero a partir de 1875, la presencia del positivismo es patente en Salmerón, como lo podemos comprobar  en el “Apéndice”, que firma con González Serrano, a la obra de Tiberghien, Ensayo teórico e histórico sobre la generación de los conocimientos humanos, así como en el “Prólogo” a la obra de Draper, Historia de los conflictos entre la Religión y la ciencia y en el que también puso a la de Hermenegildo Giner de los Ríos, Filosofía y Arte.

 

Es interesante destacar el importante número de discípulos de Salmerón que escribieron manuales de psicología en una dirección monista, sin contar las Lecciones sumarias de Psicología, de Francisco Giner. Casi todos los pensadores incluidos en esta línea, o bien escriben manuales de Psicología, en los que generalmente se plantea la transición de la Psicología filosófica a la científica..., o bien desde sus cátedras y escritos van a despertar la afición a su cultivo... De este modo, el krauso-positivismo influirá decisivamente... en la formación de toda una corriente psicológico- científica a fines de siglo XIX. En el  epitafio del monumento funerario levantado en el cementerio civil de Madrid  para dar sepultura definitiva a  los restos de Nicolás Salmerón,   queda constancia de la  altura moral  y política de su dimisión: “Dejó el poder por no firmar una sentencia de muerte”.

 

Francisco Arias Solis
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Te matan y después

piden perdón al cadáver.


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Gracias