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Francisco Arias Solís

Juan Gil-Albert por Francisco Arias Solis

 

 

 JUAN GIL-ALBERT (1904-1994)

 

 

“Los desterrados cantan la alborada

de su lejano amor y perseguidos

por el perro del odio se aniquilan

en ese mismo fuego que les prende.”

Juan Gil-Albert.

 

LA VOZ DE LA FRATERNIDAD

 

Cuando se lee a Gil-Albert se tiene la impresión de entrar en un mundo distinto. El mundo de Gil-Albert es de mayor alcance. El aristocratismo que se percibe en sus versos parece inclinarse a un humanismo personal, universal y total, de raíz estética. Tiene una inclinación pedagógica de estirpe socrática, más ética que estética. “Porque la vida es más”, quizá sea esta  la frase que mejor descubre el talante de Gil-Albert.

 

Juan Gil-Albert Simón nace en Alcoy el 1 de abril de 1904. La infancia del poeta tiene sus claves más duraderas en dos ciudades: Alcoy y, a partir de los nueve años, Valencia. Iniciado los estudios de Filosofía y Derecho, acabará abandonándolos. “En mi época –escribe- una Universidad de provincia –la de Valencia al menos- era un edificio de piedra en cuyo dintel podía haberse leído: Aquí  se patentiza el tedio”.

 

En 1927 aparece su primer libro, La fascinación de lo irreal. El escritor se mueve bien en el espacio de la prosa modernista. Le siguen: Vibración de estío, Galerías del Museo del Prado, Gabriel Miró...Pero Gil-Albert pasa a intentar la poesía “para que no se poetizara mi prosa” y su primer resultado es Misteriosa presencia (1936), un conjunto de bellísimos sonetos con un dejo de Góngora y Mallarmé. Sigue Candente horror (1936). En Barcelona, en 1938, aparece Son nombres ignorados.

 

Su pertenencia a la elevada burguesía de su región natal no le impidió apostar libérrimamente, como poeta, por la causa republicana y popular. Fue uno de los primeros animadores de la revista Hora de España, que fue fundada en Valencia a finales de 1936. Sus redactores en un principio fueron Juan Gil-Albert, Rafael Dieste, Antonio Sánchez Barbudo y Ramón Gaya. A mediados de 1937, se unieron a ellos en la redacción María Zambrano y Arturo Serrano Plaja.

 

Participa en la organización del II Congreso Internacional de escritores antifascistas, así como, en la redacción de la famosa Ponencia Colectiva. En Memorabilia ha evocado Gil-Albert sus encuentros de aquellos días con Louis Aragón, Octavio Paz, junto, al recuerdo de otros nombres, presentes desde meses, como Antonio Machado, Alberti, Miguel Hernández, José Bergamín....

 

La derrota es, como para tantos millones de españoles, un campo de concentración francés, y un deseo de vivir con dignidad. El exilio americano es una incertidumbre acogedora. México es un país sorprendente donde ha ido a parar un conjunto nutrido de intelectuales. Durante su exilio –que duró ocho años- publicó un solo libro: Las ilusiones con los poemas de El convaleciente., en Buenos Aires, 1944, considerado por su autor como lo más significativo de su obra. Cuando regresa a España, en 1947, ha comenzado su madurez, aunque continúa siendo en su patria un poeta casi ignorado. Sus libros El existir medita su corriente (1948) y Concertar es amor (1951)  representan su momento de destierro interior pero también el sabor por las cosas, el gusto por la vida Vuelve a la luz pública en la década de 1970 cuando publica obras tan importantes como su autobiografía en prosa, Crónica general (1974) y los libros de memorias Heraclés (1975) y Breviarium Vitae (1979).   En los últimos años de su vida llegaron los reconocimientos: Premio de las Letras Valencianas, Medalla al Mérito de Bellas Artes, Doctor Honoris Causa por la Universidad de Alicante, Hijo Predilecto de Alcoy.... Gil-Albert muere en Valencia, el 4 de julio de 1994.

 

Juan Gil-Albert, con su escepticismo sin énfasis y su difícil equilibrio entre el fulgor y la serenidad, la sensualidad y la reflexión ofrece una poesía en la que la sensibilidad y la inteligencia forman una alianza indestructible. Gil-Albert hace un tipo de poesía didáctico-moral a lo anarquista. El asco de cierta gente que lo rodea lo impulsa a exaltar al pobre, al delincuente y al ocioso. Su poesía es tan pronto insultante, ofensiva, como llena de purísima ternura. Gil-Albert nos ha dado a todos una lección diaria de fraternidad, de amor hacia la vida, nos ha dado y nos está dando,  pues una larga lección de poesía. Aunque ya no estés aquí sigues estando en la memoria de los que te vieron, en los que yo me sé. Pero, como dijo el poeta: “La muerte viene siempre con nosotros / y nunca en balde”.

 

Francisco Arias Solis
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No se debe  admitir la violencia ni siquiera contra la violencia

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Gracias.

 

 

 

Foro Libre: Homenaje a Ángela Figuera Aymerich

 

FORO  LIBRE

ASOCIACION CULTURAL, ARTISTICA Y LITERARIA (Fundada en 1992)

 

Francisco Arias Solís - Presidente ~ Plaza San Severiano, 2 ~ 11007 - CADIZ

e-mail: pazylibertad@arrakis.es

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“Donde veas

 que el látigo o la espada se levantan

que la prisión redobla sus cerrojos,

 que los fusiles amenazan muerte,

 acércate y, a pecho descubierto,

 lanza un tremendo NO que salve al mundo.”

Ángela Figuera Aymerich.

 

 

HOMENAJE DE FORO LIBRE A  ÁNGELA FIGUERA AYMERICH  

 

El próximo lunes, día 6, a las 20.00 horas, en la cafetería-restaurante El Cantábrico (Avda. Cayetano del Toro, 21 - Cádiz), la Asociación Cultural, Artística y Literaria FORO LIBRE celebrará un encuentro literario sobre la vida y la obra de la poetisa vasca Ángela Figuera Aymerich  (1902-1984), con motivo del 25 aniversario de su muerte.

 

Ángela Figuera, una de las poetas más sobresalientes de posguerra, destaca entre los escritores de su tiempo por su fuerte personalidad humana y por su gran talento lírico. Su poesía es expresión sincera de un corazón solidario que busca un diálogo hermanador con las personas más allegadas y con los seres humanos en general

 

Figuera se inició en la poesía en una línea que la crítica calificó de “machadiana” por su apego a lo cotidiano y paisajístico, así como al mundo femenino, aspecto en el que cabe buscar la auténtica originalidad de esta poetisa que lleva a su quehacer poético el mundo de la esposa y madre de familia que era, bien que alejándose de tópicos e idealizaciones.

 

Ángela Figuera pertenece al primer grupo de la generación de postguerra que incorpora la realidad histórica a una poesía de motivaciones e intenciones sociales, que se ha llamado poesía social. “Mi poesía de hoy -escribía Angela Figuera- grita con el dolor de todos y denuncia con la rabia de todos. Y pretende también estar con todos los que saben su dolor y los que lo ignoran; los que buscan y los que caminan a ciegas. Y, si no puede salvarlos, al menos puede caminar con ellos”.

 

En el mundo de la poesía social se inscribe la mayor parte de su obra lírica desde Las cosas como son, pasando por títulos como Vencida por el ángel, El grito inútil, Los días duros, Belleza cruel, Primera Antología y Toco la tierra. Belleza cruel mereció un prólogo de León Felipe, mérito digno de ser señalado, dado que el poeta zamorano se había negado hasta ese momento a reconocer nada de lo que pudiera realizarse en el campo literario (ni en ningún otro) en la dictadura franquista. La frase “tampoco nos llevamos el canto”, con la que el poeta exiliado saludó a la poesía de Figuera muestra junto con la admiración su dolor por la patria perdida.

 

 

Francisco Arias Solís

 

No hagamos las paces con la guerra, ni tampoco levantemos guerras con la paz.


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Gracias.

 

Arturo Reyes por Francisco Arias Solis

ARTURO REYES

(1864-1913)

 

 “Llevo la flor de las flores

-grita el florero en la esquina-

 el clavel de tus colores

 y el nardo y la clavellina

  y la rosa, la más fina

 y de más ricos olores”.

 Arturo Reyes.

                                                                                             

 

LA VOZ DEL ALMA ANDALUZA

 

Si la mayoría de los autores andaluces de la época de Arturo Reyes ponen de manifiesto la alegría del andaluz y de Andalucía, existe un lugar común opuesto que consiste en mostrar que esta alegría aparente no hace más que ocultar su profunda tristeza. La dualidad alegría-tristeza caracteriza la visión de la Andalucía que emana de las novelas de Reyes, cuyos desenlaces son generalmente trágicos.

 

La obra de este singular novelista malagueño puede ser considerada en su género como un equivalente de la de los hermanos Alvarez Quintero en el teatro, si bien Reyes ahondó en el alma andaluza algo más que los Quintero. Rafael Cansinos-Assens decía: “Los Quintero tapian el mihrab del alma andaluza, emparedan el Libro de su secreto y de su destino y plantan un riente jardín sobre el sepulcro de su melancolía. Pero esta melancolía existe, y nada lo prueba mejor que la insistencia con que estos almuédanos de la alegría repiten su festivo pregón”.

 

Arturo Reyes Aguilar nació en Málaga el 29 de septiembre de 1864. Fue un autodidacta que tuvo que luchar desde la infancia contra la miseria y la adversidad. Su infancia transcurre en la barriada del Perchel. Estudia idiomas y contabilidad en el Colegio del Arcángel San Gabriel. El 14 de junio de 1884, contrae matrimonio con Carmen Conejo Guillot. En 1885 figura ya  como redactor  de “El Cronista”, empleo que conservará prácticamente hasta su muerte. Tres años más tarde publica en Madrid una colección de narraciones breves con el título de “El Sargento Pelayo”. En 1889 presta su colaboración al semanario “El Renacimiento” y edita su primer libro de versos Ráfagas, dos años más tarde se publica Intimas. En 1895 logra un puesto de funcionario en el ayuntamiento de Málaga. Arturo Reyes, junto con Ricardo León, recibió el Premio Fastenrath y algo más tarde,  el título de Hijo Predilecto de Málaga.

 

Entre las novelas de este prolífico escritor, destacan: Cartucherita (1897), El lugar de la viñuela (1898), La Goletera (1900), La Maruchita (1907), Las del Pinto (1908), La Miraflores (1909), Cielo azul (1910), El del Rocío (1911), Sangre gitana (1911), Sangre torera (1912) y Entre breñas (1913). Entre los títulos más relevantes de su obra poética, se cuentan Otoñales Del crepúsculo y Bética.

 

En Cielo azul Reyes expone la situación crítica de los habitantes del Campo de Gibraltar.  Según el novelista, el problema crucial de esta comarca, radica en la existencia del latifundio, que hace que muchos de los hombres sin tierra se vean abocados al paro durante más de la mitad del año, sin posibilidad de cultivar algún terreno para alimentarse. Esto acarrea una miseria constante y una tasa elevada de mortalidad debido al hambre. En Cielo azul observamos que el contrabando aparece como una práctica común en esta comarca, incluso como oficio duro que requiere una gran resistencia física y comporta importantes riesgos.

 

El insigne autor de Otoñales muere en Málaga el 5 de septiembre de 1912, deshecho por la vida, acorralado por dolores físicos, trastornado por la morfina, en perpetua escasez. Hoy sus libros luminosos que gozaron de gran prestigio mueren en el silencio del olvido.

 

Este novelista estoico, de alma cándida y serena, pinta admirablemente el temperamento meridional  y la mentalidad de los barrios populares de su Málaga, Reyes se esfuerza en traducir la alegría de estos barrios, pero no deja de señalar su lado miserable y afirma con ironía que el sol es el único privilegio que disfrutan las calles pobres con el mismo título que las calles burguesas.

 

En la novela de Reyes encontramos muchas alusiones a la luminosidad de Andalucía y el elogio del clima andaluz desemboca generalmente en la exaltación de las flores cuya abundancia en cualquier estación y cuya diversidad aparecen como un  privilegio divino.

 

Las novelas de Arturo Reyes, al igual que su obra poética,  están impregnadas de su gran amor por Málaga (“el único bien que me otorgó la suerte / fue en tu regazo ver la luz primera”),  ciudad a la que, sintiéndola como suya, siempre le fue fiel. “Málaga hermosa, / Málaga mía, / gala y orgullo / de Andalucía”.

 

Francisco Arias Solis
e-mail:
aarias@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias


Paz, queramos paz.


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Gracias

 

 

 

 

Carlos Barral por Francisco Arias Solis

 

 

CARLOS BARRAL

(1928-19 89)

 

 

“Éramos como huéspedes de la libertad,

tal vez demasiado hermosa.”

Carlos Barral          

 

LA VOZ DEL POETA MARINERO

 

El  poeta Barral pertenece de pleno a la generación de la poesía social, la del realismo crítico o socialrealismo, la de los niños de la guerra. Sin embargo, no faltan quienes llaman a este grupo de escritores la generación pacifista porque no hay pacifismo más auténtico que el de quienes vivieron su infancia en guerra, de mayores nunca combatieron y eligieron el bando de los vencidos.

 

Carlos Barral Agesta nació en Barcelona el 2 de junio de 1928. Se licenció en Derecho por la Universidad de Barcelona en 1950. Desde este año residió regularmente en su ciudad natal donde ejerció de editor, dirigiendo primero la Editorial Seix Barral, y más tarde Barral Editora. Su inevitable propensión por el mito le llevo a considerar que el paraíso de su infancia se ubicaba en Calafell, la población tarraconense donde su familia tenía una casa. La devoción de Carlos por la playa de Calafell se extiende a sus aguas. Desde 1982, fue elegido Senador por Tarragona, figurando  en las candidaturas del PSOE. Sus amigos, los pescadores de Calafell,  fueron testigos de su boda con Ivonne Hortet, el 4 de octubre de 1955 y compañeros de su última singladura un 17 de diciembre de 1989, en que las cenizas de Carlos Barral fueron esparcidas en el mar, a dos millas de la costa calafellense.

 

Premio de Literatura Ciudad de Barcelona (1978) por Los años sin excusa. Fundó el premio de novela “Biblioteca Breve”  y en  colaboración con doce editores de otros tantos ámbitos lingüísticos, el “Prix International de Litteratura “  y el “Prix Formentor“, que se otorgaron entre 1950 y 1967.

 

Sus primeros poemas aparecen en 1952 bajo el título Las aguas reiteradas, que, junto a Poemas previos y en forma de apéndice, se incorporan a la primera edición de Metropolitano (1957), cuya segunda edición Metropolitano y poema (1973-1975), se abre con un estudio original de Jaime Gil de Biedma.  

 

Diecinueve figuras de mi historia civil dio lugar a una edición bilingüe en traducción al italiano de Dario Puccini. Otras de sus obras poéticas más relevantes son: Usuras, Figuración y fuga, Informe personal sobre el alba y acerca de algunas auroras particulares, Lecciones de cosas y Veinte poemas para el nieto Malcom.

 

Años de penitencia y Los años sin excusa constituyen los dos primeros tomos de las Memorias de Barral; y Penúltimos castigos, su primera novela. También su obra en prosa cuenta con dos libros de viajes escritos en catalán: Per cal de fora, Catalunya des del mar y Catalunya a vol d’ocell. De su trabajo de traductor debe resaltarse la versión al castellano de los Sonetos a Orfeo, de Rainer María Rilke.

 

Carlos Barral es una de tres figuras que compone la Escuela de Barcelona. No hace mucho que ha aparecido un estudio espléndido de Carmen Riera, La Escuela de Barcelona. Barral, Gil de Biedma, Goytisolo: el núcleo poético de la generación de los 50. Irremediablemente, en las muchas y amenas páginas de este libro la generación de los 50 queda, para bien y para menos bien, en cueros vivo y con una copa de más.

 

La fama de poeta hermético, de “distinto entre los diferentes”, la comparte Barral con el poeta jerezano José Caballero Bonald desde siempre. Tanto Caballero como Barral han manifestado en sus poéticas la pasión por la lengua y los dos se han esforzado en sus poemas por atisbar misterios transitando las galerías de la mente que conducen a los arcanos. Como todos los herméticos auténticos, han terminado habituando al lector al universo propio y hoy en día sólo por sus respectivas voluntades de estilo a los dos poetas se les puede colgar el sambenito del hermetismo.

 

Buen narrador oral, Barral ha usado siempre en sus poemas sistemas y técnicas narrativas. Con voz propia y rica en registros, la obra de Barral no elude articularse sobre el nudo de experiencias históricas, propias y comunes a las gentes de su época.

 

A pesar de no tener mucho donde elegir en la cultura censurada de su tiempo de aprendizaje; Carlos Barral, mantuvo la terquedad, hasta la bendita pedantería, de leer, debatir y meditar como si aquello no fuese aquella España nuestra. Quizá no se le perdona esa cáustica ironía de que hace gala ni tampoco esa desmitificación de unos valores aceptados e intocables realizada con mucho adelanto, pero que han seguido las jóvenes promociones: el amor naturalista, el ataque a la ciudad hipócrita, la vaciedad de la burguesía puesta en la picota, etc.

 

Gran parte de la vida de Carlos Barral transcurrió navegando. El mar ocupa en sus poemas un lugar privilegiado y raro en la lírica española. El mar, el tiempo, y las indagaciones de la sensibilidad han sido constantes auténticas en la obra literaria de Carlos Barral, perito en los azules del mar. Y como dijo nuestro poeta: “Y cada vez son menos / los mástiles y menos / marineros los hombres que se embarcan”.

 

Francisco Arias Solis
e-mail:
aarias@arrakis.es
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La libertad no la tienen los que no tienen su sed.                                                

 


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Gracias.
 

 

 

Adriano del Valle por Francisco Arias Solis

 

ADRIANO DEL VALLE

(1895-1957)

 

“Madre, una estrella se ahoga

entre las aguas del río.

Va blanca de luz de luna

llena de miedo y de frío.”

Adriano del Valle.

 

 

LA VOZ DE UN LIRICO ULTRAÍSTA

 

Su primer libro, Primavera portátil, le consagró como uno de nuestros más primorosos y modernos poetas. Su estilo, mezcla de místicos castellanos y de líricos americanos, con Rubén Darío a la cabeza, es sugestivo y fragante. Sobre todo, muy personal.

 

Adriano del Valle Rossi nace en Sevilla el 19 de enero de 1895. Con Isaac del Vando Villar, funda en su ciudad natal la revista Grecia, que es el órgano más autorizado del movimiento ultraísta en España. También es fundador con Fernando Villalón y Rogelio Buendía de la revista onubense Papel de Aleluyas, y dirigió en Madrid la revista literaria Santo y Seña y la revista cinematográfica Primer Plano.

 

El poeta vivía con una alegre independencia económica, pues vendía maquinaria agrícola de pueblo en pueblo y de cortijo en cortijo, y según nos cuenta Adriano, “si es fama que los ángeles ayudaban a San Isidro a labrar el campo no es menos cierto que a mí me ayudaban los ángeles buenos a vender mis máquinas para que tuviera tiempo para amar a los míos”.

 

Adriano del Valle es, esencialmente, un lírico. Su obra, bien extensa, es obra poética. Es decir, en verso. No obstante, en ocasiones, escribe artículos para los periódicos que, en el fondo y en la forma, descubren  al poeta. Son, en realidad, poemas en prosa. En 1933 obtiene el Premio Nacional de Literatura por su obra Mundo sin tranvías. Diez años más tarde, recibe el Premio Mariano de Cavia por su artículo “Stella Matutina”. Adriano del Valle muere en Madrid el día 1 de octubre de 1957.

 

Era un verdadero poeta, sin mezquinerías, generoso, viviendo al lado de todos. Adriano del Valle es siempre el mismo, creado por la campiña andaluza, renovado por los soles de todas las mañanas. En todas las expresiones de su talento literario se halla, junto al hombre, el poeta. Entre los títulos más relevantes de su obra poética se cuentan Lyra sacra, Los gozos del río,  Arpa fiel, que obtuvo el Premio José Antonio Primo de Rivera y el  Fastenrath de la Real Academia, y  la obra póstuma Oda náutica a Cádiz.

 

Iniciado como lítico en el ultraísmo, posteriormente cuajo en un neopopularismo que utiliza las estrofas clásicas con cierta maestría. La poesía de Adriano del Valle es viva y actual continuadora de la brillante tradición barroca española  del siglo XVII. El arte de Adriano del Valle tiende sutiles redes al lector, haciéndole picar en el regusto de la “frase hecha”. Leemos en el soneto “A Roma”: “Todos los acueductos van a Roma”. Y en el “Romance del Espantapájaros”: “Si el miedo guarda a la viña, / ¿quién puso jueces al campo?”.

 

Hablar de la maestría de Adriano casi no es preciso. Cada poeta tiene sus sobresalientes valores individuales y lo peculiar en Adriano del Valle, lo que le da voz propia, es el juego, el ingenio, y, sobre todo, ese doble sentido quevedesco.

 

“Sevilla en verso”, le llamó Eugenio Montes. Y su gran amigo, el poeta malagueño Muñoz Rojas, exclama: “¡Oh inmenso Adriano, hombre grande, gran río, gran sombra de árbol andante! En ti se desencadenaba algo que nos comunicaba con el latido de la tierra, con el  temblor de la palabra”. Y con acento insistente, siempre ese acento, el popular, como el del cante andaluz que nos dijo el poeta: “Canta el pájaro en la rama; / un ruiseñor, bien despierto, / con canora voz que clama / predicando en el desierto”.

 

Francisco Arias Solis
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La guerra es un mal que deshonra al género humano.

 


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Gracias.

Foro Libre: Homenaje a Gógol

 

FORO  LIBRE

ASOCIACION CULTURAL, ARTISTICA Y LITERARIA (Fundada en 1992)

 

Francisco Arias Solís - Presidente ~ Plaza San Severiano, 2 ~ 11007 - CADIZ

e-mail: pazylibertad@arrakis.es

URL: http://www.arrakis.es/~aarias

 

 

“Lo difícil es ganar miles,
los millones se amontonan sin trabajo.”

Gógol.

 

HOMENAJE DE FORO LIBRE A  GÓGOL

 

El próximo lunes, día 27, a las 20.00 horas, en la cafetería-restaurante El Cantábrico (Avda. Cayetano del Toro, 21 - Cádiz), la Asociación Cultural, Artística y Literaria FORO LIBRE celebrará un encuentro literario sobre la vida y la obra del poeta del escritor ruso Nicolái Vasílievich Gógol (1809-1852), con motivo de su bicentenario.

 

Si Puchkin y Lermentov fijaron la prosa artística rusa, otro gran autor acabó de enriquecerla, sentando en ella las bases del futuro realismo: Nicolái Vasílievich Gógol, que pertenece a la gloriosa generación del 1830, la de tipo romántico. Gógol se presentó siempre no sólo como un admirador, sino como un discípulo de Puchkin al cual solía consultar cuanto escribía y de quien confesaba haber recibido la idea primordial o el asunto de algunas de sus obras. Las principales que escribió son las Veladas en una granja cerca de Dikanka; Mirgorod, Arabescos, El inspector (comedia), El capote, y la que deseó que fuera su obra maestra y más que una novela es una especie de poema épico en prosa o una trilogía que quedó sin terminar: Las almas muertas. De las tres partes de que había de constar sólo una quedó terminada, la primera, a pesar de trabajar en el conjunto durante varios años.

 

Nicolái Vasílievich Gógol nace en Soróchintsi, Poltava, el 1 de abril de 1809. Fracasado en sus comienzos, Pushkin le ayudó a publicar sus Veladas en una granja cerca de Dikanka (1831-1832), ocho relatos inspirados en los románticos alemanes y en el folklore ucraniano, en los que se mezclan lo real y lo fantástico. Gógol llega a ser profesor de Historia de Rusia en las Universidades de Kiev y de San Petersburgo. En 1836 publica  El inspector, las dotes del humorista que había en Gógol se condensan con fortuna y producen una de las comedias rusas más celebradas y reídas por el público. La pintura de los caracteres estaba hecha en tal forma y con tales visos de veracidad que, mientras el público y la corte se reían, los aludidos se volvieron furiosos contra el autor, haciéndole imposible la vida hasta el punto de decidirle a emigrar. Uno de los países que visitó primeramente fue España, donde estudió sobre el terreno y con verdadero amor aquel libro inmortal de Don Quijote, que ya conocía y admiraba desde largo tiempo. Pero no fue aquí donde fijó su residencia, sino en Roma, desde la cual decía él que podía escribir mejor que nunca acerca de Rusia, porque al verla lejos, le parecía que su visión se le aclaraba y más hondamente sentía su tierra.  Murió en Moscú, el 4 de marzo de 1852, en uno de los ataques, no muy claramente explicados, que padecía y que le inutilizaron por completo para la alta producción semidantesca a que aspiraba. Él mismo quemó gran parte de lo que había escrito para terminar Almas muertas, que quedaron incompletas, y murió voluntariamente pobre, olvidado por unos y odiados por otros, cuando no contaba más que cuarenta y tres años. A Turguenev le costó el ser desterrado el haberle calificado de grande hombre en una carta. Y, sin embargo, no había dicho más que la verdad. En las obras de aquel escritor tan injustamente rechazado por su público, o rodeado de un silencio hostil, estaba la semilla de la literatura rusa del futuro. Leyéndole se ocurre pronto el expresivo y conciso comentario que le puso Puchkin a la lectura que él le hizo de Almas muertas: “¡Qué triste es nuestra Rusia!”

 

 

Francisco Arias Solís

 

No hagamos las paces con la guerra, ni tampoco levantemos guerras con la paz.


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Gracias.

 

Jaime Gil de Biedma por Francisco Arias Solis

 

 

JAIME GIL DE BIEDMA

(1929-1990).

 

“Adelantaron

 las lluvias, y el Gobierno,

 reunido en consejo de ministros,

 no sabe si estudia a estas horas

 el subsidio de paro

o el derecho al despido,

o si sencillamente, aislado en un océano,

 se limita a esperar que la tormenta pase

 y llegue el día, el día en que, por fin,

 las cosas dejen de venir mal dadas.”

  Gil de Biedma. Noche triste de octubre, 1959.

 

LA VOZ DEL MAGISTERIO POETICO.

 

Gil de Biedma se nos presenta, por un lado, como heredero de la espléndida Generación del 27, a cuya sombra ha realizado su formación de artista. Por otro, él es sin duda el poeta de su generación -el llamado “Grupo Poético de los Años 50”-, que más eco ha logrado entre los poetas de las promociones posteriores. Gil de Biedma ha alcanzado eso que denominamos “magisterio poético”. El poeta catalán se distingue por cultivar una poesía que hace del lenguaje coloquial y de un particular empleo de la ironía, sus elementos más genuinos. “La poesía que yo aspiro hacer no es comunión -decía Gil de Biedma-, sino conversación, diálogo”.

 

Biedma descubre siempre su filiación romántica en ese doble movimiento que lo lleva a idealizar y casi mitificar una realidad, para, acto seguido, burlarse de sí mismo. Su actitud antirretórica y los variados tonos (que van desde el íntimo al social) forman parte de una estrategia para que su obra aparezca como elaborada por un escritor que asume la tradición y la usa y que, a la vez, se separa de ella creando así un discurso muy personal.

 

El lado humano que penetra desde su vida en los textos literarios es la tierna sentimentalidad de un hombre moral y socialmente comprometido. Sin ser popularista, el tono de muchos poemas del autor es popular, las letras de canciones, los giros conversacionales, las expresiones cotidianas, las frases que circulaban dentro del ámbito de sus amigos , el conocimiento de la clase trabajadora expresado en temas y ambientes poemáticos, aparecen en su poesía en calidad de préstamos de origen popular que dan un contrapunto muy personal al otro rostro de su personalidad literaria (la que podríamos entender como literalmente “intelectual”).

 

Jaime Gil de Biedma nace en Barcelona el 13 de noviembre de 1929 y fallece en la misma ciudad el 8 de enero de 1990. Estudia Derecho en Barcelona y en Salamanca, en cuya Universidad se licencia en 1951. Sus primeros poemas , bajo el título de Según sentencia del tiempo, aparecieron en 1953. Con posterioridad publica Compañeros de viaje, Moralidades y Poemas póstumos. Con independencia de estos libros figuran también en su bibliografía algunas recopilaciones y separatas, que contienen poemas bien recogidos en los libros citados, o bien inéditos; así, por ejemplo, En favor de Venus o Cuatro poemas morales. Una edición fijada por el autor de todos sus poemas hasta 1969 y titulada Colección particular permaneció en los sótanos editoriales, al prohibirse la distribución del libro en las covachuelas censorias. Por fin, una edición total de su poesía, anotada por el autor, ha aparecido con el título de Las personas del verbo.

 

Biedma publica también un extenso ensayo crítico titulado Cántico:  el mundo y la poesía de Jorge Guillén y una parte de unas memorias, con el título de Diario del artista seriamente enfermo. Rebasan su función de prólogos, las introducciones a Metropolitano, de Carlos Barral, y la edición conjunta de Ocnos y de Variaciones sobre tema mexicano, de Luis Cernuda. Son notables sus traducciones de obras de T.S. Eliot y de Christopher Isherwood.

 

El mejor Jaime Gil de Biedma lo encontramos en la voz comprometida con la clase obrera, la que le hace al poeta mirar desde un ángulo más positivo a la masa humana, porque a pesar de su individualismo urbano, los otros son una presencia cuyos problemas no le son indiferentes: “He ahora el dolor / de los otros, de muchos, / dolor de muchos otros, dolor de tantos hombres, / océano de hombres...”

 

Francisco Arias Solis
e-mail:
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Ningún hombre considera que su situación es libre si no es al mismo tiempo justa, ni justa si no es libre.


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Gracias.

Blanca de los Ríos por Francisco Arias Solis

 

BLANCA DE LOS RIOS

(1862-1956)

 

 “¡El tiempo esa distancia de la vida

 que es la misma existencia que se va!...

La distancia, ese tiempo del espacio...

¡Terrible dualidad!”

Blanca de los Ríos.

                                               

                                                                                               

LA VOZ SENSIBLE DE UNA INTELECTUAL

 

El nombre de Blanca de los Ríos no ha pasado a la historia literaria ni por Melita Palma ni por La Rondeña, ni por su poema escrito desde Florencia cuando exclamaba  “rompo el silencio y duéleme la ausencia”. A Blanca de los Ríos hay que acudir cuando se trata de explicar el teatro de Tirso de Molina, porque “las mujeres de Tirso”, vestidas de hombre, son heroínas de Fray Gabriel Téllez y creaciones, que fueron desenmascaradas, casi diríamos desnudadas por la poetisa Blanca de los Ríos, a las que volvió a dar vida.

 

Blanca de los Ríos encarna ese aliento de poeta civil que Bécquer no quiso encarnar. Firmado en Sevilla en 1879 aparece un poema titulado “El poeta” con algo de manifiesto literario: “Venid de estos siglos yo soy el profeta; / mi acento arrebata los pueblos en pos; / oíd de rodillas: ¡Yo soy el poeta! / yo soy en la tierra la sombra de Dios...”

 

Blanca de los Ríos y Nostench nace en  Sevilla el 15 de agosto de 1862. En abril de 1928 pronuncia una conferencia en Madrid, en la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, publicada aquel mismo año, sobre El enigma biográfico de Tirso de Molina, aireando su partida de bautismo y otros documentos que la llevan a demostrar cómo su teatro nació en el claustro arrancado de estas revelaciones la crítica histórica y la estética de ese nuevo Fray Gabriel Téllez que irrumpe a partir de esos años, los manuales de literatura en las nuevas luces que proyecta la erudita sevillana a la que Real Academia Española no ofreció un sillón pero si un Premio para su Estudio biográfico y crítico de Tirso de Molina.

 

A los diecisiete años Blanca escribe un Romancero de Don Jaime el Conquistador. Son veintiún romances pero la erudición ya es la gran vocación de la joven poetisa y a los romances acompañan notas eruditas sobre personajes y objetos. En su Nuevo Teatro Crítico Emilia Pardo Bazán elogia el estilo literario de la autora del Romancero. Son los años en que Blanca de los Ríos cultiva la novela y el cuento: Melita Palma, La niña de Sanabria, La Rondeña. Y publica  además del Romancero otros volúmenes de versos: La novia del marinero, Esperanzas y recuerdos. Colabora en varias revistas y periódicos: El Correo de la Moda, Madrid Cómico, La Ilustración Española y Americana, Blanco y Negro, La Enseñanza Moderna  son algunas de las revistas, y El Imparcial, La Época  y El Nuevo Mundo, las cabeceras de los periódicos en los que podían leerse sus artículos. Creó en 1918 y dirigió hasta su desaparición en 1930 la revista Raza Española y dentro de la escuela de un Menéndez Pelayo, ella es el nombre de mujer a situar junto a Rodríguez Marín, Asín, Menéndez y Pidal, Serrano y Sanz y tanto otros. Blanca de los Ríos muere en Madrid en 1956.

 

Cuando todavía no se ha casado con Vicente Lampérez, Blanca de los Ríos publica versos y algunos pasan las fronteras y merecen la traducción. Su libro más importante de versos es Esperanzas y recuerdos, que está dividido en tres partes.

 

En 1941, un grupo de admiradoras de la ya entonces prestigiada y conocida mujer intelectual –periodista, conferenciante, crítica y editora, novelista y poetisa-, da a la estampa un volumen de poesías olvidadas que no fueron incorporadas a los tomos de sus Obras Completas, bajo el título no muy afortunado de ¿Vida o sueño? Rimas. En este libro poético destaca “Carta a Florencia”. Es su poema de más amplias resonancias literarias. Es el poema clásico en elogio de una ciudad cuyo nombre, aire, historia, y talante se contraponen a una galería de otras ciudades que no pueden con la patria del Dante. Blanca de los Ríos ha escrito el largo poema que todo poeta vive –lo escriba o no- como contribución a esa ciudad única en el mundo: “Patria del pensamiento y la armonía / por madre te escogiera, ¡oh mi Florencia! / si no fuera Sevilla madre mía”.

 

Francisco Arias Solis
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