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Francisco Arias Solís

Alexander Pope por Francisco Arias Solis

ALEXANDER POPE

(1688-1744)

 

“No hay cristales de más aumento que los propios ojos

 del hombre cuando miran su propia persona.”

Alexander Pope.

 

LA VOZ DE LA PERFECCION POÉTICA

 

La poesía augusta es, en Inglaterra,  una rama de la literatura augusta, referida a la poesía de la primera mitad  del siglo XVIII, que prácticamente  coincide  con la época de la publicación de la obra  de Pope, poeta que nace con la revolución  de 1688 y que muere cuando termina, poco más o menos,  la poesía augusta. Alexander Pope es el más importante poeta inglés del siglo XVIII.

 

Alexander Pope nace  en Londres, el 22 de mayo de 1688 y  muere en su casa de campo, en Twickenham, al oeste de la  capital inglesa,   el 30 de mayo de 1744. Hijo de una familia católica realizó estudios privados en los que destacó extraordinariamente. Desde su juventud padeció diversos problemas de salud, entre otros, el Mal de Pott (una forma de tuberculosis osteoarticular localizada frecuentemente en la columna vertebral), que atrofió su crecimiento y deformó su cuerpo.

 

¡Curioso destino el de este poeta que entre los doce y los catorce años de edad escribía ya odas, obras teatrales, una traducción clásica, nada menos que un poema épico, que después destruyó, logrando ya sobresalir a los dieciséis  con unas Pastorales; y con tanta procacidad, ingenio y cultura, con toda una vida dedicada a la producción escogida, se ve siempre negado el nombre de gran poeta a que constantemente aspiró, y que su magistral influjo en la época parece debía obligar a concederle sin discusión! Es que era un hábil y correctísimo artífice del verso, pero deja frío. Además,  era un poeta aristocrático y católico  en un país protestante; rico desde joven, como hijo único de un gran comerciante de la City londinense, lo que le eximía de adular al público; débil y aun deforme en el cuerpo y con grandes defectos morales que le mantuvieron rodeado de enemigos; escritor, y nada más que escritor, durante toda su vida; sin títulos llamativos, pero con abundante cultura adquirida por enseñanza privada; con gran vanidad y el deseo de ejercer una especie de reinado literario, que, efectivamente, ejerció. El fue quien acabó de refinar y perfeccionar la poesía inglesa, imprimiéndole la corrección constante como norma principal. Continuó la obra de Dryden, y dejó tras sí toda una cohorte de poetas correctos. En verdad que la corrección no es un fin, pero sí un deber de todo artista concienzudo y recto. Es como una especie de natural honradez y elegancia espiritual.

 

Precisamente Byron fue, aunque a muchos les parecerá extraño, el más ferviente admirador de Pope, a quien proclama “el más perfecto de todos los poetas y quizá de todos los hombres”, y dice que para él es “como el cristianismo de la poesía inglesa”.

 

Entre sus principales obras figuran el poema didáctico Essay on Critiscim, (Ensayo sobre la crítica),  aparecido en 1711,  extraño título que parecería más apropiado en una obra de estudio en prosa, donde codifica las reglas del clasicismo inglés. Recoge con sumo arte teorías ya conocidas, las remoza por completo y las fija en impecables pareados que parecen medallas de perfecto cuño. Siguen por orden cronológico El bosque de Vindsor (1712), pastoral; y en fin, en 1712, otro poema, que se hizo famosísimo The Rape of  the Lock, lo que ya se ha hecho costumbre traducir por El rizo robado. Se le califica de “uno de los más brillantes que se han escrito en lengua inglesa”. El asunto es insignificante: cierto lord ha ofendido a una señorita al cortarle un rizo de su cabellera, y esto da lugar a hondas disensiones entre las familias de uno y otra. Pope hace de todo ello una epopeya burlesca, delicada y de expresión ingeniosa. Quizá pueda decirse que lo mejor de Pope está en este poema. El que tituló La dunciada (1728),  es la  obra culminante de carácter satírico; en ella atacó a sus enemigos literarios. Destacan también Ensayos morales (1733-1735) y Ensayos sobre el hombre (1733-1734), que son poemas filosóficos, a pesar de lo cual poseen cierta fuerza poética. Es preciso citar la  traducción de la  Iliada (1715-1720) de la que se ha dicho que era un bello poema, aunque no se podía afirmar que fuera la versión de Homero, sin embargo, su excelente acogida le llevó a traducir la Odisea (1725-1726), estas traducciones le permitieron vivir desahogadamente en Twickenkam, “sin deudas a príncipe alguno u hombre par que viva”, como nos dejó dicho. Algunas de sus epístolas y sátiras, de sumo arte, como la Epístola a Arbuthnot (1735) y la de Eloísa a Abelardo, resultan algo inferior, aunque muestren  sus grandes cualidades bajo distintos aspectos. Y como dijo el perfecto poeta inglés: “Errar es humano, perdonar es divino”.

 

Francisco Arias Solis
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Si quieres la paz, prepárate a vivir en paz con todos los hombres.

 


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Gracias.

 

 

 

 

Rabelais por Francisco Arias Solis

 
FRANÇOIS RABELAIS

(h.1494-1553)

 

“El valor del hombre equivale a su autoestima.”

Françoise Rabelais.  

                                                           
LA VOZ DE UN ESCRITOR DE PRIMERA FILA

 

Rabelais fue un erudito apasionado por el griego que dio muestra de un conocimiento enciclopédico, un talante jovial desmesurado y abierto al gozo de la vida y un estilo de exuberancia verbal sin retórica ni preocupaciones estéticas, entusiasta, fantástico y pleno de un naturalismo jovial que convierte a Gargantúa y Pantagruel  en una de las obras más geniales de la literatura de todos los tiempos. Particular interés tienen sus ideas acerca de la reforma de la educación, que debía según él, estar basada en el conocimiento de la cultura griega, latina, musulmana y hebrea, en la naturaleza, en la ciencia, en la tolerancia y en la alegría de vivir.

 

Se cree que Francisco Rabelais nació en La Divinière en 1494, en la finca de su padre, abogado en Chinon,  y que murió en París, el 9 d e abril de 1553, sin que acerca de lo primero, y aun de lo segundo, exista completa seguridad y, por lo tanto, unanimidad de pareceres. Siendo fraile franciscano, estudió literatura clásica y francesa, ciencias e idiomas, entre ellos el griego, cuyo aprendizaje prohibió en 1523 la Sorbona por temor a la extensión del eramismo. Buscando un clima más tolerante, consiguió pasar en 1524  a la orden benedictina, recorriendo diversas ciudades,  tales como,  Burdeos, Tolosa, Orleans, París. En 1525 se secularizó y continuó los viajes. En 1530 estudió medicina en Montpellier y posteriormente la ejerció en Lyon. Allí publicó con el seudónimo de “Alcofibras Nasier”, anagrama de su nombre, Los horribles y espantosos hechos y proezas del muy renombrado Pantagruel, rey de los dipsodas, hijo del gran gigante Gargantúa (1532). Alcanzó gran fama como médico. Ello le valió la protección del cardenal Du Bellay, que lo llevó consigo a Roma en sucesiva ocasiones desde 1534. El éxito que alcanzó con su anterior obra le animó a escribir, La inestimable vida del gran Gargantúa, padre de  Pantagruel (1534). Censurada sus obras por la facultad de filosofía de la Sorbona, Rabelais tuvo que apoyarse en diversos protectores, abandonando ocasionalmente Francia, por Roma, Piamonte o Metz, donde continuó con la práctica de la medicina (se había doctorado en 1537), pero siguió publicando nuevos volúmenes de lo que, en conjunto, se conoce como Gargantúa y Pantagruel: Tercer libro de los hechos y dichos heroicos  del buen Pantagruel  (1546), un Cuarto libro... (1548-1552) y La isla sonante, publicada póstumamente e incluida en un Quinto libro... (1564) no atribuido al autor, que pasaría sus últimos días de párroco de Meudon. En estas narraciones de la vida y aventuras de tres generaciones de gigantes, realizó una aguda crítica de las debilidades humanas, incluyendo en ella a papas, emperadores, políticos, órdenes monásticas y la misma universidad de París.  En el primer libro aprovecha para criticar los métodos de educación y la guerra. El libro termina con la descripción de Thélème, cuyo lema es “haz lo que quieras”, frase que resume la filosofía de Rabelais, cercana al concepto de disfrute de la vida, propio del Renacimiento. En los dos últimos libros desaparece la historia de los gigantes y destaca, por el contrario el personaje de Panurge, amigo de Pantagruel, cuya astucia recuerda a Patelín o al Roman de la Rose. Panurge recorre el mundo en busca del Oráculo de la Diosa Botella. Cuando la encuentra, ésta le  dice: “Bebed”, frase que se interpreta como el ansia de conocimiento propio del humanista. Entre su producción menos conocida destacan algunos libros de erudición, como la traducción de los Aforismos, de Hipócrates (1532), un Almanaque para 1533 y la Pronosticación pantagruelina (1534).

 

Es éste uno de los autores que no se juzgan fácil. Voltaire le llamó bufón genial, porque se puede ser genial y no tener el sentimiento del propio decoro, del cual precisamente suelen carecer los bufones, y con ello contribuyen a suscitar la risa. Algunos hacen del libro de Rabelais “su único libro”, el que hay que leer constantemente para sacarle todo el meollo que contiene.

 

Dejemos a ciertos eruditos que se hundan en “aquella enciclopedia de toda la ciencia, la locura, la audacia y la obscenidad de tales tiempos”  para limitarnos a decir que Rabelais se sirvió de esta última y de las más descabelladas ficciones para ir demostrando su saber, su erudición, para ir filtrando ideas de reforma religiosa y de todas las clases, al paso que llamaba la atención de todos, realizando el negocio de que sus libros se vendieron enormemente, mejor que los de ningún otro autor.

 

Prescindiendo de lo que digan ciertos admiradores excesivos: de aquella historia de gigantes tan descomunal  como ellos y llenas de alusiones satíricas a personajes de la época y digresiones filosóficas más o menos abstrusas; de aquel “très horrifique” y “grand” Gargantúa, padre del “heroico” y “buen” Pantagruel, en lo que todos están conformes es que lo que, principalmente, ha quedado, es el mismo Rabelais: un escritor de los de primera fila, aunque no un tan gran genio excepcional, uno de los creadores de la lengua francesa, sean los que fueren los defectos y buenas cualidades que tenga. Y como dijo el gran humanista francés: “Ciencia sin conciencia no es más que ruina del alma”.

 

Francisco Arias Solis
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El futuro se gana, ganando la libertad.

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Gracias.

Nicolas Boileau por Francisco Arias Solis

NICOLAS BOILEAU

(1636-1711)

 

“Nada es más bello que la verdad,

sólo la verdad es digna de ser amada.”

Nicolas Boileau.

 

LA VOZ DEL LEGISLADOR POETICO

 

Los cuatros mayores clásicos del famoso siglo de Luis XIV que ningún francés olvida, son Molière, Racine, La Fontaine, Boileau. El último convirtióse en el legislador poético de su época y se impuso como árbitro del buen gusto. Desde los escritos de Descartes y de Pascal, desde las enseñanzas de la Academia Francesa y de los sabios literarios de Port-Royal, podía decirse que el arte de escribir en prosa quedaba ya fijado; mas no así por lo que respecta al de escribir en verso. Mucho había aún que hacer después de Malherbe, y de ello se encargó Boileau, entre las protestas de unos en contra y la aprobación ferviente de otros. Los que nunca se opusieron a Boileau fueron los grandes maestros, Molière, Racine, La Fontaine, que no le temían, y comprendieron que aquel hombre era la personificación del sentido común, del gusto y del deber de disciplina, en aquel país y en aquella época. Su papel ha sido excepcionalmente importante en historia literaria de Europa, ya que expresaba mejor que nadie el ideal poético de la época clásica, ideal que se ha convertido en símbolo, así para los partidarios del mismo como para sus detractores.

 

Comenzó Boileau por distinguirse en el manejo de la sátira y de la epístola moral. En cuál de estos de estos géneros sobresalió más es cosa discutible: pero siempre suele verse ante todo en el satírico. Vino después el Arte Poética, cuyos preceptos no fueron hijos del capricho de un hombre, sino de la madura reflexión y discusión de cuatro amigos que se llamaban Racine y La Fontaine, Moliére y Boileau, quienes tenían sus reuniones en un cuarto que alquilaron para ello. Es imposible averiguar quién aportó allí más ideas para la formación del código del buen gusto que sólo Boileau había de escribir. Su firmeza de carácter, su severidad de juicio, su intransigente opinión de que sólo en los antiguos se hallaba la cumbre de la belleza, y de que había que combatir sin piedad a los malos autores de la época, hacían de él el crítico-poeta que se necesitaba para propagar la mejor literatura dela época, literatura que estaban produciendo sus amigos. A ella se sumó él mismo con la publicación de su obra Le lutrin (El atril), poema cómico en que se emplean los procedimientos de los heroicos y del cual se ha afirmado que “en él hay talento, riqueza de color en la pintura y armonía del lenguaje”. He aquí un Boileau muy distinto del maestro impertinente y pasado de moda que muchos ven únicamente. Estoy  muy de acuerdo con aquel verso suyo que dice, contradiciendo a muchos de nuestros autores de ahora: “Nada es más bello que la verdad, sólo la verdad es digna de ser amada”.

 

Nicolás Boileau nace en París 1 de noviembre de 1636 y muere en la misma ciudad el 13 de marzo de 1711. Tras estudiar derecho y teología y ejercer como abogado, a partir de 1657 se dedica de lleno a la literatura. En 1677 Luis XIV le nombra,  junto con Racine, historiógrafo de la corte. En 1684 ingresa en la Academia francesa, desde la cual defiende la postura de los “antiguos” en la famosa polémica entre anciens  et modernes.

 

Entre sus obras destacan las Sátiras (1666); valioso documento sobre la vida y costumbres de la época, en las nueve primeras imita a Horacio  y en las restantes a Juvenal, las Epístolas (1674-1694), con las que confirmó sus dotes de polemista; la epopeya satírico burlesca en seis cantos El atril (1674-1683), y el Arte poética (1674), en la que presenta su doctrina sobre la creación literaria, y que fue considerado el principal manifiesto teórico del neoclasicismo. Por su mordacidad temible, su extraordinaria cultura y su buen gusto, no exento de rigor, ejerció una influencia considerable en toda la literatura europea de su época.  Y como nos dejó dicho el gran poeta francés: “Haceos con amigos dispuestos a censuraros”.

 

Francisco Arias Solis
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La peor paz es mejor que la mejor guerra.

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Martín Lutero por Francisco Arias Solis

MARTÍN LUTERO 

(1483-1546)

 

“La guerra es la más  grande plaga que azota a la humanidad,

 destruye la religión, destruye naciones, destruye familias.

 Es el peor de los males.”

Martín Lutero.  

 

LA VOZ DEL REFORMADOR
 
Las traducciones de la Biblia que sustituyeron en los países reformados al latín de la Vulgata ofrecen aun desde punto de vista literario, una importancia del primer orden.

 

La época de la Reforma constituye para Alemania un periodo literario. Martín Lutero fue no sólo el heresiarca, el reformador religioso, sino el de su idioma. Se ha dicho que su traducción de la Biblia fue un trabajo gigantesco, en que él solo hizo por su propio lenguaje lo que por Italia habían hecho Dante, Petrarca  y Boccaccio. Si no lo creó, lo elevó desde la infancia a la madurez. Para ello tomó como base el dialecto alto sajón, empleado por las cancillerías y por todos comprendido, realzándolo, animándolo, dándole flexibilidad, por medio de la observación del lenguaje del pueblo, y al mismo tiempo fijándolo, a fuerza de paciencia y de consultas de toda clase. Su único deseo era, según él, el escribir en un lenguaje puro y claro, el más práctico para su propósito, que, en rigor, no era el literario, sino el de propaganda teológica.

 

Martín Lutero nació en Eisleben, Sajonia,  el 10 de noviembre de 1483 y murió en la misma ciudad el 18 de febrero de 1546. Hijo de un pobre minero de Eisleben, estudió en la Universidad de Erfurt, ingresó en la Orden agustina, cursó estudios de Teología en la Universidad de Wittemberg, en la que se doctoró en Teología (en 1512) y donde fue también profesor. Allí se desarrollaron sus inquietudes religiosas, centradas en problemas como el libre albedrío, la salvación y la libertad de examen, a la vez que se mostraba preocupado por la corrupción de la Iglesia oficial –había viajado a Roma en 1510-1511-, e intentaba diferenciar a ésta de la Iglesia “invisible”  -la comunidad de los cristianos en relación con Dios-. Estas posturas eran sólo conocidas por un reducido círculo de intelectuales de su Universidad, pero salieron a la luz con motivo de la publicación de una Bula de Indulgencias de la que se excluía a los agustinos: Lutero redacta sus 95 tesis, en las que ataca el sistema de indulgencias y se remonta a consideraciones doctrinales que fueron vistas como heréticas. Lutero fue excomulgado, y mandado a perseguir por Carlos V (Edicto de Worms de 1521);  encuentra refugio entre los nobles alemanes –el elector de Sajonia lo protege del emperador-, quienes de esta forma querían manifestar la independencia del Imperio germánico respecto de Roma; por otra parte, el pueblo alemán las clases campesinas, recogen su mensaje de liberación y promueven rebeliones que son acalladas violentamente, con la aquiescencia del mismo Lutero.

 

Martín Lutero expuso sus ideas en escritos como A la nobleza cristiana de la nación alemana (1520), De la cautividad babilónica de la Iglesia y Sobre la libertad cristiana en la que se reflejan definitivamente sus teorías sobre la justificación  por la fe –en las que resonaban ideas de San Pablo y San Agustín-. Al mismo tiempo, se dedicó a traducir la Biblia al alemán, con ayuda de Melanchton  y de otros, para garantizar el libre examen que defendía.

 

Por otro lado, intentó atraer la atención sobre su teología en los numerosos himnos (sólo quedan cuarenta y uno) que compuso y a los que el mismo puso música. Tradujo el Credo, el Te Deum y varios himnos latinos. Algunos de los suyos han quedado como definitivos, como insustituibles dentro de la religión protestante.

 

La obra de Lutero, aparte sus consecuencias religiosas e históricas, tuvo especial trascendencia para el desarrollo cultural alemán; en España su influjo fue drásticamente acallado por la Inquisición, aunque se dejó sentir en los erasmistas, a pesar de que Erasmo, al que Lutero había intentado ganar para su causa, no se había dejado seducir por las tesis del reformador. Y como dijo el reformador alemán: “El pensamiento está libre de impuestos”.

 

Francisco Arias Solis
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Será vano el intento de humanizar las guerras. Lo humano es evitarlas.


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Boccaccio por Francisco Arias Solis

GIOVANNI  BOCCACCIO

(1313-1375)

 

 

“Así, pues mi patria fue Certaldo, y mi culto la divina poesía.

 ¡Ah, que yo pueda por medio de la venerable persona de Petrarca

 llegar a vencer las miserias de la fortuna, las angustias del amor

 y a despojarme de toda vulgaridad! Yo, que me considero un miserable,

 un inerme e inerte, duro e informe conjunto. “

Giovanni Boccaccio.

 

 

LA VOZ DEL MODERNO ARTE DE NOVELAR

 

Boccaccio compone junto a Dante y Petrarca la tríada de autores cuatrocentistas que configuraron la lengua literaria italiana y, a la larga,  el italiano como idioma nacional de la Península. En cuanto a la influencia de Boccaccio en España cree Menéndez y Pelayo “que ningún autor italiano, ni el mismo Dante, ni el mismo Petrarca tuvo en España más lectores y admiradores que Boccaccio durante el siglo XV. La mayor parte de sus obras latinas y vulgares pasaron a la lengua castellana, y algunas también a la catalana”. Alcanzó su gloria definitiva con el Decamerón que es “la primera obra en que la prosa italiana se eleva a una verdadera y bella forma artística, y además sienta los cimientos del moderno arte de novelar, por los vivos que resultan sus personajes y la maravillosa precisión y claridad con que se desarrolla la marcha de la acción, por la facilidad con que da a conocer los hechos con todos sus mínimos pormenores. Ni a un lado ni a otro de los Alpes hay escritor contemporáneo suyo que haya logrado escribir como él”, ha dicho Bonghi, y de genio y maestro de novelistas le han calificados los mayores críticos. Lo que habían realizado Dante y Petrarca en la poesía, lo logro el Decamerón en la prosa.  En esta obra se hallan cualidades literarias excelentes, aprendidas en el asiduo manejo de los clásicos de la antigüedad, y como clásica, también, quedó consagrada una obra que posee la atracción de las grandes y famosas meretrices de otros tiempos.

 

Giovanni Boccaccio nació en Certaldo, Florencia, en 1313. Hijo natural de un comerciante de Certaldo y de una dama francesa residente en París. Vivió alternativamente en Florencia y Nápoles, ciudad esta última que tendrá una gran importancia en su vida y obra, pues en ella se supone que conoció a la mujer que luego inmortalizaría con el nombre de Fiammetta, que es posible que fuese la princesa María, condesa de Aquino, hija natural del rey de Nápoles, Roberto de Anjou, gran admirador  y protector de Petrarca. La princesa María, casada con un gentilhombre de gran fortuna, era bella, procaz, de ingenio agudo, y tenía en su casa, según costumbre de la época, corte de amor, por ella presidida, como podría presidirse hoy una academia. Se murmuraba que las relaciones existentes entre ella y Boccaccio eran más que puramente amistosas, y que constituían la base del argumento de Fiammetta, especie de confesión de la dama, modificada en lo más esencial del desenlace: en que fue ella quien plantó a Boccaccio, y no éste a ella. Boccaccio Fue gran amigo de Petrarca, frecuentó la corte del rey Roberto de Nápoles y desempeñó importantes misiones diplomáticas. Fue, además, el primer comentador de Dante, dejando escrita una Vida de Dante, algo novelada, por lo que no puede ser seguida en todo al pie de la letra. Giovanni Boccaccio murió en Florencia el 21 de diciembre de 1375.

 

El Decamerón, terminado en el año 1353, es una serie de narraciones puestas en boca de tres gentiles hombres y siete damas; jóvenes todos, que durante la terrible peste  que azotó a Florencia en 1348 se reunieron en el campo, para escapar al contagio y distraerse de las preocupaciones naturales en tales momentos. Cada uno de ellos cuenta una historieta o novelita diaria, por turno, durante diez días, lo que da por resultado una colección de cien cuentos.  De los diez turnos de las diez personas viene el nombre de Decamerón. La Comedia humana por contraste con La Divina Comedia, y realmente es un espejo, quizá algo deformador, a veces, de la vida diaria en el siglo XV. La temática y el tono de los cuentos son muy variados, aunque abundan los de contenido erótico desenfadado, que son para muchos los más conocidos y representativos del autor, pero también encontramos otros de tintes trágicos o dramáticos. En todos ellos aparece una amplísima gama de tipos sociales de la época, por lo que también puede verse bajo la óptica de una crítica social a su tiempo; es constante el enfrentamiento entre la idea de fortuna y la astucia e inteligencia humanas, lo que, debido a la habilidad del autor, origina una narración rica, ágil y apasionante. Al mismo tiempo, es ya plenamente renacentista al dejar de lado los aspectos religiosos y teológicos y centrarse en la realidad humana.

 

Otras obras de Boccaccio son: Ameto (1341-1342),  conocida también como La Comedia de las ninfas florentinas o Ninfale de Ameto, mezcla de prosa  y verso, de figuras mitológicas y de alusiones harto libre a damas florentinas, Amorosa visión (1342) y  Ninfale fiosolano (1343-1346),   obras que dieron origen a la literatura pastoril del Renacimiento; Corbaccio o Laberinto de amor (1354-1355), intencionada sátira misógina imitada más tarde por Alfonso Martínez  de Toledo, arcipreste de Talavera; Filocolo, versión de la historia de Flores y Blancaflor; Fiammetta, que se considera autobiográfica, supone quizá la primera novela psicológica europea; Filóstrato, con la historia de Troilo y Crecida por argumento; La Teseida donde intenta la epopeya de inspiración clásica. Es autor también de algunos sonetos y baladas y de numeroso tratados en latín, tales como, De claris mulierubus, De casibus vivorum illustrium, De genealogía deorum, etc.

 

Quizá sea Boccaccio, mucho más que otros autores de su siglo, quien encuentra hoy en día una mayor acogida en la literatura, en el arte y en los gustos de nuestro tiempo, a pesar de que, también hay que decirlo, esta presencia reposa, frecuentemente, sobre una consideración equívoca, o sea, sobre la elevación del autor del Decamerón a maestro simbólico de la narración escabrosa, licenciosa, basada en situaciones sensuales y burlescas. Pero, pocos saben que Boccaccio tenía lo que podríamos llamar un corazón de oro, que nos habló así: “Amo a la pobreza que ya está conmigo; y si estuviese de mí apartada pronto la podría encontrar en cualquier parte, sin tener que servir a ningún rey para haberla.... Y soy más dichoso con alguno de mis librotes que lo son los reyes con sus grandes coronas”.

                                                        

Francisco Arias Solis
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Paz y libertad. 


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Moliére por Francisco Arias Solis

MOLIÈRE

(1622-1673)

 

“La muerte es el remedio de todos los males,

 pero no debemos echar mano de éste hasta última hora.”

Molière.

 

LA VOZ DEL PADRE DE LA COMEDIA FRANCESA

 

Los cuatro mayores clásicos del famoso siglo de Luis XIV que ningún francés olvida, son Molière, Racine, La Fontaine y Boileau. Para hablar de Molière, seudónimo de Jean-Baptiste Poquelin, todos los elogios son  pálidos ante la verdadera adoración que representan los de los críticos franceses, y aun de otros países. No es raro leer que es el más excepcional genio que ha existido, y que sólo él ha realizado el ideal de lo que debe ser la comedia, además de que fue el más profundo e ingenioso pintor del corazón humano. Es algo por el estilo de lo que ocurre en España con Cervantes y en Inglaterra con Shakespeare. Gran verdad es lo de ser profundísimo e ingenioso pintor del corazón humano; lo de finísimo e intencionado ironista, aunque alguna vez la finura se pierda; versificador de estupenda facilidad, maestría, naturalidad y corrección, no en las primeras obras, sino en otras posteriores, sobre todo en las últimas, pues en ellas los versos brotan de sus pluma, en los diálogos de varias de sus comedias, con tan poco esfuerzo visible como si fueran prosa, y mostrando con frecuencia aquel hermoso relieve de ciertas monedas muy bien acuñadas; en fin, un gran creador de tipos inolvidables por su verdad, y de situaciones cómicas que, aunque no todas estén a parecida altura, suelen distinguirse por lo graciosas e inesperadas. Muchas de las  obras  del padre de la Comedia Francesa están situadas  en la cumbre de la comedia en la literatura universal.

 

Jean-Baptiste Poquelin nació en Paris, siendo bautizado el 15 de enero de 1622. Hijo de un tapicero adscrito a la casa real. Su madre falleció cuando contaba diez años de edad. Estudió con los jesuitas de Clermont y posteriormente inició la carrera de leyes, que abandonaría para recorrer el sur de Francia con la troupe de cómicos denominada  “L’Illustre Théâtre”, junto con su amante Madeleine Béjart. A su regreso a París, en 1659, representó ante la corte, con gran éxito, una obra de Corneille y una suya, Las preciosas ridículas; bajo la protección del duque de Orleáns se instaló en la Salle du Petit-Bourbon. En 1662 Luis XIV le concedió el Théâtre du Palais-Royal, y ese mismo año contrajo matrimonio con Armande Béjart, hermana (o hija) de Madelaine. A partir de entonces su obra sería conocida y aplaudida por el público parisino. El 17 de febrero de 1673; Moliére, que interpretaba el papel del enfermo, en su última obra   El enfermo imaginario,  murió repentinamente, en la cuarta representación de la misma.

 

Entre sus piezas destacan: Las preciosas ridículas (1659), sátira de los salones “marivaudistes”, en la que los dos pedantes que aparecen en la comedia están tomados de la realidad, y dicen que uno de ellos, ya muy viejo, murió de disgusto de verse retratado de aquel modo; La escuela de las mujeres (1662), su primera gran obra, en la que critica la falta de estudios de la mujer; Tartufo (1664-1669), sátira contra la beatería e  hipocresía, cuya representación fue prohibida durante cuatro años;  Don Juan o el convidado de piedra, inspirada en la obra de Tirso de Molina, tema de moda también en la época; El misántropo (1666), en la que ridiculiza a un  hombre honesto por la forma de imponer sus principios morales; El médico a palos, inspirado en un fabliau de la Edad Media (El villano médico); El avaro (1668), tomado de Plauto, pero desfigurado, y podríamos decir afrancesado, hasta parecer obra original, es quizá la  más cómica de sus piezas; El burgués gentilhombre (1670), comedia–ballet en la que un burgués enriquecido decide adoptar las costumbres de un aristócrata; Las mujeres sabias (1672) es un nuevo ataque a la evolución de la mujer en sociedad;  y El enfermo imaginario (1673), también comedia-ballet, en la que se satiriza a la clase médica.

 

En las obras de Molière aparecen elementos de la farsa, pero los que les dio verdadero valor, haciendo de la comedia un género como la tragedia, fueron la descripción de costumbres de la época, que aparece por primera vez en el teatro, y el análisis psicológico de los personajes. Decía Moliére, en su Crítica de la escuela de las mujeres, que era más difícil escribir buenas comedias que buenas tragedias porque, en éstas, costaba menos el remontarse apoyándose en elevados sentimientos, el desafiar en verso a la suerte, el acusar al hado e injuriar a los dioses, que el ahondar, en aquellas, buenamente, en lo que de ridículo existe en los hombres, y presentar de modo agradable en el teatro los defectos de todos. Al pintar a los héroes hacéis con ello lo que queréis, pintando retratos en los que nadie ha de buscar el parecido; pero cuando lo que pintáis son hombres, es preciso hacerlo teniendo el modelo delante, y la gente exige que el retrato se le parezca, seguía diciendo.

 

Molière que tenía la manía de hablar mal de los médicos y ridiculizarlos, magistralmente, murió a los 53 años, por no hacer caso de lo que le aconsejaban los médicos, y empeñándose en declamar en escena, estando muy real y gravemente enfermo, aquel Enfermo imaginario que fue su última obra,  puede decirse que le mató, como nos había dicho en su epitafio: “Aquí yace Molière, el rey de los actores. En este momento hace de muerto, y de verdad que lo hace bien”.

 

Francisco Arias Solis
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Paz y libertad. 


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Gracias.

Tiempos de crisis por Francisco Arias Solis

TIEMPOS DE CRISIS

 

“No le alcanzaba el jornal ni para morirse.”

Blas de Otero.

 

SON TRES LAS CRISIS PERMANENTES

QUE AHORA NOS AGOBIAN

 

Se dice que la crisis es la situación de un asunto o proceso cuando esté en duda la continuidad, modificación o cese. Esto es, sin lugar a dudas, una definición tan genérica, que es aplicable a todo cuanto acontece o puede acontecer, de carácter físico, histórico o espiritual, a lo largo de toda nuestra vida. Pero, lo que también es cierto, es que toda crisis –unas más y otras menos- genera inseguridad al ciudadano.

 

Se dice, ya de manera casi permanente, que vivimos tiempos de crisis, que todo está en crisis, que estamos pasando una grave crisis, que nadie se libra de pasar por una serie de crisis, etc. Si ello es así, si esto es cierto, la realidad es que estamos pasando la crisis de las crisis. Por tanto, ahora hay múltiples conceptos y situaciones que ya hemos reconocido que están caducos, que han muerto. En definitiva, que ya no valen, que ya no los admitimos. No obstante, aún no están aceptados ni asumidos los repuestos. Y esto así que genera una gran inseguridad al ciudadano.

 

Por tanto, crisis e inseguridad están íntimamente unidas y sus consecuencias tienen un único receptor: el ciudadano. Si realizamos un rápido zapping, una pasada de puntillas por algunas de las principales crisis, se podría afirmar que son tres las crisis permanentes que ahora nos agobian, nos preocupan por sus consecuencias y, en definitiva, nos generan inseguridad. Tres crisis íntimamente ligadas, con implicaciones muy directas entre ellas. Tres que son: la crisis ideológica, la crisis política y la crisis económica.

 

Se ha dicho que hoy, todos somos fruto de una sociedad hiperinformada, y que cada cual está obligado a asumir la responsabilidad de su conocimiento. Consecuentemente, hoy ya no se debería mantener esa tradicional separación entre intelectuales y el resto de los ciudadanos. Pero también es cierto que los ciudadanos están cada vez más aislados. La sociedad española actual atraviesa por una profunda crisis de valores. Valores que unos dicen que se han perdido, otros que están en renovación, otros que se necesitan unos nuevos.

 

Pero la realidad es que esto no va bien. Los comportamientos generales están siendo –cuando menos- inquietantes: se ha desorbitado el culto por el dinero; se está estableciendo una doble moral que, por un lado condena y, por otro, acepta las reglas de este juego; se está autogestando permanentemente la insolidaridad por todo y para todos, como evidencia la reciente aprobación de la  “directiva de la vergüenza” por los eurodiputados.  Por tanto, no falta quien dice que la nuestra es, una sociedad que, por descreída, no cree en sí misma.

 

En cualquier caso, frente a los nuevos desafíos, siguen siendo plenamente válidos, los valores democráticos de: libertad, igualdad y solidaridad. Estas son las bases principales ideológicas que junto con un nuevo impulso ético –fundamento básico de la práctica personal y política-, debemos utilizar para evitar y luchar contra la inseguridad que se está trasladando al ciudadano.

 

No parece claro que fue primero, “si el huevo o la gallina”. Dicho de otra forma, aquí, qué ha sido primero, ¿la crisis ideológica o la crisis política? Tampoco es fácil aclararlo.

 

Se dice que una de las principales bases para la regeneración política es el llamado impulso democrático. En la actualidad, son claros los síntomas y los problemas que están creando las grandes dosis de deslegitimación y descrédito de la vida política. No debemos olvidar que es importante y urgente abrir un amplio y duro proceso de recuperación de la credibilidad política, de la propia democracia y de los valores sobre los que ésta se asienta.

 

No hay ninguna duda de que para los ciudadanos la primera variable importante dentro de la crisis económica, es el desempleo. Las consecuencias negativas que aporta están directamente relacionadas con la inseguridad generada al ciudadano. España con una tasa de paro de las más altas de la Unión Europea, tiene la peor parte.

 

La crisis económica de los últimos años de la primera década  del siglo XXI ha mostrado los límites de las estrategias económicas que caracterizaron los años finales del siglo XX. Por eso, cada vez es más evidente la necesaria búsqueda de nuevos modelos de producción que permitan salir de la crisis combinando el crecimiento económico con la solidaridad social. Y como dijo el poeta: “Viva de manera / que nadie se alegre / cuando usted se muera”.

 

Francisco Arias Solis
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La guerra es un mal que deshonra al género humano.

 


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Gracias.
 

 

 

 

 

Heinrich Böll por Francisco Arias Solis

HEINRICH BÖLL
(1917-1985)

 

“Un soldado que comienza a pensar,

casi ha dejado de serlo.”

Heinrich Böll.

 

 

LA VOZ DEL CRISTIANO ANARQUISTA
 
Heinrich Böll está considerado uno de los más genuinos representantes de la literatura alemana del siglo XX y uno de los autores contemporáneos más populares. Adalid de la mentalidad católica progresista en la Alemania del Oeste, llegó a definirse  como cristiano anarquista y puso en evidencia la hipocresía de la Iglesia católica y  de la Unión Demócrata Cristiana de Alemania. En sus obras, impregnadas del realismo más crudo, critica con un gran sentido del humor y  con una amarga ironía la sociedad alemana de la posguerra, denunciando los abusos de poder y las injusticias.

 

Sus novelas, obras  dramática, ensayos, relatos y guiones radiofónicos, constituyen un acerado ataque a la sociedad contemporánea, una denuncia en la que la profunda humanidad del autor rechaza el oportunismo, la guerra y el opio de los convencionalismos entre cuyas víctimas suele elegir a sus personajes, en defensa de la libertad de expresión, del amor y la compresión entre los hombres. En los temas que trata, como otros muchos otros escritores alemanes, suele utilizar su experiencia de la guerra y la posguerra.

 

 Heinrich Teodor Böll nació en Colonia el 21 de diciembre de 1917 y falleció en la misma ciudad el 16 de julio de 1985. Hijo de trabajadores, realizó sus primeros estudios en Colonia. Trabaja en una tienda de libros donde tiene su primer contacto con la literatura, trabajo que abandona, al cabo de un año,  para consagrarse a la literatura. Cuando se preparaba para estudiar Filología en la Universidad, fue reclutado por el ejército alemán y obligado a intervenir  como soldado raso en la Segunda Guerra Mundial. Fue hecho prisionero por el ejército estadounidense y conducido a campos de concentración en Bélgica y Francia. A finales de 1945 regresa  de nuevo a Colonia. Böll fue galardonado con el Premio George Büchner; en 1971, fue elegido presidente del P.E.N. Club Internacional , y en 1972 se le otorgó el Premio Nobel de Literatura por el conjunto de su obra y su influencia renovadora dentro de la literatura alemana.

 

Böll se dio a conocer con su novela El tren llegó puntual (1949), a la que siguieron otras, centradas en la Alemania convulsionada por la Segunda Guerra Mundial: ¿Dónde estabas, Adán? (1951), Y no dijo ni una palabra (1953), Un día como el presente, Las piedras nuevas (1953), La casa sin amo (1954), novela con la que conmovió la opinión de su país y que fue traducida a los principales idiomas europeos,  y El pan de los años jóvenes (1955). La técnica narrativa del “nouveau roman” francés y las vivencias de una Alemania consumista y materialista convergen en Billar a las nueve y media (1960), Opiniones de un payaso (1963), su obra más conocida, Alejamiento (1964), Cuando estalló la guerra (1965), Final de un servicio (1966), Retrato de grupo con señora (1971), Relatos (1972) y El honor perdido de Katharina Blum (1974), en la que denuncia los abusos cometidos por la clase periodística, y que más tarde fue llevada al cine. Entre sus últimas publicaciones destacan Asedio preventivo (1970) y Mujeres ante un paisaje fluvial (1985). Y como dijo el escritor cristiano anarquista: “Me aburren los ateos: siempre están hablando de Dios”. 

 

Francisco Arias Solis
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La primera condición para la paz es la voluntad de lograrla.

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