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Francisco Arias Solís

Albert Camus por Francisco Arias Solis

ALBERT CAMUS

(1913-1960)

                                                                                             

“Me rebelo, luego existo.”

Albert Camus.

 
LA VOZ DE UN HOMBRE REBELDE

 

Simone de Beauvoir  en sus Memorias recuerda la persona de Camus de esta manera: “Era sencillo y alegre. Su buen humor no desdeñaba las bromas inocentes: así llamaba Descartes al camarero del Café Flora, que se llamaba Pascal, pero él se lo podía permitir, pues el encanto personal, que eran resultado de una afortunada dosis de vagancia y de aplicación, le preservaba de la vulgaridad”.

 

Camus es uno de los escritores europeos modernos que ha gozado en el mundo de mayor influencia y difusión. Como escritor comprometido participó activamente en la Resistencia y fue uno de los fundadores del periódico clandestino Combat, del que fue director y editorialista. Es característica de su pensamiento la afirmación del absurdo constitutivo de la vida y de la naturaleza del ser humano, simbolizado en el mito de Sísifo (El mito de Sísifo, 1942), eternamente condenado a la tarea de empujar hasta la cima del mismo monte la piedra que retrocede una y otra vez. Esta concepción del mundo le emparienta con el existencialismo de Jean-Paul Sartre y su definición del hombre como pasión inútil. Dicho pensador, sin embargo, mantuvo una áspera polémica en contra de Camus, principalmente motivada por su distinta posición ante los problemas políticos. También existen profundas divergencias con Sartre en el campo de su filosofía moral o ética, pues Camus no deduce como Sartre, de la absurdidad del hombre una posición escéptica o angustiosa. Para Camus, ateo como Sartre, hay un ideal que salvaguarda los más altos principios morales y que se hace sentir con tanta mayor evidencia cuanto más absurdo es el mundo.

 

Albert Camus nació en Mondovi, Argelia, el 7 de noviembre de 1913. Hijo de un modesto agricultor,  Lucien Camus.  Su madre, Catalina Sintes, era menorquina, y según la descripción que de ella hace Albert Camus, se rompía los huesos fregando los suelos de las casas de familias ricas. “Yo no  he aprendido el marxismo en los libros –escribiría más tarde Camus-, lo he aprendido en el dolor y en la miseria”. El escritor francés pasó su infancia y gran parte de su juventud en Argelia, estudió Filosofía en la Universidad de Argel, no pudiendo, por razones de salud, concluir sus estudios. Se dedicó entonces al periodismo después de un corto periodo de participación en un grupo teatral.  Funda en Argel el Teatro del Trabajo. Abandona el Partido Comunista del que era afiliado. En 1940 fijó su residencia en París y trabaja como secretario de redacción en el diario Paris-Soir. En 1948 se introduce en el movimiento libertario y Camus pasa a escribir en publicaciones anarquistas. Su pareja sentimental fue María Casares, hija de Santiago Casares Quiroga, Ministro y Jefe de Gobierno de la Segunda República Española. En 1957 obtuvo el Premio Nobel de Literatura. Albert Camus muere en un accidente de automóvil cerca de Le Petit-Villeblin, el 4 de enero de 1960. Pocos días antes,  había escrito: “No conozco nada más idiota que morir en un accidente de automóvil”.

 

 Las etapas de su carrera literaria van desde el absurdo (cuya mejor representación es su novela El extranjero, 1942, y su obra de teatro Calígula, 1944) al humanismo (en su novela La peste, 1947) y a la rebeldía total (en El hombre rebelde, 1951). Sus dos famosas novelas El extranjero y La peste están situadas en Argel. En ellas nos muestra lo absurdo de la existencia humana que ya había definido en su ensayo El mito de Sísifo. Pero este absurdo de la vida sin sentido no le lleva al suicidio o a la búsqueda del más allá. En El extranjero lo contempla indiferente y pasivamente; en cambio, el doctor Rieux de La peste se rebela ante el sufrimiento del hombre y busca la salida para mitigar dicho sufrimiento. En El hombre rebelde medita sobre esta rebeldía ante la conciencia de lo absurdo y de la nada, es decir, ante el aniquilamiento de los valores humanos.

 

Entre las numerosas obras de Albert Camus también citaremos  los ensayos: El derecho y el revés (1937),  Bodas (1938) y Cartas a un amigo alemán (1945);  novelas y relatos: La caída (1956) y El destierro y el reino (1957); obras teatrales El malentendido (1944), El estado de sitio (1948) y Los justos (1949); y adaptaciones: Réquien por una mujer, de Faulkner (1957), y Los endemoniados de Dostoivski (1959). Tradujo al francés La devoción de la cruz,  de Calderón y El caballero de Olmedo, de Lope de Vega. En 1953 se publicaron con el título de Carnets, sus notas de diario, escritas de 1935 a 1942, y en 1994 la novela en que trabajaba cuando murió, El primer hombre.

 

Albert Camus en su discurso,  al serle entregado el Premio Nobel de Literatura,  nos dejó dicho que el escritor “por definición, no puede ponerse al servicio de quienes hacen la historia, sino al servicio de quienes la sufren”.

 

Francisco Arias Solis
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Se ama la libertad como se ama y se necesita el aire, el pan y el amor.
 


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Gracias

 

Montaigne por Arias Solis Francisco

MICHEL DE MONTAIGNE

(1533-1592)

 

“La conciencia hace que nos descubramos,

 que nos denunciemos o nos acusemos a nosotros mismos,

 y a falta de testigos declara contra nosotros.”

Michel de Montaigne.  

 

LA VOZ DEL PADRE DEL GENERO ENSAYISTICO
 
Sin plan, ni método, oscilando entre cierto epicureísmo y el  escepticismo que le era propio, Montaigne lleva a cabo en sus Ensayos una serie de lúcidas reflexiones acerca de cuanto lee y observa, empezando por sus propias motivaciones, que han tenido una enorme influencia en el posterior pensamiento universal y que le confirieron un lugar de honor en la historia de la literatura por su contribución fundamental al género ensayístico. Montaigne no sólo es uno de los escritores franceses más grandes, sino que representa excelentemente un aspecto de las postrimerías del Renacimiento: la fusión del humanismo con el análisis moral de los clásicos. Su éxito, no tan grande en los países católicos y en Alemania, fue considerable en Inglaterra, donde traducido desde 1603, hizo surgir toda una escuela de moralistas y popularizó el ensayo.

           

Michel Eyquem de Montaigne o Michel de Montaigne nació en el castillo de Montaigne, Périgord, el 28 de febrero de 1533 y falleció en Burdeos el 23 de septiembre de 1592. Hijo de unos ricos comerciantes que, gracias a su dinero, se habían convertido en nobles recibió una educación humanista. Su madre descendía de una familia de judíos sefarditas españoles. Se cuenta que, en su infancia, su padre le despertaba todos los días al son de una música agradable; que aprendió el latín por métodos especiales, sin que le costara lágrima alguna, como jugando, que creció rodeado de una atmósfera tal de felicidad que, acostumbrado a ella, él mismo decía, después, que su profesión era vivir muelle y regaladamente, para disfrutar doble de lo que suelen los otros. Fue magistrado del Parlamento de Perigueux y de Burdeos, cargo éste último al que renunció en 1570 para dedicarse al estudio y a la escritura, aunque continuaría con actividades de índole política. En 1580 emprende un viaje por Francia, Alemania, Austria, Suiza e  Italia, escribiendo un diario detallado, Diario de viaje, que no vio la luz hasta 1774. Estando en Roma,  es nombrado, como antes su padre, alcalde de Burdeos, ciudad donde la peste hace estragos. Le piden que regrese, y él contesta que sería temerario, y que si quieren, irá a discutir con ellos, lo que puede hacerse, no en el mismo Burdeos, sino en un pueblo cercano donde la peste no existe, después de lo cual les desea muchos años de vida y de felicidad. A pesar de este modo de ejercer el cargo, es reelegido al cabo de dos años. Cuando toda Francia arde en guerras de religión y todo el mundo quiere convertirse en famoso hombre de guerra, él , tras cortos ensayos de vida militar, se encierra en su castillo y se esfuerza en ser hombre de paz, que lee tranquilamente sus clásicos latinos. Hasta del estudio hace un mero placer, algo practicado sin esfuerzo, para entretenerse. Así escribe sus Ensayos famosísimos, como quien juega, y les pone un brevísimo prólogo  que acaba diciendo que si él fuera uno de los habitantes de aquellas naciones que se dice viven aún “en la dulce libertad de las primeras leyes de la naturaleza”, asegura que se hubiera pintado a sí mismo en su libro “de cuerpo entero y completamente desnudo”. Por lo tanto, como “él mismo es la materia de este libro”, no hay razón, dice, para que el lector emplee sus ocios en un asunto tan frívolo y vano. “Adiós, pues” son sus últimas palabras. Pero el lector no se va, no suelta el original libro, y sigue de sorpresa  en sorpresa, como cuando, al tratar de los libros, dice Montaigne  campechanamente: “yo soy hombre de alguna lectura, pero de ninguna retentiva”; “el que me hallen en flagrante ignorancia no me afecta para nada, porque apenas respondería yo a otra persona de mis discursos, cuando ni a mí puedo responder de ellos, ni me dejan satisfecho”, “reconocer la propia ignorancia es una de las más hermosas y seguras pruebas del buen juicio que yo hallo”. Claro que después resulta que ni el autor carece en absoluto de retentiva, ni es ningún ignorante, pues los autores que juzga lo demuestran. Lo que él desea es “pasar dulce y no laboriosamente lo que le resta de vida, y no quiere romperse la cabeza por nada, ni por la ciencia, aunque la tenga en mucho”.

 

Su obra maestra son sus Ensayos comenzados en 1571, cuya primera edición es de 1580, a la que realiza  constantes correcciones que aparecen en las sucesivas ediciones de la obra, hasta la edición definitiva, póstuma,  en tres volúmenes preparada por  su admiradora Marie de Gournay y Pierre de Brach, que data de 1595. A través de sus Ensayos va decantando un ideal de vida conforme a la naturaleza que implica la eliminación de la inquietud producida por la ambición, la consideración de todas las cosas como transitorias y el cumplimiento de las leyes para evitar los males mayores que produce la rebelión contra ellas; todas estas normas constituyen el ideal moral de Montaigne y no tienen otro sentido que el de contribuir a la felicidad individual, que es la única felicidad efectiva y concreta frente a pretendidas grandezas y engañosas abstracciones. En su obra se reflejan con vigor y claridad los caracteres del subjetivismo y del humanismo del siglo XVI, unidos a un escepticismo  que nace del descubrimiento de la insignificancia de los seres humanos, que se estiman superiores al resto de las cosas y olvidan los vínculos que les unen a la naturaleza. Y como dijo el ensayista francés: “Los libros son el mejor viático que he encontrado para este humano viaje”.

 

Francisco Arias Solis
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El futuro se gana, ganando la libertad.

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Edward Young por Arias Solis Francisco

 

 

EDWARD YOUNG

(1683-1765)

 

“Sólo el hombre que nada espera

 es verdaderamente libre.”

Edward Young.

             

LA VOZ DEL PRECURSOR DEL ROMANTICIMSMO INGLES

 

Young, uno de los mayores precursores británicos del romanticismo, no pasó de conseguir al principio, con sus odas y tragedias, un éxito mediano; pero luego, después de haberse ordenado, se convirtió en poeta religioso y filosófico, y escribió en la soledad de su presbiterio Las Noches (que éste fue el título adoptado en nuestro país), obra publicada entre 1742 y 1745, y que tuvo su momento de celebridad no sólo en Inglaterra, sino en toda Europa. En España mismo se popularizaron; pero hoy, aun en Inglaterra, su fama no pasa de ser un dato curioso para la historia literaria. La obra es una serie de meditaciones, sobre la vida y la muerte, la virtud, la fe, etc., expresadas en estilo fúnebre, como inspiradas por el fallecimiento de la esposa del autor.

 

Edward Young nació en Upham, Hampshire, el 3 de Julio de 1683. y falleció  en Welwyn, Hertfordshire, el 5 de abril de 1765. Hijo del deán de Salisbury, estudió Derecho en Oxford y, tras trabajar como abogado, se ordenó sacerdote, siendo capellán del rey  Jorge II  (1728) y rector de Welwyn (1730). En 1731 contrajo matrimonio con  lady Elizabeth, hija del conde Lichfiel y viuda con una hija.

 

Su primera publicación fue de The Last Day (El último día) (1713), poema escatológico sobre el juicio final, dedicado a la reina Ana. En 1714 publicó el poema La fuerza de la religión. Gracias a la protección del duque de Whatson, estrenó en Londres sus tragedias Busiris (1719) y La venganza (1721), que por su pasión y sus finales con suicidio presentan características románticas. No consiguió, sin embargo, ventajas materiales de su fama como escritor ni logró triunfar en la política. Esto encaminó su pluma hacia la sátira; escribe La pasión universal: el amor a la fama (1725-1728), que hubiera merecido mejor fama con la crítica de no haber aparecido en esos años la obra de Pope, superior a ella en todos los aspectos. En 1740 murió su esposa y con escasa diferencia de tiempo su hija natural Narcissa. Esto le inspiró el poema, al que debe su fama, conocido como Las Noches, pero cuyo largo título es Lamentos o pensamientos nocturnas sobre la vida, la muerte y la inmortalidad, una meditación prerromántica ante la tumba. Sus casi 10.000 versos están distribuidos en nueve noches  y su influencia fue muy grande tanto por la novedad de su forma, largas series de versos blancos, como por la posibilidad de combinar sentimientos personales de pasión y melancolía con la instrucción moral y el canto a lo sublime. Estas nueve largas meditaciones en verso libre sobre la vida, la muerte, la inmortalidad, la virtud, la amistad, la fe,  contenían grandes ideas, expresadas a veces con un vigor patético, con una solemnidad fúnebre que tuvieron una larga resonancia en las almas de su tiempo y aseguraron a Young un inmenso éxito en toda Europa. Young fue traducido al español al menos, tres veces durante el siglo XVIII e influyó en Cienfuegos, en las Noches lúgubres, del gaditano José Cadalso, y en poemas de Meléndez Valdés como “La noche y la soledad”. Young también tuvo mucho éxito con su ensayo sobre la libertad de creación del poeta Conjeturas acerca de la originalidad en la composición (1759). Y como dijo el poeta inglés: “Los hombres creen que todos  los hombres son mortales, menos ellos”.  

 

Francisco Arias Solis
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Por esa libertad bella como la vida.

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Mallarmé por Arias Solis Francisco

STÉPHANE MALLARMÉ

(1842-1898)

 

tú que, más que los muertos, sabes lo que es la nada

“Pido a tu lecho el sueño sin sueños ni tormentos

con que duermes después de tu engaño, extenuada,

tras el telón ignoto de los remordimientos ,

tú que, más que los muertos, sabes lo que es la nada”.

 Stéphane Mallarmé.

 

LA VOZ DEL SIMBOLISMO

 

De 1866 a 1876 publicó el editor Lemerre las tres series del llamado Parnasse contemporain y estas antologías contenían composiciones de Leconte de Lisle, Villiers de l’Isle-Adam, Coppée, Verlaine, Mallarmé, Glatigny, Armand Silvestre... No unía a estos poetas otro lazo que el respeto que les inspiraba el que aparecía como jefe, Leconte de Lisle, y el odio que todos sentían por la vulgar negligencia en el arte de versificar. Como era natural en una agrupación  tan compleja, tan heterogénea, aparecieron pronto las divergencias. Los que se consideraron como herederos de Baudelaire, en cuya imitación se habían formado (Villiers de l’Isle-Adam, Verlaine y Mallarmé), siguieron su natural inclinación y se convirtieron, con muy diversos matices en los maestros del simbolismo. La calificación de parnasianos quedó reservada, sin saber por qué razón, para los que sin poseer un programa literario común, permanecieron fieles (aunque tomaron por distintos caminos), a Gautier, Banville y Leconte de Lisle, unidos en una misma sujeción a una belleza que consideraba como obligatoria la exactitud en la forma poética, sin que se perdonara la menor caída o libertad poética, el menor ripio. Tenemos, pues, a los poetas franceses de la mencionada época divididos en parnasistas y en simbolistas.

 

Mallarmé, que está considerado como uno de los grandes poetas del siglo XIX y el antecedente claro de las vanguardias de los primeros años del XX,  produjo una obra no muy voluminosa pero considerada como fundadora de una escuela: el simbolismo. Sus primeras poesías, escritas en el estilo de Charles Baudelaire y que reflejan la influencia del Parnaso, contienen, no obstante, los temas que desarrollaría en su obra madura. Tras la publicación de diez de estas composiciones en el Parnaso contemporáneo (1866), dio comienzo a la creación de una poética nueva con Herodías (1869), donde se propone describir “no la cosa, sino el efecto que esta produce”. En las reuniones de los martes con sus amigos se va constituyendo la nueva escuela, cuya aparición pública se fecha en 1876 con la publicación de La siesta de un fauno (poema que sirvió de inspiración al músico Claude Debussy), y cuyos presupuestos implican alcanzar la poesía pura y el absoluto a través de las relaciones simbólicas, antes que lógicas, lo enigmático y la ensoñación. La obra de Mallarmé que él consideraba como un único “libro”  -que a su muerte quedó inconcluso-, que se caracteriza por una exigencia casi ascética para crear un lenguaje y una sintaxis que permitieran ese camino, desembarazando al texto de todo arraigo en lo histórico y dotándolo de una fuerte estructura ontológica. Son característicos en ella la brevedad, la oscuridad, la exquisitez formal, un fondo vagamente insinuado y el experimento tipográfico. Para ser del todo justo con Mallarmé hay que conceder que, en rigor, hay en él dos poetas: uno harto sutil, pero claro, y otro incomprensible, oscuro. Opto por el primero. El segundo ya lo calificó el mismo: “callejón sin salida”.

 

Stéphane Mallarmé, bautizado con el nombre de Étienne Mallarmé, nace en París el 18 de marzo de 1842 y muere en Valvins el 9 de septiembre de 1898. A la muerte de su madre, cuando contaba con cinco años de edad, fue tutelado por sus abuelos. La muerte de su hermana María le marcó profundamente. En 1862, conoce a María Gerhard, joven alemana, con la que se va a vivir a Londres, para prepararse como profesor de inglés. Se casa con  María en agosto de 1863. Profesor de inglés en el liceo Condorcet  de Tournon  y traductor de Willian Beckford y Edgar Allan Poe. En 1871 se instala en París. El 8 de septiembre de 1898 sufrió un espasmo de laringe. Pidió a su mujer y a su hija que destruyeran sus escritos, diciendo: “No tengo herederos literarios...” Al día siguiente, por la mañana, murió.

 

Entre su producción destacan: Los dioses antiguos (1880), Poesías (1887), Páginas (1890), Verso y prosa (1892), Divagaciones (1897) y Una tirada de dados nunca abolirá el azar (1897). En 1899 apareció una edición póstuma de sus Poesías completas. Su obra y sus teorías tuvieron gran influencia en dadaístas, futurístas, herméticos y “poetas visuales”. Y como dijo la voz del simbolismo: “ Los versos no se hacen con ideas, sino con palabras”.

 

Francisco Arias Solis
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Paz y libertad. 


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Dante por Arias Solis Francisco

DANTE ALIGHIERI

(1265-1321)

 

“Y no existiendo en mí fin ni mudanza

nada me precedió sino Dios mismo.

Los que entrasteis perded toda esperanza.”

Dante Alighieri.

                                                                                                             

LA VOZ DE LA VISION DANTESCA

 

De Dante, una de las más importantes figura de la literatura universal,  ha escrito el excelente crítico y erudito profesor inglés Edmund Gardner que no sólo es “el supremo poeta de la nación italiana, sino tal vez la mayor figura surgida en la literatura mundial”. Y añade luego: “Dante Alighieri es el símbolo de aquella esencial e inquebrantable continuidad entre la  Roma clásica y la Italia moderna. Es él, hasta cierto punto, el intérprete de su pasado y el profeta de su futuro. No es sólo su más alto poeta, sino el héroe nacional de Italia. Hombre de acción, tanto como de pensamiento, luchó en medio de torbellino de la política de su tiempo para llevar lo que constituía su sueño desde la esfera de las ideas a la de los hechos; primero, el sueño de la ciudad-estado, por el cual tan virilmente peleó dentro de las murallas de Florencia, “la más bella y más famosa hija de Roma”, y luego, cuando, en 1302, salió para el destierro bajo la amenaza de una pena de muerte, si regresaba, y sus ojos se abrieron ante un horizonte político más vasto, aquel otro sueño de una restaurada unidad de civilización en un renovado imperio romano, sueño de paz y de libertad para todos los hombres, en el cual Italia había de representar el papel de directora. Por ello ha podido decirse que Dante murió entonces para Florencia, y resucitó convertido en un ciudadano de Italia”.

 

Dante Alighieri nació en Florencia el 14 de mayo de 1265 y falleció en Rávena el 14 de septiembre de 1321. De familia güelfa; muy pronto intervino en la política de su ciudad natal. En 1300 fue uno de los priores de la ciudad; pero en 1302 fue condenado al destierro por orden de Corso Donati y luego fue condenado a muerte en rebeldía. Viajó por toda Italia, estableciendo su residencia en Verona y finalmente en Rávena, hasta su muerte.

 

Habla el mismo Dante en su Divina Comedia (Purgatorio) del “dolce stil nuovo”, porque ese estilo en la poesía era distinto del usado hasta entonces por los poetas cultos, que tendían a la imitación provenzal. El primer gran maestro  de esta escuela poética, llevada después a la perfección por Petrarca, fue Dante, en sus poesías de la Vita Nuova, obra en que se mezclan la prosa y el verso o, mejor dicho, en la que la prosa no es más que un pretexto para ir presentando por orden cronológico una serie de composiciones que cuentan la historia del amor que le inspiró Beatriz, aquella Beatriz que tanto se ha discutido si fue símbolo o mujer real: la hija del caballero de Florencia Folco Portinari. Al fin, parece haberse inclinado la opinión general a que fue una realidad, idealizada por Dante, y que verdaderamente se trataba de Beatriz Portinari, a quien el poeta conoció  y amó desde niño, la cual, después de casarse, no con él, sino con un noble florentino, murió en 1291, a los veinticuatro años de edad.

 

Ni todas las composiciones de la Vita Nuova son del “stil nuovo” ni en aquella obra figuran todas las poesías líricas de Dante. Varias fueron excluidas por aludir a otra mujer (Pietra), amada menos espiritualmente, y diversas canciones estaban destinadas a formar parte de la obra el Convivio.

 

En los comienzos de su destierro empezó a escribir Dante dos obras en prosa que dejó sin acabar: De vulgari eloquentia (por los años de 1304) y el Convivio (alrededor del año 1307). Trata la primera de la lengua italiana y del arte de la poesía y la segunda es hija del propósito de poner al alcance de todos la filosofía escolástica. Con tales trabajos mezclaba otros escritos en latín, como el tratado acerca de Monarchia (hacia el año 1313), y ya cerca del final de su vida, dos poemas pastoriles.

 

Nada se sabe con toda seguridad acerca del año en que comenzó a escribir La Divina Comedia, poema alegórico del que mismo autor dijo que “el asunto de toda la obra, ateniéndose solamente a la letra, es el estado de las almas después de la muerte; pero tomando aquella letra en sentido alegórico, el asunto es el hombre, que por su libre albedrío, va con sus méritos o sus deméritos a presentarse frente a la Justicia, para recibir la recompensa o el castigo”. La Divina Comedia, considerada una de las obras cumbre de la literatura universal, está compuesta por cien cantos escritos en tercetos endecasílabos y se divide en tres partes: el Infierno, el Purgatorio y el Paraíso. El poema, con una estructura perfectamente calculada en función del número tres, símbolo de la Santísima Trinidad, nos relata el viaje imaginario que el poeta, a la edad de treinta y cinco años, realiza a los reinos de ultratumba, acompañado por Virgilio en su recorrido por el Infierno y el Purgatorio, y por Beatriz en el del Paraíso, aunque en los últimos cantos le acompaña san Bernardo.

 

En Dante se hace todo cuestión personal. Por eso su afirmación dramática toma acento predominantemente lírico, haciendo una epopeya del misterio humano del alma: o sea, de aquello que es exclusivamente personal de todos y cada uno de nosotros. Por eso es el mayor poeta, el más excepcional y único. Es,  como si dijéramos, el santo de los santos de la poesía. Mostrándonos esa triple fisonomía de su personalidad humana, inseparable de su personalidad poética: la de solitario, soñador y desterrado eterno.

 

¿Cómo  se nos manifiesta la visión dantesca?  Desde luego por la poesía, por su propia poesía. Todo el Infierno de Dante, tan poblado de numerosísimos habitantes, se nos manifiesta con plenitud de mal o de males. Y  ese inmenso conjunto de visibles o invisibles figuraciones podemos decir que nos llena, efectivamente, de espanto y de horror, o de espantos y horrores. Si de una manera material el Infierno de Dante pudiera visitarse como otro de los tantísimos lugares de turismo artístico en Italia, seguramente el número de turistas curiosos, sería muchísimo mayor en él que si pudiesen visitarse del mismo modo los otros lugares del poema: el Purgatorio y el Paraíso.

 

La  voz humana del poeta del “dolce stil novo” se hace voz divina,  en la Divina Comedia.  La voz del solitario, desterrado, soñador, creador de la visión dantesca nos deja un mensaje de amor, de piedad, de esperanza. Y como dijo mayor de los poetas: “Soy yo quien me hablo a mí y ante la bella / membranza de Beatriz, todo destella / y lo entiende mi mente iluminada”.

 

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Paz y libertad. 


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Alberto Moravia por Francisco Arias Solis

ALBERTO MORAVIA 
(1907-1990)

 

“Una dictadura es un estado en el que todos

 temen a uno y uno a todos.”

Alberto Moravia.

 

 

LA VOZ DE LA NARRATIVA NEORREALISTA

 

Según Alberto Moravia, la enfermedad que le retuvo largo tiempo en la cama, en su primera juventud, ofreciéndole la oportunidad de profundizar en la lectura a la vez que le daba un punto de mira con el que desarrollar su capacidad de análisis, y el fascismo, que le obligó a la clandestinidad y la rebelión, son los hitos sobre los que asentó su vida y su personalidad. En opinión de Moravia la personalidad no se consigue por la libre voluntad, sino combatiendo aquellas circunstancias que nos vienen impuestas.

 

Su prosa desnuda y realista, fiel instrumento de una capacidad analítica, le sitúa como a uno  de los grandes maestros del realismo contemporáneo. Sus obras muestran la impronta del realismo francés junto con influencias kafkiana y freudianas, y hay en ellas un marcado interés por la investigación psicológica. Con fina ironía y lenguaje a veces crudo, hizo una crítica despiadada de la sociedad burguesa, dominada por el aburrimiento y el sexo y privada de conciencia moral.

 

Alberto Moravia, pseudónimo de Alberto Pincherle, nació en Roma el 28 de noviembre de 1907 y falleció en la capital italiana el 26 de septiembre de 1990. A los dieciséis años enfermó de tuberculosis y en su larga convalecencia leyó con voracidad todo tipo de literatura. Comenzó a escribir, siendo muy joven, en la revista Novecento. Opuesto al fascismo, marchó a EE. UU. al iniciarse la campaña de Etiopía. Aunque sobresalió en la novela cultivó también el ensayo, la crítica y el periodismo, colaborando entre otros medios de comunicación en Il Corriere della Sera. En 1941 se casó con la gran novelista Elsa Morante. Varias de sus novelas fueron llevadas al cine, y en 1952 todas fueron incluidas en el Índice de libros prohibidos. Alberto Moravia representó a Italia en el Parlamento Europeo desde 1984 hasta su muerte. 

 

Con Los indiferentes (1929), Alberto Moravia alcanza una pronta fama. Sus personajes suelen actuar sin ataduras morales o religiosas, mostrando una realidad ante la que se empeñan en asombrarse aquellos críticos que no conciben esta libertad. Libertad, por otra parte tan extendida entre la juventud italiana. En Los indiferentes muestra la indiferencia político-social de la juventud de entreguerras. Entre su producción destacan también: La mascarada (1941), acerca de una supuesta dictadura mexicana  por las autoridades fascistas, Agostino (1944), una de sus obras más logradas, que trata de la evolución vital de un adolescente dentro de la “buena sociedad” corrupta, La romana (1947), con la misma ambientación en la que una sencilla muchacha sucumbe ante las presiones e intereses inmorales, La esperanza o cristianismo y comunismo (1945), La desobediencia (1948), en que se analiza la hipocresía social, El conformista (1951), El desprecio (1954), Cuentos romanos (1954-1959).  A partir de El tedio (1960), que fue un gran éxito, su obra adquiere una nueva orientación experimental y un mayor contenido sexual, como en La atención (1965), Yo y él (1971) y El hombre que mira (1985).  Y como dijo el notable novelista del realismo: “Curiosamente, los votantes no se sienten responsables de los fracasos del gobierno que han votado”.

 

Francisco Arias Solis
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Si quieres la paz, trabaja por la justicia.

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Papini por Francisco Arias Solis

GIOVANNI PAPINI 
(1881-1956)

 

“Todo hombre paga su grandeza

con muchas pequeñeces, su victoria

con muchas derrotas, su riqueza

con múltiples quiebras.”

Giovanni Papini.

 
LA VOZ DE UN  ESCRITOR CONTROVERTIDO

 

Polémico escritor italiano, Papini es contradictorio en su vida y en su obra. En sus más de sesenta obras defiende unas veces el cosmopolitismo y otras el nacionalismo; en unas, el arte por el arte, y en otras, el arte como fenómeno social; en unas, la cultura libre y en otras, la ideología estatal. Todos eran temas en litigio en la Italia de entreguerras. En sus ideas religiosas, pasó del agnosticismo a un catolicismo rebelde e independiente. Por ejemplo, sus ideas sobre el mal, que desarrolla en su libro El diablo (1953), llegaron a causarle problemas con el Vaticano. Autor polémico, paradójico, intransigente y combativo, fundador de diversas revistas –Il Leonardo (1903),  con Giuseppe Prezzoline, La voce (1908), Anima (1911) y Lacerba (1913), esta última fundada con Ardengo Soffici- y agrupaciones de agitación cultural 

 

Giovanni Papini nació en Florencia el 9 de enero de 1881 y falleció en la misma ciudad el 8 de julio de 1956. Hijo de un modesto comerciante de muebles, tuvo una formación autodidacta, obtuvo el título de maestro y trabajó como bibliotecario en el Museso de Antropología de Florencia. En 1903 se convierte en redactor jefe del diario Regno. En 1921 se convierte al catolicismo. En 1935 obtuvo la cátedra de literatura italiana en la Universidad de Bolonia y en 1937 fue nombrado académico.

 

En la época de La voce, Papini acogió el movimiento futurista con cierto entusiasmo. En Il mio futurismo, confiesa: “Me adherí al futurismo creyendo encontrarme con hombres verdaderamente nuevos y libres que se proponían una efectiva renovación del arte italiano, del espíritu italiano. Al cabo de un año advertí que había caído en una iglesia, academia o secta más pintoresca que las demás, donde se buscaba la fe antes que la libertad, el ruido antes que la creación, la obediencia a la ortodoxia más que la riqueza de la exploración”.

 

Giovanni Papini se expresó por medio de todos los géneros literarios, a excepción del teatro. Filosofía: Crepúsculo de los filósofos (1906). Autobiografía intelectual: Un hombre acabado (1912). Poesía: Opera prima (1917) y Pane e vino (1926). Prosa lírica: Cento pagine di poesía (1915). Prosa narrativa: Concerto fantastico, Vita de Michelangelo (1943), Sant’ Agostino (1929), Historia de Cristo (1921) y El juicio universal (1949). Obras cumbres y originalísimas, en torno a las que se han levantado inolvidables polémicas, son Gog (1931) y El diablo (1953). Escribió también una Historia de la literatura italiana. Y como dijo el polémico escritor italiano: “Temo a un solo enemigo que se llama, yo mismo”.

 

Francisco Arias Solis
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El futuro se gana, ganando la libertad.

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Gracias.

Pascual Pla y Beltrán por Arias Solis Francisco

PASCUAL PLA Y BELTRÁN
(1908-1961)

 

“Sabed, oid, sabed que en pura llama

se cruza un pueblo erguido a golpe duro:

¡la voz de España humedecida clama

y en fuego y sangre se abre hacia el futuro!”

Pascual Pla y Beltrán.

 

 

LA VOZ AL SERVICIO DEL PROLETARIADO ESPAÑOL

 

Si bien en sus primeros libros La cruz de los crisantemos (1929)  y Huso de la eternidad, resuenan las corrientes neopopulares y deshumanizadas que soplaron en los años veinte, con la publicación de Narja (1932) se convierte, sin excesivas preocupaciones artísticas, en el primer poeta que, fiel a las consignas del Partido Comunista, puso su pluma y su voz al servicio del proletariado español.

 

Pascual José Pla y Beltrán nació en Ibi, Alicante, el 11 de noviembre de 1908  y falleció en Caracas, Venezuela, el 24 de febrero de 1961. Hijo de un jornalero y de una lavandera, tuvo una infancia difícil, en un hogar de muy escasos recursos económicos. Con sólo siete años fue pastor como Miguel Hernández. Al separarse sus padres, Pla y Beltrán, con sus tres hermanas, se quedan con la madre. Cuando tenía once años de edad, la familia se traslada a Alcoy, e intenta trabajar en varios oficios, entre otros, el de hilador mecánico que le ocasionaría daños a su salud. Se traslada a Valencia, donde procura pasar mucho tiempo en bibliotecas y en tertulias literarias y acude a una escuela nocturna. Escribe algunos poemas que envía a los diarios valencianos. Publica su primera obra,   La cruz de los crisantemos, con veintiún años. Funda la revista Murta, en 1931, en la que colaboraron, entre otros, Vicente Aleixandre, Pedro Garfias y Luis Cernuda. Ingresa en las Juventudes Comunistas, lo que le supone que sea encarcelado. A su salida de la prisión ingresa en el Partido Comunista y en la Unión de Escritores y Artistas Proletarios. En 1933 tienen lugar,  en la provincia de Cádiz,  los sucesos de  Casas Viejas, uno de los episodios más importantes y trágicos de la Segunda República Española, que simboliza  el martirio que sufrieron los jornaleros andaluces sin tierra y que  motivaron los versos que Pla y Beltrán  publicaría en la revista Octubre. También la frustrada revolución asturiana de 1934, que inspiró el Llanto de octubre de Emilio Prados, la obra teatral de Miguel Hernández Los hijos de la piedra y los poemas de La rosa blindada de Raúl González Tuñón aparece con frecuencia en la obra de Pla y Beltrán: “¿Era octubre, / o era el frío quien deshojaba rosas de nieve en nuestros hombres? / Oviedo era una voz lejana, / una queja, un vientre, un eco, / un lamento de niño de ojos de estopa y lengua de luna”...

 

Sus publicaciones posteriores a Narja, se sitúan en parecida línea Epopeya de sangre (1933), Hogueras en el sur (1935), Voz de la tierra (poema en rebelión) (1935), Camarada. Poema del amor y la angustia (1936),  Poesía revolucionaria (Antología 1932-1936) (1936) y, con el seudónimo de Pablo Herrera, Poesía (1947).

 

Durante la guerra civil colaboró en el Mono Azul, Ataque, Nueva Cultura y Hora de España. Viajó a Finlandia, Suecia, Dinamarca, Francia y la URRS. Impresionado por su viaje a Moscú, escribió  el poema “Salud, Moscú”, que fue publicado en la prestigiosa revista Hora de España. Participó en el II Congreso de Escritores convocado por la Alianza Internacional de Intelectuales Antifascistas, que reunió en Valencia, en julio de 1937, a José Bergamín, Corpus Barga,  Antonio Machado, Pablo Neruda, Fernando de los Ríos,  Ramón J. Sender, Vicente Huidobro, Carlos Pellicer,  Octavio Paz, Elena Garro, Nicolás Guillén, Iliá Ehrenburg,  Bertolt Brecht, Anna Seghers, Heinrich Mann, André Malraux, Louis Aragon, Alejo Carpentier, César Vallejo, Rafael Dieste, Rafael Alberti, John dos Passos, Julien Benda, Martín Andersen-Nexö, Stephen Spender, Tristán Tzara, Emilio Prados, María Teresa León, Arturo Serrano Plaja, Juan Gil-Albert, Herrera Petere, Lorenzo Varela, Miguel Hernández, Ramón Gaya, Juan Marinello, Ludwig Reen,  André Chamson, Jef Last, Malcolm Cowley, Feedor Kelyin, etc.

 

Encarcelado al final de la guerra hasta 1946,  le hicieron sufrir hasta un simulacro de fusilamiento. Rabiosamente perseguido después, tuvo que publicar sus libros con seudónimo. Al poco tiempo de salir de la cárcel muere su esposa Maruja Santacreu. En 1953 se casa con Concepción Zomeño. Dos años más tarde  consigue llegar a Santo Domingo y de allí pasar a Venezuela,  donde consiguió un trabajo en la Biblioteca Nacional de Caracas, ciudad en la que  vivió hasta su muerte.

 

Junto a Prados y Alberti hay que destacar –escribe Víctor Fuentes-, en este período, a otro poeta revolucionario, hoy prácticamente olvidado, Pla y Beltrán... De procedencia obrera, es nuestro auténtico representante de la poesía proletaria o bolchevique, según la definición de Vallejo”. Y como nos dijo el representante de la poesía del proletariado: “Íbamos adelante, / sintiendo en  nuestra piel el son oscuro, / la voz espesa de la muerte”.

 

Francisco Arias Solis
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La libertad no la tienen los que no tienen su sed.                                                           

 


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Gracias.