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Francisco Arias Solís

UN FUTURO ESPERANZADOR POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

UN FUTURO ESPERANZADOR
 “Mas otra España nace, la España del cincel y de la maza, con esa eterna juventud que se hacedel pasado macizo de la raza.”

Antonio Machado.

 PROFESION DE FE DEMOCRATICA 

Como hombre, creo en la libertad, creo que ningún sistema político basado en principios diferentes a la fraternidad humana y el amor a la libertad, tiene futuro. Creo que no se cumplirán las siniestras profecías de un mundo tecnológico y reglamentado, que el hombre encontrará en su interior los resortes necesarios para oponerse victoriosamente a cualquier criminal instrumentación de la Ciencia por la tiranía, que la razón no será sojuzgada por la fuerza, que la convicción imperará sobre la imposición. Ser hombre significa, antes que cualquier otra cosa, ser libre.

 

Como ciudadano, creo que el sistema democrático es el que ofrece mejores condiciones para convivir de manera civilizada; creo que el Estado se justifica en la medida que facilita el ejercicio igualitario de los derechos y libertades humanas, que es la plenitud de la ciudadanía. Creo en la empresa pública y que la intervención económica de los poderes públicos debe estar sometida al control democrático.

 

Como español, creo que es preciso desterrar el pesimismo nacido de nuestra penosa trayectoria nacional y encerrar para siempre nuestra historia en profundos archivos eruditos. Los errores pasados no tienen por qué permanecer impresos en la piel de nuestro país como irritantes cicatrices, ni pesar para nada en la configuración del futuro comunitario. No creo en nuestra historia; creo en un futuro esperanzador que sea el fruto de un propósito nacional compartido. Creo que la reconciliación ha de ir más allá de las últimas décadas y ser más profundo que la mera superación de un pleito político. Creo que los españoles, sin la exclusión alguna, podemos y debemos afrontar la tarea de construir un país nuevo y cada día más libre, sobre la base de partida de un gran pacto nacional integrador de todas las realidades políticas, sociales, económicas, étnicas y culturales, donde nada quede fuera de cuestión ni sobre nada pese el ayer, hasta hacer realidad el sueño del poeta: “otra España nace”. Creo que esto es posible aquí y ahora.

 Como europeo, creo que Europa no va a perecer; sino que impregnará de profundo sentido humanista las realidades, no por poco deseadas menos inexorables, que están a punto de abatirse sobre ella. Y que esas mismas realidades serán distintas a partir de entonces, porque Europa las hará diferentes y humanas. 

Tengo fe en el ser humano y en los frutos de su inteligencia. Por eso creo que el futuro, será, inexorablemente, mejor. Y como dijo el poeta: “¡A la calle!, que ya es hora / de pasearnos a cuerpo / y mostrar que,  pues vivimos, anunciamos algo nuevo”.

 

Francisco Arias Solis
e-mail: aarias@arrakis.es
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No se puede ser libre más que entre libres.

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Gracias.

CONCHA LAGOS POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

 
 
CONCHA LAGOS
(1907-2007) “Lo buscaba por el sueño.El sueño me lo traía,el sueño me lo soñaba.Lo buscaba.”Concha Lagos.  LA VOZ DE LA INTUICIÓN  “Creo que mi poesía es testimonial y ese testimonio ha procurado darlo con la autenticidad más absoluta”, escribió Concha Lagos en su “Poética” y también  que “paso a paso se propone seguir, dejando correr libremente la intuición, más adivinadora, más certera y espontánea que la razón”.  Concha Lagos fue la fundadora y sostenedora de la revista Cuadernos de Ágora, que se publicó desde noviembre de 1956 a julio de 1964, hito para la historia de la poesía contemporánea de España, como lo es también la “colección Ágora” de poesía creada por ella. Gerardo Diego, José García Nieto, José Hierro, Medardo Fraile  formaron el consejo de redacción del grupo y alentaron la tertulia los “Viernes de Ágora”, abierta de par en par, a los maestros del teatro, la novela, el cuento, el ensayo.  Concha Lagos es el seudónimo de la poetisa  María de la Concepción Gutiérrez de los Ríos y Muñoz Torrero, nacida en Córdoba, el 24 de enero de 1907. Estudió en el Colegio de las Francesas de su ciudad natal. A los trece años marchó con su familia a Madrid, donde estudió bachillerato y perfeccionó su francés en la Escuela de Idiomas de Santo Domingo. Se casó con Mariano Lagos, arquitecto y fotógrafo gallego. En 1980 recibió el Premio Ámbito Literario de Poesía  y en 1984 el Premio Ibn Zaydin, del Instituto Hispano-Árabe. Miembro de la Real Academia de Córdoba,  en 2003 recibió la Medalla de Andalucía. Concha Lagos falleció, a los cien años de edad, en la Residencia Río Salud, en Las Rozas (Madrid), el 6 de septiembre de 2007.  Según su propia confesión es vocación tardía para la poesía, publicó Balcón, su primer libro, en 1954, cuando ya contaba con una trayectoria humana: había pasado la experiencia de la guerra ya casada e iniciado su vida cultural a través de los amigos que desfilaron por el estudio de fotografía de su marido: Ortega, Gómez de la Serna, Luis Cernuda, etc. Tanto Balcón como Los obstáculos (1955) y El corazón cansado (1957) son libros de búsqueda. La poetisa ha partido de un tono intimista con acentos de Bécquer y Juan Ramón, aunque su procedencia cordobesa, como apuntara José Hierro en uno de sus prólogos, se descubre ya en su “quinta esencia popular” y en su acento “grave”.  De la inclinación de Concha Lagos hacia las canciones dan testimonio Arroyo claro (1958) y Canciones desde la barca (1963). Tema fundamental (1961) es un libro de plenitud, donde la depuración y el ahondamiento son el soporte expresivo del contenido religioso y escéptico de los poemas. Golpeando el silencio (1961) es la aportación de la poetisa cordobesa a la llamada “poesía social” de aquellos años. Para empezar (1963) está en línea existencial, más entrañada con el carácter de la escritora; también lo está Los anales (1966), libro metafísico. Después de un silencio de cuatro años, que coincide con la desaparición de la revista  poética de Concha y su colección, publicó una trilogía, calificada de obra maestra: El cerco (1971), La aventura (1973) y Fragmentos en espiral desde el pozo (1974), su arte hecho de silencios, de alusiones y símbolos da cuenta de la nostalgia de un tiempo pasado, convertido en El cerco angustioso y dramático de los años en que escribe; su intención de Aventura y superación se convierte en derrota al encontrarse con un universo hostil; el propósito final se expresa en Fragmentos en espiral desde el pozo: sólo en el cavar interior de la propia intimidad podemos encontrarnos a nosotros mismos. De sus últimos poemarios destacamos: Por las ramas (1980), Con el arco a punto (1984) y Más allá de la soledad (1984). También ha escrito relatos como  El pantano (1954), Al Sur del recuerdo (1955) y La vida y otros sueños (1969), y piezas teatrales como Después del mediodía  (1962) y Ha llegado una carta (1964).  Aunque la vida literaria de Concha Lagos transcurre en Madrid siempre se sintió atraída por el Sur, su lugar deseado. Y como dijo la poetisa cordobesa: “Enamoradamente he vuelto la cabeza, / allí, por la mañana de luz y de claveles, / con la viva alegría / del viajero que vuelve al lugar deseado”.  

Francisco Arias Solis
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La paz pide una oportunidad.

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FORO LIBRE: HOMENAJE A SALVADOR BERMUDEZ DE CASTRO

 FORO  LIBRE

ASOCIACION CULTURAL, ARTISTICA Y LITERARIA
 
Francisco Arias Solís - Presidente ~ Plaza San Severiano, 2 ~ 11007 - CADIZ
e-mail: pazylibertad@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias  “¡Quién me volviera las fugaces horas,
¡ay!, tan fugaces cuanto fueron bellas,
cuando en las playas de la mar sonora
contemplaba la luz de las estrellas!”
Salvador Bermúdez de Castro.

 
HOMENAJE DE FORO LIBRE A SALVADOR BERMÚDEZ DE CASTRO
 El próximo lunes, día 17, a las 20.00 horas, en la cafetería-restaurante El Cantábrico (Avda. Cayetano del Toro, 21 - Cádiz), la Asociación Cultural, Artística y Literaria FORO LIBRE celebrará un encuentro literario sobre la vida y la obra del poeta jerezano Salvador Bermúdez de Castro (1817-1883),   con motivo del 125º aniversario de su muerte.  En el “annus mirabilis” -1840- reunió Bermúdez de Castro, el “melancólico poeta” como le llamó Valera, sus composiciones poéticas en un volumen que tituló Ensayos poéticos, pero que contiene poemas de considerable valor –“Los deleites”, “Los astros y la noche”, “La eternidad de Dios”, “La libertad”, “La muerte” , “El pensamiento”-, por los cuales merece ser contado entre los mejores poetas de aquel periodo, aunque el olvido ha caído injustamente sobre su obra. En sus poemas puede ejemplificarse la evolución desde las formas desatadamente románticas y del medievalismo caballeresco hasta el reposo, la serenidad y el intimismo melancólico. El pesimismo escéptico inspira muchas de sus composiciones. “Tal vez –dice Bermúdez de Castro- en estos ensayos hay algunos que son tristes muestra de un escepticismo desolado y frío. Lo sé, pero no es mía la culpa; la culpa es de la atmósfera emponzoñada que hemos respirado todos los hombres de la generación presente”.  El gobierno francés premió a Salvador Bermúdez de Castro, duque de Ripalda, con la gran cruz de la Legión de Honor. Representó en las Cortes el distrito de Algeciras. Fue nombrado ministro de Nápoles. Embajador en París y senador. Residente en Roma en los últimos años de su vida, fue restaurador de la famosa villa Farnesina, propiedad del rey de Nápoles, que se la había cedido en enfiteusis. Gracias al esfuerzo de este ilustre jerezano no se han perdido los frescos de Rafael y de otros insignes pintores de la villa Farnesina, celebérrima en el arte.  El poeta jerezano enriqueció la poesía de su tiempo en el tema de la naturaleza, cantando su amor a Andalucía, como otros poetas, hicieron en sus regiones respectivas, e interpretó los acontecimientos de su época a la luz de las ideas y los problemas europeos, lo cual le diferencia de sus colegas contemporáneos, en quienes predomina la nota nacional y sentimental. Formó parte del grupo de jóvenes que se sentían entusiasmados por la revolución literaria de 1835, sirviendo de modelo a otros poetas que dieron impulso a la nueva escuela.  No hagamos las paces con la guerra, ni tampoco levantemos guerras con la paz.
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MARIA HORE LEY POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

 

MARIA HORE LEY

(1742-1811) 

“Si la mano no ociosa

  a la labor aplica,

 lo útil no elige, sí lo delicado; y tal vez oficiosasu trabajo dedicapara intérprete fiel de su cuidado.

María Hore.

 

LA VOZ DE LA HIJA DEL SOL

 

Una bellísima doncella; unos amores culpables; un apuesto marino; una sirvienta negra; puñaladas en las sombras nocturnas de un jardín, y, por último, arrepentimiento y expiación: ¿cómo regatear los laureles de la gloria a la poetisa gaditana que reunía en sí tan patéticos factores? El fondo de sus composiciones casi siempre admira por su contenido apasionamiento. En él, la autora, “respira por la herida”.

 

Se hallan composiciones de esta magnífica poetisa en el Correo de Madrid y el Semanario de Cartagena (1787); luego, 1795 y 1796, en el Diario de Madrid. Entre los títulos más relevantes de su obra se cuentan Aviso a una joven que va a salir al mundo, Deprecación... a su Purísima Madre María Santísima y Traducción del Hymno Stabat Mater.

 

María Gertrudis Hore Ley nació en Cádiz el 5 de diciembre de 1742, donde se hallaban establecidos sus padres Miguel Hore y María Ley, ambos irlandeses. Era tan bella, que sus conciudadanos. los gaditanos de la segunda mitad del XVIII, la designaban con el apodo de “Hija del Sol”.

 

El 15 de agosto de 1762 contrajo matrimonio en Cádiz con Esteban Fleming, del Puerto de Santa María. Al poco de casada, y durante un viaje de su marido a La Habana, María Gertrudis tuvo amores con un brigadier de guardias marinas, el cual la visitaba valiéndose de la complicidad de una sirvienta negra. Una noche, y ya en el jardín de la casa, el brigadier fue apuñalado por dos desconocidos; la dama y la sirvienta sacan el cadáver de la casa y limpian la sangre. Pero, al día siguiente, María Gertrudis ve a su amante desfilar al frente de sus marinos; cree volverse loca, y por loca la tienen las gentes a quienes clama el horrendo suceso de la víspera. Entonces la “Hija del Sol” apela a la misericordia divina: escribe a su marido, confesando su culpa y suplicándole le permita retirarse a un convento. Por este motivo u otro desconocido, lo cierto es que el 1º de junio de 1778 Esteban Fleming otorgó licencia para que su esposa tomara el hábito.

 

En enero de 1779, el obispo de Cádiz decreta que se coteje la letra de aquella licencia, por hallarse ausente el firmante, en América. Cumplióse el trámite, siguió la autorización episcopal, y el 11 de febrero de ese año se celebraba en el convento de Santa María de Cádiz la exploración previa; el 13 del mismo, un año más tarde, se procedía la exploración para la profesión, que se realizó el día siguiente. En el convento, María Gertrudis siguió cultivando la poesía, a la que se había mostrado muy aficionada en el mundo, y varias de sus composiciones aparecieron en el Diario de Madrid firmadas con las iniciales de su brillante apodo: H. D. S. María Gertrudis Hore Ley falleció en el convento de Santa María de Cádiz el 9 de agosto de 1801.

 

La fama de la “Hija del Sol”, durante varios años, nada tuvo que envidiar a ingenios de mayor magnitud. Es, la de María Gertrudis Hore Ley, una voz de acentos sinceros. Y esta sinceridad, esta pasión expresada vibrantemente, es la que sitúa a la “Hija del Sol”, aparte de la muchedumbre de versificadoras de su tiempo. Y finalizaremos con los últimos versos de Avisos a una joven que va a salir al mundo: “Esta es Filena mía / la ignorante ambición de nuestro sexo; / a esta ruina impía / la incauta joven vuela / cuando al mundo se entrega con exceso. / Huye de aquel embeleso / con que al alma la abisma, / y cuando en él vieres / evita sus placeres: / sé custodia severa de ti misma, / que si te encuentra fuerte, / perderá la esperanza”.

 

Francisco Arias Solis
e-mail: aarias@arrakis.es
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WIKIPEDIA: http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Arias_Sol%C3%ADs  

Apostemos con el corazón en la mano por la paz.

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JUAN RUIZ POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

 

JUAN RUIZ, ARCIPRESTE DE HITA
(1283-1350) “En suma te lo digo, tómalo tu mejorel dinero, del mundo es gran revolvedor,señor face del siervo e del siervo señor.”

Juan Ruiz. Arcipreste de Hita.

 
LA VOZ DE UN JUGLAR CULTO
 

El siglo XIV se inicia poéticamente  con un hombre que encarna como nadie lo que, simplificando, se ha dado en llamar caracteres de la literatura española: Juan Ruiz, Arcipreste de Hita, personaje vitalista, socarrón, satírico, deslenguado, anárquico y rebelde frente al poder de su casta religiosa; ardoroso en sus pasiones, que rasga la vestidura talar para gozar de la vida  y luego la recompone para arrepentirse, escribe sobre la propia piel de su vida los grandes versos del medievo español.

 

El más notable de los poetas castellanos de entonces; uno de los más curiosos e interesantes escritores medievales; el que se llamaba así propio juglar, el que se jactaba de saber “los instrumentos e toda juglerías”, de que “fiz muchas cántigas de dança para judías e moras” y de que escribió cantares “de los que dicen los ciegos, e para otros muchos por puertas andariegos” pero que, al fin y al cabo, es famoso entre nosotros por una sola obra o poema, el Libro de Buen Amor, escrito en la cárcel, aunque no siempre se recuerda que en los manuscritos la obra aparece innominada. Las escasas noticias que de su autor conocemos han sido deducidas de su libro. Hombre alegre, más preocupado por la buena vida que por el cumplimiento de sus misiones religiosas, nació al parecer en Alcalá de Henares hacia el 1283, ordenándose como clérigo y estudiando en Toledo. Ejerció el arciprestazgo en Hita, y sufrió cárcel en Toledo en 1343 por orden del arzobispo don Gil de Albornoz por razones desconocidas. Su muerte debió ocurrir hacia 1350, fecha en la que desempeña el arciprestazgo un tal Pedro Fernández.

 

El carácter dual de Juan Ruiz es quizá su faceta más interesante y la que ha provocado mayores controversias entre quienes pretendían encajonarlo en las casillas estrechas de la juglería o de la clerecía. Porque Juan Ruiz pertenece a ambas, es un clérigo ajuglarado, un juglar culto, un hombre fronterizo que vive en dos dimensiones, humana la una, religiosa la otra. Moralista severo y clérigo tabernario que ama a la Virgen y a las doncellas que topa en su camino, repara a veces en el olvido en que tiene su ministerio: y le creemos tan sincero  cuando se arrepiente de sus propios hechos como cuando satiriza la simonía eclesiástica, a los prelados y a la curia, cuando parodia las oraciones, cuando arremete contra la propiedad del dinero.

 

El título Libro de Buen Amor ha sido aceptado a propuesta de Menéndez Pidal, aunque al principio solía denominarse Libro de los cantares, con lo que se aludía a la concepción general de la obra: en efecto, las 1.708 estrofas que nos han transmitido los tres códices encontrados gozan de un carácter juglaresco evidente, según el cual los diversos poemas se van hilvanando unos a otros, como un repertorio apto para la recitación y para caminar troceado en las bolsas de los juglares. A lo largo de la obra el Arcipreste pone en boca de diversos personajes treinta dos cuentos, de origen francés los más. Además de esta influencia francesa, también patente en la batalla entre don Carnal y doña Cuaresma, afloran reminiscencias árabes. Por el lado clásico, existen huellas de Ovidio y su Ars amandi, los dísticos de pseudo-Catón, las citas de la Política aristotélica, así como los conocimientos de que alardea el Arcipreste sobre filosofía escolástica y el derecho canónico. Utiliza toda suerte de estrofas, de dos hasta de diez versos, con diferentes combinaciones rítmicas. Si la cuaderna vía priva en el conjunto, utiliza en cambio zéjeles para los pasajes líricos.

 

Aquel arcipreste cetrino, de gruesos labios rojos y ojillos apicarados, aquel gran doñeador que andaba por el mundo buscando ayuntamiento con fembra placentera, que nos dejó en su Libro de Buen Amor, en una enorme carcajada, la más valiente sátira del siglo XIV, ¿qué intención tuvo al componer la obra genial, cumbre de la literatura española de la Edad Media?

 

¡Qué libro este de Buen Amor! Nunca en las letras de España ha habido un humor tan fino, tan deslizante, tan escurridizo como el de este clérigo de una época, ruda si la comparamos con las maravillas y delicadezas de ahora. En libros de esta naturaleza no nos puede extrañar el despiste de los lectores. Puymaigre vio en el Arcipreste de Hita (según cita de Menéndez Pelayo), “un precursor de Rabeleais, un libro pensador en embrión, un enemigo solapado de la Iglesia”.  De aquí a la inocente opinión de Amador de los Ríos y Cejador, que le tienen por un varón de austeras costumbres y honda intención moral dentro de una estricta ortodoxia, ya hay distancia. Pues póngase aun en medio el juicio de Menéndez Pelayo, según el gran crítico, Juan Ruiz había sido un “clérigo libertino y tabernario” y su libro, ante todo y sobre todo, una gran carcajada.

 

Probablemente todos ellos tienen algo de verdad. Que el arcipreste amaba con frenesí la vida, que le gustaban las buenas mozas  y la buena mesa, y aun todo lo que tiene volumen, olor y color, todo lo que se puede oler y palpar o morder, es indudable. ¡Precisamente por esto salió tan hiriente, tan desaforado realista! Que hay una intención moral en el libro tan poco se puede dudar: todo gran satírico es un gran moralizante. Pero su moral no es una moral al uso, para que sesteen los favorecidos por la fortuna, los usurpadores del poder. Su libro es un grito de rebeldía contra aquella sociedad, contra el orden social de aquella época. Y en las cárceles arzobispales de Toledo, el buen Juan Ruiz, que tanto amaba la libertad, el aire libre, el sol, las duras serranías carpetovetónicas, se cargó de razón, y de amor y de odio a la par, y escribió su libro turbio, jocundo y amargo. Y tenía que ser así, porque Juan Ruiz era, entrañablemente, pueblo, hasta tal punto que entre los muchos valores de su libro, ninguno más evidente que el de ser un genial estallido de expresión hispánica. El entrega su obra al pueblo, invitándole a ser su colaborador: “Cualquier ome que l’oya, si bien trovar sopiere, / puede más añedir en enmendar si quisiere. / Ande de mano en mano, cualquier que lo pediere. / Como pella las dueñas, tómelo quien podiere”.

 

Francisco Arias Solis
e-mail: aarias@arrakis.es
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WIKIPEDIA: http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Arias_Sol%C3%ADs  Por la convivencia frente a la crispación.


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IGNACIO MANUEL ALTAMIRANO POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

IGNACIO MANUEL ALTAMIRANO (1834-1893) “Perdiéronse las neblinas en los picos de la sierra,  y el sol derrama en la tierra su torrente abrasador.Y se derriten las perlasdel argentado rocío en las adelfas del río y en los naranjos en flor.”

Ignacio Manuel Altamirano.

 
LA VOZ DE UN NOVELISTA DE PURA RAZA
 

Altamirano es un gran pedagogo y un novelista de pura raza. Como educador del pueblo mexicano en momentos críticos, ha de ponerse de relieve su ecuanimidad y su honradez insobornable. Hombre de espíritu liberal, conocedor como pocos de la historia del país, su actuación política se distinguió siempre por lo certera y ponderada. Con su espíritu de concordia, actuó de aglutinante entre los escritores de las más opuestas tendencias e ideologías, lo que le permitió convertirse en una especie de orientador de la cultura. En torno a Renacimiento, el semanario fundado por él mismo, se agrupan literatos de varia procedencia y se ensayan los más diversos géneros. Antiguos enemigos deponen sus rencillas y se unen a él para dotar al país de una literatura de sello universal.

 

Empezó escribiendo poesía romántica (Rimas, 1871), pero la gloria máxima de Altamirano está en la novela; y no de cualquier clase de novela, sino en la grande, con argumento, episodios y literatura. Sus extraordinarias dotes de novelista las puso de manifiesto en dos obras llamadas a tener una extraordinaria difusión, a la vez que otorgaban al autor uno de los primeros puestos de la novela hispanoamericana: Clemencia (1869) -relato incluido en Cuentos de invierno- y El Zarco, escrita en 1888, pero publicada póstuma en 1901, que ofrece un gran dosis de realismo en torno a los amores y peleas de Zarco, jefe de una partida de plateados, y Nicolás, el herrero sencillo y bondadoso. En ella Altamirano elabora cuidadosamente los contrastes psicológicos de los personajes: un Zarco que encarna la tradición y la crueldad y un indio generoso y honrado. Un relato breve e idílico, La Navidad de las montañas (1870), canto a la naturaleza, tiene por eje un sacerdote que encarna la beatitud cristiana.

 Ignacio Manuel Altamirano nace en Tixtla, en el Estado de Guerrero, el 12 de diciembre de 1834. De humildísimo origen y de raza india, acogido a una ley protectora de la enseñanza para las gentes de su condición racial, pudo ingresar en el Instituto de Toluca, donde tuvo la fortuna de ser discípulo del famoso Ignacio Ramírez, el “Nigromante”. Da clases particulares y escribe sus primeros ensayos. Se traslada a México para reanudar estudios, inscribiéndose en el Colegio de Letrán. La revolución de 1854 le obliga a suspenderlos; pero, terminada la lucha, reingresa y se gradúa en Derecho. Aliado de Juárez, combate en la guerra de Reforma; en 1861 es elegido diputado. Nuevamente toma las armas para oponerse a la intervención francesa. Alcanza el grado del coronel y la presidencia de la Suprema Corte de Justicia. Restablecida la República, tras el efímero reinado de Maximiliano se entrega a las letras y a la enseñanza, tareas que alterna con representaciones diplomáticas: Barcelona, París, etc. Visita Italia. Enferma y muere en San Remo el 13 de Febrero de 1893. 

Los inicios de su obra lírica, producida antes de 1867, y su propia existencia apasionante, parecen situarle dentro del ímpetu romántico. Pero leyendo algunas de sus composiciones poéticas como Altoyac o La salida del sol, lo encontramos tan ligado al goce de la realidad que nos permite observar otra faceta de su personalidad. Y como dijo nuestro poeta: “Ya brotan del sol naciente / los primeros resplandores / dorando las altas cimas / de los encumbrados montes”.

 

Francisco Arias Solis
e-mail: aarias@arrakis.es
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JOSEFINA DE LA TORRE POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

JOSEFINA DE LA TORRE(1907-2002) “Ya no comprendo nada. El mundo se me ha vueltoun compañero extrañoque camina a mi lado y no conozco.”

Josefina de la Torre.

 LA VOZ DE UNA CANARIA PRODIGIOSA. 

La generación del 27 significó por una parte, la última ruptura con el modernismo, y la primera decisión inconforme con las pequeñas veleidades ultraístas. Ambas actitudes no implicaban unidad del credo estético, sino en la medida que procedían todos del segundo Juan Ramón, que, sobre los años veinte, trazó su primera estética personal. Por lo demás, incluían, a su modo la clásica duplicidad de la estética española, agrupando con Guillén, Gerardo Diego, Salinas, Bergamín, la manera más enjuta y conceptual de Castilla y en Villalón, Lorca, Alberti, Cernuda, Aleixandre, Prados, Altolaguirre e Hinojosa las formas más desbordantes y vitalistas de un cierto neoculturanismo andaluz. Junto a ellos, la antologías incluyen, también figuras femeninas como Concha Méndez Cuesta, Rosa Chacel  y Ernestina de Champourcín. Y la fresca voz de una poetisa canaria; Josefina de la Torre, que, con un libro, Versos y Estampas (1927), se ganó el derecho a figurar en tan gozosa compañía.

 

Incluir a Josefina de la Torre en la órbita lírica de Pedro Salinas -prologuista de su primer libro- es una obviedad estética. Bajo el halo luminoso de Salinas, Josefina de la Torre encuentra el cauce de su expresión propia y personal. Gerardo Diego en su famosa Antología Poesía Española Contemporánea (1932-1934), incluye a Josefina de la Torre y a Ernestina de Champourcín, como únicas representantes de la poesía escrita por mujeres.

 

Josefina de la Torre Millares nació en Las Palmas de Gran Canaria en 1907, en el seno de una familia dedicada a las artes. Su hermano Claudio de la Torre, fue poeta, dramaturgo, novelista y director de cine.  Josefina  estuvo casada con el actor Ramón de Corroto. Ella misma nos cuenta su vida. “Nací en la isla de Gran Canaria. Escribí el primer poema a los siete años y desde entonces he seguido escribiendo. He sido siempre muy aficionada a la música y desde muy pequeña he cantado. Mis estudios de música fueron: violín, piano y guitarra (...). Mi primer viaje a Madrid fue, siendo aún niña en el año 1924, y aunque en los años siguientes hice otros viajes, no volví a Madrid hasta 1927, haciendo entonces mi primera visita a París. A fines de este año se publicó mi primer libro Versos y estampas. Así como dirigió Claudio aquel pequeño teatro, me guió en mis trabajos literarios siempre. Mi segundo libro, Poemas de la isla, se publicó en 1930. Actualmente tengo terminado otro, inédito. He publicado en Alfar, Verso y Prosa, Azor y Gaceta Literaria. Me gusta dibujar. Juego al tennis. Me encanta conducir mi auto, pero mi deporte predilecto es la natación. He sido durante dos años Presidenta del primer Club de Natación de mi tierra. Otras aficiones: el cine y bailar”. Josefina de la Torre falleció en Madrid el 12 de julio de 2002, a los 95 años de edad.

 

Su tercer libro; Marzo incompleto (1968), tiene prólogo de Juan Rodríguez Doreste. Tiene un nuevo  libro de poemas Medida del tiempo (1989). Ha publicado en la colección “La novela del Sábado” la titulada Memorias de una estrella, colaborando asimismo en diversos publicaciones, con poemas y cuentos. También publicó el drama Una mujer entre los brazos (1956).

 

En 1936 hace su debut como soprano en la Residencia de Estudiantes. Toma  parte en varios conciertos,  entre otros, en el Monumental; con la Orquesta Sinfónica de Madrid, bajo la dirección del maestro Benedito, en “El Mesías”, de Haendel, y en “La Pascua Rusa”, de Rimsky Korsakoff.

 

Como actriz, aparte de en su propia compañía ha trabajado en el Teatro Nacional María Guerrero, donde fue primera actriz, también   trabajó en diversas compañías de prestigio  como las de Ismael Merlo, Amparo Soler Leal y Nuria Espert. Fue actriz radiofónica y de doblaje siendo la voz en español de Marlene Dietrich. También interpretó papeles importantes como actriz cinematográfica.

 

Josefina de la Torre busca la verdad de la irrealidad. “Si yo pudiera, amor, / engañarme a mí misma. / Yo buscaré detrás de tu mirada / la imagen de mi imagen”. El “leimotiv” de este juego mental y afectivo es el sueño del hijo, de la hija, que nunca existieron: la prolongación vital que no le fue dada para robustecimiento de su propia humanidad consciente. “Bajo el techo seguro, / con el árbol, el hijo. / ¡Qué sencillo!”

 

Es, pues, poesía no retórica, de música menor, suficiente para llevar, como un vilo, la emoción sostenida. Una pura ingrávida, delicia. Y como dijo la prodigiosa poetisa canaria: “No quiero cadenas, muertas / inmovilidad culpable. / ¡Libre, libre, libertada! / ¡Mía, solamente mía!”.

 

Francisco Arias Solis
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No se puede ser libre más que entre libres.

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Gracias.

 

CAMARON DE LA ISLA POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

CAMARON DE LA ISLA(1950-1992)

 

“Yo creo que el duende puede darse en todos los oficios,

 aunque quizás más en lo nuestro, en lo de los gitanos”

Camarón de la Isla.

 

LA VOZ DE UN GITANO LEGITIMO

 En la Isla, en torno a la Bahía, donde sangra la adelfa y se cimbrea la palmera, vino el cante a este reino de luz. Ese día, temblaron las palmas y las guitarras. Los pájaros se agotaron de gozo y vuelo y el mar saltó a darle su abrazo de agua y su beso de sal. Junto a las olas del mar, en la calle de la amargura, al pie de casas antiguas, llenas de penas límpias, de gritos de cobre y de paredes de  blanco luto de cal, no muy lejos de la fragua, dio a luz la Juana la Canastera y la luz se hizo cante. ¡Qué grito de sangre al nacer! ¡Qué salada pena al llorar! En la noche quieta y sola, de esa isla de soledad, se sentía el latido de las estrellas temblorosas. Una sirena mecía aquella cuna de mimbre y caña. Desde ese día, la voz de Camarón fue la ola y la sal del cante. Un gitano dio la noticia: “Míralo por donde viene, el mejor de los nacíos...” José Monge Cruz nació el 5 de diciembre de 1950 en San Fernando, antes Isla de León  (Cádiz) y murió en un hospital de Badalona  (Barcelona) el 2 de julio de 1992. Fue  el segundo de ocho hijos, criado al calor de la fragua y al compás de la gente canastera. Niño prodigio, su escuela se halla en la Venta de Vargas. Tras graduarse en la Cátedra del Festival de Mairena se traslada a Madrid, donde actúa en el tablao Torres Bermejas. Su verdadero amor fue Dolores Montoya, una gitana de La Línea conocida como Chispa. Su primer LP con Paco de Lucía llegaría en 1968. Comenzó a introducir ciertas innovaciones estilísticas en sus interpretaciones, rompiendo en cierta manera con los moldes acuñados por la tradición.  ¡Y como cantó Camarón!  “Mientras mi corazoncillo hierva / yo venceré a mi enemigo”, cantaba Camarón por bulerías, con ese duende que bordea la herida y presagia la muerte. El genial cantaor gitano cantaba con el corazón, “con el corazón en la mano”. Y con el corazón en la mano se canta como se quiere. Con el corazón se canta con sinceridad, con viva sinceridad humana. Para un andaluz, hacer su santísima voluntad es hacer lo que se quiere, lo que le da la gana. Cantar como se quiere, como la real gana exige, como la santísima voluntad impone. Fue lo que hizo Camarón, que cantó como quiso, cantaba como quería, siempre; aun cuando no cantara, siempre, lo que quería. Cantar como querer, es cantar voluntaria o voluntariamente: caprichosamente. El hombre que hace su capricho, hace lo más puramente voluntario que puede hacer, lo más hondamente voluntario. Nada más voluntario ni más hondo que el cante de Camarón. Cante de verdad. Acaso lo más profundamente humano. Lo más verdadero de su ser.  Lo difícil, lo grave, no es lo que se haga, sino que lo haya podido hacer. Lo que importa no es que lo hace, no es lo que hace, sino cómo lo hace. Cómo por pura voluntariedad se hace el puro capricho. Cómo por santísima voluntad se hace divinamente todo. Las verdades más claras de España son las populares que nos cantó Camarón. No hay cante más claro para los oídos, como para el entendimiento, que las bulerías, alegrías, seguiriyas, soleares... del enorme José Monge. Algunos le han llamado “Picasso del cante”. Del disparatado andaluz Picasso al no menos andaluz y disparatado Camarón hay solo un paso. El del entendimiento revolucionario de lo andaluz, de lo español, de lo universal. Pues sin ese entendimiento, o sea la verdad de nuestro pueblo, de los pueblos de España y de los pueblos del mundo, no hay posibilidad, para mí, de entender, ni humana ni divinamente, ninguno de estos dos genios. Ya duerme sin fin, la voz de Camarón, que tiene que volver a romper tanto silencio. La verdad de su voz tiene que venir montada en un potro sin freno y atravesar nuevamente todos los aires, el viento y la nada. Honda, pura voz del cante; música cadenciosa y dilatada; sombría y clara como el agua de los montes, que es de lluvia, o de gotear de piedra; de llanto y rosa; de súplica, de rezo, de gozo, de amor y de nostalgias. Voz que dice el más puro y hondo pensamiento, el que siente, el que canta. Voz de la verdad. Voz de sangre. Música de corazón y de estrellas. Voz de gitano legítimo... “¡Oh pena de los gitanos! / ¡Ay cómo lloran y lloran, / ¡ay! ¡ay!,  cómo están llorando!” Francisco Arias Solis
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 Gracias.