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Francisco Arias Solís

LA VIEJA CULTURA DEL ODIO POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

LA VIEJA CULTURA DEL ODIO “Es la guerra, mi voz acostumbradaa cantar el amor y el pensamientocanta esta vez el odio y la locura.”

Manuel Altolaguirre.

  
LA CARA HIPOCRITA DE NUESTRA SOCIEDAD
 Hay un panorama desolador que cada día se encargan los medios de comunicación de resaltarlo. Los diversos conflictos bélicos existentes, por ejemplo, ya no afectan sobre todo a los frentes de batalla y a los militares movilizados, como antaño; hoy son los civiles quienes más pagan las consecuencias y de entre ellos, sobre todo, los niños. Enfrentamientos bélicos o no bélicos por motivos nimios, irrelevantes, casi inventados, como el origen étnico -que, a mi juicio, no es sino una variante del racismo o de la xenofobia-, o motivos religiosos -que también se las trae, a estas alturas de la Historia-, no parecen más que pretextos para enmascarar alguna otra razón de fondo, como el ansia de poder, pongamos por caso, que lo mismo puede aparecer en el  conflicto albanés como entre dos “hinchadas” de fútbol, por motivos difícilmente identificables. ¿Qué puede empujar a un “skin” a apalear a un mendigo? Si los motivos objetivos son difíciles de precisar, los subjetivos seguro que nacen de la práctica de una vieja cultura del odio. 

Lo que parece detectarse entre una parte de la población es un afán desmedido por liarse a tortazos a la más mínima. Y para eso, cualquier pretexto puede ser bueno; desde una “mala mirada” o ser inmigrante pobre para algunos, hasta hablar una lengua con más o menos corrección (o no hablarla) que, para otros, es el síntoma de disponer o no de un cierto pedigrí nacionalista.

 

Y lo más irritante es que la televisión no está sirviendo para contrarrestar esta cultura del odio, sino que, a través de su programación, sus películas o sus series, suelen acentuar la violencia, la guerra, el desamor o el egoísmo con demasiada frecuencia. Eso sí, con la excusa de que sólo reflejan lo que está en la sociedad (y por tanto, lo que vende), y siempre, con el ojo puesto en los índices de audiencia para que no baje su cuota de publicidad. Cuando miles de jóvenes se manifiestan violentamente contra el adelanto del cierre de los bares de copas en la madrugada o contra la duración de un encierro por parecerles excesivamente corto, se está mostrando el lado patológico de la rebeldía juvenil. Es el síndrome del “cojo-manteca” que avanza, y que se viene acentuando con más interés que el voluntariado generoso, que también se da simultáneamente, pero no se destaca tanto ni tan a menudo porque vende menos. Es la cara hipócrita de nuestra sociedad. Y como dijo el poeta : “Y así pasa lo que pasa, / que no hay una persona tranquila  / ni en la calle ni en su casa”.

 

Francisco Arias Solis
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La primera víctima de la guerra es la infancia.

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Gracias.

CLAUDIO RODRIGUEZ POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

 CLAUDIO RODRÍGUEZ

(1934-1999)

 “¿Qué estáis haciendo aquí? ¿Qué hacemos todosen medio de la plaza y a estas horas?Con tanto sol, ¿quién va a salir de casasólo por ver qué tal está la compra,por ver si tiene buena cara el frutode nuestra vida, si no son las sobrasde nuestros años lo que le vendemos?”

Claudio Rodríguez.

 

LA VOZ DE LA POESIA NATURAL

 

“Mi único intento, en realidad, es que mi poesía sea natural (no directa, o realista, o simbólica, etc.), de acuerdo con lo que puedo hacer y con lo que estoy viviendo”, escribía Claudio Rodríguez, el 26 de marzo de 1963.

 

La gran personalidad de este maestro solo es comparable a la atracción que ejerce sobre los poetas últimos. No tiene otras armas que las idóneas y lícitas en toda operación de lenguaje: vocabulario rico, musicalidad innata y esa turbadora sensación de perfección estilística. Esa fue la razón por la que, al irrumpir en el panorama de 1953 –atestado de prosaísmo agónico y desvitaminizado-, rectificó la dirección delos vientos líricos  a favor de una sobriedad  campestre, de comunión con el paisaje y con la presencia enraizada del hombre en el medio. De golpe, entre el neoaleixandrinismo y blasdeoterismo, el poeta zamorano coloca un diferente humanismo apoyado en la geografía, entrañado en ella, pero sin la más remota concesión al agrarismo romántico o neoclasicista.   

 

“La finalidad de la poesía, como la de todo arte –dice Claudio Rodríguez , consiste en revelar al hombre aquello por lo cual es humano, con todas sus consecuencias. Aquí creo conveniente añadir que soy partidario del sentido moral del arte. La validez del arte entraña moralidad. No como espejo o faro, como moraleja  o propaganda, sino como fundamental elemento integrador  de la persona completa. La poesía trata de exponer el destino humano en una relación de totalidad con la época en que se produce y con el hombre que la escribe”.

 

Claudio Rodríguez García nace en Zamora  el 30 de enero de 1934. Realiza su estudios primarios y el bachillerato en su ciudad natal, trasladándose a Madrid en 1952 para cursar Filosofía y Letras en la Universidad Central. Se licenció en la sección de Filología Románica , en dicha Universidad Central.

 

Ha sido lector de español en la Universidad de Nottingham durante los años 1958-1960. Desde 1961 hasta 1964 fue lector de español en la Universidad de Cambridge. En 1953 obtuvo el premio Adonais. Premio Nacional de Literatura en 1983 por Desde mis poemas. En 1987 es elegido miembro de número de la Real Academia Española de la Lengua para ocupar el sillón I, sustituyendo a Gerardo Diego. En 1989 es nombrado Hijo Predilecto de la Ciudad de Zamora y 1993 recibe el Premio Príncipe de Asturias de las Letras y el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. Claudio Rodríguez muere en Madrid el 22 de julio de 1999.

 

Para muchos críticos Claudio Rodríguez es el más importante poeta aparecido desde la guerra civil. Su nombre forma parte de la generación llamada de “medio siglo”, que ofreció una alternativa  a la “poesía social” imperante entonces a través del humanismo profundamente vivido y estéticamente transmitido. Si hubiera que definir a este poeta habría que decir que es un clásico intimista y humanista.

 

Las tierras castellanas se desvelan palpitantes y primitivas, embriagadoras de aire y de sol, de campo y de misterio casi genesíaco. Un estremecimiento personal recorre los versos del poeta zamorano, esmaltados de metáforas proteicas, esenciales, que recuerdan a San Juan dela Cruz. Claudio Rodríguez es un poeta levantado, fervoroso  y encendido, de amplios horizontes, en su libro Don de la ebriedad (1953). La naturaleza con su olor y sabor, desplegada, luz a luz, de amanecida a atardecer, está muy visible en Conjuros (1958), libro pleno de la claridad zamorana y del ruido del Duero natales.

 En Alianza o condena (1965) da un paso más en la concentración del contenido lírico, al igual que en su libro El vuelo de la celebración (1976). En 1983 se publica el volumen Desde mis poemas, en el que reúne toda su producción., con un prólogo escrito por el mismo. En 1991 publica su último libro de poemas Casi una leyenda.  

Claudio Rodríguez es un poeta de palabras transparentes, antirretóricas, puras. “Las palabras en Claudio Rodríguez no visten nada – ha escrito su paisano Bartolomé Mostaza-; se limitan a ser luz que pone de manifiesto lo que es”. Un poeta clarísimo y un hombre de par en par. Y como dijo el poeta zamorano: “Como si nunca hubiera sido mía / dad al aire mi voz y que en el aire / sea de todos y lo sepan todos / igual que una mañana y una tarde”.

 

Francisco Arias Solis
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No se puede ser libre más que entre libres.

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Gracias.

SER SOLIDARIO POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

 

SER SOLIDARIO
 “Donde veas que el látigo o la espada se levantan, que la prisión redobla sus cerrojos, que los fusiles amenazan muerte, acércate y, a pecho descubierto, lanza un tremendo NO que salve al mundo.”Ángela Figueras Aymerich.  LA SOLIDARIDAD DESGRACIADAMENTE NO ES EL VALORQUE CARACTERIZA A NUESTRA SOCIEDAD La solidaridad y la seguridad  es un binomio interrelacionado, sin embargo, vivimos y fomentamos una contradicción permanente en unos momentos en los que la solidaridad y la seguridad deberían componer nuestro mejor estandarte. Nuestros niveles de egoísmo no tienen posiblemente precedentes. Política, cultural y socialmente se nos está inclinando hacia un espacio interesado, ausente de toda cultura de solidaridad y seguridad.  

Vivimos una cultura basada en un consumo desaforado, un pasotismo vulgar, un culto a lo superficial, una carrera por el enriquecimiento fácil, un egoísmo desmesurado y otros desgraciados etcéteras. Una cultura cuya forma es la competencia y donde “el que no corre vuela” y “el que venga detrás que arree”.

 

Es posible pensar que en el inicio de esta cultura, tal vez, pudo haber buenas intenciones. Con ella se podía aumentar la base del bienestar social y la de seguridad de los ciudadanos. Pero, de la teoría a la práctica suele decirse que hay un gran abismo. Y en este caso, el resultado ha sido otro muy diferente tanto a nivel nacional como universal, y la solidaridad y la seguridad se han sentido y se sienten cada vez más amenazadas y peor amparadas.

 

La solidaridad desgraciadamente no es el valor que caracteriza a nuestra sociedad. Y sino, contestemos con sinceridad a ciertas cuestiones. ¿No es cierto que el deterioro del medio ambiente lo hemos hecho y lo hacemos conscientes de lo que hacemos? ¿No es verdad que la pérdida de los valores sociales se ha provocado por la ruptura  de los esquemas básicos del comportamiento humano? ¿No es también verdad que las desigualdades económicas culturales y sociales entre lo países y ciudadanos del Norte y del Sur es una permanente disfunción de la interrelación existente entre los problemas y las soluciones tratadas desde la base de la solidaridad?

 

En definitiva, las carencias de solidaridad y de seguridad giran alrededor de un mismo problema: la confrontación permanente entre los ciudadanos.

 

La falta de solidaridad  es un problema que nos concierne a todos, que exige lucidez y racionalidad activa, exige actitudes inteligentes, exige hacer más y no sólo decir. Eso de ser solidario implica un sentimiento, una obligación construida “in solidum”, en definitiva, un sentimiento de fuerza no egoísta para sobrevivir. Y como dijo el poeta: “No es verdad que el momento no tenga una salida / es mentira que el hombre camina hacia la muerte / y que ya no es posible darse al mar de otra vida. / Existe un horizonte que cambia nuestra suerte / un espacio infinito que nos abre sus puertas / y un eterno futuro de esperanzas abiertas”.

 

Francisco Arias Solis
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Apostemos con el corazón en la mano por la paz.

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NIETZSCHE POR FRANCISCO ARIAS SOLIS


FRIEDRICH NIETZSCHE
(1844-1900)

“¡Y cómo soportaría yo ser hombre
si el hombre no fuese también poeta
y adivinador de enigmas y el redentor del azar!”
Friedrich Nietzsche.

LA VOZ DEL FILOSOFO LIRICO

Todo el fariseísmo y filisteísmo de los moralistas profesionales y de sus correspondientes creyentes o clientes cristianos, católicos o protestantes, ha solido acogerse para rechazar el testimonio de Nietzsche, el más oscuro poeta y tal vez más claro profeta de nuestro abismático tiempo, a la feliz y fácil ocasión del episodio final de su locura. Locura extrañísima, casi médicamente inclasificable. Sobre esta locura, como es sabido, hay diversas hipótesis; pero a ninguna de ellas le será fácil demostrar que su aparición, aun desde 1880 y hasta el 1889, pueden justificar en nada la desvalorización del pensamiento humano más limpio, más puro y, sobre todo, más sano, tal vez, de todo el siglo XIX. El pensamiento de un poeta, cuya salud espiritual es tan fuerte, tan viva, tan clarividente y poderosa de palabras ha quedado evidenciada en tantos libros magistrales desde El origen de la tragedia griega en el espíritu de la música hasta los linderos vacilantes de La voluntad de poder; entre los que recordamos El crepúsculo de los ídolos, Humano, demasiado humano, La gaya ciencia, Así hablaba Zaratustra, Consideraciones intempestivas, Los cantos del príncipe, Ditirambos de Dionisio, Más allá del bien y del mal, La genealogía de la moral, El caso Wagner, Aurora: pensamiento sobre los prejuicios morales y El Anticristo.

Nietzsche era un loco que se creía Nietzsche, exactamente lo mismo que Víctor Hugo, según el dicho de Cocteau; o que cualquier otro hombre genial, llámese Byron, Goethe o Napoleón. Es decir, que sabía, que conocía el poder de su entendimiento. Y en el caso de Nietzsche, como en el de Wagner, su maestro, también el de su orgullo. Nietzsche se hizo loco -no se hizo el loco-; dijo con ambigua intención ingeniosa y frívola André Gide. El orgullo de Nietzsche anterior a 1889 no tiene relación ninguna con su megalomanía manifiesta a partir de su enfermedad, cuando en su locura, ya no sabe, o no puede, escribir siquiera.

La obra de Nietzsche, de gran genialidad, ha tenido gran influencia en el campo del pensamiento, la religión y la estética, así como en los movimientos irracionalistas, existencialistas y en un sinnúmero de corrientes artísticas y literarias.

Friedrich Wilhelm Nietzsche nace en Röcken, en la región de Turingia, el 15 de octubre de 1844, en el seno de una familia de clérigos protestantes. Su padre le dejó huérfano a los cinco años, al cuidado de dos piadosas mujeres: su madre y su hermana. A los catorce años ingresa con una beca en el mejor centro escolar de Alemania: la escuela Pforta. Cuando en 1864 se matricula en la Universidad de Boon es ya un filólogo consumado. En 1865 prosigue sus estudios en la Universidad de Basilea. En mayo de 1869 Nietzsche es nombrado profesor de la Universidad de Basilea. En 1878 terminan sus relaciones con el matrimonio Wagner. En mayo de 1882 conoce en Roma a la joven Lou von Salomé, que al parecer llegó a hacerle pensar seriamente en el matrimonio. Los dos últimos años de vida lúcida, 1887 y 1888, son años de una actividad frenética. En 1889 es ingresado en el manicomio de Basilea, el diagnóstico es “parálisis progresiva”. Su madre lo lleva consigo a Jena a la Clínica Psiquiátrica de la Universidad de Binswanger. En 1890 Nietzsche vuelve a Naumburg con la madre, y a la muerte de ésta, el 20 de abril de 1997, la hermana se hace cargo del cuidado del filósofo alemán y lo lleva a Weimar, ciudad en la que Friedrich Nietzsche falleció el 25 de agosto de 1900.

Ahora, después del centenario de su muerte, habrá oportunidad de deshacer malentendidos muy arraigados y recuperar la figura de un filósofo que, por otro lado siempre ha contado con mucho público entre quienes apenas leen filosofía. Heidegger que se dedicó infatigablemente a la lectura de Nietzsche coloca su nombre a la misma altura que el de aquel que ha constituido una de sus guías esenciales, Aristóteles: “Nietzsche sabía que es filosofía. Este es un saber raro que sólo los grandes pensadores poseen”.

“Nietzsche -decía Thomas Mann- es el moralista más sensible que ha existido: un ser poseído por la exigencia moral, un hermano de Pascal”. Y como Pascal -diremos nosotros-, un hombre para quien la moral es un problema. Y un problema trágico; un problema sin solución. Haber vivido ese problema hasta su fin, haber perdido la razón por esa pelea moral -por esa pelea consigo mismo-, es lo que enseña Nietzsche en sus propios testimonios escritos.

Según nos cuenta Nietzsche, existen tres determinantes infantiles, adolescentes, que decidieron su destino espiritual: su orfandad paterna, Pascal y Byron. En la batalla interior consigo mismo -en su posible esquizofrenia, dicen los psicópatas-, Nietzsche nos cuenta Landsberg tiene dos componentes extremos: uno, el componente infantil -ternura, ensueño, amor, piedad-; otro, el de la voluntad de poder; la enfermedad desarrolló en él este último solamente.

Nietzsche nos ha dejado escritas las páginas más clarividentes sobre la embriaguez poética y musical que, después de Platón, tal vez, puedan leerse. Lo que nos dice Nietzsche, al explicarnos su éxtasis no es muy distinta cosa, de lo que nos han dicho los místicos de su propia personal experiencia poética. En la obra entera (¡y tan verdadera!) de Nietzsche, los términos verdad y vida, pasión y razón alcanzan la plenitud del sentido poético. Por eso a Nietzsche, recordémoslo bien, se le puede llamar con razón, el filósofo lírico. En él, como diría, nuestro Unamuno, la antigua enseñanza del griego se repite, en cuanto la verdad puede más que la razón y la vida más que la pasión. Hace tiempo también se ha escrito que para ganar la verdad hay que perder la razón. Y es que, como dijo, el poeta y filósofo alemán: “En otro tiempo todo el mundo desvariaba”.

Francisco Arias Solis
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Por esa libertad bella como la vida.

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Gracias.


EL CEREBRO EN FORMA POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

EL CEREBRO EN FORMA “Sentía los cuatros vientos en la encrucijada de su pensamiento.”

Antonio Machado.

 ¡BIENAVENTURADOS LOS QUE PIENSAN PORQUE DE ELLOS ES LA GLORIA DEL PENSAMIENTO! 

Las lagunas o “agujeros negros” que sobre todo, a partir de los 30 años, nos hacen de pronto un nudo en la garganta, se producen porque hemos dejado el cerebro en barbecho. Como cualquier músculo que no se utiliza el cerebro de muchas personas que adolecen de rutina intelectual, acaba atrofiado, dormido. El proceso suele ser típico y se produce a menudo por simple desmotivación. Los que algunos denominan “falta de moral”. En los momentos de estrés, depresión, ansiedad, tristeza, nos aislamos de todo y dejamos de utilizar grandes zonas del cerebro que, progresivamente, se van durmiendo, a veces hasta entrar en una especie de letargo crónico.

 

Es un problema de dejadez. El cerebro es efectivamente un músculo, y como todos los músculos hay que ejercitarlos. Sabedora de nuestra desidia, la naturaleza dotó al más personal de los ordenadores  de unas capacidades enormes: ¡nada menos que 14.000 millones de neuronas! Y si bien perdemos la escalofriante cifra de 100.000 neuronas al día, esa pérdida supone algo más de 1.800 millones de neuronas entre los 30 y los 80 años, es decir, sólo el 13% del total.

 

Todos los individuos poseemos lo que se denomina una población de neuronas base, que es la que te utilizamos simplemente en nuestra vida cotidiana. Hay otra segunda población que se va conformando poco a poco, según el oficio o la actividad que se realiza. Finalmente, hay una tercera “población neuronal” que varía de acuerdo con las actividades que practicamos en nuestros momentos de ocios.

 

Esta triada de neuronas está prácticamente moldeada desde los 25 a 30 años. El problema surge justo a partir de este momento; cuando creemos que ya disponemos del bagaje mental suficiente para desenvolvernos en la vida y nos instalamos cómodamente en lo que se conoce como la “respuesta del autómata”. A problemas similares damos la respuesta ya vivida y aprendida, sin molestarnos en pensar para dar otra solución distinta.

 

Y sencillamente lo que ocurre con el tiempo es que el cerebro se “endurece”, le falta entrenamiento y flexibilidad. ¿El remedio? Una gimnasia adecuada que devuelva a ese músculo vital el tono y la capacidad de respuesta de los mejores días.

 

Un individuo que reniega de utilizar el cerebro, no pierde inteligencia, la atrofia. Lo que pierde es la animación de su espíritu: su conciencia.

 

“El hombre no es un animal racional”, afirma Merleau-Ponty. Exacto. Porque no puede ser animal por más que quiera. Esta frase es ingeniosa y veraz y nos encanta, no en vano, procede de una cabeza encantada del pensamiento. Las palabras que mentirosamente nos desencantan son las de las cabezas vacías o atrofiadas.

 

“Si al hombre se le quita su vanidad, ¿qué le queda?”, preguntaba Goethe a su propia cabeza encantada. Le queda el amor a lo pasajero. Y para quien el amor no es nada la vanidad lo es todo. “¿Qué vanidad tu pensamiento mueve?”, pregunta Lope, una de las cabezas más encantada de nuestra literatura.

 

La vanidad, ¿es un llenarse de vacío? Pues lo más profundo del hombre, ¿no es su vanidad? El hombre, mientras más profundo, más vacío; más vano. La muerte es lo más intelectual, exclusivamente racional, de todo. Por ello, debe evitarse llegar a ciertos extremos. Porque parece inevitable que llegando a ciertos extremos, para tener razón hay que perderla. Ya nos advirtió el poeta: “La verdad del corazón / es una verdad que tiene / miedo de tener razón”.

 

De ahí que no se debe tener más razón que la suficiente para no perder la razón del pensamiento y para que este no se duerma, pues como dijo el poeta: “Si queda dormido el pensamiento / el alma que lo sueña le parece / que está muerto de sueño”. ¡Bienaventurados los que siempre tienen despierto su cerebro! ¡Bienaventurados los que piensan porque de ellos será la gloria del pensamiento!

 

Francisco Arias Solis
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  Ningún hombre considera que su situación es libre si no es al mismo tiempo justa, ni justa si no es libre”.


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BLAS INFANTE POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

BLAS INFANTE(1885-1936) “Yo tengo clavada en la conciencia, desde mi infancia, la visión sombría del jornalero. Yo le he visto pasear su hambre por las calles del pueblo, confundiendo su agonía con la agonía triste de las tardes invernales”.

Blas Infante.

 
LA VOZ DEL PADRE DE LA PATRIA ANDALUZA
 

La vida y la obra de Blas Infante se encuentran íntimamente ligadas a la génesis y desarrollo del andalucismo bajo presupuestos que aún hoy tienen vigencia. Para Blas Infante, la autonomía andaluza tiene que responder a las necesidades del pueblo andaluz en el orden político, en el cultural y en el económico. De momento el pueblo andaluz ha conquistado el reconocimiento del derecho a disponer de esa herramienta que es la autonomía privilegiada que recoge nuestra Constitución.

 Blas Infante Pérez nació en Casares, provincia de Málaga, el 5 de julio de 1885. De 1896 a 1900, es alumno interno en el colegio de los Escolapios de Archidona. Pero a sus quince años ha de interrumpir sus estudios y ha de trabajar como auxiliar en el Juzgado de su pueblo. Hasta, 1904 no puede proseguir sus estudios. El esfuerzo de sus padres -pequeños labradores- por los dos hijos, les dejará definitivamente empobrecidos. 

Blas  Infante estudia en Granada en dos durísimos intensivos cursos toda la carrera de Derecho y algo de Filosofía. Con veinticuatro años es notario Desde 1910, ejerce de notario en Cantillana. Viajando del campo a Sevilla asiste a los brotes andalucistas en su Ateneo. Presenta una Memoria al Ateneo sevillano, que es su primer libro. El máximo georgista español, Antonio Albendín, ingeniero agrónomo, llega a Cantillana interesando a Infante en esta doctrina. Con ocasión del Congreso Internacional Georgista (Ronda, 1913) el mentor de la Patria Andaluza busca su primera síntesis socioeconómica y dirá: “Ha llegado la hora en que el hombre se emancipe del yugo del hombre”.

 

La publicación de El Ideal Andaluz provoca un enfrentamiento con Albendín. En 1913 Francesc Cambó, líder de la Lliga catalana, representante de uno de los nacionalismos del Norte, visita el Ateneo sevillano. De él vendrá una propuesta de alianza que reportaría apoyo económico. Infante tuvo en sus manos la solución para las arcas vacías de los Centros Andaluces cuando Cambó volvió de nuevo en 1917. En junio de 1916, Infante con otros colaboradores de Bética, fundan la revista Andalucía, que es el órgano de los Centros Andaluces. La Asamblea de las provincias andaluzas en Ronda, celebrada en 1917, asume la reclamación de Infante a favor de la autonomía “de la Patria Andaluza”, ante la Sociedad de Naciones, y determina “la bandera nacional de Andalucía, su himno, y su escudo”. La letra del himno incorpora el binomio “Tierra y Libertad”, nombre del más representativo lema y periódico anarquista leído en los pueblos andaluces.

 

“Andaluces. levantaos -pedid tierra y libertad-” es una tremenda e inusual frase en los himnos de este tipo. En el escudo, herencia ajustable a heráldica pero sin castillo alguno ni más leones que los gaditanos, campea el lema: “Andalucía por sí, para España y la Humanidad”.

 

En noviembre, el patriota andaluz grita por primera vez la aspiración del pueblo andaluz: “¡Andalucía libre!”, que, será “¡Viva Andalucía libre!” en Córdoba, a los tres meses.

 

El 19 de febrero de 1919 Blas Infante contrae matrimonio con Angustias García Paria, rica heredera de Peñaflor. El nuevo matrimonio fija su residencia en Sevilla. En 1920, escribe el drama: Motamid, último rey de Sevilla, y otra obra menor Cuentos de animales. De 1929 a 1931 redacta Orígenes de lo flamenco y secreto del cante jondo. La última operación de Infante y los suyos será la acción hacia el Estatuto de Autonomía Andaluz. Las Juntas Liberalistas, al mes, de proclamada la República, piden a la Diputación de Sevilla una asamblea de las Diputaciones andaluzas para que elaboren un proyecto de Estatuto. Las Bases para el Estatuto se aprueban el 26 de febrero de 1932. Infante, por mandato de Acción Pro Estatuto Andaluz, firma su Manifiesto a todos los andaluces. Lo fecha el 15 de junio de 1936. Es el último y dramático documento escrito por él. Blas Infante fue fusilado sin juicio ni sentencia el 11 de Agosto de 1936, porque “formó parte de una candidatura de tendencia revolucionaria en las elecciones de 1931 y en los años sucesivos hasta 1936 se significó como propagandista de un partido andalucista o regionalista andaluz”. ”Identificado con el pueblo andaluz -escribía Tierno Galván- hasta sentirse fuera de la clase a que pertenecía, cualidad que no noto en ninguno de los autores de los autonomistas o nacionalistas catalanes, vascos o gallegos de la misma época”.

 

Francisco Arias Solis
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El futuro se gana, ganando la libertad.

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FORO LIBRE: HOMENAJE A MANUEL DE FALLA


FORO LIBRE
ASOCIACION CULTURAL, ARTISTICA Y LITERARIA

Francisco Arias Solís - Presidente ~ Plaza San Severiano, 2 ~ 11007 - CADIZ
e-mail: pazylibertad@arrakis.es
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“Hay que tomar la inspiración directamente del pueblo,
y quien no lo entienda así solo conseguirá hacer de su obra
un remedo más o menos ingenioso de lo que se proponga realizar.”
Manuel de Falla.

HOMENAJE DE FORO LIBRE A MANUEL DE FALLA

El próximo lunes, día 12, a las 20.00 horas, en la cafetería-restaurante El Cantábrico (Avda. Cayetano del Toro, 21 - Cádiz), la Asociación Cultural, Artística y Literaria FORO LIBRE celebrará un encuentro literario sobre la vida y la obra del músico gaditano Manuel de Falla (1876-1946), con motivo del 61º aniversario de su muerte.

El más universal de los compositores españoles nació en Cádiz el 23 de noviembre de 1876 y falleció en Alta Gracia (Argentina), el 14 de noviembre de 1946. El propio Falla observó que su vida estaba marcada por períodos de siete años distribuidos así: los dos primeros períodos de siete años los pasó en Cádiz, el tercero en Cádiz y Madrid, el cuarto ya instalado en Madrid, el quinto en París, el sexto de nuevo en Madrid, los tres siguientes en Granada y el décimo septenario transcurrió en América, faltándole solo nueve días para que cumpliese el ciclo y haber cumplido los setenta años.

En 1914 Falla estrena La vida breve, al año siguiente El amor brujo y en 1917 El sombrero de tres picos. En 1919, a petición de Rubinstein, compone Falla su más importante obra para piano, la Fantasía bética. Presenta esta obra una decidida labor de investigación e introspección en el cante jondo. Erneto Hafter, el discípulo de Falla, la define como: “el homenaje más bello a Andalucía, donde se resume y estiliza toda la sustancia del cante andaluz”. El estreno de Noche en los jardines de España en el Alhambra de Londres en julio de 1919 hace a Falla un músico de fama universal.

El andalucismo universal de Falla reside en la utilización de elementos musicales populares andaluces. “Yo me permito aconsejar -escribía Falla- a cuantos quieran hacer música estrictamente nacional, que oigan las que podríamos llamar orquestas populares (en mi tierra: las guitarras, los palillos y los panderos) y sólo en ellas encontrarán esa anhelada tradición, imposible de hallar en otra parte”.

Su mensaje inmortal, nos dice, lo que señalaba Maritain, un nuevo camino, como el que hace posible, el enigma sublime de la música, de su música, que nuestro oído tiene que aprender a escucharla.

No hagamos las paces con la guerra, ni tampoco levantemos guerras con la paz.

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EN DESCREDITO DE LA INTELIGENCIA POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

EN DESCREDITO DE LA INTELIGENCIA
 “-Nuestro español bosteza.¿Es hambre? ¿Sueño? ¿Hastío? Doctor, ¿tendrá el estómago vacío? -El vacío es más bien en la cabeza.”Antonio Machado. 
LOS HOMBRES PUBLICOS DE NUESTRO TIEMPO
 

El hombre de hoy suele creerse dispensado de ser inteligente. No ya el político, el tecnócrata, el profesional, el artista o el escritor, sino incluso específicamente el “intelectual”. No digo con esto que haya menos hombres “inteligentes” que en otras épocas, si por ello se entiende que sus dotes psicofísicas sean inferiores; por el contrario, creo que dentro que lo llamamos historia, por oposición a la prehistoria, las dotes del hombre han sido estadísticamente muy comparables. Lo que importa no son las dotes, sino lo que se hace con ellas. Ser inteligente nos quiere decir “poseer” ciertas “facultades”, sino usarlas en cierta manera, abrirse a la realidad y dejarla penetrar en la mente, oprimirla en conceptos y obligarlas a soltar su zumo, ligar una cosa a otra con conexiones racionales.

 

El fenómeno que me inquieta no tiene raíces biológicas o psicofísicas, sino sociales. Se trata de que la inteligencia ha perdido vigencia y prestigio, ha empezado a ser menos estimada, y eso ha producido su mengua. Lo que ha acontecido, lo que está aconteciendo ante nuestros ojos distraídos, es nada menos que el menoscabo de la inteligencia.

 

En las primeras décadas del pasado  siglo, la inteligencia irritaba profundamente a muchos hombres -no se podía entender la floración de los fascismos sin tener en cuenta esta actitud-. Pero irritaba precisamente porque tenía prestigio y vigencia, porque se la estimaba enormemente, porque se la deseaba, se la consideraba necesaria, su ausencia se sentía como privación.

 

Esto es lo que ha cambiado; la inteligencia apenas irrita más que a los supervivientes de generaciones que conocieron la situación anterior; ahora más bien es olvidada, omitida, pasada por alto; no se la percibe, ni la echa de menos; apenas se la envidia; no se distinguen bien sus grados. Adviértase que es infrecuente que se elogie a una persona por su inteligencia -ni siquiera a un intelectual-; se suele encomiar su información, sus realizaciones, más todavía su orientación o filiación; se alabará a un intelectual por ser de tal observancia, no por ser inteligente; y el intelectual no se molestará casi nunca en justificar lo que dice o en mostrar la agudeza o rigor con que su teoría se ajusta a la realidad, sino que proclamará que “eso es lo que interesa” o “lo que cuenta” o que “ese es el sentido de la historia”.

 

La causa real de la disminución efectiva de la inteligencia en los primeros años  del siglo XXI es su deterioro o deslustre, el haber perdido “parte de la estimación o lucimiento que antes tenía”. Porque es menos estimada, la inteligencia es menor.

 

Estamos en uno de los momentos en que los hombres “públicos” han sido menos interesantes. Haga el lector el experimento de intentar recordar quiénes gobiernan en los demás países -desde cierto nivel, incluso en el propio-; encontrará que en inaudita proporción no lo sabe; y cuando lo sabe, apenas sabe más que el nombre, sin que el gobernante se presente a sus ojos con una figura personal, con un contenido humano, mental o programático identificable. Es un hecho que los hombres notoriamente inteligentes rara vez ocupan puestos directivos, y si los abandonan esto no se siente por casi nadie como una pérdida grave: son fundamentalmente “prescindibles”.

 

Véanse los elogios que se tributan por los críticos a los artistas, a los literatos: rara vez apuntan a la inteligencia, a la comprensión de la realidad. Y ¿qué duda cabe de que el arte, no ya en sus formas literarias, sino la música o la pintura, es siempre comprensión, interpretación de la realidad, y que puede y debe ser inteligente, aunque no sea conceptual? ¿No es evidente la inteligencia de Leonardo, Velázquez, Rembrandt o Picasso, la de Mozart, Beethoven, Debussy o Falla, la del Dante, Petrarca, Shakespeare, Cervantes, Quevedo, Bécquer, Baudelaire, Rubén Darío, Neruda,  Machado o Lorca? Yo me pregunto si es algo semejante lo que se busca, lo que se desea, lo que se exige o se estima.

 

Esa falta de estimación social de la inteligencia como tal, el que haya dejado de ser “requisito”, conduce al descenso de su nivel afectivo. Falta la necesidad, el estímulo, más que nada el “contagio”: el pensamiento es algo que se hace normalmente porque se ve cómo funciona -esta es la única justificación seria de eso que se llama un profesor-; cuando empiezan a faltar los ejercicios de inteligencia, es más infrecuente su espectáculo y por tanto su contagio, y por consiguiente la probabilidad de que se engendren nuevos focos disminuye. Es una reacción en cadena, y muy rápida.

 

Por esto son posibles las “épocas estúpidas”, en que la inteligencia parece haberse atrofiado, en que casi nadie es inteligente -aunque las dotes permanezcan iguales-. Cuando no se espera, reclama, exige una conducta inteligente, se bajan las defensas, se deja que penetre en la mente el tópico, la consigna, la moda; y entonces es infrecuente que nadie se encuentre con un ejemplo vivaz, ejecutivo de pensamiento inteligente, y que en él se encienda una luz análoga.

 

Son constantes los cambios de posición de muchos hombres públicos: hoy defienden lo que ayer atacaron y combatieron; vilipendian lo que hace poco ensalzaron, se horrorizan de lo que les pareció admirable. A veces estas transiciones son mágicas y sin que vea el camino recorrido ni el porqué de la variación, lo cual hace sospechosa su honestidad; a veces la honestidad queda a salvo, porque se justifican, se hace la oportuna rectificación; pero en todo caso queda en pie el problema de la inteligencia: los que tan hondamente han cambiado, es porque se equivocaron, porque interpretaron injusta y erróneamente la realidad. ¿Es que plantea siquiera la reflexión de que una u otra conducta es acaso menos inteligente? Y es que, como dijo el poeta: “No hay que fiarse ni un pelo / de los que de modo igual gritan: “¡Vivan las cadenas!”/ o “Viva lo liberal”...”

 

Francisco Arias Solis
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