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Francisco Arias Solís

JUAN CHABAS POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

 JUAN CHABAS(1900-1954) “Siento crecer profunda y dulcemente hacia dentro del tronco de mi vida una raíz de savia renacida

que en ti tan sólo encuentra tierra y fuente.”

Juan Chabás.

 LA VOZ DEL POETA POR CULPA DE LAS COSAS 

Chabás dedica poemas a la calle larga, a la ciudad llovida en invierno, al balcón, al jardín. “Las aceras calcaban / la desnudez mojada de las cosas”. Porque las cosas tienen vida, palpitan, sugieren. “Estaba la emoción en cada cosa; / luz de domingo, / verso evocado, / calle de los niños”. Para su libro poético un título muy expresivo Espejos 1919 -Verso- 1920 (1921). En la ciudad son los grandes espejos que entonces se ponen de moda en los cafés y los cristales de los escaparates que reflejan la imagen, como en un espejo. A renglón seguido de los poemas publicados por Chabás, se incluye un texto en prosa de Adolfo Salazar bajo el título “Kodak en Andalucía”. Es el arte mágico de la época: el arte fotográfico. Chabás pertenece a la primera generación que va por la tarde al cine.

 

Por un sólo libro de versos y un racimo de colaboraciones en revistas, un escritor preferentemente prosista es recordado hoy y no caprichosamente. Su obra poética es pieza que completa un momento brillantísimo de nuestras letras.

 

 Juan Chabás Martí nace en Denia, provincia de Alicante, el 10 de septiembre de 1910.  Estudió  Derecho y Filosofía  en la Universidad de Madrid, especialidad ésta última en la que se doctoró.  Asiste a las tertulias de Pombo, del café de Oriente y a la de la Colonial, de la que era su animador Rafael Cansinos-Assens. Asiste al homenaje de Luis de Cóngora, celebrado en Sevilla, en diciembre de 1927, con motivo del III centenario de la muerte del poeta cordobés. Militante del partido comunista, en julio de 1936, Chabás suscribe el manifiesto fundacional de la Alianza de Intelectuales Antifascistas y participa en II Congreso de Escritores Antifascistas, celebrado en julio de 1937. Antes de acabar la guerra se casa en Madrid con la francesa Simone Téry, periodista de L’Humanité. Meses más tarde inicio su  exilio primeramente en Francia, y más tarde en  República Dominicana, Venezuela y Cuba.  En 1943 contrae matrimonio con la cubana Lydia de Rivera y cuatro años más tarde con la también cubana Aída Valls. En 1947 desempeñó la cátedra de Literatura en la Universidad Central de Caracas, al tiempo que escribe en El Nacional,  y dos años más tarde ejerció como profesor de Teoría Literaria en la Universidad de Oriente de Santiago de Cuba.

 

Tras enseñar literatura española en Génova, se hizo más popular entre los estudiantes americanos de lengua española que entre los de España, pues aquellos estudiaban a Berceo, a Calderón o a Valle-Inclán en el manual que Chabás publicó en Barcelona en 1932, reeditado varias veces en Cuba, en donde explicaba los mismos cursos que hizo en Génova, sólo que entonces ya había publicado un libro sobre Italia fascista y varias novelas, con resonancias de Gabriel Miró, como Sin velas, desvelada (1923), Puerto de Sombra (1926), Tornaluz de Sevilla (1927), Agor sin fin (1930), y un conjunto de narraciones bajo el título de Peregrino sentado. Por otra parte, el crítico literario edita un primer volumen de ensayos Vuelo y estilo. Y traduce, entre otras cosas, la novela Tercetos, de Luis Pirandello. Juan Chabás fue también colaborador del Centro de Estudios Históricos, de los periódicos La Libertad y El Sol y de revistas como La Gaceta Literaria, Alfar, Revista de Occidente, Litoral, Verso y Prosa, aparte de las ultraístas Grecia, Parábola, Vltra, Índice y Horizonte. “Comenzamos dirigiendo Horizonte, Juan Chabás, Rivas Paneda y yo -escribe Pedro Garfias en El Heraldo de Madrid-. Más tarde nos abandonó Chabás, y en su último número yo me encargué sólo de su dirección” Su producción en verso del exilio se recogió, póstumamente, en Árbol de ti nacido. También en el exilio escribió su utilísimo libro, que sería buena idea transterrar: Literatura Española Contemporánea, 1898-1950.

 

Juan Chabás fue en el pórtico de los años veinte, poeta seducido por la lectura de Juan Ramón Jiménez. En sus poemas hay ecos de Juan Ramón, pero ¿pero de qué Juan Ramón? Desde luego hay mucho de Platero y yo.

 Juan Chabás murió exiliado, en La Habana el 29 de octubre de 1954. En las universidades en las que enseñó, Chabás sembró inquietudes teatrales y poéticas, divulgó a Cervantes y a Unamuno, fundó departamentos de español: hizo patria en el sentido más noble de la tarea. El toro fue con frecuencia el símbolo idóneo para plasmar sus angustias y las sinrazones de la vida española: “Oigo bramar tus iras por las tierras / de robles y nogales y encinares; / donde los hombres son arcilla y roca: / ¡Oh toro de reyertas y de guerras! / Toro de gloria y cumbres, entre mares: / ¡oír tu sangre hirviéndome en la boca!” Mirando esta “tarde barroca”, por culpa de las cosas, recordamos al poeta alicantino, porque las cosas rompen la estructura del tiempo: “...y mi alma cayendo como un rocío / en las cosas / y las cosas en mi alma”. 

Francisco Arias Solis
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Donde mora la libertad, allí está mi patria.

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 Gracias.

   

EL MIEDO A LO DIFERENTE POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

EL MIEDO A LO DIFERENTE “Sencilla es la aventura que a mí me trajo. Un día me harté de la miseria, del sombrío delito de la pobreza dondela muerte es un deseo.”

 Manuel Mantero.

 MAS RICOS PERO MENOS HUMANOS 

Desde hace unos años España se ha convertido en un país de asilo. Escalonadamente han ido apareciendo en nuestra vida cotidiana gentes de rasgos y culturas distintas. Primero llegaron los sudamericanos que huían de las dictaduras del Cono Sur. Blancos, cultos y hablaban español. De inmediato fueron bautizados con el despectivo sudacas. El brillo del desarrollo económico de nuestro país atrajo luego a filipinos, dominicanos... Eran mestizos, pero al menos hablaban nuestro idioma; además resultaban excelentes como servicio doméstico. Luego conocidos nuestros, fueron recibidos con el recelo de siglos de belicosa vecindad. Ligeramente coloreados, infieles y con un idioma enrevesado, los moros traían con ellos el perfume del hachís y pronto entraron en la categoría de los sospechosos. Con todo, no eran los peores. Detrás llegaron los negros de Nigeria, Senegal, Sudán, de piel oscura, hablando jergas incomprensibles; pronto cayó sobre ellos la acusación del narcotráfico. Más recientemente han aparecido los polacos, cultos, arrogantes... De golpe, los españoles tuvimos muy cerca de nosotros nuevos olvidados de la fortuna sobre los que volver nuestros propios demonios.

 

“Han traído la droga”, dicen algunos para justificar sus prejuicios racistas, como si ignoraran que la droga, circulaba mucho antes que los extranjeros empezaran a notarse en las calles. “Son ladrones de los que no te puedes fiar”, alegan otros, por más que no conozcan a nadie a quien le hayan robado. “Son sucios”, argumentan los mismos que los tienen limpiando sus casas por salarios de miseria.

 

El fenómeno del racismo tiene difícil solución. Una sociedad puede promulgar leyes bien intencionadas que sienten las bases de la igualdad de todos los miembros que contribuyan con su esfuerzo al bienestar general, pero es inevitable que la realidad esté regida por prejuicios irracionales que surgen del miedo a lo diferente.

 

Todos cuantos han estudiado a fondo los fenómenos de la marginación saben que sólo cuando la Humanidad supere todos los demás grandes problemas que plantea su supervivencia sobre el planeta estaremos en condiciones de alcanzar la utopía de armonizar el derecho de ser diferente con la práctica de ser tratados todos por igual. Pero, puesto que no podemos esperar que nos volvamos todos sensatos y justos de la noche a la mañana, tal vez sería conveniente recurrir a la memoria para no olvidar que ser diferente no equivale a ser malo.

 

Todavía hace muy poco los trabajadores españoles en otros países europeos eran maltratados porque hablábamos a gritos un idioma raro, resultábamos sucios y olíamos a ajos. Aún conservamos estos “defectos” pero las cosas, si no nos han ido bien, tampoco nos han ido tan mal como a otros. De ser la escoria del continente hace cuarenta años -nuestros parientes emigrantes nos pueden contar experiencias espeluznantes de su vida en Alemania, Suiza, Holanda o Bélgica- nos hemos convertido en seres superiores para los que llegan a nuestro país huyendo del hambre o de la persecución. De ser marginados por medio mundo, hemos pasado a marginar. Somos más ricos, lo que puede ser reversible en cualquier momento, pero menos humanos. Con nuestro pasado inmediato, no es que seamos racistas que lo somos; es que hemos perdido la memoria. Y como dijo el poeta: “Aprendizaje del tiempo / es el saber de la vida: / lo que se aprende, se sabe; / lo que se sabe, se olvida”.

 

Francisco Arias Solis
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Si quieres la paz, trabaja por la justicia.

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Gracias.

AQUELLOS SEÑORITOS POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

AQUELLOS SEÑORITOS
 “Este hombre no es de ayer ni de mañana, sino de nunca; de la cepa hispana  no es el fruto maduro ni podrido,  es una fruta vana de aquella España que pasó y no ha sido,  esa que hoy tiene la cabeza cana.”Antonio Machado.
 
DESAPARECIO EL SEÑORITO PERO QUEDO LA SIMIENTE
 

Dentro del último decenio, más bien del último lustro, ha sobrevenido al mundo un nuevo riesgo, y es el de echarse a perder. Yo diría que no se trata de que se hayan sobrevenido al mundo -en particular al mundo occidental en el cual estamos- males reales y efectivos; creo más bien que se trata de que deliberadamente, voluntariamente, se está empezando a corromper, se está empezando a echar a perder ese mundo. Ese mundo que penosamente, heroicamente, se había construido desde la gran catástrofe que terminó en 1945.

 

Existe un cierto señoritismo. Ortega, hace más de sesenta años, definía al “hombre masa” como el “señorito satisfecho” o como el “niño mimado”. La dureza de la vida europea y occidental en los años de la guerra -o de las guerras- y en los siguientes hizo evidentemente que nadie fuera mimado, y así desapareció -pareció que desaparecía, sin dejar simiente- el señorito -aquellos señoritos-, pero quedó la simiente.

 

Y ha habido una nueva cosecha. Se ha producido, evidentemente, por el exceso de facilidades, por aceptar las cosas como obvias, como regaladas, por creer que todo está ahí, sin más, y que se tiene derecho a todo. Por creer que todo es natural y no resultado de una invención y un esfuerzo. Se ha producido al mismo tiempo la petulancia; la petulancia que acompaña siempre al niño mimado y al señorito. Se ha producido una obturación de la facultad de desear; al tenerse las cosas demasiados fácilmente y demasiado pronto, se tienen por lo general antes de desearlas, y entonces pierden su valor automáticamente.

 

Se ha producido también una curiosa envidia ajena, que me parece uno de los síntomas más feos de ciertos estratos del mundo actual. Y adviértase que esa envidia ajena no afecta a los que tal vez pudieran tenerla, a los realmente desventurados y desposeídos. En general afecta a los que no han llegado a las cimas pero están en camino de llegar a ellas; y si no llegan es porque no están dispuestos a hacer el esfuerzo necesario.

 

Añadía Ortega que estos hombres buscan “un pastor y un mastín”. Lo encontraron, naturalmente. El pastor principal -¿era pastor o era mastín?- se llamaba Adolfo.

 

 Siento que hay que atreverse a la inactualidad, que hay que atreverse a la extemporaneidad. Al lado de la altura de los tiempos, yo diría otra metáfora: la hondura de los tiempos. Creo que hay que atenerse a la hondura de los tiempos y principalmente la hondura del propio tiempo vital. O, con una expresión que en otro sentido empleó Menéndez Pidal, hay que recurrir al estado latente. Hay cosas que no se manifiestan, pero están ahí, están latentes, están debajo, están subyacentes, y podemos quizá descubrirlas, desvelarlas, alumbrarlas. A veces hay que hacer algo inactual, que no esté de moda, que no se lleve, algo inoportuno.

 

Hay que atreverse a hacer una pintura que no guste en las galerías de arte, que no tenga valor en las subastas. Hay que atreverse a hacer una música que no se estrene en los festivales. Hay que atreverse a escribir libros que a los críticos no les interesen. Hay que atreverse a oponerse pacíficamente a la violencia que nos circunda. Hay que atreverse a reclamar la libertad de los ciudadanos amedrentados por los etarras. En otros términos, hay que atreverse a algo modestísimo: a ser. Simplemente a ser. Y como dijo el poeta: “Historia / es hacer memoria”.

  

Francisco Arias Solis
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La violencia siempre ha sido reaccionaria. 

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EL EXILIO POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

EL EXILIO
 “Nos movió el mismo dolor..., la misma espina clavada....,la misma fuerza de amor...Tú en tu tierra, desterrada,yo en mi  destierro mayor,un cantar son nuestras vidas-canto entre queja y clamor-.Concha Méndez  
A LOS PUEBLOS LOS MUEVEN LOS POETAS
 

Al término de la guerra civil, León Felipe escribe: “Al final... después de mil episodios y disputas...el viento se hizo vendaval y borrasca... y empujó a unos españoles elegidos hacia la gran puerta que mira al mar y a las estrellas... Por allí salimos. Por allí salí yo. Por allí salieron los españoles del éxodo y del llanto”.  Y añade: “Y la España que se llevó la canción se llevó el salmo también” y algo más que la canción y el salmo: una carga científica, cultural, artística e ideológica con una reserva en un devenir histórico en el que confían.

 

Esta primera alternativa, la del exilio, es una constante en el proceso histórico español, con la connotación psicológica de identificaciones de posturas en quienes lo han padecido por actitudes individuales y colectivas en la defensa de la libertad, de la libertad, aquí, como riesgo. Cuando Goytisolo, en tiempos y circunstancias diferentes, escribe el prólogo a la Obra Inglesa de Blanco White se produce el fenómeno de identificación entre el prologuista y el autor de la obra rescatada. Dice Goytisolo en la introducción: “En España, la represión ha actuado siempre en primer término, sobre la representación: se ha ensañado en el espejo y no en la realidad que refleja”.

 Constante la dictadura, durante decenas de año, los trabajadores del verbo y la palabra adoptan distintas posturas en un país donde se vivía, como alguien ha dicho, en un estado de libertad vigilada.  

Quizá la más interesante sea la evasión de la realidad por conciencia de ella y su rechazo, en el proceso inconsciente de la legítima defensa del pensamiento, y ello a través de la enajenación mental sublimada a rango de primera lógica. Blas de Otero, en Pido la Paz y la Palabra nos dejó dicho: “Debo decir “he visto y me lo callo”. / Apretando los ojos juraría / que no, que no lo he visto, y mentiría / hablando, hablando, hablando”. O cuando, testigo excepcional del mecanismo de la dictadura añadía: “Dios me libre de ver lo que está claro” porque esa realidad doliente era la suya y la nuestra: “España, patria despeinada en llanto”.

 El escritor, el poeta, el hombre pensante, en un estado de libertad vigilada, es siempre peligroso. La superestructura dominante que tantas veces se manifestó por la frase “a los pueblos los mueven los poetas”, les niega la palabra. Pero hay que decir que, aún consciente de las sanciones que pudieran sufrir frente a una generación desesperada o perdida, fueron muchos los trabajadores de la palabra poética que se alzaron constantemente frente al poder absoluto. El enfrentamiento les condujo en ocasiones a la cárcel y en otras pasaron a engrosar las filas de los exiliados, porque es válido eludir la acción de la injusticia y se exiliaron como salida a la constante claustrofobia que les impedía la expresión y se expresaron desde el exilio a través de ediciones que entraron en nuestro país o robustecieron la esperanza de los primeros exiliados. Alfonso Sastre escribiría desde una cárcel: “Mirando al exterior, oh prisión mía, / oigo risas que llegan a mis huesos: / hay quien se piensa libre todavía”. 

Blanco White, en su tiempo, y en la obra anteriormente citada, dice: “Todo español se ha visto obligado a pensar o por lo menos a hablar y escribir con arreglo a ciertas fórmulas y principios establecidos”. Hacemos esta cita, pues si antes hemos dicho de la prisión física, no podemos olvidar la prisión a que se someten las ideas y los conceptos cuando intentaban expresarse: la prisión del lenguaje. Los poetas del realismo social han de acudir a la referencia de circunstancias injustas en otros países, como medio de señalar las que se producían en el propio.

 

Goytisolo ha dicho: “La historia de la literatura española está por hacer; la actualmente al uso lleva la impronta inconfundible de nuestra sempiterna derecha”.

 

“Trasplantados son mejores”. Eso dice Gracián de los españoles en el Criticón. No sé. Creo que para la inmensa mayoría, el destierro es un golpe inesperado, absurdo; una herida dolorosa e inaceptable que el tiempo y la historia se encargan de sanar. Para muchos el fenómeno vital sigue siendo -durante muchos años, en bastantes casos hasta la muerte- el desarraigo. Una negativa obstinada, a veces consciente, otras no; y lo que se niegan a aceptar es, nada menos, que el presente tenga razón, peso, sentido. Los exiliados siguen viviendo en Madrid, en Barcelona, en Valencia, en Sevilla, en Bilbao, en Oviedo, en Murcia, en Valladolid, en Pontevedra, en Santander, en Cuenca, en Málaga, en Cádiz... “¿Cómo no pensar en ti, / siempre en ti, desde aquí, Cádiz?, se preguntaba Alberti en su exilio.

 

La generación del exilio es especialmente rica en poetas. La España del futuro necesita de los poetas. Sobre todo de la poesía que -como decía Neruda- “es siempre un acto de paz”, porque “el poeta nace de la paz como el pan nace de la harina”. Poesía que destierre al éxodo y al llanto. Poesía que no haga brotar el agua del destierro, agua que hacía llorar al poeta malagueño Moreno Villa, muerto en el exilio: “De soledad tan vaga y tan concreta / sale un hilo de agua: / el agua del destierro, / muy parecida al llanto”.

  

Francisco Arias Solis
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 Ningún hombre considera que su situación es libre si no es al mismo tiempo justa, ni justa si no es libre”.


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CESAR VALLEJO POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

CESAR VALLEJO
(1892-1938)

“¡Cuídate, España, de tu propia España!”
César Vallejo.

LA VOZ DEL COMBATIENTE DE LA ESPERANZA

Recordar al “viejo combatiente de la esperanza” en estos días equivale a proponerlo como ejemplo. Las actitudes minúsculas nunca fueron suyas. Allí donde latía cierta alta tensión humana se encontraba Vallejo en su elemento.

La vida y la obra del poeta peruano César Vallejo fue una rebelión continua contra el estado de cosas. Su aparición señala dentro de la lírica americana el primer chispazo de una nueva presencia, adelantándose en el tiempo con ingenua espontaneidad verbal de poesía recién nacida: y adelantándose tanto, que hoy mismo, nos sería difícil encontrarle superación en su autenticidad, y en sus consecuencias.

La poesía de Vallejo es tan directa y tan pura que puede aplicársele aquella opinión de Debussy sobre un trozo de Bach: “que no sabe uno como ponerse ni lo que hacer para sentirse digno de escucharla”. Su poesía es seca, ardorosa, como retorcida duramente por un sufrimiento que se deshace en un grito alegre o dolorido, casi salvaje.

“Versos que no son versos, poesía que no es poesía”, como decía Laforgue, poesía que no es literatura; que no está escrita en letras muertas sino con vivas palabras. En la poesía de Vallejo choca esta desnudez, descarnada, de un lenguaje, tan exclusivamente poético, tan poco, o nada, literario.

No he de tratar de explicar esta poesía que es, como toda poesía, por definición, inexplicable. La pureza poética de Vallejo, como todo lo que se expresa tan estrictamente afianza el sentido humano de lo verdadero: la poesía, que es lo más humanamente verdadero.

Vallejo se siente y, por lo tanto, se sabe ser espíritu del pueblo. Renuncia a su persona individual para lograr el ser de todos, confundiéndose con el destino de los demás. Frente a quienes persiguen como supremo bien y a toda costa la satisfacción de sus deseos particulares, Vallejo subordina el suyo propio al bien común.

El 16 de marzo de 1892 y en Santiago de Chuco, undécimo y último hijo de un matrimonio que juntó en su prole sangre española y sangre incaica, nació César Vallejo. Toda su vida creó con lo que le faltó. Su pobreza se transformó en justicia. Su orfandad en misericordia. Su soledad en compasión. César Vallejo realizó el milagro de no consentir que los años, el hambre y la historia le asesinaran el niño que siempre fue.

Vallejo cursa estudios secundarios en Huamachuco. Después de ocupar varios empleos, estudia Letras en la Universidad de Trujillo, graduándose de bachiller. En 1919 trabaja en el Colegio Nacional de Guadalupe. A mitad de año lanza Los Heraldos Negros. Al año siguiente ingresa en prisión en la cárcel de Trujillo. En 1921 vuelve a Lima, donde recibe un premio literario por su cuento Más allá de la vida y de la muerte. Un año después publica Trilce. El 13 de julio de 1923 llega a París y en 1925 viaja por primera vez a España. Empieza a convivir con Georgette Philippart en 1929. A fines de diciembre de 1930, el poeta recibe orden de abandonar el territorio francés; pasa a España con Georgette. Ingresa en el Partido Comunista de España. Escribe una novela proletaria, El Tungsteno (1931). En 1936 estremecido por la tragedia que estalla en España, Vallejo, colabora en la ayuda al pueblo español, en octubre viaja a Barcelona y a Madrid. En julio de 1937, Vallejo asiste en Valencia al Congreso de Escritores Antifascistas. De regreso en París colabora en la fundación del Comité Iberoamericano para la Defensa de la República Española. Revisa algunos versos de sus últimos años y les agrega parte de los textos que formarán Poemas Humanos y España, aparta de mis este cáliz, ambas obras publicadas póstumamente en 1939. En marzo de 1938, Vallejo cae en cama. Lo transportan a la clínica Arago, dónde nadie llega a determinar cuál es el mal físico que lo consume. Muere en la mañana del 15 de abril.

Como en todo gran poeta, la vida lírica de Vallejo su lenguaje trágico, se siente y se entiende hondamente entrañado en su vida propia. En César Vallejo hay más, mucho más de lo que suele pensarse y decirse que es un poeta.

La voz de la poesía de Vallejo nos suena cada vez más honda y más viva, también más dolorida. Como toda voz de poesía se afianza y afirma con el tiempo.

“Muchas hambres, parece mentira... Las muchas hambres, las muchas soledades, las muchas leguas de viaje pensando en los hombres, en la justicia sobre esta tierra, en la cobardía de media humanidad... Lo de España ha sido el taladro de cada día para su inmensa virtud”, nos dijo Pablo Neruda de su bienquerido hermano. César Vallejo vivió y murió padeciendo hasta los huesos, la terrible guerra española.

“Me moriré en París con aguacero”, nos dijo César Vallejo, premonitor de su muerte. Y así fue, en París un día de primavera de 1938, un Viernes Santo lluvioso, apurando su cáliz español, con el nombre de España en los labios. Decía: “Voy a España... Quiero ir a España”... Fiel a su palabra: “¡Si la madre España cae -digo, es un decir- / salid, niños de mundo; id a buscarla!...”

Francisco Arias Solis
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No disparar donde haya niños. Stop.
En la gloria no necesitamos más ángeles.

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Gracias

EL PLANETA AMENAZADO POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

 

EL PLANETA AMENAZADO
 “Las estrellas fríassobre los caminos.Hay quien va y quien vienepor selvas de humo.”

 Federico García Lorca

 
LA DEGRADACION DEL MEDIO AMBIENTE ES INQUIETANTE
 

Actualmente se sabe que la clave de los problemas del medio ambiente estriba en buena medida en los factores sociales, económicos y culturales que los provocan y que no será posible, por consiguiente, prevenirlos o resolverlos con medios exclusivamente tecnológicos.

 

Pese a la creciente sensibilización ante los problemas del medio, es preciso reconocer que las actividades realizadas han resultado claramente insuficientes para contrarrestar la tendencia a la degradación del medio ambiente. Rara vez con anterioridad había resultado tan inquietante en el plano internacional la situación del medio ambiente. El vertiginoso aumento de las desigualdades entre los niveles de desarrollo y las condiciones de vida de los países, así como en muchos casos dentro de los propios países, han contribuido a agravar las futuras perspectivas.

 

En la mayoría de los países en desarrollo, el problema fundamental obedece a una extrema pobreza; y ésta provoca a su vez la degradación de los recursos naturales. La pauperización y la expansión demográfica, junto con el estancamiento o lentitud del desarrollo económico e, incluso, la regresión de éste, han seguido agravando la desforestación, la erosión en los suelos y la desertización, lo que ha dado lugar también a la destrucción de especies vegetales y animales. Actualmente se encuentran amenazadas de extinción unas 25.000 especies vegetales y más de 1.000 especies animales.

 

Los países industrializados se enfrentan también a los problemas del medio ambiente asociados fundamentalmente a los modelos de crecimiento predominantes; entre los principales figura el agotamiento de ciertos recursos naturales y los diversos tipos de contaminación. Las lluvias ácidas, el deterioro de la capa de ozono, el “efecto invernadero” y el aumento de la contaminación representan amenazas sin precedentes a la calidad de vida en el planeta.

 

Cuando se habla de contaminación atmosférica, normalmente, se hace referencia a los fenómenos que ocurren en el nivel más bajo de la atmósfera. No obstante desde la década de los setenta, viene siendo objeto de preocupación la contaminación de los niveles superiores (la llamada estratosfera), en los que se encuentra el ozono que nos protege de los rayos ultravioleta. Esta capa de ozono está siendo destruida por los llamados clorofluorcarbonados (CFC). Las particulares condiciones atmosféricas de la Antártida hacen que la máxima disminución de ozono se produzca allí. Sin embargo, ya se ha alertado del riesgo de que se abra un nuevo agujero en la capa de ozono, esta vez en el hemisferio norte, que podría afectar a Europa. Es decir, la destrucción del ozono no va a cesar de pasarnos una alarmante factura.

 

Los residuos industriales y los desechos domésticos siguen contaminando el medio ambiente acuático. Nuestra sociedad industrial ha llegado a esta gran paradoja: el peso total de los residuos que genera es casi mayor que el de los bienes producidos. La sofisticada sociedad de consumo ha conseguido también que en ocasiones, el envase supere en precio al contenido. Precisamente los envases y embalajes son la causa principal del notable aumento de la cantidad de basura urbana. Pero los residuos más problemáticos son los industriales y, dentro de ellos, los denominados tóxicos y peligrosos. El grueso de estos desechos se componen de productos químicos, residuos de pintura, metales pesados, ácidos, etc. Un gran parte de esos residuos se vierten de forma descontrolada envenenando el suelo, los ríos y los mares. Miles de millones de toneladas se depositan directamente en tierra sin ningún tipo de impermeabilización provocando filtraciones que llegan a las aguas subterráneas.

 Los gravísimos accidentes industriales de Seveso, Bhopal, Chernobil, etc., han puesto de manifiesto el riesgo que algunas industrias hacen correr a la vida humana y a la calidad del medio ambiente cuando no reúnen unas condiciones de seguridad de la máxima exigencia. 

La enorme capacidad de la industria para poner en el mercado nuevas sustancias sin que se haya llevado a cabo, con carácter previo, estudios sobre su toxicidad, ha conducido a que nos veamos rodeados por miles de sustancias de las que no sabemos nada o casi nada acerca de los efectos que puedan producir su contacto dérmico, inhalación o ingestión en aquellos seres supervivientes de este acelerado proceso de degradación ambiental.

 

Por último, aunque la situación sanitaria a nivel mundial, que constituye uno de los principales indicadores de la calidad global del medio ambiente humano haya mejorado generalmente en los últimos veinte años, la morbidez y la mortalidad han aumentado en muchos países en desarrollo. En los países industrializados, hay que lamentar sobre todo el aumento de las dolencias asociadas a las condiciones de vida en los medios urbanos industriales: enfermedades cardiovasculares, respiratorias, cáncer y alteraciones psicosociales.

 

No cabe duda que todos estos problemas proceden de situaciones socioeconómicas y de comportamientos humanos inadaptados (pobreza, desarrollo inadecuado, despilfarro de recursos naturales, etc.). Así pues, se hace menester modificar los sistemas de conocimientos y valores que suscitan las situaciones mencionadas, para hacer frente a los retos de la preservación de la calidad del medio ambiente y de la vida, desde la perspectiva de un desarrollo constante para todos los pueblos. Y como dijo el poeta: “Gracias a la ciencia, pienso / que el hombre va a conseguir / volver tierra y cielo infierno”.

 

Francisco Arias Solis
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   Sus palabras son bellas... pero luego no cumplen sus promesas.


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MANUEL ALTOLAGUIRRE POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

MANUEL ALTOLAGUIRRE

(1905-1959) “Mi vida está enamorada

 su prometida es la muerte.”

Manuel Altolaguirre.

 LA VOZ DEL POETA DE INTIMA ESPIRITUALIDAD 

“Manuel Altolaguirre nos ha dejado -decía Luis Cernuda-, en esa breve obra que escribió, versos y poemas inolvidables que anidan en nuestra memoria, en la que han de perdurar como lo que son: grandes poemas hermosos y vivos, al par de lo mejor que sus contemporáneos escribieron”.

 

 Altolaguirre, poeta malagueño al igual que Emilio Prados, José María Hinojosa y Moreno Villa, pertenece como ellos a la llamada generación del 27, generación que se dio a conocer a través de las revistas poéticas fundadas por Altolaguirre y Prados. En la imprenta Sur, se editó la revista Litoral, universalmente conocida. “Nuestra imprenta tenía forma de barco -escribía Altolaguirre-, con sus barandas, salvavidas, faroles, vigas de azul y blanco, cartas marinas, cajas de galletas y vino para los náufragos... Allí se publicaron libros maravillosos: la primera edición de las Canciones de Federico, los dos libros de Villalón, de Alberti, La Amante, Perfil del Aire de Cernuda, Ámbito de Aleixandre y muchos más. Los nuestros: mis Islas invitadas, mi Ejemplo; Vuelta y tiempo de Emilio; y libros de Bergamín, de José Moreno Villa, poemas de Unamuno, Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado, Pedro Salinas, Jorge Guillén y Gerardo Diego... “

 

1926 fue el año de publicación del primer número de Litoral y del primer libro de Altolaguirre que apareció con el título de Las islas invitadas y otros poemas. Al año siguiente salió el segundo con el nombre de Ejemplo y en 1930 el tercero con el de Poesía. Este libro fue al mismo tiempo revista poética. Parte de la revista la siguió publicando en París (fueron un total de cinco números), donde se trasladó ese mismo año, “dispuesto a continuar una maravillosa y única labor, que dificultades económicas por una parte, y el general desinterés de la gente por otra, le impidieron realizar en España”, según nos contó Rafael Alberti.

 

En 1931 se establece en Madrid, donde publica Soledades juntas. Al año siguiente, casado con la poetisa Concha Méndez, que será su inseparable compañera en su labor impresora, publica su nueva revista con el nombre de Héroe.

 

En 1934 marcha a Londres con objeto de estudiar las imprentas. Allí funda una nueva revista 1616 (en recuerdo del año de la muerte de Cervantes y Shakespeare). A su vuelta a España publica dos libros nuevos: La lenta libertad y Las islas invitadas, imprime otra de sus revistas con el sugestivo titulo de Caballo verde para la poesía, que dirige el poeta chileno Pablo Neruda. “Manolito hacía honor a la poesía -decía Neruda-, con la suya y con sus manos de arcángel trabajador”.

 

Durante la guerra civil, la poesía de Altolaguirre, se compone de poemas, en los que domina como idea principal la muerte. De esta época datan sus elegías A Federico García Lorca y Antonio Machado. La primera apareció al frente de su primer libro publicado fuera de España, ya en el exilio, en La Habana, con el nombre de Nube temporal. La segunda permaneció inédita hasta 1970, año en que se publicó en la revista Prohemio. En Cuba continua sus actividades literarias. Allí editó una nueva revista poética La Verónica y otra nueva colección que tituló El ciervo herido.

 

En 1943, Altolaguirre se establece con su familia en México definitivamente. Allí publica Poemas de las islas invitadas, Nuevos poemas de las islas invitadas, Aires de mi España y Fin de un amor. En 1955, aparece en Málaga su último libro publicado con el nombre de Poemas de América.

 

En su última época, el cine alejó a Altolaguirre en un principio de su quehacer poético aunque no literario. Dentro de su producción cinematográfica su obra maestra fue la adaptación y dirección de El Cantar de los Cantares, según la versión de fray Luis de León, película que presentó, fuera de concurso, al Festival Cinematográfico de San Sebastián. De regreso a Madrid sufre un accidente de tráfico mortal, y el día 26 de julio de 1959, en un hospital de Burgos, muere Manuel Altolaguirre, que había nacido en Málaga el 29 de junio de 1905.

 En su obra poética hay una reminiscencia clara del poeta clásico que más influye en su obra y que fue San Juan de la Cruz. El propio Altolaguirre confiesa que fue uno de sus poetas preferidos y Cernuda con su agudo sentido crítico escribió estas palabras: “Como en los versos de aquel, hay en Altolaguirre, de una parte la noche, de otra la luz de amor que la traspase...” Como podemos apreciar en estos versos de Altolaguirre: “Nuestro amor silencioso / y oscuro nos eleva / a las eternas noches / que separan altísimas / los astros más distantes”. 

Francisco Arias Solis
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Donde mora la libertad, allí está mi patria.

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 Gracias.
  

JUAN GOYTISOLO POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

JUAN GOYTISOLO

  

“No critiques a tus enemigos,

que a lo mejor aprenden.”

Juan Goytisolo.

 
LA VOZ DEL REALISMO SOCIAL
 Juan Goytisolo, importante también como teórico de la literatura, es, a la vista del conjunto de su obra, el novelista más importante de la generación del medio siglo y autor de una de las novelas más singulares de toda la postguerra, Reivindicaciones del Conde don Julián. Dado a conocer en 1954 con Juegos de manos, su obra progresa con una gran regularidad y constancia, y sobre todo en un camino de perfeccionamiento que le sitúa, por el momento, en un privilegiadísimo puesto dentro de nuestra novelística. Goytisolo es una de las figuras más estimadas de la narrativa actual, considerada como representativa de la literatura comprometida social y política, y en su momento uno de los escritores más importantes del realismo crítico o realismo social.  Su obra fue prohibida por la censura franquista desde 1963 hasta la muerte del dictador. Fino intérprete de la actualidad y de los países de cultura islámica, es una de las más relevantes figuras intelectuales del momento.  Juan Goytisolo Gay nace en Barcelona el 6 de enero de 1931, hermano de José Agustín y de Luis Goytisolo. En su ciudad natal estudia el  bachillerato y la carrera de derecho. En 1957 se marcha a París, ciudad en la que reside habitualmente   y  donde desarrolla  una intensa actividad editorial como asesor de la editorial Gallimard.  Entre 1969 y 1975 fue profesor de literatura en las universidades de California, Boston y Nueva York.  Desde la muerte de su esposa, Monique Lange (1996) ha fijado su residencia en Marrakech. Ha sido galardonado con el premio Europalia (1985), en 1993 se le ha otorgado  el premio Nelly Sachs y en 2002 ha obtenido en México el premio Octavio Paz. Desde  abril de 2007  la biblioteca del Instituto Cervantes de Tánger  se denomina Biblioteca Juan Goytisolo. Sus mejores críticos han reconocido en su obra varias etapas. La primera vendría marcada por una todavía fuerte presencia del subjetivismo narrativo y una interpretación lúdica y evasiva de la realidad. A ella pertenecen Juegos de manos y Duelo del Paraíso (1959).  Una segunda etapa viene marcada por la acentuación de la temática crítico-política y por la utilización de una técnica más objetiva. Está formada por la trilogía “El mañana efímero”: El circo (1957), Fiestas (1958) y La resaca (1958). A partir de La resaca se suele admitir una nueva época en el autor, que se inicia con La isla (1961), novela ya de una implacable técnica objetiva y de crítica antiburguesa. Esta crítica aparece también en Fin de fiesta (1962). Habría que señalar, finalmente, una nueva época, formada por Señas de identidad (1966) y Reivindicación del Conde don Julián (1970) y Juan sin tierra (1975), tal vez, sus obras más celebradas. En  Makbara (1980) y Paisajes después de la batalla, se refleja una nueva actitud narrativa, cada vez más experimental y destructiva de las formas tradicionales, próxima a los cánones del “nouveau roman”. En las Virtudes del pájaro solitario (1988) intenta conjugar la mística sufí y la poesía de san Juan de la Cruz. Su última novela ha sido Carajicomedia  (2000). Ha escrito libros de viajes, Campos de Níjar (1959) y  La Chanca (1962); la autobiografía  Coto vedado (1985) y En los reinos de taifa (1986), también de carácter autobiográfico; y los ensayos Problemas de la novela (1959), toma de posición sobre el quehacer narrativo, El furgón de cola (1968), Disidencias (1977), Libertad, libertad (1978), El problema del Sáhara (1979), Crónicas sarracinas (1981), Estambul otomano (1989), Crónicas de Sarajevo (1994), Argelia en el vendaval (1994), El bosque de las letras (1995), Cogitus interruptus (1999) y Pájaro que ensucia su propio nido (2001). Ha publicados también la Obra inglesa (1972) de Blanco White, así como algunos guiones documentales para la televisión como Al-Qibla.  La constante superación estilística y formal y la ampliación temática hasta unos asuntos realmente ambiciosos son muestra de la sinceridad del hacer de este escritor que, a través de inseguridades, ha llegado al alcanzar una auténtica cima. Y como nos  ha dicho el escritor catalán: “Yo no busco un gran número de lectores, sino un cierto número de relectores”.  Francisco Arias Solis
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¡Necesitamos vivir en paz!
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Gracias