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Francisco Arias Solís

EL ALCOHOLISMO POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

 

EL ALCOHOLISMO
 “El iba solo, tambaleándose. Borracho de amor, borracho de hambre,borracho de alcohol,  quién sabe.  El iba solo, tambaleándose.”Luis Rius. 
EL CONSUMO EXCESIVO DE ALCOHOL
 

El alcoholismo constituye un grave problema de salud pública en nuestro país. Las consecuencias negativas que genera, así como su extensión a sectores de la población no especialmente afectados hasta ahora, como las mujeres o los adolescentes, han sensibilizado a la opinión pública.

 

A pesar del gran número de personas aquejadas de esta enfermedad y del enorme coste humano y social que esta enfermedad ocasiona, la inversión en medios humanos y materiales para atender a los centros asistenciales como a los programas preventivos ha sido mayor en otras drogodependencias. Las razones no son casuales. La brusca irrupción de las politoxicomanías en nuestro país a partir de los años ochenta; la edad temprana de los sujetos afectados; la vinculación de este hecho no sólo a problemas graves de salud, como el sida o la muerte por sobredosis, sino también a fenómenos de marginación social, han llevado a cuantiosas inversiones en el tratamiento de las drogodependencias no legales. No es cuestión de poner en entredicho la prioridad otorgada en los últimos años a la dependencia de opiáceos, sino que se trata simplemente de recalcar la necesidad ineludible de volver la vista sobre un fenómeno muy arraigado en nuestra cultura que no deja de extenderse a todas las edades y capas sociales: el consumo excesivo de alcohol.

 

Los problemas ocasionados por el consumo abusivo de alcohol rebasan con creces los derivados del hábito de la bebida. Las alteraciones de la salud, los trastornos psicopatológicos y los conflictos psicosociales constituyen una realidad compleja que requiere un tratamiento adecuado.

 

Las posibilidades de recuperación son relativamente altas cuando los sujetos no son muy mayores y están implicados activamente en la terapia. Por decirlo en otras palabras, la mayor urgencia clínica estriba en captar a las personas para el tratamiento porque, una vez incorporadas a él, las posibilidades de rehabilitación son relativamente buenas.

 

Sin embargo, la inquietud por este problema no debe llevarnos a rechazar sin más el consumo de alcohol. Se trata de una sustancia de fácil adquisición, socialmente aceptada, con una gran tradición cultural -no ajena, por cierto, a los intereses económicos que se mueven en torno a ella- y utilizada en buena parte como motor de las relaciones sociales.

 

Hay una minoría de adultos totalmente abstemios que ha decidido no beber nada de alcohol por intolerancia ante el mismo, por contraindicación médica o por convicción propia. Se trata de una decisión sensata y saludable. Sin embargo, es un hecho que la mayor parte de la población entra en contacto con el alcohol, hace uso moderado de él, disfruta de sus propiedades positivas, lo asocia a acontecimientos festivos y no sufre ningún tipo de consecuencias negativas.

 

Es más, según lo que se sabe hoy en día, tomar un vaso diario de vino durante las comidas, dentro de una dieta mediterránea, mejora el nivel de colesterol e inhibe la aparición de arteriosclerosis y de otras dolencias cardiovasculares.

 Beber es agradable, algo de lo que no hay por qué prescindir si se hace moderadamente, y no hay razones médicas, psicológicas ni personales que lo desaconsejen. No obstante, algunos profesionales y organizaciones, sin duda influidos por los estragos del alcoholismo que ven palpablemente a su alrededor, dan la imagen de que es algo intrínsecamente malo y es poco menos que responsable de casi todos los males que aquejan a la sociedad actual. Se trata de una generalización excesiva porque, lejos de cualquier frivolidad, los excesos en el alcohol de algunas personas no pueden tergiversar la realidad del consumo gratificante e inocuo de otras muchas. 

En resumen, de una conducta placentera normal se puede hacer un uso anormal cuando el sujeto presenta una pérdida de control, se muestra dependiente física y emocionalmente, pierde interés por otro tipo de conductas que anteriormente le resultaban satisfactorias, y todas sus actividades comienzan a gravitar progresivamente en torno al consumo de alcohol. En este caso se trata ya de un comportamiento problemático que interfiere negativamente tanto en la salud como en las relaciones familiares, sociales y laborales de las personas implicadas. Y es que, como dijo el poeta: “... en cuyo fondo de lodo / se echa el que infeliz existe / y quien, por no morir triste, / prefiere morir beodo”.

 

Francisco Arias Solis
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Jamás hubo una guerra buena o una paz mala.

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EL SINDROME DEL NIÑO RICO POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

EL SINDROME DEL NIÑO RICO
 “El niño se le arrima y, radiante y decidido les dice en la cara: ¡Ea yo parezco un niño rico!”

Juan Ramón Jiménez.

 EL AFAN DE TENER DEBE DAR PASO AL GOZO DE DAR 

Una epidemia social está actualmente poniendo en peligro la salud emocional de muchos niños. El síndrome del niño rico o “ricopatía” no sólo abarca a los hijos de la gente acaudalada sino también a los de la clase media y a los de familia de menos recursos.

 

El síndrome del niño rico, se presenta en los niños que reciben demasiado de alguna cosa, ya se trate de presiones de tipo educativo, de dinero, de alimentación, de protección o de sacrificios de los padres.

 

Los niños afectados por este síndrome tienen los mismos problemas que afligen a los adultos pudientes. En estos pacientes infantiles se pueden presentar algunos de los siguientes síntomas: Náuseas periódicas, dolores de cabeza, alto nivel de ansiedad, depresión, fobias varias e hipertensión. Sin embargo, a menudo se presentan también manifestaciones de las lesiones físicas y emocionales subyacentes, que son características y están relacionadas con la edad. Los desarreglos típicamente infantiles pueden incluir micciones nocturnas, desajustes escolares, imposibilidad de mantener relaciones positivas con compañeros y adultos, lo mismo que una multitud de dificultades de índole social y personal.

 

Aunque tengan muchas cosas materiales, los niños de padres ricos a menudo carecen de lo que más falta les hace: la presencia de los padres. Muchos de estos niños son cuidados por personas diferentes durante la mayor parte del día, y cada vez, es más frecuente el fenómeno de los “niños confinados”, es decir, aquellos que permanecen en su casa todo el día solos sin nadie que les cuide.

 

Los niños de 2 a 12 años ven la televisión un promedio de 25 horas a la semana. Por lo que su verdadera “escuela” es la televisión, con sus dudosas programaciones y su implacable publicidad comercial. Además, como sucedáneo de la televisión han encontrado los videojuegos e Internet.

 

El hartazgo de bienes materiales, de servicios y de experiencias está quitándole a la niñez algo de maravilla y de inocencia; y están introduciendo prematuramente a los niños en el mundo vacío, característico de muchos adultos de nuestra época.

 

En un estudio que ha realizado  el grupo Gallup sobre el impacto de la “vida fácil” en los hijos de altos ejecutivos, estos jóvenes, de 14 a 22 años de edad que llevan una vida de lujo y comodidad, ajustan su escala de valores a las conveniencias materiales. Más de la mitad de ellos considera que la parte más atractiva de ser hijos de ejecutivos acaudalados es gozar de las ventajas materiales y económicas que están a su alcance. Sin embargo, un alto porcentaje de ellos no se siente feliz. En realidad las mayores presiones a que están sometidos están directamente relacionadas con su riqueza. De sus declaraciones se desprende: Se sienten incómodos con el papel de “niños ricos” o de “niños mimados”; tienen la impresión de que sus padres intentan comprar su efecto con cosas materiales; sienten una gran presión paterna para que sobresalgan en sus actividades, y tienen muy pocas oportunidades de gozar de la compañía de sus padres.

 

Las claves más importantes para poder superar el síndrome del niño rico son el tiempo y los valores. Esto significa que los padres deben dedicar más tiempo a sus hijos y el ejemplo de los padres en la práctica de valores morales claros y firmes es indispensable para que el niño incorpore en su vida convicciones, en las cuales, la generosidad prevalezca sobre el egoísmo. El afán de tener debe ceder paso al gozo de dar. Y es que, como dijo el poeta: “Es el mejor de los buenos / quién sabe que en esta vida / todo es cuestión de medida: / un poco más, algo menos...”

 Francisco Arias Solis
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WIKIPEDIA: http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Arias_Sol%C3%ADsBLOG: http://lacomunidad.elpais.com/aarias/posts  No disparar donde haya niños. Stop.En la gloria no necesitamos más ángeles.
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BENJAMIN JARNES POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

   BENJAMIN JARNES(1888-1949) 

“La mejor novela queda siempre inconclusa, porque el autor

 no puede dictar desde la tumba los últimos capítulos.”

Benjamín Jarnés. LA VOZ LIRICA DE LA NOVELA 

Con Benjamín Jarnés nos encontramos ante uno de los más vigorosos e importantes novelistas anteriores a la guerra, lamentablemente olvidado hoy y cuya recuperación íntegra se hace absolutamente necesaria y urgente. La vida humana en todos sus niveles según todos sus perfiles, es el objeto básico de la novela de Jarnés. Es decir, en ella se encarna, en la pura creación ficticia, el principio fundamental del vitalismo que, simultáneamente, alimentaba su doctrina estética y su crítica.

 Ahora bien, y ello ha sido anticipado parcialmente en la caracterización de sus biografías, el lirismo es el elemento conformador de su narrativa. Pertenecen las novelas de Jarnés a la especie de la novela lírica que tuvo su auge en Europa en la segunda y tercera décadas del pasado siglo. En su obra sobre el tema, Ralph Freedman la define escuetamente: “Es un género híbrido que utiliza la novela para aproximarse a la función de un poema”. 

“Evidentemente, estos romances de hoy -escribía Jarnés- en Hora de España- no son populares, auténticamente populares. Son juglarescos (...). De lo que no disfrutan estos romances es de la gracia, de la alegría del anonimato ¿No vienen a nosotros excesivamente firmados y rubricados? El romance popular legítimo ¡gana tanto siendo anónimo!” Y si la verdadera voz del pueblo, son los romances que responden a una verdadera necesidad de cantar, las verdaderas novelas, las novelas de Jarnés, son novelas que responden a una verdadera necesidad de contar. “Canto y cuento es la poesía”, decía Machado.

 

Benjamín Jarnés Millán nace en Codo, provincia de Zaragoza, el 7 de octubre de 1888 y muere en Madrid el 11 de agosto de  1949. Fue seminarista, por imperativos económicos, su falta de vocación le hizo abandonar el seminario, pero de los estudios sacerdotales quedaron en él conocimiento del latín, su inclinación hacia los clásicos eróticos –Ovidio, Catulo y Tibulo- y cierto gusto por el formalismo retórico. Concluyó la carrera de maestro nacional -que no ejerció-, perteneciendo al Cuerpo Auxiliar Administrativo del Ejército, llegando al grado de capitán. Se casó en Gregoria Bergua en 1916. Un años más tarde es destinado a Jaca, donde empieza sus colaboraciones en La Crónica de Aragón, El Pirineo Aragonés, El Pilar y La Unión. En 1920 se instala en Madrid donde fue crítico de la Revista de Occidente.  El escritor aragonés colaboró en el primer número de la revista malagueña Litoral, dirigida por Emilio Prados y Manuel Altolaguirre. Tras la guerra civil se exilió primero en Francia y luego en México. La experiencia americana resbaló sobre él, quizá por haberse visto obligado por las circunstancias a una actividad más industrial que crítica y artística. Con la salud maltrecha regresó a España en 1948, poco antes de morir.

  Hombre de amplísimas lecturas, de muy inquieta mentalidad, de ingenio y pluma delicados y sutiles. Jarnés cultivó con prestigio la novela, la biografía, el ensayo, la crítica literaria y el periodismo. Su culto y vivaz estilo le da personalidad y distinción entre los escritores mejor dotados de la generación del 27. A la agudeza gracianesca de oriundez, se une en Jarnés la gracia expresiva, o “la risueña voluntad y el sobrenadador optimismo de este juglaresco Benjamín Jarnés”, que dijera Juan Ramón Jiménez.  

Entre la veintena larga de sus obras, recordemos El profesor inútil, con la que aparece en el campo de las letras en 1926, y libros de tan jugosa novedad y expresión como  Vida de San Alejo (1928), El convidado de papel (1929), Paula y Paulita (1929), Locura y muerte de nadie (1929),  Sor Patrocinio, la monja de las llegas (1929), La teoría del zumbel (1930), Viviana y Merlín (1930), Escenas junto a la muerte (1931), Zumalacárregui, el caudillo romántico (1932), Lo rojo y lo azul (1932), Fauna contemporánea (1933), El libro de Esther (1935),  Castelar hombre de Sinaí (1936), y Doble agonía de Bécquer (1936).  Durante el exilio escribió la novela La novia del viento (1940), Manuel Acuña, poeta de su siglo (1942); Manuel Azaña (1942) y Españoles en América (1943). Después de su vuelta a España publicó Eufrosina o la gracia (1948). En 1980 se publicó Línea de fuego, escrita en 1938, profunda reflexión sobre la guerra civil española.

 

De Jarnés puede decirse sin hipérbole que “llegó, vio y venció”. En su novela El profesor inútil ya se manifiestan vigorosamente las dos facultades del novelista: la constructiva y la estilística. Jarnés posee un estilo mágico para el retrato. La magia, prodigio y hechicería, cede sus más raros valores al estilo en la prosa de Jarnés, al estilo en la arquitectura de la prosa... Luego entre los elementos ya literarios, vocabularios, medios de expresión propios en la pluma descriptiva, la magia de Jarnés son colores finos, matices tenues, deliciosas veladuras, una elegancia que nos atrae con rigor en nada opuesto a la gracia lírica de la materia.

 

En todas las artes y, tal vez, más que en ninguna, en el arte de narrar, lo que importa, sobre todo, es la “expresión”. La expresión exacta de la vida, del sentimiento vivo que nace con sello peculiar en el cerebro de su creador. La expresión en la prosa de Benjamín Jarnés es excelente.

 

Probablemente no se ha escrito acerca de Bécquer juicio tan claro como el de Jarnés. Tan medido y entusiasta. Benjamín Jarnés tiene el secreto encanto del arte. Y como decía Bécquer “Tiene el arte no sabemos qué secreto cuanto que todo lo que toca lo embellece”.

 

Francisco Arias Solis
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Por esa libertad bella como la vida.

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Gracias.

 

LA PALABRA LIBERTAD POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

LA PALABRA LIBERTAD 

“Lo único que aún me exalta

 es la palabra libertad”.

André Breton.

 

VIVIR ES UN CONTINUO ELEGIR Y DECIDIR

 

Madame Rolland, al subir al cadalso, ve la estatua de la Libertad y dice una frase que pasará a la Historia: “¡Libertad cuantos crímenes se han cometido en tu nombre!”. En efecto, innumerables crímenes. Pero, ¿cuántos en nombre de la tiranía y contra la libertad? Por una orden de 9 de octubre de 1824 se establecía en España la pena de muerte para todo aquél que diese vivas a Riego, a la Constitución o a la Libertad. No es extraño que el grito liberalizador fuese “¡Vivan las caenas1”, grito susceptible de enrojecer a cualquier ciudadano. “No son libres todos aquellos que se burlan de su cadenas”, dijo Lessing, pero es que el español oscurantista no se burlaba de las cadenas, sino que las amaba. No sólo creía, como los estoicos, que se puede ser libre estando preso, sino que, al parecer, consideraba que no había más libertad que el sometimiento disciplinado y “leal” al despotismo. En esta vieja tierra del Sur se hizo muy popular esta copla: “Por gritar ¡Viva la Pepa! / me metieron en la cárcel, / y después que me sacaron / ¡viva la Pepa y su madre!”. Sin embargo, todavía quedan sujetos que abominan de la libertad por considerarla manantial de desdichas y abrevadero de indecencias. Un día estos individuos descubren una reproducción de la Libertad guiando al pueblo, de Delacroix, y al ver los pechos desnudos de la mujer que la alegoriza, se dan a sí mismos la razón de sus temores. Y hasta confirman uno de sus más caros y apocalípticos apotegmas: “La libertad engendra libertinaje”.

 

La palabra libertad -no tanto como la palabra democracia, pero casi- está maltrecha de tantos crímenes cometidos en su nombre, de tantas proclamaciones constitucionales anuladas por reglamentación de menor rango, de tanta disección biopsicológica y de tanta puñalada de pícaro y estocada de sabio asestadas sobre su cuerpo inmortal por doctrinarios de la izquierda y la derecha.

 

Haciendo abstracción del parto greco-latino, de las nupcias de la Ilustración y de las autopsias fascistas y marxista, la verdad es que la mejor definición de la libertad es la descarada e ingenuamente tautológica: “La libertad es la libertad”. Todos sabemos lo que es y no hay que oscurecer la ciencia infusa con la especulación más o menos científica.

 

Como dice el cardenal Léger, arzobispo de Montreal, “no es posible ciencia ninguna (ni siquiera ciencia teológica) sin libertad de investigación”. La libertad de investigación no es disociable de la libertad de pensamiento, ni la libertad de pensamiento de las demás libertades públicas, con lo cual se acaba por creer que cabe más “dialéctica” en la libertad que en el totalitarismo.

 

Todavía recordamos aquello de Camus en El hombre rebelde: -”Matar la libertad para hacer que reine la justicia equivale a rehabilitar la noción de la gracia sin intercesión divina y restaurar al cuerpo místico bajo las especies más bajas mediante una reacción vertiginosa”. Y añadía el pensador francés: “La libertad absoluta escarnece a la justicia. La justicia absoluta niega la libertad. Para ser fecundas, las dos nociones deben encontrar su límite en la otra. Ningún hombre considera que su situación es libre si no es al mismo tiempo justa, ni justa si no es libre”.

 

¿Que la libertad personal es un tanto ilusoria a la luz de la biología y el psicoanálisis? De acuerdo. ¿Que en el estado actual de desequilibrio clasista, con una educación en la que todavía no cabe hablar plenamente  de igualdad de oportunidades, una economía en minoritarias manos y una clase política burguesa o aburguesada, la libertad es poco más que un suspiro? Casi de acuerdo. Pero ¿preferiremos, puesto que poco se puede hacer, no hacer nada? ¿Habrá que renunciar al uso de la libertad posible y la presión sobre la empalizada sólo porque tales prácticas según algunos, apuntalan el viejo sistema, lo erosionan o, al menos lo humanizan? ¿Sin esa libertad “burguesa”, cómo sería posible despotricar en público contra la libertad burguesa? “¿Hemos de aceptar la aportación burguesa de las libertades democráticas?” Esta última pregunta de Francois Mitterrand figura en su libro Un socialisme du possible. Respondo que sí -decía Mitterrand- y seguidamente añado: con la condición de volver a estas libertades su verdadero contenido”.

 

En resumen, que es mejor, según el falible parecer del infrascrito, una libertad imperfecta que la ausencia de libertad, una “tolerancia represiva” -según la contradictoria acuñación marcusiana- que una represión intolerable, un poco de libertad en manos de pocos que ninguna libertad en manos de nadie. Modestamente uno también cree, con Ortega, que vivir es un continuo elegir y decidir: Y no ve como puede uno elegir (vivir) si lo elegible es sota, caballo y rey. Ni como puede uno decidir sin una información previa, objetiva, libre y total. Y como dijo el poeta: “No paro de recordar / aquello que me decía / de morir sin libertad”.

  

Francisco Arias Solis
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Se ama la libertad como se ama y se necesita el aire, el pan y el amor.

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LUIS GOYTISOLO POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

  

LUIS GOYTISOLO
 

“El ser humano ha conocido tiempos más sombríos,

tan bobos, posiblemente no.”

Luis Goytisolo.

 

LA VOZ DE UN ESCRITOR COMPROMETIDO

 Dentro del grupo del realismo social ha tenido destacado lugar Luis Goytisolo, aunque su obra reciente haya tomado rumbos bien distintos. Escritor  comprometido con el tiempo que vive y con el tiempo en que vive.  Luis Goytisolo Gay nace en Barcelona el 17 de marzo de 1935, hermano de los escritores José Agustín y Juan Goytisolo. Siendo muy niño pierde a su madre, víctima de un bombardeo franquista sobre la ciudad de Barcelona en 1938. Su propensión   por la lectura y escritura se inició muy pronto y comenzó a escribir dos novelas a los once años, a partir de entonces fue su tío Luis, el que le introdujo en la afición a la narrativa norteamericana. Se licenció en Derecho. Obtuvo en 1956 el premio Sésamo de cuentos. En 1994 fue elegido académico de la Real Academia Española para ocupar la vacante del poeta Luis Rosales. En la actualidad existe  en la ciudad de El Puerto de Santa María la Fundación Luis Goytisolo, ubicada en el Palacio de Villarreal  y Purullena.  Sus primeras novelas, Las afueras (1958), premio Biblioteca Breve, y Las mismas palabras (1962), están influidas por el objetivismo realista del momento, con especial importancia concedida al diálogo,  la ausencia de un personaje central y caracterizadas por una dispersión estructural y la pluralidad  de perspectivas con acciones entrelazadas y yuxtapuestas. Esta complejidad estructural se agudiza en su conocida tetralogía Antagonía, para algunos una de las cumbres de la narrativa española de los últimos años, donde el lector se sumerge en una interminable maraña de reflexiones, sentimientos, anécdotas y secuencias discursivas: Recuento (1973), especie de autobiografía generacional de carácter reflexivo, Los verdes de mayo hasta el mar (1976), La cólera de Aquiles (1979) y Teoría del conocimiento (1981). El conjunto revisa múltiples facetas de la vida humana, combinando la narración y el discurso, analizando especialmente los recuerdos de la infancia y adolescencia en una sociedad burguesa y las relaciones sentimentales y eróticas; particular atención dedica el autor el enfrentamiento del escritor con la escritura y el acto de creación, recurriendo incluso a la metaliteratura- en la tercera utiliza el mecanismo de la novela dentro de la novela-. El lenguaje se vuelve redundante, minucioso, ideológico y discursivo.  En las novelas posteriores se repite el tema del doble y va desapareciendo cada vez más la importancia del argumento: El edicto de Milán (1979), Estela de fuego que se aleja (1984), galardonada con el premio de la Crítica, Investigaciones y conjeturas de Claudio Mendoza (1985), La paradoja del ave migratoria (1987) y Estatua con palomas (1992), premio Nacional de Narrativa en 1993. Ojos, círculos, búhos (1970), incluido con Devoraciones (1976) en Fábulas (1988), son prosas de carácter experimental.  Entre sus últimas novelas, citaremos: Placer licuante (1997), Escalera hacia el cielo (1999), Diario de 360º (2000), Liberación (2003) y Oído atento a los pájaros (2006). Ha publicado también el ensayo El porvenir de la palabra (2002), recopilación de artículos aparecidos en la prensa. Luis Goytisolo colabora ocasionalmente en varios periódicos, especialmente en El País , y es autor de series documentales televisivas: Índico y Mediterráneo.   Desde sus primeras obras que reflejan una ambientación propia del realismo social imperante entonces, Luis Goytisolo no ha cesado de evolucionar hacia un estilo más complejo, de perspectivimo múltiple y tramas simultáneas. Y como dijo el escritor catalán: “El poder tiende hoy a ejercerse simultáneamente desde el pueblo, con el pueblo y contra el pueblo”.   

Francisco Arias Solis
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WIKIPEDIA: http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Arias_Sol%C3%ADsBLOG: http://lacomunidad.elpais.com/aarias/posts   Sus palabras son bellas... pero luego no cumplen sus promesas.


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LAS AMERICAS POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

LAS AMERICAS
 “Américas purísimas, tierras que los océanos guardaron  intactas y purpúreas.”

Pablo Neruda.

 NADA SE PAGA TAN CARO COMO LA SUSTITUCIÓN DE LA REALIDAD POR LO QUE NOS PARECE  

Entre las muchas cosas que son respetables, la más respetable es la realidad. La fidelidad a ella parece la condición fundamental para acertar. Nada se paga tan caro como la sustitución de la realidad por lo que nos parece o nos conviene. Si no se acepta la estructura de la realidad, ésta se venga resistiéndose a nuestra manipulación.

 

No quiere decir esto que la realidad no deba ser modificada o transformada; al contrario. En primer lugar, ella de por sí cambia y se transforma constantemente; en segundo término, esa variación debe ser orientada, pero siempre teniendo en cuenta lo que las cosas efectivamente son; partiendo de ellas, no de un esquema arbitrariamente proyectado sobre lo real.

 

Hablamos de América. En un sentido indudablemente es una: un Continente incorporado a la historia universal desde 1492, puesto entonces en contacto con el resto del mundo, receptor de la población, las lenguas y la cultura de unos cuantos países europeos, y después de elementos de otros muchos más, de Europa y de otros continentes. Es un Continente “joven” en el sentido de que las sociedades americanas actuales datan  de hace medio milenio, aunque sus antecedentes históricos se remonten mucho más lejos.

 

Pero, aparte de estos rasgos genéricos. América no es una, sino múltiple y diversa. Más que de América hay que hablar de “las Américas”. Hay, por una parte, la América de lengua inglesa, sobre todo los Estados Unidos pero también el Canadá, análogo en tantas cosas pero diferenciado por su permanente conexión con Inglaterra, y por la presencia de una fuerte minoría de lengua francesa. Por otra parte, la América hispánica, profundamente diferente de la otra, con multitud de rasgos comunes, desde su mayor antigüedad hasta la presencia incomparablemente mayor de elementos nativos, su inspiración en otra cultura, etc. Pero dentro de esta América hispánica hay que distinguir las dos porciones lingüísticamente distintas: la de lengua portuguesa, el Brasil, y el conjunto de los países de lengua española; una y otra con hondas huellas de dos naciones europeas muy próximas, con muchas semejanzas, pero orientadas en dos sentidos diferentes. España y Portugal, tan parecidas, han tenido proyectos históricos independientes y en ocasiones divergentes. La América española y el Brasil no se pueden separar ciertamente; pero tampoco se pueden confundir.

 Por último, si consideramos la América de lengua española, evidentemente más homogénea y dotada de alguna unidad, no podemos olvidar las enormes diferencias entre los países resultantes de la independencia, después de la disolución de la que fueron las Españas. Los actuales países americanos son de tamaño muy diverso y con una extraordinaria variedad de grados y formas de desarrollo económico y cultural. 

Si no se tiene esto presente, si se proyecta sobre el continente americano una imagen simplificada y homogénea, se hace tabla rasa de tantas diferencias y peculiaridades, se violenta esa realidad múltiple, se destruyen tantas posibilidades. Si, por el contrario, se atiende sólo a la diversidad y se olvidan los decisivos elementos unitarios, se convierte América en una versión moderna de los reinos de taifas. Un tratamiento correcto de la realidad americana tiene que distinguir escrupulosamente las diversidades y buscar su lugar y su significación, a distintos niveles, dentro de su unidad. Y como dijo la voz armoniosa de un poeta de los continentes americanos: “La tierra se está haciendo de nosotros / está creciendo diariamente de nosotros...”

 

Francisco Arias Solis
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Cero tolerancia contra la intolerancia 

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VIVIR CON DECENCIA POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

VIVIR CON DECENCIA  “Que te compren no me extrañaque te vendas... ¡eso sí! y lo que menos comprendo es que no te extrañe a ti.”

Augusto Ferrán.

  

TODA LA SOCIEDAD ES TEATRO

 

La Academia define la decencia como “aseo, compostura y adorno”. El diccionario Vox, más expeditivamente: “respeto interior a las buenas costumbres y a las conveniencias sociales”, una definición que bien mirada, es bastante indecente. Aquí nos referiremos fundamentalmente al concepto de decencia como sinónimo de dignidad: Vivir con decencia. Como vivía aquel jornalero andaluz sin trabajo que contestó, “En mi hambre mando yo”, cuando le fueron a proponer que hiciese algo que él consideraba indecente.

 

Se ha procurado asimilar léxicamente lo indecente a lo verde.. La decencia, como alusión de relatividades sociales, es un matiz de salón y la calificación de verde debe venir de la timidez y susto con que los hombres de salón encaran los frescos valores del medio rural. Se asustan de lo verde, como del sol y del aire libre. Hay decencias que no tienen mucho más valor que las gafas de color. Por eso el pueblo que no alude nunca sino nombra, que se familiariza fácilmente con el verdor campesino no es nunca indecente.

 

La tabla valorativa de la “decencia” es documento precioso para conocer las entretelas del convencionalismo social. Creer que los niños venían de París o que los traía una cigüeña, fueron carteles de blasón de la decencia. Puede llamarse indecente la falda corta, y no la usura larga; el escote bajo, no el enriquecimiento rápido de algunos cargos públicos.

 

No cabe duda que la codicia, el engaño, el fraude, el interés, circulan por nuestro país mucho más expeditivamente al no ser aludidos y denunciados por ninguna previa repulsa de “indecencia”. Hay enormes indecencias éticas que transitan por el mundo a los ojos de todos. Todo lo que no podía exhibirse en un vestido, puede exhibirse tranquilamente en un negocio. ¡Y no acude ningún guardia para advertir que se está faltando a la decencia pública! Se baja la voz para decir en Consejo de Administración de una fábrica de material de guerra: “hace falta que todo vaya peor, para que el negocio pueda ir mejor”. Con la misma pluma que se escribe las mejores palabras populares, se redacta la “letra chica” que, al dorso de un contrato, anunciará las mil formas de no pagar lo que se promete en la letra gorda. Hay una sutil indecencia de mínima tipografía que se desliza como un reguerillo de hormigas, advirtiendo que las empresas no se hacen responsables de que el tren no llegue, la luz no arda o le roben a uno el dinero. Y el político es indecente prometiendo lo que sabe que no va a cumplir; el contratista revisando su presupuesto de hace unos escasos meses o pagando comisiones al no menos indecente cargo público...

 Todo el mundo es espectáculo de sí mismo; toda la sociedad es teatro. A muchas leyes, a bastantes negocios y a demasiados contratos se les debe poner públicos reparos. Son muchos los reductos sociales que todavía no son aptos para menores y que no son ni discotecas, ni cines, ni teatros... Habría que adecentar la sociedad para no tener que llenar el país de carteles que prohiban la entrada a esos reductos sociales a todos aquellos ciudadanos que quieran vivir decentemente. Y como dijo el poeta: “Que aquí ninguno se siente, / y el que se venga a sentar, / se porte como la gente”. 

Francisco Arias Solis
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MIGUEL HERNANDEZ POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

MIGUEL HERNANDEZ
(1910-1942)

“A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.”
Miguel Hernández.

LA VOZ DEL COMPAÑERO DEL ALMA

“Recordar a Miguel Hernández, que desapareció en la oscuridad, y recordarlo a plena luz es un deber de España, un deber de amor”, nos dejó dicho Pablo Neruda, el gran poeta chileno. Su vida completa, desde su niñez campesina de Orihuela hasta su fallecimiento, desprende como el mar o como el río nubes para las lluvias del hombre, sudario para ocultar su muerte. Ningún poeta como él tan rodeado de exaltación, fomentada desde su prodigiosa niñez, allá en su pueblo.

La peripecia vital de Miguel Hernández Giner se inicia el 30 de octubre de 1910 en el contexto de una ciudad; Orihuela. Hernández nace de una familia de extracción humilde. El padre es propietario de un ganado de cabras y el pastoreo es una de las primeras actividades del niño, que estudia hasta 1925 en las Escuelas del Ave María, perteneciente al Colegio de Santo Domingo, que estaba regido entonces por la Compañía de Jesús. Tempranamente comienza la trascendental relación con su “compañero del alma” José Marín, que utilizó como seudónimo el muy d’orsiano anagrama de su nombre, Ramón Sijé. Gracias a sus orientaciones, Hernández emprende una vasta renovación de sus lecturas y ambos llevan a cabo un conjunto de actividades poéticas y culturales: la tertulia de la tahona Fenoll, la formación del grupo poético “Silbo”, la creación de la revista El Gallo Crisis. La producción literaria de Hernández comienza, por tanto, con una prodigiosa voluntad de escritura que se resuelve en poemas costumbristas y rurales, o cantos exaltados a la huerta oriolana.

A fines de 1931, Hernández inicia un viaje a Madrid. De ese primer viaje da cuenta Ernesto Giménez Caballero en La Gaceta Literaria. El regreso a Orihuela se hace con la desazón de un primer fracaso en lo que el poeta esperaba su redención madrileña. Escribe Perito en Lunas, que aparece en enero de 1933. Vive hasta 1934 en Orihuela un tiempo de encuentros en el que aparece Josefina Manresa. Escribe un auto sacramental, Quién te ha visto y quién te ve y sombra de lo que eras, que publicará en 1934 José Bergamín en Cruz y Raya. Hernández se sumerge también en una primera aproximación a poetas contemporáneos. Comienzan aquí un ciclo de escritura (Imagen de tu huella, El Silbo vulnerado) que desembocará en El rayo que no cesa, en 1936. Antes, en 1935, Hernández vive en Madrid y trabaja en la redacción de la enciclopedia Los toros, que dirige José María de Cossío.

La relación amistosa con Vicente Aleixandre y con Pablo Neruda, los poetas que más quería y admiraba, le provoca una profunda variación de sus intenciones estéticas y una ruptura ideológica con el mundo conservador y religioso del que procedía. En 1935, en el clima del centenario de Lope de Vega, escribe El labrador de más aire. En diciembre de 1935 muere en Orihuela su amigo Ramón Sijé. A Sijé dedica la famosa “Elegía” que aparece en la Revista Occidente, junto a seis sonetos, provocando un encendido elogio de Juan Ramón Jiménez: “Todos los amigos de la poesía pura deben buscar y leer estos poemas vivos”.

La guerra civil, en julio de 1936, abre un nuevo episodio, vivencial y estilístico. Comienza una actividad que tiene en los frentes su desarrollo, como soldado y comisario de cultura, pero también como poeta: escribe a lo largo de 1936 Viento del pueblo. Son poemas que han ido surgiendo al calor de los acontecimientos en revistas de agitación (Ayuda, El Mono Azul, Altavoz del Frente, etc.) o culturales (Hora de España). En 1937 Hernández participa en II Congreso de Intelectuales Antifascistas, en mayo en Valencia, firmando la famosa “Ponencia colectiva”, con Antonio Aparicio, Arturo Serrano Plaja, Emilio Prados, Juan Gil-Albert, José Herrera Petere, Lorenzo Varela, Ramón Gaya, etc., en la que se debate el papel, la necesidad y el carácter del arte en tiempos de revolución. A fines de agosto se traslada a la Unión Soviética para intensificar su formación teatral. Regresa en octubre para incorporarse al frente. El 19 de diciembre nace su hijo Manuel Ramón, creando un motivo exultante en su poesía, en la que el tema del hijo aglutina un conjunto nuevo de esperanzas.

En 1938, surge la poesía apesadumbrada de El hombre acecha, con un centro temático en el dolor por lo que está ocurriendo: son ahora los heridos, la ausencia de los seres queridos, el presentimiento de las cárceles, los que van prevaleciendo. Escribe otro drama bélico, Pastor de la muerte. El 19 de octubre muere su hijo, lo que determina un derrumbamiento absoluto de cualquier esperanza. El poeta escribe ahora composiciones marcada por esa muerte, intimizadas, que forman el comienzo de la escritura de su última producción, la que entronca con su período carcelario, el Cancionero y romancero de ausencias. El 4 de enero de 1939 ha nacido su segundo hijo, Manuel Miguel, lo que determina un nuevo elemento de esperanzas en la poesía fragmentaria del Cancionero... La guerra acaba en marzo y el poeta inicia, tras la caída de Madrid, una huida imposible. Es detenido al intentar pasar a Portugal, en Rosal de la Frontera, iniciando a partir de aquí un período carcelario que lo acompaña hasta el final, tras un breve paréntesis de libertad abierto el 17 de septiembre, en el que inexplicablemente regresa a ver a su familia a Orihuela, donde es detenido el 29 del mismo mes. El mundo alucinante de las cárceles es un recorrido por una condena a muerte en enero de 1940, conmutada en junio por treinta años, y por una geografía carcelaria que se llama Conde de Toreno (Madrid), Palencia, Ocaña, hasta el Reformatorio de Adultos de Alicante, donde muere de tuberculosis el 28 de marzo de 1942. Quisiéramos creer que en su agonía se cumplió aquel verso suyo, uno de los últimos: “Ha muerto sonriendo, serenamente triste”. Neruda escribió: “Allí quedó apagado el nuevo rayo de la poesía española. Pero no cesa de derramar dulzura su radiante poesía, y su muerte no me deja secar los ojos que le conocieron”.

Miguel cumplió su breve ciclo como un poeta total del amor y un poeta del amor total. El sentido de la muerte y la tendencia social son, con el sentimiento amoroso, los grandes temas de la poesía de Miguel Hernández. Poeta de destino trágico, lo intuyó desde sus más arrebatados poemas de amor y, hombre del pueblo, compartió sus angustias y vicisitudes y mostró siempre las más viva solidaridad con las gentes del trabajo, del sufrimiento y de la esperanza. Español hasta los huesos, este muchacho de la huerta, este hombre mediterráneo, sintió de manera estoica el viento oscuro de la muerte, como un crecimiento inevitable desde el mismo corazón. “Cantando espero la muerte”, nos dijo.

Miguel Hernández fue un poeta precoz y un poeta fecundo. Su situación en la historia de la poesía española está claramente perfilada; hermano menor de la famosa generación poética del 27, a la que debe bastante de su formación, pertenece cronológicamente a la generación del 36, aunque difiere de ella por su procedencia y su formación de autodidacta. Tras su época barroca, su tendencia garcilasiana, su enriquecimiento surrealista, la poesía testimonial de Miguel Hernández alcanza un acento de autenticidad y una extraordinaria fuerza expresiva.

“Era confiado -escribía Aleixandre- y no aguardaba daño. Creía en los hombres y esperaba en ellos. No se le apagó nunca, no, ni en el último momento, esa luz que por encima de todo, trágicamente, le hizo morir con los ojos abiertos”.

Su verso fue su voz, y su voz su España, su pueblo. Honda, pura voz del poeta, voz de la verdad y de la belleza. Será cierto que se ha ido antes de tiempo, pero quedándose. Su canción se alzó sobre la muerte. Ahora cantamos con lágrimas, la ausencia irreparable, los enlutados ecos de su canto. Y su voz sigue hablando y hablando temblorosa y angustiada de su pueblo, de su amor, de su muerte y de su vida. “Que tenemos que hablar de muchas cosas, / compañero del alma, compañero”.

Francisco Arias Solis
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