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Francisco Arias Solís

FRANCISCO ARIAS SOLIS : LA CONSTITUCION DE CADIZ

EN EL 195º ANIVERSARIO DE LA CONSTITUCION DE CADIZ. “¡Santa Constitución! ¡Libro sagrado! que al heroico pueblo redimiste de la cautividad, pues que venciste del fiero despotismo al monte alado.”Soneto a la Constitución. Cádiz, 1812. LA CONSTITUCION DE 1812. 

La originalidad del liberalismo español llega a su máxima expresión en la convocatoria de las Cortes de Cádiz y el fruto más destacado de las mismas que fue la Constitución de 1812. España da entrada así al siglo XIX, abriendo las puertas de una nueva época al resto de los países europeos.

 

En diciembre de 1810 se nombró una comisión -dirigida por los líderes liberales Agustín Argüelles y Diego Muñoz Torrero-, a quien se encargó elaborar una constitución para la nación española.

 

El 19 de marzo de 1812 la Constitución quedó definitivamente aprobada, con su anhelo profundo por una honda remodelación de la sociedad inspirada en el impulso ético. Este sólo impulso ético bastaría para distinguirla del modelo francés, y aparece muy claro en su articulado cuando se dice que los españoles deben ser “justos y benéficos”. No era ajena a este veta tamatúrgica y religiosa, aquella adición marginal sobre la religión católica que aparece en un documento de Quintana y que ahora pasa a ocupar uno de los primeros artículos que dice textualmente así: “La religión de la Nación española es y será perpetuamente la católica, apostólica y romana, única y verdadera”. Se ha criticado mucho esta decisión, sin valorar en su justa medida que un tercio de los diputados de la Asamblea eran eclesiásticos, y que aquella concesión era de todo punto necesaria si luego se les quería arrancar como contrapartida decisiones como la de abolir el “voto de Santiago” (impuesto de pan y trigo que entregaban los campesinos a la iglesia de Santiago) o la de abolir la Inquisición.

 La Constitución de 1812 representa simbólicamente a la vez la quiebra del Antiguo Régimen y el comienzo del constitucionalismo español. Su valoración ha sido siempre muy alta por los mejores especialistas en el tema del constitucionalismo Mirkine-Guetzevitch dice que supera a la Constitución francesa de 1791 y alcanza mayor influencia que ella en toda Europa por el espíritu nacional que respiraba y Richard Herr escribe lo siguiente: “Fue más radical que cualquier constitución surgida en el París revolucionario”. Entre los españoles Solé Tura y Eliseo Aja están convencidos de que “dentro del primer constitucionalismo occidental, el texto de Cádiz representa uno de los mejores modelos, soportando la comparación con la Constitución francesa de 1791 o la americana de 1787”. 

La verdadera originalidad de la Constitución doceañista proviene de ser la expresión más alta del liberalismo español. Y, desde ese punto de vista, su texto es la primera expresión europea de un Romanticismo político en el que España fue la pionera. En contraposición al carácter universalista e imperialista de la Constitución francesa de 1791, la española es la manifestación más pura de la fe en la propia nación como sujeto de la soberanía y como lugar donde encarnar esos supuestos valores universales y abstractos.

 

La afirmación de la nación como fuente engendradora de derechos es lo característico del Romanticismo político en contraposición a la Ilustración para quien esa fuente estaba en la razón. Por eso aparece al frente de la Constitución la reivindicación que caracteriza ese postulado; tras definir la Nación española como “reunión de todos los españoles de ambos hemisferios” y afirmar su libertad e independencia (“no es ni puede ser patrimonio de ninguna familia ni persona”), se proclama solemnemente: “La soberanía reside esencialmente en la Nación, y por lo mismo pertenece a ésta exclusivamente el derecho de establecer sus leyes fundamentales”.

 

Francisco Arias Solis
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Donde mora la libertad, allí está mi patria.

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RICARDO PALMA POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

 

RICARDO PALMA
(1833-1919) “¿Qué somos? Aristas que arrebata la brisa fugaz. Pasamos, pasamos, como pasan las olas del mar...[...] hagamos, hagamos,  menos triste la vida infeliz. ¡Escánciame vino! y la muerte suspenda el festín.”

Ricardo Palma.

 
LA VOZ DEL RENACIMIENTO DE LA ALEGRIA El poeta, novelista y filólogo peruano Ricardo Palma construye un discurso a fin de que el romántico abandone su actitud fúnebre ante el mundo y a cambio ofrezca su aporte en favor del concepto de la vida sosegada y esperanzada en la felicidad. En la breve composición denominada “Bacanal” -cuatro cuartetos- se refiere no sólo a la poesía, sino al ser humano en general de su época, a quien invita a un cambio de actitud. En el largo período romántico en el campo de la lírica, que es una expresión desaprensiva de la melancolía, se le figura a Palma como el “festín de la muerte”, que hay que suspender en favor de una vida llevadera y en la que quepa la posibilidad de la alegría. Reconoce, ciertamente, que el ser -por su índole, por otra parte, propia del género mortal- tiene una vida pasajera (“pues somos esencias / que se pierden en vaga espiral, / pues somos iguales / a las nubes que vienen y se van”); y acaso precisamente por esa condición, añade, debe esforzarse por hacer la vida menos triste.  

Ricardo Palma nace en Lima el 7 de febrero de 1833. Estudia Filosofía y Letras en la Universidad de San Marcos de Lima. Por razones políticas es desterrado a Chile. Cuando regresa a su patria participa en la batalla de El Callao (1866), que consolida la independencia peruana. Director de la Biblioteca Nacional (1833), como filólogo redacta Papeletas lexicográficas (1903) y Neologismos y americanismos (1895), del que la Academia Española ha incorporado muchos a su Diccionario. De su labor como poeta recordamos Armonías (1865), Pasionarias (1870), y entre sus dramas, La hermana del verdugo (1851). Sin embargo, su originalidad literaria y fama radica en las Tradiciones peruanas (1872-1910), compendiadas en nueve series. Son cuadros plásticos, en los que revive, en episodios breves, dramáticos o satíricos, la vida colonial y contemporánea de su país. Su prosa esta llena de modismos y refranes castizos, no exenta de socarronería. Ricardo Palma falleció en Lima el 6 de octubre de 1919.

 

El estilo de Palma es tan inconfundible, que, a pesar de los muchos intentos, no ha podido ser imitado en su originalidad.

 

Se advierte en su poesía un temple romántico que todavía reconoce cierto fatalismo: la infelicidad de la vida. Hagamos menos triste la vida infeliz, dice. Como si quisiera decir que precisamente porque la vida es y ha de ser siempre infeliz, los hombres deben empeñarse de forma tenaz por hacerla menos triste. La invitación al goce y a la embriaguez bacanal no deja de ser un escape de la infelicidad sentida: un recurso para atenuar eficazmente la desventura de la existencia y hallar fortaleza para el espíritu debilitado por la melancolía. No obstante, tampoco está seguro si el bardo de su tiempo ha de abandonar su melancolía característica, pues reconoce la fatalidad en la existencia del lírico.

 

Francisco Arias Solis
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La paz no se reduce a la ausencia de guerras

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LA VITALIDAD DE UNA SOCIEDAD POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

LA VITALIDAD DE UNA SOCIEDAD
  “Si el amor nos hiciera poner hombro con hombro, fatiga con fatigay lágrima con lágrima.Si nos hiciéramos unos.Unos con otros. Unos junto a otros.”

Angela Figuera Aymerich.

 
LA NORMALIDAD Y SALUD DEL CUERPO SOCIAL
 

La vitalidad de una sociedad como tal se manifiesta en sus fuerzas sociales. Las energías de los individuos en sentido estricto son otra cosa; puede haber hombres sumamente enérgicos, dotados de capacidades creadoras extraordinarias, y ser precarias las fuerzas sociales; puede suceder, a la inversa, que una sociedad vivaz y elástica no cuente con individuos excepcionales en ningún orden. La facilidad, rapidez e intensidad con que en una sociedad determinada se constituyen y desvanezcan esos movimientos que me refiero es el criterio que mejor permite medir su vitalidad y vigor, es decir, la normalidad y salud del cuerpo social.

 

Las fuerzas sociales son el oleaje de la sociedad; en ciertos casos, el oleaje está determinado por vientos dominantes, que lo definen en una dirección precisa y le dan cierta duración, una relativa estabilidad -por ejemplo, cuando se trata de vientos periódicos-; este oleaje, en la sociedad como en el mar, es el factor que evita la putrefacción de las aguas estancadas. Pero, por otra parte, para que las aguas sean navegables se requiere que el oleaje esté regulado.

 

Un Estado inseguro de sí mismo y afectado por una interna debilidad se afirma enérgicamente y siente recelo de toda fuerza que no sea la suya, y, por tanto, de las fuerzas sociales; no puede soportar su juego libre y, como medida de seguridad, las sofoca, ahoga y paraliza -por ejemplo, mediante un sistema de trabas burocráticas muy densas, prohibiciones, trámites, dilaciones, etc., que disipan el entusiasmo y suspenden el desarrollo de toda iniciativa-. Algunas veces, por último, el Poder público se adscribe a una fuerza social particular -o, lo que viene a ser igual, una fuerza social, institucionalizada, se erige en Poder público o se identifica con él-; esta fuerza, entonces, en virtud de su carácter, “privilegiado”, no juega libremente con las demás, sino que actúa desde luego con una ventaja previa, alterando, por tanto, las “reglas de juego”; podríamos decir que las funciones sociales están perturbadas por un handicap no reconocido, que prejuzga el resultado y conserva la ficción del juego.

 

Las fuerzas sociales no tienen por qué adquirir carácter institucional y permanente; más bien al contrario en su estado de pureza son esencialmente transitorias: se hacen y se deshacen, se constituyen y se disuelven, sin dejar residuos inertes; una parte -aunque no todos- de los “grupos sociales” son el precipitado, la ceniza podríamos decir, de fuerzas sociales operantes, una vez que su actividad se ha suspendido o se ha canalizado en un funcionamiento mecánico. Compárase un partido político con lo que se llama movimiento de opinión: cuando en una sociedad hay fuerzas sociales operantes en el campo de la política, se forman núcleos de opinión espontánea, fugaces, que se originan en vista de una situación concreta, se condensan sin implicaciones ajenas, se desvanecen tan pronto como la ocasión ha pasado, sin que los individuos que formaron ese movimiento queden ligados después; los que en un momento coincidieron y ejercieron su presión juntos, al día siguiente vuelven a una mutua indiferencia o una rivalidad; el apoyo circunstancial a un hombre público no queda permanentemente adscrito a él, sino que puede convertirse en repulsa cuando su próxima gestión suscite repugnancia. Lo mismo ocurre con cualquier otra actividad o aspecto de la vida social. Imagínese la actividad desplegada con ocasión del Carnaval, en las sociedades que el Carnaval está vivo: energías de toda índole -económicas, fisiológicas, imaginativas- se acumulan en la breve empresa; miles de individuos concurren en la organización de ese festival colectivo: carrozas, disfraces, bailes, música, ingenio, tensión personal, esfuerzos de toda índole; no se interviene en eso a título personal, sino colectivo: el anónimo de la máscara subraya esto expresamente; pero nada de esto se perpetúa: no se constituye una “comisión permanente” del Carnaval -cuando esto ocurre es que el Carnaval está muerto, que no hay fuerzas sociales que lo sostengan, que no hay Carnaval, sino otra cosa (por ejemplo, decisión oficial de que haya Carnaval)-; el miércoles de ceniza disuelve automáticamente toda la energía -a veces enorme- acumulada en los días de regocijo. Y es que, como dijo el poeta: “Las cosas suceden así, / sencillamente”.

 

Francisco Arias Solis
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Jamás hubo una guerra buena o una paz mala.

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CAROLINA CORONADO POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

CAROLINA CORONADO(1820-1911). “... En la sierra de rocas erizada, del valle entre los árboles y flores,en la ribera sola y apartadahe esperado al amor de mis amoresCarolina Coronado. LA VOZ DE LA FEMINIDAD.  

“Dicen que tienes trece primaveras / y eres portento de hermosura ya...”, con estos versos, que habían de hacerse famosos, saludaba Espronceda el poema “A la Palma”, que él calificaba de “música de la inocencia”, y con el cual se revela al mundo literario su paisana Carolina Coronado.

 

Al año siguiente, Carolina escribe a una amiga una carta en verso que terminaba de este modo: “Un concierto suave / escucho en mis sentidos, / cual si dentro de mí hubiera sonidos”. Y ya es la definición perfecta de la inspiración de la que había de ser una gran poetisa.

 

¿Cuáles eran estos sonidos, cuyo peso oprimía el alma adolescente de Carolina Coronado? Ante todo la emoción liberal. El genio de Carolina brotó sublevado por el atropello de que era víctima el padre de la futura autora de “El amor de mis amores”. La prisión de don Nicolás Coronado, perseguido por la represión fernandina, las penalidades sufridas por su esposa y su hija para lograr abrazarle en su calabozo, fueron impresiones que determinaron para siempre el carácter de esta última. El batallón de voluntarios, creado en Badajoz en 1838 para luchar contra el carlismo, llevaba una bandera bordada por nuestra poetisa, a quien, por lo visto, el recuerdo de Mariana Pineda, antes servía de acicate que de amedrantamiento; al fracasar la revolución de 1866, el hogar madrileño de Carolina Coronado fue el asilo en que se ocultaron Castelar, Becerra, Martos y Carlos Rubio. Su dilatadísima carrera literaria ostentó siempre un fondo generoso y vibrante.

 Carolina Coronado nació en Almendralejo el 12 de diciembre de 1820, y pasó su infancia y parte de su juventud en Badajoz, desde donde su celebridad irradió por toda la península. En 1843, se publicó por primera vez una selección de sus poesías en Madrid, llevando un prólogo encomiástico de Hartzenbusch. En 1850 se instala definitivamente en Madrid. Allí contraerá matrimonio con un hombre de negocios de considerable fortuna, Mr. Horacio Justo Perry, que es secretario de la Embajada de Estados Unidos en Madrid. En 1874 se instaló el matrimonio en el palacio de la Mitra, en Portugal. Allí murió, el 18 de enero de 1911, siendo traído su cuerpo a Badajoz, junto con el de su marido, del que no había querido separarse un solo día en los veinte años transcurridos desde su muerte. 

Las principales obras de Carolina Coronado son: En el teatro: Alfonso IV de León, Un alcalde de monterilla, El cuadro de la Esperanza, El Divino Figueroa, Petrarca. En la novela: Dos muertes en media vida, Jarilla, La Sigea, Paquita, Adoración, El oratorio de Isabel la Católica. De sus poesías, muchas fueron traducidas a otros idiomas, y alguna, como El poeta del Porvenir, al inglés y al alemán.

 

La feminidad de Carolina fue el pedestal más seguro de su gloria. Valera, cuando la compara con la Avellaneda, recalca, muy complacido, que la Coronado “es más sincera, más espontánea, más original a veces, y siempre más mujer. Castelar  llega a decir “no conocer poetisa que la aventaje en conocer la naturaleza de las pasiones, ni que la iguale en la delicadeza del sentimiento”. Todo ello explica la emoción causada, en los medios intelectuales de la corte, por la falsa nueva, en 1843, de su prematura muerte: “Aún el pesar me asesina / de cuánto aquí, por muy cierto, / se dijo, de Carolina, / que ¡Dios me libre! había muerto”, le escribía Campoamor a Pastor Díaz, con una vehemencia en la cual el afecto personal podía contar tanto como la admiración literaria.

 Carolina tuvo un gran éxito con muchas de sus producciones dramáticas, y el Liceo madrileño organizó una función de honor para representar, ante la Real Familia, El cuadro de la Esperanza. Con todo, y aun para sus contemporáneos, el mérito principal de Carolina residía en sus versos. Pese  a sus triunfos en otros órdenes, ella era siempre la autora de aquel poema: ”A la Palma”, que había merecido el homenaje de Espronceda; era, sobre todo, la cantora de “El amor de mis amores”, la más inspirada composición de Carolina: “Mas si te encuentro a orillas de los mares, / cesarán para siempre mis temores, / porque podré decirte en mis cantares. / Que tu eres el amor de mis amores”. Francisco Arias Solis
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Será vano el intento de humanizar las guerras. Lo humano es evitarlas.


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FORO LIBRE: HOMENAJE A QUINTANA

 

FORO  LIBRE

ASOCIACION CULTURAL, ARTISTICA Y LITERARIA Francisco Arias Solís - Presidente - CADIZe-mail: pazylibertad@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias “Aquella airosa andaluzaque en las riberas de Cádizes, por lo negra y hermosa, la esposa de los cantares”.Manuel José Quintana.  

HOMENAJE DE FORO LIBRE A QUINTANA

 El próximo lunes, día 12, a las 20.00 horas, en la cafetería-restaurante El Cantábrico (Avda. Cayetano del Toro, 21) de Cádiz, la Asociación Cultural, Artística y Literaria FORO LIBRE celebrará un encuentro literario sobre la vida y la obra del poeta Manuel José Quintana (1772- 1857),  con motivo del 150º aniversario de su muerte. Pocos escritores pueden ofrecernos el interés de una biografía tan rica y tan implicada en la turbulenta vida política de la España de la época como la de Manuel José Quintana, que representa con su poesía los gustos literarios de la transición del XVIII al romanticismo. Inserto en la atmósfera ilustrada, defiende un ideal de utilidad moral de la literatura y un concepto de poesía como medio de perfección humana. De ahí su adscripción a los grandes objetivos del progresismo ilustrado: humanitarismo filantrópico y beneficencia, conciencia de la fraternidad universal, exaltación de las artes y del progreso... A caballo entre dos siglos y dos modos opuestos de entender la poesía, supo encerrar un fervor casi romántico en una forma perfectamente clásica. Pero Quintana es también un genuino ejemplar del poeta-político, es decir, del hombre que entiende el quehacer literario como un servicio a una ética social insobornable, gracias a su visión liberal de la vida y de la política y a su alto sentido del patriotismo.   A finales de la última década del siglo XVIII dirige una tertulia que se hizo famosa en Madrid. Funda una revista Variedades de Ciencia, Literatura y Artes. Se introduce en el mundo del teatro con El duque de Viseo y El Pelayo. En 1805 publica su oda Al combate de Trafalgar que le acarrea un primer tropiezo con la Inquisición.  El año 1808, con el levantamiento popular contra el invasor francés, es una fecha clave en la vida de Quintana, que abraza desde un principio la causa nacional en nombre de la libertad. En agosto de ese año publica sus Odas con el título general de España libre, y en octubre del mismo año, las Poesías patrióticas. Un mes antes había fundado el Semanario Patriótico, periódico portavoz de las ideas liberales de su tertulia y órgano de la Junta Central.  En enero de 1810, Quintana, ya en Cádiz, fue nombrado Secretario de Interpretación de las Lenguas. En noviembre del mismo año vuelve a publicarse en Cádiz el Semanario Patriótico. Tras la firma de la Constitución de 1812. En 1813 publica sus Poesías. En 1814 Quintana ingresa en la Real Academia Española y en la de San Fernando.  Con la vuelta de Fernando VII, Quintana fue detenido y trasladado a la ciudadela de Pamplona, acusado de ser el principal, inspirador y propagador de las ideas liberales. En Pamplona permaneció hasta la sublevación de Riego. Blanco-White dijo que Quintana era “uno de los españoles más distinguidos y honestos que he conocido en mi vida”. Tras la muerte de Fernando VII formó parte del Parlamento como senador vitalicio. En 1855 recibió el raro honor de ser coronado como poeta por la propia reina.  Francisco Arias Solis
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  El futuro se gana, ganando la libertad.

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DERECHA Y SIGLO XXI POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

  

DERECHA Y SIGLO XXI
 “¡Le vi, le vi con mis ojosera el de siempre; era igual; era el antiguo cacique;  era el cacique rural!...”Luis de Tapia. LOS QUE QUIEREN SER UNICOS 

La división radical que yo haría entre los grupos políticos de un país, por ejemplo, el nuestro, es la existente entre los que admiten la existencia de los demás y quieren convivir con ellos, y aquellos otros que quieren ser únicos y excluyen -al menos de la vida política- a todos los que pretenden ser diferentes. Los últimos grupos, que niegan lo que se llama el “pluralismo” no es que sean “intolerantes”, es que son falsificadores, ya que la realidad es plural. Con esto quiero decir que el pluralismo no es sinónimo de blandenguería y espíritu de componenda, sino que las fracciones políticas pueden y deben luchar -civilizadamente, políticamente-, y esa es precisamente su forma de vivir.

 

La misión de cada grupo político es hacer ciertas propuestas al país, presentarle ciertos caminos de vida histórica, modelos de convivencia política, proyectos que sean expresión de los deseos más o menos oscuros que laten en los individuos y en las grandes articulaciones no estrictamente políticas de la sociedad: estratos sociales, profesiones, generaciones, formas urbanas o rurales.

 

Las expresiones “derechas” e “izquierdas”, que nunca han querido decir nada demasiado claro, han experimentado una transformación semántica importante en los últimos treinta o cuarenta años. La fuerza de la “derecha”, su justificación histórica, es su sentido “conservador” en virtud del cual considera que lo que existe, existe por algo y tiene, por lo menos; viabilidad; no está dispuesta a lanzarlo por la borda aunque se hunda por y con ello. Pero al lado de esto hay el otro lado.

 

Creo que Zorrilla pudo crear al genial personaje del Comendador porque tuvo la experiencia de su padre, magistrado absolutista con quien nunca se entendió, pero a quien respetó, temió y quiso considerablemente. Zorrilla había hecho a fondo la experiencia del “hombre de derechas” en toda su plenitud y esplendor, sin componendas ni compromisos. Un hombre con no pocas cualidades y méritos, no exento de virtudes, pero de una feroz insolidaridad. El Comendador es el hombre de derechas químicamente puro. Cuando Don Juan le pide que lo perdone y lo acepte como esposo de Doña Inés, ofreciéndole todas las pruebas, garantías y sacrificios, Don Gonzalo no quiere escuchar nada; cuando Don Juan se muestra arrepentido y deseoso de enmendarse, no lo cree; y cuando le advierte que con ello va a perder hasta la esperanza de su salvación, el Comendador responde estos dos versos, de los más feroces, más implacables, más pétreos que se hayan escrito en nuestro idioma: “¿Y qué tengo yo, Don Juan, / con tu salvación que ver?”

 

¿Qué tengo yo que ver con tu hambre? ¿Qué tengo yo que ver con tu libertad? ¿Qué tengo yo que ver con tu raza? ¿Qué tengo yo que ver con tu falta de trabajo? ¿Qué tengo yo que ver con tus inquietudes? ¿Qué tengo yo que ver con tus dudas, con tus afanes, con tus diferencias?

 Sobre algunos de los políticos que nos circundan  en pleno  siglo XXI pesa el lastre de una cultura política del siglo XIX que está desapareciendo del mundo, aunque muchos lo lamenten. Será lamentable o no; pero es así, y el político que no lo reconozca o, reconociéndolo, no lo acepte, aunque sea como una fatalidad, merece estar en un museo de Historia más que en un grupo político actual  

En la nomenclatura romana, que usamos para designar los siglos, para escribir el que sigue al XX, es necesario añadir una I al final y no, decididamente, entre las dos X. A algunos los esperamos en el XXI. Que no tarden.

 

Francisco Arias Solis
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Cuando hay libertad, todo lo demás sobra.

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MUJERES ESCRITORAS POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

MUJERES ESCRITORAS
 “Que las cantoras primeras que a nuestra España venimos  por solo cantar sufrimos  penamos por solo amar.”

Carolina Coronado

 UNA LITERATURA DE LA CONCIENCIA FEMENINA. 

La primera generación de mujeres españolas que tuvo conciencia de sí misma como “mujeres escritoras” apareció hacia 1841, justo en el momento de apogeo del movimiento romántico español y de una primera oleada de reformas liberales, dando voz a su experiencia de mujeres dentro de los términos de la ideología liberal romántica.

 

En 1839 el romanticismo español era un asunto exclusivamente masculino, como lo era en general toda la cultura impresa española. Ocasionalmente había aparecido en la prensa algún que otro relato breve o algún poema escrito por una mujer, pero nada parecía indicar que al cabo de pocos años las poetas fueran a encontrarse entre las figuras literarias más importantes de la época ni que las mujeres fueran a tener una presencia importante en la prensa en general. Hacia 1849 la publicación de cuatro novelas de Fernán Caballero, el éxito de la obra dramática de Gómez Avellaneda, Saúl, el continuo ascenso del prestigio literario de Carolina Coronado, junto a la colaboración de Concepción Arenal, Angela Grassi y muchas mujeres menos conocidas en la prensa, dejaba bien claro que las mujeres habían conquistado un lugar significativo en la producción literaria.

 

En esta literatura escrita por mujeres existe una inclinación conformista, pero, no es menos cierto, que en las raíces de esta tradición hay un empuje opuesto de una conciencia rebelde y feminista. Esta última tendencia ya se manifiesta en el Discurso de Josefa Massanés, en el que expresa su buena disposición para cometer y justificar el “crimen” de reclamar la atención del público para sus obras, e insiste en obtener la aprobación  de algún espacio en el que las mujeres puedan desarrollar su facultad intelectual. Este elemento contestatario se representa tal vez mejor en el Sab de Gómez de Avellaneda. Bajo la influencia del romanticismo liberador de la década de los treinta, la novela de Avellaneda cuestiona la jerarquía racial de la sociedad europea a la vez que descarga, de un modo encubierto, su rabia ante la opresión de las mujeres. Esta misma frustración ante la exclusión de las mujeres. Esta misma frustración ante la exclusión de las mujeres. Esta misma frustración ante la exclusión de las mujeres del mundo intelectual y de la actividad pública se vislumbra en Dos mujeres, en la poesía de Carolina Coronado e incluso -en una forma más disimulada y distorsionada- en las novelas de una escritora tan conservadora como Fernán Caballero. Sin embargo, en todos estos ejemplos, la protesta femenina está silenciada u oculta, recordándonos que estos textos constituyen un compromiso entre una conciencia femenina expansiva, y una opinión pública restrictiva y amenazadora a la que se refería.

 

En sus vidas personales, estas escritoras fueron muy diferentes en cuanto a su capacidad de reconciliar su identidad de mujer con su vocación de escritora. Cecilia Böhl de Faber creía que ambas eran incompatibles y permanecieron en conflicto dentro de su obra hasta el fin de su vida. Por el contrario, la joven Carolina Coronado, manifestó su escepticismo ante la opinión popular de que la actividad literaria era contraria a la feminidad.

 

Si bien el discurso literario de la segunda mitad del siglo XIX conservaba rasgos del lenguaje y las figuras de la subjetividad femenina elaboradas por las escritoras de la década de los cuarenta, también dio lugar a descendientes de esas mismas escritoras como nos recuerda la referencia a Emilia Pardo Bazán. Entre los cientos de escritoras que siguieron el camino que habían abierto para las mujeres las pioneras de la década de los cuarenta, destacan dos importantes escritoras: Pardo Bazán y Rosalía de Castro, ninguna de las cuales siguió la tendencia dominante de adoptar la cualidad protectora de ángel doméstico. En este sentido, tanto Pardo Bazán como Rosalía de Castro desarrollaron -aunque de diferentes modos- el impulso contestatario que se distinguía en las obras de las escritoras de principios de la década de los cuarenta.

 La intrépida Pardo Bazán se convirtió en la década de los noventa en una firme defensora de las reformas feministas, uniendo su voz a la de la infatigable Concepción Arenal. Las obras de Rosalía de Castro expresan poderosamente su falta de conformidad con un sistema sexual que consideraba injusto y con un sistema social que le parecía abusivo e inhumano. La perspectiva femenina es una parte esencial de la poesía de Rosalía de Castro, que se refiere repetidamente a la doble carga que habían de soportar las mujeres gallegas, que tenían que trabajar los campos y criar a sus hijos mientras sus maridos estaban en el mar o buscando trabajo en otras partes de la península. 

A pesar del dominio constante de las ideologías de la subordinación de la mujer y la ceguera de la cultura oficial ante los origines de una literatura de la conciencia femenina -cuando no explícitamente feminista- esa tradición ha sobrevivido en la corriente de la cultura misma, emergiendo de nuevo con Rosalía de Castro y Emilia Pardo Bazán en la siguiente generación de escritoras, y estallando en pleno vigor en la generación de mujeres rebeldes y vanguardistas, literatas y políticas, que nacieron, como Rosa Chacel, en el amanecer del nuevo siglo. Y como dijo la poeta: “Y aquí, de todo nos habla / de pequeñez y de mudanza. / Solo es grande la esperanza / y perenne el desear”.

 

Francisco Arias Solis
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El futuro se gana, ganando la libertad.

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LA SALUD DE LA MUJER TRABAJADORA POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

LA SALUD DE LA MUJER TRABAJADORA

 “Mío es el hijo en mí y en él me aumento.Su corazón prosigue mi latido. Saben a mí sus lágrimas primeras.Y esa humedad caliente que lo envuelve es la temperatura de mi entraña.”

 Angela Figuera Aymerich

  

MATERNIDAD Y RIESGOS LABORALES

 

El trabajo, al que las personas dedican una buena parte de su tiempo disponible, es un factor decisivo para la salud y la enfermedad . En los países desarrollados, el envejecimiento de la población y la modificación de las formas de vida y de los procesos productivos se relacionan con la mayor incidencia de las enfermedades cardiovasculares, el cáncer, las enfermedades mentales y los trastornos de comportamientos, el mayor consumo de drogas, así como la exposición a riesgos laborales.

 

Desde aquel falso temor de que “las jóvenes no debían trabajar en ambientes excesivamente calurosos porque las temperaturas despertaban en ellas pasiones que no sabían dominar”, hasta el aforismo de que el sitio de la mujer era la casa, los defensores de la legislación proteccionista no ocultaron su voluntad de dar marcha atrás al proceso de incorporación de la mujer al trabajo. Nuestra legislación laboral ha estado siempre impregnada de proteccionismo, marcado por una fuerte componente ideológica, y, es que , como denunciara en 1847, el doctor Pedro Felipe Monlau, en su libro “Elementos de Higiene Pública o Arte de Conservar la Salud de los Pueblos”: “Parece increíble lo que se ha abusado (y se está abusando) de la debilidad del sexo femenino... criaturas (que ganan jornales cortos) sometidas a una suma de trabajo excesivo, que arruina su salud, compromete con harta  frecuencia su vida, y les priva fatalmente de toda ocasión de descanso, de todo medio de educación, de todo cultivo intelectual”.

 

En la actualidad con los datos disponibles se puede afirmar que el promedio de trabajo (trabajo remunerado más tareas sin remuneración) de las mujeres trabajadoras supera invariablemente al de los hombres. En general, el incremento del tiempo dedicado al trabajo asalariado no implica una reducción proporcional del tiempo dedicado al trabajo doméstico, pero sí una reducción del tiempo de ocio de la mujer, lo que se puede traducir en un aumento de los accidentes y de las enfermedades profesionales.

 

La consideración de la salud femenina como más frágil y vulnerable que la del varón, y, en general, las teorías de la fragilidad femenina se han ido desmoronando, y, si bien, las mujeres no parecen gozar de inmunidad ante los riesgos laborales, tampoco, puede definirse su situación, exceptuando la maternidad, frente a los riesgos laborales de mayor vulnerabilidad que la de los varones.

 

La mayoría de los estudios que se realizan sobre la salud de la mujer trabajadora intentan detectar los efectos nocivos del ambiente laboral sobre la maternidad, dado que se sabe que la mujer (aunque también el hombre) está expuesta a riesgos físicos, químicos y biológicas que pueden afectar a su función reproductora.

 

Los agentes nocivos pueden, además de afectar a la menstruación y al ciclo ovárico, atacar diferentes puntos del proceso reproductivo, originando esterilidad en los dos, alteraciones cromosómicas de los óvulos o espermatozoides, disfunciones sexuales, abortos o muertes fetales, malformaciones o incluso afectar al recién nacido a través de la leche materna. Algunos agentes nocivos pueden producir mutaciones que pueden afectar a las células genitales y al resto de las células del organismo y al feto en desarrollo. Entre los agentes considerados mutágenos en los seres humanos se encuentran el plomo, benceno, el cloruro de vinilo, la dioxina y las radiaciones ionizantes.

 

Otras sustancias inducen a cánceres en los hijos a través de alteraciones genéticas en el esperma o en el óvulo o por acción directa sobre el feto; entre ellos, se encuentran el plomo, el arsénico o los hidrocarburos.

 

Los riesgos laborales para la función reproductora no afectan exclusivamente a las mujeres, así, por ejemplo, el dibromocloropropano, el plomo y los sulfuros de carbono son causa de esterilidad masculina.

 

Los agentes nocivos pueden producir también la muerte del embrión o el feto en el interior del útero, provocando los llamados abortos blancos. Se ha demostrado la mayor incidencia de los abortos espontáneos, en relación con la población general, dentro de algunas ocupaciones o profesionales, como las trabajadoras de químicas o artes gráficas y entre las mujeres que trabajan en quirófanos o en servicios de radiología, en sanidad.

 

Además de la fatiga laboral y factores posturales se ha relacionado con el aborto blanco, los gases anestésicos, el sulfuro de carbono, el cloropreno, el óxido de etileno, el plomo, el cloruro de vinilo, algunos solventes orgánicos y las radiaciones ionizantes.

 

Factores descritos como mutágenos o teratógenos o capaces de inducir el aborto pueden provocar partos pretérmino (antes de las 37 semanas), bajo peso en el recién nacido o crecimiento intrauterino retardado. El desencadenamiento del parto antes de tiempo se ha relacionado en particular con la fatiga laboral.

 

La maternidad debe ser considerada como una función social y no como una coartada para la discriminación. Es necesario, por tanto, adecuar la legislación a la realidad social y a los conocimientos científicos para poder garantizar tanto la igualdad de derechos como la protección de la salud de todos los trabajadores y de sus hijos, sean hombres o mujeres. Y como dijo la poetisa: “Madres del mundo, tristes paridoras, / gemid, clamad, aullad por vuestros frutos”.

 

Francisco Arias Solis
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