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Francisco Arias Solís

LAS MINORIAS LECTORAS POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

 

LAS MINORIAS LECTORAS
  “Hoy como ayer, mañana como hoy,¡y siempre igual!”

 Gustavo Adolfo Bécquer.

  BUEN LECTOR Y BUEN ESCRITOR CASI SIEMPRE VAN JUNTOS 

Aquella pregunta paradójica de Larra: “En España no se lee porque no se escribe o no se escribe porque no se lee”, sigue teniendo todavía vigencia equívoca. Claro es que en España, hoy como ayer, se lee y se escribe tanto, y podría añadirse que tan mal, como en cualquier parte del mundo. Las minorías lectoras o escritoras son aproximadamente las mismas que fueron. Y si hay desproporción con las de otros países europeos, también hay, con el pasado remoto, equivalencias. Y en cuanto a la inmensa mayoría de habladores y charlatanes creo que se ha variado bastante poco. Todo el mundo habla. Casi nadie escucha. Y algunos leen. Otros pocos escriben.

 

Desde el “yo escribo como hablo” de Juan de Valdés, que señaló al rumbo hablado y escrito, desde el Renacimiento hasta nuestra mejor literatura, hasta hoy, en España, se lee y se escribe mucho menos que se habla. Cosa, por otra parte, natural y que en todas partes sucede. Lo que importa es averiguar cómo lo escrito, lo leído y lo hablado se corresponden. Y no si se lee mucho, o se escribe mucho, o poco, sino el “qué” y “cómo”. “¿Para quién se escribe?”, se preguntaba Malraux por los años dramáticos de mil novecientos treinta y tantos al cuarenta. ¿Pues quiénes leen? Pues, ¿se lee y se escribe para alguien? Nietzsche decía que escribía “para todos y para ninguno”. Cosa bastante cierta y que puede afirmar cualquier escritor. Pero al mismo tiempo, nos decía que había que “escribir con sangre”. Lo que es menos frecuente desde luego.

 

Preguntémonos, siguiendo el equívoco decir de nuestro Larra: ¿se lee porque se escribe o se escribe porque se lee? Porque si es verdad que se aprende a escribir leyendo, no es menos verdad que escribiendo es como mejor se aprende a leer. Buen lector y buen escritor casi siempre van juntos. Hay que desconfiar de los escritores que no leen o que dicen que no leen; mienten o están a dos pasos del peor charlatanismo palabrero.

 

Nuestro viejo país es poseedor de una extensa y profunda, riquísima herencia cultural, lo que quiere decir que atesora -en pie o en ruinas- admirables “obras de arte” y pensamiento. En bien instaladas bibliotecas se guardan millones de libros que una vida humana dedicada exclusivamente a la lectura no alcanzaría a leer siquiera en una milésima parte, sin embargo, el conjunto o conjuntos elegidos de ese inmenso caudal forma series de muchísimo menor volumen y asequible, por tanto, al estudioso o al lector cualquiera que curiosea entre tantos libros aquellos que responden a su interés.

 Hoy, ahora, como ayer, como antes, una actitud rebelde ante la cultura tradicional adopta un voluntad de rechazo total a esos heredados tesoros, cuya eficacia viva depende de quien los hereda; por lo que dijo Goethe que la cultura “se conquista”. Y como la vida y la libertad, día a día, cada día. Pero también hubo, diríamos, tras los conquistadores (humanistas del Renacimiento) sucesivos “colonizadores”, y sus consiguientes “explotadores” de esas inmensas riquísimas herencias de arte y pensamiento Conquistadores y colonizadores de esos mundos espirituales, leen, escriben, hablan. El lenguaje en que se lee, se escribe y se habla. pertenece a esa herencia misma, a su tradición viva; leída, escrita, hablada. Tradición es lenguaje vivo. En el espacio y en el tiempo. Piedras que hablan como los libros. Libros que hablan como las piedras. “Lenguaje que es paisaje, paisaje que es lenguaje”, escribió Unamuno; “historia que es naturaleza, naturaleza que es historia”. Se escribe, se lee, como se habla. Sí, pero, ¿cómo? Al “escribo como hablo” de Valdés, podemos añadir otro dicho cercano: el del poeta andaluz Juan Ramón Jiménez cuando decía: “yo escribo como mi madre habla”. Justo. Se habla, se escribe, se lee, oyendo, escuchando. Para lo que hace falta cultivar muy singularmente este oído, este tercer oído del que nos dijo Nietzsche que percibe la “armonía a su superior”. Y no solamente, pensamos en la poesía, sino en la historia. Oír, escuchar, primero; hablar, escribir, leer, después. El español parece que tiende por naturaleza, o hábito natural, a ver, a mirar mucho, y a escuchar poco. En general podría decirse que se lee poco, escribe menos, y habla mucho, y casi siempre mal. Y muy pocas veces “de oídas” sino más bien “de vistas”; y hasta de lo que vio y no oyó. Lectores, escritores, habladores, de más vista que oído me parece a mí que solemos ser los españoles. ¿Visionarios por esto? ¿Soñadores? No sé. Lo que me parece es que eso de darle un “vistazo” a las cosas como a los libros es muy característico español.  

“Las paredes oyen” en España, según dicho vulgar y popular; oyen, pero no escuchan. De aquí, lo que dijo el poeta: “Tú me estás oyendo hablar / como las paredes oyen: / oyendo sin escuchar”.

 

Francisco Arias Solis
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1 de marzo: Apagón de móviles.

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Gracias.

REBAJAS DE VALORES POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

 

REBAJAS DE VALORES
 “Libertad para el preso,justicia para el pobre,respeto para el loco,para el gobernador honrado, ínsulas, y palabras de miel y aros de solpara la dulce, dulce Dulcinea.”

Pedro Garfias.

 
LA PERDIDA  DE LOS VALORES TRADICIONALES
 

Tanto ha cambiado en los últimos tiempos nuestro país, nuestro paisanaje, que muchos padres se plantean que educación deben dar a sus hijos, para sobrevivir en el futuro que se nos avecina. Un amigo lo exponía así hace poco en una tertulia:

 

-A mí me enseñaron de pequeño que trabajar es una virtud –comentaba-. Mis padres, aunque católicos, jamás me presentaron el trabajo como un castigo; por el contrario, me mostraron que era una fuente de dignidad y de satisfacciones. De ellos aprendí que el dinero es sólo un medio para comprar libertad y bienestar, pero nunca la felicidad. De poco sirven mis consejos si mis hijos ven en las revistas, en la televisión, que los modelos de nuestra sociedad no son los que trabajan, sino los que viven del cuento. Cómo podemos imbuirles la idea de que hay que ser útiles a la comunidad si los que triunfan son precisamente los que exhiben conductas antisociales, como los especuladores, los que mienten, los pícaros  que viven en el filo de la ley, los que trafican con influencias, los que sobornan o son sobornados...

 

La pérdida de valores tradicionales se ha producido entre nosotros con tal celeridad que a muchos nos resulta difícilmente asimilable. El contraste resulta para gentes de nuestra generación, que creció y luchó por la libertad, la justicia y la solidaridad. Ahora que hemos alcanzado un aceptable grado de libertad,  y que ésta nos parece tan natural como el aire que respiramos, hemos perdido la noción de ella de tal manera que el ambiente se puede enrarecer –y de hecho y de derecho se está enrareciendo- sin que se disparen nuestras alarmas. Probablemente tendríamos que alcanzar niveles de asfixia para darnos cuenta de que la hemos perdido. La justicia sigue siendo una asignatura pendiente, se ha convertido en una utopía. De la solidaridad, la pobre, ya ni nos acordamos. Nuestro compromiso con nuestros semejantes termina cuando liquidamos a Hacienda nuestros impuestos.

 

Un conocido político ha asegurado que no ha habido pérdida de valores; “sólo han cambiado y los nuevos no tienen por qué ser peores que los viejos”.

 

Ciertamente, algunos han cambiado: la amistad se ha convertido en amiguismo; la conciencia –ese instinto para juzgarnos a nosotros mismos a la luz de la moral, en frase kantiana- es remilgo; la verdad, fantasía...

 

Pero, aunque ese conocido político se resista a admitirlo, en los tiempos en que vivimos, muchas de las palabras más bellas de nuestro idioma carecen de sentido, incluido el propio término “palabra”. Antes la palabra de un hombre era sagrada; hoy quien da palabra a su palabra de honor es un cursi. Decía Quevedo que “quien pierde la honra por el negocio, pierde el negocio y pierde la honra”; ahora el que pierde la honra por el negocio se forra. “Antes la muerte en la pobreza  que la vida con vileza”, se enseñaba hace unos años; ahora la falta de integridad es un segundo patrimonio.

 

En cualquier caso, ninguna sociedad puede permitirse cambiar los valores con impunidad. Precisamente los llamados valores porque han servido de base desde el origen de la Humanidad, para el avance de la civilización. Es profundizando en ellos como los pueblos progresan y no despreciándolos.

 

En algún momento esta sociedad tendrá que elegir entre la recuperación de las más elementales normas de educación cívica o la ley de la selva. Entretanto, el dilema que se presenta hoy a los padres es acertar con los valores que se van a llevar dentro de unos años, cuando sus hijos tengan que valerse por sí mismos. Y, todavía,  sigue siendo  válido lo que nos dijo el poeta : “ Mi madre, mi pobre madre, /  me dijo más de una vez: / “No basta que no hagas mal; / es preciso que hagas bien.””

  

Francisco Arias Solis
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El futuro se gana, ganando la libertad.

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 Gracias.

LA CUANTIFICACION DE LA LIBERTAD POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

LA CUANTIFICACION DE LA LIBERTAD “Marchad, marchemos, marchad, abriendo al par los caminos que van a la libertad.”

Rafael Alberti.

 UNA MEDICION APROXIMADA DE LA LIBERTAD PUEDE HACERLA TODO EL MUNDO. 

¿Cómo se mide la libertad? ¿Cuánta hay en cada situación personal o colectiva? Se dirá que hablar de la libertad es muy vago; que lo que hay es libertades en plural. Adelantaré mi opinión de que, siendo esto muy cierto, está contrapesado por el hecho de que las libertades son sistemáticas, referidas unas a otras, apoyadas unas en otras; es decir, que hay un sistema de las libertades, de manera que o hay libertad o no la hay; o en términos menos extremados y más realistas, hay poca o mucha libertad, que se articula en cada caso en libertades plurales. Tiene, pues, perfecto sentido la cuantificación de la libertad, su mensuración.

 

Los que no gustan mucho de la libertad suelen descalificar las que se gozan en los países democráticos: dicen que esas libertades son “formales”, y las contraponen a otras, que llaman “reales”.

 

Es una curiosa idea de la realidad la que considera que la forma no le pertenece, y supone que las libertades que informan una sociedad y una manera de vivir no son “reales”. La libertad de expresión, de asociación, de elección de los gobernantes, de residencia, de desplazamiento dentro del país, de salida de él y regreso, de petición, de crítica, de elección de profesión, ¿no son reales?

 

Un par de observaciones urgentes. La primera: que si no hay libertades formales no hay ninguna libertad; ni siquiera la de pedirla, la de decir que falta, la de quejarse. Son las libertades formales las primeras, la condición de que puedan reivindicarse las demás, de que se pueda intentar conseguirlas. La segunda observación es que para que haya libertades económicas tiene que haber recursos. Las libertades económicas son posibles cuando los individuos disponen de medios para el acceso a los bienes económicos, cuando pueden participar de la riqueza y así realizar las libertades formales. Se dice, y no sin razón, que en la extrema pobreza -no digamos en la miseria- las libertades formales no son efectivas no tienen verdadera realidad. Así es, y por tanto interesa el aumento de la riqueza, unido a las “libertades formales” que hacen posible el acceso a ella, la participación en ella de todos los hombres y mujeres.

 

La consecuencia inevitable es que un sistema que reduce la creación de riqueza, que compromete o disminuye la productividad, anula las “libertades reales”, reduce a los hombres a un nivel económico inferior en que no es posible la realización plena del sistema de las libertades.

 

Una cuantificación metódica de las libertades es compleja y difícil, y por supuesto no está al alcance de cualquiera. Pero una medición aproximada de la libertad puede hacerla todo el mundo, y en pocos minutos de reflexión, con la precisión suficiente para no errar, para no engañarse en la conducta práctica, para poder valorar rectamente las expectativas. Basta con hacerse -de ser posible a solas, en silencio, sin consultar con nadie, haciendo acopio de sinceridad- tres preguntas. ¿Cuáles? Estas: ¿Qué  puedo hacer? ¿Qué no puedo hacer? ¿Qué me pueden hacer? Las respuestas a esas preguntas componen una imagen adecuada al estado real de la libertad en una situación determinada.

 

A las primeras contesta, naturalmente, la lista o catálogo de las libertades “formales”, los derechos reconocidos y establecidos en las leyes: libertades jurídicas, políticas, religiosas, de expresión, asociación, enseñanza, investigación, desplazamiento, etc. Pero no menos que esa lista es esencial la de los recursos de todo tipo que la hacen posibles: libertad de expresión y publicación si sé expresarme y escribir; libertad de desplazamiento si tengo dinero para viajar, libertad de enseñanza si tengo escuela, libertad de trabajo si puedo encontrar un empleo...

 

La segunda pregunta se refiere, por lo pronto, a las prohibiciones. Tal vez no puedo elegir a mis gobernantes; acaso no puedo afiliarme a un partido a mi gusto, porque no hay más que uno; o no puedo sindicarme; puede estar prohibido viajar a otra ciudad sin permiso oficial, o salir al extranjero; o publicar lo que se me antoje; o leer los libros y periódicos que me interesen; o reunirme con quien me plazca; o criticar a los ministros; o elegir mi profesión; o cultivar la literatura, la filosofía, el arte según mis personales preferencias. Pero hay que agregar otras formas de no poder hacer: porque no sé leer o escribir; porque cuando voy al mercado, mis bolsillos están vacíos; porque no dispongo de servicios sanitarios que curen mis enfermedades o remedien, hasta donde es posible, mis defectos; porque estoy abandonado en la enfermedad, el desempleo o la vejez.

 

La tercera pregunta, finalmente, es sumamente delicada, y casi siempre se pasa por alto. ¿Qué me pueden hacer? ¿Qué garantías tengo de que mis derechos sean respetados, y si alguien los viola podré recurrir eficazmente? ¿Me pueden matar, detener sin motivo, encarcelar sin proceso, torturar? ¿Me pueden secuestrar, herir, golpear, robar? ¿Me pueden privar de mi nacionalidad, de mis derechos civiles , de mi pasaporte, de mi puesto de trabajo? ¿Me pueden deportar, confinar, desterrar por una decisión arbitraria? ¿Me pueden denunciar impunemente? ¿Me pueden obligar a aceptar un partido, un sindicato, una religión, una ideología, un caudillo indiscutible? ¿Me pueden castigar o despreciar o excluir por mi raza., el color de mi piel, mi sexo, mis creencias?

 

Por último, otra pregunta: ¿Cuánta será la libertad en España al terminar el primer decenio del  siglo XXI? ¿Qué podré hacer, qué no podré hacer, qué me podrán hacer? El horizonte presenta no pocas nubes; pero una cosa me alienta y me sirve de consuelo: la respuesta a esas tres preguntas dependerá de lo que hagamos ahora; y eso sí, podemos hacerlo. Y como dijo el poeta: “El futuro se gana / ganando la Libertad”.

 

Francisco Arias Solis
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La libertad no hace felices a los hombres, los hace sencillamente hombres.

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FORO LIBRE: HOMENAJE A RAMON J. SENDER

 FORO  LIBREASOCIACION CULTURAL, ARTISTICA Y LITERARIA Francisco Arias Solís - Presidente ~ Plaza San Severiano, 2 ~ 11007 – CADIZe-mail: pazylibertad@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias “Para mí la realidad política no existe.Es una frivolidad. Lo único que quiero es un sentir social...”Ramón J. Sender.  

HOMENAJE DE FORO LIBRE A  RAMON J. SENDER
  
El próximo lunes, día 5, a las 20.00 horas, en la cafetería-restaurante El Cantábrico (Avda. Cayetano del Toro, 21, Cádiz), la Asociación Cultural, Artística y Literaria FORO LIBRE celebrará un encuentro literario sobre la vida y la obra del novelista aragonés Ramón J. Sender (1901-1982), con motivo del 25º aniversario de su muerte.
 El novelista, de entre los del exilio, que más audiencia ha obtenido es Ramón J. Sender, que, por la extensión y calidad de su obra es uno de los primerísimos nombres de toda la literatura española contemporánea  y uno de los novelistas más grandes de todos los tiempos.  Escritor comprometido con la revolución social, marcado por una profunda moral, que es su amor al hombre de carne y hueso, al ser que sufre la historia no al que la hace. Un desplazado voluntario por desencanto, pero que siempre ha amado las limpias pasiones de su pueblo,  y defendido que la belleza por la belleza no puede ser el único justificativo de la vida. Pero, sobre todo un hombre que todo lo que nos dice en su obra está prodigiosamente de acuerdo con su vida.  Liberal y anarquista es encarcelado en 1927, el mismo año en que obtuvo el premio “Lecturas” por su relato marroquí Una hoguera en la noche. En 1930 publica Imán, obra formidable de un soldado, escrita con sus propios recuerdos de la guerra de Marruecos. En 1933 ocurre un hecho fundamental que causa a Sender un malestar inconcebible la represión sangrienta de Casas Viejas, provincia de Cádiz,  donde unos jornaleros se habían sublevado. Arriesgando la vida, Sender fue a Casas Viejas pocos días después, se informó detalladamente de los hechos y los denunció duramente, con la crudeza de la verdad, en una serie de artículos que se publicaron en La Libertad  y luego en el libro Viaje a la aldea del crimen (1934). En 1935 le fue otorgado el Premio Nacional de Literatura por su novela histórica Mr.Whit en el cantón. Su obra más cerrada y acabada es una novelita corta, Réquiem por un campesino. Libro sencillo, expresivo y conmovedor, relata la historia de un sacerdote, el cual queriendo salvar a un joven del pueblo en los comienzos de la guerra, no consigue evitar la ejecución.   Francisco Arias Solis
e-mail: aarias@arrakis.es
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  Se ama la libertad como se ama y se necesita el aire, el pan y el amor.

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AMBROSIO MONTESINO POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

AMBROSIO MONTESINO

(h. 1448–1514)

 “Oh gran Rey de mis entrañas, cómo vais por las montañas, huyendo a tierras extrañas de la mano matadora!”

Ambrosio Montesino.

 
LA VOZ FIEL A LA TRADICIÓN CASTELLANA
 

Fray Ambrosio Montesino, es el único, entre los poetas religiosos de la corte de los Reyes Católicos que rechazó las tendencias italianizantes, manteniéndose fiel a la tradición castellana popular, mostrándose en eso seguidor del poeta Cristóbal Castillejo. Su calidad poética se encuentra muy relacionada  con la tradicional popular castellana, cuyo suelto octosílabo hace suyo vertiéndolo a lo divino. Su  inclinación cultista en el  lenguaje  no llega a ocultar el popularismo esencial de su poesía,  que fue recogida en el Cancionero de  diversas obras de nuevo trovadas (1508).

 

Ambrosio Montesino nace en Huete, provincia de Cuenca, hacia 1448, y muere en Madrid el 29 de enero de 1514. Ingresa en la orden franciscana. En 1492 estaba en la Corte de los Reyes Católicos, como confesor. Estuvo vinculado al convento franciscano de San Juan de los Reyes de Toledo, levantado por los monarcas para conmemorar la batalla de Toro y el triunfo en la Guerra de Sucesión de Castilla, y a la vez para impulsar la reforma observante. Participa en la creación de un convento femenino concepcionista en Cuenca. Fue nombrado obispo de Cerdeña. Sus restos descansan en la tumba familiar del  Monasterio de San Francisco de Huete.

 

Entre sus poesías destacan “Coplas de Nuestra Señora Reina del Cielo”, “Coplas al destierro de Nuestro Señor para Egipto”, “In Nativitate Christi”, “¿Quién te trajo Rey de Gloria?”, Coplas del Nacimiento”, Coplas del árbol de la Cruz”, “Tratado del Santíssimo Sacramento” , “La noche Santa“ y “Coplas a los Reyes Orientales”.

 

Por orden de la propia reina Isabel la Católica y bajo la protección del Cardenal Cisneros llevó a cabo la traducción de la Vita Christi del Cartujano (1503), del monje alemán Landulfo de Sajonia, una de las obras más populares de la piedad medieval. Se trata de una refundición de los cuatro evangelios en uno y Montesino resaltó con caracteres especiales los pasajes del libro que provenían directamente de los evangelios. Pero lo que daría a Montesino un lugar especial entre los traductores de la Sagrada Escritura  fue la corrección de la vieja traducción de  Evangelios y Epístolas (1512), a petición de rey Fernando el Católico, y  que fue reimpresa varias veces hasta  el año 1559, en el que el Índice prohibió cualquier traducción de la Sagrada Escritura en lengua autóctona. También tradujo,  por encargo de los Reyes Católicos,   las Meditaciones de San Agustín.

 

Ambrosio Montesino es uno de los escritores de la época que más utiliza el título de reyes de España para los Reyes Católicos. Su proemio de la Vita Christi del Cartujano (1503) comienza así: “Cristianíssimos príncipes rey e reyna, reyes clementíssimos de España... “ Asimismo en el romance heroico sobre la muerte del príncipe  don Alfonso de Portugal en 1491,  el poeta escribe : “decid, ¿qué nuevas son estas / de tan triste lamentar?, / los grandes reyes d’ España ... “ E incluso,  en uno de los más antiguos poemas del fraile franciscano “Coplas in honore Sancti Johannis Evangelista”, escritas hacia 1485, nos encontramos esta estrofa: “Todo el cielo te acompaña / y te honra / y la reyna te es d’España / servidora...”

 

Francisco Arias Solis
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La violencia siempre ha sido reaccionaria. 

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LA VOZ DE UN PROFUNDO ENAMORADO POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

LA VOZ DE UN PROFUNDO ENAMORADO
 “Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido,venas, que humor a tanto fuego han dado,medulas, que han gloriosamente ardido. 

 Su cuerpo dejará, no su cuidado;

serán ceniza, mas tendrá sentido;

polvo serán, mas polvo enamorado.”

 Francisco de Quevedo.

 
LA LIRICA AMOROSA DE QUEVEDO
  

Quevedo es uno de los grandes poetas de nuestra literatura y superior a todos en no pocos aspectos. La poesía de Quevedo se extiende a lo largo de toda su vida de escritor; Quevedo grave, doctrinal, poeta religioso, apocalíptico moralista, censor sañudo, incluso -lo que parece ya más extraño- profundo enamorado, junto al desgarro más popular, la chocarrería desvergonzada, el procaz insulto, la sátira despiadada, el chiste escatológico.

 

Aunque el concepto más arraigado sobre Quevedo -y en modo alguno injusto- puede sentir asombro ante ese hecho, la poesía amorosa representa entre las suyas la porción más nutrida; Quevedo con su insistente antifeminismo, con sus burlas crueles vertidas en todos los tonos contra la mujer, es uno de nuestros máximos poetas amorosos; el mayor lo proclama Dámaso Alonso: “El más alto poeta de amor de la literatura española. Digo el más alto y no el más fértil, o el más vario o el más brillantemente vital. Sí, ya sé que esto no se suele decir. Para mí, es evidente. Bastaría el famosísimo soneto del estremecedor final polvo serán, mas polvo enamorado, para probarlo”.

 

En las composiciones primerizas, escritas ya a partir de sus años más mozos, hay, inevitablemente, en Quevedo un poeta amoroso, caminante por los más trillados senderos de la tradición petrarquista. El poeta increpa al río Henares, a cuya orilla está vertiendo lágrimas por su amada: “No cantes más, pues ve que nunca aflojo / la rienda al llanto en míseras porfías, / sin menguárseme parte del enojo. / Que mal parece, si tus aguas frías / son lágrimas las más, que triste arrojo, / que canten, cuando lloro, siendo mías”.

 

O se dirige a Aminta, con ocasión de haberse mordido un labio al querer morder un clavel que tenía en la boca: “Sangre vertió tu boca soberana, / porque roja victoria amaneciese / llanto al clavel, y risa a la mañana”.

 

Este petrarquismo nunca abandonó la lírica amorosa de Quevedo, ni cabe imaginar que en poeta alguno de su tiempo pudiera esto suceder. Pero lo característico de su poesía amorosa es la temprana aparición de vetas de sombría y ardiente expresión afectiva, que va intensificándose con los años hasta llegar a traspasar su poesía por entero. Cantó Quevedo a diversas amadas, supuestas o reales, bajo distintos nombres -Amarilis, Aminta, Doris, Filis, Flora, Jacinta- que, por lo convencionales, pueden hacernos sospechar que se trata de meros juegos poéticos. Pero dedicó a Lisi -llamada también Lisis o Lísida- una serie de sesenta y cinco sonetos, acompañados de un “madrigal” y cuatro “idilios”, compuestos a lo largo de veintiún años, que forman como un completo “cancionero de amor”; al decir de los comentaristas, se trataba de una dama real, doña Luisa de la Cerda, de la casa de Medinaceli, por quien en vano suspiró Quevedo, en ideal pasión, durante más de cuatro lustros. En este “cancionero” se concentra y caldea de humanidad la poesía amorosa de Quevedo y para él escribió sus mejores y más entrañables sonetos. A veces el amante ni siquiera necesita hablar: “Voz tiene en el silencio el sentimiento: / mucho dice las lágrimas que vierte. / Bien entiende la llama quien la enciende; / y quien los causa, entiende los enojos: / y quien manda silencio los entiende”.

 

El poeta conoce la insignificancia de su valor para pretender a su amada, pero le hace, en bellísimo verso final, la más delicada petición: “Perdona lo que soy por lo que amo: / y cuando desdeñosa te desvíes, / llévate allá la voz con que te llamo”.

 

Pero ningún soneto tan hermoso, como aquel en que promete a Lisi su amor, más allá de la muerte; soneto que Dámaso Alonso califica de “el mejor de Quevedo, probablemente el mejor de la literatura española”: “Cerrar podrá mis ojos la postrera / sombra que me llevare el blanco día, / y podrá desatar esta alma mía / hora; a su afán ansioso lisonjera...”

 

 Francisco Arias Solis
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Se ama la libertad como se ama y se necesita el aire, el pan y el amor.

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MIGUEL ESPINOSA POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

MIGUEL ESPINOSA (1926-1982) “Es un pudor que no puedo remediar, porque mi felicidad consiste en estar marginado. Yo me margino porque obtengo felicidad.”Miguel Espinosa. LA VOZ DE UN  EXILIADO DE SU TIEMPO  

El escritor murciano Miguel Espinosa comenzó a publicar en su madurez y su obra se ha convertido en una de las más interesantes de la época actual. Su obra narrativa, que obtuvo repercusión pública después de su muerte, muestra la realidad española con un refinado sentido de humor. El escritor murciano  nos confiesa que es como un griego de la época clásica desterrado en el tiempo y condenado a vivir en el siglo XX.,

 

Miguel Espinosa Gironés nace en Caravacas de la Cruz el 4 de octubre de 1926. Cursa la enseñanza primaria en los colegios de las monjas de la Consolación y de los frailes carmelitas descalzos. Cumplido los ocho años se traslada con su familia a Murcia, donde prosigue  sus estudios en el colegio de la Merced, de los Hermanos Maristas. Inicia sus estudios de bachillerato, en plena guerra civil, en el colegio de San Juan Bautista, y, finalizada aquella,  vuelve al colegio de los Maristas. A la muerte de su padre en 1943, ha de hacerse cargo de la economía familiar, y se ve obligado a compatibilizar el trabajo con los estudios.  En 1951 contrae matrimonio con Teresa Artero. En 1954  conoce a Mercedes Rodríguez, estudiante de Ciencias Química en la Universidad de Murcia y con la que mantiene una especial relación hasta su muerte, siendo la inspiradora del escritor, y convirtiéndose en la Azenaia  de Asklepios, la Clotilde de La fea burguesía y la Juana de La tríbada.  En 1956, Espinosa  obtiene a licenciatura en Derecho,  pero no ejerce la abogacía hasta el final de su vida., antes estaba “ a lo que salta, en mil oficios... He sido empleado de japoneses, he importado cosas de China y Japón, he hecho escritos jurídicos, no como abogado de los tribunales, sino como hacer una cooperativa y cosas de esas. O sea, una forma de vida sin profesión, absolutamente sin profesión”. En 1961 se traslada a Madrid, sin dinero y sin trabajo. Consigue un empleo  en una multinacional de exportación e importación que, en 1964,  le traslada a Murcia. A mediados de 1974 sufre un infarto de miocardio, lo que le hace desentenderse en buena medida de todo aquello que no sea su tarea de escritor. En la tarde de 1 de abril de 1982, participando en una asamblea de la cooperativa agropecuaria en la que trabajaba,  que se celebraba en la sede de la Comunidad Autónoma de Murcia,  le sobrevino un nuevo infarto de miocardio y el escritor cayó al suelo fulminado.

 

Miguel Espinosa publicó un libro de historia política, Las Grandes Etapas de la Historia Americana (Bosquejo de una Morfología de la Historia Política Norteamericana) (1957), prologado por Enrique Tierno Galván, reeditado como Reflexiones sobre Norteamérica. Hasta 1974 no aparece su primera novela Escuela de mandarines, que trata sobre las injusticias del poder y que obtuvo el Premio Ciudad de Barcelona. Esta novela de lenguaje clásico y lectura compleja, está llena de humor y sátira, y sobre todo elaborada  con una consciente voluntad de estilo formal. En ella, un eremita realiza un viaje para descubrir, entre relatos de diverso género,  el sentido del orden social y la vida humana, del arte, la política y la religión. Su segunda gran obra fue La tríbada falsaria (1980); máxima expresión paródica de las relaciones eróticas entre cuatro personajes, tres mujeres y un hombre, se desenvuelve en una amplísima caricatura que recoge procedimientos paródicos de la novela rosa y un lenguaje de altísimo nivel culto, también paródico. La tríbada confusa, apareció póstumamente en 1984, y completa la visión de la anterior, haciendo tal vez más seria y trascendente la reflexión sobre el amor. De publicación póstuma fueron también Asklepios, el último griego (1986), en la que reflexiona sobre el amargo paso del tiempo en la vida de los seres humanos, La fea burguesía (1990), recreación de la burguesía que floreció durante los años de la dictadura franquista. Últimamente, ha aparecido otra obra póstuma Canciones y decires (2004). Y como dijo, el escritor murciano: “Y, además, cambiaría la ética. Porque la sociedad actual se caracteriza por no tener ética. No es que sea inmoral, sino que no tiene capacidad ética”.

 

Francisco Arias Solis
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FORO LIBRE: UN MINUTO DE SILENCIO POR LAS VICTIMAS ALMERIENSES DEL NAZISMO

 FORO  LIBREASOCIACION CULTURAL, ARTISTICA Y LITERARIA Francisco Arias Solís - Presidente ~ Plaza San Severiano, 2 ~ 11007 – CADIZe-mail: pazylibertad@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias  FORO LIBRE GUARDARA UN MINUTO DE SILENCIO EN SOLIDARIDAD CON LAS VICTIMAS  DEL NAZISMO  La Asociación Cultural, Artística y Literaria Foro Libre guardará un  minuto de silencio al inicio del acto de homenaje al gran poeta canario,  asesinado  en 1937,  Domingo López Torres,  que tendrá lugar el próximo lunes, día 29, a las 20.00 horas, en la cafetería-restaurante El Cantábrico (Avda. Cayetano del Toro, 21, Cádiz),  para expresar su repulsa por las pintadas nazis de las que ha sido objeto el monumento erigido en memoria de las 142 víctimas almerienses del campo de concentración de Mauthausen-Güsen,  y en solidaridad con las víctimas del nazismo, por defender la libertad y la dignidad. Durante  la II Guerra Mundial, fueron concentrados 252 republicanos almerienses  en el terrorífico   campo  de Mauthausen-Güsen,  de los cuales 142 no sobrevivieron. En su  memoria, fue erigido hace pocos años un monumento en el Parque de las Almadrabillas de Almería, monumento que ha sido ultrajado por pintadas con símbolos nazis.  Ante las  numerosas  señales de rebrotes de intolerancia  de las bandas  neonazis  se hace cada vez más  necesaria una legislación contra el racismo, la xenofobia, el antisemitismo y la intolerancia. Los intolerantes deben ser aislados y nuestros colegios y universidades, nuestra sociedad en su conjunto,  deben promover el respeto por los demás.  La legislación y la aplicación de la ley son instrumentos esenciales en la lucha contra la intolerancia,  en la que la mayor responsabilidad corresponde  a las autoridades.   Francisco Arias Solís

La tolerancia salva vidas y las hace mejores.
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