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Francisco Arias Solís

BLAS PASCAL POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

  BLAS PASCAL

(1623-1662)

 “Los mejores libros son aquellos que quienes los leen, creen que también ellos pudieran haberlos escritos.”

Blas Pascal.

 LA VOZ LITERARIA DEL PENSAMIENTO Pascal, de breve vida, unos cuarenta años, y portentosa precocidad de ingenio, es una de las glorias de la literatura francesa. Siendo por inclinación natural, desde su juventud, hombre de ciencia e inventor, escribió por necesidades de la polémica y para complacer a sus amigos, que se lo suplicaron, las llamadas Las provinciales (Lettres provinciales), que hicieron interesarse vivamente al público por las cuestiones de religión y de moral en ellas tratadas, que, a pesar de imprimirse clandestinamente, se agotaban en seguida, de cada carta, las ediciones eran  de diez mil ejemplares. Hacíase en esas cartas una campaña, no exenta de peligros, ya a favor del jansenismo, ya contra la moral y la Compañía de Jesús, y aparecían bajo la máscara de un seudónimo, que, al fin, el público fue descubriendo. Tenían tantos de irónicas como de elocuentes. Por ello las admiraban Madame Sévigné y Boileau.  Se atribuye igualmente a Bossuet la frase de que si no fuera autor de sus obras hubiera querido serlo de las Lettres provinciales o Petites lettres, otro nombre con que son designadas.  La segunda obra sumamente célebre de Pascal es la titulada Los pensamientos (Pensées), verdadera colección de notas y materiales que Pascal reunió en los últimos años de su vida para escribir un gran libro dedicado a la defensa de la religión cristiana. La muerte se lo impidió y sus herederos recogieron, algo al azar, aquellos fragmentos. En ellos fueron poniendo orden los eruditos, hasta tener una edición que consideraran digna de aquellos Pensamientos.  Aunque Pascal escribió otras obras, con las dos citadas le ha bastado para que no se le olvide en la historia de la literatura. Entre otras cosas fijó, dice un distinguido profesor francés, la lengua que hablaron Bossuet y Racine, y dio el modelo que había que seguir, tanto en el terreno de la más refinada burla, donde pudo aprender Molière, como en el de los más altos razonamientos. Francia le considera como a uno de sus grandes clásicos. El razonamiento le parece a Pascal insuficiente para explicar lo sobrenatural, apela a la intuición  y a la voluntad de creer; el hombre, por si solo, no puede alcanzar la Verdad , pero aspira hacia el Infinito.  Blaise Pascal nace en Clermont-Ferrand, Puy-de-Dôme, el 19 de junio de 1623. A los tres años de edad, pierde a su madre, considerado un niño prodigio fue educado por su padre, que era matemático. Pascal destacó precozmente en las ciencias matemáticas; a los doce años encontró las 32 primeras proposiciones de la geometría de Euclides; a los dieciséis publicó un Ensayo sobre las secciones cónicas; a los diecinueve inventó una máquina aritmética (la primera máquina de calcular) para ayudar a su padre en las cuentas que, como intendente en Rouen, debía realizar, y a los veinticuatro verificó los descubrimientos de Torricelli. En 1654 incitado por un amigo interesado en problemas de apuestas, Pascal mantuvo correspondencia con Pierre de Fermat y le envió una primera aproximación al cálculo de probabilidades. Otras de las contribuciones científicas importantes de Pascal son la deducción del llamado “principio Pascal”, que establece que los líquidos transmiten presiones con la misma intensidad en todas las direcciones. En su vida y en su obra influyó mucho el jansenismo, doctrina religiosa que surgió con la publicación de  Augustinus de Jansenio, obispo de Ypres, sobre la predestinación y el libre albedrío, y que se difundió por Francia en el siglo XVII. Su fervor le ayudó a sobrellevar una penosa enfermedad que le paralizaba de cintura para abajo y le producía fuertes dolores. Aunque entre 1651 y 1654 pareció inclinarse más por la vida mundana, volvió al misticismo y se retiró a Port-Royal-des-Champs, principal centro del jansenismo. En 1656 el jansenismo fue definitivamente condenado por el papa Inocencio X; algunos de sus seguidores se sometieron; otros, como Pascal, continuaron defendiéndolo con ardor, hasta que, en 1709, Port-Royal fue destruido y los últimos religiosos que lo habitaron dispersados. Pascal, pasó sus últimos años practicando el más absoluto ascetismo y soportando su enfermedad con increíble resignación hasta su muerte,  acaecida en París, el 19 de agosto de 1662. Su apellido sigue siendo sinónimo de ciencia. En el presente le recordamos al hablar de presión,  una de cuyas unidades lleva su apellido.  Como hemos dicho, sus dos obras principales son Las provinciales y Los pensamientos. La primera publicada entre enero de 1656 y marzo de 1657, consta de una serie de 18 cartas clandestinas, de autor anónimo, dirigidas a un Provincial por un amigo suyo, en las que Pascal defiende la doctrina jansenista. En las cartas I a X la forma es dialogada; de la XI a XVI se dirige a los jesuitas, principales enemigos de la doctrina jansenista, atacando su casuística; las cartas XVII y XVIII atacan directamente a un padre jesuita. Pascal utiliza la lógica y el razonamiento para convencer, pero peca de exceso de ardor y de parcialidad. Su otra gran obra, Los pensamientos, fue publicada por sus amigos de Port-Royal entre 1669 y 1670. Durante el siglo XVIII fue objeto de críticas hasta que fue rehabilitada por los románticos principalmente por Chateaubriand, y ha sido objeto de sucesivas ediciones desde 1842 hasta nuestros días. La obra que Pascal preparaba era una Apología de la Religión Cristiana, de la cual sólo escribió  diversas anotaciones, de difícil clasificación, que fueron recopiladas tras su muerte. Y como dijo esta prestigiosa figura del pensamiento y de la literatura francesa: “El corazón tiene razones  que la razón desconoce”.  

Francisco Arias Solis
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JUAN DE VALDES POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

JUAN DE VALDES (1490-1541)  “Puesto que os vi, merezco veros, que si, señora, no os vieranunca veros mereciera.”

Juan de Valdés.

 
LA VOZ DE UN NOTABLE HUMANISTA
 

De los hijos del regidor de Cuenca Fernando de Valdés -familia, al parecer, de origen asturiano establecida en Cuenca desde el siglo XII- son dos Alfonso y Juan, los que pertenecen a la historia literaria.

 

Juan de Valdés nació en Cuenca a fines del siglo XV, probablemente en 1490. Recientemente se ha descubierto que él y su hermano Alfonso, eran hermanos gemelos. Lo ha demostrado en 2004, Manuel Amores, al haber encontrado un testimonio de “Sancho Muñoz, vecino de Cuenca”, que al declarar como testigo en 1513, cuenta lo que le dijo Fernando de Valdés, padre de los escritores: “que tenía guardadas las camisicas en que habían salido envueltos sus dos hijos del vientre de su madre, de los que nacieron de una ventregada”, también hay testimonios de su gran parecido, incluso Erasmo los llamaba “gemellus”.  En 1523, Juan  se encuentra en Escalona, formando parte de la “servidumbre” del marqués de Villena, y allí se inició el camino de nuestro literato en la dirección de la heterodoxia de los alumbrados, lo que explicaría su adhesión muy condicionada al eramismo y el carácter peculiar de su reformismo religioso. Sus inquietudes religiosas, a medio camino entre el catolicismo y la heterodoxia luterana, tuvieron gran resonancia en Europa, hasta el punto de que se atribuyó al valdesianismo la ideología protestante en Italia.

 

Es posible que en estos mismos años se desarrollara en él el gusto por lo galano de la lengua, por las burlas, agudezas, anécdotas breves o chistes de corte elaborados sobre todo jugando vocablos de doble sentido.

 

En la Universidad de Alcalá, estuvo desde 1526 a 1530, dedicado al estudio de las lenguas clásicas. En 1529 se publica el Diálogo de Doctrina Christiana primera y única obra publicada en vida de Juan de Valdés, y que está considerada como un moderado catecismo erasmiano. El eramismo de Juan de Valdés resultó sospechoso a los celosos vigilantes de la ortodoxia y se le acusó de herejía por la Inquisición española, sufriendo dos procesos, en el segundo de los cuales ya no llegó a comparecer porque ya había abandonado España. En 1531 se encuentra en Roma, donde permanece hasta 1535, con excepción de una breve estancia en Nápoles, donde acudió a ocupar el cargo de archivero.

 

Los diversos intereses (religioso, político, gramático) están en todo momento presentes en este ilustre conquense, que es en Roma hombre de mundo y diplomático del saber estar, no desmereciendo en nada su bagaje cultural frente a los humanistas italianos. En Italia pudo constatar con agrado que el castellano era lengua muy conocida: “... en Italia tanto entre damas como entre caballeros se tiene por gentileza y galanía saber hablar castellano”, nos dice al principio del Diálogo de la lengua.

 

La actividad evangelizadora valdesiana en Nápoles se fue afirmando e intensificando de 1535 hasta 1541, año de la muerte de Juan Valdés. En 1545 se publica en Venecia Alfabeto cristiano, obra de la que se conserva la traducción italiana.

 Valdés fue en todo momento un educador, lo que le permitió tener verdaderos discípulos. La amistad aparece como tipo de relación valdesiana más frecuente, incluso con damas; la que le une con Giulia Gonzaga es particularmente entrañable. Según las declaraciones de sus discípulos, parece indudable que el hombre Valdés tuvo que ser fascinante, por el decoro de la persona, la afabilidad, el don de gentes, la caballerosidad, la capacidad de persuasión, la tolerancia. 

Valdés no se siente poeta, pero es un gran lector de poesía, y cita entre las mejores las Coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique. El valor literario del Diálogo de la lengua, pequeña joya del renacimiento español es muy superior al resto de la producción valdesiana. El uso consciente y responsable del castellano como lengua internacional se entiende en Valdés unido al cuidado de la forma. “Escribo como hablo -decía Juan de Valdés-; solamente tengo cuidado de usar vocablos que signifiquen bien lo que quiero decir, y dígolo cuanto más llanamente me es posible”. El Diálogo de la lengua ,  escrita hacia 1535, vio la luz por vez primera en el año 1736, en los Orígenes de la lengua española, de Mayans. La obra de Valdés se nos aparece como manifestación acabada de los ideales de la lengua y estilo propios del primer renacimiento español, tanto por la doctrina y observaciones que se contienen en ella como por el mismo tipo de lengua en que está escrita. Por otro lado, la curiosidad, la capacidad crítica y las notas de ironía que aparecen en ella muestran el espíritu humanista de su autor.

 

El descubrimiento del valor literario Valdés vino de parte protestante, sin embargo, la parte católica no quiso quedarse atrás en reconocer ecuánimemente sus méritos. Menéndez Pelayo no escatima alabanzas al estilo del Diálogo de la Lengua en su Historia de los heterodoxos españoles. Si bien el Diálogo de la lengua quedó prácticamente olvidado durante dos siglos. Y es que, como dijo el escritor conquense: “De estas aves su condición / es cantar con alegría / y de verlas en prisión / siento yo grave pasión / sin sentir nadie la mía”.

 

Francisco Arias Solis
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VELAR POR LA LIBERTAD POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

VELAR POR LA LIBERTAD
 “¡Yo soy la Libertad, herida por los hombres! ¡Amor, amor, amor, y eternas soledades!”Federico García Lorca. Mariana Pineda. LA LIBERTAD SIEMPRE ESTA EN JUEGO 

El gran error de los liberales del siglo XIX fue creer que la libertad, una vez conquistada, está asegurada. El error no fue meramente un error político; tenía sus raíces en una convicción radicalmente falsa de la condición humana. La noble idea del progreso, que había sido eso, una idea, como tal cuestionable y problemática, se había convertido, desde finales del siglo XVIII en algo bien distinto y en cierta medida opuesto: en una creencia social, en la cual se estaba, como si fuera la realidad incuestionable. El progresismo fue la mecanización de la fecunda idea del progreso y por ello un gran adormecedor del espíritu alerta, del afán de innovación y libertad.

 

Que el hombre puede marchar hacia delante, que puede mejorar su situación y hasta su condición, es muy cierto. Pero el reverso de la medalla es que también puede estancarse, retroceder, perder lo que había tenido, malograr lo que había conseguido, caer en formas de vida que parecían superados, que efectivamente se habían superados.

 

La vida humana es insegura y el hombre está siempre expuesto a caer por debajo de sí mismo, a deshumanizarse. Lo propiamente humano no está nunca “dado”, hay que hacerlo y mantenerlo.

 

Las formas más eficaces y plenas de opresión corresponden a nuestro siglo XX. Algunas de ellas han pasado, sin embargo, nos preocupa que muchos crean que han pasado definitivamente y sin posibilidad de rebrotar.

 

La falta de vigilancia, la dejación de la celosa defensa de la libertad hizo que en la primera mitad del siglo XX irrumpieran en Europa, y en otros continentes, las formas de opresión más duras, amplias y tenaces que se han conocido.

 

En cambio, las diversas tiranías del siglo XX no renuncian a la palabra “democracia”. Democracia “orgánica” se ha llamado entre nosotros a su supresión. ¿Por qué estos usos lingüísticos, por qué el diverso destino de la palabra “democracia”? Cuando la democracia está adulterada, pierde su virtud, se convierte en un mero instrumento de dominio, puede degenerar en una forma de opresión, que se diferencia de las otras en que puede tener origen legal. En esto reside su mayor peligro, porque es posible que la supresión de la libertad se deslice desde dentro, partiendo de ella y aprovechándola. En nombre de una eficacia que suele brillar por su ausencia, se llega al ejercicio autoritario de muchas funciones, que cada vez pierden más su carácter profesional, se fundan menos en la competencia y el prestigio, y se van convirtiendo en rodajas del aparato del poder.

 

Esto ocurre, en mayor o menor medida, en gran parte del mundo llamado “libre”, porque se rige por principios que invocan la libertad y tienen mecanismos que la aseguran si son usados. Sería aleccionador echar una ojeada en unos y otros países, a lo largo de un lapso de tiempo, digamos un decenio. Se vería si se está en cuarto creciente o en cuarto menguante. Y en este caso sería urgente averiguar cómo se ha producido el descenso.

 

La libertad siempre está en juego, porque refleja la condición de inseguridad de la vida humana, porque es la forma verdaderamente humana de la vida. Hay que velar por la libertad, descubrir sus riesgos; y, sobre todo, estimularla, ejercerla sin descanso ni desmayo, en todos los campos, todos los días.

 

“Nunca he creído -decía Rousseau- que la libertad del hombre consista en poder hacer lo que se quiere, sino en no tener que hacer lo que no se quiere”. A esta libertad la fueron a enterrar un día, como a la popular Petenera. Por eso, la letra más exacta y conmovedora que recuerdo con este ritmo, a este compás, es aquella que dice: “La libertad se ha muerto / la llevan a enterrar / los frailes van cantando / ¡Viva la libertad!”.

 

Francisco Arias Solis
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JOSE LUIS LOPEZ ARANGUREN POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

JOSE LUIS LOPEZ ARANGUREN(1909-1996) “El intelectual debe ser la voz de los que no tienen voz.”

José Luis López Aranguren.

 
LA VOZ DEL MAESTRO DE LA TOLERANCIA
 

El frágil cuerpo de Aranguren albergaba una mente llena de energía intelectual, profunda curiosidad por el hombre y el mundo y tanta piedad como respeto por el prójimo. Era lo que se llama un hombre bueno. Se fue como había vivido, con esa discreción y esa modestia que nunca le impidieron ser un valiente del pensamiento y un maestro de la tolerancia.

 Este firme luchador contra el régimen franquista, que le expulsó de su cátedra universitaria, nos ha dejado como legado una larga lista de publicaciones que han sido consideradas básicas para distintas generaciones. Pero sobre todo, Aranguren fue para muchos de nosotros el vivo ejemplo de que es posible otra universidad, otra enseñanza y otra dignidad docente.   José Luis López Aranguren nació en Ávila el 9 de junio de 1909. Sus primeros estudios lo realizó en un internado de jesuitas de Madrid. En la Universidad estudió Derecho. Pero tras terminar sus estudios de Abogado, estudió la de Filosofía, carrera por la que sentía mayor inclinación. En ésta última carrera tuvo como profesores a Ortega y Gasset y Zubiri, entre otros, y se doctoró con la tesis El protestantismo moral. 

De 1955 a 1965, tras ganar unas oposiciones, fue profesor de Etica y Sociología en la Universidad Complutense de Madrid. Separado de su cátedra en 1965 -junto a Agustín García Calvo y Enrique Tierno Galván- por participar en una manifestación estudiantil, se marchó a Estados Unidos, en donde ejerció la docencia en la Universidad de California. En 1976 fue repuesto en su cátedra madrileña con todos los derechos, y cuatro años más tarde, en marzo de 1980, se jubiló como profesor universitario.

 

Aranguren está considerado como uno de los pensadores e intelectuales más influyentes en el panorama filosófico y cultural de España. En sus estudios filosóficos y religiosos hay un profundo análisis de pensadores españoles (Unamuno, Ortega), reflejado en muchas de sus obras como: Catolicismo y protestantismo como formas de existencia, Crítica y meditación, La ética de Ortega. En otras obras suyas más recientes su atención está más volcada hacia cuestiones sociales y políticas, aunque siempre impregnadas de un claro talante ético y reflexivo: Etica y Política, La juventud europea y otros ensayos, Moral y sociedad, El oficio del intelectual y la crítica de la crítica; La democracia establecida, recopilación de varios de sus artículos publicados durante la transición en España, Etica de la felicidad y otros lenguajes, obra con la que ganó el Premio Nacional de Ensayos en 1989.

 

 En 1992 -formó parte del consejo asesor de Sanidad que depende del Ministerio de Sanidad- publicó Ávila de Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz y reunió en un volumen titulado Estudios literarios todos los trabajos publicados sobre autores diversos.

 Tanto en el campo de las creencias religiosas como en todos los campos filosóficos, morales o políticos, el pensamiento de Aranguren se ha caracterizado por su heterodoxia e inconformismo. Heredero de una tradición de participación de la vida pública encarnada por los ilustrados, los regeneracionistas Unamuno, Ortega y Aranguren, pensaban que la influencia intelectual ya no la ejercían concretas individualidades, sino un “intelectual colectivo” que participa en los medios de comunicación. 

José Luis López Aranguren falleció en Madrid el 17 de abril de 1996. A él le debemos páginas de comprensión literaria para el patriotismo de los escritores exiliados, para la poesía hispanoamericana, para los poetas españoles de obra difícilmente clasificable. Le debemos, tanto en su cátedra como en sus libros, el ejemplo de una fidelidad a la inteligencia y a la palabra justa, a su talante tolerante -la expresión “talante” por él acuñada es ya de tópica circulación-, la presencia de un escritor que no nos deslumbra con las genialidades, sino que nos acompaña y nos enseña con la voz de la tolerancia y de la fraternidad. Le gustaba hablar de talante y supo cultivar el suyo hasta hacerlo ejemplar. Supo unir la ética a la estética, como le recordó José María Valverde cuando fue tras él en la protesta y el exilio. El suyo fue un talante valiente y atrevido. Maestro de pensadores, guía y fuente de inspiración ética y humana de la España contemporánea. El faro moral e intelectual de José Luis López Aranguren no se apagó con su desaparición. La semilla de su ejemplo sigue creciendo y dando fruto.

 

Francisco Arias Solis
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No se puede ser libre más que entre libres.

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GREGORIO MARTINEZ SIERRA POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

GREGORIO MARTINEZ SIERRA(1881-1947) 

“Gregorio: nada al cantor determina
 como el gentil estímulo del beso; gloria al sabor de la boca divina.¡La mejor musa es la de carne y hueso!

Rubén Darío.

 LA VOZ DE LA FIRMA MARTINEZ SIERRA Gregorio Martínez Sierra, con la colaboración no declarada de su esposa María de la O Lejárraga, ha producido muchas obras rebosantes de ternura optimista. A Martínez Sierra le dedicó el maestro Rubén Darío su bellísima Balada en honor de las musas de carne y hueso. 

Hoy los libros de historia de la literatura recuerdan a Gregorio Martínez Sierra como una figura decisiva para entender la génesis del modernismo español, por su infatigable labor al frente de revistas de primer orden como Vida Moderna, Helios, o Renacimiento y también por su dedicación a empresas editoriales que marcaron toda una época, como Renacimiento y La Estrella; pero a la vez hay que resaltar que fue uno de los directores teatrales más innovadores del momento y un introductor constante de las novedades escénicas europeas. Es calificado por Sainz de Robles como “el mejor director artístico que ha contado el teatro español”. “Mi marido -escribía María de la O Lejárraga-, mientras yo emborronaba cuartillas con lirismos vendidos se ocupaba de fundar y organizar la primera de sus empresas editoriales”.

 

Gregorio Martínez Sierra nace en Madrid. en 1881. Fue director del teatro Eslava de Madrid, desde 1917 hasta 1925. Desde 1931 Gregorio Martínez Sierra reside en Estados Unidos y Argentina, donde dirige la sección hispánica de la producción Fox. Muere en Madrid el 30 de septiembre de 1947.

 

Gregorio comienza publicando versos modernistas Flores de escarcha y Horas de sol. La obra literaria de María Lejárraga, bajo el nombre de Gregorio Martínez Sierra, es copiosa, tanto en el campo de la novelística como en el de la dramaturgia. Su novela Tú eres la Paz, publicada en Barcelona en 1909, constituyó un best-seller. En 1919 la novela fue adaptada para la escena con el nombre de Madrigal. Tú eres la paz forma parte del trío de novelas largas de la firma Martínez Sierra, con La humilde verdad (1904) y El amor catedrático (1910). La primera obra que lograron llevar a un escenario, en 1907, fue Vida y dulzura, escrita en colaboración con Santiago Rusiñol. En 1908, con éxito moderado, se estrenó Juventud, divino tesoro y un año después La sombra del padre. El primer éxito importante llega con El ama de la casa en 1910. Poesía de lo cotidiano, plagada de sentimentalismo, de ingenuo idealismo a veces, de optimismo y entusiasmo ante la vida, de moralina templada que preconiza reformas poco dramáticas, formuladas siempre con suma moderación, de los sistemas sociales anticuados con el fin de aliviar la situación de los desheredados y en especial de la mujer. La fórmula, con ligeras variantes, puesto que aquí las protagonistas son monjas de clausura, se asienta definitivamente con el éxito más emblemático de la firma Martínez Sierra, Canción de cuna, fábula de una niña abandonada en el torno de un convento que viene a ser hija de la comunidad que la ampara, hasta su matrimonio. Fue estrenada en el teatro Lara el 21 de febrero de 1911 y recibida por la crítica como “obra modernísima”, que “tiene como principal mérito el rarísimo de la originalidad”, verdadero “teatro de arte, de poesía, de emoción”. También fueron éxitos: Amanecer, El arte de amar, La adúltera, Sueños de una noche de agosto, El corazón ciego, Rosina es frágil, Cada uno y su vida, Mujer, Mamá, Para hacerse amar locamente, Madame Pepita, Don Juan de España, La torre de marfil y Triángulo. Al lado de estos títulos de piezas puramente teatrales hay que destacar los libretos que, en colaboración con los principales músicos del momento, dieron lugar a piezas escénicas tan memorables como El amor brujo y El corregidor y la molinera, de Falla; Las golondrinas, de Usandizaga o Navidad, de Turina.

 

Manuel de Falla fue un gran amigo de María Lejárraga. Aceptó el humor de María de buen grado, quien le llamaba en andaluz Don Manué o Mi don Manué, y al genial músico le  debía hacer tanta gracia como para firmarse él en sus cartas a María, D. Manué y alguna vez añadió (“er de las músicas”). En las cartas de la primera parte del año 1915, hay constantes referencias a la composición de El amor brujo. Los originales del libreto de El amor brujo están manuscritos de puño y letra de la escritora.

 

María de la O Léjarraga al proclamarse la Segunda República, el 14 de abril de 1931, se incorpora al campo de la política. Con su acta de diputada por Granada, el 19 de noviembre de 1933, María iba a dar salida a sus más ardientes inquietudes: llevar la cultura al pueblo, la asistencia sanitaria y reivindicar para la mujer a todos los niveles el papel relevante que le correspondía. Esta vez se trataba de hacer propaganda electoral: “Acaso hubo en mi madurez un momento en que sentí cansancio en tarea habitual. Y para ahogar tu voz, que me mandaba seguir escribiendo, me lancé a hablar”. Está hablando a su conciencia, pero en realidad en su subconsciente se dirige a Gregorio Martínez Sierra, con el que siempre dialogó a pesar de su separación y lejanía. Horas serenas, titula María, sus memorias vividas junto a Gregorio, que finalmente las tituló el editor Gregorio y yo, y que son un canto a la memoria de su “amado esposo”, a quien jamás descalificó. Y como dijo la voz de la firma Martínez Sierra: “Acaso ellas lo lean en un día / de más honda tristeza, / y suspirando agradeciéndotelo, / perfilen una flor para el poeta”.

 Francisco Arias Solis
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PAUL ELUARD POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

PAUL ELUARD (1895-1952) 

 “Hay palabras que hacen vivir     

  y son palabras inocentes La palabra calor la palabra confianza Amor justicia y la palabra libertad.” Paul Eluard.   

LA VOZ DEL SOLDADO DE LA PAZ

  

En su admirable prologuillo a la Primera antología de la poesía del pasado, que nos dejó Paul Eluard, poco antes de morir, casi como un testamento poético, nos habla de la poesía como de “un lenguaje universal de la inocencia y de la razón desmesurada que es el del hombre a quien repugna el prosaísmo”.

 

No hay en los tiempos modernos, un poeta más grande que Paul Eluard, porque nadie mejor que él, ha mostrado como la poesía alcanza su grandeza total ayudando a los hombres a transformar el mundo, convirtiéndose, para acabar con el mal, en un agente decidido de la bondad sobre la tierra. “Su poesía –decía Pablo Neruda- era cristal de piedra, agua inmovilizada en su constante corriente”. Y añadía el gran poeta chileno: “El sostenía con su columna azul las fuerzas de la paz y la alegría.  El ha muerto  con sus manos floridas, soldado de la paz, poeta de su pueblo”.

 

Paul Eluard nace en Saint-Denis el 14 de diciembre de 1895. En Saint-Denis y luego en Aulnay-Bois y París pasaría sus primeros años. A los dieciséis años tiene que abandonar París para marchar a Suiza. Está enfermo y tiene que curarse en la montaña. Nada más volver a París, en 1914, tiene que partir para la guerra.

 

Estos años de sanatorio y su estancia en el frente, el contacto con la miseria –Eluard fue enfermero, luego soldado de infantería- dejarán una huella en su obra  poética. Los primeros versos que de él conocemos datan de 1917. Ha compartido la mala suerte de todos y, al igual que Walt Whitman, de quien lee y relee Hojas de Hierba, puede decir que nada que proceda del pueblo le es indiferente. Será pues esa miseria común la que le inspirará.

 

Eluard conoce a Gala en 1912. A ella dedica El Amor a la Poesía y con ella se casa poco más tarde.

 

A sus primeras obras, El deber y la inquietud y Poemas para la Paz, les siguen: Repeticiones, Morir de no morir, Poesía y Verdad, La Capital del Dolor, Dar a ver, El deseo de durar, Poemas Políticos, El trabajo del poeta, El tiempo desborda, etc.

 

Un día de 1924, Eluard  desapareció y el rumor de su muerte se propagó por París. En la prensa aparecen artículos necrológicos. De hecho, Eluard, terriblemente cansado y decepcionado, había querido huir. Embarcó en el primer barco que salía de Marsella y abandonaba Francia, sin dar señales de vida.

 

Fue una larga carrera alrededor del mundo, que le llevó a Oceanía, a  Malasia y a la India. La evasión terminaba a bordo de un carguero holandés que le llevaría nuevamente a Marsella.

 En 1923 Eluard reside en Roma, después va a Viena, luego a Praga. Se le ve con frecuencia en Bélgica. Fue también a Grecia, Inglaterra, Rusia y México. Recorre España poco antes de la rebelión militar de 1936. Conoce a nuestros poetas. Descubre las Canarias, donde nacen las deslumbrantes páginas de Amor Loco, la España de Madrid, de Sevilla, de Barcelona. Las desgracias del pueblo español le inspiran las estrofas de Guernica y Noviembre 36. 

Con Ver, reproducciones de cuadros y dibujos, comentados poemas, Paul Eluard señalaba ante todo, lo que debía a los pintores (Ernst, Picasso, Chirico, Miró,  Dalí...), y como el trabajo del pintor – que es el  titulo del poema sobre Picasso- es una ayuda a su trabajo de poeta.

 

Eluard no se perdió en el irracionalismo surrealista porque no fue un imitador sino un creador y confirmó con su poesía y su vida los valores de la humanidad y del humanismo. El tema fundamental de su poesía, es el amor, en letras mayúsculas, sin reducirlo a la defensa o elegía a la que recurren los pequeños artistas. Se limitaba a manifestarlo, a tratarlo, a interpretarlo a través de su poesía, como pudiera hacerlo, simplemente, de un personaje que existe o, mejor, que vive.

 

Paul Eluard murió el 18 de noviembre de 1952. París llenó su tumba de claveles rojos. Profundamente escondido en la tierra como la semilla del sol y de la libertad descansa este poeta del amor y de la paz.

 Francisco Arias Solis
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JOSE MARIA QUIROGA PLA POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

JOSE MARIA QUIROGA PLA (1902-1955) “Su imagen, desdoblándose a lo lejos, se esfuma, lentamente repetida por una escala mágica de espejos.”

José María Quiroga Pla.

 
LA VOZ  DESTERRADA
 Conocido intelectual, periodista, ensayista excelente..., José María Quiroga Pla publicó poesía en las más importantes revistas poéticas de las décadas del veinte y, sobre todo, del treinta. Inicia su carrera literaria próximo al ultraísmo, cultivó también la prosa con un cuento escrito en colaboración con Pedro Caravias. Tradujo a Proust, continuando la labor iniciada por Pedro Salinas. Fue de los poetas invitados a colaborar en el número extraordinario de Litoral con motivo del homenaje a Góngora, junto a Alberti, Lorca, Diego, Adriano del Valle, Bergamín,  Aleixandre, Altolaguirre, Cernuda, Rogelio Buendía, Pedro Garfias, Moreno Villa, Romero Murube, Juan Larrea, Hinojosa, Prados y otros. Fue secretario de Unamuno, casándose con una de sus hijas. Durante la guerra civil colaboró en Hora de España. Este poeta madrileño aunque fue a acabar sus días a la ciudad suiza de Ginebra, residió en París, donde fue funcionario de la Unesco. Buena parte de su obra inédita se extravió tras su muerte. Quiroga Pla fue uno de los fundadores de la “Unión de Intelectuales Españoles” (U.I.E.) en Francia, que se constituyó  en el otoño de 1944. Colaboró en la revista Independencia, de talante parecido al Boletín de la U.I.E. en Francia.  

 Su primer volumen de versos Morir al día (1946) -que contiene poesía escrita en España durante la guerra, sobre todo, creada en los primeros años de exilio, en París- tardó bastante en publicarse. El próximo, La realidad reflejada, había de salir en México, en 1955, muy poco antes de la muerte del poeta. Son éstos sus dos únicos volúmenes. Dejó otro libro preparado -Valses de la memoria- y bastantes poemas sueltos. todo ello permanece aún, inexplicablemente, inédito.

 

A la vista de los volúmenes de poesía de Quiroga Pla podemos constatar esa evolución que, durante los años de exilio, se da en muchos poetas: una angustia difícil de reprimir, en los primeros años, que, con el paso del tiempo, se convierte en resignada nostalgia o en hallazgo de un mundo nuevo -con problemática nueva, con fe nueva- en el que se quiere vivir. Quiroga Pla, con la inteligencia que refleja siempre en sus juicios, en unas páginas que deseaba sirvieran de prólogo al libro, Valses de la memoria, analiza, en las siguientes palabras, la línea que caracterizan sus dos volúmenes de poesía: “Esta vuelta del corazón y del ansia hacia España, aparece ya en Morir al día, mi primer libro dedicado al destierro y escrito en el destierro, no en el exilio, nombre que me niego a aceptar. En Realidad reflejada creo que subsisten las mismas líneas esenciales, acaso con un poco más de esperanza, porque yo siempre he querido hacer una poesía de esperanza”.

 

  Aunque Morir al día salió en enero de 1946 -es decir, al final de la segunda guerra- contiene alguna poesía fechada en Barcelona, en 1938, y, la mayor parte, fechada en París, lugar donde Quiroga Pla permaneció, uniéndose a la Resistencia. En su totalidad, la forma elegida por el poeta es el soneto. Cada una de las partes -cuatro- contiene una temática distinta. Toda la parte primera es poesía amorosa. En Despedidas y ausencias -parte segunda- hay casi constantemente un dramático diálogo con personas lejanas o con personas muertas: en este punto es inevitable señalar que los sonetos dedicados a don Miguel de Unamuno -más padre que suegro para Quiroga Pla- alcanzan quizá un máximo de intensidad emotiva. En Refugiado en París -tercera parte- domina el sentimiento de inmensa soledad, pero ya en la cuarta y última -Oyendo crecer la hierba- se advierte la clara voluntad de seguir viviendo y captando todo lo positivo que la vida puede ofrecer. El libro se cierra con una Dedicatoria final: A mi hijo Miguel, el niño que se quedó en España y al que apenas pudo ver luego unos días, en un lugar de la frontera.

 

 La realidad reflejada entra de lleno dentro de una etapa de la España peregrina que se caracteriza -entre otras cosas- por una búsqueda de temas distintos a los de los años primeros, y por un tono de mayor serenidad. Los temas son muy diversos, pero, a través de todos ellos, domina un sentimiento: creencia en la vida y creencia en el hombre. Y en algunos de sus poemas se hace muy visible la aproximación al surrealismo pictórico: “Ese cuchillo en un plato / ¿por qué sueño así con él? / lo va pintando el pincel, / a pocos, como un retrato, / con una aplicación tal; / que empiezan a doblar, quedo, / los campanarios del miedo / que alza el sueño en su arrabal...”

 

Francisco Arias Solis
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REVISAR LAS IDEAS POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

REVISAR LAS IDEAS “Todo pasó. Todo quedó lo mismo:como si en el otoño floreciera,ardiendo en el fulgor de su espejismo.”

José Bergamín.

 
ALGO LEGITIMO ES LLAMADO SUBVERSIVO
 

El Poder público en España ha considerado en la mayoría de los decenios del pasado siglo que su principal misión era evitar la subversión. Es evidente que todo Poder constituido tiende a evitarla, y ello es legítimo. Lo que parece inquietante es que esa misión, necesaria pero secundaria, se convierta en la principal; es decir, que el Estado tenga una función primariamente negativa, represiva. El Estado tiene que “estar”, es decir, establecer un ámbito, amplio, seguro y holgado de convivencia, iniciativa, crítica, rectificación, cambio; si tiene que impedir la subversión, es porque ésta perturba la vida, entorpece el cambio, anula la libertad.

 

Pero lo más grave es que se ha considerado como subversión gran parte de la vida normal de los ciudadanos y del Estado mismo. Se ha considerado subversivo, y por tanto, delictivo, el ejercicio de una buena porción de los derechos que forman el patrimonio de todos los países de Occidente, al cual pertenece España independientemente de la voluntad de sus gobiernos, al cual, además, se ha adscrito nominalmente durante muchos años -”los países libres”, “el mundo libre”, etc.-. Quiero decir que la “subversión” se ha compuesto de dos partes bien distintas: la efectiva y real, que no ha faltado; y aquellas actividades, nada subversivas, que han sido “hechas subversivas”, por ser consideradas como tales.

 

Conviene, pues, revisar las ideas sobre lo que es subversivo y lo que no lo es. En ningún país de Occidente es subversivo que se exprese libremente la opinión individual o colectiva, de palabra o por escrito, en conversaciones, cartas, conferencias, discursos, manifestaciones, periódicos, revistas, radio, televisión... Tampoco es subversivo que los individuos se asocien para fines lícitos, y son lícitos los fines políticos, culturales, deportivos, económicos, religiosos. Ni es subversivo que los ciudadanos se critiquen unos a otros, o a los administradores del país, o sus medidas concretas, o propongan cambios en la organización.

 

Cuando se hace todo esto, nadie dice que hay subversión, no hay ningún delito que reprimir ni castigar, y el Estado puede dedicarse a otras cosas: crear empleo, avanzar en el proceso de paz, mejorar la educación y la sanidad, fomentar la cultura, ordenar la hacienda, velar por la justicia, hacer una política exterior inteligente, inspirada y adecuada a las circunstancias.

 

En cambio, son subversivas algunas conductas que no han solido ser consideradas como tales. Por ejemplo, que las autoridades actúen por su cuenta, no sigan las instrucciones de las leyes, prohiban lo que está autorizado, detengan al que no es delincuente, disparen cuando no es absolutamente necesario, perturben el funcionamiento de instituciones legales.

 

Es urgente aclarar todas estas cosas, sobre todo si se quiere de verdad evitar la subversión. Es absolutamente inaceptable, más aún, intolerable, poner una bomba, incendiar, destruir de cualquier modo, asesinar, herir o agredir, secuestrar, intimidar con la violencia. Pero si se considera igualmente subversivo expresar una opinión, hacer una petición, criticar un decreto o al presidente del Gobierno, reclamar los derechos, entonces las fronteras se borran peligrosamente. Y la evidencia de que algo legítimo es llamado subversivo y reprimido como tal, quiérase o no descalifica la idea de “subversión”, hace que no se respete ni se tome en serio, induce una inadmisible tolerancia para ella, engendra una complicidad social con la violencia, que es lo más peligroso de todo.

 

El Estado tiene que intervenir allí donde es necesario, es decir, allí donde tiene derecho a hacerlo. Pero tiene que abstenerse rigurosamente de intervenir donde no tiene nada que hacer, debe dejar a los individuos y a los grupos sociales ejercer libremente sus derechos poner en práctica sus iniciativas, expresar sus ideas y opiniones, proyectar, proponer, intentar persuadir, averiguar cómo son las cosas, conocerse, determinar cuál es el estado efectivo del país en todas sus dimensiones.

 

La libertad es algo que se hace, que tenemos que hacer cada uno de nosotros. ¿Cómo? Ejercitándola, usándola hasta donde es posible. Hasta donde tropiece con la represión del Poder -se dirá-. Bueno, claro es. Pero no me cansaré de decir que “hay que estirar el pie a ver hasta dónde llega la sábana”, que hay que “tomarse la libertad” -la libertad a que se tiene derecho- hasta el límite de lo posible. Todavía no he perdido la esperanza de que en el futuro el Poder público se de cuenta de que su función primordial no es evitar la subversión sino más bien hacerla primero innecesaria y después imposible, abrir los cauces para la convivencia activa en vigorosa concordia. Y como dijo el poeta: “El viento libre se gana / ganando la Libertad”.

 

                       

Francisco Arias Solis
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No se puede ser libre más que entre libres.

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